A Rough Start

Chapter 20 – Quédate a mi lado

"Es, eh... todo tuyo," Alice le dio unas palmaditas a Edward en el brazo mientras caminaba hacia la puerta principal. "¡Buenas noches, Anthony!" dijo por encima del hombro.

"Espera un momento," Edward intentó detenerla. "¿Ocurrió algo? ¿Se portó mal o algo así?"

"No, se portó genial", contestó Alice con ojos huidizos. "Pero te no voy a mentir, estoy cansadísima. Tiene más energía que una planta de energía nuclear."

"Hmm," Edward murmuró. Eso no sonaba como Anthony. Por lo general era bastante apagado, contentándose con sumergirse en un proyecto que no incluía a otros.

Cuando Edward entró en el salón, hacia el sonido del televisor a todo volumen, oyó a Alice abrir la puerta de entrada, y después de prometer llamar a Bella para obtener todos los detalles en directo de su cita, se había ido.

"¿Anthony?" Edward se acercó a él con cautela.

Anthony se volvió hacia el sonido y luego se centró en Edward, sostenía un Pixy Stix abierto en cada mano.

"¡Estás aquí!" exclamó con una cantidad inadecuada de exuberancia. Sus ojos recorrieron la habitación y Edward dedujo que estaba buscando a Alice.

"Alice dijo buenas noches. Tuvo que irse a casa para ir a la cama, que es exactamente lo que tienes que hacer tú," dijo Edward.

Pero Anthony no estaba buscando a Alice. "¿Está la señorita Swan aquí?," preguntó.

"No. Está en su casa" contestó Edward. Le hizo gracia la forma casi espástica en la que Anthony estaba sacudiendo sus piernas hacia atrás y adelante. "Voy a coger esto." Liberó a su hijo de la golosina; Anthony se rindió fácilmente.

"Me tomé muchos de esos. ¡Alice me dio una bolsa llena de ellos!" Anthony levantó las manos para indicar como de grande era la bolsa.

Edward esperaba que su hijo estuviera exagerando, pero cuando vio lo alterado que estaba Anthony cuando se levantó de un salto y se dirigió hacia la escalera, Edward estaba seguro de que le había dicho la verdad.

"¿Puedo ir ahora a mi cama-coche?" Preguntó Anthony con entusiasmo.

"Vamos," se burló Edward, tratando de igualar el entusiasmo de su hijo, pero no lo alcanzó. Su mente estaba en que podría decir para destacar este momento como uno importante para la mente de un niño de cinco años.

Anthony subió corriendo las escaleras y se encontraba en su dormitorio antes de que Edward llegara al piso superior. Exclamó oohs y ahhs con cada detalle sin importancia, como si nunca antes lo hubiese visto. Tocó sus perchas con forma de coche e hizo un show descolgando su mochila, sólo para colgarla de nuevo.

Se quedó mirando con reverencia a su cama antes de retirar las mantas y meterse entre ellas.

"¿Cansado?" Edward preguntó, mientras buscaba el lugar adecuado en la cama de Anthony para sentarse.

Anthony negó con la cabeza. "Alice dijo que no podía ir a mi habitación hasta que tu llegaras a casa," explicó Anthony.

"¿Y le hiciste caso?" Edward preguntó.

Anthony asintió mientras tiraba del edredón tan alto que sólo se le veía la cabeza.

"Mmm..." Edward miró a su alrededor por las paredes como si fueran a darle las palabras que decir. Recordó lo que Bella le había dicho durante la cena y pensó que no había un momento mejor como el presente para hacer frente a todo lo que quería y tenía que decir.

"Bueno... ¿qué piensas de tú nueva habitación?" preguntó Edward.

Los ojos de Anthony perforaron a Edward cuando el niño le miró inquietamente. "¿Te vas a ir?" finalmente preguntó.

"¿Irme? ¿Por qué piensas eso?" Edward se quedó desconcertado.

Anthony se encogió sus pequeños hombros. "Porque cada vez que tengo una habitación nueva, alguien distinto cuida de mí."

Hogares de acogida. De repente, los sentidos de Edward fueron golpeados con los recuerdos de lo que su hijo hablaba exactamente. La gran cantidad de direcciones diferentes, decoraciones distintas y olores diferentes: aceite de cocina quemado, naftalina, amoníaco, lejía, menta... Cada nuevo hogar había llegado con su propio conjunto de reglas, castigos y terrores.

Edward de repente se acordó de todo vivamente, y pensó que lo más probable era que Anthony también lo hiciera. Una tristeza profunda oprimió su pecho, no porque pudiese identificarse con las experiencias de Anthony, sino por que Anthony había tenido esas experiencias de primera mano.

"Yo, eh... sé lo que es eso, Anthony," confesó Edward. "Cuando era un poco más mayor que tú, viví en muchos sitios también."

Los ojos de Anthony se hicieron más grandes con su expresión de sorpresa y echó un vistazo más amplio desde debajo de las mantas.

"¿Tu mamá también se fue al cielo?"

Edward se quedó mirando fijamente a la mirada inquisitiva de Anthony. Si respondía que su madre no estaba en el cielo, lo más probable era que Anthony preguntase por qué Edward se había mudado tanto. Y a diferencia del hijo de un militar o el heredero de un empresario, Edward no tenía una respuesta adecuada a la pregunta de por qué se mudó con tanta frecuencia. Y de ninguna manera le iba a decir a su hijo la verdad. En especial ahora, cuando le veía como si fueran aliados.

"No, mi mamá no está en el cielo," Edward precipitó sus palabras. "Pero yo no vivía con mis padres cuando era un niño. No tenía a mi mamá o mi papá, pero no es igual para ti. Tienes... a tu papá. Me tienes a mí. Y donde quiera que yo esté, a partir de ahora, esa es tú casa. Nunca te voy a dejar, Anthony. ¿De acuerdo? Ahora que nos hemos encontrado el uno al otro..." Edward bajó el volumen preguntándose cuánto de lo que estaba diciendo en realidad era comprendido.

"¿Me conociste cuando era un bebé?" Anthony preguntó en voz baja.

"Eh... no." Edward estaba decepcionado por tener que responder a esa pregunta de esa manera.

"Entonces, ¿cómo sabes que eres mi papá?"

Edward nunca había considerado siquiera la idea de que, a diferencia de él, Anthony no había recibido ninguna prueba concreta de que Edward era quien decía ser. Mientras que Edward recibió pruebas de ADN y análisis de sangre, por no mencionar una historia que corroboraba la realidad; Anthony había sido simplemente llevado de aquí para allá y le habían dicho a dónde ir.

Consciente de esto, Edward sabía una respuesta tan simple como "Porque lo soy", no sería suficiente, como tampoco lo sería una explicación clínica de las pruebas médicas y técnicas.

"Bueno, cuando tenía cinco años, era exacto a ti," comenzó a Edward. "Y los dos tenemos los ojos verdes y una tonelada de remolinos que hacen que nuestro pelo haga cosas locas."

Anthony encontró eso divertido.

"Y, te llamaron así por mi. Tu nombre es Anthony. Mi segundo nombre es Anthony," continuó Edward.

En ese momento, fue como si Edward le hubiese dado a su hijo un viaje a Disneyland, al zoológico y a la juguetería más grande del mundo al mismo tiempo. La cara de Anthony se iluminó de alegría por el paralelismo entre sus nombres y Edward mentalmente se pateo el culo por no haber priorizado resaltarlo antes.

"Y mira," Edward se quitó el calcetín ante de sacar el pie de Anthony por debajo de la colcha. "Los mismos dedos de los pies, los tuyos solo tienen que crecer un poco."

Una vez más, Anthony rió.

"Pero además de todo eso, hay pruebas especiales que los médicos puedan hacer para saber si mi interior es igual que el tuyo. Y lo son. Yo soy tu padre y tú eres mi hijo," afirmó Edward.

"Sí" Anthony se limitó a decir, como si lo hubiese sabido todo el tiempo.

"Así que... ya sabes... si quieres... puedes... llamarme Papá," Edward tropezó con sus palabras, tratando de que fueran lo más casuales posible.

"Y tú puedes llamarme hijo," sonrió Anthony, sin perder ni un detalle.

Edward no pudo evitar reír. Aceptó el permiso de Anthony, tan inocente como era, haciendo un show alisando su pelo y dándole un toque suave en la punta de la nariz. "Está bien, es hora de apagar las luces," dijo Edward deteniéndose un momento en el interruptor de la luz en la pared cerca de la puerta.

"La luz encendida, por favor," Anthony miraba sospechosamente los dedos de Edward, pues casi accionó el interruptor.

"¿No prefieres tener una luz de noche?" Edward sugirió, pero Anthony fue firme en que quería la habitación tan brillante como pudiera ser.

"No, sólo la luz," reiteró, que apuntando hacia arriba al aplique.

"Muy bien" Edward dudó en el umbral. "Buenas noches, hijo."

"Buenas noches, Papá," replicó la voz tranquila y silenciosa del niño contento.

Había pensado que tendría el significado de cualquier otro título, como Senior o Junior, o algo equivalente tan distinguido pero inconsecuente. Pero el impacto emocional de escuchar a su hijo llamarle "Papá" por primera vez... dio a Edward un propósito, dirección y vida.

Mientras Edward bajaba las escaleras, hacia la sala de estar, pedazos de su corazón resucitaban al darse cuenta de quién y qué era él para Anthony. Las imágenes y los escenarios corría por su mente: salvando a Anthony de un matón; soy un protector. Animando el gol de la victoria desde la barrera. Soy un animador. Enseñando a Anthony cómo arreglar un coche. Soy un instructor. Comprándole a Anthony su primer coche. Soy un proveedor. Diciéndole a Anthony sobre las chicas. Soy un mentor.

El orgullo emanaba de Edward mientras se abrazaba a lo mucho que quería ser todo eso para Anthony. Pero había otra emoción que se desbordaba, sofocando la satisfacción de ser un humilde padre.

Furia.

Y el sentimiento de furia fue rápidamente vencido por la ira cuando Edward luchó por entender cómo alguien, o más específicamente, su madre y su padre, pudieron tirar el privilegio de ser padres sin pensarlo dos veces.

Cuando los latidos de su corazón comenzaron a acelerarse y le dolió la garganta del estrés de todo aquello, Edward trató de centrar su mente en otra cosa. Su primer impulso fue llamar a Bella y asegúrese de que ella había llegado bien a casa. Y tal vez estaría interesada en saber que Anthony y él habían tenido el la charla "padre-hijo".

Pero cuando Edward metió la mano en su bolsillo para sacar su teléfono móvil, el trocito de papel que Bella le había dado, con la información Esme Cullen garabateada en él, cayó encima del mostrador y exigió su atención.

La ira que nunca se había disipado del todo se encendió una vez más. Edward se quedó mirando el pequeño pedazo de papel, deseando que ardiera, pero estaba demasiado fascinado con su contenido como para tirarlo.

Cuando dejó de analizar la escritura a mano, pidiéndole a su memoria que le dijera, que en efecto, era la escritura de su madre, se concentró en la dirección escrita en él.

Edward había vivido sus primeros doce años en la misma casa. Había memorizado su dirección y número de teléfono como un buen estudiante de guardería. Había escrito su número de teléfono en los anuarios de sus compañeros en la escuela privada en la que estaba inscrito hasta sexto grado. Lo había recitado en numerosas ocasiones a sus amigos para que pudieran hacerle una visita, y recordaba con claridad haberle dado su número de teléfono al menos a una chica en sexto grado, con la esperanza de que ella le llamara.

Así que definitivamente sabía que lo que estaba escrito en ese papel no eran el domicilio y número de teléfono de su infancia.

No es que no hubiese esperado que sus padres se mudaran, pero fue un poco desalentador saber que todas esas veces que había intentado huir, volver a Forks y a la casa que él recordaba, si hubiese tenido éxito, no hubiese habido nadie de relevancia esperándole.

Edward arrugó el papel y lo arrojó contra la pared, donde hizo un pequeño sonido tocándola antes de que aterrizara en silencio sobre la alfombra. Le dio la espalda y se dirigió hacia su sillón y televisión como si él y el objeto inanimado hubieran estado discutiendo.

Edward pasaba distraídamente los canales mientras su mente vagaba hacia Bella y la noche que habían pasado juntos. Pero en lugar de centrarse en lo increíble que se sentía al besarla o sentir las curvas de su cuerpo contra el suyo, Edward recordaba el miedo en su rostro cuando deslizó ese trozo de papel hacia él y le preguntó por su madre.

Inmediatamente, un sentimiento de culpa le había inundado, la misma culpa que había surgido cuando Anthony le había preguntado, de una forma indirecta, por qué se mudó tanto cuando era niño.

Edward estaba cansadísimo de toda esa culpabilidad. Había vivido con ella durante casi trece años, cada segundo de cada día, y aceptó esa sentencia como penitencia por lo que había hecho. Pero ahora que estaba empezando a fluir en la vida de aquellos que le importaban, y manchaba sus experiencias, no era tan fácil de soportar.

Y aunque Edward sabía que la situación de Anthony era muy diferente a la suya, no podía dejar de sentirse responsable, de alguna manera, por el giro de los acontecimientos que habían llevado la vida de su hijo por un camino similar demasiado pronto en su corta vida. Edward sabía que tenía que preguntarle a Anthony sobre su experiencia en los hogares de acogida, pero sabía que no podría soportar si Anthony hubiese sido tratado mínimamente de la misma forma que había sido tratado Edward.

"No es mi jodida culpa" susurró Edward al papel arrugado segundos después, cuando estaba de pie frente a él, sin ser consciente de haber hecho el esfuerzo de caminar de vuelta hacia donde se encontraba.

Rápidamente, tomó el papel, lo abrió contra la encimera y lo miró.

Una hora más tarde, seguía exactamente en la misma posición. Sólo que para entonces, había terminado en una diatriba, enojado por el hecho de que Esme estaba tratando de meterse en su vida. Furioso porque estaba acechando a Bella y tratando de arruinar lo que se estaba convirtiendo rápidamente en una de las pocas cosas maravillosa que le habían sucedido en los últimos doce años.

Antes de poder quietarse la idea, tomó el teléfono y marcó los números tal cual estaban escritos.

Todo el tiempo que escuchó los tonos, estaba resuelto a decir lo que pensaba. ¡Aléjate de Bella! ¡Aléjate de mí! ¡Aléjate de mi hijo!

Pero entonces el tono se detuvo y respondió una voz femenina.

"¿Hola?"

Y de pronto, Edward tenía doce años de nuevo, y todo dentro de él quería gritar Mamá. Pero no lo dijo. No dijo nada. Se quedó allí, escuchando como Esme saludó dos veces más.

La mano de Edward comenzó a temblar ínfimamente cuando la voz se detuvo y hubo simplemente silencio en ambos extremos.

Escuchaba la respiración de ella. Y de pronto...

"¿Edward? ¿Eres tú?" susurró. "Edward...por favor."

Respiró con dificultad y se duplicó su ritmo cardíaco, pero no habló y no colgó. Simplemente se quedó allí, mirando el pequeño pedazo de papel y los números que acaba de marcar.

Todo estuvo en silencio por largo tiempo antes de que Edward escuchara una respiración profunda y después Esme empezó a hablar.

"En las tardes de domingo, la señora Raeburn práctica con la flauta en el parque. Cada domingo a las dos, me siento en un banco del parque y la escuchó tocar. Raramente hay alguien más allí a parte de mí. No creo que tan siquiera que la señora Raeburn sepa que voy a escucharla. Pero lo que hago... cada domingo... al lado del claro y el pequeño cenador... por favor... di algo, Edward."

Hubo algo más de silencio antes de oír el clic definitivo en el otro extremo de la línea. Él colgó también, y como en trance, subió a su dormitorio.

Luchó contra el deseo de reprenderse a sí mismo mentalmente como un cobarde mientras se sentaba en el borde de la cama, vestido sólo con boxers. Durante años había practicado lo que les diría a sus padres, si alguna vez tuvieran la oportunidad. Sin embargo, cuando esa oportunidad se había presentado, no había dicho nada. Se había quedado mudo por el influjo de las emociones que le condujeron a la inactividad.

Edward pasó las horas sin dormir mientras repetía el episodio de la llamada telefónica una y otra vez en su mente. Durante las dos primeras horas, recordó el sonido de la voz de su madre mientras ella asumía que él estaba al otro extremo del teléfono, escuchando. Esto le llevó a un ataque de paranoia, convencido de que Esme lo había estado observando y por lo tanto sabía que era él quien estaba al teléfono.

Después de comprobar puertas y ventanas, pasó las siguientes horas diseccionando lo que ella había dicho. Sabía que su propósito de decirle exactamente donde estaría el domingo a las dos era para que fuera en su encuentro, allí.

"Ni hablar, joder" dijo a la habitación vacía.

Pero una hora más tarde, estaba pensando que podría ir y finalmente decirle todas las cosas que había planeado decirle. Tal vez debería compartir un poco de la culpa que le había estado persiguiendo a él por más de una década. Iría y le diría que se arrastrara de nuevo bajo la roca donde se había estado escondiendo hasta ahora. Ella necesitaba saber que él no la necesitaba y que no la quería.

Pero entonces múltiples preguntas sin respuesta le inundaron y le persiguieron.

Y entonces los recuerdos empezaron. Flash tras flash de como había sido la vida cuando tenía la edad de Anthony. Su madre presentándose en la puerta de su clase de segundo curso con una bandeja llena de pasteles; su madre cosiendo una capa en la parte posterior de su camiseta favorita para que pudiera pretender ser un súper héroe; su madre soplando en su rodilla raspada después de aplicar un antiséptico para que no le escociera tanto; su madre besándole al dejarle en el colegio, a pesar de que él luchaba por evitarlo; su madre sujetando su mano a fuera del mercado, hablando con una amiga; su madre, alisándole el pelo mientras lo arropaba por la noche ...

Las lágrimas le escocían en las esquinas de los ojos mientras se esforzaba por calmar a la bestia que le había tirado a los lobos con la madre suave y cariñosa de sus recuerdos. Había demasiadas preguntas, y en un momento honestidad consigo mismo, admitió que desde luego quería respuestas.

Continuó moviéndose, dando vueltas, y hasta que no consiguió sacárselo de la cabeza, no fue capaz de conseguir un poco de paz. En lugar de en su pasado deformado, Edward pensó en la mujer hermosa, que probablemente dormía, que no vivía muy lejos. Fueron las calmantes imágenes de Bella envuelta en sus brazos, las que finalmente le permitieron dormir.

No hace mucho, si Edward hubiese tenido sentimientos tan fuertes hacia una mujer como los que sentía hacia Bella, una cita tan exitosa como la que habían tenido no habría acabado con él durmiendo solo en su cama. A pesar de que anhelaba pasar la noche con ella, y estaba bastante seguro de que ella sentía lo mismo, sabía que era un protocolo que debían seguir, y no sólo por el bien de Anthony. Así es como funcionaban las cosas cuando realmente te importa alguien, cuando quieres comunicar que quieres algo más que una relación física.

Sin embargo, el cuerpo de Edward sólo estaba parcialmente inclinado a esa forma de pensar. En su corazón, y las partes de su cerebro que se alineaban con él, sabía que quería una relación profunda y significativa con Bella. Pero las partes de su cuerpo por debajo de su ombligo, y las partes de su cerebro alineadas con ellas, querían a Bella de formas que un verdadero caballero jamás articularía.

No había nada caballeroso en vividas imágenes mentales de Bella desnuda, su cabello oscuro cayendo sobre sus hombros mientras ella se cernía sobre él, sus pechos de punta y alcanzando su punto máximo, ella jugando con sus labios para conseguir su propio placer. El calor al rojo vivo que emanaban desde el vértice de sus piernas, brumosa y resbaladiza por su deseo.

El efecto que sus pensamientos tenían sobre su cuerpo lentamente sacaron a Edward del poco sueño que había conseguido. Mientras la mano viajaba a través de su torso hacia la erección presionada contra su ropa interior, dejó escapar un suave gemido de satisfacción por la fricción que esto creó.

La Bella del sueño miró a la enorme polla de Edward y se colocó para deslizarse sobre ella.

Ella soltó una risita.

La esquina de la boca de Edward se alzó mientras vio que la Bella del sueño le sonreía.

Había otra risita, pero esta vez se combinó con el contacto de piel contra piel en la cara externa del muslo.

¿Qué demonios? Las piernas de la Bella del sueño no se habían movido...

Los ojos de Edward se abrieron y volvió la cabeza para encontrarse cara a cara con un par de ojos verdes que lo miraban con humor.

"Haces ruidos raros cuando duermes," observó Anthony con una risita.

Edward rápidamente amontonó las sábanas encima de su prominente erección y se sentó. "Anthony... ¿qué estás haciendo aquí?"

"No me gusta dormir solo," dijo simplemente.

Edward suspiró al ver que Anthony se acurrucaba a su lado. Probablemente Anthony se había despertado en mitad de la noche y había caminado hasta la habitación de Edward, simplemente para comprobar y asegurarse de que su nueva habitación no significaba un nuevo cuidador, después de todo.

"Todavía estoy aquí, Anthony," Edward le tranquilizó. "Al final del pasillo."

"Ya lo sé," dijo Anthony, pero no hizo ningún movimiento para levantarse de la cama de Edward. Los dos volvieron a dormirse, y esta vez, la Bella del sueño no hizo acto de presencia.

Cuando el sol implacable dio a Edward en la cara desde su posición fuera de la ventana de la habitación, no pudo retrasar el levantarse durante más tiempo. Después de verificar si había protuberancias mañaneras, Edward se deslizó de la cama y se encerró en el baño. Su ducha fue rápida, gracias a que Anthony se había despertado ya, y rápidamente se hizo evidente que su alto nivel de azúcar no había desaparecido tras una noche de sueño reparador.

"Anthony, deja de saltar en el sofá," Edward le dijo por tercera vez esa misma mañana.

"¡Uy! Me olvidé," dijo Anthony en tono de disculpa mientras se tapaba la boca con la mano, como si hubiera dicho una cosa mal.

"Bueno trata de recordarlo," dijo Edward con sequedad. "Estoy cansado de repetirme."

Pero Anthony no podía recordar. Por eso, cada vez que la cabeza de Edward se iba por las nubes el tiempo suficiente como para no prestar atención, tuvo que recordarle a Anthony, de manera rápida y clara que los pies pertenecían al suelo y no a los cojines del sofá.

Para cuando Anthony decidió darle un respiro a su padre y jugar con una pequeña cesta de bloques de construcción que Alice le había dejado, Edward había decidido una vez más evitar encontrarse con Esme en el parque.

Miró el reloj. Quedaban sólo dos horas entre el presente y cuando Esme estaría en el destino indicado de todos modos. No había suficiente tiempo para llegar allí, ¿verdad?

Edward pasó su mano por la cara con frustración. Si tuviera alguien con quien hablar sobre esto, alguien que entendiese por qué luchaba y aun así poder contemplar la situación de forma objetiva.

Pero ese alguien no existía. Sólo había tres personas que conocían las circunstancias exactas que habían llevado a Edward a esta encrucijada, y ninguno de ellos podría serle de ayuda alguna.

Edward deseaba hablar con Bella y oír lo que ella tenía que decir sobre el tema pero, por supuesto, para que ella pudiese sopesar la situación, Edward tendría que revelar la magnitud del por qué le preocupaba tanto el asunto. Y no estaba listo para hacer eso.

Pero llamó a Bella de todos modos, con la esperanza de que de manera indirecta, ella fuera capaz de ayudarlo.

Y por supuesto, lo era.

Después de una torpe invitación para Acción de Gracias, Bella vio a través de las respuestas monótonas de Edward y le preguntó qué le pasaba. Sabía que no podía decírselo explícitamente. Quería... pero simplemente no podía decidirse a hacerlo. Tenía muchísimo que perder si cedía a la persuasión del tono de ella y comenzaba a contar la historia. ¿Y si no podía parar? ¿Y si le decía todo? No podía correr ese riesgo.

Así que insinuó.

Aludió una cita que él no había decidido realmente, y Bella respondió como sabía que lo haría: quería saber quién se iba a quedar con Anthony.

Ante su insistencia, Edward accedió a que ella le cuidara por la tarde, pero nunca mordió el anzuelo para husmear donde iba realmente o lo que él iba a hacer. De hecho, no fue hasta después de dejar a Anthony, después de varios consejos, que Bella reveló que ella había reconocido sus poco disimuladas señales cuando le preguntó directamente si iba a decirle lo que se traía entre manos.

Su pregunta directa le cogió por sorpresa y optó por guardar silencio para empezar. La paciencia y la comprensión que ella tenía hacia él y sus asuntos desconocidos casi le hicieron derrumbarse. En lugar de reunirse con Esme en el parque, Edward estuvo a punto de regresar al apartamento de Bella, sentarse a su mesa y contarle todos los detalles sórdidos de su pasado.

Pero, en lugar de eso le prometió una descripción completa en algún momento en el futuro, cuando estuviera listo. Fuese cuando fuese

A Bella no parecía importarle lo callado que era con sus propios asuntos. Edward reconoció la confianza de ella en él como un atributo que él sólo podía esperar, pero nunca alcanzar. La confianza era algo que rara vez había dado o recibido en su vida, era más seguro de esa manera, un mecanismo de defensa Cullen.

Edward continuó reflexionando ligeramente lo que la confianza de Bella en él quería decir, simplemente como una distracción hacia dónde se dirigía y qué haría una vez que llegara allí.

El sedán blanco, aún con la evidencia de haber chocado con la camioneta de Bella, estaba aparcado en la grava de cantos rodados del estacionamiento cuando Edward pasó por primera por el Bogachiel State Park.

Pasó tres veces más antes de realmente rendirse y estacionar su coche al otro lado de la calle, ganando la ventaja de ver antes de ser visto.

A pesar del cielo lleno de sol, hacía inusualmente frío para un día de noviembre en Forks. Edward en secreto deseó que hubiese llovido y eso hubiese quitado cualquier decisión de sus manos. Después de todo, estaba seguro de que la mujer de la flauta no practicaría bajo la lluvia.

Pero casi tan pronto como el pensamiento se formó en su mente, Edward sabía que iba a hacer falta algo más que la lluvia de la zona Olympic del Pacífico para disuadir a Esme Cullen a estar en el banco que estaba frente a la señora Raeburn, la flauta y el cenador blanco.

Incluso bajo el ropaje de un pesado abrigo gris, Edward la reconoció. Su pelo de color manzana caramelizada rivalizaba con el follaje, ya que se asomaba desde debajo de un gorro de lana que se ajustan perfectamente sobre la corona de su cabeza.

Se sentó, como una estatua, con los ojos clavados en la mujer con la flauta, que estaba haciendo lo posible por ignorar a su espectador.

El tiempo pasó, como el viento entre las hojas, mientras Edward estaba oculto detrás de un árbol, observando y esperando. Muy de vez en cuando, Esme apartaba la vista de la flautista mirando a través de la vasta ladera de césped buscando. La esperanza era evidente en su rostro mientras comprobaba su reloj, permitía a sus ojos otra barrida y luego se centraba de nuevo en la fuente de música. Hizo esto varias veces antes de que Edward diera un paso a la izquierda revelando parcialmente su escondite.

Esme se volvió y le miró al instante, impertérrita, como si supiese que había estado allí todo el tiempo.

"Hola, Edward," dijo ella, poniéndose en pie, pero sin acercarse. Cuando Edward no hizo ningún movimiento o habló en su dirección, continuó. "Tenía miedo de que no vinieras."

Desde el momento en que sus pies habían tocado la acera, al otro lado de la calle de la zona de recreo, la mente y la boca de Edward se habían desincronizado. Tragó el nudo que tenía en la garganta y miró a su alrededor brevemente antes de seguir adelante unos cuantos pasos, con cuidado de dejar una gran división entre él y Esme.

"¿Qué quieres?" por fin pregunto, con agitación evidente en su voz.

"Y-yo no sabía que habías vuelto," tartamudeó Esme.

Edward dejó escapar un chasquido con humor y sonrió. "Esta ciudad tiene el tamaño de mi puño. ¿Qué quieres decir con qué no sabías que yo había vuelto? He estado aquí seis años."

Esme le miró en silencio durante un largo rato, convirtiendo al niño de doce años de su mente en el atractivo hombre que tenia ante ella ahora.

"Pienso en ti cada día," le dijo.

En lugar de mirarla, Edward se centró en un mechón de pelo que se movía con el viento. "Lo que tú digas," murmuró mientras cruzaba los brazos sobre el pecho. Empezó a cuestionar su lógica por haber venido y miró a su coche, asegurándose de que estaba allí para rescatarlo cuando tuviera necesidad de macharse.

"No es fácil encontrar a alguien que no quiere que lo encuentren," la voz de Esme rompió su ensoñación.

"¿Querrás decir que no es fácil encontrar a alguien cuando no se busca?" escupió Edward en respuesta.

Esme asintió con tristeza mientras miraba al suelo. "Sé que probablemente piensas eso, Edward, pero no es cierto. Admito que tuve que esperar hasta que cumplieses dieciocho años, pero luego yo..."

"¿Tenías que esperar? Lo dices como si alguien te hubiese obligado a entregarme en custodia del estado; como si no hubiese sido tu decisión"

"Edward, tú y yo sabemos que..."

"No sé una mierda sobre lo que sabes tú," Edward la miró con desdén.

Esme dio un paso más cerca, sólo para que Edward diera un paso más lejos de ella. "Sabía que estarías enfadado," aceptó. "Me lo esperaba. Pero también sé que tienes preguntas, Edward. Y he estado años esperando para responderlas."

Edward condujo de vuelta a la casa de Bella, su mente llena de una niebla espesa. Quizás acababa de cometer un gran error. Echó una mirada al asiento vacío del copiloto, con los ojos centrados en la arrugada hoja de papel que contenía la información de contacto de su madre.

Tuvo que admitir que Esme Cullen no era una mujer estúpida. Se había negado a responder a todas sus preguntas, asegurándose de que él volvería a quedar posteriormente para recibir una mayor claridad, ahora que sabía que podía.

Pero no era sólo a él a quien quería ver y Edward no estaba seguro de poder permitirse hacer algo más que eso.

Una ligera lluvia comenzó a empañar su parabrisas, y aunque no recordaba las vueltas y giros que había dado para llegar, unos minutos más tarde, Edward llegó al apartamento de Bella. El fuerte e hipnótico bajo que había oído que emana de sus ventanas fue brevemente suficiente distracción para sacarlo de sus cautelosos pensamientos. Mientras llamaba a la puerta, trató de recordar la canción que estaba oyendo. Sonaba familiar, pero no pudo ubicarla.

Se quedó allí durante varios segundos esperando a que Bella abriera la puerta. Cuando no lo hizo, volvió a llamar, y cuando eso también quedó sin respuesta, Edward miró por la ventana de la cocina.

Lo que vio inmediatamente trajo una sonrisa a su rostro.

En el reflejo de un espejo grande que Bella había colgado en la pared de su sala de estar, Edward podía ver cabello oscuro volando, caderas balanceándose, golpeando con los puños y dando patadas con los pies. Bella estaba haciendo gran esfuerzo mientras masacraba el ritmo de la canción que estaba bailando.

Y unos cuantos centímetros por debajo de ella, Anthony estaba golpeando y cortando el aire con llaves de karate mientras bailaba justo a su lado.

Definitivamente dos residentes de una nación sin ritmo.

Edward los observaba con fascinación voyeurista hasta que la canción terminó. Tan pronto como la música disminuyó, volvió a llamar. Esta vez, Bella lo oyó y vio como se movió para apagar la música antes de abrir la puerta y después estaba de pie delante de él enrojecida y absolutamente perfecta.

"Lo siento, estaba desgastando parte de la energía de Anthony," dijo ella, respirando con dificultad mientras se movía a un lado para que Edward entrara en su apartamento.

Edward asintió y ocultó que él había visto la salvaje y agitada forma de quemar la energía por sí mismo.

"¿Ha sido manejable?" Edward preguntó mientras Anthony saltaba sobre él.

"Se portó bien. Nos hemos divertido," Bella insistió.

Edward se fijó en la cara enrojecida de Anthony y los mechones de pelo de las sienes, oscurecidos por el sudor. Podía sentir los ojos de Bella sobre él y la pregunta silenciosa de su reciente experiencia flotando en el aire.

"¡Hola, Papá!" Anthony le saludó.

"Hola, hijo," Edward miró hacia arriba para ver la expresión de asombro en el rostro de Bella. "¿Qué dices, le hacemos la cena a la Señorita Swan esta noche?

Anthony asintió enfáticamente. "¡Podemos comer mantequilla de cacahuete y jalea, Papá!"

Bella sonrió y puso una mano en la articulación del codo de Edward, y la otra en su corazón mientras miraba entre Edward y Anthony.

"Lo ha estado "probando" toda la mañana," Edward le susurró en explicación del uso excesivo de su título por parte de Anthony.

Bella se rió, y cuando Edward la miró, vio que su expresión no coincidía con la explosión humor. Ella lo miraba con curiosidad, pero manteniendo una fachada por Anthony.

"Bueno, ¿Qué dices? ¿Cena esta noche? Es lo menos que puedes hacer por exponer a mi hijo a la horrible música de los noventa," Edward adivinó el período, aunque no sabía el título de la canción que había oído.

"¡Hey!" Bella le dio un manotazo juguetón. "Era lo que estaba en la radio, y te haré saber que a Anthony le encantó. Así que no trates de mancharle con tu estrecha visión de miras de lo que es la buena música."

Se estaban estancando, ambos ignorando las preguntas y respuestas sin preguntar que colgaban en el aire.

"¿Quieres que lleve algo?" Bella preguntó, desviando la conversación hacia los planes de noche.

"Sólo iba a recoger una pizza... si te parece bien," dijo Edward.

Bella asintió con la cabeza. "Preparare una ensalada e iré hacia las... ¿seis?"

"Suena bien," dijo Edward mientras volvía a Anthony hacia la sala de estar. "Ve a buscar los zapatos. Tenemos una pizza que recoger," dijo Edward.

Tan pronto como Anthony abandonó la pequeña entrada, Bella se acercó a Edward y suavemente colocó su mano sobre su pecho.

"¿Está todo bien?" imploró.

Pero en lugar de responder, Edward la apretó contra él par a darle un largo y abrasador beso. Y para cuando se separaron, antes de que Anthony apareciese con sus zapatos puestos deprisa en el pie equivocado, la pregunta no respondida estaba olvidada desde hacia tiempo.

Edward mantuvo las tácticas evasivas la mayor parte de la noche. Cuando Bella comenzaba a hacerle una pregunta, él cambiaba de tema, ofreciéndole más pizza o una bebida o diciéndole una historia divertida sobre algo que Anthony había hecho. En el momento en que pretendió oler un incendio inexistente en la cocina, Bella se había dado por vencida y dejó de preguntarle sobre su día y si estaba o no bien.

Ella siguió a Edward y Anthony al piso de arriba para decir buenas noches, y luego se retiró a la cocina mientras los "chicos" compartían un momento padre-hijo antes de acostarse.

"No tienes que limpiar," dijo Edward acercándose lentamente por detrás de Bella mientras ella ponía las sobras de pizza en el refrigerador.

"Oh, bueno... Estaba solo..." Bella no terminó la frase. Ella simplemente se paró frente a Edward y lo miró a los ojos como si estuviera desafiándole a que le dijese algo.

Edward sabía que su curiosidad le estaba matando, pero él no estaba listo a decir nada. Todavía no.

Así que de nuevo, cruzó la cocina hasta que tuvo a Bella atrapada contra la pared, y comenzó a llenarle el cuello y la boca con besos.

"Edward," pronunció ella sin aliento entre besos.

"Mmmm," Edward ronroneo contra su garganta.

"Edward... vamos... para," hablaba mientras le daba suaves golpes sobre el hombro.

"¿Por qué?," preguntó antes de darle un suave mordisco por debajo de su mandíbula.

"Sabes por qué," le dijo ella.

"No, no lo sé," dijo con sarcasmo, "o no te hubiera preguntado por qué."

"Muy bien," Bella se enderezó. "Quiero que pares porque sólo me estas besando para evitar enfrentarte con... lo que sea que necesitas enfrentarte."

"Eso no es cierto," insistió Edward.

"¿No lo es?"

"Absolutamente no".

"Entonces, ¿por qué no respondes a ninguna de mis preguntas? ¿Por qué sigues dándome largas? "

Por un momento pareció como si Edward en realidad fuese a contestar, pero luego apartó la mirada y salió de la cocina. Cuando Bella lo encontró minutos más tarde, estaba sentado en el sofá mirando al suelo.

"Dijiste que no me presionarías. Dijiste que esperarías hasta que estuviera listo para decírtelo," dijo Edward en un tono bajo.

Bella dejó escapar un profundo suspiro antes de dejarse caer en el sofá junto a él. "Tienes razón, lo hice. Y puedes llamarme hipócrita o mentirosa, o lo que sea, pero solo estoy preocupada por ti, Edward. Puedo ver que algo te molesta y quiero estar ahí para ti, de verdad. Yo sólo... necesito que me dejes. "

"Te estoy dejando," espetó Edward. "Pero tal vez mi manera de dejarte es diferente a tu manera de dejarme a mi"

"Touché," cedió Bella.

El silencio sofocó el aire entre ellos y los amenazó con hacer el problema más grande e insalvable.

Edward alargó la mano y entrelazó los dedos a través de los de Bella.

"Lo siento," se disculpó.

"No, yo lo siento," Bella le interrumpió. "Tienes razón. Dije que esperaría y debería hacerlo. Es totalmente tu decisión cuando o si decides compartir lo que pasó..."

"Creo que cometí un error," dejo caer Edward. Apretó más fuerte la mano de Bella, aunque sus ojos permanecían clavados en la alfombra. "Esme me pidió que fuera a visitarla."

"¿Y?" Bella preguntó lentamente.

"Yo dije que sí."

"De acuerdo... "Bella esperó a que continuase. "Bueno, si hoy ha ido bien... no veo ninguna razón por la que no deberías ir. Quiero decir, ¿verdad? No sé toda la historia, Edward, pero si no crees que sea peligroso..."

"No es peligroso. Ella no es... no es así," dijo Edward.

"Bueno, si quieres ir, entonces creo que deberías hacerlo. Y no te preocupes por Anthony. Yo puedo cuidar de él si..."

"Ella quiere que lleve a Anthony conmigo." Edward ni siquiera necesitaba confirmar su paso en falso. Su error fue que ya se había comprometido a esta condición.

¿Y tú crees que eso es seguro?" Bella preguntó.

Por supuesto Edward esperaba esta reacción de Bella. Su último encuentro con Esme, cuando se le acercó en el aparcamiento del supermercado, la había dejado un mal sabor de boca. Decir que desconfiaba era un eufemismo.

"Ella no sabía dónde estaba yo. Cuando... cuando un padre renuncia a los derechos de un niño, los registros se cierran y no hay contacto. Así que cuando... me llevaron... ella tuvo que esperar hasta que tuve dieciocho años para tratar de ponerse en contacto conmigo de nuevo."

Viví fuera del estado gran parte de ese tiempo y cuando regresé... bueno, como uso mi nombre completo, y tengo dos segundos nombres, muchas veces mi segundo nombre es introducido como mi apellido y no aparezco como un Cullen, por lo que no podía simplemente buscarme así . No es que tenga nada que buscar. Mi teléfono no esta listado... mi dirección no está publicada... No fue hasta que una trabajadora social le llamó, buscándome a mí, por Anthony, que se enteró de que yo estaba de vuelta en la ciudad. Y entonces ella te vio..."

"¿A mí?" Bella preguntó. "¿Dónde?"

"En el supermercado. Tenías Anthony contigo. Esme dijo que una sola mirada hacia él y sabía que tenía que ser mío. Ella... ella pensó que tal vez eras mi esposa, pero cuando te siguió a casa, fue evidente que no estábamos casados, pero entones fue cuando me vio. Supongo que quería asegurarse de que era yo, pero cuando lo estaba haciendo... bueno la descubrimos en tu apartamento y..."

"Sí" Bella asintió. Fue entonces cuando las cosas se habían vuelto complicadas.

"Bella, no estoy diciendo todo esto para que sientas lástima por mí," admitió Edward. "Te digo esto... porque quiero que vengas conmigo."

Se volvió a mirarla entonces, con los ojos suplicantes ardiendo sobre los suyos. "Por favor, Bella. Por favor, di que vendrás conmigo."

"Iré" asintió Bella después de un momento. "Iré contigo."


;P