CAPITULO 20

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Lakewood

Un nuevo día llegó y con este una fuerte emoción y felicidad, pues era 29 de junio, y Terry había escrito que llegaría con su esposa a finales de mes, la noble mujer tenía la corazonada de que ese día volvería a ver a su querida hija.

-Señorita Poni que hace?

-Hermana María, estoy preparando el pastel para Terry y Candy, estoy segura que llegaran hoy.

-Deje que la ayude, yo también creo que será hoy.

Las dos mujeres prepararon el postre favorito de la rubia, no estaban seguras de la hora, pero querían tener todo listo para recibir a sus queridos hijos, sí, ellas consideraban Terry un hijo más, y mucho más al ser el esposo de su pequeña y pecosa hija, comenzaron por el postre para después preparar una comida especial, todos los platillos que les gustaba a la pareja de rebeldes.

Las horas pasaban y no llegaban aún, pero no perderían la esperanza, igual podrían llegar al día siguiente, lo importante para ellas, era que pronto llegarían.

-Buenas tardes.

-Tom, hijo viniste a recibir a Candy?

-Supongo que Terry llegará hoy.

La señorita poni y la hermana María le habían contado a Tom, en una de sus visitas al hogar, del próximo arribo del castaño y de su esposa, cuando le dijeron de la posibilidad que esa esposa era Candy; el joven sintió pena por sus madres, ya que, creía que aún no aceptaban la muerte de la rubia y buscaban cualquier indicio que les dé esperanza para volver a verla, desde entonces las visitaba diariamente para ver que estuvieran bien.

El sol ya se ocultaba, Tom se preparaba para partir cuando vio que un coche se acercaba al hogar, entonces su corazón comenzó a acelerarse cuando distinguió el coche de los Andley.

-Señorita Poni, hermana María! – entró gritando uno de los niños a la casa. – se acerca un coche!

Las mujeres salieron lo más rápido que su edad les permitía, para cuando llegaron a la puerta vieron que el carro se estacionaba, dejando salir a un sonriente Albert, mientras otro carro se estacionaba junto al primero y fue ahí que supieron que no estaban locas, pues Terry salía del coche con una sonrisa y ayudaba a alguien a descender, al ver una cabellera rubia y rizada, el corazón de las mujeres comenzó a latir desenfrenadamente.

-Candy! – las mujeres con lágrimas en los ojos se acercaron a su hija y ambas al mismo tiempo la abrazaron con fuerza.

-Madres… madres ya estoy de vuelta… - Candy correspondía al abrazo entre lágrimas de emoción.

-Terry, hijo. – la señorita Poni estiró su mano hacia el joven para incluirlo en el abrazo.

-Ya están en casa…, al fin están en casa. – murmuró la señorita Poni.

-Gracias por recibirnos… - la voz de Terry se quebró de emoción, sabía que ese reencuentro sería emotivo, pero creyó que él sería un espectador simplemente.

-Nada de eso Terry, ésta es tu casa, tú eres parte de nuestra familia, un hijo más para nosotras. – agregó la hermana María, abrazando al joven.

Así como en el reencuentro entre los Andley, todos observaban emocionados la reunión de Terry, Candy, la señorita Poni y la hermana María. El duque pudo percibir el cariño de las mujeres hacia su hijo e internamente se los agradeció de corazón, Eleonor y la señora Elroy se limpiaban las lágrimas, mientras que Albert y Archie los miraban con sonrisa de felicidad; por su parte Tom, no podía creer lo que veía, se sentía culpable al pensar que sus madres habían perdido la razón, sin embargo estaba feliz, muy feliz de volver a ver a su hermana de crianza.

-Candy, mi niña. – la señorita Poni tomó entre sus manos el rostro de la rubia para verla con atención y pudo darse cuenta, en ese momento, de la ceguera de Candy. – ya estás con nosotras, ya estás con tus madres – la volvió a abrazar con fuerza besando la mejilla de su hija repetidas veces.

-Perdónenme… perdónenme por haberlas preocupado.

-Ya pasó Candy, ya todo pasó. – dijo ahora la hermana María abrazándola.

-Terry, gracias por traer de vuelta a nuestra niña.

-No tienen nada que agradecer, señorita Poni.

-Tú nunca perdiste la esperanza de encontrarla, siempre nos dijiste que estaba viva, y que la encontrarías. – dijo apretando la mano del castaño – y ahora te ves feliz hijo, ambos se ven felices. – posó una mano en el rostro de Candy y el otro en el de Terry. – gracias por hacernos partícipes de esa felicidad… - la pareja abrazó nuevamente a la señorita Poni.

-Candy… - escuchó la rubia, cuando rompió el abrazo.

-Tom? – cuestionó buscando el lugar de donde venía el sonido.

-Aquí estoy Candy… - no podía creerlo, Candy había perdido la vista, pero no dijo nada sólo se acercó a su hermana y la abrazó con fuerza. – Candy volviste… estás bien… Candy…

-Estoy de vuelta Tom… ya estoy otra vez en casa… - las lágrimas no abandonaban a la rubia, pero no importaba porque eran lágrimas de felicidad.

El sol ya se había escondido completamente y empezaba a refrescar, así que todos ingresaron a la casa, los niños del hogar no se separaban de Terry, los más pequeños lo abrazaban, con mucho afecto; el duque no podía creer cuanto amor había en este humilde hogar, en tan sólo un par de años , su hijo había recibido más amor del que recibió cuando estuvo a su lado; al ver a las nobles mujeres y conversar un poco con ellas, supo que Candy había aprendido todo de ellas, su cariño y noblesa.

-Quieres otro pedazo de pastel, Candy?

-No quiero abusar.

-Nada de eso, lo hicimos especialmente para ti. – dijo la hermana María.

-Cómo? Acaso sabían que iba a llegar hoy?

-Algo así, Terry nos mandó una carta, nos dijo que vendría con su esposa.

-En serio? No me dijo nada.

-Y tampoco fue claro con nosotras.

-Sólo nos dio algunas pistas. Así supimos que eras tú, que en realidad te había encontrado.

-Sabía que lograrían descifrarlo.

-Por qué no fuiste claro con ellas? – preguntó Archie.

-No podía darles esa noticia así como así; no quería que piensen que estaba loco, o que les dé un ataque al saber de repente que mi pecosa estaba viva.

-Para mí fue muy claro, Terry uso las mismas palabras que sólo usaba para referirse a ti y nos convencimos cuando pidió el pastel de chocolate. Verdad hermana? – la religiosa asintió con una sonrisa.

-Gracias mi amor. – dijo Candy apretando la mano de su esposo. – gracias por cuidar de mis madres.

Terry sabía que las madres de Candy estaban mayores, especialmente la señorita Poni, por eso había mandado la carta, estaba seguro que ella se daría cuenta que hablaba de Candy, no quería que algo malo le pasara por la impresión que se llevarían al ver de repente a su pecosa, antes debían asimilar la noticia.

Poco después, Tom tuvo que despedirse, pero prometió volver con su padre, sabía que querría ver a la rubia; pero antes de irse se despidió de ella.

-Ya tengo que irme Candy, mi familia debe estar esperando por mí.

-Saluda a tu esposa de mi parte y también a tu padre. –dijo mientras lo acompañaba a la puerta.

-Lo haré. – dijo mientras veía que Candy extendía su mano para abrazarlo, pero erraba con la dirección exacta y eso le partió el corazón del joven.

-No es justo Candy… lo que te pasó, no es justo… - lloró mientras la abrazaba con fuerza.

-Tom… por qué lloras?

-Candy… siempre te pasan cosas malas… y cuando al fin puedes ser feliz pierdes la vista.

-Tom… yo soy completamente feliz, no reniego de mi suerte, porque si lo hiciera renegaría de estar viva, estar con Terry y de haber vuelto a mi hogar. Soy afortunada, si tenía que perder la vista para tener toda esta felicidad… créeme que gané mucho más de lo que perdí.

-Eres única Candy, por eso todos te amamos.

-Y yo a ustedes.

Tom se despidió de la rubia con una sonrisa. Candy siempre lo sorprendía; pero no solo a él, Archie había escuchado todo, él también pensaba lo injusto que era la vida con su gatita. Cuando la vio en Nueva York, creyó que Candy necesitaría ayuda permanente para movilizarse, que alguien debía estar con ella siempre, por eso había salido a buscarla, estaba molesto con Terry por dejarla sola; sin embargo después de presenciar todo aquello, y ver como Candy volvía a lado de Terry sin ningún problema, sintió vergüenza de haber subestimado la fuerza de su prima. Candy conocía perfectamente su hogar, así que no tuvo problema en movilizarse, fue cuidadosa y segura.

-Señorita Poni, hermana María. – las llamó Richard Granchester.

-Duque, necesita algo?

-Quiero agradecerles, sinceramente todo el apoyo y cariño que le dieron a mi hijo, cuando más lo necesito.

-Nada de eso señor Granchester, fue Terry quien nos ayudó a nosotras, - habló la señorita Poni - sin él no hubiéramos podido mantenernos de pie.

-Terry, es un hombre muy noble, incluso cuando su corazón le pedía partir a buscar a Candy, no nos abandonó y cuidó no sólo de nosotras, sino también de los niños y del hogar. – entonces dirigieron su mirada a donde estaba Terry, los niños no se separaron en ningún momento de él, le preguntaban cosas sobre su viaje.

-Terry recibió aquí todo el amor que no pude darle. –dijo con vergüenza, recordando los años que lo ignoró para no pelear con la duquesa, y después para que su hijo no tenga problemas con esa mujer. – fracase como padre. – dijo cabizbajo, era la primera vez que Richard Granchester bajaba la cabeza frente a alguien.

-No sea tan duro con usted mismo, duque, si hubiera fracasado como padre, Terry no sería el hombre que es ahora.

-Eso se lo debemos a Candy.

-Candy sólo lo ayudó a exteriorizar la bondad de Terry, pero usted le enseñó la responsabilidad y el honor, a no abandonar a su familia cuando ésta lo necesita, eso habla muy bien de usted.

-Gracias, son ustedes muy amables, y por favor, permítame seguir colaborando con la noble misión que ustedes tienen.

-Se lo agradecemos mucho, duque, sus aportes ayudaron mucho al hogar y a los niños.

Richard Granchester comenzó a ayudar con donativos mensuales al hogar de Poni, desde que Terry se instaló en éste. Las aportaciones del duque tanto como los de Albert ayudaron a mejorar el hogar, construyeron más habitaciones, pues por la influenza, tuvieron que albergar a más niños que perdieron a sus padres; acondicionaron algunos ambientes para que los niños recibieran sus clases; sin embargo, nunca demolieron la acogedora construcción que desde hacía años protegía y albergaba a sus hijos.

Poco después de la partida de Tom, los Andley y Granchester se marcharon, la tía abuela persuadió al duque y a Eleonor a quedarse en su casa como invitados especiales, por supuesto Candy y Terry se quedaron en el hogar.

-Cómo te sientes cariño? – cuestionó Terry acomodándose en la cama con su pecosa.

-Estoy algo cansada, el viaje y las emociones me agotaron bastante.

-Te entiendo, yo estoy igual de agotado.

-Terry…

-Dime.

-Hoy hable con Tom… y… y me dijo que era injusto lo que me pasó… sentí su lastima por haber perdido la vista.

-Y cómo te sentiste con eso? – quiso modular su voz, pero igual se escuchó molesta.

-Lo entiendo, sabes? No lo hace con maldad. Yo… - Candy dudaba de continuar - yo… nunca te pregunte como te sentías tú con todo esto.

-Candy…

-Es decir… esto me limita, lo sabes. – escuchó a Terry soltar un suspiro. – no quiero que tú también te limites.

-Candy, te lo diré una vez más… te amo, y nada cambiará eso. Estoy consciente de tu estado, sabes que la vista no te hace quien eres y yo me enamoré de lo que eres.

-Y… si un día tenemos hijos? Yo no podré cuidarlos completamente.

-Para eso estoy yo, Pecosa, las cosas que no puedas hacer, las haré yo; pero por favor no dudes de nuestra unión, acaso tú me dejarías si yo dejara de hablar, escuchar o ver?

-Claro que no! Nunca haría eso. Yo te amo Terry.

-Entonces, por qué crees que yo sí?

-Porque soy una tonta. – dijo abrazándose más al castaño. – perdóname mi amor, no dudo de lo que sientes por mí, pero tenía que saber cómo te sentías con esto.

-Para ser sincero, me duele que no veas lo guapo que me pongo cada día, pero puedo describirlo para ti. – dijo juguetón besando su oreja.

-Yo también creo que es injusto, tú ves lo hermosa que soy y yo no puedo ver si estás o no más apuesto, no es justo. – hizo un puchero.

-Muy injusto… pero por suerte aún existe el tacto… - dijo sugerente mientras besaba el cuello femenino.

Terry comenzó con un recorrido de besos; sin embargo no pasaría de eso, pues las madres de Candy estaban bajo el mismo techo y lastimosamente el hogar no era muy grande. Olvidaron el tema y se concentraron en estar así abrazados disfrutando la presencia del otro.

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Qué les pareció el reencuentro de los rebeldes con la señorita Poni y la hermana María? Espero haber logrado la emoción y felicidad que esperaban.

Gracias por seguir la historia y todo su apoyo.

Espero que estén bien, ustedes y toda su familia, se cuidan mucho.