Capítulo 7 – Si te vas

Edward sentado en la mesa en el patio de Alice y Jasper, su barbilla descansando en la palma de su mano.

"¿Así que la conoces muy bien?" se giró hacia Rosalie.

"Lo suficiente como para saber que no se merecía que le llamaras zorra," Rosalie dijo mientras entrecerraba los ojos en dirección a Edward.

"Por última vez, no sabía que estaba hablando con ella y estaba jodido porque me dijo que tenía que pagar 150 dólares porque llegaba tarde para recoger a Anthony," Edward explicó.

"¿Ciento cincuenta dólares? ¡Es una zorra!" Emmett interrumpió.

"Em, ella no hace las reglas. Es bastante normal que a los padres se les cobre por minuto si llegan tarde a recoger a los niños" dijo Rosalie antes de volver a clavar su atención en Edward. "Y te estaba diciendo la verdad. Esta obligada por ley a denunciar cualquier cosa que le parezca una negligencia. Estoy totalmente segura que dejar a tu hijo en un lugar sin supervisión se puede calificar de negligencia."

"Hay gente allí," Edward dijo indignado. A lo mejor eran vigilantes, pero técnicamente Anthony no estaba solo.

"Mira, tío, parece que te vas a caer hecho pedazos. Quizás debas tomarte un pequeño descanso y encargarte de todo esto" dijo Jasper.

"¿Y como se supone que voy a hacer eso?" preguntó Edward.

"El Lunes, ve a hablar con Pete. Tomate unos días de vacaciones," sugirió Jasper.

"Ni hablar," Edward lo tomo como una ofensa. "¿Cuantos tíos están esperando en su casa? Si me cojo vacaciones…"

"Edward, tienes dos semanas de vacaciones al año como todo los demás. No te has cogido ningún día para solucionar este tema. Si sigues así, te vas a poner enfermo. Creo que es mejor que te cojas unas vacaciones planeadas a que llames de repente porque estas enfermo."

Edward tuvo que admitir que Jasper tenía razón.

"Y yo, si fuera tu, no tomaría por costumbre molestar a la profesora. Parece que puede hacer que tu vida sea un autentico infierno," dijo Emmett.

"Yo lo haría si fuera ella," Rosalie seguía mirando a Edward. "Y si fuera , le besaría el culo para asegurarme que no me denuncie."

Edward seguía dándole vueltas a las palabras de sus amigos el lunes por la mañana después de dejar a Anthony en el colegio, solo un poco pronto para irse directamente al trabajo. Llego por los pelos para sellar antes de que empezara su turno y para cuando estaba subiendo las escaleras hacia la oficina de su supervisor ya se había decidido. Necesitaba unas vacaciones o le daría un infarto. Simplemente no podía seguir con esta rutina.

"Hey, Pete," Edward asomó la cabeza después de llamar suavemente. "¿Tienes un minuto?"

Edward no se dio cuenta de que Pete estaba al teléfono, pero este le hizo una seña para que entrara de todas formas. Edward entró y silenciosamente se sentó enfrente de el al otro lado de la mesa, esperando su turno. Miro por la oficina mientras esperaba. Se fijó en una rosa envuelta en papel celofán que parecía fuera de lugar en la mesa de Pete. Mientras esperaba, Edward imagino distintos lugares en los que Pete podía haber conseguido esa rosa. Intento contener una risa que provocaron la mayoría de esos pensamientos.

"¿Qué puedo hacer por ti Edward?" Pete pregunto nada más colgar el teléfono.

"Mmm… quería hablar contigo sobre la posibilidad de cogerme unas pequeñas vacaciones... próximamente," Edward tartamudeo mientras Pete empezó a mirar los papeles que había por su mesa con los horarios del personal. "Si no es un buen momento..."

"En realidad, Edward, es el momento perfecto. ¿Que tal si empiezas las vacaciones hoy?" Pete preguntó.

"¿Hoy?" Edward tragó con dificultad. No estaba seguro de si le estaba concediendo su petición o el despido permanente.

"Estaba hablando con los de la corporativa," Pete señaló al teléfono, "y quieren venir a hacernos una visita en algún momento esta semana. Cuanta menos gente haya por aquí, mejor. Si no a lo mejor deciden hacer recortes otra vez. No te tengo en la sierra circular esta semana, así que es un buen momento para que te tomes un descanso."

Edward asintió. "Vale… pero solo una semana, ¿verdad? Quiero decir… No me van a relegar por cogerme unos días ¿verdad?"

Pete era un hombre grande, a sus espaldas sus compañeros le llamaban Jabba, por el personaje Jabba the Hutt de La Guerra de Las Galaxias. Pero sus rasgos intimidatorios no iban más haya de su físico. Con sus empleados, Pete era amigable, comprensivo y honesto. Los recortes de personal recientes habían sido devastadores para él, así que cuando vio el miedo en la cara de Edward, se simpatizó en seguida.

"Edward, eres uno de mis mejores chicos. Si tuvieras algo que temer, será solo si cierran la planta y entonces tendremos que preocuparnos todos, y no creo que eso vaya a ocurrir en un futuro cercano, así que ve, tómate unos días, y cuida de tu hijo. No pienses en este lugar hasta que vuelvas el próximo Lunes."

"Gracias, Pete," Edward respiro tranquilo. Mientras se levantaba para marcharse, la rosa volvió a llamarle la atención. "¿Tu señora y tu tenéis una velada romántica planeada?"

Pete miro y vio que Edward señalaba con la cabeza a la rosa, sonrió antes de cogerla y dársela a Edward. "Un vagabundo cerca del túnel me la dio por darle dos dólares por limpiarme los cristales."

"¿Limpiar los cristales? ¿Así es como lo llaman ahora?" Edward bromeó mientras guardaba su recién adquirida rosa.

"Lárgate antes de que cambie de idea y te quite el sueldo durante los días de vacaciones"

Con un saludo final, Edward salió de la oficina de Pete y se dirigió a casa para solucionar el desastre en el que se había convertido su vida… después de una siesta rápida.

Cuando Edward volvió a casa, se tomo su tiempo para hacer las cosas que ya nunca hacía porque no tenía tiempo: comprobar y organizar su correo, sacar la basura, recoger la ropa sucia y llevarla a la lavandería y tiro la comida que estaba caducada en la nevera.

Mientras Edward andaba por el apartamento cogiendo objetos que estaban por el suelo, vio la marioneta de Anthony en el sofá. La cogió para mirarla mejor y se dio cuenta que olía fatal. La puso en la cesta de la ropa y se fue a la lavandería del edificio. Cuando llegó se alegro de lo vacía que estaba la habitación. Solo había una lavadora en marcha, lo que significaba que podría hacer toda su colada de una vez. Acabaría enseguida.

"Vaya, la gente que no trabaja durante el día no tiene ningún problema," murmuró mientras ponía sus cosas y las de Anthony en la lavadora. Miro el reloj por casualidad u vio que quedaba media hora para que Anthony saliera del colegio. Se preguntó si a su hijo le gustaría que le recogiera nada más acabar las clases o si le gustaba el cuidado extraescolar. De todas formas, estaría bien no tener que pagar una semana de cuidado extraescolar.

Edward llego justo cuando sonaba el último timbre. Las puertas de las clases se abrieron y de repente todo estaba lleno de niño por todas partes. Cuando llegó cerca del pasillo de la guardería, pudo ver a Anthony al que llevaban hacía el aula de cuidado extraescolar.

Y entonces la Señorita Swan pasó rápidamente.

Tan pronto la vio, las palabras de Rosalie resonaron en su mente. Edward sabía que tenía que disculparse, simplemente no creía que una disculpa improvisada fuera a solucionar el daño que había causado.

Bésale el culo, Cullen.

De repente Edward recordó la rosa de Pete que aun estaba en el asiento del copiloto del coche. Corrió de vuelta al aparcamiento pensado que una ofrenda de paz era justo lo que necesitaba para allanar un poco el campo de juego.

Durante la corta excursión, sin embargo, la duda le invadió y mientras, de pie, miraba la rosa por la ventanilla, no estaba seguro de que fuera muy buena idea.

"Va a pensar que intento seducirla," murmuró.

Pero la gente usa flores para pedir perdón todos los días…

Rápidamente abrió la puerta y cogió la flor, proponiéndose hacerlo y seguir adelante. Mientras lo hacía, golpeo la bolsa de su almuerzo del día que cayó al suelo.

¡Una manzana! Llevarle a la maestra una manzana… ¿o flores?

"Al diablo..." Edward dijo por lo bajo reprendiéndose a si mismo por ser incapaz de tomar una decision tan simple.

Una mujer corriendo hacía su coche le recordó a Edward que estaba perdiendo el tiempo. Cogió la manzana y la limpio con su camiseta mientras sujetaba la rosa con la misma mano.

Bésale el culo, Cullen. Casi que prefería equivocarse por hacer demasiado que por no hacer lo suficiente. Le había llamado zorra, después de todo.

La guardería estaba vacía cuando Edward entró en ella. Camino hacía la mesa grande que había en el fondo de la habitación y se sentó en una de las mesas a esperara. Miro su reloj y vio que tenía bastante tiempo antes de que dieran las 3:30; la hora que la Señorita Swan le dijo que terminaba sus tutorías.

Cuando ella entró, miraba hacía abajo, leyendo un papel que sostenía en la mano. Edward se quedo maravillado por la habilidad con la que maniobraba por la habitación sin tan siquiera mirar. Se sentó y murmuró algo irritada.

"¿Es horrible, eh?"

La Señorita Swan casi salió disparada del susto cuando vio a Edward allí. Sus ojos buscaron sus manos y cuando no las vió, su ansiedad se hizo evidente.

"¿En que puedo ayudarle, Sr. Cullen?" preguntó después de disculparse por su nerviosismo.

Queriendo dejar las cosas claras, Edward puso ambas, la manzana y la rosa delante de ella. "No sabía cual es una ofrenda de paz es apropiada para una profesora…"

Ella dijo que no tenía que darle nada, pero se fijo en como sus hombros se relajaron un poco y su sonrisa ahora parecía sincera en lugar de forzada.

Después de las disculpas y el impulso de Edward para que se dirigiera a él por su nombre, Edward observó como la conversación cambia hacía una seria conversación de negocios. La Señorita Swan le volvió a decir que si dejaba a Anthony antes de la hora permitida, estaba solo y sin vigilancia.

Y entonces Edward la vio. Esa mirada. La mirada que le decía que era un egoísta y un desastre. Que era un inútil, condenado a caer en espiral por el resto de su vida.

La última vez que había visto esa mirada, tenía doce años mirando a sus padres desde un tribunal.

Las misma emociones que aparecieron aquella vez amenazaron con invadirle mientras estaba de pie frente a la Señorita Swan. Antes de que pudiera detenerlas, las palabras salieron a trompicones de su boca:

"No puedo hacer esto,"

Pero en lugar de estar de acuerdo con él, la Señorita Swan sonó sincera e insistió en lo contrario. No solo le dijo que podía hacerlo, sino que le dijo que lo estaba haciendo.

Cuando Edward bajo la presión le dijo su insalvable problema para llevar a Anthony al colegio a su hora y poder llegar al trabajo a tiempo, ella aparentemente soluciono el problema en segundos sacando una lista de la clase y mirando a los nombres de las casa que podría traer a Anthony al colegio cada mañana.

Y por si fuera poco, sacó una plétora de información, como de la nada: manutención, seguridad social... pensión. La mente de Edward se apresuro por recopilarla toda.

Había entrado en la clase de la Señorita Swan, o la clase de Bella, ya que le permitió el honor de llamarla por su nombre, como un hombre destrozado, pero salió lleno de esperanza y promesas.

Lo primero que hizo Edward cuando él y Anthony llegaron a casa fue recoger sus cosas de la lavandería que había en el boque de apartamentos. Le sorprendió encontrar que alguien había sacado sus cosas de la lavadora y las había puesto en la secadora. Hubiese pensado que había sido un buen gesto si no fuera por un problema: mientras Edward sacaba las cosas de la secadora, se cayó la marioneta de Anthony… en tres pedazos.

"Oh mierda." Edward no sabía mucho sobre niños, pero no era había que ser un padre excepcional para saber que si arruinas el objeto favorito de hijo estabas metido en un lío.

Mientras Edward intentaba descubrir que hacer con el "juguete" decapitado de Anthony, miro la lista que le había dado Bella y resaltó las direcciones más cercanas a él y del trabajo. Se alegro de tener tres opciones con las que negociar, pero no tardaron mucho en decirles que no en las dos primeras. Una mujer tenía cinco hijos, así que no había un hueco adicional para Anthony. La siguiente familia solo estaba interesada en un intercambio, si ella dejaba a Anthony, quería que él recogiera a si hijo en la guardería y a su otro hijo que estaba en cuarto curso del colegio y les llevara de vuelta a su casa directamente después de las clases. Como Edward no podía hacer eso, no pudieron hacer un acuerdo.

Con suerte Edward encontró oro en la tercera llamada. No solo la madre estaba encantada de llevar a Anthony al colegio cada mañana, sino que a su hijo, Taylor, le encantaba Anthony. Edward le gusto saber que dejaría a su hijo con un amigo cada mañana.

Mientras los ojos de Edward revisaban la lista que había recibido, se dio cuenta de que aunque Bella no había añadido si dirección al listado, si teléfono estaba entre los números de la clase. Consideró llamarle y preguntarle su opinión sobre que debía hacer sobre la perdida de la marioneta de Anthony. Ella era realmente la única que iba a entender porque él sentía que era importante, ya que no había compartido los aspectos emocionales de su relación con Anthony con sus amigos. Aunque estaba seguro de que se lo habrían figurado ellos solos, no lo había expresado él mismo y no era algo de lo que quisiera hablar en este momento.

A pesar de eso, llamó a Jasper. Cuando n recibió respuesta, llamó a Emmett, después colgó al recordar que iba a ir a una cena de un agente inmobiliario con Rosalie.

Echando a un lado los pensamientos de que Bella iba probablemente a pensar que él era el mayor acosador a este lado de la Bahía Clallam, Edward marcó el número tal y como aparecía en la hoja de papel que estaba sujetando.

Ella contestó en el segundo tono.

"¿Bella?"

"Al habla," dijo profesionalmente.

"Um…bueno…se que esto es raro, teniendo en cuenta que me diste tu teléfono no hace ni dos horas," Edward se detuvo.

"¿Eres Edward?" Bella preguntó.

"Si, y siento mucho molestarte en casa, pero he llegado a la conclusión de que eras la mejor persona a la que preguntar, ya que sabes de niños y todo eso…"

"Vale…" Bella parecía nerviosa por oír lo que él estaba a punto de decir.

"Hoy a ocurrido con esta especie de marioneta que tiene Anthony..."

"¿Gus?"

"¿Qué?"

"La marioneta. Su nombre es Gus. Anthony la trajo él día de compartir."

"Oh… ¿de verdad?"

"Si. Gus tiene una completa historia familiar. Es realmente fascinante. Deberías pedirle a Anthony que te la contara en algún momento."

"Si, bueno… ese es el problema… Gus… ya no esta con nosotros." Edward se detuvo cuando escucho el suspiro de asombro de Bella al otro lado de la línea. En ese momento supo que ella lo entendía. "Alguien metió mi ropa de la lavadora a la secadora. Supongo que Gus no debía ir a la secadora." Edward dejó a un lado la parte de que si otra persona no lo hubiera hecho, probablemente lo hubiese hecho él. ¿Como se supone que él iba a saber que no podías meter en la secadora una marioneta de trapo?

"¿Como se lo ha tomado Anthony?" Bella preguntó.

"No lo sabe todavía, en realidad," Edward dijo lentamente.

"Edward, tienes que decírselo," Bella explicó. "Y cuanto antes mejor."

"Si, lo sé… es que me preguntaba si quizás… esto cause alguna otra cosa de lo que debería estar al tanto."

"¿Qué tipo de cosas?"

"Bueno… esto seguro de que eso… Gus era algo así como una que le daba seguridad y se lo dio su abuela, y ahora ella no está y la marioneta tampoco... ¿no se si sabes a qué me refiero?"

"Si, ya entiendo," Bella dijo, "pero vas a tener simplemente que enfrentarte a eso. No hay otra forma de hacerlo. No puedes comprar otro, y no es que este aconsejando que lo hagas... me estas pidiendo consejo, ¿no?"

"Si, totalmente."

"Bien, entonces yo te diría que, que sientes a Anthony y le digas la verdad. Y hazlo ahora. No esperes a que este a punto de ir a la cama y lo esté buscando. Dale tiempo para procesar lo que ha pasado," dijo Bella.

"¿Y después qué?" Edward preguntó ansioso.

"Bueno… honestamente… eso es todo lo que mi servicio de ayuda infantil puede hacer en esta situación," admitió Bella. "Pero no olvides que solo tiene cinco años, Edward. Si Gus le hacía sentirse a salvo y Gus ya no está ahí para hacer eso, va a necesitar que hagas eso por él. Dile que esta a salvo contigo."

Edward colgó el teléfono sintiéndose igual de perdido que cuando había descolgado. Pero sabía que Bella tenía razón. Lo último que quería era un hundirse justo antes de la hora de dormir.

"Hey, Anthony," dijo Edward mientras se acercaba a si hijo, quien, como siempre estaba sentado en el pequeño sofá de la silenciosa sala de estar.

Anthony miro hacía arriba para dar a conocer que había oído Edward, pero no habló.

"Ummm, tengo que hablarte de algo," Edward dijo incómodamente mientras se sentaba cerca de Anthony en el sillón. Luego al darse cuenta de que probablemente esta fue la forma exacta en la que alguien se le había acercado para decirle lo de su madre y abuela, Edward se apresuro a describir los hechos.

"¿Gus era tu marioneta?"

"Si… pero no le encuentro. Creía haberle puesto en la mochila, pero no está ahí," dijo Anthony. De repente Edward se dio cuenta de que parecía estresado.

"Bueno… Gus estaba un poco sucio, así que le di un baño… y mientras estaba en la lavadora, alguien, no yo, otra persona y no se quien, vino y lo sacó de la lavadora y lo puso en la secadora. Bueno... se supone que Gus no debía ir a la secadora... lo siento, pequeño."

"¿Por qué lo sientes?" Anthony frunció el ceño.

Si… tienes que decirle esa parte también.

"Um…bueno… Gus se… rompió en la secadora." Edward mostró la evidencia del querido y desmembrado objeto.

Los ojos de Anthony se abrieron como platos durante un momento antes de que su expresión volviera a la normalidad. Miró hacía otro lado y de nuevo no dijo nada.

"Hey," Edward le dio con el codo suavemente. "¿Estas bien?"

"Si, estoy bien," Anthony asintió. "Solo tengo que arreglar a Gus," dijo al respecto.

Edward miró a Gus y se preguntó si Anthony veía lo mismo que veía él, porque el estado de Gus era obviamente imposible de reparar.

"Bueno… creo que tengo una idea…" empezó Edward.

"¿Cual?" Anthony parecía esperanzado.

"¿Por qué no le hacemos un sitio especial para descansar a Gus mientras buscamos a alguien que pueda arreglarle?"

"¿Un sitio para descansar?"

"Bueno… ven, te lo mostraré."

Anthony siguió a Edward hasta el armario vestidor de su habitación. Rápidamente Edward se deshizo de unos viejos cromos de baseball que había en una caja de zapatos y se la mostró a Anthony.

"Pero está vacía. Estará muy dura para que Gus pueda dormir," dijo Anthony mientras miraba dentro de la caja.

"Vale… bien… vamos a buscar algo para hacer una manta y una almohada," sugirió Edward.

Cuando las servilletas y el papel de baño no convencieron a Anthony, Edward corto las mangas de un para de camisetas viejas y se las dio a Anthony para hacer una cama. Anthony acepto los retales de ropa y trabajo hasta la hora de dormir haciendo la cama y coloreando la tapa de la caja para que Gus tuviera "algo bonito a lo que mirar mientras esperaba".

No hubo un desastre emocional cuando Edward le dijo a Anthony que se subiera al sofá para dormir, pero cuando Edward se giró a apagar la luz, se dio cuenta de lo pequeño que parecía Anthony en ese enorme sofá el solo.

"¿Estas bien aquí, Anthony? ¿O quieres dormir conmigo?" Edward preguntó.

Anthony se levantó tan rápido que Edward no entendió su respuesta hasta que Anthony estaba a mitad de camino hacia la cama de Edward tirando de la almohada.

Era raro que Edward compartiera su cama con otro persona con la intención de dormir. Por lo que, le estaba resultando extremadamente difícil quedarse dormido mientras escuchaba la pauta de la respiración de Anthony.

Imágenes de cupones de lotería premiados y chicas de calendario aparecían en los parpados de Edward, estaba a punto de sucumbir al sueño gracias a ellos cuando la vocecilla de Anthony cortó la noche.

"Si no nos damos prisa, Gus tendrá que irse a vivir con Mami y la Abuela," susurró.

Edward se quedo quieto, considerando por un momento fingir estar dormido para poder solucionar esto después de tener un poco de tiempo para preparar que decir.

"Arreglaremos a Gus," Edward le aseguró. Luego pensó en lo que dijo Bella y aunque las palabras no parecían encajar, las dijo de todas formas. "Anthony, ¿no tienes que preocuparte, vale? Estas a salvo aquí... conmigo."

"¿Y si te pasa algo a ti? ¿Quien va a cuidar de mi?" Anthony quiso saber.

"No me va a pasar nada. Yo voy a cuidar de ti, Anthony."

"Eso es lo que dijo Mami también. Y ella ya no está."

Edward tumbado sobre su espalda, miraba hacía arriba en la oscuridad, mientras formaba palabras de ánimo en su mente.

"Anthony, se que probablemente tengas un montón de preguntas y quiero que sepas que puedes hablar conmigo de lo que quieras. Y si no puedo contestar a algo, buscaremos a alguien que pueda... juntos. ¿Vale? Estamos los dos juntos, pequeño, ¿Vale? No voy a dejarte."

Edward miro hacia la oscuridad esperando la reacción de Anthony a sus sentidas palabras; sus ojos, escrutando la oscuridad, se encontraron con la respiración del pequeño niño ya dormido.

La lluvia de emociones, en lugar de agotarle, dejó a Edward lleno de energía y bien despierto. Mientras suplicaba que el sueño volviera a él, sopeso las similitudes entre su vida y la de su hijo. Los pensamientos negativos estaban ante él instantáneamente e intento desesperadamente ocultar el hecho de que aunque los dos, él y Anthony habían perdido a sus madres cuando eran muy pequeños, solo la perdida de Anthony había sido involuntaria.


No se como se os habrá quedado el cuerpo, yo estoy en un sin vivir.

Él problema es que la autora aún no a actualizado y no puedo seguir... me muerdo las uñas de desesperación... Os prometo que en cuanto publique nuevo capítulo, lo traduciré tan rápido como pueda.

¿Quien más se muere por saber que le paso a Edward de pequeño? No se habla con sus padres, luego lo del tribunal... y ahora descubrimos que perdió a su madre de forma... "voluntaria"... madre mía.

Y pobre Gus... y Anthony... Y no me digáis que no se os a derretido el corazón con lo que le ha dicho Edward al final a Anthony... veis como puede ser un buen padre... solo necesita tiempo para aclimatarse... tiempo que no había tenido, pero ahora se ha cogido unos días en el trabajo... y esperemos que al menos sea capaz de... reorganizarse y replantearse todo de nuevo.