CAPÍTULO 17
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La puerta se cerró dejando ir con ella a una etapa de su vida, Candy se quedó ahí parada mientras se despedía mentalmente de quien fue un amigo, y creyó un día fuera su esposo; no lo odiaba, eso era cierto; pero si estaba molesta por haber sido engañada. Terry estaba a su lado, no había dicho ni una sola palabra, seguramente estaba molesto, tenía miedo comprobarlo; sin embargo tenía que decirle algo, estos días que había estado confinada en su habitación sólo pensaba en lo que había pasado en el lago, tenía que decirlo…
-Yo… -murmuró la rubia.
-Candy… - habló al mismo tiempo que la rubia.
-Yo también te amo Terry. – estaba sonrojada, podía sentir que la cara le ardía, sabía que Terry la estaba mirando lo sentía y eso la puso aún más nerviosa.
-Por qué no dice nada… creí que él también sentía lo mismo por mí, me lo dijo en el lago, o no?… acaso escuché mal? – eran las dudas internas de la rubia, su inseguridad crecía con cada segundo de silencio del castaño.
-Amor… con esa frase me desarmas… si supieras que me tienes en tus manos… Candy, mi pecosa… - pensaba Terry mientras la miraba con una sonrisa enamorada - hace tanto estaba deseando escuchar esas palabras, pecosa - su corazón saltaba de alegría, se veía tan linda sonrojada.
Candy estaba por bajar la cara cuando sintió que Terry tomaba su barbilla y de pronto sintió los labios del castaño sobre los de ella. Al inicio no supo reaccionar; pero estaba segura que no cometería el mismo error de hace años; no, cuando lo había deseado tanto; así que, rodeo el cuello de Terry y correspondió al beso, algo torpe, pero poco a poco le siguió el ritmo.
Terry se sentía tan bien, la acercó más a él, amoldándola a su cuerpo, Candy se dejaba guiar y abrazar por el castaño. Una vez que terminó el beso, Candy, lo acercó hacia ella en un fuerte abrazo.
-Perdóname Terry… perdóname. – Candy lloraba en el cuello del castaño.
-Pecosa…
-Quería decírtelo, quería decirte… que yo también te amaba… pero no podía… creí que estaba casada… yo no podía… y eso me estaba matando…
-Mi amor, ya no te preocupes por eso, ya pasó. – dijo tomando su cara entre sus manos, sólo para verla con lágrimas corriendo por sus mejillas.
-No debí dejarte… nunca debí irme…
-Candy, no fue tu culpa, yo debí ser más firme, fue sólo mi culpa pecosa, no debí dejarte partir.
-No, fue mi culpa… - Candy calló pues la fuerte risa de Terry la interrumpió.
-Sabes algo pecosa, pasaremos toda la noche tratando convencernos quien tuvo la culpa de algo que ya pasó y no podemos cambiar. –dijo mientras reía de la situación.
-Creo que tienes razón. –sonrió al darse cuenta que era verdad, seguirían culpándose toda la noche. – de nada servirá culparnos, verdad?
-Así es… Qué te parece si mejor aprovechamos que mis padres están fuera – dijo tomando la cintura de la rubia para acercarla a él nuevamente - y nos ponemos al día… - susurró cerca su boca, Candy no contestó nada, pues Terry la volvió a besar, esta vez con más ímpetu, la deseaba tanto, nunca se cansaría de sus besos.
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-Richard estoy preocupada.
-Confía en nuestro hijo, él se veía seguro de lo que haría.
-Y qué crees que hará? Sabes algo?
-No, pero me imagino que retara a André a un duelo por el corazón de Candy. – dijo con burla.
-Esto es serio Richard. – dijo molesta.
-No te enfades Ellie, Terry sabe lo que hace, sabes que necesitan hablar y aclarar las cosas.
-Eso es lo que me preocupa, que Terry salga lastimado, si Candy se queda con su esposo, al fin y al cabo ella se casó con André. –dijo con pesar.
-No lo sé Ellie, nunca la vi como lo es con Terry. Siempre fue algo distante, aunque no quisiera serlo, ni siquiera la veía cómoda junto a André.
-Qué? Explícate, por favor.
-Nunca vi una muestra de cariño de parte de Candy, cuando André trataba de abrazarla o acercarse ella se alejaba, le dedicaba una sonrisa nerviosa o incomoda, nunca vi esa confianza y comodidad como la tiene con Terry. Tal vez las circunstancias la obligaron a casarse con él y ahora quiera divorciarse para estar con nuestro hijo.
-Tú crees?
-No lo sé, pero estoy seguro que no ama a André como a Terry.
-Yo también me di cuenta de eso.
-Bueno, que te parece si dejamos eso por ahora y nos concentramos en nuestra cena. Ya nos enteraremos después de lo que sucede.
-De acuerdo.
La pareja tuvo una cena entretenida, hablaron sobre la cerrera de Eleonor, sobre el trabajo que Richard realizaba para equipar los hospitales con donaciones, el tiempo pasó volando y cuando se dieron cuenta ya era muy tarde, así que como todo un caballero Richard ayudó a Eleonor a ponerse de pie y antes de salir le ofreció el brazo para guiarla al coche que les esperaba en la entrada.
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Los rebeldes estaban sentados en el sofá abrazados frente a la chimenea, Candy apoyaba su cabeza en el pecho del castaño, mientras él acariciaba su cabello y jugaba con un mechón enroscándolo aún más. Esa casa les traía tantos recuerdos, los transportaba a ese maravilloso verano, fue en esa casa donde Terry la asustó con historias de fantasmas, o cuando le enseñó a tocar el piano, los paseos al bosque, incluso recordaron cuando Elisa los había interrumpido y golpeado a la rubia con un ramo de flores.
-Sabes algo pecosa? – dijo de repente Terry.
-Qué? – dijo adormilada, pues que Terry le acariciara el cabello la relajaba bastante.
-Antes que Elisa nos interrumpiera aquella tarde… yo estaba a punto de darte un beso.
-En serio? Ibas a besarme?
-Lo deseaba tanto, maldije a esa víbora por haber roto el momento.
-Pero igual lo hiciste… y sabes algo? el lago fue el mejor lugar.
-No recuerdo que te haya gustado, me diste un buen golpe.
-Estaba asustada, no supe cómo reaccionar, sabes que fue mi primer beso, cierto?
- Pero no será el último que te dé. – dijo besándola nuevamente. – Candy… - se alejó un poco manteniendo los ojos cerrados.
-Mmm?
-Cásate conmigo… - murmuró sobre sus labios – se mi esposa pecosa… - Terry abrió los ojos de golpe, ya que sintió que algo mojaba su mejilla. – Candy… estás llorando? Pecosa…
-Terry… creí que… nunca más estaríamos juntos…
-Mi amor, sabía que estabas viva, algo dentro de mí me gritaba que te busque… y aunque esta vez el destino fue benevolente con nosotros, al haberte encontrado pronto. Te hubiera buscado por todo el mundo una y otra vez hasta encontrarte, no me importaba si cuando lo hiciera fuéramos unos viejitos, te hubiera hecho mi esposa y estar el resto de nuestras vidas juntos – dijo besando su frente. – y que dices pecas, soportarías a este hombre el resto de tu vida? Serás mi esposa?
-Mmm, soportarte el reto de mi vida? – se preguntó llevando su dedo al mentón. – si el destino así lo quiso, tendré que hacer el esfuerzo. – dijo con pesar, dejando atónito al castaño, hasta que la escuchó reír.
-Pecosa malvada, casi me da un infarto! – dijo revolviendo el cabello de la rubia haciéndola reír aún más.
-Ya Terry! – reía con esa risa cantarina.
-Ahí está, cómo la extrañé, tu risa es tan melodiosa. –pensó Terry uniéndose a la rubia en su felicidad – bien pecosa, vas a responderme?
-Es lo que más deseo… si quiero ser tu esposa! – dijo rodeando el cuello masculino - Y no es un tormento… - Terry la besó – es una bendición…
-Tú lo eres… - otro beso – casémonos mañana mismo…
-Qué!? Terry, dame una semana, por lo menos.
-Es mucho… por qué una semana?
-Lo sabrás en su momento. – inicio otro beso y cuando Terry estaba por profundizarlo escucharon un auto estacionarse en la entrada.
–Vaya que son inoportunos. – se quejó el castaño con molestia mientras se separaba de su pecosa.
-Terry… - dijo tratando de tranquilizarse.
-Lo son y no lo niegues. –Candy sonrió imaginando la cara que debía tener Terry en ese momento.
-Terry, Candy aún están despiertos?
-Los estábamos esperando. –contestó el castaño.
-Sucede algo? – cuestionó el duque.
-Nada grave, sólo creímos importante decirles que André dejó la villa.
-Qué, por qué?
-En realidad André y Candy nunca se casaron.
-Cómo es posible? Nos mostró un certificado de matrimonio.
-Era falsificado, él lo hizo por…
-Cómo pudo hacer eso! Es algo bajo y ruin! – Eleonor interrumpió indignada.
-Eleonor es una historia algo larga de contar.
-Por favor no lo juzguen, él lo hizo para salvarme.
-Pero Candy, él se aprovechó de ti, de tu estado…
-Eleonor, hasta hace un momento yo estaba enfadada con él; pero ahora veo que me salvó realmente, sino hubiera sido por André, habría permanecido en el hospital de Francia terminando contagiada por la influenza y tal vez hubiera muerto.
-No lo digas ni en broma pecosa. – Terry la abrazó recordando lo que vivió al no tenerla cerca.
-Oh cariño! no quiero ni pensar que algo así te hubiera pasado. – dijo Eleonor acercándose a la rubia para abrazarla. – pero ya estas con nosotros.
-Gracias… - murmuró la rubia pecosa con un nudo en la garganta, sintió un cariño sincero por parte de la madre de Terry que la conmovió. – por preocuparte por mí.
-Nada de eso cariño, de verdad te aprecio y al verte así con Terry, creo que pronto serás parte de la familia. – dijo sonriendo - Y si ya te quería antes ahora te querré aún más.
-Que bueno que tocas ese tema. Eleonor, duque… – los mencionados miraron a su hijo con atención, y no fue desapercibido el pellizco que la rubia le dio. – mamá, papá – corrigió causando una sonrisa en sus progenitores. – Candy y yo hemos decidido casarnos.
-Ah! – gritó de emocionada Eleonor. – felicidades Candy, hijo… que felicidad! – los abrazaba.
-Felicidades hijo. – dijo Richard dándole una palmada en el hombro a Terry. – Candy, felicidades hija. – abrazó a la rubia.
-Gracias… por todo, duque de Granchester.
-Por qué me agradeces Candy? yo no hice nada.
-Usted también me salvó, aunque yo me reusaba me llevó a su casa para protegerme; después me trajo al único lugar donde me sentía tranquila y feliz, y después trajo a Terry a mí.
-Nada de eso hija, no tienes nada que agradecer.
-Yo también debo agradecerte, padre. Sacaste a Candy de aquel hospital, la cuidaste y protegiste, y eso siempre te lo agradeceré.
El momento fue tan conmovedor que Eleonor lloraba viendo a su hijo abrazar a su padre; Candy no se quedaba atrás, pues conocía a Terry y sabía que sus palabras eran sinceras y supo que era el inicio de la relación padre e hijo que el castaño siempre soñó.
-Bueno, y para cuando planean la boda? – cuestionó el duque después de unos minuto de silencio.
-En una semana. – dijeron ambos rebeldes.
-Jajaja ya lo suponía, incluso creí que sería esta noche. –dijo el duque, Terry se sorprendía al ver una faceta nueva en su padre, nunca lo había visto sonreír y mucho menos bromear.
-De eso no me culpes, yo quería casarme mañana mismo; pero Candy se reusó.
-E hizo bien, una boda necesita tiempo, una semana… - dijo su madre analizando el tiempo que le quedaba. - tendremos mucho que hacer Candy. Planear una boda en una semana, será un reto.
Eleonor ya planeaba como seria la boda, mientras los demás sonreían al ver la ilusión que este acontecimiento le causaba a la rubia mayor.
-Sabía que se pondría eufórica. – susurró Terry al oído de Candy.
-Me alegra que sea así.
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Al día siguiente muy temprano Eleonor secuestró a Candy para llevarla al pueblo, estaban en una de las tiendas exclusivas para damas elegantes de Escocia, Eleonor miraba los nuevos modelos en vestidos para novia, las telas eran finas y los diseños exquisitos, Candy se vería hermosa en cualquiera de ellos, entonces recordó lo que su hijo le pidió que no cansara a Candy yendo de tienda en tienda, y no lo haría; pero el vestido de novia era importante.
-Candy, pruébate este vestido. –dijo Eleonor acercándose a la rubia con un vestido de encaje.
-Permítame ayudarla señorita Andley. – dijo una de las mujeres que trabajaba en la tienda.
-Gracias. – aceptó tímidamente la rubia.
-Mientras tanto yo buscaré otras opciones. –dijo Eleonor.
-De acuerdo. – dijo con una sonrisa mientras recordaba lo que Terry le dijo al dejarla en su habitación la noche anterior. – "mañana irás a comprar tu vestido con Eleonor, suerte pecosa, mi madre se emoción con las compras, así que prepárate para probarte muchos vestidos y zapatos" –soltó una risita, Terry sí que conocía a su madre.
Candy sólo acompañó a Eleonor a comprar el vestido, pues le pidió que ella se hiciera cargo de los arreglos florales, que ella no sería de ayuda por su estado, aunque Eleonor no estaba de acuerdo y trató de convencerla de lo contrario, aceptó cuando la pecosa le dijo que tenía que hablar con Terry. Esa mañana se tranquilizó al verla salir feliz junto a su hijo.
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-Qué sucede pecosa? De pronto te quedaste callada. – dijo Terry sentándose junto a Candy bajo la sombra del árbol.
-Creo que ofendí a tu madre al no querer acompañarla para escoger los arreglos florales, pero no sería de ayuda así. – dijo señalándose los ojos. – siento arrastrarte a esto. – dejó escapar una lágrima.
-Sabes que eso no es impedimento para nada, verdad? – ella bajo la cabeza – Candy… - Terry tomó su rostro – no te limites sólo porque perdiste la vista – dijo llevando las manos de la rubia a su pecho. – sientes esto Candy… sientes como late mi corazón cuando estás cerca de mí? – ella asintió. – luego llevó sus manos a su rostro. – y esto, lo sientes?
-Estás… estás sonriendo. – murmuró.
-No es necesario la vista para saber cómo se siente una persona. – acaricio el rostro femenino. – ni para hacerla feliz. Pecosa, tú realmente me haces feliz, sólo sabiendo que estás bien y estás junto a mí, soy el ser más dichoso de toda la tierra.
-De verdad?
-Tú me abandonarías si yo perdiera la vista?
-No!
-Y qué harías si tratara de rendirme?
-No lo permitiría.
-Por qué?
-Porque… al menos estarías vivo… junto a mí. – Terry la miró enternecido, pues Candy tenía una linda sonrisa en su rostro. – nunca dejes que me rinda… -dijo apoyando su frente en el pecho del castaño.
-No lo permitiré. – besó su coronilla. – y tú nunca dejes de ser tu misma.
-Gracias por amarme tanto.
-Gracias por aceptarme.
-Sabes que podemos pasarnos todo el día agradeciendo el estar juntos, cuando podemos aprovechar que estamos frente a nuestro lago?
-Qué estás insinuando pecosa atrevida? – dijo sonriendo por la confianza de su pecosa.
-No sé… tal vez subir al árbol para sentir la brisa.
-O esto… - estiró a Candy de la mano para que se pusiera de pie, y atrayéndola hacia él mientras tarareaba la melodía de aquel vals, ese que compartieron en el festival de mayo, la instó a seguirlo en un baile. Terry hacia girar a Candy tomándola por la cintura, mientras ella reía de felicidad.
-Terry estás cambiando los pasos. –dijo divertida.
-Es nuestro vals y serán nuestros pasos, además pecosa, desde cuando sigues las reglas?
-Siempre lo hice… sólo que tú eras una mala influencia.
-A sí? - tomó a Candy en vilo y corrió hacia el lago saltando en él. – el agua refrescará tu memoria pecosa!
-No! – Candy sólo sintió como el agua mojaba todo su cuerpo. – Terry! – dijo bajando de sus brazos.
-Oh lo siento, olvide que a los monos pecosos no les gusta el agua. – dijo riendo al ver el rostro de Candy cubierto por su cabello.
-Eres un mocoso insufrible! – dijo echando agua por donde escuchaba la voz de Terry.
-Pues este mocoso será su marido. – susurró cerca la oreja de la rubia mientras la abrazaba por detrás.
-En qué habrá estado pensando esta mona para aceptarlo, verdad?
- Debe ser una mona muy enamorada, pues el mocoso está loco de amor por ella.
Candy giró para estar frente a Terry y le ofreció sus labios, los que Terry tomó gustoso. Ese día lo pasaron jugando en el lago, la felicidad era tal que parecían aquellos adolescentes de 15 y 16 años, que sólo querían perseguir un sueño.
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Qué les pareció? Espero que hayan disfrutado el capítulo.
Se cuidan mucho…🌻
