CAPÍTULO 9
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Chicago
Al fin una victoria, ver la tensión y preocupación en el joven castaño fue uno de los mejores pagos que pudo tener por todos esos años de rechazo.
-Ya es suficiente, Elisa! – Albert estaba molesto con la joven. Cómo es que Elisa sabía lo de Candy? La tomó del brazo para sacarla de ahí e interrogarla, ya habían llegado al jardín trasero cuando…
-Qué dijiste! – el rubio sintió que lo empujaban y que a la pelirroja la agarraban sin delicadeza por los brazos zarandeándola.
-Terry…! – Susana estaba asustada, nunca antes había visto esa reacción en Terry.
-Vamos, repite lo que dijiste! – no escuchaba a nadie, sólo le interesaba saber si había escuchado bien.
-Ay, déjame… me lastimas! – se quejó la pelirroja tratando de soltarse.
-Terry! – Albert trató de separarlo de Elisa. – cálmate! Te contaré todo; pero no aquí. – varias personas en su mayoría señoras se habían arremolinado cerca de la puerta al jardín para enterarse de lo que pasaba, el castaño al notar eso soltó con un empujón a Elisa; Albert sólo vio con enojo a la joven, ya después hablaría con su sobrina para saber cómo se enteró de lo de Candy.
Albert dirigió a Terry a la mansión Andley, sólo ahí hablaría de ese tema tan delicado, Susana los siguió como pudo, pues Terry ni siquiera había reparado en su presencia, estuvo a punto de dejarla en aquella fiesta.
-Señorita Marlow, pediré que la lleven a su hotel. – ofreció amablemente Albert.
-No, yo quisiera acompañar a Terry. – el castaño no escuchaba ni le interesaba saber nada más que lo referente a Candy, no quería perder más tiempo.
-Albert apresúrate, quiero que me expliques que fue lo que pasó. – no tenía cabeza para convencer a Susana de volver al hotel, tampoco podía dejarla ahí a su suerte, así que no le importaba si ella lo seguía.
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-Gracias por hablar conmigo Archie. Lo que dije ese día…, entiendo que te hayas molestado. Yo quiero mucho a Candy, y de verdad quiero que regrese pronto y con bien, ella es mi hermana y una de las personas más importantes en mi vida.
-Annie, yo también quiero disculparme, creo que fui muy descortés contigo.
-No, yo te entiendo, en realidad no sé qué me pasó… creo que la boda cerca… y mi madre… estaba muy presionada; pero de verdad te amo, lo que dije de ti… ni siquiera sé porque lo hice…
-Escúchame Annie, eso ya no importa; tú eres una buena mujer, cualquier hombre estaría feliz de casarse contigo, pero yo…
-Tú no, ya lo sé. – lo interrumpió con tristeza.
-No es eso, yo te quiero y te apreció mucho, pero no te amo como tú lo mereces.
-Yo podré esperar, Archie.
-No, tú no mereces que te hagan esperar, si lo haces, podrías perder a esa persona que está destinada a ti, que te ame como lo mereces.
-Yo… yo te amo a ti y esperaré por ti.
-Annie…
-No, no te preocupes, lo haré porque quiero hacerlo; no te estoy comprometiendo a nada.
Archie sonrió ante lo declarado por la morena, la quería pero no como ella lo deseaba. El joven Cornwell acompañó a Annie a su casa, por ese motivo no vio lo que pasó con Terry y Elisa, ya después de dejar a Annie a salvo, se fue directo a la mansión de los Andley, donde se enteraría de lo ocurrido.
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Habían llegado a la mansión Andley y los caballeros se dirigieron al estudio; Albert había pedido que no les interrumpieran; Susana se vio obligada a quedarse en la sala de aquella enorme casa.
-Tú tienes todo, por qué quieres quitarme también a Terry? – cuestionaba la rubia mirando el lujoso salón, sobre la chimenea había un retrato en óleo, enseguida reconoció a Candy, quien estaba acompañada de tres jóvenes, familia seguramente. – se ve que tuviste todo lo que quisiste en la vida, seguro fuiste una niña mimada que cuando quería algo sólo tenía que pedirlo, sin embargo yo, yo tuve carencias, mi madre tuvo que luchar para mantenernos; luego conseguí cumplir uno de mis sueños hasta ese día… ese día que lo perdí; pero… conseguí a Terry… por qué quieres quitármelo también a él?. – estaba en sus pensamientos cuando cerca de donde estaba escuchó una voz.
-Buenas noches, joven Archie.
-Buenas noches Dorothy, sabes si mi tío ya llegó?
-Sí joven, está en el estudio con el joven Granchester y pidió que nadie los interrumpiera.
-Así que ese desgraciado está aquí. – dijo Archie con rencor profundo en la voz. – es un descarado! venir aquí después de todo lo que le hizo a Candy. Es un maldito sin vergüenza! – dijo dirigiéndose al estudio de su tío, sin darse cuenta que la rubia iba detrás de él.
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-Dímelo de una vez Albert, es verdad lo que la víbora de Elisa dijo? – cuestionó ni bien el rubio cerró la puerta.
-Es verdad Terry, Candy se fue a Europa como enfermera militar.
-Y por qué dejaron que haga algo así!? – gritó molesto y con miedo en la voz.
-Crees que le hubiéramos dejado que lo haga? Se fue sin que lo supiéramos.
-Por qué lo hizo? Candy es una inconsciente! – estaba molesto con Candy por haber partido a la guerra. - Tenemos que hacer que regrese, Albert.
-Eso es lo que he intentado desde que… - no terminó de explicar a Terry porque la puerta se había abierto de golpe dejando entrar a un joven enardecido.
-Eres un desgraciado, qué haces aquí!? – Archie se había acercado al castaño con intención de golpearlo, pero fue detenido por su tío.
-Basta Archie!
-Es su culpa que Candy se haya ido a la guerra y tú le permites entrar a la casa!? No puedo creerlo tío, cómo pudiste olvidar lo que le hizo a Candy? – dijo con indignación y rabia.
-Ya basta! Ya Candy nos dijo que ese no era el motivo!
-Ah sí? Entonces cómo explicas que desde que este sinvergüenza la lastimó y la dejó, Candy no volvió a ser la misma, ella sufría por todo lo que este mal nacido le hizo!
-Candy sufría? – murmuró el castaño.
-Terry, no es así. Tú no tuviste la culpa.
-Sí, sí fue tu culpa, y ahora ella está allá…! – dijo señalando hacia una dirección. – sola poniendo su vida en peligro, y todo porque confió en ti y tú la lastimaste!
-Ya basta! Cállate Archie! Candy nos explicó que quería ayudar a los soldados, nunca mencionó a Terry, así que no le eches la culpa.
-Ya sabían de lo que Candy pretendía hacer y lo permitieron! – gritó furioso el castaño.
-Ya basta de eso! – sonó la potente voz del rubio. – si quieren perder el tiempo con lo mismo, es preferible que se retiren, yo tengo pensaré que hacer para traer a mi pequeña de vuelta. – se había molestado por la actitud de los jóvenes.
-Tienes razón tío, lo siento. – era la primera vez que el calmado Albert había gritado de esa manera.- conseguiste hablar con el gobernador?
-Lo siento Albert, ahora Candy es lo primordial. – aunque los jóvenes habían dejado de pelear, seguían mirándose con rencor y recelo.
-Primero vamos a calmarnos todos, y luego pensaremos que hacer para traer de vuelta a Candy. – dijo más tranquilo - Hoy hablé con algunas personas y me dijeron que será imposible hacerla volver, a menos que ella quiera hacerlo, sólo así podrán ayudarnos.
-Pero ni siquiera podemos comunicarnos con ella. – dijo Archie con preocupación en la voz.
-Cómo que no pueden comunicarse con Candy? – ahora si Terry entró en pánico.
Albert le explicó a Terry que habían perdido comunicación con la rubia, que desde hace mucho que no les había escrito. Terry se sentía culpable por todo lo que estaba escuchando.
-El duque. – murmuró el castaño.
-Qué dijiste Terry?
-El duque, mi padre, él podrá ayudarnos.
-Tú crees que quiera ayudarnos? – cuestionó el rubio, pues sabía de la relación que tenía el castaño con su padre.
-Sí, él aprecia a Candy, y estoy seguro que podrá ayudarnos. Le mandaré un telegrama para informarle, saben en qué ciudad u hospital está Candy? – los caballeros hablaban sin darse cuenta de la mujer que estaba en una esquina escuchando todo lo que hablaban.
-Yo no confiaría mucho en su ayuda, si es como tú, no creo que…
-Escúchame bien elegante; puedes decirme lo que quieras, si quieres golpearme hazlo, sé que me lo merezco; pero no dudes que haré todo lo posible e imposible por traer de vuelta a mi pecosa, no descansaré hasta que esté a salvo. – se puso frente a Archie y habló apretando su mandíbula para controlar las ganas de golpearlo.
-Tú la lastimaste. – murmuró el elegante con rabia.
-Y no sabes cuánto me odio por eso, hubiera preferido morir antes que lastimarla y provocar que arriesgue de esta manera su vida. – la rubia lo escuchaba con dolor, sabía que todo lo que Terry decía era cierto.
-Por favor concentrémonos. Archie, si no quieres ayudar, puedes retirarte, aquí lo único importante es traer de vuelta a Candy. – Albert fue claro con la orden.
-De acuerdo, pero una vez que Candy esté de vuelta no te quiero cerca de ella.
-Eso, lo decidirá ella.
- Terry por favor manda el telegrama a tu padre mañana mismo, estoy muy preocupado por mi pequeña, aunque le pedí al director del hospital que nunca la envíen al frente, hasta ahora no he podido comunicarme con el doctor Finochietto para estar informado.
-Terry… - hasta ese momento se dieron cuenta de la presencia de la rubia.
-Susana, qué haces aquí?
-Yo… estoy cansada; quisiera volver al hotel.
-Claro. Albert… - se dirigió al rubio. – puedes pedir a tu chofer que lleve a Susana al hotel?
Los presentes quedaron atónitos por la petición del actor, cualquiera hubiera creído que Terry iba a ser quien lleve a su prometida al hotel para cerciorarse de que llegue a salvo a esas horas de la madrugada.
-Y que harás tú? – cuestionó el joven elegante.
-Iré a mandar el telegrama. No pienso perder más tiempo, la cámara de los Lores ya debe estar reunida en el palacio.
-Tienes razón, pero donde irás a estas horas? no creo que puedas encontrar una oficina telegráfica abierta.
-Yo sé a dónde ir. Por favor, podrías pedírselo? – se refería al chofer.
Al ver el asentimiento del joven magnate, el castaño se giró y caminó rumbo a la puerta, sin despedirse; sólo salió de la mansión y así poder enviar el telegrama a su padre.
Terry regresó a la casa del gobernador, tal vez el embajador de Gran Bretaña aún seguía en la fiesta, y sí, fue una suerte encontrarlo aún ahí. El castaño usando el nombre de su familia y el anillo con el escudo de los Granchester que le dejó su padre en su última visita, logró que el embajador le ayudará a enviar el telegrama.
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Londres, Inglaterra.
La cámara de los Lores ya estaba reunida, así como lo había predicho el castaño. Los aristócratas y clérigos estaban analizando la situación y posición de los aliados en la guerra, tenían que buscar una solución para detener de una vez por todas, el avance de los alemanes.
-Excelencia, tiene un telegrama. – uno de los secretarios se acercó al duque de Granchester para entregarle el telegrama, que venía con la consigna de importante, por suerte estaban en un receso; Richard abrió el papel para ver que era su hijo quien lo enviaba.
Padre. Necesito ayuda. Candy en la guerra. París, Hospital Argentino. Espero respuesta.
Richard se puso de pie para averiguar todo lo que su hijo le pedía, pero antes mandaría un telegrama a su hijo para decirle que ya había recibido su telegrama, si lo conocía él debería estar esperando su respuesta en ese momento.
Chicago
-Hay respuesta –dijo el encargado del telégrafo.
Averiguaré todo. Espera respuesta. Dónde estarás.
Mansión Andley. Chicago.
Ok. Noticias. Hoy.
Terry regresó a la mansión de los Andley para informarles que se había comunicado con su padre, ahí aguardaría por la repuesta, sólo esperaba que Candy se encuentre bien.
-Terry, cómo te fue? – fue el recibimiento de Albert, Archie estaba detrás de él.
-Mi padre mandará un telegrama aquí, ya está averiguando todo lo que pueda sobre Candy.
-Gracias Terry, en poco tiempo tú lograste hacer más de lo que yo pude. – Archie estaba de acuerdo con lo expuesto por su tío, en un par de horas tendrían noticias de Candy y eso tenía que agradecérselo al castaño.
-No tienes nada que agradecer, sabes que por Candy haría esto y más.
Los caballeros esperaban en el estudio la llegada del telegrama, ninguno pudo dormir, como hacerlo sí sus corazones estaban ansiosos porque pronto tendrían noticias de su Candy.
En el hotel donde se había instalado la compañía Stratford, una rubia de ojos celestes lloraba de tristeza por el trato que tuvo de parte de Terry, ni siquiera se había interesado en llevarla y dejarla a salvo al hotel.
-No me ama… no me ama… -repetía una y otra vez – pero cuando se trata de Candy se olvida de todo, y actúa enseguida… quiero que me ames Terry, así como la amas a ella.
-Susy hija, por qué estás así? Qué pasó hijita? –su madre le acariciaba la cabeza mientras le cuestionaba la razón de su estado.
-Nada mamá… ya quiero regresar a casa.
-Ahora me dirás que paso con Terruce? Por qué no te trajo él?
-Ya no importa mamá… ya te dije que rompimos el compromiso, además pasó algo que lo obligó a pedir que el chofer de su amigo me trajera.
Su madre no quiso cuestionar más, pues vio lo afectada que estaba su hija, sabía que le dolía el rompimiento; sin embargo sabía que era lo mejor.
Los tres hombres hablaban sobre todo lo que había pasado cuando Candy se marchó a la guerra. Archie escuchaba la conversación de los amigos y fue ahí que comprendió, que tampoco había sido fácil la ruptura para el castaño, con todo lo que Terry le contaba a Albert, entendió que él al igual que Candy había sufrido, y ahora que lo veía se daba cuenta que no era el mismo, había perdido ese aire arrogante y altivo.
-Joven Granchester, lo buscan.
Los tres jóvenes se pusieron de pie, creyendo que era el telegrama tan esperado, sin embargo una rubia se hizo presente ante ellos.
-Terry, podemos hablar?
-Claro
-Yo… - inició la rubia una vez que los otros dos jóvenes los habían dejado solos. –yo vine a despedirme, hoy regreso a Nueva York.
- Disculpa que no te haya llevado personalmente al hotel, pero entenderás mis motivos.
-Lo sé, sólo quería despedirme - dijo bajando la mirada. -Espero que Candy regrese pronto.
-Gracias Susana. Yo…
-Dilo… di que hubieras querido enamorarte de mí. – eran las súplicas internas de la ex actriz. – di que por un momento te atraje, que sentiste algo por mí.
-…espero que encuentres a alguien que te ame como lo mereces, eres una gran chica. No perderás mi apoyo, seguiré depositando dinero para tus tratamientos.
-Gracias. Será mejor que me vaya.
Se dirigían a la puerta cuando ésta era abierta por la ama de llaves, dejando ver a un mensajero que traía un papel en las manos.
-El señor Granchester?
-Sí, soy yo. – tomó el papel que le entregaba el joven. Archie y Albert se dirigían hacia él.
-Qué dice Granchester? no te quedes callado! – Archie se desesperó al no escuchar una respuesta de Terry.
-Qué dice Terry? – Albert temía lo peor.
-Candy… fue enviada al frente. –murmuró incrédulo.
-Qué estás diciendo? No mi gatita no puede haber sido enviada ahí!
-No, yo pedí al director del hospital que nunca la enviaran al frente, aporte mucho dinero para que puedan cumplir con su palabra.
Susana escuchaba lo que decían y se sintió culpable, que pasaría con Terry si le pasaba algo a la rubia enfermera.
-Dice que hará todo para protegerla y hacer que la manden a Inglaterra a uno de los hospitales de ayuda. Ahhr me siento un inútil! - dijo llevándose las manos a la cabeza – no es posible que nosotros estemos aquí a salvo y mi pecosa esté allá arriesgando su vida!
-Cálmate Terry. Esperemos que tu padre ayude a Candy, él tiene más posibilidades de conseguirlo.
-Iré a Francia. –dijo con determinación.
-Sabes que eso es imposible! No podrás hacerlo, no hay barcos que lleven civiles. – entonces vio la cara de Terry, ahí estaba ese joven determinado y osado. –No Terry, no puedes ir como voluntario! – Archie y Susana desviaron la mirada hacia el castaño, incrédulos de que sea capaz de hacerlo, pero la mirada que tenía les indicaba que lo haría.
-Por qué no? Es fácil presentarse como voluntario, así podría estar cerca para encontrarla.
-Y qué pasará si te designan a otro lado, lejos de ella, acaso piensas que Candy no va a culparse si te pasa algo?
-Nada va a pasarme. – en la voz del castaño no había emoción sólo determinación.
-Terry no seas impulsivo. – Albert se pasó las manos por el cabello, estaba por perder la paciencia; pero sabía que eso no ayudaría, conocía el carácter de Terry.
-No lo soy, ya lo pensé y es lo único que puedo hacer para encontrarla.
-Ustedes son iguales. –dijo el elegante parado frente a la ventana mirando hacia el jardín. – no piensan en el dolor que puedan causar a las personas que los quieren, sólo piensan en sí mismos. –dijo apretando el extremo de las cortinas de seda. - Le pedimos a Candy que no se presente como voluntaria y dos semanas después nos dejó una carta que decía que la perdonemos, no pensó en el dolor y la angustia por la que estamos pasando. Se apresuró en tomar una decisión y míranos ahora, angustiados por ella, culpándonos por su partida, rogando para que nada malo le pase.
Albert lo miraba comprendiendo sus palabras, Terry estaba en silencio y Susana estaba ahí mirando el dolor de esos tres hombres.
-Terry, Candy volverá; de eso estoy seguro, mi gatita siempre fue fuerte y determinada, fue ella quien nos dijo que regresaría, y yo le creo; pero si algo te pasa a ti, eso va a destruirla completamente.
-No voy a morir Archie, iré a buscarla.
-Las situaciones son diferentes Terry, ella es enfermera, está en los hospitales lejos de donde se desarrolla la batalla; sin embargo, tú irías directo al campo de batalla, donde las balas van y vienen, tú correrás más peligro, y eso Candy nunca se lo perdonará.
-Incluso si algo me pasa, ella no lo sabrá.
-Yo se lo diré. – todos giraron su mirada hacia la joven. – yo voy a culparla si algo te pasa, no la dejaré tranquila; si te vas, en ese preciso momento enviaré una carta a Candy culpándola – declaraba sin importarle la mirada de odio que le dedicaba el castaño.
-Tú no harás eso, no es tu asunto. –dijo con la voz más dura que alguien lo haya escuchado.
-No me importa si es o no mi asunto; depende de ti… sí quieres que Candy se culpe por tu partida a la guerra.
-Acaso no entienden que es la única solución!?
-Esperemos hasta que tu padre nos informe si pudo sacarla de Francia… confiemos en la ayuda de tu padre.
-Albert…
-Yo entiendo la desesperación que sientes por regresarla, pero actuemos con prudencia.
De mala gana el castaño aceptó lo que su amigo le proponía, esperaría una semana y si Candy no se resguardaba en Inglaterra como le había prometido su padre, se iría como a Francia para buscar y traer de vuelta a su pecosa.
Albert lo había persuadido a que se instale en la mansión Andley, así podría vigilarlo para que no cometa una locura similar a la de Candy; pero al día siguiente Albert recibió la visita que tanto temió.
-Señor Andley?
-Sí… -el corazón de Albert comenzó a latir presuroso.
-Lamento informarle que la señorita Candice White Andley en cumpl…
-No…no! – fue el grito de Archie, recordando una situación similar años atrás.
-Qué…? – Terry al oír el grito del joven se apresuró a la sala.
-Lo sentimos mucho, por las circunstancias de la guerra no podremos entregar el cuerpo; pero sus pertenecías les serán entregadas.
Terry estaba frente a esas personas que se disculpaban por algo…, decían algo de un cuerpo…, de la guerra; pero no, su mente se negaba a conectar las situaciones y la única persona que se encontraba en ese país de conflicto; no, deben haberse equivocado; sin embargo vio que se acercaba el mensajero de la embajada con un papel en manos, se aproximó a él y sin esperar que le dijera algo le arrebató el papel, vio que estaba dirigido a Albert, eso no le importó igual lo abrió pues sabía que era de su padre con noticias de Candy.
Lo siento. Candy murió. Ataque a trincheras. Ayude a Terry.
Siento mucho el retraso, en realidad ya tenía listo este capítulo desde hace unos días atrás, sólo que se me hizo imposible publicarlo porque tengo algunos problemas con la conexión a internet; pero bueno, al fin lo hice;g espero que les haya gustado el capítulo.
Felices fiestas, espero que la pasen en unión familiar. Se cuidan mucho, mucho. Bendiciones para todos ustedes…
