Se supone que es un canon divergente, pero lo mejor que pueden hacer es verlo como un AU. Spoilers de diferentes sucesos y no se exactamente de que capítulos o temporadas (hace mucho tiempo que vi la serie y ya no lo recuerdo).
Merlín le pertenece a sus respectivos autores, yo solo uso la historia para desahogar mis penas.
Una mención especial a mi mejor amiga Rei, quien gasto su tiempo en darle el visto bueno a mis ideas.
La vez cuando Merlín revela su magia.
Su contrincante se alza para el siguiente ataque, el cual sabía ya no podría bloquear, la herida de su costado sangraba tanto como dolía, un infierno, y su brazo izquierdo ya no le respondía desde su último encuentro con el suelo, ni hablar de sus piernas tan pesadas como el plomo; no sabía ya cuánto tiempo llevaban combatiendo pero hacia un rato que la histérica risa de Morgana fue remplazada por el atronador latir de su corazón en sus oídos.
Ve en cámara lenta como la espada del caballero oscuro se dirige a él y un flash de recuerdos inunda su mente. La cálida sonrisa de su madre. La imponente mirada de su padre desde lo alto de su trono. Los interminables pasillos del castillo tan similares a un laberinto que le encantaba explorar de niño. Morgana, la pequeña niña que se convirtió en su familia, compañera de juegos y entrenamientos, la que creció y se convirtió en esa hermosa dama de piel de porcelana con mirada amable y firme, la que lo retaba a ser mejor, antes de que la locura lentamente robara la humanidad de su ser. Gwen con sus miradas de cariño, tristeza, preocupación, orgullo y esa gran fortaleza que siempre la caracterizó. Su coronación. Lancelot, León, Gwaine, Percival, sus fieles caballeros que lentamente se volvieron sus amigos.
Merlín.
Merlín, su despistado e incompetente sirviente. Merlín, que lo sacaba de quicio y siempre cuestionaba sus palabras. Merlín, que jamás obedecía sus órdenes y hablaba hasta por los codos. Merlín, el que se quedaba dormido y olvidaba despertarlo. Merlín, el que odiaba salir de caza y era pésimo con una espada o cualquier arma en general. Merlín, el que sin importar lo peligroso que fuera el monstruo, criatura mágica o mago malvado de turno siempre estaba a su lado. Merlín, al que no le importaba arriesgar su vida para salvarlo. Merlín, el que de una u otra forma siempre le ayudo a ser la mejor versión de sí mismo y sin importar lo mal hablado, hiriente y cruel que podía llegar a ser cuando se enoja nunca lo abandonó a su suerte. Merlín, su fiel sirviente, escudero, compañero. Merlín su amigo, su mejor amigo, el único que veía atraves de él y nunca lo trato diferente. Merlín, quién siempre creyó en su capacidad de ser el mejor rey que Camelot merecía, aun cuando ni el mismo lo creía. Merlín y sus brillantes ojos azules que ven la bondad de cualquiera; su cálida sonrisa que te alienta y te hace creer que, aun en la situación más deplorable, hay esperanza.
Merlín quién confiaba ciegamente en él y lo último que le dijo fue una mentira para alejarlo de este cruel destino que él, menos que cualquiera, se merecía.
Era irónico como durante toda tu vida lo que recuerdas mejor, y con más intensidad, son los malos momentos; esos que te hicieron enojar, llorar o desmoronarte, que te hicieron sentir la persona con la peor suerte en el mundo y que la vida ya no tenía sentido; acumulando odio y rencor contra los protagonistas, incluso hacia ti mismo. Y que sea justo ahora, que su vida está a punto de dejar de tener sentido, cuando todo lo que podía recordar eran los buenos momentos, incluso aquellos que por muy malos que fueron, terminaron con una sonrisa orgullosa, una mirada cómplice, un entendimiento mutuo, un abrazo incómodo pero necesario, una promesa.
A centímetros de que la espada llegara a su destino, su cuerpo volvió a obedecerlo y bloqueo la estocada, y su vida se extendió unos segundos más, antes de que el siguiente caballero oscuro aprovechara su abertura y dirigiera su espada hacia él. El arrepentimiento lo golpeo. Deseo profundamente que a dónde sea que fuera después de la muerte le permitieran disculparse con Merlín y verlo una última vez.
¿Desde cuándo se sentía así?
El retumbar de la tierra bajo sus pies lo sorprendió. La afilada hoja de la espada oscura que se dirigía a su pecho choco contra algo invisible frente a él, y antes de que pudiera preguntarse lo que sucedía, una voz alta y grave llego a sus oídos, desde el bosque detrás de su ejército. Gritando palabras que no comprende; y quizá no entendía lo que esas palabras significan pero si las reconocería en cualquier lugar, eran hechizos, magia avanzando justo hacia ellos por su retaguardia. La idea de que habían caído en una trampa asalto su mente, pero ¿por qué ahora? Cuando la batalla parecía estar llegando a su fin y no precisamente a su favor.
La tierra retumba una vez más y una ráfaga de viento los golpea, meciendo violentamente los árboles. Creé estar proyectando sus propios deseos cuando de entre las sombras del bosque ve avanzar una silueta que reconocería en cualquier sitio.
Quizá la espada si había penetrado en su pecho y ahora se encontraba alucinando mientras moría en el suelo desangrado, porque ahora creía estar viendo a Merlín caminando hacia ellos mientras murmuraba y lanzaba hechizos que hacían a los caballeros de Morgana caer inconscientes.
Su corazón dio un brinco y su estómago se revolvió en una extraña mezcla de alegría y angustia. Porque Merlín estaba ahí con él, como siempre debió ser, y estaba haciendo magia.
Entonces la pieza faltante en todas esas situaciones imposibles de las que salían airosos, las tontas y débiles excusas, sus desapariciones en la taberna cada noche -y aun así su baja tolerancia al alcohol-. Todo tiene un nuevo y retorcido sentido.
El sentimiento tan familiar de la traición oprime su pecho, quiere gritar, quiere reclamar, quiere cerrar los ojos y jamás haberlo visto. Pero en realidad no, porque Merlín es en todo en lo que había estado pensando y ahora no puede apartar su mirada de él, tan Imponente.
Se siente desconcertado, el dolor en su pecho se convierte en orgullo, porque Merlín está ahí, arriesgando su vida -en más de una forma-. Merlín no lo traicionó, jamás lo hizo y jamás lo haría, solo lo protegió de una verdad que no hubiera podido manejar hasta hoy. Tampoco es como si en este preciso instante supiera como manejar toda la nueva información.
Su cerebro vuelve a trabajar después del shock inicial y se da cuenta que: Merlín está haciendo magia en medio de un campo de batalla; lleno de caballeros que en su mayoría sirvieron bajo las indiscutibles leyes anti magia de su padre, los cuales tienen grabado a fuego lo que debían hacer a la mínima muestra de poder mágico, sea quien sea.
Siente la sangre abandonar su rostro -seguro era cosa de la herida en su costado, lo cual también explicaba el escalofrió irracional que recorre su cuerpo-, al mismo tiempo que no cree que su corazón pueda latir más fuerte, pero lo hace.
Quiere llamarlo, pero su boca solo se abre sin encontrar su voz.
Su mirada choca con la de él, penetrante y seria, sus ojos brillan en dorado y grita un hechizo en su dirección y por la milésima parte de un segundo duda -los viejos hábitos son difíciles de corregir- hasta que oye el crujir de las armaduras; se gira y se sorprende por un momento de lo cerca que estaban, se reprende por ser tan estúpido, ya que se habían aprovechado de su distracción -con pensamientos de desconfianza y traición-, y estando a centímetros de ser apuñalado -otra vez- son lanzados vertiginosamente hacia atrás y chocan contra sus compañeros arrastrándolos con ellos. Una vez más todo encaja, cobrando sentido.
Merlín lo protege. Merlín lo ha protegido siempre, no solo en esta batalla. Le ha salvado la vida más veces de las que se enteró.
Los caballeros oscuros golpeados no se levantan, y han despejado un par de metros a su alrededor, pero sin perder tiempo sus compañeros comienzan a saltarlos y avanzar hacia él, alza su espada preparándose a recibirlos, cuando su visión periférica capta a alguien pasando a su lado, se congela sorprendido, pero reconoce a Merlín avanzando sin duda en su mirada -tiene el impulso de tomar su brazo y detenerlo, esconderlo detrás de él, olvidando que al parecer, Merlín tiene el poder para defenderse solo, y, que en solo unos minutos, ya le ha salvado la vida dos veces-, el moreno se coloca un par de pasos frente a él, bloqueando cualquier avance del ejercito de Morgana
—¡Emrys! —
Grita desde alguna parte Morgana, y Arthur cree haber escuchado mal. El suelo se estremece tan fuerte, que a nada estuvo de perder el equilibrio, algunas partes comienzan a sobresalir y agrietarse, el viento se espesa y fuertes ráfagas recorren el campo de batalla, derribando a los más débiles o distraídos. Un relámpago ilumina la tierra y ahora Morgana está ahí, frente a Merlín, medio escondida en el borde donde cayeron sus caballeros, con los ojos inyectados en locura y su semblante desencajado en odio.
— ¡¿Por qué estás aquí?! ¿¡Por qué le proteges?! —continua gritando por sobre el viento, y Arthur tiene un pequeño recuerdo de una niña haciendo un puchero por no ser tratada con igualdad; y, si se hubiera permitido observar mejor, habría jurado que en su mirada había más miedo que odio ahora— ¡El teme de nuestro poder y ha matado a cientos de nuestros hermanos!
— Arthur es el Único y Verdadero Rey de Camelot, y mi destino es protegerle sin importar qué, para que el suyo sea cumplido .
Arthur se pregunta qué es lo extraño en la voz de Merlín.
— ¡Su destino terminará aquí! Yo me alzaré como la Soberana Gobernante de Camelot —levanta el mentón alardeando, pero la imagen de seguridad que quiere aparentar, ni siquiera alcanza su mirada— Destruiré todo lo que alguna vez amó, igual como él y su padre me quitaron todo.
El viento a su alrededor se arremolina a los costados de la hechicera transformándose rápidamente en dos tornados, uno a cada lado de Morgana; los fuertes vientos levantan piedras y árboles, junto a espadas y soldados caídos, avanzando con rapidez en su dirección. Merlín alza un brazo deteniendo su avance sin esfuerzo.
— Arthur no es y nunca será igual a su padre —dice, y los tornados comienzan a desaparecer.
Y aun sobre el ruido del viento, y todo lo que levanto cayendo, Arthur es capaz de oír sus palabras tan llenas de sentimientos contenidos, casi como una súplica.
No lo soy, piensa Arthur desesperado, pero una voz le hace eco. ¿No lo eres? Le pregunta. Entonces, ¿por quéél nunca te contó de su magia? A casi un año de la muerte de tu padre y tu coronación. Te tenía miedo.Arthur intenta ignorar la punzada en su pecho y tragar el nudo en su garganta. Merlín no puede pensar así de él. El nunca- el no...
— No eres más poderosa que yo, Morgana, y lo sabes. Tu destino no es gobernar —.
— Mi destino lo será, una vez que acabe con tu patético Rey, mi querido hermano cobarde que se esconde detrás de la magia que juró destruir —.
Una decena de pilares de fuego se alzan de entre las grietas en el suelo. El de mayor dimensión y más imponente frente a ellos. Puede sentir el abrasador calor de las llamas en su rostro, con su resplandor cegándolo momentáneamente, oye las exclamaciones de los soldados y ve a otros más siendo alcanzados por el fuego junto a parte de la vegetación que aún queda en el lugar. El fuego avanza por sobre todo a su paso, y Arthur solo puede pensar que Merlín está mucho más cerca que él del fuego.
La risa de Morgana no se hace esperar, pero es abruptamente interrumpida por un ensordecedor trueno sobre sus cabezas.
—¡Basta!
Su cuerpo se encoge por instinto. Pero la lluvia subsecuente alivia el ardor de las llamas en su piel -mucho mejor que cualquier bálsamo-, un abundante chubasco que se siente refrescante y revitalizador. No es solo agua, piensa, mientras levanta su rostro al cielo. Tan rápido como empezó la lluvia para, llevándose todo rastro del fuego.
Una nueva realización lo golpea: Merlín es el mago más poderoso que jamás conoció. -lugar que ocupaba Morgana hasta hace unos minutos-.
— ¿Por qué? ¡¿Por qué?! —Grita furiosa, zapateando en una clara rabieta, con ojos grandes y rojizos— ¿Que no lo ves? ¡Te utiliza! Te ha estado utilizando desde el principio. Él te traicionara en el momento en que no te necesite. Tu magia, tu poder, se debe a los nuestros. Juntos podemos gobernar mucho más allá de Camelot.
La suplica en su voz es evidente al final de esa frase, Morgana tiene miedo. Arthur no recuerda la última vez que la vio tan vulnerable. Merlín, ha superado todos sus hechizos sin mucho esfuerzo y ella quiere eso, quiere ese poder de su lado, lo necesita.
Morgana ha extendido una mano hacia Merlín y espera que la tome. El silencio se extiende y Arthur no se da cuenta que ha contenido la respiración.
Debería aceptar, susurra otra vez esa voz lúgubre en su cabeza. Camelot no tiene nada tan grande para ofrecerle a alguien tan poderoso como él, Arthur ni siquiera está seguro de que es lo que podría ofrecerle a alguien como él. Pero esa no es la verdadera pregunta ahora.
¿Qué estás dispuesto a ofrecerle?
Y la respuesta está ahí, bailando al borde de su mente, burlándose. Lo que quiera, lo que sea que desee. Porque lo necesita, quiere a Merlín a su lado y no soportaría perderlo.
— Mi magia y mis lealtades son hacia una sola persona y es Arthur —. El orgullo que muestra en esas palabras no debería ser posible.
El pecho de Arthur se siente ligero al oírlo -puede volver a respirar-.
En su vida, cientos de personas le han jurado lealtad -como príncipe y como rey- y de alguna forma escucharlo de Merlín se siente correcto, esperado; aun cuando Merlín no hacia otra cosa más que demostrárselo con sus acciones -como ahora, arriesgando su vida por él, ocasión, tras ocasión, tras ocasión-, oírle le hacía sentir mejor. Porque no es hacia el "Arthur Pendragon", que es rey y gobernante de todo el reino de Camelot; si no hacía "Arthur", solo él como individuo, sin apellidos ni títulos, sin estigmas ni etiquetas, solo y simplemente... Merlín.
— Por favor Morgana, detente ahora —, pide.
—Jamás —habla lento y bajo, el rechazo ardiendo en su semblante— Los mataré a todos.
Y sus ojos pasan del dorado a un resplandor oscuro.
— No lo hagas Morgana, ese poder no solo te matará, la oscuridad consumirá tu alma —su voz se rompe suplicante, Merlín tampoco quiere matarla, a estas alturas, ni siquiera le desea la muerte.
—Daré con gusto mi alma y la de todos en el reino para conseguir lo que quiero —.
Y si antes había tenido alguna esperanza de que Morgana no estuviera completamente loca y entrara en razón, fue en ese momento que entendió que esa batalla estaba perdida hace mucho tiempo.
Al principio es solo un susurro que no escucha, del que solo se desprende el mas débil siseo, no muy diferente a cualquier otro hechizo, pero es cuando el aire a su alrededor comienza a sentirse espeso que comprende que este no es como cualquier otro hechizo. Mientras un humo oscuro rodea la delicada figura de Morgana, elevándola en el aire; de entre sus caballeros, el mismo humo se desprende y se une al rededor de su Soberana, cayendo todos ellos sin vida después.
Una vez más, la risa maníaca de Morgana vuelve a retumbar en sus oídos.
—¡Detente Morgana! —Oye gritar a Merlín y lo ve firme, con un horrible gesto de concentración y desesperación, los brazos levantados hacia ella, la magia en un velo danzando sobre él, etéreo e irreal.
Súbitamente Arthur queda sin aliento, como un golpe en el estómago, jadea por aire y ve a León y Gwaine caer a sus costados, oye a un tercer hombre caer y piensa en Percival, no sabe en qué momento llegaron a su alrededor; se dobla, sus piernas le tiemblan y amenazan con dejar de sostenerle, se toma un segundo para ver a su alrededor y encuentra a sus demás hombres en situaciones similares.
— ¡Vamos, vamos, vamoooos! —la voz de Merlín es toda desesperación.
Arthur intenta luchar contra la apremiante urgencia de aire, cuando cae de rodillas, sabe que perdió. La presión en su pecho aumenta, no entra aire a sus pulmones, su costado palpita en dolor a la par que su corazón. Levanta la mirada, no sabe si esta es la vencida y ahora sí morirá, pero quiere que lo último que vea sea a Merlín. Y él está ahí, su cuerpo parcialmente girado en su dirección, una mano extendida aun hacia Morgana y otra hacia él; desesperación y miedo en sus ojos, los cuales brillan como oro líquido.
— Aguanta, ¡maldición!
Una explosión de energía se desprende del joven mago, y el aire fresco golpea su cara, entra a sus pulmones, jadea, tose y jadea más -puede oír a sus hombres tras él pasar por lo mismo-. Su mirada vuelve a la de Merlín y esta vez ve alivio, pero el miedo sigue ahí. El mago se tambalea, retrocede un paso, dos y al tercero toda su atención a vuelto a Morgana.
Morgana, quien está siendo rodeada por el humo, aunque más bien parecía estar siendo poseída por él. El suelo tiembla, abriendo el claro en dos con un abismo profundo frente a ella, exhalando una llamarada de fuego morado como presentación, siente un frío helado atravesar sus huesos al mismo tiempo que relámpagos iluminan las nubes oscuras y rayos caen como lluvia a su alrededor.
Ese no es Merlín. Morgana lo está sobre pasando.
Arthur trata de levantarse y falla, tiene que llegar hasta Merlín, hacer algo, lo que sea para ayudarlo; lo intenta otra vez y su costado le reclama, sus piernas se doblan, pero antes de golpear el suelo, es sostenido, León y Gwaine están en sus costados tambaleándose, parecen estar en las mismas condiciones que él pero entre los tres se las arreglan para colocarlo en pie y no caer en el intento. Pero estar en pie y poder caminar son dos cosas diferentes.
— Ese es... es... —Tartamudea León a su lado, con ojos enormes sin creer lo que está viendo.
— Merlín —responde Gwaine, una mirada parecida en su rostro.
Y Arthur no entiende cómo es que hasta ahora se han dado cuenta.
— ¿Ese mago anciano siempre fue Merlín? —ahora es Percival quien lo confunde más.
¿Cuál anciano? ¿Qué es lo que ellos vieron? Que importa, no es en lo que deberías prestar atención ahora, decide Arthur, y se enfoca en el problema frente a él.
— Debemos ayudarlo —les dice a sus caballeros.
— ¿Cómo? —secunda Gwaine, apoyando su orden sin titubear.
— Que podemos hacer nosotros contra... contra eso —. León duda, pero se ve dispuesto a ayudar.
Arthur lo piensa, se fuerza a pensar tan rápido como puede, cierra las manos con fuerza -su espada incrustándose en la palma- frustrado, observa a su alrededor buscando, no sabe qué -un milagro tal vez-; pero el tiempo se le acaba cuando ve a Merlín caer en una rodilla, con los brazos temblando y su cara cubierta en sudor.
Un rayo cae tan cerca de ellos que puede sentir la electricidad estática en su cuerpo y su espada vibrar, un círculo del fuego morado rodea a Merlín, el viento se agita frio, congelante, y una serie más de rayos caen cerca.
Morgana se ríe, ríe sin parar de la forma más perversa que le ha escuchado. Sabe que está ganando.
Con la mandíbula tensa y los hombros rígidos, la ira hacia sí mismo lo consume, ¿porque es tan patético? Un rey inútil e indigno que no puede salvar ni a una persona, a la más importante para él. Los ojos le escuecen y se obliga a contener su desesperación cuando un déjà vu lo golea y recuerda la última vez que se sintió tan patético.
Merlín animándolo cuando lo había perdido todo su reino, su gente, la esperanza y su propia fe en ser un digno rey de Camelot; contándole una vieja y seguramente inventada historia de una espada en una roca y ser digno para empuñarla. En ser el único y futuro rey de Camelot.
Tiene una idea y seguramente es estúpida, pero prefiere morir antes de perderlo todo -aun cuando Merlín es todo lo que tiene en su mente-.
—León, Gwaine, Percival, reagrupen a todos y vayan al bosque, regresen a Camelot.
Son sus últimas palabras antes de correr, o al menos avanzar lo más rápido que su cuerpo le permitía, hacia Merlín, espada en mano y la determinación de no regresar sin él; si es el día en que van a caer, lo harán juntos.
— ¡Arthur! —
Oye el grito de sus caballeros que intentan seguirlo, pero un rayo cae frente a ellos deteniéndolos y realmente espera que estén bien, pero no tiene más tiempo para dedicarles cuando trata de esquivar unas llamas perdidas que intentan alcanzarlo, el frío abrazador que desprenden quemándolo.
— ¡Morgana! ¡Morgana! —
Llama para tener la atención de la hechicera, la ve girar su rostro hacia él en un ángulo imposible y unos rayos casi lo alcanzan, derivándolo, rueda por el piso y la herida en su costado le reclama que no se olvide de ella, cuando puede volver a orientarse, está a un par de pasos de su objetivo.
— ¿¡Pero qué crees que estás haciendo idiota?! —Le grita Merlín con más desesperación que verdadera molestia.
Sonríe, porque si Merlín aún tenía la fuerza suficiente para reñirle, podían intentar esto.
— ¡Salvando tu inútil trasero! — Responde, y ve como el fuego morado que rodea a Merlín se divide y ahora una parte va por él. Les esquiva como puede, pero su mano izquierda roza con una, sofoca un grito de dolor, siente como si un millón de agujas lo atravesaran, y la sensación sube rápidamente hasta su hombro.
Llega al borde del recién creado precipicio -cortesía de Morgana y su fuego mascota-, jadeando, el dolor nublándole la mente, mira hacia Merlín, quien lo está observando con terror, pensando lo peor. Arthur alza su espada y la balancea en su mano sopesando el peso y el viento, no tiene mucho tiempo para calcular, sabe que las llamas están a nada detrás de él y, con la estática vibrando en su armadura, que los rayos están por caer; da una última mirada a Merlín asegurándose que lo haya entendido y lo ve asentir.
Lanza su espada hacia Morgana y Merlín se incorpora concentrando todo el poder que tiene en ella, la espada resplandece, atraviesa el fuego que se aviva como si tratara de detenerla, una decena de rayos caen sobre ella, pero no la desvían ni un milímetro de su trayectoria. Arthur siente el aire abandonar su pecho y se da cuenta que todo ese tiempo, Merlín había estado concentrado no solo en su pelea con Morgana, sino también en mantenerlos respirando.
Está bien, puede resistir, solo un poco más hasta que la espada llegue a su destino, pero ese espeso humo que rodea a Morgana se interpone, la espada se ralentiza, brea negra escurre por su filo y su brillo comienza a opacarse. Merlín pide, ruega a cualquier ser divino que le ayude, su poder se tambalea y ve la espada retroceder, y piensa que ha sido una pésima idea, ve a Arthur caer jadeando por aire y él no puede dejar que eso continúe.
No dejaré que muera.
Es todo en lo que puede pensar.Y la espada brilla impoluta de nuevo, desvaneciendo la oscuridad de su filo.
No morirá, Arthur no morirá hoy.
Y la espada detiene su retroceso, comenzando un tortuoso y lento avance hacia su objetivo.
¡Lo protegeré, protegeré su vida cueste lo que me cueste!
La espada brilla imposiblemente atravesando cualquier barrera que la detuviera, llegando al fin a su destino.
El desgarrador grito de Morgana tortura sus tímpanos, como si fuera su último ataque, y desde el pecho donde la espada se aloja ahora, horribles grietas negras suben hasta su pálido rostro, como una muñeca de porcelana rompiéndose. El viento se agita y el fuego crece, relámpagos y rayos caen, el grito se hace más agudo, más insoportable, las grietas ahora son demasiado grandes para mantenerla unida y todo se rompe, el fuego se agita tragándose los pedazos para después retroceder hasta ya no ser nada más que un fulgor morado saliendo del suelo, para después ser sellado con una última exaltación del fuego, mientras que el viento despeja las nubes negras en el cielo.
Es una noche despejada, las estrellas tintinean y la luna brilla serena, la tranquilidad es rota por los jadeos de los caballeros de Camelot tratando de regular su respiración y comenzar a comprender todo lo que había sucedido.
—Maldición
Exhala sin aliento Arthur, mientras ve las estrellas desde su posición actual tirado en el suelo. La tranquilidad en la noche quiere envolverlo con el pensamiento de que todo había terminado, pero no puede relajarse aún, gira su rostro hacia Merlín y lo ve en el mismo sitio, hincado y el rostro bajo, la imagen misma de la derrota.
— Mer-lin...
Trata de llamarlo, pero su voz apenas y la oye el mismo. Se remueve tratando de incorporarse como puede, el cuerpo le pesa y duele, pero se las arregla para pararse, la desesperación llenando su pecho. ¿Le había pasado algo malo a Merlín?
Por su parte, Merlín se siente drenado y sin fuerza, sus brazos no le responden y prácticamente no siente sus piernas, ni siquiera sintió en que momento habían dejado de sostenerlo, tiene un agudo dolor en lo profundo de su cráneo y todo lo que puede ver desde su lugar son los cuerpos sin vida del que fue el ejército de Morgana. La hechicera había muerto al fin, Arthur y él la habían matado. Aun después de todo, sabe que Arthur aun la quería, y es gracias a su inutilidad que lo había obligado a matar a la única parte de su familia que le quedaba; trato de tragar el nudo en su garganta, ¿Cómo podría volver a ver a Arthur a la cara?
No solo por su incompetencia en manejar la situación, sino, por sus mentiras. Le había mentido a su príncipe desde el comienzo y continuó haciéndolo ahora como su rey.
Sabe que el hechizo se había roto y todos pudieron ver su verdadero rostro, al menos Arthur lo hizo, y tiene miedo. Miedo al rechazo, Arthur había sido criado para detestar la magia y a todo aquel que la portara, y aunque sabe que Arthur no se atrevería a matarlo -como hizo, en nombre de su padre, con otros hechiceros-, pero su amistad no volvería a ser la misma, había traicionado su confianza, aquella que le costó ganarse y después de todas las traiciones que hubo en la vida de Arthur, la suya era la única que aún le dejaba confiar en los demás.
No quería ver la decepción, ira o incluso odio en su mirada, no lo soportaría. Si tan solo sus inútiles piernas le respondieran podría irse de ahí antes de que su corazón fuese roto, esconderse en Ealdor con su madre o viajar por los alrededores del reino, unirse a un circo, recluirse en lo profundo del bosque, cualquier cosa era mejor al rechazo de Arthur.
— Merlín —
No pudo evitar el brinco que da su cuerpo, Arthur está ahí, sus manos en sus hombros y Merlín aún no estaba listo, aun no, no quería que pasara, no quería que nada cambiara. No quería perder a Arthur, su amigo, su otra mitad, su todo.
— ¡Por dios Merlín, contesta! —
— No... —Susurra sin notarlo.
— ¿Qué? —
— Por favor... solo- solo déjame aquí, yo- juro que haré algo, no- no volveré
— ¿De qué estas hablando? —pregunta buscando respuestas al sin sentido balbuceó de Merlín, ¿por qué quería dejarlo?
Lamentablemente para Merlín, su cuerpo seguía sin responder y Arthur lo obliga a levantar la mirada, sin poder evitarlo Merlín se encontró con la mirada del rubio, el miedo se apodero de él, pero al contrario del rechazo que esperaba enfrentar, solo vio preocupación y cariño. Estaba confundido ¿Por qué Arthur lo miraría así después de lo que hizo? ¿Después de traicionar su confianza? Y la situación se volvió más perturbadora para Merlín cuando sintió las manos de Arthur acariciar sus mejillas, limpiando sus lágrimas. ¿Lágrimas? ¿Quién estaba llorando? Sospechaba que él.
— ¿Estas bien? —le pregunta con preocupación y cariño en la voz, y el mago niega incrédulo.
— Creo que estoy alucinando —contesta bajo y sin creer lo que pasa, ni saber cuándo había comenzado a llorar.
Un suspiro y la suave sonrisa en los labios de Arthur lo inclinaron más hacia la idea de la alucinación.
— Eres un idiota —.
Y ahora estaba siendo abrazado, entre los fuertes y temblorosos brazos de Arthur.
— Tú- tú ¿no me odias?
— ¿Por qué lo haría, Merlín?
— Ya sabes, soy un hechicero, tengo magia, siempre la tuve, te mentí, te oculte cosas, traicione tu confianza, casi los matan-
—Merlín, solo cállate.
Arthur lo estrecha más fuerte y Merlín quiso corresponderle, pero sus brazos seguían sin responder, en cambio, recostó su rostro en el hombro de Arthur y se dejó hacer, el frío de la armadura calmando su dolor de cabeza y el aroma de Arthur diluyendo su ansiedad. Sabía que aún tenían mucho que hacer, aclarar y disculparse, ese abrazo no le garantizaba que Arthur no estuviera molesto con él, pero sí que no lo odiaba y el podía vivir con eso, no sabía como cambiaría su relación, si para bien o para mal; pero ahora y en ese momento, entre los brazos de Arthur, todo estaba bien.
Muchas gracias por leer.
No se cuando suba el siguiente capitulo pero quizá sea pronto, ya esta terminado y solo faltan los toques finales.
Cualquier error, duda y comentario es bien recibido.
