CAPITULO 24

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Candy estaba en el quinto mes de gestación, y toda su familia estaba junto a ella, no querían perderse ni una sola de las etapas de su embarazo; por lo cual la tía abuela y Eleonor le pidieron a la pareja de rebeldes que se quedara en la mansión de los Andley junto a ellos, a lo que no pudieron negarse, pues veían la emoción y entusiasmo de los mayores por la llegada de su bebé.

-Ya llegué amor. – anunció el castaño entrando a la habitación que compartía con su esposa.

-Hola mi amor, Cómo te fue con Robert? Revisó tu libreto?

-Lo hizo y le gustó tanto que quiere ponerlo en escena; así que, sólo falta una revisión más y estará listo.

-Qué bien amor, sabía que le gustaría!

-Fue una buena idea escribir nuestra historia; gracias por eso pecosa.- se acercó a ella para besarla.

-Entonces tendrás que dedicármelo cuando lo termines.

-No sólo eso mi amor, tú me ayudaste a escribirlo, así que, eres coautora.

-Terry, no es necesario. Yo sólo te conté lo que pasó en Francia, tú hiciste la redacción y los diálogos, esa es la parte más difícil.

-Nada de eso pecosa, tú me ayudaste a escribirlo y no se diga más.

-Pero amor…

-No insistas cariño que no cambiaré de opinión. Mejor dime como se portó mi pequeña traviesa.

-Tú también crees que será niña?

-Mi madre insiste tanto en eso que ya me convenció.

-Sabias que tu madre hizo una apuesta con la tía abuela y tu padre?

-Y que apostaron?

-No lo sé, no quisieron decírmelo.

-Mejor no preguntar. Ahora dime como se portó mi pequeño tesoro?

-Se portó bien, estuvo tranquilo. –dijo acariciando su vientre - Ay! Bueno hasta hace un momento, acaba de dar una patadita.

-Por las patadas que te da, creo que es un niño; aunque… si heredó la fuerza de su madre, no estoy seguro. – dijo recordando el golpe de su primer beso.

-No exageres Terry! Yo no golpeo tan fuerte, además yo soy una dama, y no doy golpes.

-Pues señora Granchester me alegro que ahora sea una dama y no vuelva a golpear a su pobre marido.

-Para haber estado involucrado en tantas peleas, te quejas de un golpecito.

-Un golpecito suave amor, tanto como la caricia con una pluma. –dijo besando su vientre. – verdad tesoro? Tus golpes son tan delicados como los de tu madre? – habló al vientre de la rubia provocando que esta riera de las acusaciones de su esposo.

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Un nuevo día iniciaba, el sol estaba desplegando sus rayos para iluminar a la gran ciudad, entraba por la ventana de una de las habitaciones de aquella mansión, donde una hermosa rubia empezaba a despertar estirándose a todo lo largo que su cuerpo le permitía.

-Buenos días mami.

-Buenos días amor. – sintió los brazos de su esposo rodear su enorme vientre.

-Cómo amaneciste hoy?

-Bien, esta vez me dejo dormir, estuvo tranquilo.

-Me alegro mucho, ayer te veías agotada porque no te dejó dormir en casi toda la noche.

-Sí, pero anoche mi bebé tuvo compasión de su mamá y la dejó descansar, cierto amor? – dijo acariciando su vientre. - Hoy llegan tus padres, verdad? – miró a su esposo.

-Sí, por la tarde. supongo que el bebé sólo está esperando a sus abuelos para nacer.

-Es posible, quiere la atención de toda la familia. Sabes lo que pasó el otro día?

-Qué pasó? –cuestionó interesado.

-Cuando la tía abuela me mostró la ropita que compró para el bebé, se movió mucho, como si saltara dentro de mí; luego se quedó quieto hasta que Albert ingresó a la sala y preguntó por él, y otra vez se movió.

-Así que lo volviste a hacer, eh? –dijo el castaño acercándose al vientre de la rubia. – te dije que no puedes estar saltando ahí dentro, lastimas a mamá.

-Ahh! Terry, pateo! Lo sentiste? –dijo emocionada.

-Creo que nuestro bebé será un rebelde, le digo que no haga algo y enseguida hace lo contrario.

-A mí me gusta sentirlo.

-A mí también. – dijo bajito, como si fuera un secreto. – pero que no lo sepa o nos tendrá en sus manos.

-Terry! No creo que lo sepa; además está acomodándose, debe estar impaciente por vernos.

-Es así bebé? Acaso ya quieres conocer a tus padres? – dijo acariciando el vientre y volvió a sentir otra patadita. -Creo que eso fue un sí.

Candy estaba próxima a dar a luz ya había cumplido los nueve meses de gestación, este último mes; la tía abuela, Albert y Archie se habían encargado consentir y cuidar a la rubia pecosa, sin contar con todos los cuidados y mimos por parte de su esposo, Candy era la mujer más consentida de toda Norte América. Eleonor y Richard tuvieron que viajar a Inglaterra cuando Candy estaba de siete meses, el duque recibió la orden de la corona; pero antes de irse le pidió a Eleonor que lo acompañara y que a partir de ese momento compartiera su vida con él. La rubia mayor no tardó en responder y decidió acompañar a su ahora esposo, no sin antes prometer que regresaría para el nacimiento de su nieto; así que, ya estaban en camino a América.

-Irás al teatro hoy?

-No es necesario, los actores ya saben sus líneas y Robert sabe lo quise reflejar en la historia.

-Qué bi… Ay! – se llevó las manos al vientre.

-Qué pasó? – dijo preocupado acercándose a la cama.

-Es… ah!... creo que ya es hora… - Candy respiró con dificultad.

-Ahora? te… llamaré al médico… estás bien…?

-S-sí. Es- estoy bien. – se puso de pie con la ayuda de Terry – cariño, estoy bien – le dio una sonrisa para tranquilizarlo, al oír lo asustado que estaba. – tenemos que ir al hospital.

-Cla-claro, ven te llevo. – trato de alzar en brazos a la rubia.

-Cariño, debes tranquilizarte, aún falta para que nazca, estoy bien, tenemos tiempo.

-Pecosa…

-Terry, ve por el auto, avisa a la tía, a Albert y Archie. Yo voy a vestirme. – dijo mostrando tranquilidad.

-Claro, enseguida. – Terry estaba asustado, al ver dolor en el rostro de su pecosa, por primera vez no supo que hacer; pero ver que Candy a pesar de estar asustada trataba de tranquilizarse, supo que lo estaba haciendo mal; era él quien debía apoyarla; así que respiró profundo, se tranquilizó y salió de la habitación para informar a la familia y al chofer que se iban al hospital.

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-Buenos días William.

-Buenos días tía.

-Candy y Terry, no bajaran a desayunar?

-No lo creo, Candy debe seguir durmiendo; últimamente está más cansada, el bebé ya está por nacer y creo que se mueve mucho impidiendo que descanse.

-En ese caso debe estar en movimiento. Ay William, ya quiero tener en mis brazos a mi bisnieto.

-Creo que lo tendrá muy pronto. –dijo Terry ingresando al comedor.

-Qué!? Ya es hora?

-Candy, empezó a sentir las contracciones. Debemos partir al hospital.

-Qué! Dónde está? Ya está en el auto? – dijo apresuradamente el rubio poniéndose de pie. – llamemos al hospital para que nos esperen listos, llamaré a…

-William! – lo llamó la tía abuela - Si recién sintió las contracciones, aún falta para que nazca, deben tranquilizarse para apoyar a Candice, ella necesita tranquilidad en este momento, no que la preocupen más.

-Tiene razón tía, será mejor ir al hospital. – dijo tranquilizándose o más bien tratando de tranquilizarse - te ves tranquilo. – murmuró cuando estaba cerca al castaño.

-Estoy aterrado, pero Candy me dijo que es normal y que tardará un poco, además no quiero alterarla.

-Ella es la experta, bueno creo que las mujeres saben de esto.

-Créeme que sí no fuera porque es enfermera, ahora estaría corriendo de un lado a otro asustado.

-Dónde está mi pequeña ahora?

-Aquí. Ya estoy lista para ir al hospital. – la rubia que caminaba de un lado a otro cerca la ventana.

-Muy bien Candice, debes conservar la calma, hija.

-Lo sé tía, y estoy tratando de hacerlo.

-Vamos amor, ya pedí que sacaran el auto.

-Nosotros los seguimos en mi auto, ustedes vayan con el chofer.

-De acuerdo, nos vemos en el hospital. – dijo el castaño tomando una pequeña bolsa que Eleonor y la tía abuela prepararon hace meses para el bebé.

Candy salió despacio de la casa, Terry estaba a su lado apoyándola y tranquilizándola cada vez que una contracción llegaba; no quería que su pecosa se dé cuenta de lo nervioso que estaba, así que tuvo que tranquilizarse. Albert sabia como se sentía su amigo y admiraba el amor que este tenía por su pequeña, pues a pesar de él mismo, primero pensaba en el bienestar de la rubia.

En el camino al hospital la tía abuela le explicaba Albert que el parto de Candy podría durar horas, que cuando él nació su madre estaba en labor de parto por más de 17 horas, algo que sorprendió al rubio. Cuando llegaron al hospital se dirigieron a la habitación que ya habían reservado para la rubia, esos eran los beneficios de ser uno de los mayores benefactores de aquel hospital.

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-Ya casi estamos en Nueva York, ya veo la ciudad. – dijo Eleonor muy emocionada.

-En un par de horas llegaremos, y podrás estar cerca de Candy y el bebé.

-Oh Richard, Candy se pondrá contenta con los regalos que llevo para ella y la bebé.

-Seguramente le gustarán, le llevas de todo.

-Encontré uno en especial, y espero que lo use.

-Sigues con eso?

-Verás que yo tengo razón; tú y Elroy, pagaran la apuesta.

-Pronto sabremos quién tiene razón. Y serás tú, Ellie, quien pague la apuesta.

Un par de horas más tarde, Eleonor y Richard descendían del barco. En el muelle, un molesto Archie los esperaba, no sólo no le habían avisado que partieron al hospital porque el bebé estaba por nacer, sino que también tuvo que ir a recoger a los duques, bueno él lo hacía con gusto, pues admiraba a la ex actriz; sin embargo le molestaba separarse de su gatita en un momento tan importante.

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-Por qué no dicen nada!

-Cálmate Terry, ya te dije que esto puede tardar.

-Debieron dejarme estar con mi pecosa.

-William fue a preguntar, ahora debes tranquilizarte.

-Terry!

-Mamá, papá.

-Ya nació?

-No lo sé, no me han dicho nada aún! – dijo frustrado.

-Señor Granchester? – Terry se giró y vio a una enfermera con un bultito en los brazos. – quiere conocer a su hija?

Al escuchar eso la felicidad de los presentes se hizo evidente, Terry en menos de un segundo ya estaba frente a la joven enfermera mirando atentamente a su hija.

-Cómo está mi esposa?

-La señora Granchester, se encuentra en perfectas condiciones, la verá cuando la instalen en su habitación.

-Gracias.

-Ahora vea a su bebé. – le extendió a la bebé para que lo tomará, con miedo lo hizo y en ese momento sintió que nada ni nadie, aparte de Candy sería más importante para él.

-Puedo verla? – se acercó la señora Elroy y Eleonor.

-Claro, miré lo hermosa que es.

-Es la bebé más linda que he visto. – dijo Eleonor que estaba junto a él.

-Es una Granchester, parece toda una princesa. – dijo el duque.

-Tío, tía abuela? – cuestionó Archie al ver que estaban llorando.

-Se parece…

-A mi Rosemary. – completó la tía abuela.

-Es idéntica a mi hermana… la madre de Anthony. – dijo Albert mirando al castaño, quien los veía sin comprender.

-Ya debo llevarme a la bebé, la verán en un momento más, cuando visiten a su madre.

Renuente Terry le entregó a su hija, no sin antes darle un beso en la frente, vio como la enfermera se alejaba e ingresaba a la sala de partos del hospital.

Minutos más tarde Candy ya estaba instalada en su habitación, y Terry fue el primero en verla.

-Cómo te sientes amor? – dijo al ver a su esposa con su bebé en brazos.

-Feliz… muy feliz Terry. – Candy tenía una sonrisa muy brillante en el rostro.

-Te entiendo, yo me siento igual, no puedo explicar todo lo que siento - bajó la mirada hacia su hija. – es tan hermosa… tan pequeña. Candy…

-Mmm?

-Tu tía y Albert, dijeron que nuestra hija se parece mucho a Rosemary, la madre de Anthony.

-En serio?

-Incluso estaban tan asombrados cuando la vieron, que estaban llorando.

-Ahora que lo recuerdo, Anthony, una vez me dijo que me parecía mucho a su madre.

-Tiene lógica. Si eso es verdad, entonces tienen razón. Sabes que nuestra bebé se parece mucho a ti?

-En serio? – dijo emocionada.

-Es hermosa, tiene una pelusita rubia en la cabeza, su naricita es pequeñita – Candy sonreía mientras escuchaba la descripción de su esposo. – unos enormes ojos azules, creo sólo eso sacó de mí, porque ella es una mini Candy, incluso tiene unas cuantas pequitas sobre su naricita y un hermoso lunar en la mejilla derecha. Oh que haré pecosa. – se lamentó.

-Por qué? Qué pasó? – dijo preocupada.

-Tendrá muchos pretendientes; muchos buitres que rondarán y querrán robarme a mi princesita.

-Ah Terry! Me asustaste. Además para eso falta mucho aún.

-No, no, no, desde ahora buscaré alternativas para proteger a mi pequeña monita.

-Oh Terry, ya le pusiste un apodo!?

-Si se parece a ti, obviamente parece una monita, una muy linda, por cierto.

-Eres increíble Terry. – dijo riendo de los comentarios de su esposo. – ni tu hija se salva de tus apodos – en ese momento escucharon que tocaban la puerta.

-Disculpen que los molestemos; pero ya no aguantamos más, queremos ver a nuestra nueva consentida y a su linda madre.

-Archie! – entren por favor.

-Cómo estás pequeña? –dijo Albert besando la frente de la nueva madre.

-Muy bien Albert, muy feliz.

-Con esa hermosura en brazos cualquiera lo estaría. – verdad tío?

-Felicidades hijo, mi nieta es hermosa.

-Gracias papá.

-Pediré a la guardia real que nos ayudé a alejar a cualquier pretendiente. – murmuró el duque, mas todos escucharon su comentario riendo por este.

-Buena idea, algo bueno tenía que tener el que seas un duque.

-Ustedes dos no exageren. – Eleonor reía de los comentarios de su esposo e hijo.

-Y quien exagera madre, yo estoy hablando muy enserio.

-Candice puedo cargar a mi bisnieta?

-Claro tía. – le pasó a la bebé, que en ese momento dormía en sus brazos.

-Es tan hermosa… - la tía abuela miraba con tanto amor a la bebé que conmovió a todos – mi linda princesita.

-Y ya eligieron el nombre?

-Candy y yo lo elegimos hace un momento.

-Y cuál es? – cuestionó Archie.

-Tía, Albert quisiéramos nombrar a nuestra hija Rose, como la madre de Anthony.

-Rose. – murmuró la tía abuela abrazando a la bebita. – Nuestra pequeña Rose.

-Gracias, Terry y Candy – agradeció Albert, la tía abuela sonreía y lloraba mientras besaba la frente de la bebé.

-Queremos combinarlo con el nombre que mi madre sugirió desde el inicio, Marie. Su nombre será Rose Marie Granchester Andley.

-Es una combinación muy linda hijo, felicidades. – se acercó Eleonor para abrazarlo – y gracias. –murmuró.

-Desde el inicio dijiste que sería niña, tú le pusiste el nombre desde entonces. – Terry abrazó a su madre. Eleonor siempre insistía que Marie sería un lindo nombre para su hija.

-Bien ahora sólo falta que Archivald me otro bisnieto.

-Primero mi tío y luego yo - dijo Archie mientras sostenía a la bebé en sus brazos.

-Ya perdí las esperanzas con William, así que Candice y tú me darán muchos bisnietos.

-Gracias a Dios, una presión menos, así podré seguir con mis viajes. – dijo el rubio expulsando el aire.

-William!- todos rieron al ver el rostro de susto de la tía abuela con esa la posibilidad.

Candy estaba feliz, tenía una familia que la amaba; su esposo y su hija eran el complemento perfecto para toda esa felicidad, no le pedía nada más a Dios, estaba completa y satisfecha con su vida.

Terry por su parte agradecía a Dios el haberse apiadado de él al devolverle a su pecosa; el haber puesto en el mismo barco a su ángel, ese que lo salvó de su propia destrucción; y lo mejor de todo permitirles ser padres de una niña hermosa, tan parecida a quien sabía amaría por resto de su vida.

FIN

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LLEGAMOS AL FINAL!

Espero que les haya gustado esta historia tanto como a mí escribirla.

Agradezco a todos aquellos que dejaron un review y a quienes se tomaron unos minutos para leer cada capítulo.

Trataré de escribir y publicar el epílogo lo más pronto posible.