CAPITULO 18
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Estaba más que feliz, miró con embeleso a la mujer que tenía entre sus brazos; su cabello esparcido en la almohada, una de sus manos apoyadas en el pecho desnudo del joven y la otra cerca a esos labios rojos y carnosos; era realmente hermosa, su piel era cremosa y blanca, recordaba perfectamente el sabor que tenía; sus pecas, oh sus pecas! esas que habían osado querer desaparecer de ese rostro angelical, por suerte aun podían notarse sobre esa naricita respingada y hermosa; estaba seguro que nunca iba dejar de amarla, que esa mujer era la única que ocuparía su corazón y su vida. Entonces recordó cuando la vio caminar hacia él en aquella iglesia.
Flashback
-Nervioso?
- Yo diría más bien ansioso.
-Me lo imagino; ya debe estar por llegar, tu padre fue por ella.
-La viste?
-Oh Terry ya la verás, no comas ansias.
Entonces el castaño escuchó la marcha nupcial, inmediatamente su vista se dirigió a la puerta de la iglesia, donde vio a su hermana ingresar con un elegante vestido rosa pálido y un pequeño ramo de flores en las manos, detrás de ella, ataviada en un hermosos vestido de fino encaje blanco y un ramo de narcisos y rosas blancas en la mano, su pecosa se dirigía hacia él, su sonrisa era hermosa, se dio cuenta que su padre le decía algo mientras caminaba por aquella alfombra roja, cuando finalmente la tuvo cerca se apresuró a tomar sus mano y darle un tierno beso en la frente.
-Estás hermosa.
-Gracias. –dijo tímidamente.
La ceremonia transcurrió tranquilamente, el sacerdote les hablaba sobre las responsabilidades del matrimonio, el apoyo que debían darse de ahora en adelante, pero para Terry sólo existía ella, lo hermosa que estaba y que pronto se pertenecerían el uno al otro. Llegaron a la parte en que se aceptaban mutuamente y finalmente el sacerdote los declaraba marido y mujer ante las leyes de Dios, sí, estaba bendiciendo su amor, Dios era tan generoso para aceptar que estén juntos para siempre.
El castaño se acercó finalmente hacia los labios de su ahora esposa para sellar su unión y dar inicio a una nueva vida juntos.
-Qué te decía mi padre cuando caminabas haca el altar? Estabas sonriendo. –cuestionó Terry mientras se dirigían a la casa que tenía el duque en la ciudad de Edimburgo, aquella que ocupaba su difunta madrastra cuando viajaba a Escocia.
-Mmm… él me describía como estaba decorado la iglesia y como te veías tú.
-En serio? Espero que te haya dicho lo apuesto que luzco hoy.
-Eres un arrogante; pero sí, sí lo hizo. Hoy descubrí que te pareces mucho a tu padre.
-Espero que eso sea algo bueno.
-Lo es. – dijo con una sonrisa pues recordó que el duque no era tan serio como parecía ser, en realidad cuando estaba en confianza era muy opuesto a lo que se veía diariamente.
-Amor, que te parece si nos vamos a la villa en lugar de ir a la recepción?
-Terry, no podemos hacer eso, tu madre se esforzó mucho en organizar esta boda para nosotros.
-Candy… ya quiero tenerte sólo para mí. – murmuró cerca del oído femenino, provocando un fuerte sonrojo en la rubia.
-T- Terry… yo también ya quiero tenerte sólo para mí. – dijo tímida, tenía que hacerle saber a su esposo que ella también lo deseaba.
-Amor, voy a secuestrarte ahora mismo… - dijo apoderándose de sus labios en un beso muy intenso.
Ya estaban en la puerta de la mansión de los Granchester, y varios recuerdos llegaron a la mente de Terry, recuerdos de rechazo, como el de aquel día en que fue echado de aquella mansión por su madrastra prohibiéndole el ingreso, desde ese entonces el castaño sólo visitaba la villa a las afueras de Edimburgo; pero ahora era justo en esa mansión donde se celebraría la recepción en honor a su matrimonio con Candy, una sonrisa de burla se dibujó en su rostro, que diría ahora la difunta duquesa sobre este hecho, celebraría el mejor día de su vida en su mansión.
-En qué piensas amor, de repente te quedaste callado.
-En nada importante, sólo que ya me muero por entrar al salón y celebrar nuestra boda.
-Entonces vamos, ya están esperándonos.
Al ingresar al gran salón, la pareja fue recibida con aplausos por parte de los invitados, algunos políticos y nobles escoceses conocidos del duque de Granchester, sin contar con uno que otro pariente.
-Me permite este baile señora Granchester? – cuestionó el joven cuando escuchó que empezaba aquel vals, ese que bailó más de una vez con su pecosa.
-Por supuesto, señor Granchester. – aceptó con un toque de coquetería.
La noche fue maravillosa para pareja de recién casados, fueron presentados como marido y mujer ante la sociedad escocesa, Candy no pudo evitar sentirse culpable por no tener a su familia con ella; pero Terry le había pedido casarse antes de volver a América, y no culpaba, pues al igual que él, ella también tenía miedo que algo o alguien tratara de separarlos al llegar, además ya no quería perder más tiempo y estar junto al hombre que amaba.
-Amor, que te parece si nos marchamos. – susurró el castaño cerca el oído de la rubia.
-No crees que sería una grosería dejar a los invitados?
-No amor, ellos entenderán.
Después de despedirse de sus padres la pareja se dirigió a la villa a las afueras de Edimburgo, esa que guardaba los mejores recuerdos para la pareja y que horas antes el duque les había obsequiado.
Durante todo el camino, Terry trató de entablar una conversación con su esposa, sin embargo ella sólo respondía con monosílabos o frases cortas, se notaba lo nerviosa que estaba y el castaño quería relajarla y distraerla, cuando al fin llegaron al lugar, Terry, cumpliendo con la tradición, tomó en brazos a la rubia y la dirigió dentro la casa, entre risas la rubia se sujetó del cuello de su esposo, posteriormente llegaron a la alcoba.
-Candy… - murmuró al dejarla de pie en el suelo. – no tienes por qué estar nerviosa.
-Terry… yo… no sé cómo… temo decepcionarte.
-Nunca lo harías amor, sólo déjate llevar. – dijo acariciando los hombros femeninos.
El castaño besó tiernamente los labios de la rubia, Candy llevó sus manos alrededor del cuello de su esposo, atrayéndolo más hacia ella, a Terry le encantaba cuando Candy mostraba esa parte de su personalidad, lo deseaba como él la deseaba a ella.
-Se mía amor, se mía completamente. – susurró sobre sus labios.
-Lo soy… soy tuya… completamente tuya.
Sin decir más Terry le dio la vuelta y comenzó a besar el cuello femenino, mientras sus manos iban hacia los botones del hermoso vestido blanco, cada botón suelto era un beso depositado en la blanca piel de la rubia; Candy se sentía en las nubes le estaba gustando las caricias de su esposo, de repente sintió que Terry paraba en su recorrido desconcertándola.
-Sucede algo malo, Terry?
-No mi amor, es sólo que no sabía que tus pecas se habían trasladado a tu espalda.
-Qué?
-No sólo eso, también se multiplicaron. –dijo tomándose el tiempo para besar su espalda. – ya sabemos cuál será mi zona favorita pecosa. – dijo acariciando la espalda femenina, provocando que una corriente eléctrica pasara por todo el cuerpo femenino.
-Yo… yo también quiero que sientas lo mismo que yo mi amor. – dijo con un leve gemido. Entonces Terry le dio la vuelta y llevó las manos de Candy a su camisa.
Algo nerviosa, Candy, comenzó a desabotonar el chaleco de Terry, pasando a su camisa; una vez que lo despojó de estos, acarició con delicadeza el amplio pecho del castaño, Terry estaba más que excitado con las caricias de la rubia, de repente tomó su rostro entre sus manos y la besó tan apasionadamente que la dejó sin aire.
-Te amo Candy, te amo tanto.
-Yo también… te amo Terry.
Con delicadeza Terry la recostó en la amplia cama y esta vez trató de no perder el control y ser lo más delicado posible con su pecosa, sabía que era la primera vez de la rubia y no quería lastimarla, deseaba hacer de esta la mejor experiencia para ella, así que, con delicadeza y todo el amor que tenía para la rubia la convirtió en su mujer, entre caricias y palabras de amor, logró que Candy tuviera la mejor noche de su vida, la cual se repetiría cada noche desde entonces.
Fin de flashback
Terry regresó de sus recuerdos con una amplia sonrisa, posó nuevamente su mirada hacia su esposa al ver que despertaba, le gustaba observarla, pues la rubia solía mover de manera graciosa la nariz haciendo que, sus ahora escasas pecas, se movieran como si bailaran.
-Buenos días, amor.
-Mmm… buenos días cariño. - dijo con los ojos cerrados, aún estaba dormida.
-Creo que alguien sigue dormida.
-Mmm, Terry, déjame dormir.
-Si fuiste tú quien despertó dormilona, yo no hice nada.
-Qué hora es?
-Las 10, quieres desayunar aquí?
-N-no, quiero salir, desde que abordamos no hemos salido para nada.
-Eso no fue mi culpa, eres realmente insaciable amor. – dijo besando sus labios.
-Terry! – dijo despertando completamente. – yo no… tú eres el que no me deja… - dijo sonrojada.
-No fue así anoche… -dijo riendo de la cara roja de su esposa.
-Terry!
-Yo acepto que no me sacio de ti amor, eres mi adicción pecosa. – dijo cerca de sus labios.
-Yo… yo tampoco… me sacio de ti - dijo muy bajito, pues aún no se acostumbraba a ser abierta en estos temas.
Una vez aseados y vestidos salieron a desayunar, llevaban cuatro días a bordo del Mauritania, rumbo a América, habían pasado una semana en la villa de escocia para después dirigirse a Inglaterra para abordar aquel trasatlántico donde se vieron por primera vez.
-Terry…
-Dime cariño.
-Crees que tus padres ya hablaron con Albert?
-Es lo más seguro, mis padres se fueron al día siguiente de nuestra boda ya llegaron a Nueva York y mi padre me dijo que inmediatamente buscaría a Albert.
Los padres de Terry se habían adelantado en partir, pues el duque creyó importante explicar cómo sucedieron las cosas, en especial al enterarse que la señora Elroy estaba delicada de salud. Por su parte Terry se había encargado de enviar una carta al hogar de Poni para informarles sobre su arribo.
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Lakewood
-Señorita Poni, señorita Poni!
-Qué sucede hermana María?
-Una carta de Terry.
-De Terry? Oh nuestro niño nos escribió. – dijo tomando la carta.
-Que dice señorita Poni, su padre se encuentra bien? –dijo mientras la señorita Poni abría la carta y comenzaba con la lectura.
Escocia, junio 1920
Queridas señorita Poni y hermana María:
Quiero que sepan que las extraño mucho y deseo estar en el hogar nuevamente, pero mentiría al decirles que me arrepiento de haber emprendido este viaje, pues pude comprobar que mi padre goza de buena salud; pero la mayor gratificación que recibí en este viaje, fue que encontré a quien se convirtió en mi esposa; sí, me casé, y si me permiten volver, quiero llevarla al hogar, estoy seguro que se alegraran al ver a mi ángel, cuando le mencioné que pronto partiríamos a América se puso muy contenta, espero puedan recibirnos, puesto que mi ángel y yo llegaremos a finales de junio.
Espero verlas pronto y volver a sentir ese calor familiar que sólo ustedes pudieron lograr en mí.
Posdata. Podrían preparar pastel de chocolate? El que ustedes preparan es el preferido de mi ángel.
Terruce G. Granchester.
-Terry se casó? – dijo sorprendida la hermana María.
-Al parecer lo hizo. –dijo pensativa la señorita Poni.
-Creo que debemos alegrarnos por él, fuimos testigos de su sufrimiento al perder a nuestra Candy… señorita Poni, está bien? – dijo al ver como la señorita Poni se sentaba en su silla y como las lágrimas salían de sus ojos.
-Nuestra Candy… -murmuró.
-No se ponga así, señorita Poni, ella ya está con nuestro creador y de seguro se alegra por Terry.
-No, hermana… Terry la encontró…
-Cómo dice? –dijo asustada por la actitud de su compañera.
-Mire – dijo mostrando la carta. – Terry habla de su ángel, él siempre llamó así a Candy; y dice que se casó, hace menos de un mes decía amar a nuestra niña, y que sólo ella sería su esposa.
-Tal vez ya conocía a quien es su esposa ahora.
-Es posible, pero nunca la llamaría su ángel; antes de irse, me prometió encontrarla, sabe bien que él nunca aceptó su muerte, es ella… es ella, lo sé, puedo sentirlo.
-Nuestra niña… no lo sé…
-Es ella… hermana, nuestra niña volverá con nosotras, mire habla sobre el pastel de chocolate, Candy adoraba ese postre y nos dice que el que preparamos es su preferido!
-Pero, por qué Terry no lo dice directamente?
-No lo sé, pero lo que nos dice en su carta es muy claro.
-Oh nuestro señor! vamos a rezar señorita Poni, pidamos no equivocarnos y agradezcamos a nuestro señor que nuestros niños volverán pronto.
Y así lo hicieron, se dirigieron a la pequeña capilla que había en el hogar, sabían que las palabras de Terry indicaban que Candy llegaría con él, pues había usado las mismas palabras que usaba para referirse a ella. Durante esos años la señorita Poni y Terry se habían ayudado a superar el dolor que les causo aquella noticia, ella sabía perfectamente que Terry nunca aceptó su muerte y que había prometido que si se casaba sólo sería con ella, una vez que la encontrara.
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-Ya tienes todo amor?
-Sí, oh Terry finalmente estamos en América! Ya quiero estar con mi familia.
-Ya pronto estaremos con ellos mi amor.
-Ya quiero bajar y abordar el tren…
-Pecosa, ya te expliqué que nos quedaremos en Nueva York a descansar, ya tenemos las reservaciones, y seguro mi padre nos dejó algún mensaje.
-Sí, pero… y si recogemos el mensaje de tu padre y luego partimos a Chicago?
-No cariño, debes descansar, y el viaje en tren podría agotarte demasiado.
-Terry… - dijo con súplica.
-Sólo un poco más mi amor, te prometo que nos quedaremos un largo tiempo en América junto a tu familia. – dijo de manera tan cariñosa que Candy accedió de inmediato.
Cuatro horas después el barco daba el anuncio de arribo, los pasajeros salieron a ver como se acercaba al puerto de Nueva York, Candy aunque no podía verlo, visualizaba la imagen de aquella vez que llegó a aquel puerto con una ilusión en su corazón y que ahora ya era una realidad. Terry tomando su mano agradecía mentalmente estar de vuelta en aquella ciudad junto a su esposa.
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Disculpen la demora de este capítulo; pero tuve las peores dos semanas hasta ahora. La semana que debía publicar, por un descuido, me dio un fuerte resfriado que me mantuvo en cama por cuatro días, y saben que cuando estamos enfermos no tenemos ánimo ni fuerza para nada; cuando me recuperé y tenía la intensión de publicar, el capítulo que ya había escrito, mi laptop se arruinó, tuve que llevarlo a que lo reparen, lastimosamente perdí todos mis archivos, y para colmo, tarde en recuperar mi cuenta de fanfiction, no sé porque siempre me rechazaba el usuario… bueno, por suerte pude lograrlo y ahora sí podré continuar con la historia. Estas semanas estaba estresada y angustiada, por lo que me pasó, aunque perdí documentos de mi trabajo, me preocupaba más el no poder publicar, y que piensen que abandoné la historia, algo que no está en mis planes.
Espero que les haya gustado este capítulo, y gracias a las personas que siguen esta historia y a las que dejan un comentario en cada capítulo.
Por favor se cuidan mucho.
