CAPÍTULO 16
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-No recuerdo… - lo interrumpió. – no recuerdo haberme casado con André. – dijo dejando escapar las lágrimas.
-Qué…? Candy, cómo que no recuerdas haberte casado con él? – estaba desconcertado.
-Sólo recuerdo ciertas cosas antes del accidente; por más que lo intento no puedo recordar el haberme casado con él… y eso… eso me desespera, quiero recordar… - se llevó las manos a la cabeza.
-Cálmate Candy… - dijo abrazándola - recuerdas todo lo que pasó después del accidente?
Candy no respondió, sólo movió su cabeza de arriba abajo en forma afirmativa. Terry estaba preocupado por su pecosa y una rabia nació dentro de él al imaginar que ese hombre trató de aprovecharse de su estado.
-Pecosa. – Candy levantó la cabeza para atenderlo. – escribías todo en tu diario, verdad? –recordó que su pecosa fechaba las páginas de su diario, y las fechas eran muy seguidas, cada dos días contándole como había sido su día, por más corto y rutinario que sea su narración ahí estaba.
-Sí, por qué? cómo sabes eso?
-Cuando nos informaron que tú habías… - no pudo continuar, aún la dolía recordar esa época; Candy comprendió a lo que se refería, así que asintió. – la señorita Aston nos entregó tus pertenencias y…
-Kate… la conoces Terry?
-Sí, la señorita Aston nos entregó tus cartas y tu diario.
-Qué?
-Pecosa, yo tengo tu diario y no hablas de haberte casado con André ni con nadie, y estoy seguro que de haberlo hecho lo hubieras escrito ahí.
-Qué… no, él no me mentiría, André no sería capaz.
-Y crees que yo sí? – dijo dolido.
-No! Terry yo confió en ti, es sólo que él me protegió y nunca me forzó a nada.
-Lo siento Candy, no quise ofender a tu esposo. – dijo molesto al ver como Candy confiaba en André se puso de pie alejándose, algo que asustó a la rubia.
-No Terry! Por favor no te ofendas. – dijo desesperada y tratando de buscarlo con sus manos, Terry se maldijo por su comportamiento y se apresuró a tomar las manos de la rubia. – yo nunca dudaría de ti es sólo que…
-Pecosa cálmate. – dijo frotando sus manos- discúlpame por favor, es sólo que no encuentro otra explicación más que esa, él te engañó.
-Tengo que hablar con él, tengo que ir a buscarlo.
-Espera pecosa. – dijo al ver que se ponía de pie. – espera a que él llegué a la villa y hablamos con él.
-No te das cuenta que me mintió? – dijo llorando. - me sentí culpable… sentía que te traicionaba… que… me había traicionado a mí misma - sollozaba.
-Pecosa… Aunque te hubieras casado, no te culparía, recuerda como nos separamos Candy. – dijo abrazándola. – nunca te juzgaría, sabes que yo estuve a punto de hacerlo por un estúpido deber. Lo recuerdas, pecosa?
-Ibas a casarte? – dijo separando su cara del pecho masculino.
-Acaso lo había olvidado? – se preguntaba Terry. – no recuerdas lo que pasó, pecosa? –Candy se sumió en un mutismo de repente su rostro mostró pesar.
-Te deje con ella… - murmuró con tristeza – ahora lo recuerdo… yo… te abandone… - dejo salir un gemido llevándose las manos a la cabeza.
-Candy! estás bien pecosa? – Terry la sostuvo preocupado.
-S-sí estoy bien. – tenía un dolor de cabeza, pero no quería preocupar a Terry así que calló. – no te casaste con ella?
-No, cuando llegué a Chicago por la gira, rompí el compromiso, tenía la intención de buscarte y pedirte que me perdonaras.
-Terry. – sintió culpa.
-Me di cuenta que nunca podría cumplir mi promesa… no, si me casaba con alguien que no seas tú.
-Tu promesa…? – se quedó callada de repente. – "Prométeme que serás feliz, Candy… Prométemelo. Tú también promételo Terry, promete que serás feliz" – recordó esas palabras, Terry se las había dicho antes de dejarla partir y ella también le hizo prometer lo mismo – fue eso… fueron tus palabras… - murmuró de repente.
-Qué dices pecosa?
-Tengo que hablar con André, tiene que explicarme lo que pasó.
-Está bien, pero lo harás cuando estés más calmada.
-Terry… tengo que hacerlo ahora. –dijo desesperada.
-No pecosa, mi padre me dijo que tienes dolores de cabeza muy fuertes cuando te alteras demasiado, y no permitiré que los tengas.
-Pero… estoy bien. –era mentira el dolor de cabeza estaba aumentado.
-Entonces espera que André llegue a la casa para que puedan hablar.
-Pero... acaso no estás molestó, al parecer él me mintió; me dijo que era su esposa, y si hubiera actuado como tal? Acaso no te molesta? – dijo desilusionada.
-Él trató de obligarte a cumplir con tu deber de esposa? – dijo molesto.
-No, pero no te molesta ni siquiera que haya esa posibilidad?
-Claro que me molesta y ahora mismo me muero por ir a golpearlo por haberte mentido; pero no quiero que tengas un malestar por esto, pecosa, nunca te vi así de alterada y temo que algo te pase, amor, primero hay que calmarnos para escuchar lo que tenga que decirnos.
-"Amor" me dijo amor – pensaba la rubia mientas asentía, pues después de escuchar como la llamó ya no pensó en nada más.
En realidad Terry quería correr y matar a André por lo que pudo hacer, pero debía controlarse, no pondría en riesgo la estabilidad de Candy, no quería que se altere y eso afecte su salud. La ayudó a sentarse nuevamente bajo la sombra del árbol y abrazándola trató de calmarla recordando aquel verano y las aventuras que tuvieron junto a sus amigos.
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-Doctor Laurent, informaré a los pacientes que cerraremos para ir a almorzar.
-Enfermera Johana espere; prefiero atender a todos los pacientes y salir temprano hoy.
-Sí quiere puedo quedarme a asistirlo.
-No te preocupes. Ve a almorzar, yo puedo encargarme desde ahora.
-Nada de eso doctor, deje que lo asista, ese es mi trabajo.
-De acuerdo. –dijo yendo a recibir al siguiente paciente.
André salió temprano del consultorio, quería llegar a casa y ver a Candy, esos dos días había compartido más tiempo con ella y pedía que ella lo llegará a amar. Se sintió confiado ver que Terry no la buscó ni que ella había tratado de hablar con él, sintió esperanza de que Candy finalmente se esté enamorando de él.
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-Hijo, Candy, sucedió algo? –cuestionó Eleonor al ver la cara de los jóvenes.
-No, nada.
-Estoy algo cansada, quisiera retirarme a mi habitación? – dijo tímidamente Candy.
-Claro cariño, te acompaño.
-No te preocupes Eleonor, yo la acompaño. – se apresuró Terry, guiando a la rubia a su habitación.
-Terry, no deberías llamar a tu madre por su nombre. – murmuró Candy con reproche.
-No te preocupes pecosa está acostumbrada. – dijo con una risita, pues hacia poco Candy estaba alterada y afectada, pero ahora lo regañaba por el trato a su madre.
-Pero aun así la lastimas, deberías decirle mamá.
-Está bien, lo intentaré. – dijo entrando a la habitación. – enseguida vuelvo. – dijo dejando a la rubia ya recostada en la cama besando su frente.
-De acuerdo, pero Terry todavía no le digas nada a tus padres, primero escuchemos a André y sus motivos.
-Lo sé. – y sin más salió a buscar a su padre.
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-Qué habrá pasado? – cuestionó preocupada Eleonor. -Candy se veía afectada por algo, y Terry estaba molesto.
-Sólo espero que no sea nada malo que afecte a Candy o Terry.
-Oh, cuanto deseo que arreglen las cosas y al fin sean felices.
-Yo también, pero no olvides que André es el esposo de Candy.
-Sí, pero…
-Duque, - Terry entró en la sala interrumpiendo a su madre. – podría pedirle un favor?
-Claro, lo que necesites. – temía que algo le haya pasado a la rubia.
-Podría pedirles que dejen la villa por unas horas cuando llegue André?
-Qué? hijo qué pasó? – Eleonor se preocupó por el pedido de su hijo mientras el duque se puso alerta.
-Sucedió algo?
-Lo sabrán después, por ahora es lo único que les pido, después les explicaré lo que sucede.
-Bien, Eleonor que te parece si te invito a cenar. – aceptó pues vio cierta tranquilidad en su vástago.
Eleonor no estaba segura de dejar a su hijo solo y se lo mostró en su mirada de preocupación, y al no contestar a Richard.
-No te preocupes mamá, todo está bien, sólo necesito un tiempo para hablar con André y Candy.
Eleonor se quedó muda, Terry nunca le había dicho "mamá" y eso la desarmó, con un leve asentimiento aceptó la petición de su hijo, rogando internamente que todo salga bien para su hijo y Candy.
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-Terry, llegó alguien. – dijo la rubia al escuchar el ruido de un auto.
-No pecosa, mi padre invitó a mi madre a cenar.
-En serio? Terry, les pediste que nos dejaran solos para hablar con André, cierto?
-Qué bien me conoces pecosa. –dijo dejando escapar una risita.
-No debiste hacerlo, es la casa de tu padre y yo no…
-No lo hiciste tú, además mi padre se moría por invitar a Eleonor, así que le dimos un empujoncito.
-De verdad?
-Claro, al parecer agradeció la excusa.
-Sabes algo? Creo que tus padres deberían darse una oportunidad para estar juntos nuevamente.
-Te parece?
-Sí, tu madre nunca se casó, y puede ser porque nunca olvidó a tu padre.
-Y qué me dices del duque.
-Él nunca la olvidó. – afirmó la rubia.
-Qué? cómo lo sabes?
-Cuando murió su esposa, la duquesa, yo ya estaba viviendo en el castillo y cuando le di mi pésame por su pérdida, él no estaba tan afectado por haber perdido a su compañera, sentí más la preocupación por tus hermanos al haber perdido a su madre; pero nada más, luego un día escuché su preocupación cuando llamó a tu madre para saber cómo estaba, pues le informaron que la situación en Nueva York era muy alarmante.
Terry no dijo nada, recordó una ocasión en que su madre le había dicho que estaba preocupada por su padre, pues hacía varios días no se había comunicado con ella y temía que se haya contagiado o algo peor. Antes de responder a su pecosa, escuchó que alguien había entrado a la casa y se acercaba al estudio del duque.
-Creo que ya está aquí, llegó la hora pecosa.
Candy asintió sin decir nada, estaba nerviosa por como resultaría todo.
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André había llegado a la villa y se desconcertó cuando el mayordomo le informó que el duque y la señora Baker habían salido y que el joven Granchester y su esposa lo estaban esperando en el estudio del duque.
-Llegó la hora. – se dijo al abrir la puerta. – Candy…
-Quiero que me digas qué pasó… por qué dijiste que estábamos casados?
-Candy… era la única manera.
-A qué te refieres? Por qué me mentiste? – la voz de Candy indicaba lo dolida que estaba y André se odió por eso. Había prometido cuidarla y fue él quien la lastimó.
-Candy… sabes que te amo. – trató de acercarse a ella; sin embargo Terry se puso frente a la rubia impidiendo su acercamiento.
-No la toques. – la voz de Terry era amenazante.
- Fue lo único que pude hacer para salvarte.
-Explícate por favor… porque no lo entiendo, sólo sé que me mentiste y te burlaste de mí.
-No fue así, nunca me burlaría de ti, Candy siempre supiste lo que siento por ti.
-Será mejor que nos expliques de una vez por todas; por qué le hiciste creer que era tu esposa, qué pretendías!?
André sabía que debía decirle a Candy la verdad, ya no tenía por qué ocultarlo, desde que Terry llegó a la villa supo que la perdería.
-Poco antes de que la guerra terminara el hospital argentino fue atacado, entre los heridos estaba yo, me llevaron a otro hospital en las afueras de París, por suerte mis heridas no eran tan graves, cuando me recuperé me quedé para ayudar y fue ahí que te encontré; creíamos que habías muerto; pero estabas viva… estabas frente a mí… una enfermera me dijo que estabas en coma, nadie sabía tu nombre, no sabían nada de ti, dijeron que no tenías tu placa, nada que te identificara.
-Cómo llegué ahí, quien me llevó?
-No lo sé… sólo dijeron que llegaste con un grupo de heridos del frente. – miró a Candy, quien lloraba al escuchar lo que le contaba. – los del hospital dejaron que te cuidara, hasta que todo se volvió un caos. Anunciaron el fin de la guerra y entre la algarabía de que todo había terminado, los soldados querían volver a casa; sin embargo hubo rumores en el hospital sobre una nueva enfermedad que estaba empezando a matar no sólo a los soldados, sino también a civiles, entonces supe que debía sacarte de ahí lo antes posible; pero el director del hospital no lo permitió hasta que le dije que eras mi esposa, me pidió pruebas y mientras me encargaba de conseguirlas despertaste.
-Pero me mostraste un documento…
-No me recordabas, no recordabas nada, no podía dejarte ahí con el riesgo de que te contagiaras con esa nueva enfermedad; así que, falsifique el certificado de matrimonio, con la fecha de antes de que partas al frente de batalla.
-Y por qué no le confesaste la verdad una vez estaba a salvo. – reclamó Terry.
-Esa era mi intensión, pero creí que Candy dejaría de confiar en mí y ella no podía quedarse sola, además yo quería ayudarte, luego empezaste a tener crisis nerviosas, no iba a arriesgar tu bienestar- dijo mirando a la rubia, quien lloraba al escuchar el relato. – cuando empezaste a tranquilizarte pensé que podría conquistarte. – dijo mirando al suelo. – lo habías aceptado y pensé que si me aceptabas era porque querías y después sería fácil que llegaras a amarme.
-Sabías de mis dudas, varias veces te dije que no podía recordar haberme casado contigo, sabias que trataba de hacerlo me forzaba a recordar ese día… pero nunca lo hubiera hecho, porque ese día no existe!
-Perdóname…
-Por eso me decías que no me fuerce a recordar, que pronto lo haría… por eso… por eso nunca te dije que cada día me forzaba a hacerlo, cuantas veces me viste en una crisis… con dolores de cabeza… eran porque me forzaba a recordarlo… - Candy lloraba y en su voz había dolor y rencor.
-Perdóname Candy… perdóname por haberte lastimado, quería que seas feliz y ser yo quien lo haga.
-Viste como le afectaba y nunca pensaste en decirle la verdad! su familia la extrañaba, yo sufría al pensar que había muerto, porque no informaste que estaba bien!
-Ellos la rechazaron y tú estabas casado! – enfrentó al castaño. – yo vi todo el dolor que le causaron, le dieron la espalda, cuando más los necesitaba!
-Todo fue una trampa! Pero aun así tú debiste decirle la verdad!
-Ya basta! – gritó Candy. –ya basta, por favor… yo no quiero esto…
-Candy…
-Pecosa…
-André, ahora sé la verdad y tú siempre supiste lo que sentía.
-Lo sé… y por eso está misma noche abandonaré la villa.
-Te agradezco que me hayas salvado y cuidado; pero debiste decirme la verdad, no puedo dejar de sentir que te burlaste de mi condición…
-Nunca lo hice, por favor créeme Candy.
-Adiós André… - el médico dio media vuelta y salió del estudio para recoger sus cosas y dejar la villa de los Granchester.
-Estás bien, pecosa? - Terry la abrazó con fuerza sintiendo las lágrimas de su pecosa.
–No quiero odiarlo, no quiero sentir esto…
-Estás dolida, es comprensible que en este momento lo odies, pero pasará ya lo veras. – Terry estaba molesto por todo lo que había escuchado, y como esto afectaba a su pecosa.
-Terry…
-Sí?
-Podrías llevarme con André? – Terry sintió miedo por lo que su pecosa haría, pero accedió a la petición de la rubia.
André estaba por abrir la puerta cuando escuchó que Candy lo llamaba.
-André! – el joven giró.
-Candy…
-No te odio… y sé que con el tiempo entenderé tus motivos; pero aún es pronto, quiero que sepas que te agradezco mucho el haberme salvado y cuidado de mí.
-Gracias Candy, espero que seas feliz… - miró a Candy y a Terry, quien la sostenía rodeando sus hombros.
André abandonó la villa con un peso menos en sus hombros, aunque le dolía dejar a Candy, sabía que ella sólo sería feliz con el hijo del duque, los había visto juntos y Candy era otra junto a él. Rogaba con volver ga verla de nuevo y que ella lo perdone completamente por su actuar.
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Hasta el próximo capítulo, intentaré no tardar mucho.
Se cuidan mucho… bendiciones.🌻
