Se supone que es un canon divergente, pero lo mejor que pueden hacer es verlo como un AU. Spoilers de diferentes sucesos que ya no se exactamente de que capítulos o temporadas son (hace mucho tiempo que vi la serie y ya no lo recuerdo).
Merlín le pertenece a sus respectivos autores, yo solo uso la historia para desahogar mis penas.
Muchísimas gracias a mi mejor amiga Rei, quien gasto su tiempo en darle el visto bueno a mis tontas ideas.
La vez que Arthur se enamoró por segunda vez
La primera vez que Arthur se dio cuenta que estaba enamorado había sido después de derrotar a Morgana, cuando vio a Merlín derrotado y sin fuerzas en el suelo, balbuceando sin sentidos sobre ser odiado por mentir y ocultar su naturaleza de mago; y decidió -conscientemente- que no le importaba, Merlín podía ser un troll o un cambia formas, y seguiría siendo su Merlín, tonto, sin saber cuándo callarse y estúpidamente leal.
También se dio cuenta que si bien había cometido muchos errores en su vida, el más grande fue continuar con la doctrina de odio a la magia que su padre inicio. Lo que los había llevado a ese momento, con grandes pérdidas humanas sin sentido y Merlín, el mago más poderoso que existía, temblando como un niño, temiendo de él y como reaccionaria ante su secreto.
Y si bien Arthur había sentido todo un torrente de emociones desde la traición, negación y aprensión, todo fue dejado de lado cuando el miedo por perder a Merlín derrocó a las demás. Y la comprensión y aceptación llegaron sin problema ni grandes dramas.
Comprendió que las cosas no podían continuar así, el odio de su padre hacia la magia no podía seguir rigiendo su vida, y en todo caso, su reino. No eres tu padre, recuerda las palabras de Merlín, las que le han repetido innumerables veces, y que él mismo se ha repetido constantemente, quiere creerlo, pero, ¿qué ha hecho para probarlo?
Entonces, aceptó que debía cambiar, y no solo él, sino muchas de las leyes injustas o sin sentido que su padre había normalizado, la mayoría referentes a la magia, objetos mágicos, criaturas mágicas, magos, sirvientes con magia, el estar enamorado de un mago, etc. Así que comenzaría el cambio, paso a paso; pero el primero, y que necesitaba de su urgente atención, estaba frente a él esperando su sentencia.
Arthur no pudo hacer otra cosa que abrazarlo para confortarlo y hacerle saber que todo estaba bien, no sabía cuánto había necesitado abrazarlo hasta que lo hizo.
Después de ahí todo fue un caos que pondría las bases de su nuevo orden.
Todos sus caballeros estaban desconcertados y confusos, sin atreverse a acercarse en espera de las órdenes sobre qué hacer, sus más allegados no muy lejos de ellos, esperando a que "su momento" terminara y comenzaran las explicaciones, todos parecían más enteros de lo que creyó antes de que Merlín apareciera y les salvara el trasero.
No quería terminar el abrazo, porque sabía que en cuanto lo hiciera tendría que volver a ser él rey y enfrentar las consecuencias que la batalla trajo consigo, no sólo la revelación de Merlín siendo un hechicero y todo lo que eso acarreaba, sino también todas las pérdidas humanas y materiales. Respiro profundamente para conseguir valor, y si el aroma de Merlín era parte de la razón, decidió dejar el pensamiento a un lado a favor de comenzar con su plan, ya habría tiempo para las confesiones y demás aclaraciones cuándo llegarán a Camelot.
Pero tal parecía que Merlín había agotado todas sus fuerzas, porque cuando quiso apartarlo, éste se desvaneció entre sus brazos como un muñeco de trapo; esa fue la señal para que León, Gwaine y Percival se acercaran.
Después del susto inicial, concluyeron que solo se había desmayado por agotamiento. Gwaine trato de ayudarle con el moreno, pero Arthur no lo permitió. Les dio órdenes de reagrupar a los demás y ver en qué estado se encontraban, buscar a los caballos para emprender su regreso a Camelot, ya no había nada más que hacer ahí.
Antes de marcharse dirigió una última mirada al punto donde Morgana había sido tragada por el suelo.
El camino de regreso fue agotador, Arthur se apropió de un caballo para llevar a Merlín y camino a su lado en todo momento comprobando de vez en vez como estaba, no le pasaron desapercibidas las miradas curiosas y de reproche de sus hombres, pero las ignoro con toda la autoridad que su posición como rey le daba.
Los únicos que se atrevieron a caminar a su lado e intercambiar palabras con él -así como preguntar por el estado de Merlín- fueron León, Gwaine y Percival. Habían mandado a un par de sus hombres por delante para avisar al castillo y les mandaran ayuda, -hubiera preferido mandar a Percival y Gwaine, pero estos dieron una pobre escusa sobre aun estar en peligro y estar preocupados por su protección, aunque sospechaba que se referían a la de Merlín-.
Ordeno a sus hombres que regresaran con Gaius, para comenzar a atender a los heridos, lo que se traducía a revisar a Merlín, ya que sus soldados estaban en mejores condiciones de las que habrían salido de cualquier otra batalla antes, y comenzaba a sospechar que Merlín había tenido todo que ver.
La tranquilidad era algo de lo que Merlín no había disfrutado mucho desde su llegada a Camelot, pero en este momento tenía un sentimiento de paz interior, de libertad sin restricciones, mientras frotaba sobre agua a la deriva en un cálido día de quien sabe que estación y ni le interesaba, olvidarse de todo y dejarse llevar por la corriente era todo lo que importaba ahora, quería permanecer ahí para siempre, sin destinos que cumplir, ni reyes idiotas que proteger...
Solo fue dejar que el pensamiento se colara en su mente y sintió ser jalado desde las profundidades del lago, la oscuridad lo rodeo, el frío seco golpeando su rostro perdiendo el aliento, agito toda extremidad que podía, lucho para zafarse de lo que fuera que lo hundía más y más, grito pero no había ningún sonido. Cuando todo parcia perdido y la esperanza se le escapaba, una segadora luz dorada alejo toda oscuridad y ahora era sostenido por alguien desde la luz que comenzó a llamarlo, pero no entendía que quería de él, la voz le era tan familiar, haría lo que fuera por ella, la seguiría hasta el fin del mundo, le daría su vida si así lo pidiera.
No le sorprendió ver que es Arthur quien lo sostiene, mirada amable y cariñosa, sonrisa cálida, lo siente acariciar su mejilla y acomodar su desordenado cabello; un peso invisible oprime su pecho y lágrimas distorsionan su visión, porque sabe que Arthur no volverá a verlo de la misma manera -quizá ni quiera volver a verlo- no después de haberle mentido todo ese tiempo, su amistad se destruyó y es solo su culpa.
Cuando vuelve a abrir nos ojos reconoce que está en su pequeño cuarto en la estancia de Gaius -con noches enteras de insomnio observando ese mismo techo, es difícil de olvidar-, lo que no sabe es que hace ahí, tiene la ligera sensación de no ser el mismo sitio donde se quedó dormido en primer lugar. Los ojos le arden y siente humedad en sus mejillas, le cuesta demasiado tiempo hacer que su mano se mueva para comprobar que la humedad en realidad eran lágrimas.
— ¿Merlín?
La voz de Gaius lo sorprende pero no muestra ningún signo de ello, pareciera que ni para eso tiene fuerza su cuerpo. El Galeno está sentado en una silla a su lado, lo observa con preocupación y una ligera incertidumbre en su mirada, y Merlín se pregunta qué fue lo que hizo ahora.
— Lo siento —
Si iba a ser regañado esperaba que disculparse antes ayudara en algo.
— ¿Estas... estas consciente? —lo oye titubear, eso no era común en él, pero Merlín solo responde.
— Sí, lo siento, yo… —entonces la voz se le quiebra— no era mi intención, fue-fue... —entonces recuerda.
El claro, la batalla, Morgana, las mentiras, Arthur...
Las lágrimas no tardan en aparecer de nuevo y siente que el aire le falta, volvía a sentirse en las profundidades de ese oscuro lago, y como pasara anteriormente, alguien lo sostiene, pero esta vez no es Arthur.
— Tranquilo muchacho, respira, respira conmigo, vamos—le indica Gaius, quien lo había incorporado hasta sentarlo y, sentándose a su lado en la cama, lo conforta en un semi abrazo, pasando la mano por su espalda, respirando audiblemente para guiar a Merlín. No sabe cuánto tiempo pasa hasta que la sensación de ahogo se va, la presión en su pecho sigue ahí pero ya no era sofocante.
— Ten, toma un poco de agua —Gaius le extiende un cuenco con agua amarillosa.
— ¿Por qué es amarilla? —su voz rasposa tiembla un poco, tal vez estaban pasando por alguna crisis y él ahí plácidamente dormido, bebe pensando cómo solucionar en lo que sea que se habían metido ahora.
— Porque has estado durmiendo por una semana y necesitas recuperar fuerzas —acto seguido, Merlín escupe el agua.
— Espera, ¡¿una qué?! —un ataque de tos le continúa, no se da tiempo para recuperarse y su voz sale extraña— ¿Qué fue lo que sucedió? yo estaba- nosotros, la batalla había terminado y los demás estaban bien y- ¡Arthur! ¿Cómo esta Arthur? ¿Dónde-
— Tranquilízate Merlín, acabas de pasar un ataque de pánico, no te provoques otro —
— Pero-
— Está bien, todos están bien —, o al menos todos los que sobrevivieron lo suficiente hasta que Merlín los curó— Todo gracias a tu imprudencia —, porque sabe que lo hizo, pudo verlo al revisar a todos los soldados.
Merlín trata de defenderse pero Gaius lo calla antes.
— Y ni creas que puedes engañarme muchacho, no estas hecho para eso. Ahora come un poco —esta vez le pasa un cuenco con lo que parecía avena muy liquida, lo que le provocó una mueca que el mayor ve— has pasado una semana sin comer, por eso tu cuerpo no tiene fuerza para responderte, ahora, no reniegues y come despacio.
Obedientemente Merlín comienza a comer sin ganas, la avena no le sabe mal, de hecho no sabe a nada, y sospechaba que no era gracias a las habilidades culinarias del galeno. Mientras él come, Gaius sale por un momento y lo oye hablar con alguien, no sabe exactamente quién, pero el inconfundible sonido de la armadura lo delata: un soldado. Quizá este era un lugar más agradable que una celda en las mazmorras, pero igual que en una, estaba siendo custodiado por soldados. Su ánimo decae un tanto, quiere volver a dormir y no despertar en una semana más, tal vez dos, aunque pensándolo bien, si su cuerpo iba a sentirse tan mal como ahora, mejor no.
Quería atrasar todo lo posible la plática que vendría a continuación, no quera tenerla, pero sabía que tarde o temprano tendría que, porque en realidad, la incertidumbre lo estaba consumiendo, necesitaba saber de Arthur; y si en esos momentos no se encontraba en una celda, seguro era por la intervención del mismo Gaius, Arthur siempre tuvo un punto débil con él.
La voz de Gaius lo saca de sus pensamientos, volvía a estar sentado junto a él.
— ¿Cómo te sientes muchacho?
— Me pesa todo el cuerpo y un horrible dolor de cabeza detrás de mis ojos.
— Es bueno saberlo, pero yo me refería sobre todo lo que paso allá.
Repentinamente su garganta se sentía seca.
— Arthur y los demás me contaron lo que sucedió, ¿estás bien con ello?
— No lo sé, Gaius —, suspiró— no es como si hubiera tenido opción, Morgana y sus soldados los sobre pasaban y Arthur moriría si no hacía algo, pensé que podría salvarlos e irme sin que me reconocieran, pero las cosas se complicaron y solo- yo solo hice todo lo que pude para mantenerlos con vida. Morgana... —la garganta se le cierra, pero intenta continuar— Arthur y yo la- la derrotamos, trate de detenerla pero ella no escucho, trato de robar sus almas y mi poder... yo no quería...
— Lo sé, Merlín, lo sé —con sus palabras, leves palmadas fueron depositadas en el hombro del menor, queriendo transmitirle que lo entendía y no lo culpaba de nada.
— Después... —se tomó su tiempo para calmarse un poco y seguir— no se realmente que pasó, pensé en huir, pero no tenía fuerzas para ponerme de pie, luego Arthur llego, creí que estaría enojado y me reprocharía todo, pero él... él me ¿abrazó? No lo sé, supongo que ya no estaba muy consciente y solo caí sobre él —por un momento Gaius creyó ver un leve rubor en la cara de Merlín, sabía que había algo más, pero no le presionaría a contarlo, ya había revelado su más grande secreto, el chico tenía derecho de tener algún otro.
— Según sé —comenzó tomando la palabra— te desmayaste, Arthur ordeno el regreso a Camelot y por suerte encontraron algunos caballos para ayudarles con tu peso y mandar a un par de soldados por delante a por ayuda, de regreso me llevaron con ellos para revisarte, te traje aquí y desde entonces has estado inconsciente. Arthur me contó lo que paso, pregunto algunas cosas sobre pasadas batallas y tu ayuda en ellas, dadas las circunstancias no vi motivo para mentirle más y no se fue hasta que le convencí que estabas bien y que no despertarías pronto; eso fue tres días después desde que regresaron.
Merlín tenía muchas preguntas, pero la que gano en prioridad -como siempre- era lo referente a Arthur, ¿Por qué había permanecido a su lado? Debería odiarlo o no querer volver a verlo.
— Merlín, se lo que estás pensando y te aseguró que Arthur no te odia —el nombrado regresa su vista al galeno, no sorprendido porque descubriera el rumbo de sus pensamientos, él era bueno en eso.
— ¿Cómo estas tan seguro? Yo le mentí todo este tiempo, traicione su confianza, lo engañe en innumerables ocasiones, tenía un solo objetivo y lo eche a perder, soy un inútil —suspiró derrotado, llevando sus manos hasta su cara. Solo quería volver a dormir.
— Es bueno ver que al fin lo aceptas —
Si su cuerpo le hubiera respondido, estaba seguro que se habría caído de la cama de la sorpresa, por ahora solo se conformó con hacer una muy buena imitación de un ciervo atrapado mirando a su cazador, en este caso: a Arthur, parado a los pies de su cama, observándolo con su arrogante porte de príncipe sabe lo todo, "rey sabe lo todo", se corrige. Gaius se levanta de la silla y hace una inclinación de cabeza, Arthur la responde, el medico sale del cuarto, no sin antes mandarle una mirada de apoyo a Merlín.
Y si Arthur hubiera sido un poco más cruel y no hubiera estado toda esa semana preocupado por si Merlín despertaría o no, se habría divertido un poco más con la situación, la cara de Merlín no tenía precio, carraspeo tratando de componerse. El silencio lleno el lugar, ninguno de los dos sabia como continuar con esa plática que tanto habían esperado y temido a la vez. Siendo el rey, y quien no había estado convaleciente toda una semana, Arthur decidió que debía ser el quién iniciará. Respiró hondo.
— Ya te lo había dicho antes, Merlín, yo no te odio —
Merlín siempre había creído que una vez que Arthur descubriera su secreto, este lo odiaría y se alejaría de él, ese era un gran pesar que no lo abandonaba cada vez que pensaba en el tema; pero ahora que estaban ahí, con su secreto revelado y el mismo Arthur diciéndole que no era odiado, el pesar continuaba palpitando obstinadamente en su pecho.
— Eres tonto, —continuó— torpe y la persona más estúpidamente leal que conozco, ¿cómo alguien podría odiarte? —intento bromear un poco.
— Pero te mentí, traicione tú-
— Jamás me has traicionado, solo omitiste algunas cosas —se encogió de hombros, ya había tenido mucho tiempo para pensar en eso— aunque debo admitir que en un principio me sentí decepcionado porque no confiaras en mi lo suficiente para decirme tu secreto, entiendo porque lo hiciste, y no te culpo de nada.
— Confió en ti con mi propia vida —, se apresura a expresar Merlín.
— Y yo confió en ti con la mía, lo que de hecho ha pasado varias veces; pero hay ocasiones en las que no estamos preparados para confesarnos abiertamente a las personas por mucho que confiemos en ellas, ahora lo sé —le dedica una sonrisa triste y Merlín se siente tan confundido, el rubio parecía estar hablando desde la experiencia— el miedo a él que dirán esas personas importantes para nosotros nos paraliza —para sorprender más a Merlín, Arthur continuó hablando— y solo nos mentimos diciéndonos que no era el momento adecuado —. La intensa mirada de Arthur lo intimida un tanto. Era tan poco común que Arthur hablara sinceramente, tenía un mal presentimiento. No, en realidad el tenia…
— ¿A que le tienes tanto miedo, Merlín? —
La pregunta lo descoloca por un momento, se da cuenta de lo nervioso que esta, las manos le temblaban y sudan, se pregunta qué expresión tendría en la cara, jamás se permitió ser tan transparente ante Arthur, y si lo era, el ex príncipe jamás se atrevió a hondar en pláticas sentimentales.
—No voy a mandarte a la pira si eso es lo que te preocupa.
— Lo sé —se apresura a responder, pero no toma en cuenta lo estrangulada que sale su voz, no pude evitar apartar su mirada, sintiéndose avergonzado. Traga y respira hondo, luego lo intenta otra vez— Lo sé.
— Bien —asiente y se contenta con que Merlín sepa eso, camina hasta la silla al lado de la cama y se sienta, esperando a que el mago continúe, pero este tenía puesta toda su atención en examinar sus sábanas. Decide darle tiempo y cambia ligeramente el tema— Lancelot, León, Gwaine, Percival y algunos otros caballeros, que se ofrecieron voluntariamente, y que León aprobó, han estado tomando turnos dobles para hacer sus rondas y luego venir a hacer guardia.
En contra de lo que Arthur creyó, el cambio de tema no le cae muy bien al mago, hundiéndolo un poco más en sus pesares. Merlín intenta mantenerse firme para responder.
— Sería más fácil para todos si me mandaras a alguna celda —porque no podía quedarse callado ni cuando las cosas estaban a su favor.
— No —es la tajante respuesta de su rey— tú no eres un prisionero.
— Entonces porque ellos... —con confusión en su rostro Merlín observa a Arthur.
— ¿Acaso no lo entiendes? Eres un mago. En el corazón mismo del lugar donde la magia es condenada y sentenciada a muerte, y cuando quien es el responsable de hacer cumplir las leyes se niega a hacerlo; y que de hecho ha pasado días en vela tratando de terminar con el problema desde la raíz, siempre hay gente que se proclama en contra y disconforme con los cambios —la sorpresa y confusión hacían una divertida cara en el rostro de Merlín, nota antes de continuar— No podía permanecer todo el tiempo aquí, además, tenía cosas que resolver, por eso les confié tu protección a ellos. Cada cambio de turno me era informada tu condición.
— ¿Están protegiéndome? —pregunta incrédulo.
— Si, Merlín, lo están —le contesta armándose de paciencia.
— Pero, ¿por qué...? —Arthur rueda los ojos. Había estado preocupado toda la semana por Merlín, cinco minutos después y ya comenzaba a exasperarlo— No, si entiendo lo que dijiste —se apresura a decir al ver la cara de Arthur— lo que no entiendo es ¿por qué ellos se ofrecerían voluntariamente a protegerme?
— Porque nos salvaste la vida —explica tan pacientemente como si estuviera hablando con un niño pequeño— detuviste a los soldados oscuros, nos protegiste, ganaste la batalla y después de todo, con el poder que aun te quedaba, y que si me preguntas, podrías haber usado para salvar tu propia vida y huir, nos curaste todas las heridas mortales —se podía oír un ligero tono de reproche detrás de esto último, suspira calmándose. No le reprocharía eso, sin la ayuda de Merlín las bajas hubieran sido el doble. Aun cuando fue a costa de su salud.
— Sabes que muchos de ellos sirvieron bajo las leyes irrefutables de mi padre, pero al final, todos ellos aceptaron que tenían una deuda contigo —aunque solo después de que algunos de los comentarios provenientes de los más reacios, terminaran enojando como nunca había visto a León, y que este los pusiera en su lugar -Lancelot, Gwaine y Percival se lo habían contado tan incrédulos y orgullosos como el mismo se sintió al escucharlos-, pero "el incidente", como término nombrándolo, era una historia para después.
— ¿Y bien? —aceptaba que la paciencia nunca había sido su fuerte, pero el moreno parecía ya haberse calmado un poco— ¿A qué le tienes tanto miedo, Merlín? —pudo ver como los labios del mencionado se volvían una fina línea y fruncía el ceño ligeramente. Ansiedad y duda bailando en sus ojos.
Esa era una buena pregunta, ¿a qué le tenía tanto miedo? No era por su vida, lo sabía tan bien como se lo hizo saber hace un momento a Arthur...
Arthur.
Esa era la respuesta. Le tenía miedo a Arthur, pero no a lo que representaba: El Rey de Camelot; si no a 'Arthur', su mejor amigo, al que había herido, mentido y engañado por tanto tiempo. Temía que su amistad terminara, a ser desplazado de su lado, a su desprecio, y no poder volver a verlo a la cara sin que el resentimiento le devolviera la mirada. Al rechazo de la persona más importante para él, su otra mitad, la persona que más quería. La persona que más...
Ah.
Le aterraba perder a Arthur, en todos y cualquier sentido de la palabra.
Porque él... él había permitido que sus sentimientos de amistad y protección evolucionarán a algo más, un sentimiento tan maravilloso como desastroso, algo que no debía sentir.
— Mi Lord, lamento interrumpir pero es tiempo de regresar, el consejo comienza a impacientarse y si terminan hablando de más, Gwaine cortara cabezas y sospecho que León no hará nada para detenerlo.
Arthur aspira audiblemente y luego suspira lento, pidiendo paciencia ante las palabras de Percival, en algún momento después de "el incidente" León y Gwaine habían empezado a complotar contra sus nervios y salud mental, algo que jamás hubiera esperado de León.
— Descansa Merlín —dice mientras se levanta de la silla— continuaremos después —la ligera caricia que deja en el cabello del moreno lo toma desprevenido.
Lo último que ve es la silueta de Arthur saliendo por el umbral de su cuarto y a Percival lanzándole un guiño antes de seguir a su rey.
No puede evitar las lágrimas derramadas en silencio y la pesadumbre que lo envuelven esa noche.
Un par de días después Merlín se sentía mejor físicamente, ya puede ponerse de pie y su cuerpo le responde bien, el único inconveniente es que el cansancio se apoderaba de él más rápido de lo que le gustaría.
Durante el tiempo de su recuperación, todos sus amigos cercanos -dígase Gwen, Lancelot, León, Gwaine y Percival- y algunas sirvientas –las que sospecha fueron más por cotillear, que por saber cómo estaba- lo visitaron, preguntando por su salud y en su mayoría haciendo platica sin sentido.
Los caballeros en ningún momento lo trataron de forma diferente, lo que fue un gran alivio para Merlín; aunque eso no le evito un regaño colectivo y por separado de cada uno, por haber sido tan imprudente con su salud, con un par de reproches extra de parte de Gwaine por no confiar en él y decirle sobre su magia.
Pero lo que más llamo su atención y que todos los caballeros se encargaron de recalcarle, con diferentes grados de diversión y orgullo, pero solo Gwen se tomó el tiempo de explicarle, con lujo de detalles, después de regañarlo también por ser tan irresponsable para terminar en el estado en que estaba, fue todo lo que Arthur había estado haciendo para que la magia fuera aceptada: leyes sobre su uso y regulación, normas y sentencias de acuerdo al nivel de trasgresión de los hechizos usados de formas incorrectas y su intención de herir a otros con ellos. Le sorprendió lo mucho que Arthur había avanzado contando solo con Gaius totalmente de su lado en el consejo, ya que todos los demás tenían sus dudas.
Más temprano que tarde sería libre de usar su magia a favor de Camelot y no ser condenado por ello. Ese horrible dolor sobre sus hombros, que había dejado el estrés de ocultar lo que era a cada momento del día y situación peligrosa, estaba desapareciendo y se sentía respirar con más libertad. Si tan solo pudiera dejar de pensar en su última platica con Arthur.
Desde ese día sus interacciones se habían limitado, con Merlín convaleciente y Arthur demasiado ocupado, y un par de disturbios por aquí y por allá, nada que sus hombres no pudieran arreglar; solo se habían visto un par de veces en total, pensaría que lo estaba evitando si no fuera que Arthur se ha ocupado de pasar todas las mañanas para ver que tal seguía, y Merlín no sabía cómo sentirse al respecto.
La primera vez, él estaba dormido, solo supo que había pasado gracias a la apetitosa manzana roja que había dejado para él. La siguiente vez se había obligado a despertar temprano, aun así, solo pudo encontrar una deliciosa tarta de manzana. Para la siguiente ocasión si había logrado estar despierto, pero se acobardó y fingió seguir dormido, igualmente una manzana fue dejada. Al día siguiente se auto convenció de estar listo para tener esa platica con él, pero Arthur se limitó a preguntar como seguía, a decir lo ocupado que estaba y dejarle una nueva manzana. Merlín estaba tan perplejo que se había quedado sin palabras, ¡él! justamente ahora que más necesitaba de su don de hablar hasta por los codos.
Bueno, y ¿quién podía culparlo? Había pasado años al lado de Arthur y aun cuando en un principio no soportaba su engreída y arrogante personalidad, con el tiempo descubrió que había más debajo de toda esa fachada de príncipe idiota; un hombre justo, con modos bruscos pero amable, un completo idiota en temas de sentimientos pero no ajeno a ellos, el mejor en planeación, estrategia y ni hablar de su habilidad en combate. Al inicio, Merlín había permanecido a su lado por obligación -órdenes del rey, el destino, bla, bla, bla-, pero lentamente todo eso dejó de importar cuando paso de ser el "príncipe idiota" a su mejor amigo. Y ahora Merlín temblaba al darse cuenta que no solo sentía amistad por Arthur, porque él era su todo, su vida le pertenecía; y cuando estuvo a punto de perderlo en la batalla con Morgana, sintió tal desesperación y un hoyo negro se instaló en su estómago, el cual se llenó de ira al segundo siguiente porque él no iba a permitirlo, él podía e iba a impedirlo y así fue como termino entrando en el campo de batalla de forma tan imprudente -y eso que en ese momento aún no comprendía del todo sus sentimientos-.
La revelación lo golpeo como un cubo de hielo, pesado y frío, todo cobro sentido: ese miedo paralizante que le evito contarle su secreto durante tanto tiempo, el miedo inexplicable que sentía de ser rechazado y alejado del lado de Arthur.
Estaba perdidamente enamorado.
Y con esa revelación una nueva oleada de terror lo dejo sin aliento, quizá Arthur lo había aceptado como hechicero, pero estos sentimientos jamás serían aceptados. El rey amaba a alguien más.
Y ese conocimiento le dolió mil veces más que ser quemado vivo en la hoguera.
Al término de su convalecencia, que se había extendido algunos días más porque su condición se desmejoró inexplicablemente, Merlín continúo con sus quehaceres diarios como ayudante de Gaius.
Las leyes pro magia aun no estaban terminadas y Arthur sospechaba de algún ataque al reino por aquellos que se proclamaban contra dichas leyes; quizá nadie lo dijera -no desde los primeros rumores- pero era un secreto a voces en todo el castillo -y seguramente en el pueblo y más allá-, que el cambio en el pensamiento del rey sobre la magia fue a causa de su fiel sirviente, Merlín, quien había arriesgado su vida para salvar a su señor y a todo Camelot.
Así que Merlín fue restringido al laboratorio de Gaius y asignado con un guardia por órdenes directas del rey, en otras palabras, estaba confinado en una No celda, mientras hacía el trabajo de Gaius, porque el galeno aún estaba ocupado en el consejo. Él hubiera renegado de dicha decisión pero de cierta forma le resultaba mejor no estar cerca de Arthur en esos momentos hasta que controlara toda esa maraña de sentimientos que lo hacían querer salir corriendo a la mínima provocación. Arthur no había dejado de ir todas las mañanas, incluso después de que Gaius le diera de alta oficialmente, pero podía con esas pequeñas interacciones, ya que en su mayoría fingía estar dormido o apenas estar levantándose y la modorra del sueño le daba la excusa perfecta para disimular cualquier comportamiento extraño. O eso creía él, porque Arthur conocía perfectamente a Merlín y sabía que había estado actuando extraño desde su charla, quiso terminar con eso en más de una ocasión pero jamás imagino que crear toda una nueva ley, regulaciones, sentencias y demás fuera a ser tanto trabajo, tan tardado, tedioso y desesperante -sobre todo cuando los que deberían ayudarte están todo el tiempo preguntando si realmente crees que es buena idea o si valía la pena-. La valía, no solo por Merlín, si no por todo lo que los practicantes de magia tenían para ofrecer a Camelot.
En esos días se había dado cuenta de la basta variedad de seres mágicos y portadores de magia -no malvados o propensos al mal- que hubo alguna vez en el reino y que el odio de su padre había casi desaparecido, tendría muchas disculpas y retribuciones que dar, pero en general creía que podían prosperar juntos. Había aprendido que Camelot era un reino de abundante magia escondida en lo más profundo de sus entrañas, y a simple vista, brotando en cada árbol y en cada flor; sin importar lo mucho que su padre lucho contra ella, tan solo toco la superficie.
Sus deberes y estudios le habían mantenido a raya todo ese tiempo, aún tenía mucho que aprender pero para eso habría mucho tiempo, además no pretendía estar solo en ello. Ya casi todo estaba listo, solo faltaba un detalle y él podía tomarse todo el tiempo del mundo para completarlo, y ese detalle tenia nombre, ojos azules, usaba un tonto pañuelo rojo y era un hechicero.
La segunda vez que se dio cuenta que estaba enamorado de Merlín -como si la primera vez no hubiera sido suficiente-, fue a causa de una serie de rumores y mal entendidos.
Ese día, le había pedido a León que escoltara a Merlín hasta su habitación, ahí tendrían la suficiente privacidad para tratar todos los temas que le ocupaban. Tal y como esperaba se tardaron más de lo normal, al parecer estaba en lo correcto y Merlín trataba de atrasar su encuentro lo más posible.
Cuando tocaron a la puerta les permitió entrar, pudo notar que Merlín intentaba parecer tranquilo pero se movía de forma forzada, incluso cuando sus miradas se cruzaron una sonrisa vacía lo recibió. No era lo que Arthur esperaba.
— Sire —León hizo una inclinación como saludo y Arthur le correspondió.
— Gracias León, puedes retirarte —respondió con una nueva inclinación y el caballero salió, no sin antes observar, quizá por un poco más de tiempo, a quienes se quedaban en la habitación.
El cuarto quedo en silencio, algo anormal en cualquier lugar en el que Merlín estuviera. Respiro hondo, bien, empezaría por los asuntos oficiales y luego quizá podría desenmarañar lo que fuera que estuviera en la mente del otro.
— Tenemos asuntos pendientes que discutir, Merlín —tomo un sobre colocado anteriormente en su escritorio y se lo extendió al mencionado— pero antes, toma.
El mago lo recibió y examino, un pulcro sobre blanco, sellado con cera roja y el escudo real del reino impreso en ella, su nombre escrito al frente con la caligrafía inconfundible de Arthur; sintió tantas ganas de romperlo, quemar los trozos y tirar las cenizas muy, muy lejos.
Por su parte, Arthur estaba emocionado, quería ver la cara de Merlín cuando leyera la carta, la cual lo invitaba a la ceremonia donde anunciaría oficialmente las nuevas leyes pro magia, para enseguida nombrar a Merlín el nuevo Hechicero de la Corte, ese era el primer paso en su plan para confesarse y se sentía muy orgulloso de planear todo sin que los rumores llegaran hasta Merlín. Pero el mago no parecía ni siquiera cerca de querer abrir el sobre, por el contrario, parecía como si quisiera hacerlo arder.
— Es... maravilloso, Sire, estoy muy feliz por usted —la voz estrangulada y el formalismo usado, no decía lo mismo, Merlín nunca le habla así si no pasaba algo.
— ¿De qué hablas?
—La boda, es la invitación, ¿no?
— ¿Cual boda? —frunció el ceño sin entender.
— Su boda —respondió, la vacía tranquilidad transformándose en enojo, no quería hablar más de lo necesario de eso.
— ¿Mi boda? ¿Con quién se supone que me voy a casar? —replicó Arthur con un resoplido.
— Con Gwen —resopló imitándolo, ¿en serio Arthur lo iba a tratar así?— oí a las doncellas decir que te vieron hablando con Gwen en la sala del trono, que salieron muy felices y no mucho después se anunció una celebración —murmuró esas últimas palabras, algo de resentimiento colándose en ellas. Respiro hondo tratando de controlarse, Gwen es su amiga y está feliz por ella, aunque no puede decir lo mismo de Arthur— se está preparando una ceremonia y su fiesta de compromiso.
Sí. Era demasiado pedir que no hubiera rumores sobre eso...
Pero al contrario de lo que los rumores parecían insinuar, la situación real había sido totalmente la contraria. Gwen había terminado con él. Y eso estaba bien, el quiso tener esa platica con ella desde que habían regresado, pero sus obligaciones -y preocupación por Merlín- la habían fácilmente desplazado de su mente; pensándolo bien, no sabía cómo la morena lo había soportado todo ese tiempo, en retrospectiva, había sido un novio terrible, preocupado más por el reino y quien fuera que lo amenazara, que por cualquier cosa relacionada con ella.
Quería mucho a Gwen, eso era verdad, pero ahora puede ver que su relación fue más por capricho que por amor, Gwen había sido La única -además de Merlín- que lo reto y confronto aun siendo el príncipe, y si en ese entonces no hubiera estado ya, sin darse cuenta, prendado de Merlín -o eso sospechaba- ella habría sido la indicada. Lo cual hubiera sido un gran error, porque ella ya amaba a alguien más en ese entonces, él solo fue su opción por despecho o ¿su segunda opción? La verdad era que Gwen creía que Lancelot había muerto y decidió continuar con su vida, pero ¡sorpresa! Lancelot seguía vivo y ella en una relación que no sabía cómo terminar o si realmente quería hacerlo, hasta que lo vio regresar de su enfrentamiento contra Morgana y se dio cuenta de que Arthur era igual a ella. Los dos amaban a otra persona.
Gwen era una mujer temible y muy lista, que lo conocía muy bien.
— Eso sería un terrible error, porque los dos amamos a otra persona —dijo recordando las palabras que ella había dicho. Se dio cuenta de su desliz demasiado tarde. No era así como quería comenzar esta plática, pensó con pesar.
El silencio reino por el tiempo suficiente para que creyera que su desliz no había sido entendido hasta que oyó estallar en preguntas a Merlín.
— ¡¿Qué?! ¿Los... los dos? ¿Tú y ella...? pero, como, cuando... yo no... Ella- ella no... Nunca dijo... tu... —tartamudeo sin sentido, sus ideas se encimaban y las palabras se entre cortaban queriendo salir todas al mismo tiempo.
— En español, Merlín —rodo los ojos, lo vio boquear un par de veces más hasta que las palabras salieron.
— ¿A- a quién? —
Arthur lo pensó un momento y decidió sus próximas palabras.
— A Lancelot —intento dirigir la atención hacia Gwen y escapar de tener que responder esa pregunta, pero al ver la expresión de completo shock en Merlín supo que lo había mal interpretado.
—¡¿Te gusta Lancelot?! —ese grito se lo confirmó. De alguna forma la idea de que Merlín creyera que el quería algo con Lancelot le resultaba molesto.
— ¡Me refiero a Gwen! Gwen ama a Lancelot ¡idiota!—
— Lancelot no es idiota —respondió por reflejo indignado, Lancelot era un gran amigo, pero ese no era el punto aquí.
— ¡Me refiero a ti! ¿¡Y por qué rayos lo defiendes?! —la molestia se convirtió rápidamente en enojo, ¿por qué Merlín defendía a otro?
— ¡No soy ningún idiota! Y Lancelot es un gran amigo, un verdadero caballero que-
— ¡No me interesa!
— ¡Pues vas a oírlo de todas formas! —justo como él tuvo que escuchar sobre su compromiso, aunque al parecer no había compromiso...
— ¡Ay, por favor! —lo que sea que Lancelot fuera no quería escucharlo, y sin pensarlo demasiado recorrió los dos pasos que lo separaban de Merlín y lo calló.
Merlín no lograba procesar que era lo que está pasando, Arthur esta sobre él, o más bien sus labios, sus manos a ambos lados de su rostro, pero al momento siguiente todo desaparece y ve a Arthur alejarse y caminar de un lado a otro frente a su escritorio mientras revuelve su cabello.
— ¡Maldición! Siempre me sacas de quicio, Merlín
— ¿Qué...? —la palabra sale en un susurro y por reflejo, Merlín llevo su mano a sus labios tratando de averiguar qué había pasado.
Comenzando proceso de reinicio, recapitulando:
Esa mañana, Merlín se encontraba tranquilamente iniciando sus actividades en el laboratorio de Gaius, un tanto triste. No. Preocupado, si, preocupado era la palabra correcta; porque Arthur no había pasado esa mañana, pero estaba bien, él no tenía obligación de hacerlo, siempre supo que tarde o temprano el rubio se cansaría y todo terminaría ahí, así que continuo sus labores -sin estar dirigiendo miradas de vez en vez a la puerta-, hasta que alguien toco, el mismo acto le indico que no era Arthur porque él nunca tocaba -¿por qué lo haría? Es el rey. Grito un 'Pase' y León fue quien entro.
El caballero le indico que debía encontrarse con Arthur en sus aposentos, y por más que trato de hacer tiempo y zafarse de él, este le aclaro que su orden fue "escoltarlo" hasta ahí, no solo avisarle. Sin poder atrasarlo más, Merlín cedió y siguió a León por los pasillos en un camino que se conocía de memoria. Iba casi a cinco pasos tras el caballero, renuente a llegar a su destino, cuando ese estúpido radar que tenía para captar cualquier cosa relacionada con Arthur se activó, en uno de los pasillos aledaños escucho a unas sirvientas hablando del rey.
Su primer error fue escucharlas.
Ahí fue donde el fatídico rumor le alcanzó. Arthur y Gwen ya tenían fecha para la boda y una fiesta de compromiso estaba siendo preparada.
La frase "se le fue el alma al cielo", no alcanzaba a describir la sensación de vacío que lo embargo.
Su segundo error fue creerles.
No sabe que cara tenía cuando León regreso por él -¿En qué momento dejo de caminar?-, pero parecía auténticamente preocupado por su salud. Lo siguiente que supo fue que estaba frente a la puerta de los aposentos del rey. Antes de tocar, León le volvió a preguntar si se encontraba bien -¿cuántas veces habían sido ya?- a lo que respondió que sí. Todo terminaría ahora, ingenuamente creyó que podría manejar su amor no correspondido, y permanecer al lado de Arthur solo como su amigo, verlo ser feliz con alguien más... pero era demasiado doloroso, no podría tolerarlo. Al entrar y encontrarse con la mirada de Arthur, comprendió que no importara cuanto doliera o lo mucho que eso lo destruiría por dentro, jamás sería capaz de alejarse del lado de su rey. Le respondió con una sonrisa, triste y vacía, justo como se sentía en ese momento.
Arthur le entregó un sobre, el que creyó era la invitación a la boda. Ese fue su tercer error. Por supuesto, era demasiado pronto para una invitación si apenas iba a darse la fiesta de compromiso, pero ¿En dónde se ha visto que alguien despechado razonara correctamente?
La confusión llevo a una discusión, donde su corazón se estrujó un tanto más cuando comprendió las palabras de Arthur y lo creyó enamorado de alguien más.
¿Quién? ¿Lancelot? ¡¿Cómo era eso posible!?
Si, aceptaba que Lancelot era un gran caballero y amigo que lo apoyo cuando descubrió su magia, incluso lo encubrió un par de veces, pero… Espera, ¿no era Gwen quien estaba enamorada de Lance? Y antes de que alcanzara el entendimiento de todo lo dicho, Arthur se había acercado y lo había besado, lo que cancelo toda función no vital en su cerebro.
Besado.
Había sido besado.
Por Arthur.
Arthur lo había besado.
Y aquí es donde estaba ahora:
En espera del total reinicio de las funciones cognitivas en su cerebro, con el fantasma del beso aun en sus labios y su estómago sintiéndose revuelto.
Por otro lado, Arthur se sentía patético, se había dejado llevar por sus impulsos, se suponía que él tenía un plan: iba a nombrar Hechicero de la corte a Merlín, juntos supervisarían la puesta en marcha de las leyes pro magia, le demostraría a Merlín lo comprometido que estaba en aceptarlo tal y como siempre fue -un hechicero-. Entonces lo cortejaría y revelaría sus sentimientos; pero claro, tenía que ir y enojarse por algo tan tonto como Merlín defendiendo a Lancelot, ¡¿Por qué demonios lo defendió?! Todo era culpa de Merlín y su habilidad innata de hacerlo enojar.
Respiro tratando de recobrar la calma, detuvo su andar desesperado y se giró hacia su perdición.
—Bien, Merlín, escucha —comenzó lento y calmado, calma que no sentía en realidad— ¿Merlín? —pero el susodicho no parecía estarle poniendo atención, de hecho, parecía un tanto ido, se acercó y paso una mano frente a su rostro— ¿Merlín? —volvió a llamarlo, pero no reaccionó.
¿Habrá sido mucho el shock? ¿Fue desagradable? ¿Podía usar esto a su favor? Alegar demencia, un impulsivo acto sin razón aparente. ¿Por qué esta tan nervioso? No es la primera vez que besa a alguien. Pero si la primera vez que lo besas a él, y ese simple hecho lo hacía sentir tan inseguro como un adolescente.
Entonces la mirada de Merlín se enfocó en él, como un muñeco cobrando vida, pero no hizo nada más.
— ¿Merlín? —Probó una vez más, en respuesta lo vio fruncir el ceño levemente — Estas...
— Me besaste —lo interrumpió.
Fingir demencia: descartado.
Abrió la boca para contestar, pero fue nuevamente interrumpido.
— ¿Por qué? —
Se paralizó. ¿Qué decir? El sabia porque lo había hecho, pero no era así como había planeado confesarse, no era el momento; Merlín lo rechazaría, se alejaría de él y sus problemáticos sentimientos, su amistad se acabaría y el terminaría solo, con un corazón roto y un reino que gobernar, añorando de lejos a quien no podía tener, viéndolo ser feliz con alguien más.
La sola idea le hizo hervir la sangre. No permitiría que nadie más tuviera a Merlín, Merlín era suyo, su sirviente, su hechicero, su destino, y se encargaría de que todos en el reino lo supieran si así fuera necesario.
Con determinación y un renovado enojo contenido, cerro el espacio que los separaba mientras veía aparecer la sorpresa en el rostro de Merlín junto a un vano intento de alejarse, lo tomo de la cintura acercándolo a él y evitando su huida, con su otra mano tomo su mentón.
— Lo hice —comenzó, acercado su rosto— y lo haré tantas veces sea necesario para que lo entiendas —el siguiente beso fue inevitable.
La sorpresa en Merlín le dio el acceso que necesitaba para profundizar el beso y que no fuera un simple toque de labios como el anterior; acaricio con su lengua y movió sus labios para incitarlo a moverse con él, cuando los labios de Merlín comenzaron a seguirlo y su lengua encontró y acaricio en respuesta a la suya, sintió una descarga eléctrica de placer recorrer su columna. Merlín era torpe, y eso lo divirtió -ese siempre era su estado natural-, bajo su ritmo y se dedicó a guiarlo y enseñarle.
Para cuando necesitaron separarse, los dos estaban sin aliento, Arthur recargado en su escritorio, brazos rodeando la cintura del cuerpo entre sus piernas; Merlín, con mejillas sonrojadas y pupilas dilatadas. Sonrió encantado.
— Así que, Merlín, ¿tienes algo que confesarme? —preguntó mientras repartía besos por su clavícula y bajaba lentamente por la línea de su cuello.
— Nada que tú no sepas ya —contestó con voz grave, temblando levemente ante cada toque de sus labios.
Arthur pudo sentir la vibración de la voz al pasar por su garganta al responderle, mordió ligeramente por encima de la manzana de adán del mago, recibiendo un gemido ronco en respuesta. Jamás hubiera imaginado lo excitante que la voz de Merlín podía llegar a ser. Subió hasta el oído de este para continuar con ese pequeño juego.
— Yo tengo un secreto —le susurro, lento, sintiendo los temblores del cuerpo entre sus brazos, los cuales se encontraban trabajando en repartir caricias por su espalda.
— ¿Cu-cuál e-es? —pregunto casi sin aliento, temblando de anticipación.
— Te daré una pista —dijo sobre los labios del otro y comenzó un nuevo y apasionado beso, esta vez los brazos de Merlín rodearon su cuello, en respuesta.
Arthur no pudo evitar sonreír dentro del beso, sintiendo como literalmente Merlín se derretía entre sus manos, apretó con más fuerza el cuerpo entre ellas y lo giró, intercambiando lugares, sentando a Merlín sobre el escritorio y colándose entre sus piernas.
La siguiente vez que se separaron, se toman un respiro, un momento de contemplación y excitación anticipada, segundos en los que no pueden despegar la mirada del otro, apreciando el cabello desordenado, las pupilas dilatadas, las respiraciones pesadas, la piel ardiente bajo el tacto, los labios rojizos ligeramente separados; para vuelver al ataque con una nueva serie de besos.
Las manos de Arthur se cuelan bajo la ropa de Merlín y el estremecimiento al contacto es mutuo, toca y acaricia para después descender, pasando por la cintura, la cadera, hasta los muslos, ahí descansa una de sus manos, mientras la otra sigue el ángulo de la pierna hacia abajo. Se sorprende gratamente cuando Merlín levanta y cruza las piernas envolviendo su cintura con ellas, apretando para sentirlo más cerca, al mismo tiempo que lo jala para que se incline sobre él, y Arthur se lo concede, apoya sus brazos a los costados y desciende el peso de ambos sobre el escritorio. Sus caderas chocan y ninguno de los dos logra -o quiere- contener el placer que les provoca.
—Oh Por Dios, ¡Mis ojos! ¡Voy a matar a Gwaine! —
El grito los asusta. Con la excitación nublando sus mentes se incorporan pensando lo peor, cuando descubren el origen del grito, tienen reacciones distintas.
En una primera instancia, Arthur no entiende porque está viendo a Lancelot si bien podía continuar besando y haciendo gemir a Merlín, después frunce el ceño, ¿por qué, precisamente, Lancelot esta ahí? como acto reflejo afirma su agarre en Merlín y algo parecido a un gruñido molesto escapa de su garganta.
La reacción de Merlín es de confusión, mucha confusión, cuando el entendimiento llega, se tensa y todo su rostro arde en vergüenza, desenreda sus piernas de la cintura de Arthur, baja los brazos de su cuello e intenta alejarse, acción imposible porque el rubio seguía prácticamente sobre él, reteniéndolo con firmeza.
— ¿Saben qué? Lo siento, yo no vi nada. Jamás llegue aquí. Jamás entre a este cuarto —sale dando un sonoro portazo.
Se quedan en silencio, mientras oyen los escandalosos pasos del caballero alejarse.
Pero el problema no terminaba ahí, ahora que su momento había sido interrumpido y la excitación se diluía, Merlín se sentían extremadamente consiente de la situación y la posición en la que estaban; Arthur entre sus piernas con el ceño fruncido -observando aun hacia la puerta- un firme agarre en su cintura y manos bajo su camisa.
Sus fuertes y grandes manos sosteniéndolo cerca, posesivamente...
¿Quién dijo que la excitación se había diluido?
Jaló levemente a Arthur para llamar su atención, lo que consiguió exitosamente, los iris azules que aún tenían un rastro de ira se suavizaron al instante y una sonrisa apareció; había observado por años ese rostro, pero jamás le pareció tan hermoso y deslumbrante. Una sonrisa se formó en su rostro en respuesta, las sonrisas de los dos se ampliaron hasta que no pueden evitar comenzar a reír cuando lo sucedido los alcanza. No sabe qué va a hacer con ellos, sus caballeros deberían detenerle un poco más de respeto, después de todo era el rey.
— ¿Tendremos que asistir al funeral de Gwaine? —dice Merlín apenas conteniendo la risa para que sus palabras sonaran comprensibles.
— Si Lancelot no lo mata, lo hago yo —no hay ira en sus palabras, solo diversión. Pareciera que Gwaine había hecho de su propósito de vida molestarlo.
Las risas se van apagando y Arthur es totalmente consiente de lo que estuvieron a punto de hacer, recarga su frente en el hombro de Merlín y suspira, las ganas de continuar lo queman y la cercanía de Merlín se la pone tan fácil. Siente a Merlín acariciar distraídamente el cabello de su nuca y un escalofrío lo recorre, bastaría con girar la cabeza y comenzar a besar su cuello.
El tiempo pasaba y ellos están ahí, en su pequeña burbuja resistiendo la tentación, conteniendo la urgencia de seguir tocándose.
—Aún tenemos una conversación pendiente —le recordó sin animo ni ganas de moverse de donde está, el aroma de Merlín envolviéndolo y tentándolo.
— No podemos dejarla para, no sé, ¿un futuro muy muy lejano? —lo oye suspirar.
— ¿En serio? Tú. ¿No queriendo hablar?
— ¿En serio? Tú, ¿Queriendo hablar abiertamente de algo? —, replica.
— Punto —se queja y sabe que lo atrapo, se obliga a separarse de Merlín, un paso, dos— Vamos —le extiende la mano para ayudarlo a bajar del escritorio. Realmente no la necesitaba pero Merlín acepta, buscando el contacto que le fue quitado, lamentable, tan pronto como está de pie, Arthur retira su mano.
Ahora Merlín se siente avergonzado de sí mismo y sus ansias del más mínimo roce con Arthur. Aparta la mirada y su atención es captada por el pequeño desastre de papeles y libros tirados al suelo sin darse cuenta durante su arrebato, sintiéndose culpable, y pensando que es una buena distracción, se decide a levantarlos.
Su vista se topa con un sobre sellado, ligeramente familiar, cuando lo gira descubre su nombre escrito en él y lo reconoce como el infame sobre de la no boda. Suspira. Tal vez Arthur tenía razón y se debían una buena y muy larga conversación, pero ahora había algo que picaba su curiosidad. Si no era una invitación a la inexistente boda de Arthur, ¿Qué otra cosa podía querer decirle de forma tan formal y elegante?
Arthur veía a Merlín tratando de poner un poco de orden en el desastre de papeles que habían hecho, piensa en que hacer, como continuar desde aquí, nunca se había forzado tanto a detener sus impulsos con alguien, mucho menos cuando la otra persona estaba tan interesada como el mismo.
— ¿Y al final, que decía la carta, eh? —la pregunta lo saca de sus pensamientos, para encontrar a Merlín de pie agitando el sobre de la asignación de su nuevo cargo como consejero.
Arthur sonríe recordando lo que esa carta había provocado, luego se encoge de hombros intentando un aire despreocupado.
— Si quieres saber, léela —, dijo simplemente.
— ¿No decías que teníamos que hablar las cosas? —hace un mohín. Arthur pone los ojos en blanco fingiendo molestia, pero era preocupante lo tierno que le parecían Merlín haciendo eso.
— Es una de las cosas que deberíamos hablar, pero no era a lo que me refería en ese momento, Merlín —lleva las manos a su cadera para completar la imagen de regaño.
— Si, si, si, solo cuando te conviene —murmura por lo bajo.
— ¿Dijiste algo, Merlín?
— Claro que no, Sire
Con cuidado, y curiosidad, Merlín abre el sobre. Arthur lo ve recorrer las palabras, mientras, él repasa su rostro: los pómulos altos, las líneas rectas y bruscas de su perfil, la sonrisa que se ampliaba conforme avanzaba en su lectura y que le agita el corazón. Cuando ve a Merlín terminar y encontrar de nuevo su mirada, su sonrisa se amplía imposiblemente más, sus ojos brillaban y todo él parece resplandecer, y siente a su corazón dar un vuelco como si intentara salir de su pecho.
Y por tercera vez, Arthur sabe que ha caído completamente enamorado de Merlín.
Esto iba a terminar en el tercer capitulo, pero es demasiado largo que decidí partirlo.
No tengo idea de cuando publique el siguiente, la mayor parte esta terminado pero...
Cualquier error, duda, comentario o sugerencia es bienvenida.
Muchas gracias por leer.
