CAPÍTULO 7

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Se sentía más libre, al fin podría descansar del interrogatorio diario de Susana. Estos meses habían sido los más estresantes para Terry, pues Robert le dijo que pondría a otro actor para su personaje y que él podía quedarse junto a su prometida, lastimosamente no logró persuadirlo para ir; el director le dijo que no perdería el sueldo, que debía tomarlo como vacaciones, y para colmo la noticia fue dada frente a la susodicha, lo que la alegró sobremanera, así que ya no pudo rechazar la oferta de las vacaciones pagadas, como le había dicho su jefe; pero ahora era parte de la gira, aunque no le alegró el accidente que tuvo su compañero, una parte de él se emocionó cuando recibió el telegrama donde Robert le pedía que los alcanzará.

-Buen trabajo, la obra salió cómo esperábamos. Felicidades! – habló un entusiasmado director, una vez terminada la función.

-Gracias señor Hathaway! – dijeron algunos actores al unísono.

-Ok, es mejor que vayan a prepararse; como ya saben, el alcalde nos invitó a una recepción en su casa.

Todos se dirigieron a sus camerinos entusiasmados, excepto uno. Terry odiaba esa parte de su carrera, tener que cumplir con cenas, bailes y todo lo que tenga que ver con reuniones sociales, además de la prensa, siempre cuestionándole cuando contraería nupcias con la señorita Marlow, si supieran que él ya no estaba seguro de hacerlo, sería un banquete para los medios.

-Vamos Terry, ve a prepararte, iremos juntos. – dijo una Karen entusiasmada, pues a ella sí le gustaba esas cenas.

-Es mejor que vayas con otra persona, no pienso asistir.

-Terry no puedes hacerle ese desaire al alcalde, él preparó esta cena en nuestro honor.

-No se dará cuenta que falto yo, además estas recepciones las hacen especialmente para los directores, productores y actores principales.

-Terry, Hathaway dijo que todos, sin excepción, debemos asistir, fue muy claro con eso.

Karen tenía razón, no podía darse el lujo de desairar al anfitrión y mucho menos ir en contra de las órdenes del director si quería un protagónico. De mala gana Terry fue a cambiarse; el castaño, vestido con un traje negro que le quedaba excelente, pues estaba hecho a la medida, ya estaba frente a la salida trasera del teatro, esperando a que su compañera llegara para poder salir y terminar de una vez por todas con este compromiso que lo irritaba.

Durante la cena se mantuvo callado, no tenía ganas de aportar su opinión sobre los muebles finísimos traídos desde Europa o el viaje que la familia del gobernador realizaría a las exóticas tierras de oriente, hasta que al conversación dio un giro, escuchó cómo la situación en Europa se iba agravando.

-La guerra está cobrando muchas vidas, es muy lamentable lo que sucede.

-Esperemos que esto termine pronto, muchos soldados norte americanos están luchando en el frente.

-Escuché que varios médicos y enfermeras voluntarios partieron hace una semana. – al escuchar eso Terry sintió pánico.

-Hombres y mujeres valientes que van a salvar vidas que otros tratan de acabar…

-No… Candy, ella no sería capaz de algo así, ella es un ser noble que no le causaría dolor ni angustia a todas las personas que la quieren, además Albert nunca lo permitiría. Sí, mi pecosa está bien, está a salvo, lejos de esa pesadilla. – fueron los pensamientos y deseos de Terry; sin embargo una punzada se le incrustó en el pecho; pero estaba seguro que Albert la protegería y no dejaría que la mandaran a Europa.

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París, Francia.

-Por favor Candy prométeme que no vas a arriesgarte. - La nueva lista de enfermeras que partirían al frente había salido, y en ésta, Candy formaba parte.

-No lo haré, no te preocupes.

-No puedo creer que hayan rechazado que yo vaya. – dijo molesto.

-No tenías que hacerlo, sabes bien que a todos nos toca ir, y ahora es mi turno.

-Aun así me preocupa que vayas y yo me tenga que quedar aquí. – André se había presentado en la oficina del director del hospital para pedir que sea él quien vaya en lugar de Candy; pero su petición fue rechazada por dos simples motivos; el primero, él era médico y no enfermero; el segundo y el más importante, necesitaban a cirujanos en el hospital

-Volveré en dos meses, ese es el tiempo estipulado. – dijo abrazándolo.

-Se cuidadosa, amiga. – julia había llegado para despedirse de Candy.

-Lo seré. – Julia tenía miedo que algo malo le pase a la rubia, había escuchado que varias enfermeras de ese hospital habían perdido la vida en el frente y tenía miedo que algo así le pase a tan buena amiga.

André y julia vieron a Candy subirse al camión junto con las otras enfermeras, veían a su amiga marcharse esperando que regresará con bien, mientras André veía al camión perderse en el camino recordó la conversación que tuvo con Candy.

Flashback

-No quiero presionarte, si quieres más tiempo…

-No, ya lo pensé muy bien, y yo… yo lo siento, no puedo olvidarlo y tú mereces a alguien que te ame de verdad, completamente, sólo a ti.

-Candy…

-André eres un buen hombre, y de verdad te quiero; pero sólo como amigo no sería justo para ti.

-Ya te dije que puedo esperar y que no importa si todavía no me amas.

-Sí importa, tú mereces que te amen, nadie puede estar con una persona que no se entregue completamente a una relación, yo no quiero dejar de sentir esto que siento por Terry… y no importa que él se case con otra, yo no quiero olvidarlo, acepta mi decisión por favor, no quiero perderte como amigo.

-Y no lo harás al menos quiero que estés en mi vida de esa manera. – dijo abrazándola.

Fin de flashback

-Al igual que tú, no creo poder sacarte de mi mente y mi corazón, en poco tiempo te adueñaste de ellos Candy. – eran los pensamientos del joven doctor.

-Al fin se fue y podré acercarme a André. – eran las palabras de Marie mientras veía al doctor de lejos. – todo salió como quería. – la joven había cambiado el archivo de una de las enfermeras seleccionada para ir al frente con el de Candy.

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Chicago

En una gran mansión una joven estaba tirada en su cama llorando por la situación que estaba viviendo.

-Qué hice? Cómo pude decir eso? Candy de verdad quiero que estés bien, hermana por favor debes volver, no quiero que nada malo te pase. – la joven lloraba mientras recordaba todos los momentos vividos junto a la rubia. Muchos de ellos cuando vivían en el hogar, y Candy la protegía cuando Tom la molestaba.

Flashback

-Annie, por qué lloras?

-Candy…! Tom dijo que… soy una cobarde… porque no… no quiero jugar… a enlazar, es que… de verdad no sé hacerlo… - la pequeña niña lloraba abrazada a la pequeña pecosa.

-Ya me oirá! – dijo yendo hacia el castaño.

-Tom!

-Qué quieres Candy? – dijo el niño mientras sostenía una soga en las manos.

-Ahora verás quien es el cobarde! – dijo saltando sobre el niño. – Annie ayúdame!

-Candy suéltame! – el niño había sido atado a la cerca por las dos niñas.

-No hasta que te disculpes con Annie. – exigía Candy con las manos sobre su cintura en una posición de superioridad.

Fin de flashback

-Candy… siempre estuviste ahí para protegerme… hermana… regresa, por favor.

Flashback

-Annie, estás bien?

-Sí Candy, es sólo que estoy triste por qué hasta ahora Archie no me dijo que me amaba.

-Dale tiempo, tal vez está esperando el momento oportuno para hacerlo.

-Es que ya llevamos un par de años juntos y ni siquiera me dijo que me quería.

-No te pongas triste, a veces no es necesario que lo digan con palabras, las acciones y el trato que te da, te lo demuestran.

-Tienes razón, Archie es muy atento conmigo, se porta como un caballero, me respeta mucho.

-Lo ves! Vamos Annie, deja ese llanto. Tú eres muy hermosa, quien no se enamoraría de ti.

-Ay Candy! Te quiero mucho. – dijo abrazándola.

-Y yo a ti, somos hermanas, cierto?

-Claro que somos hermanas, nunca lo olvidaría.

Después de esa conversación Annie se vio más animada, siempre encontró apoyo por parte de Candy, aunque a su madre no le agradaba mucho la rubia.

-Annie cariño, ya te dije que no me gusta que pases mucho tiempo con Candy.

-Mamá, ella es mi amiga.

-Sólo la acepto porque ahora pertenece a los Andley, pero no me gusta su estilo de vida. Cariño no quiero que la gente te señale por su culpa, mira que vivir sola.

-Mamá, Candy no hace nada malo, además Albert le dio permiso.

-Lo ves, desde cuándo lo llamas de esa manera? no es de una señorita de tu clase tutear a alguien con una posición tan importante, como son los Andley.

-Lo siento. – dijo bajando la cabeza.

-No es tu culpa cariño; pero debes recordar que tú eres una señorita de buena familia, imagínate que diría la señora Elroy si te oyera tutear al señor Andley.

-Crees que le prohibiría a Archie casarse conmigo? – dijo con miedo.

-Claro que no llegaría a tal extremo; pero debes mostrar tu educación. Tú eres una dama y el joven Cornwell es el indicado para desposarte, proviene de buena familia, una muy respetada en casi toda norte América, él podrá darte la vida que merece una señorita como tú.

Fin de flashback

-Una señorita como yo? Siempre me lo repites mamá; pero yo no creo ser una dama, señorita educada no dice las cosas horribles que dije. Candy perdóname, Archie tiene razón, siempre estoy pensando sólo en mí. – volvió a tirarse sobre la almohada con un llanto de arrepentimiento. – Por favor, Candy, vuelve con bien… - dijo mientras abrazaba su almohada, no sé porque insinué algo tan horrible; pero no es lo que siento, de verdad que no…

Annie había tratado de acercarse otra vez a Archie, pero éste se negaba a hablar con ella, su padre le había informado que el compromiso se había roto, su madre casi muere de coraje y humillación, su padre se molestó con el joven, mas al final lo entendió cuando le explicó sus motivos; pero Annie… Annie se había deprimido bastante, lo había buscado, le rogaría si fuera posible; sin embargo Archie había partido a Nueva York, cuando regresó habló con ella mas no dio marcha atrás en su decisión.

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París.

Todo era horrible, se le estrujó el corazón al ver a soldados jóvenes tirados cerca de la carpa médica, mucho de ellos con la cabeza vendada, otros con sangre en las casacas, todos ellos esperando ser atendidos.

-Enfermeras, acompáñenme, por favor.

-Claro doctor. – dijo el grupo de enfermeras.

-Antes de entrar en las carpas deben estar preparadas para lo que verán, necesitaremos de toda su capacidad y serenidad para atender a los heridos.

-Sí señor – contestaron en coro.

-Bien, ahora vamos que los pacientes nos necesitan.

Al entrar a la carpa más grande todas las enfermeras se llevaron una gran impresión, y Candy no fue la excepción. Ver a soldados mal heridos en las camillas siendo atendidos por las enfermeras y doctores, gritando de dolor producido por las heridas en sus cuerpos, una de las enfermeras desvió la mirada hacia un lado, Candy la vio algo afectada por lo presenciado, uno de los pacientes tenía casi todo el cuerpo cercenado por haber estado cerca de una bomba. Hombres sin piernas o brazos, era horrible, la guerra era simplemente horrible.

Sin perder más tiempo las enfermeras se adentraron en la carpa para atender a los pacientes, Candy dio todo de sí para ayudar a los doctores a salvar vidas, vio a muchos soldados morir en sus manos, algunos de ellos suplicaban a gritos que terminaran con sus vidas, pues no resistían tanto dolor. La dulzura y paciencia de la rubia ayudaba a calmar la angustia de algunos pacientes, a otros trataba siempre de reconfortarlos; el cuerpo de Candy no conocía el cansancio, pues lo importante era salvar vidas, quería ayudar a todo el que pudiera.

-Enfermera White, vaya a descansar.

-Estoy bien doctor, no se preocupe.

-Enfermera, sé que quiere ayudar; pero piense en su salud, no quiero que se enferme, necesitamos toda la ayuda posible y usted no lo será cuando su cuerpo se colapse.

-Tiene razón, doctor. Tomaré mi descanso.

-Mañana. – Candy lo vio sin comprender. – quiero verla mañana y con mejor semblante, ahora vaya a descansar, duerma bien y vuelva mañana.

-De acuerdo doctor. - Candy se dirigió a la carpa asignada para las enfermeras, ya estaba en el campamento hace más de un mes y no recordaba cuando había sido la última vez que había dormido.

-Hola Candy, te volvieron a obligar para que descansaras?

-Hola Kate, esta vez me lleve una reprimenda suave por parte del doctor Johnson.

-Acaso no te sientes cansada?

-Algo, pero puedo sobrellevarlo. Supongo que a ti también te obligaron a descansar.

-Sí, pero a mí sí me reprendieron con dureza.

Ambas enfermeras se quedaron dormidas enseguida, estaban realmente agotadas, habían trabajado durante tres días sin descanso, muchas de las enfermeras hacían lo mismo para ayudar a los heridos en combate; lo primordial para ellas era salvar vidas.

Después de haber dormido por casi 12 horas Candy y Kate salieron de la carpa y se encontraron con un grupo de enfermeras que se veían desconcertadas.

-Qué sucedió? –cuestionó Kate.

-Es que dijeron que mandaran a tres enfermeras a las trincheras. –contestó una de las enfermeras reunidas frente a ellas.

-Ya dijeron quiénes? –cuestionó ahora la rubia pecosa.

-Aún no, pero tenemos miedo de ser elegidas.

-Es nuestro trabajo, deberían estar preparadas para ir. – fueron las duras palabras de Kate.

-Sí, eso lo sabemos; pero acaso tú no tienes miedo? Ir a las trincheras es más riesgoso, muchos doctores y enfermeras fueron y no regresaron, acaso tú no tienes miedo de ir y no volver? Acaso no tienes una familia que te espera? – dijo con molestia una de las enfermeras.

Candy sólo escuchó la conversación entre las enfermeras, pensando en lo último que había escuchado.

- "Una familia que te espera". Ellas tienen una madre, un padre, hermanos quienes esperan su regreso. Yo tengo a alguien esperando? – entonces las imágenes de la señorita Pony y la Hermana María vinieron a su mente, seguido por la de Annie, Archie y Albert; pero descartó los últimos, pues ellos ya no la esperaban y lo habían dejado muy claro. – mis madres, pero ellas tienen a los niños del hogar, y están preparadas para dejarnos ir y no volver; Annie, mi querida amiga, ella ya debe estar casada y formando su propia familia. No, no tengo a nadie que espere mi regreso; sin embargo ellas… ellas tienen familia a alguien esperando.

-Candy, vienes?

-Eh? Eh… sí, vamos. – dijo siguiendo a su amiga hacia la carpa médica.

Esa misma tarde el médico encargado del campamento reunió a las enfermeras para informar que tres enfermeras debían ir a las trincheras.

-Señoritas, cómo ya deben saber se necesita la ayuda de enfermeras en el campo de batalla, en las trincheras ya existe un grupo de médicos y enfermeras que necesitan ayuda; primero quisiera saber sí hay alguna voluntaria o se escogerán a las partirán. – a Candy se le hacía familiar esa escena, ya lo había vivido cuando estaba en chicago y Mary Jane pedía una voluntaria para partir al frente de batalla, Flamy, ella se había ofrecido, recordó el llanto de su madre cuando se enteró de su partida; se le estrujó el corazón al pensar lo doloroso que habra sido enterarse que su hija había muerto en el frente de batalla.

-Yo… yo iré doctor. – escuchó una voz decidida.

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La gira estaba siendo un éxito; cada ciudad que visitaban eran recibidos por una gran multitud, las entradas para las dos funciones que darían estaban agotadas. Robert estaba más que feliz, eso significaba más dinero en su cartera, estaba pensando seriamente darle a Terry otra vez un protagónico, el joven había mostrado compromiso y profesionalismo, nunca le reclamó los papeles que le dio, siempre los aceptó con humildad y supo llevarlos adelante con orgullo, opacando en algunas ocasiones a los personajes principales.

-Terry, me encanta esta ciudad, que te parece si vamos a dar un paseo.

-No molestes Karen, no tengo intención de salir a ninguna parte contigo.

-Eres un grosero! Además si te invito es para que te distraigas y nos divirtamos, ya sabes de memoria tus líneas y sigues repasándolas, cuando podrías disfrutar de las hermosas ciudades que visitamos.

-Sí es eso lo que quieres hacer, no sé por qué quieres arrastrarme contigo, yo estoy bien aquí.

-No sé por qué me esfuerzo, eres un aburrido! – la castaña salió molesta de la habitación de Terry.

-No, no me interesa conocer o pasear por la ciudad acompañado de ninguna mujer. Candy… a ti si te llevaría a donde me pidieras, contigo cualquier paseo es divertido, pecosa. – dijo con una sonrisa en los labios, recordando aquellos paseos que tuvo con la rubia donde la molestaba y se divertían juntos. – que estarás haciendo pecosa, estarás pensando en mí? pronto estaré en tu ciudad pecas, y voy a buscarte. Quiero hablar contigo, ya no pienso seguir con este montaje de la pareja feliz, tarzán pecoso, te necesito a mi lado o no podré cumplir mi promesa, por favor mi amor, espera por mí y acéptame de nuevo en tu vida, no vayas a rechazarme…

Terry estaba recostado en la cama con un brazo tras su cabeza mientras el otro reposaba sobre su pecho, estaba satisfecho con la gira, ésta duró dos meses más con él siendo parte del elenco, la última ciudad a visitar era Chicagog, donde se encontraría una sorpresa.

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París, frente de batalla.

Pedían voluntarias para ir a las trincheras, ahí se daba la primera atención a los soldados heridos, muchos de ellos perdían la vida por falta de ésta. Candy entendía el miedo que sentían sus compañeras, pues estar en el frente, cerca de los combates era algo horrible de presenciar, estaba segura que estar donde se desarrollaba la batalla sería el infierno mismo, aparte de que ellas tenían familia a quienes no querían lastimar o dejar; una vez ya dejo que alguien más tomara el lugar que ella debería haberlo hecho.

-Yo… yo iré doctor. – escuchó una voz decidida provenir de ella misma, estaba segura de ir a ayudar a esos soldados.

Las enfermeras reunidas vieron a la joven que se había ofrecido como voluntaria, muchas de ellas la habían visto de lejos, cuando atendía a los pacientes dándoles esperanza incluso cuando era obvio que no la había, se preguntaban si esa joven optimista lograría sobrevivir en ese infierno.

-Enfermera White puede dar un paso al frente. Alguna otra voluntaria?

-Yo doctor. –dijeron al mismo tiempo dos jóvenes, una era morena de estatura y complexión pequeña, la otra era una joven castaña, complexión algo parecida al de Candy. Ambas jóvenes dieron un paso al frente.

-Muy bien, el resto por favor regresen con los pacientes. –dijo el médico como orden. – enfermera White, enfermera Robinson y enfermera Morgan, es admirable su entrega y decisión, créanme que su apoyo será considerable, deben estar preparadas para un duro y arduo trabajo, más de lo que lo hicieron hasta ahora, y con eso es decir mucho; pero también deben estar preparadas para todo. – las vio asentir - Saldrán esta misma tarde, tendrán este tiempo libre para que puedan escribir alguna carta a sus familias o descansar un poco antes de partir.

Las jóvenes fueron a sus carpas a realizar lo sugerido por el doctor, tenían cinco horas para descansar, las cuales fueron aprovechadas para escribir cartas a sus seres queridos y dormir un poco, pues sabían que en las trincheras sería casi imposible. Había llegado la hora de partir y las tres enfermeras estaban frente al camión que las acercaría a su destino.

-Candy, amiga.

-Kate… -dijo abrazando a su amiga.

-Me siento mal, tuve miedo y dude ofrecerme como voluntaria.

-No te preocupes.

-Por favor Candy cuídate mucho, rezaré por ti, para que nada malo te pase.

-Gracias, Kate… puedo pedirte algo?

-Claro, lo que quieras.

-Si algo me pasa, por favor, envía estas cartas.

-Candy… debes volver.

-Y lo haré; pero también debo estar preparada, por favor Kate.

-Está bien, lo haré; pero debes volver. – dijo tomando las cartas y dándole un último abrazo a su amiga.

Candy subió al camión y mientras éste se alejaba del campamento rogaba que ella y sus compañeras regresaran con bien. Durante el trayecto habló con ambas enfermeras, Mia y Sara, quienes estaban algo asustadas; pero también decididas y entregadas a su profesión.

Cuando llegaron al lugar todo lo que habían escuchado quedaba corto, realmente era el infierno, se escuchaba explosiones cerca, incluso podían escuchar el silbido de las balas, era horrible, las tres enfermeras iban a gatas por unos pequeños y angostos túneles, que pareciera que con un leve movimiento cederían, les habían entregado unas gabardinas de un color muy parecido a la tierra, unos cascos metálicos y unas mascaras para los gases.

-Esto es horrible… -dijo Mia con voz temblorosa.

-Tranquilízate, todo estará bien. –fue reconfortada por Sara.

Al llegar a las trincheras se encontraron con el equipo médico que consistía en tres enfermeras y dos médicos, quien les explicó la manera en que debían moverse en ese lugar para ayudar a los heridos.

Ya había pasado una semana en ese infierno, y sólo quedaban tres enfermeras, Claire, Candy y Sara; Mia había sido alcanzada por una bala en uno de los ataques del enemigo, Candy estaba asustada, por primera vez en su vida había perdido la esperanza de salir con vida de ese lugar. Los ataques eran continuos de ambos bandos; estaban en alerta constante, no podían bajar la guardia o morirían. Ese día se sentía diferente, había un silencio sepulcral, y no sabían el motivo, de repente escucharon un sonido ensordecedor, y posteriormente el túnel donde estaba resguardado el equipo médico cedió, las trincheras habían sido atacadas, y el momento se había vuelto caótico, cuando Candy despertó en una nube de polvo, pudo distinguir el cuerpo de una de sus compañeras, Sara, estaba tirada con medio cuerpo cubierto por el techo del túnel.

-Sara… Sara…-Candy la moví y trataba de buscar su pulso.

-Can…dy…

-Sara! Estarás bien voy a ayudarte. –Candy trataba de liberarla.

-Candy ayú…dame –dijo la joven llorando mientras la rubia trataba de liberarla sin prestar atención a sus propias heridas.

-Todo… estará bien. – de repente otra explosión cerca mandó a Candy al otro extremo consiguiendo que se golpeara con fuerza quedando inconsciente. Lo que quedaba del túnel cedió cubriendo a todo aquel que se encontraba en el lugar.

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Cómo están? Llegó otro capítulo! Espero les haya gustado.

Se cuidan mucho; ya saben, seamos siempre responsables cuando salgamos de casa.🌻