Capítulo 5 – Autopista al infierno

Edward esperaba otra carta encantadora de la Señorita Swan después de su descarada indiferencia hacía la noche de vuelta al colegio que celebró la escuela, pero podía agradecer que no recibió ninguna. En lugar de eso, la mochila de Anthony estaba llena de papeles y proyectos de arte que probablemente habían estado expuestos esa noche. Cuando Edward recogió a Anthony del programa extraescolar, se dio cuenta que la ayudante atractiva con la que se había descargado había sido remplazada por la desaliñada ayudante anterior. Que mal; Edward había estado planteándose una disculpa por su diatriba verbal.

Anthony se arrastraba en silencio al lado de Edward mientras caminaban hacía el coche. De reojo, Edward vio que Anthony había sacado la desgastada marioneta similar a una muñeca de su mochila y la frotaba insistentemente con sus dedos.

"Creía que ya habíamos hablado de la muñeca. ¿Donde esta el camión que te compré?" preguntó Edward.

"No es una muñeca," insistió Anthony. "Me lo hizo la abuela."

Vale…bueno. No hay nada más que decir de la muñeca…digo, marioneta.

"Tengo hambre," dijo Anthony una vez se puso él solo el cinturón en el asiento de atrás del coche de Edward.

Edward miró el reloj y vio la hora. Definitivamente era casi la hora de cenar, pero no había comida en casa. El día de pago había sido el día antes, pero entre el alquiler, el seguro del coche y la factura del teléfono que tenía atrasados dos meses, Edward sabía que cenar fuera era un lujo que no se podía permitir. Veinte dólares se aprovecharían más en un supermercado que en la pizzería de la esquina.

Mientras conducía, Edward, pensó en la fiesta para Anthony que Alice había insistido en celebrar. Sabía que era extraño que aun no hubiese presentado a su propio hijo a sus amigos, pero para ser honesto, estaba evitándolo. Anthony y él aún se estaban haciendo el uno al otro, y ya era lo suficientemente incómodo sin público.

Había muchos "problemas" que Edward había visto entre él y Anthony que le gustaría rectificar antes de mostrárselos a sus amigos. El más urgente era que Anthony y Edward aun dudaban en como dirigirse el uno al otro. Edward llamaba a Anthony por su nombre cuando le hablaba directamente, pero nunca le llamaba hijo. Y Anthony nunca le llamaba a Edward nada. Él simplemente empezaba a hablar. Estaba seguro que eso sería algo que la gente vería raro.

Anthony y Edward tampoco estaban cómodos tocándose. Si Edward necesitaba coger a Anthony para subirle al coche, Anthony siempre estaba rígido, intentando mantener el menos número de puntos de contacto posibles entre su cuerpo y el de Edward. Y Edward nunca cogía al pequeño niño de la mano, ni siquiera al cruzar la calle. Siempre pensaba cuando la situación lo requería que debía cogerle la mano o guiarle mediante contacto físico de algún tipo. Pero cuando se decía así mismo que debía hacerla, la oportunidad ya había pasado. Ocurría siempre.

Él único supermercado de Forks estaba bastante abarrotado los viernes por la tarde. Rápidamente Edward agarró un carro y Anthony caminó a su lado. Mientras Edward empujaba el carro por los pasillos, mentalmente calculando el total mientras colocaba varios artículos en él, vio que una mujer le observaba mientras compraba. Cuando llegó al pasillo de los cereales se las apañó para cruzar una mirada con ella. Sin embargo tan pronto como esta vio a Anthony, esta puso una caja de copos de maíz en su carro y se alejó, dejando a Edward con la duda de la credibilidad de la persona que dijo que las mujeres se sientes más atraídas hacía los hombres que no están disponibles.

Ya hacía algún tiempo desde la última vez que Edward había estado con una mujer. En el pasado, un pequeño periodo de sequía nunca preocupó a Edward; después de todo, nunca duraban demasiado. Lo que le preocupaba a Edward, sin embargo, era el presente obstáculo que como padre había aparecido en su vida. Llevar una mujer a casa ya no era una opción, ni tampoco lo era ir a la casa de ella. Pensar en lo complicado que iba a ser ahora salir hizo que Edward estuviera a punto de tener un ataque de pánico.

"¿Te gustan los perritos?" Edward preguntó a Anthony, intentando liberar su mente de pensamiento anterior.

Anthony asintió. "Y los macarrones con queso," añadió.

Mientras Edward miro las indicaciones de preparación para ver si sería capaz de cocinar los macarrones con queso, se dio cuenta de que ni siquiera sabía si había algo que Anthony no pudiese tomar.

"¿Tienes alergia a algo?" Edward preguntó. ¿Sabría Anthony que significaba esa palabra?

"Los gatos," contestó Anthony. "Me hacen estornudar."

Edward sonrió. Un poco de orgullo le inundó al comprobar que si hijo era muy inteligente… y ese sentimiento fue rápidamente destruido cuando se dio cuenta de que él no tenía nada que ver con ello.

"¿Y en la comida? ¿Tienes alergia a alguna cosa de comer?"

Anthony pensó durante un momento. "Al brócoli, creo."

Se miraron el uno al otro durante un tiempo mientras Edward intentaba descubrir si a Anthony simplemente no quería que le obligara a comer vegetales, o si realmente le provocaba algún tipo de reacción.

Finalmente, Edward se encogió de hombros, dándose se cuenta, que de cualquiera de las formas, no iba a intentar hacer a Anthony comérselo.

En la caja, los ojos de Edward volaban entre el creciente total en el marcador digital y los artículos de comida que pasaban por la cinta transportadora. Sus dedos aplastaron los dos billetes que tenía en la mano que sumaban veinticinco dólares y espero tener suficiente para pagar el pequeño número de artículos que había cogido.

"¿Puedo coger esto?" Anthony alzó un paquete de M&M's a Edward para que lo viera.

Justo cuando Edward se giró para verlo el cajero dijo el total de veinticuatro dólares y ochenta y seis centavos. Edward suspiró mientras buscó en sus bolsillos calderilla. Salvo una pelusa, sus bolsillos estaban vacíos.

"¿Cuanto cuestan los caramelos?" Edward preguntó. Odiaba tener que decirle siempre que no a su hijo.

"Setenta y cinco centavos," contestó el cajero.

Edward hizo inventario de los artículos que tenía delante: leche, cereales, perritos, dos cajas de macarrones con queso, papel higiénico, pan, dos manzanas, mantequilla de cacahuete y mermelada de uva. Lo necesitaba todo. Con los macarrones con queso tenía solucionada la cena de dos noches. Un paquete de caramelos apenas le duraría el trayecto en coche a casa.

"Mira, Anthony…"

"Lo sé, lo sé," Anthony dijo hurañamente mientras volvía a poner los caramelos en su sitio.

Edward suspiró y miro al cajero. "¿Puede quitar una de las cajas de macarrones?"

"Mmm… espere un momento…" el cajero cogió algo de debajo de la caja registradora y saco un cupón de descuento de un dólar para el papel higiénico que Edward estaba comprando. Añadió los caramelos y le dijo a Edward su nuevo total de veinticuatro dólares y sesenta y dos centavos.

La vergüenza sonrojo a Edward mientras cogía las dos bolsas de plástico llenas de las cosas que habían comprado y salían de la tienda. Silenciosamente Edward, se pregunto si el cajero en su descanso les contaría a sus compañeros la historia del padre que no pudo ni siquiera malgastar setenta y cinco centavos por unos caramelos para su hijo.

Con el espíritu por los suelos, ofendido por el cupón de descuento, Edward buscó por una de las bolsas y saco el paquete de caramelos cubiertos de chocolate para su hijo.

Edward se dio cuenta con que ansia Anthony agarraba el dulce. "Gracias," dijo suavemente.

Fue la primera vez que Edward vio a Anthony sonreír y eso hizo que su humillación casi hubiese valido la pena.

Los sonidos que hacía Anthony mientras se preparaba para meterse en la cama llenaban el apartamento y Edward se dio cuenta de que se quedaba sin tiempo para decirle sobre la fiesta que se celebraba en su honor.

"Eh, Anthony…mañana vamos a una fiesta," comenzó Edward.

"¿Qué tipo de fiesta?" Anthony dijo mientras sacaba su almohada del armario del pasillo y la ponía en el sofá.

"En realidad es una fiesta para ti. Mis amigos quieren conocerte y pensamos que la mejor forma sería en una fiesta," dijo Edward.

"¿Habrá juegos?" Anthony quiso saber.

Edward se relajó cuando vio que a Anthony parecía estar a gusto con la idea. De repente no supo porque se sintió nervioso al respecto. Vagamente recordó las palabras de Emmett, diciéndole que a todos los niños les gustan las fiestas.

"Mmm... no lo sé," dijo Edward, porque realmente no tenía ni idea de que esperar. "¿Qué tipo de juegos te gustan?"

Anthony se encogió de hombros. "Me gustan las damas y los puzzles y las "tres en raya""

"¿Qué me dices de los deportes? ¿Te gusta el football o el baseball?"

Anthony negó con la cabeza. "Nunca he jugado a eso."

Nada de deportes. Claro. Jessica odiaba los deportes.

"Bueno…quizás te enseñe a jugar un día," Edward ofreció.

"¿Cuando?"

"¿Que te parece el domingo?"

"Pero no tengo un balón de football."

"Oh…claro." Edward tampoco tenía un balón, ni el dinero para comprar uno. "Bueno, a lo mejor podemos ir la semana que viene a la tienda y comprar uno"

Anthony miró a Edward como si no confiara en que Edward fuera a hacer lo que decía, pero no dijo nada. Simplemente aparto la fina manta y se metió debajo.

Edward se quedo de pie incómodamente ante Anthony, observando el ritual diario de cada noche. Se preguntó en que consistía el ritual que Anthony tenía cada noche con su madre. ¿Le arroparía? ¿Un beso? ¿Alguna oración? Por favor, Señor, no permitas que mañana sea un infierno.

Anthony cerró los ojos y Edward camino el pasillo a su propia habitación, apagando las luces mientras lo hacía. Justo antes de cerrar su puerta, pudo oír las pisadas de los piececillos en el suelo miró justo a tiempo para ver a Anthony encender la luz de la entrada antes de arrastrase de nuevo al sofá. Claro. Miedo a la oscuridad.

Al día siguiente, en el trayecto en coche a casa de Alice y Jasper, Anthony le pregunto a Edward sobre sus amigos.

"¿Como se llaman?" preguntó.

"Alice y Jasper, la fiesta es en su casa. Y mi amigo Emmett también estará, probablemente con su... amiga, Rosalie," Edward explicó.

"¿Habrá alguien de mi clase del colegio?"

Mierda. ¿Por qué no he pensado en eso?

"Oh, no lo creo. Solo son unos pocos de mis amigos. Quieren conocerle y no podrán si hay mucha gente." Edward explicó de nuevo.

Pero cuando aparcó frente a la del pequeño chalet que Jasper compartía con Alice, Edward inmediatamente que sus amigos acababan de convertirle en un mentiroso.

"¿Quien es toda esta gente?" Edward preguntó abriendo los ojos cuando Jasper lo recibió en la puerta.

"Alice quizás allá invitado a algún compañero de trabajo… que a su vez han invitado a algunos amigos. Hey, todos han traído cerveza, así que todo esta bien," Jasper se encogió de hombros. Después miró hacia abajo y vio a Anthony parado al lado de Edward. "Wow," dijo mirando a Edward y al chiquillo. "¡Tío, se parece mucho a ti!"

Emmett vio el intercambio en la puerta de entrada y se acerco rápidamente para echar un ojo a lo que ocurría. Sabiendo que su gran tamaño podría ser intimidante para el niño, Emmett se puso de cuclillas para estar a la altura de los ojos de de Anthony y le sonrió. "Es como mirar a un Edward en miniatura," dijo sonriendo.

"Jasper, Emmett, este es Anthony," Edward presentó. "Anthony, estos son mis amigos Jasper y Emmett."

Desde el interior de la casa, se escuchó como si alguien caminara hacia la puerta pellizcando un globo lleno de aire y dejando escapar el aire lentamente. El sonido continuó mientras se acercaba a la puerta, hasta que de repente, Alice estaba frente a ellos, gritando al ver al pequeño de Edward.

"¡Edward, es adorable!" Alice exclamó mientras le cogía en brazos y le llevaba dentro de la casa, dando por terminada la conversación en el porche.

Edward observó mientras Alice abrazaba a Anthony que parecía nervioso. Pero cuando ella le mostró la pila de regalos en una esquina de la sala de estar y le dijo que era todo parar él, Anthony se bajo de sus brazos nervioso y empezó a coger cosas de su recompensa. Con un suspiro de felicidad, Edward dejó Anthony con Alice y se dirigió en busca de una cerveza. Hacía ya algún tiempo que no había podido tomarse unas cuantas y charlara con sus amigos.

El tiempo paso, sin que Edward se diera cuenta, hasta que Alice vino al porche trasero y ofreciendo un plato de hamburguesas y perritos a su mesa.

"Gracias por dejarme hacer todo la comida, chicos," protestó. Jasper le guiñó un ojo y le dio un suave pellizco en el trasero mientras cogía un perrito caliente.

"Yo me encargo de limpiar," se comprometió.

"Que amable," sonrió Alice.

Edward se levantó para buscar a Anthony. Si Alice estaba fuera, significaba que nadie estaba vigilando al niño.

Mientras esquivaba a la gente, Edward se tensó intentando oír algún sonido que pudiera estar producido por un niño. Pero todo lo que oía era la música de fondo en la distancia, risas, voces femeninas y masculinas entremezcladas y el sonido de los cubiertos de plástico y botellas de cristal chocando.

Observando que Anthony no se separaría mucho del lote que había recibido, Edward se dirigió a la sala de estar, hacía la esquina llena de regalos. Aunque Anthony no estaba allí, no estaba muy lejos.

Estaba de pie cerca de una chica donde una mujer de pelo oscuro se sentaba frente a él con su brazo despreocupadamente alrededor de él. Otra mujer, a la que Edward inmediatamente identifico como la novia de Emmett, Rosalie, estaba de pie ligeramente detrás de ellos observando lo que hacían, su expresión era una mezcla entre aburrimiento y distracción.

Edward levantó las cejas sorprendido cuando una burbujeante risa escapó de los labios de Anthony. Era un sonido de felicidad, un sonido infantil… un sonido que Edward no había oído nunca antes.

La mujer de pelo oscuro parecía un poco familiar con Anthony, pero desde donde estaba, Edward no podía entender por qué. A hurtadillas, se acercó, queriendo resolver quien era esta mujer que estaba interactuando con su hijo, pero no queriendo aun terminar con el agradable momento Anthony claramente estaba disfrutando.

Cuando estuvo lo suficientemente como para oír de que hablaban, la mujer levantó la vista y Edward pudo verle la cara. Era la misma mujer que estaba en el programa de cuidado extraescolar, la que era guapa.

El estomago de Edward se retorció al recordar que le debía una disculpa a esta mujer por su pésimo comportamiento la última vez que la vio.

Decidió que una disculpa debería ser en un momento más apropiado, cuando no hubiese testigos, en caso de que ella quisiera hacerle saber lo inapropiadamente que él se había comportado. Un pie tras otro, Edward comenzó lentamente a caminar de espaldas, dejando al trío disfrutar de su momento sin él.

Aunque su intención era salir desapercibido, Edward dio con el pie a una mesilla empujándola ruidosamente contra la pared, tirando lo que tenía encima al suelo.

Rosalie y la mujer de pelo oscuro dirigieron sus ojos hacia la intrusión para acabar en Edward.

"Hey, Edward," Rosalie sonrió mientras caminaba hacia él para ayudarle a recoger lo que se había caído. "¿Como te está tratando la paternidad?"

"Oh, ya sabes…" Edward dejó de hablar cuando se dio cuenta de que la mujer de pelo oscuro estaba escuchando su respuesta.

"Bueno tu hijo es una monada," Rosalie dijo. "Pero Emmett no me explico muy bien cuantos años tenía Anthony, así que el regalo que le traje no es en realidad suficiente," Rosalie dijo mientras sujetaba un pequeño bate de goma y una pelota.

"Oh, eso está bien," Edward dijo, aunque estaba seguro de que eran en realidad juguetes para perro, y no para un niño.

Anthony rió de nuevo y Edward vio que él estaba tirando de la mujer morena hacia él y Rosalie. Edward le ofreció una sonrisa disimulada, esperando que ella comprendiera su silencioso ruego de perdón.

"Si, bueno no pareció importarle que no le trajéramos nada," Rosalie siguió hablando. "Esta bastante contento por tener a su profesora aquí."

"¿Su profesora?" Edward se atraganto con las palabras.

Miro para ver a la mujer de pelo oscuro ahora frente a él, tendiéndole la mano en forma de saludo.

"Hola, Sr. Cullen. No creo que hayamos sido presentados formalmente. Soy la profesora de Anthony, Bella Swan."

Un grito ahogado escapo de la garganta de Edward cuando los ofensivos insultos que él sin saberlo lanzó a esta mujer se estrellaron en su memoria.

"Es u-usted la S-Señorita Swan?" el tartamudeó mientras le estrecho la mano solo un momento.

Una sonrisa conspiratoria cruzó su cara antes de desperecer mientras hablaba. "Señorita Swan, Bella…arpía delirante… respondo a muchos títulos."

Joder… bienvenido al infierno.


Jejeje, en fin... Edward no sabía que era Bella, aun así no tiene disculpa pero... en efecto... la cagaste chaval