CAPITULO 22

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Nueva York

La gran estación de la ciudad de Nueva York recibía a la joven pareja de esposos; Terry ayuda a su pecosa a descender del tren, con cariño ajustó la bufanda y el abrigo que la rubia vestía esa mañana; afuera estaba lloviendo y hacía algo de frío, no iba a arriesgarse a que su esposa se enfermara; por suerte había encontrado un coche disponible que pudiera transportarlos a su destino.

-La tía abuela me pidió que nos quedemos en la mansión que los Andley tienen aquí, aunque más bien me lo exigió. Quieres que nos quedemos ahí o prefieres ir a un hotel?

- Archie está en la ciudad. Me gustaría saludarlo, te molesta si nos quedamos en la mansión?

-Para nada, entonces vayamos allá. - cómo hubiera querido ir a ese apartamento, aquel que ocupó en el pasado; sin embargo, éste ya debía estar ocupado por un nuevo inquilino.

Cuando llegaron a la residencia, fueron recibidos por el joven Cornwell, estaba feliz de tener de nuevo a su gatita viviendo bajo el mismo techo.

Archie les comento el motivo de su estadía en Nueva York; la rubia se preocupó por lo que podría pasar en el futuro, pues sabía que los más afectados serían las personas de bajos recursos.

-Si no les molesta... – dijo la rubia poco después – quisiera descansar un poco, el viaje me agotó mucho.

-Claro gatita, descansa. – dijo el castaño claro, recibiendo una mirada de reproche de Terry por usar ese apelativo con su esposa.

-Te acompaño amor. – dijo Terry poniéndose de pie para acompañar a Candy a su habitación.

-Estás bien?

-Sí, sólo estoy un poco cansada. Te preocupa lo que nos contó Archie?

-Ya sabía algo, mi padre me lo contó; pero no me preocupo por eso, él sabrá qué hacer. – dijo Terry acomodándose junto a su esposa. – cuidará nuestro capital – el castaño había puesto su dinero en manos de su padre, para que pueda invertirlo en sus negocios.

-Confío en que todo saldrá bien, sólo espero que para todos. – murmuró adormilada, Terry la cubrió con una manta y besando su frente se puso de pie al ver que la rubia se había quedó profundamente dormida.

-Descansa amor, no tardaré mucho. – murmuró acariciando la frente de Candy para luego salir de la habitación.

Después de dejar a su esposa descansando, Terry fue a donde sabía el elegante lo esperaba, pues con la mirada Archie le señaló el estudio de la mansión.

-Qué sucede? – dijo al ingresar al lugar.

-Ya sabemos dónde está Annie. – dijo de repente.

-Y por tu cara, creo que no me gustará lo que dirás.

-Eso depende, de cuanto la apreciabas.

Archie le contó todo lo que habían averiguado sobre la pelinegra, y la situación por la que ella y su madre habían atravesado. Terry lo miraba serio, no podía creer lo que le decía.

-La vida puede sorprendernos, verdad?

-Le dirás a Candy?

-Tiene que saberlo, ella ha estado preguntando por su hermana desde que llegamos.

-Cuando piensas decirle.

-Hoy mismo, después de la cena.

-Estás seguro? Tal vez deberías esperar un poco más.

-El que retrase la información no cambiará nada, sólo mantener a Candy preocupada al no saber nada de su amiga.

-Creo que tienes razón, cuanto antes lo sepa mejor. Lo único que me pregunto es por qué no se los dijo mi tío?

-No lo sé. Tal vez, no quería que Candy se angustiara durante el viaje.

-Puede ser, ella quiere mucho a Annie y estaría inquieta todo el viaje. – el castaño sólo asintió sin agregar nada más.

Terry sabía que si Albert no se los había dicho, era porque conocía la verdadera razón de su viaje a Nueva York y por lo que la rubia estaba pasando, y conociendo la naturaleza de su esposa se preocuparía por su amiga.

-Por cierto Archie… - dijo abriendo la puerta – Mi esposa, no es una gatita. – no le dio tiempo al joven Cornwell a replicar nada, simplemente dejó la habitación.

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Chicago

-Deseo ver niños correr por la casa, espero que cuando a mis nietos se les ocurra tener hijos yo esté todavía con vida.

-No diga eso Elroy, estoy segura que Candy y Terry nos darán la noticia en cualquier momento.

-Cada día espero esa llamada con ansias, en verdad sería una gran alegría ver a un niño correr y hacer travesuras.

-Sus nietos eran traviesos?

-Cada uno tenía una manera de ser muy diferente: mi Stear era un genio, le gustaba leer e inventar cosas, era muy ocurrente ocurrente; Archie era más tranquilo, le gustaba comportarse como todo un caballero, siempre estaba al pendiente de lo que la gente decía de él, era muy cuidadoso con sus modales; mi Anthony, él era el más tierno de todos, era apegado a su madre, mi querida Rosemary, cuando murió, mi nieto se hizo cargo de su jardín, no dejaba que nadie más se encargue en su cuidado.

-El jardín de rosas es obra suya?

-Sí, él lo cuidó con esmero y amor, hasta que nos dejó. – esos recuerdos le traían mucha nostalgia, tanto que se reflejó en las lágrimas que dejó escapar.

-Oh Elroy… no quise traer recuerdos tristes con mi pregunta. – Eleonor tomó la mano de la mujer.

-No se preocupe Eleonor, hace tiempo que acepté que ya no están, además debo agradecer que aún tengo a: William, Archivald y Candice; por ellos sigo aquí, aunque fui muy injusta con Candice, cuando ella sólo trajo alegría a la vida de mis queridos nietos.

-Yo también, siempre le estaré agradecida, si no fuera por Candy, nunca hubiera recuperado a mi hijo.

-Imagino que por la naturaleza de Candice, debe haber muchas personas, allá afuera, que le agradecen algo.

-Es lo más probable, Candy es muy dulce, y quien la conoce la ama enseguida, mi hijo, por ejemplo, encontró la felicidad a su lado.

-Estoy segura de eso, vi el amor que Candice le tenía a mi sobrino, era uno dulce como lo es el primero; pero el que se tienen ella y Terruce, es más fuerte; ese que dura para siempre.

-Yo también lo creo.

-Tía, pasó algo, se encuentra bien? - Albert se acercó a su tía preocupado.

-Ellie, qué sucedió, por qué lloran?

Albert y el duque ingresaron en el momento en que ambas mujeres se limpiaban las lágrimas que caía por sus mejillas.

-No pasa nada hijo, sólo nos pusimos melancólicas.

-Ya saben cómo son las mujeres, nada más pensar en nuestros hijos nos emociona.

-Seguro que sí, Ellie eres muy sensible. – con una mirada de cariño el duque le quitaba una lágrima.

-Creo que en lugar de llorar deberían estar sonriendo. – dijo Albert, después de un par de minutos, les había sorprendido el acto del duque.

-Y lo estamos, eso no lo duden; estábamos deseando que Candice y Terruce nos llenen de nietos.

-Pues le tengo una buena noticia tía, ellos están deseando lo mismo.

-En serio!? – dijeron ambas mujeres al mismo tiempo.

-Así es, no me sorprendería que pronto nos den la gran noticia. – dijo el duque entusiasmado con la idea.

-Ah! No puedo esperar a que lo hagan, ya quiero tener un nieto tan lindo como sus padres.

-Qué alegría que Candice quiera darnos un nieto, el próximo patriarca de los Andley.

-Creo que en eso se equivoca señora Elroy, porque mi nieto será el próximo duque de Granchester.

-Richard, debe saber que en la familia Andley el primer…

-Basta los dos, por favor. – interrumpió Eleonor. – conociendo a nuestros hijos puedo asegurar que no será ni duque ni patriarca.

-Si es como sus padres, es lo más probable. – agregó Albert.

Los mayores se quedaron discutiendo la llegada del futuro integrante de la familia, cuando aún éste ni siquiera estaba en camino, Eleonor y Albert sonreían al ver como el duque y la tía abuela no cedían en su decisión del cargo que ocuparía el hijo de Candy y Terry.

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Nueva York

La pareja estaba frente a una casa en las afueras de la ciudad. El castaño observaba la construcción, mientras tomaba la mano de su esposa y ésta lo apretaba con algo de fuerza por los nervios que sentía.

-Es aquí.

-Crees que se ponga feliz de verme?

-Claro mi amor, ella te quiere mucho.

La noche anterior, así como lo había dicho, Terry, le contó a la rubia todo lo que le había informado Archie con respecto a su amiga, Candy lo escuchó con atención sin poder creer lo que le decía; pero a diferencia de su primo, ella no se molestó con lo informado.

Se acercaron a la entrada y fue Terry quien tocó la puerta, cuando esta se abrió, una joven mujer apareció ante los visitantes; no podía creer lo que sus ojos le mostraban, sin pensarlo dos veces se arrojó a los brazos de la que consideraba su hermana.

-Ca… Candy! – sorprendió a la rubia, quien inmediatamente correspondió al abrazo.

-Annie… estoy aquí…

-Candy… creí que… que nunca más te vería de nuevo… - lloraba en los brazos de su amiga.

-Yo también Annie… te extrañé tanto…

-Pero que pasó? Nos dijeron que… oh Candy estás aquí… otra vez estás con nosotros…

-Discúlpame, por todo el dolor que te causé. – se disculpaba la rubia.

-No Candy, tú debes perdonarme por no haber sido una mejor amiga, fui egoísta y no supe ver que tú sufrías…

-No Annie, no fue tu culpa…

-Tú siempre me apoyaste y ayudaste… pero cuando me necesitaste… no estuve para ti.

Por un par de minutos las amigas se quedaron de esa manera, en un abrazo tan afectivo, así como cuando eran niñas; Candy sintió que volvía en el tiempo, a los campos de Lakewood, donde dos niñas corrían, jugaban y se consolaban. Annie sintió esa protección que Candy solía darle cuando eran niñas cuando se habían convertido en familia. Cuando Annie se separó de su amiga notó la presencia de Terry.

-Qué gusto volver a verte Annie. – saludó el castaño cuando la morena le sonrió.

-Cómo estás Terry? Disculpa que no te haya saludado.

-No te preocupes, lo entiendo perfectamente.

-Por favor, pasen. – dijo dándoles paso. – te sorprende ver dónde vivo, Candy? – dijo con una sonrisa.

-Annie… yo no puedo… ver.

-Qué? Candy qué pasó?

-Perdí la vista en la guerra.

- Lo siento tanto, soy una tonta, disculpa que…

-No te preocupes, estoy bien.

Ya sentados en la pequeña sala, Candy le contó a su amiga todo lo que había pasado en su vida desde que dejó América. La morena se sorprendía de la fuerza y coraje que tenía la rubia, ella nunca hubiera sobrevivido a semejantes situaciones. Sonrió con gusto cuando le contó del reencuentro con Terry y los felicitó cuando le dijo que se habían casado.

-Me alegro que ustedes estén juntos, siempre supe que así sería. – dijo mirando a la pareja.

-Gracias. – respondió el castaño.

-Y tú, Annie, cómo estás? me enteré de todo lo que te pasó, lo siento mucho.

-Fue muy duro para nosotras, el perder a papá… creímos que no podríamos superarlo.

Había llegado el turno de Annie de contar su historia, así que se dispuso a hacerlo. Candy lloraba junto a su amiga con el relato de aquella época que para muchos fue de pérdidas; lamentaba tanto que un hombre tan bueno como el señor Britter haya perdido la vida por la influenza; su amiga le contó las penurias que pasaron ella y su madre durante los meses posteriores a la muerte de su padre, cuando los socios de este las engañaron y usurparon todo lo que poseían; hasta que alguien apareció en su vida, y las ayudó sin pedirles nada a cambio.

-Siento mucho todo lo que les pasó. – dijo la rubia quitándose las lágrimas que corrían por sus mejillas. – yo apreciaba mucho a tu padre.

-Lo sé Candy, y mi padre te quería tanto. – la morena bajó la mirada. – él hubiera sido tu padre y yo te lo quité…

-No Annie, no sigas, las cosas debían ser así.

-Candy…

-Yo estoy feliz de haber sido adoptada por Albert, además si no hubiera sido así, nunca habría conocido a Terry.

Annie volvió a abrazar a su amiga, mientras Terry la veía con tanto amor, que parecía que no existía un límite, interiormente agradeció a la vida que todo haya ocurrido de esa manera.

-Candy… yo… me casé. – dijo algo dudosa de seguir.

-Lo sé. – le sonrió.

-Mi esposo es…

-Neal. – la interrumpió - Lo sé Annie.

-No estás enojada? Después de todo lo que te hizo…

-Yo no le reprocho nada, hace tiempo que lo perdoné. Además, si él te hace feliz, debo agradecérselo.

-Oh Candy… tenía miedo de que te enfadaras conmigo, por todo lo que te hicieron en el pasado y ahora...

-Annie…

-Amor, ya llegue... – el joven se quedó estático al observar quien estaba en su casa.

-Neal, mira quien está aquí. – dijo feliz al ver a su esposo.

-Candy…? - murmuró incrédulo de lo que veía.

-Hola Neal…

-Perdón… perdóname todo lo que te hice. - Neal la abrazó sorprendiendo a la rubia, y frente a todos le pidió perdón. Terry miraba con algo de recelo al moreno, pero por Candy y Annie, no hizo ni dijo nada.

Neal realmente se había enamorado de la rubia en aquella época, y cuando se enteró que había muerto, no sólo lo lamento; sino que también, le atormentaba nunca haberse disculpado con ella por todos los maltratos y humillaciones que le hizo, él creía que ella murió odiándolo, así que cuando vio a su mejor amiga en problemas, decidió que la ayudaría, pues sabía que la rubia la quería como si fuera su hermana, así se redimiría ante la pecosa, no contaba con enamorarse de la morena.

-No te preocupes Neal, y gracias por cuidar de Annie.

-Candy… - la miró con ternura, no había cambiado seguía siendo la misma joven noble que había conocido.

-Hola Leagan. – saludó el castaño. – pues no le gustó la mirada de cariño que Neil le dirigió a su pecosa.

-Granchester, cómo estás? – ahora lo comprendía, él la había encontrado, sabía que la amaba; pero hasta ese momento comprendió cuánto. – de verdad lamento tanto todo lo que mi hermana y yo les hicimos… - se disculpó con la pareja.

-Todo está bien Neal, de verdad, todo es parte del pasado.

Ya más tranquilas las amigas estaban en la sala, hablando sobre cómo habían cambiado sus vidas. Los hombres estaban en el pequeño estudio que tenía Neil, debían darles privacidad, pensaron.

-Soy feliz Candy, Neal es muy bueno conmigo y con mi madre.

-Me alegro que estés bien. Y que hayas encontrado a alguien que te ame como lo mereces.

-Al inicio no creí en su cambio, pero él me ayudó cuando más lo necesite, y con el tiempo… - sonrió - Nunca hubiera imaginado que mi vida cambiara de esta manera. – dijo mirando a su alrededor, la casa era bonita, pero humilde. – perdí todos los lujos a la que estaba acostumbrada, incluso Neal lo hizo, y estamos empezando de cero; pero somos felices.

-Las riquezas no son importantes, no te dan la felicidad.

-Ahora lo sé, y para ser sincera estoy más tranquila, las personas que me rodean, me quieren por quien soy, y no por lo que puedan obtener de mí.

-Oh Annie! Me alegra que seas feliz.

-Lo soy. – dijo con una sonrisa - quien lo hubiera dicho, verdad? Cuando estaba en el colegio me daba miedo Neal, y ahora soy su esposa y esperamos a nuestro primer hijo.

-En serio!? Felicidades! – dijo abrazando a su amiga.

-Y tú Candy?

Candy le contó sobre su deseo de ser madre, y que quería recuperar la vista para cuidar de su familia, sobre el resultado de sus análisis y la opinión de los médicos que habían visitado. Annie la escuchó y alentó a que no se desanimara, que ahora que se habían encontrado nuevamente, la apoyaría y que estaría a su lado como la hermana que era.

Se quedaron con los Leagan – Britter por un par de horas más, y cuando regresaban a la mansión de los Andley, la rubia lo hacía con una sonrisa en el rostro, Terry la abrazaba para darle calor; estaba feliz por ella, sabía que el haberse encontrado con su amiga - hermana la animaría un poco.

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Ya se acerca el final.

Se cuidan mucho.