Capítulo 3 – Bajo Presión
"¡Es emocionante, Edward! Casi no parece real, ¿eh? ¿Sigues en shock?" pregunto Alice.
Edward observó como se movían sus labios, pero no estaba seguro de si ella esperaba que él contestara las preguntas, especialmente por lo rápido que las estaba haciendo.
Alice ha sido la otra mitad de Jasper desde que le conoce. Aun así, Edward no la conocía tan bien, ella parecía creer que eran amigos íntimos. Probablemente debido al hecho de que Jasper le contaba absolutamente todo lo que Edward le decía.
"Deberíamos celebrar una pequeña fiesta en su honor. Algo así como un fiesta de bienvenida a Forks. ¿Qué opinas?" continuó Alice.
"¿Por? No es su cumpleaños. No necesita una fiesta," Edward frunció el ceño. "Se sentirá raro."
"Es un crío y es una jodida fiesta, tío. ¿Qué clase de niño no quiere una fiesta?" Emmett preguntó.
"Yo creo que es una buena idea," dijo Jasper. "Podemos hacer una barbacoa o algo."
Edward simplemente negó con la cabeza, pero sus amigos sabían que tenían la batalla ganada.
"¿Cuando?" finalmente pregunto.
"¿Qué tal la semana que viene?" Emmett preguntó.
"La semana que viene es la noche de la vuelta al colegio," Alice dijo rápidamente.
Edward estaba a punto de preguntarle como sabía lo de la noche de la vuelta al colegio. ¡Que diablos, él apenas sabía cuando era la noche de la vuelta al colegio y el tenía un niño en el colegio! Sin embargo, antes de que pudiera hablar, Jasper y Emmett empezaron a decir que ellos tenía intención en ir también a la noche de la vuelta al colegio.
"¿De que demonios estáis hablando chicos?" Edward preguntó.
"Siempre vamos a la noche de la vuelta al colegio," le dijo Emmett. "Comida gratis."
"Si, haces la fila como si hubieras comprado una entrada y te sirven tanto como puedas comer," Jasper se acarició la barriga.
"Eso es retorcido," Edward negó con la cabeza.
"No, los impuestos que pago, eso es retorcido. Esa es mi forma de conseguir un descuento," Emmett bromeó.
"Voy a hacer como que no te conozco," Edward le advirtió.
"¿Así que iras, entonces?" Alice preguntó. Jasper debió contarle lo que Edward le dijo sobre evitar a la profesora de Anthony, la Señorita Swan.
Edward había recibido dos cartas de ella en las últimas dos semanas, cometió el error de leer una pero no con la otra. Al parecer ella creía que era asunto suyo a que hora debía él ir a trabajar cada mañana.
"¿Saben que la gente tiene empleos, no?" Edward le dijo a Jasper después de llegar la primera carta. "Quiero decir, no todo podemos empezar a trabajar a las diez, o la maldita hora que los profesores empiecen su día de trabajo."
Jasper apenado había dicho que Alice le hubiera echado una mano si pudiese, pero su trabajo de farmacéutica la obligaba a estar en el trabajo a las siete y media. Emmett dijo entonces, que Rosalie no tenía ningún instinto maternal en su cuerpo, sino le hubiese preguntado si podía ayudar también.
"Que le joda," Edward dijo sobre la profesora de Anthony. "Probablemente es una vieja arrugada que ha perdido el contacto con la realidad, muy ocupada leyendo libros de gatos y ratas parlantes."
Y con ese pensamiento, Edward había conseguido satisfactoriamente ignorar las peticiones que se le había hecho para que dejara a Anthony en el colegio pasadas las ocho y cuarto de la mañana. Sin embargo, si hizo caso de darle a su hijo algo saludable que comer. Se aseguro de mandar a Anthony al colegio con una manzana o con lo que hubiese en casa. Esa semana fueron galletas saladas.
Edward ignoró la pregunta acerca de la noche de vuelta al colegio. Sabía que le haría parecer un mal padre, pero la verdad era que si la asistencia no era obligatoria, no iría. Después de un largo día de trabajo, y un día aun más largo en casa comprendiendo la paternidad, lo último que quería Edward era añadir un evento adicional en el que tendría que estar "despierto".
"Hey," Jasper golpeo a Edward en el brazo y se inclinó hacía él para que nadie más oyese lo que decía. "¿Les has dicho ya a tus padres que tienen un nieto?"
Edward negó pero no ofreció más información sobre el asunto. Todo lo que Jasper sabía era que Edward no se hablaba con sus padres. No podía pedirles dinero, un lugar donde vivir, transporte o apoyo de ningún tipo. Edward nunca decía por qué y ellos sabían que no debían preguntar.
Eran las cinco en punto cuando Edward llego a la escuela elemental de Forks para recoger a Anthony. Le lanzó una cautelosa mirada a la asistente que cuidaba a los niños después del colegio, advirtiéndole que no se metiera con él. estaba cansado y hambriento y todo lo que quería es irse a casa.
"Vamos," le dijo a Anthony firmemente.
Lentamente Anthony se levantó y empujó su silla y puso las pinturas de vuelta en el cubo, las recogió una a una.
"Venga, Anthony," Edward le metió prisa. "Si te mueves más despacio te quedaras quieto."
Edward se dio cuenta de que la asistente le miró mal, pero no le prestó atención. En lugar de eso agarró la mochila de Anthony y le dio su chaqueta.
"No quiero ponerme la chaqueta. Tengo calor," Anthony protestó.
"Está lloviendo. Te la tienes que poner," insistió Edward.
Anthony parecía enfadado mientras se ponía la chaqueta sobre los hombros, pero no dijo nada más.
Una vez llegaron a casa, Edward busco en su nevera algo que fuera comestible. Había sobras de comida para llevar, cuyo contenido podrían competir en un laboratorio de instituto.
Un paquete de pan llamó su atención y lo sacó, cogió una rebanada y la olió. Estaba rancia. Tostadas.
Cuatro huevos estaban en un cartón que había caducado tres días antes. Edward se encogió de hombros y saco una sartén del armario que había al lado de la cocina. La encendió al máximo y se las apañó para abrir los huevos y echarlos en la sartén con la menor cantidad de cáscara posible.
"Mierda," Edward masculló minutos después cuando la mayoría de los huevos se habían quedado pegados en la sartén y se habían quemado. Salvó todo lo que pudo y lo puso en un plato con dos trozos de tostada antes de poner el plato en la mesa frente a Anthony.
"No tengo hambre," dijo Anthony cuando Edward le ofreció la cena.
"Tienes que comer," Edward le dijo.
"Pero no tengo ganas de comer. No me encuentro bien," protestó Anthony.
"No te encuentras bien porque no has comido," le dijo Edward. "Quiero que al menos intentes comerte un poco de la cena."
Perezosamente, Anthony se levantó del sofá y con dificultad caminó hacía la pequeña mesa preparada en la diminuta cocina. Sin prisas, se sentó y picoteó los huevos quemados y la tostada seca.
Edward le observo durante un momento antes de agarrar una bolsa de patatas ya abierta y una cerveza fría y se dirigió a su sillón favorito frente al televisor.
Cuando un anuncio con niños revoltosos que necesitaban servilletas súper-absorbentes apareció en la pantalla, Edward miro al niño con el que compartía ahora su hogar. Anthony no se parecía en absoluto a los pocos niños que Edward había conocido. No gritaba. No hablaba amenudo y casi nunca pedía nada de atención.
Observó silenciosamente a su hijo, Edward se dio cuenta que sus mejillas estaban sonrojadas y que estaba encorvado mientras se sentaba en la silla. Estaba sentado con las dos manos sobre la mesa, con la derecha cerrada en un puño y ligeramente levantada en el aire. Entonces abrió los dedos y los paso rápidamente por su pelo.
Ese simple movimiento hizo que Edward se quedara congelado en la silla. Mi manía. Ha hecho mi manía. ¿Como es posible? ¿La ha aprendido de mi en el poco tiempo que lleva aquí? ¿O lo ha hecho siempre?
La letanía de silenciosas preguntas habría continuado hasta bien entrada la noche si no fuera porque el comportamiento de Anthony distrajo a Edward. Se dio cuenta que el niño ponía mala cara cada vez que tragaba y se pregunto si sería porque los huevos estaban caducados.
"¿Qué pasa, Anthony?" Edward preguntó desde donde estaba sentado.
"De verdad no tengo hambre. ¿Me puedo disculpar?"
Edward miró a la comida en el plato, que seguí casi intacta. "¿No quieres comer nada más?"
Anthony negó lentamente con la cabeza.
"Bueno. Tira esa comida al fregadero, entonces."
Anthony hizo lo que le dijo y después fue a la sala y se sentó en el borde del sofá en el lado opuesto a su padre.
No fue hasta que apareció una mujer con conjunto bastante escaso, y su claramente bebido acompañante atacando verbalmente a un policía que Edward se dio cuenta que el programa que estaba viendo quizás no era apropiado para los niños. Pero cuando miró para ver si Anthony lo estaba viendo, vio que este se había tumbado en el sofá y le daba la espalda al ofensivo programa.
"¿Anthony?"
Inmediatamente el pequeño dijo. "Huh?"
"Ni siquiera son las siete. ¿Ya estás cansado?"
Anthony asintió.
En realidad, esto no hubiese sido un problema y Edward hubiese estado encantado de acostarle pronto, el problema era más bien logístico. Como solo tenía una habitación, cada noche Edward preparaba el sofá para que Anthony pudiera dormir cómodamente en él. Acostarle pronto significaba que Edward quedaría relegado a otra estancia de la casa, y cuando vives en apartamento pequeño con un único dormitorio, el dormitorio era el único sitio al que podías ir. Y Edward definitivamente no estaba listo para retirarse. Televisión y una cerveza, así se relajaba después de un día estresante de trabajo.
"Bueno... ¿necesitas un baño?" Edward preguntó, pensando que un poco de agua caliente quizás despejaría a Anthony y alargaría un poco el momento de acostarle.
"No. No necesito un baño," Anthony dijo rápidamente. Claro que no. ¿A qué niño le gusta bañarse?
"Es un poco pronto para irse a la cama…" Edward dejo caer. ¿Qué más podría sugerirle?
"A lo mejor puedo dormir en tu cuarto." sugirió Anthony.
Edward dudo un poco pensando en las condiciones en las que se encontraba su habitación. No estaba desordenada... sino sin hacer. No había sábanas en la cama, ni cortinas en las ventanas, ni puertas en el armario. ¿Normalmente los niños no tienen miedo de los armarios abiertos en la oscuridad?
"Oh…bueno…quizás durante un rato. Iré a adecentarla un poco," dijo Edward levantándose de la silla.
Cuando entró en su habitación momentos después con la única sábana bajera limpia que encontró, una sábana con un dibujo floral, vio que ya era tarde. Anthony ya estaba tumbado en la mitad de su cama y profundamente dormido.
Después de uno o dos episodios más de C.O.P.S., Edward se arrastró hasta su habitación. Se quedó de pie en medio de su habitación, mirando a Anthony. No se había ni molestado en quitarle la ropa del colegio, incluso seguía con la chaqueta puesta. Edward se preguntó si por eso sus mejillas estaban tan sonrojadas.
Con cuidado, Edward intentó quitarle la chaqueta a Anthony, pero el movimiento le perturbó e hizo que se revolviera. Cuando consiguió sacarle un brazo, Edward giró a Anthony para encontrar su lado izquierdo completamente empapado en sudor. ¡Pobrecillo estaba sofocado por todas estas capas!
Cuando Edward finalmente tuvo la chaqueta en su posesión, una etiqueta en su interior llamó su atención: Querido y apreciado por la Abuela.
Edward se tumbó al lado de su hijo, sus ojos fijos en la pequeña forma durmiente. En el torbellino en que se había convertido su vida desde que Anthony había venido a vivir con él, Edward no había tenido tiempo de centrase en el hecho de que Anthony estaba pasando duelo por la perdida de tres personas que, hasta hace poco, habían sido todo s mundo. En los dibujos que Anthony dibujaba en el colegio, Edward siempre veía a las mismas dos mujeres y un hombre en silla de ruedas: su madre, su abuela y su abuelo.
Mientras Edward se quedaba dormido, pensó en lo que debería estar haciendo para ayudar a su hijo a pasar este momento tan duro. Anthony no hablaba mucho y aunque lo hiciera, Edward no sabría que decirle al respecto. Después de todo, solo tenía cinco años. ¿Que tipo de conversación podrían llegar a tener?
El sueño le llegó a Edward antes de intentar contestarse a si mismo.
Un llanto estridente le despertó antes de que pasara una hora.
Por el sonido, Edward se incorporó en su cama e instintivamente cogió un bate de baseball que tenía escondido debajo de la cama. Cuando se espabiló, segundos después, se dio cuenta que era Anthony quien estaba armando tanto escándalo.
"¿Qué pasa?" Edward preguntó, aun intentando centrarse.
"Me duele el oído," gimió Anthony.
Edward maldijo por lo bajo mientras se levantó para encender la luz. Anthony le miró con los ojos entrecerrados por el exceso de luz y Edward pude ver que el chico estaba acalorado e incómodo.
"¿Donde te duele?" Edward preguntó.
Cuando Anthony señaló su oreja, Edward miró fijamente en su interior buscando información, pero en realidad, no tenía ni idea de lo que estaba buscando. Con un dedo tocó suavemente el lóbulo de Anthony.
Nada.
Después Edward movió su dedo para presionar sobre el cartílago. Al parecer presionó demasiado fuerte, porque Anthony soltó un grito y se negó a dejar que Edward se acercará a su oreja de nuevo.
"Anthony, no se que hacer," Edward admitió sin poder hacer nada. "¿Qué hacía tu mamá cuando te dolían los oídos?"
Al principio parecía que Anthony iba a contestar. Echó la cabeza para atrás, y abrió la boca un poco, y después su cara completamente se retorció llena de dolor y agonía.
"¡Quiero a mi mami!" gritó en entre un chaparrón de lágrimas. Una y otra vez, repetía su lamento; peleando contra Edward cuando este intentó consolarle.
Después de interminables minutos el nivel de ansiedad de Edward estaba alcanzando un nivel estratosférico. El reloj marcaba los segundos y Edward vio como su más que necesario sueño le eludía mientras que Anthony continuaba retorciéndose de dolor y protestando por su oído.
Y entonces vomitó.
"Joder," Edward murmuró mientras iba al baño a por una toalla la suficientemente grande como para limpiar el desastre que estaba ahora en medio de su cama.
Edward intentó desesperadamente recordar lo que solía hacer su madre cuando a él le dolían los oídos cuando era un niño. Vagamente recordaba que le ponía bolas de algodón tapando el oído y cucharadas de un medicina que sabía a uva, Pero no recordaba como se llamaba.
El reloj de la mesilla que la hora se acercaba rápidamente a las dos de la mañana. Y como esto es Forks, y lo único que esta siempre abierto es la gasolinera de las afueras de la ciudad, tendrían que servir.
Después de meter rápidamente a Anthony bajo la ducha (algo que Edward recordaría no volver a hacer JAMÁS; aparentemente Anthony se marchitaría y moriría si le caía agua en la cara), Edward le vistió con la primera cosa cálida que encontró y le metió en el coche. Después de una pequeña sesión de lucha con el cinturón de seguridad, Edward se dirigió a comprar lo que esperaba fuera la cura milagrosa.
"¿Once dólares?" Edward preguntó horrorizado cuando vio el precio de la etiqueta del calmante para el dolor para niños y el reductor de fiebre.
"Si. Esa cosa es un robo de autopista," la desinteresada chica del mostrado dijo sin tan siquiera levantar la vista del comic que estaba leyendo. "Se aprovechan de los desesperados y de los que no pueden dormir."
"Bueno... eso lo resume todo," Edward suspiró mientras ponía la medicina en el mostrador. Los cigarrillos de detrás del mostrador le tentaron, pero decidió que era un viejo habito que era mejor dejar en el pasado.
Con una tímida sonrisa, la chica, según su identificación "Lisa", por fin dejo su lectura y se levantó del taburete en el que había estado sentada. Miró a Athony y su cara se llenó de una expresión de empatía y entendimiento.
"Aw, tiene un aspecto lamentable," comentó.
"Si. Creo que tiene una infección de oídos o algo así," Edward dijo mientras acercaba a Anthony más hacía él.
"Eso apesta." Lisa negó con la cabeza y le tendió la medicina a Edward mientras le decía. "Quizás debas dársela lo antes posible. Parece que se esta ardiendo por la fiebre."
Edward no dudo en hacerlo. Rápidamente quitó el precinto de plástico de la pequeña botella de medicina. Reflexionando fugazmente que no parecía valer once dólares para nada antes de llenar el tapón y ofrecérselo a Anthony para que lo tragara.
"Uh…creo que eso es mucho. Un niño de su tamaño debería tomar solamente la mitad de eso," advirtió Lisa.
"Tomate la mitad solo," dijo Edward a Anthony, pero luego se dio cuenta de que probablemente él no sabría calcularlo, así que se lo quito cuando estaba más o menos por la mitad.
"Espero que eso sirva," Lisa dijo mientras que Anthony y Edward salían de la tienda para volver a casa.
Edward esperaba que sirviera también. Perder otro día en el trabajo no era una opción, especialmente cuando había tantos tíos sentados en sus casas esperando una llamada para remplazarle. Y si tenía que seguir pagando por cosas tan caras que no esperaba que iba a necesitar, realmente no podía permitirse ni un momento de descanso.
La medicina se infiltro en el sistema de Anthony rápidamente y para cuando llegaron a casa, estaba tan inconsciente que ni siquiera se movió cuando Edward lo llevó del coche al sofá. Demasiado cansado como para girar el manchado colchón de su cama, Edward se dejó caer sobre la tumbona que había cerca del sofá.
Cuando los raro rayos de sol de la mañana entraron por la ventana Edward se despertó. Instantáneamente supo que algo iba mal y saltó de la silla y corrió a la cocina a mirar el reloj del horno.
"¡Mierda!" grito a todo pulmón. Iba a llegar tarde al trabajo y Anthony llegaría tarde al... !Anthony!
Edward volvió al salón rápidamente para ver como le había sentado a Anthony dormir. Vio que su arrebato vocal había despertado a Anthony; que estaba sentado frotándose los ojos. Edward se dio cuenta de que el color de su piel estaba mucho más próximo al color normal, ero aún no del todo.
"Tenemos que prepararnos. Vamos a llegar tarde," dijo Edward, quitando a Anthony rápidamente la ropa para ponerle algo limpio.
"No quiero ir al colegio. No me encuentro bien," Anthony protestó.
"Tienes que ir al colegio, colega. Lo siento, pero no puedo quedarme en casa contigo hoy. Tengo que trabajar." Edward se estremeció con sus propias palabras, pero era cierto, no tenía elección. No conocía a nadie que pudiera cuidar de Anthony, y él no podía faltar al trabajo. "Te daré algo más de medicina para que te ayude a sentirte mejor durante el día."
Anthony no dijo nada de todas formas, aceptó la medicina cuando su padre se la dio.
Una hora después, cuando Edward por fin llegó al trabajo, casi dos horas tarde, se acerco a su jefe disculpándose y siendo sumiso prometiendo que recuperaría el tiempo perdido. Su supervisor puso los ojos en blanco, y advirtió a Edward que no dejara que pasara otra vez y recordándole que llamara antes si iba a volver a llegar tarde.
"Quizás debas salir más tarde," sugirió Jasper cuando él y Emmett se unieron a Edward para comer.
"Ya lo había pensado," dijo Edward. "¿Ha dicho Pete algo sobre mi por llegar tarde?" pregunto Edward sobre su supervisor.
"No. Pero tienes que llamar. No puedes simplemente no aparecer. No sabemos si necesitaremos llamar a alguien o que," Jasper aconsejó.
"Joder, lo sé. Pero apenas he dormido y estaba apresurándome para llegar aquí. Parar para hacer una llamada me pareció que me retrasaría aún más," explicó Edward.
"Además a lo mejor te hubiese dicho que no te molestaras en venir ¿y quien quiere eso?" Emmett añadió.
"Exacto," Edward estaba de acuerdo, aludiendo la razón real de porque no había avisado.
"¿Así que tu hijo está enfermo?" preguntó Jasper.
"Supongo. No se que le pasa. Se despertó gritando, y luego vomitó en mi cama. He debido dormir dos horas nada más." compartió Edward. "Estoy jodidamente agotado, no se como voy a aguantar".
"¿Quieres que llame a Alice? Probablemente pueda traerle alguna medicina si me dices cuales son los síntomas que tiene," Se ofreció Jasper
"Uh, estaba muy caliente, creo que tenía fiebre y le dolía mucho un oído," dijo Edward.
"¿Y le has llevado al colegio?" preguntó Emmett.
Edward estaba muy nervioso a causa de la decisión que había tomado de llevar a Anthony al colegió y se sintió como atrapado en una esquina por la acusación de Emmett. "¿Que otra cosa se supone que tenía que hacer?"
"Uh…¿usar uno de tus días de enfermedad?" sugirió Emmett.
"Nunca los has usado," dijo Jasper. "A veces pasa. Estoy seguro de que lo hubiesen entendido"
"Ya perdí dos días este trimestre yendo a buscar a Anthony. Otro más me pone en aviso y afecta a mi vida laboral. No puedo dejar que ocurra." Edward negó con la cabeza.
Sus amigos asintieron comprendiendo, sabían exactamente como se sentía. Después de todo, estaban en el mismo barco, sus empleos también pendían de un hilo.
Dos horas después de su hora normal de salida, Edward apago su maquina y se dirigió a las duchas para lavarse antes de recoger s su hijo. Se aseguro de pasar por delante de la oficina de su supervisor antes de salir, y aunque no dijo nada, se aseguró de que le vieran, para que supieran que no estaba aflojando el ritmo y que se tomaba su trabajo en serio.
El colegio estaba a oscuras cuando Edward llegó, comprobó la hora en su teléfono para ver si se había equivocado de hora otra vez, pero el reloj digital que solo habían pasado dos minutos de las seis de la tarde. El servicio de cuidado de después del colegio cierra a las seis y media, ¿verdad?
Edward sintió alivio al ver que la clase donde estaba el servicio de cuidado para después de las clases aún estaba iluminada. Abrió la puerta y encontró a Anthony tumbado sobre una esterilla gruesa que parecía que se usaba para hacer gimnasia.
"Anthony?" Edward dijo suavemente.
Anthony apenas levantó apenas la cabeza y Edward notó que su hijo estaba horrible. Pero antes de que pudiera cogerle, una mujer, joven y mucho más atractiva que la ayudante que estaba allí siempre, se interpuso en su camino.
"¿Sr. Cullen?" preguntó. "Bien, finalmente llegó. El colegio le ha estado llamando todo el día."
"Si. ¿Llego tarde?" Edward preguntó mirando la habitación desierta de niños salvo el suyo.
"De hecho, si. El colegio solo ofrece cuidado extraescolar hasta las cinco y media. Después de eso hay un sobre cargo de cinco dólares por cada minuto que llega tarde." La mujer miró al reloj para ver la hora. "Ha llegado treinta minutos tarde, así que serán 150 dólares."
Pudo ser porque apenas había dormido, o porque su hijo estaba enfermo y no tenía ni remota idea de que hacer para hacerle sentir mejor, o que había llegado tarde al trabajo o que había pagado once dólares por cuatro onzas de medicina, o quizás el hecho de que un burocrático vago decidiera que los padres debían pagar 300 dolares a alguien por cuidar de sus hijos una hora; cualquiera que fuera la razón, Edward ya tenía suficiente. Y explotó.
"¡Que le jodan!" grito. "No voy a pagar todo ese jodido dinero para que usted y todos sus vagos co-trabajadores puedan tener un salario extra."
"Sr. Cullen, yo no"
"¡Estoy harto de esta mierda!" Edward le grito. "Primero la profesora de mi hijo es una arpía y me manda estas jodidas cartas de cosas que ni siquiera tienen sentido. Si van a cobrar este dineral a la gente, deberían contratar maestros decentes. La profesora de la guardería es una zorra delirante que ha perdido todo el conacto con la realidad. Solo porque enseña a mi hijo, no tiene derecho a hablarme a mi como si fuera uno de sus alumnos!"
"Sr. Cullen, puedo asegurarle que..."
"No, yo puedo asegurárselo.¡Puedo jodidamente asegurarle que no voy a pagar esa maldita factura!" Edward vio a la ayudante estremecerse y fue suficiente para hacerle para de gritar. Pero estaba demasiado enfadado y alterado como para disculparse. En lugar de eso, cogió la mochila de Anthony y su chaqueta, antes de cogerle a él en brazos y se dirigió al coche.
No se dio cuenta hasta que abrió la puerta de atrás y sentó a Anthony en el asiento que este estaba llorando. Y entonces vomito. Otra vez.
¿Habéis llorado? yo lloré la primera vez que leí este capítulo cuando Anthony se pone a llamar a su mamá. Pobre criatura. Y ¿no habéis sentido un poco de pena por Edward? El pobre no tiene ni idea de lo que hace, pero sabe que no lo esta haciendo bien, pero tampoco puede arriesgarse a perder su empleo... todo es una mierda... ¿verdad?
