A Rough Start
Capítulo 23 – Sembrando las Semillas del Amor
"Bueno, ahora sé porque no he escuchado ni pío de ti en las últimas semanas," murmuró Renee Swan tan pronto como Edward había salido por la puerta delantera de Bella.
"Mamá, no empieces," advirtió Bella.
"¿No empieces? ¿Qué no empiece?" Renee miró a Charlie. "¿Me estás tomando el pelo? Viajo hasta aquí, para encontrarme a mi hija en la cama con un hombre del que nunca he oído hablar, y no me hagas empezar sobre el hecho de que él ya tiene una familia hecha..."
"¿Ves? Estamos de acuerdo. No te hagamos que empezar," Bella dijo con ligereza. Miró a su padre y se sentó a su lado en el sofá. "¿Cómo estás, Papá?"
"Oh, ya me conoces. Estoy satisfecho," dijo Charlie. Miró a Bella y le guiñó un ojo. Conocía ese guiño. Quería decir 'déjalo estar, niña'.
Bella usó la excusa de su nueva condición de anfitriona para distraer a sus padres de la situación en la que le habían encontrado. Arregló su habitación, cambiando las sábanas (ignorando el comentario de su madre acerca de si debía o no voltear el colchón), y puso toallas limpias en el baño principal.
Luego, durante el almuerzo, casualmente mencionó el estado de su relación con Edward.
"Bueno... Edward y yo hemos estado saliendo... en serio... ya durante algún tiempo," dejo caer.
"Eso parece," dijo Charlie justo antes de darle un bocado al sándwich de jamón y queso que Bella le había hecho.
"¿Y el niño? ¿Es de un matrimonio anterior? Es de una relación anterior, ¿verdad?" Renee insinuó.
"¿Qué estás tratando decir, Mamá?" Bella estaba enojada por la implicación.
"Bueno... nada. Sólo pensé que..."
"¿Sólo pensabas que desde que conocí a Edward he perdido todo sentido de cordura y moral y estoy saliendo abiertamente con un hombre casado delante de su hijo?" Bella dijo dientes.
"Ahora no te pongas nerviosa, Bells," dijo Charlie. "Tu madre solo está sorprendida, como yo, de descubrir que tienes novio. Nunca le has mencionado."
"No hagas excusas por ella, Papá," dijo Bella mientras se levantaba de la mesa. "Y ahora que los dos sabéis que tengo una vida, por favor, asegurados de llamar la próxima vez antes de conducir a través de fronteras estatales." Mientras salía del pequeño comedor, se volvió y dijo por encima del hombro "Y Edward y Anthony cenarán con nosotros en Acción de Gracias."
Bella se sentía como una niña caprichosa mientras se aislada en el dormitorio de invitados, sin parecerse a la mujer adulta, capaz de mantener una relación fuera del conocimiento de sus padres. Sin embargo, la revelación de que no les había dicho a sus padres nada acerca de Edward, hizo que Bella se preguntara si subconscientemente no estaba segura del estado de su relación.
"No," se dijo Bella en voz alta para desacreditar la fila de pensamientos negativos. "Acabamos de definir las cosas entre nosotros mismos. O sea... no hemos hecho ninguna declaración acerca de los sentimientos ni nada, pero..."
"¿Es una conversación unidireccional o puede participar cualquiera?" Renee preguntó en voz baja mientras asomaba la cabeza por la puerta. Cuando Bella respondió con silencio, Renee entró del todo y se sentó en la cama. "Lo siento cariño, tienes razón. Invadimos tu privacidad. Es que... realmente pensé que te alegrarías de vernos.".
"Me alegro de veros. Pero me hubiese gustado un aviso cuando estabais cerca o algo así. No era así como quería que conocierais a Edward." A continuación, para dejar clara su posición Bella agregó, "Es mi relación y es mi decisión cuándo te involucró en ella."
Renee asintió comprendiendo y miró a Bella a través de pestañas tímidas. "Bueno, es mono."
La sonrisa de Bella se contradecía con la negación de su cabeza. "Mamá, Edward es mucho más que una cara bonita."
"¿Es bueno contigo, cariño?"
'Bueno' no parecía la palabra adecuada para resumir cómo le trataba o le hacía sentir Edward. Era difícil describírselo a una persona que no había sido testigo en primera fila de su interacción, que no había visto los cambios de cada uno, cambios que les habían atraído el uno al otro.
"Él es todo para mí, Mamá," Bella se limitó a decir.
Renee levantó las cejas como para dar énfasis, pero no dijo nada. Se puso de pie y estiró los pantalones que llevaba, que parecían tan cansados por el viaje como ella.
"Creo que necesito una pequeña siesta, pero después de eso, espero que tu y yo podamos ponernos un poco más al día," Renee le hizo guiño.
Mientras su madre se echó en la cama y Charlie adoptó un estado catatónico frente a la televisión, Bella aprovechó ese tiempo para llegar a un acuerdo consigo misma y el hecho de que ella y la relación de Edward acababan de ser introducidas en un nuevo terreno. Se rió, sin humor, de la manera en que siempre fuentes externas parecían empujarles hacia delante. Y eso no quería decir que ella no quisiera seguir adelante con Edward.
Quizás era simplemente un empujón en la dirección correcta.
La sesión para ponerse al día que su madre había insinuado quedó relegada a un segundo plano cuando Renee durmió más de lo que había previsto, y se despertó justo cuando Bella se preparaba para irse a la cama.
Dejarla dormir más tiempo podría haber sido intencionado.
La siguiente vez que Bella vio a su madre, era lunes por la mañana y Bella estaba acelerada de un lado para otro, preparándose, a sí misma y a Anthony para uno de los días últimos días completos de colegio que tenían antes de la fiesta de Acción de Gracias.
"¿Y qué haces aquí tan temprano por la mañana?" Renee trató de disimular su pregunta tras una broma amistosa, pero Bella pudo oír la acusación en su voz.
"Edward trabaja en tres turnos de doce horas, de lunes a miércoles, así que llevó y traigo a Anthony del colegio unos días a la semana para ayudar," respondió Bella.
"Eso es muy amable de tu parte, Bella," dijo Renee, sus palabras demasiado dulces, implicando que Bella estaba injustamente sintiéndose ofendida. Entonces, Renee se volvió y se dirigió a Anthony directamente, catapultando al instante a Bella en un estado de culpa por no haber tenido el sentido común de apartar a su madre a un lado un momento y hablarle un poco sobre los antecedentes de Anthony.
"¿Y dónde está tu madre, cariño?" Renee preguntó.
"Está en el cielo con la abuela," respondió Anthony.
"¿Qu…?" Renee miró a Bella buscando una aclaración.
"Está en el cielo," reiteró Bella con tranquilidad mientras cerraba la cremallera de la tartera de Anthony después de comprobar que Edward le había dado abundante comida. Lo había hecho.
"No me gustan las zanahorias," se quejó Anthony tras haber echado un vistazo al vegetal de color naranja. "Nadie quiere cambiar las zanahorias."
"No deberías intercambiar tu comida," Bella le recordó la regla que había establecido para su clase. "Tu padre te puso las zanahorias porque quiere asegurarse de que obtengas suficientes vitaminas para crecer para ser grande y fuerte."
"Oh, ya soy grande," sostuvo Anthony.
"Eres lo suficientemente grande para un niño de cinco años, pero pronto vas a tener seis, y ¿entonces qué? ¿No quieres parecer tener aún cinco años, verdad?
"Bueno, ¿y no puedo comerlas cuando tenga seis?"
"Lo siento chaval, no funciona de esa manera," sonrió Bella a su esfuerzo. "Ve y trae tus zapatos para que podamos estar listos para irnos."
Tan pronto como Anthony estaba fuera de alcance para oírlas, Renee se acercó.
"¿Su madre está... muerta?" susurró la última palabra.
Bella asintió. "Anthony ha tenido una temporada dura este año. Vivía con su madre y sus abuelos en Oregón hasta que su madre y su abuela tuvieron un accidente de coche fatal. Luego, como su abuelo no tenía la salud suficientemente para cuidar de él, fue colocado en el sistema de acogida hasta que encontraron a Edward, que ni siquiera sabía que Anthony existía hasta que un trabajador social se presentó en su trabajo y se lo dijo una semana antes de ir a recoger a Anthony."
Renee se mostró reacia. "¿Qué clase de padre ni siquiera sabe que tiene un hijo?" preguntó ella.
"Del tipo que tiene una novia que dice que va a abort..."
"Estoy lis-to," canturreó Anthony mientras entraba en la cocina.
Tan pronto como Anthony hizo notar su presencia, Renee lo agarró y le dio un gran abrazo. "Pasa un buen día en el colegio, ¿me oyes, cariño?" le indicó.
Anthony se sobresaltó un poco por la acción, pero, no obstante, asintió con la cabeza.
"Y si no te gustan las zanahorias, no te las tienes que comer," le dijo Renee.
"¡Vale!" a Anthony se le iluminó la cara cuando escuchó eso.
"¡Hey!" Bella corrigió su madre.
"¿Qué? No le gustan," Renee encogió los hombros. "¿No ha sufrido bastante?" dijo mientras cubrió los oídos de Anthony cuando preguntó la última pregunta.
Bella le disparó a su madre una mirada sucia, pero no dijo una palabra más. No había tiempo para tratar de razonar con Renee.
Y sin controlarla, cada vez que veía a Anthony, Renee se encargó de mimarle con películas, libros, juegos y mucha comida basura. Incluso Charlie se involucró, una vez que Renee le contó la historia del trágico pasado de Anthony. En la tarde del martes, Charlie cogió a Anthony tan pronto como entró en el apartamento y lo sentó a la mesa con un tablero de damas ya preparado para jugar.
"¿Cómo se juega?" Anthony le preguntó.
"Bueno, primero tienes que elegir un color. ¿Negro o rojo?" Charlie preguntó.
"Rojo," dijo Anthony inmediatamente. Charlie giró el tablero para que las fichas rojas estuvieran frente a Anthony.
"Bueno, para jugar..." Charlie entró a modo de enseñanza completo inclinándose hacia delante, y Anthony se inclinó hacia delante también, absorto, con interés.
Era un momento bonito y Bella quiso disfrutar de la ligereza del mismo mientras se sentaba cerca en el sofá, revisando los trabajos de arte de su clase. Pero en todo lo que podía pensar era en Edward, de pequeño, y si habría tenido o no algún momento así con su padre o abuelo.
"¡Bella!" La voz estridente de Renee interrumpió la ensoñación de Bella. "¿Dónde está todo lo del pavo? No veo ni miga de pan, ni condimentos... no tienes ni siquiera un inyector para el pavo".
"Oh, eh, lo compraré mañana," dijo Bella. Había sido su intención recoger todos los ingredientes para la fiesta el lunes, pero se le había olvidado.
"¿El miércoles? ¿Vas a comprar todo el día antes de Acción de Gracias? ¿Estás loca?" Renee se quedó mirando hacia ella. "Generalmente te organizas mucho mejor. ¿Qué te pasa?"
"Mamá, estás haciendo un gran problema de nada. La secretaria de la oficina me dijo que rebajan los precios en todas las cosas justo antes de Acción de Gracias y consigues grandes precios," razonó Bella.
"Eso es en la gran ciudad Bella. Esto es Forks, una pequeña ciudad. Aquí, si esperas hasta el último minuto para conseguir cosas, no queda nada." Renee se llevó la mano a la frente en un gesto de frustración abrumadora. "Por lo menos ya tienes el pavo."
"Sí, y ya se está descongelando en la nevera, por si acaso te lo preguntabas" dijo Bella.
"Bueno, tenemos que ir esta noche a comprar todo lo demás," sugirió Renee.
Por suerte Edward apareció en ese momento e interrumpió la solicitud de Renee.
"Mañana solo hay media jornada, mamá. Iré de compras después del colegio. Estará bien," dijo Bella. No había pasado suficiente tiempo con Edward, y el último lugar en el que quería estar era en un supermercado cuando podía estar envuelta por sus brazos.
"Te echo de menos. Te echo de menos. Te echo de menos," dijo Bella mientras besaba a Edward en la mejilla, el cuello y los labios. Se quedaron fuera en el porche, lejos de los ojos de sus padres y Anthony.
"Yo también te echo de menos," dijo Edward devolviendole cada beso.
Recuerdos de sus aventuras matutinas del domingo por la mañana cobraron vida en la mente de Bella mientras las manos de Edward comenzaron a viajar a sus caderas, donde las apretó suavemente.
"Tenemos que hacer algo. Pronto," murmuró contra sus labios.
Ella entendió exactamente la solicitud que él no había dicho en sus palabras, tan pronto como él lo había dicho, su cuerpo estaba totalmente de acuerdo.
Por supuesto Renee escogió ese momento para abrir la puerta y sacar la cabeza. "Oh... Me preguntaba qué estabas haciendo aquí," dijo a Bella, aunque tenía los ojos en Edward.
"Sólo hablando con Edward," suspiró Bella. "Intentándolo, más bien."
"Hola, Edward," dijo Renee, su tono no era ni amistoso ni hostil. Bella reconoció la indiferencia de su madre. Renee no estaba segura de qué pensar de Edward.
"Hola... ¿disfrutando de sus vacaciones por ahora?" preguntó Edward.
"Las disfrutaría más, si pudiera pasar un poco más de tiempo con mi hija," insinuó Renee. "Se va muy temprano por la mañana y está muy ocupada por las tardes."
"Bueno, eso es lo que sucede cuando te presentas sin avisar e interrumpes la vida de alguien, Mamá," Bella le recordó.
"¿Qué?" Yo ... yo no estaba," Renee se puso nerviosa. "No me quejaba. Sólo estaba diciendo que me gustaría verte más. ¿Es eso un crimen?"
"Mamá ... ¿nos puede dar un minuto?" Bella señaló a Edward.
"Oh... claro." Desapareció en un instante.
Edward sacudió la cabeza y sonrió. "Bueno, y tras esa aclaración creo que me voy a ir," dijo.
"Todavía no," Bella envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Edward y apoyó la cabeza contra su hombro. Olía a cedro, aftershave y a trabajo duro. Cerró los ojos y bebió de su presencia. "Tan pronto como Acción de Gracias haya terminado, estaremos sólo tú y yo. Lo prometo."
"Me gusta como suena eso," dijo Edward en voz baja antes de besar a Bella en el cuello.
Mientras Bella observaba como Edward guiaba a Anthony al coche, luchó para reprimir los sentimientos de anhelo y el deseo hacia Edward que había ocultado desde el comienzo de la semana. Sin embargo, cuanto más trataba de no pensar en él, más lo hacía. Y cuando le llamó por teléfono por la noche, sólo para oír su voz, con lo que pensaba que se sentiría más cerca de él, le causó en realidad el efecto contrario. En lugar llenar el vacío, el sonido de la voz de Edward le hizo sentir aún más desesperada por su presencia.
Dio vueltas toda la noche bajo el peso de su propio deseo y a la mañana siguiente se despertó de mal humor y cansada. La situación le quitó las ganas de hacerle frente a su madre, así que cuando Renee casualmente le recordó a Bella sobre las compras que tenían que hacer esa tarde, Bella casi maldijo cuando le dijo a su madre que no se había olvidado.
"Por tu bien, espero que la tienda no sea una casa de locos y que seas capaz de entrar y salir rápidamente. Parece que necesitas descansar," dijo Renee mientras copiaba las acciones de Bella del día anterior y le echó una ojeada al almuerzo de Anthony.
"La tienda no va a ser una casa de locos," espetó Bella. "De hecho, estoy segura de que me voy a alegrar de no haber ido ayer por todas las buenas ofertas que voy a conseguir."
Y vaya, no podía estar más equivocada.
El único supermercado de Forks estaba más concurrido de lo habitual para ser miércoles por la tarde, y tan pronto como Bella entró en el aparcamiento, supo que su madre tenía razón. Se preparó para escuchar un arrogante "Te-lo-dije" de parte de Renee Swan, pero su madre no dijo nada por el estilo.
"Bueno, Dijiste que Edward y Anthony se nos unirán por Acción de Gracias. ¿Alguien más?" Renee preguntó.
"También invité a Rosalie. Ella no tiene a nadie con quien pasar la fiesta," dijo Bella.
"Vale" Renee empezó a contar las personas en sus dedos. "Tenemos un pavo de seis kilos, así que eso debería ser suficiente para que sobras algo. Ya sabes cómo le gustan a papá sus sobras."
Bella asintió mientras cogía a Anthony y le ponía en el carro. Él puso algo de mala cara por ser demasiado grande para ir en el carro de la compra, pero con tanta gente dando vueltas en el pequeño local, Bella no quería correr ningún riesgo de perderle.
"Tengo hambre de cereales," anunció Anthony cuando el trío se acercaba al pasillo de los cereales. Cuando Bella y su madre continuaron con sus bromas, Anthony dio unas palmaditas persistentemente en el brazo de Bella. "Mamá, ¿podemos comprar cereales?"
"Eh...claro. ¿De cuales?" Bella le preguntó.
Anthony señaló en una caja de Fruit Rings y Bella la cogió y metió en el carro.
Por fuera, estaba fresca, tranquila y serena, como si no hubiera oído Anthony referirse a ella como "mamá". Pero en el interior, se tambaleaba. Anthony estaba fuera con ella y su madre. Y por supuesto le recordaba a su madre y su abuela. ¿Era una experiencia dolorosa para él? ¿Causaría este viaje improvisado daños residuales?
"¿Necesitamos almidón de maíz para la salsa, o la vas a hacer de manera diferente este año?" Bella le preguntó a su madre, decidiendo, en lugar de preocuparse por los pequeños detalles.
"Almidón de maíz," Renee se limitó a decir. Sin embargo, cuando Bella se apartó del carro para cogerla, Renee se inclinó hacia ella y le susurró. "Te ha llamado 'mamá'. ¿Ocurre algo que no me hayas contado?"
"Soy la profesora de la guardería. Me llaman 'mamá' cincuenta veces al día todos mis alumnos," Bella se encogió de hombros. "Ocurre con tanta frecuencia que ya ni siquiera lo corrijo."
Pero Bella sabía que Anthony no había tenido simplemente un desliz hablando. Estaba probando los límites, y cuando, diez minutos más tarde, la llamó 'mamá' de nuevo, Bello supo que tenía que plantarle cara.
"¿Sabes qué, Anthony?" Bella comenzó, "Me pregunto si serás capaz de hacer algo por mí..."
"¿El qué?" Anthony pidió, dispuesto a complacer.
"Cuando estemos en la escuela, necesito que me llames Señorita Swan, como todos los otros niños de clase, pero cuando estamos en casa y solo nosotros, me puedes llamar Bella. ¿Crees que puedes recordar la diferencia?"
"En la escuela te llamo Señorita Swan y en casa te llamo Bella. Eso es fácil", dijo Anthony encogiéndose de hombros.
"Está bien, voy a estar escuchando a ver lo fácil que te resulta recordarlo," Bella le sonrió, pero en silencio sabía que había retrasado un problema o bien creado una crisis. Ya que, sí, toda la guardería llamándola por su nombre de pila podía definitivamente considerarse una crisis.
"Bueno, creo que tenemos todo," dijo Renee mientras ojeaba los ingredientes en el carro. "Vamos a salir de aquí antes de las colas sean kilométricas."
Mientras estaban en la fila esperando su turno, Renee hizo todo lo posible para darle caprichos a Anthony con todo lo que tenía al alcance del brazo. Cada vez que Bella miraba, su madre estaba dándole a Anthony M&M's o chicle, o un dispensador de caramelos Pez lleno. Bella sabía que era la manera de su madre de simpatizar con la situación de Anthony, por lo que no dijo nada al principio, pero cuando su madre cogió lo que parecía ser un recipiente que parecía un contenedor azúcar de color químico, Bella trazó una línea.
"Creo que Anthony está bien, mamá," ella negó.
La señora de delante de ellos estaba tratando de colarse por la fila de la caja rápida con muchos más artículos del límite permitido. Bella estaba tan irritada que consideró la idea de alertar a la cajera, aunque sabía que no lo haría. Pero Renee quizás...
"Mamá," Bella se volvió para llamar la atención de su madre. Ella aspiró una fuerte bocanada de aire cuando vio que su madre había entablado conversación con la mujer que estaba detrás de ella. Una mujer con el pelo de color caramelo y un lejano parecido con Anthony.
Los ojos de Bella, inmediatamente se lanzaron a Anthony, pero él no se había dado cuenta. Estaba sentado en la parte delantera del carro con el dispensador de Pez, repetidamente volteando con el pulgar la parte superior de la misma para que hiciera clic.
Y entonces sus ojos ascendieron hasta Esme.
"Yo solía poner mi pavo en salmuera..." Esme le estaba diciendo a Renee, pero sus ojos se centraron en la Bella. Y Bella mantuvo la mirada, retando a Esme a que revelará quién era en realidad.
"Bella, ¿crees que tenemos tiempo suficiente para salmuerar el pavo?" Renee se volvió hacia Bella de pronto.
"No," dijo Bella rotundamente.
"Creo te gustaría. Deberíamos recordarlo para hacerlo el próximo año," comentó Renee.
"No me gusta y no quiero nada que ver con eso," dijo Bella, a pesar de que nunca había probado pavo en salmuera, en realidad. Sus palabras eran para Esme, y esperaba que las hubiese entendido con claridad.
Renee parecía un poco sorprendida por la brusquedad de Bella, pero no trató continuar más allá con el tema.
Cuando la fila, finalmente avanzó, Bella utilizó el espacio liberado para poner más distancia entre Anthony y Esme.
"Vamos, pequeño," dijo Bella mientras sacaba a Anthony del carro, que pareció muy feliz de ser liberado de su reclusión.
"Bella, ella sólo lleva unas pocas cosas," Renee señaló a Esme, "tal vez deberíamos dejarla ir por delante de nosotros."
Bella miró a los escasos artículos en la cesta que Esme sujetaba y se encogió de hombros. "Todos tenemos sólo unas pocas cosas es la cola para la caja rápida," dijo Bella, a pesar de que la mujer de delante de ella no se había molestado en tomar nota de la regla de los doce artículos o menos. "Y además, ya puse mis cosas en la cinta transportadora."
"¡Bella!" Renee estaba asombrada por la grosería de Bella.
"No pasa nada," dijo Esme. "No tengo ninguna prisa."
El comportamiento de Bella había sorprendido con eficacia Renee que se mantuvo en silencio, y que no dijo una palabra más hasta que llegó el momento de pagar la compra. Cuando se interpuso en la operación y le entregó a la cajera su tarjeta de crédito.
"Bella, ¿qué te pasa?" Renee esperó hasta que estuvieron fuera de la tienda para preguntar. "Fuiste muy grosera dentro. ¿Conocías a esa mujer o algo así?"
Esme fue quien respondió esa pregunta a Renee, cuando salió de la tienda, llamando a Bella.
"Mamá, toma," Bella le entregó a Renee sus llaves. "Lleva a Anthony al coche. Deprisa," dijo entre dientes.
Renee parecía frenética mientras agarraba la mano de Anthony y maniobraba el tambaleante carro hacia la camioneta de Bella.
"Diría que este pueblo es demasiado pequeño si no estuviera convencida de que tu presencia aquí no es sólo una coincidencia," Bella dijo con frialdad cuando Esme se detuvo frente a ella.
"Es casi de Acción de Gracias, Bella. No debería ser tan raro que nos encontráramos en el supermercado," dijo Esme mientras se alisaba un mechón suelto del pelo.
Bella puso los ojos en blanco y dio un paso atrás.
"Bueno... tu actitud hacia mí ha cambiado mucho desde la última vez que nos vimos," Esme concedió una sonrisa forzada. "Supongo que Edward te contó lo que pasó."
Bueno, ella quizás preguntó. Bella se sintió como una estudiante de séptimo grado sentada entre dos adversarios enfrentados. ¿Qué dijo él de mí? Bueno, ¿qué dijo ella de mí?
De ninguna manera Bella iba a picar ese anzuelo. Si Esme quería escuchar la versión de Edward de su propia historia, iba a tener que oírla de él.
Pero cuando Bella empezó a decírselo a Esme, se fijó en la manera expectante en que Esme la estaba observando. Sujetando lo que había comprado como si estuviera haciendo tiempo para escuchar el informe de Bella.
Repentinamente, Bella se enfureció.
"¿Cómo te atreves?," murmuró justo por encima de un susurro. "¿Cómo te atreves a estar aquí y actuar como si se te debieran algunas... algunas... nada!" Antes de continuar, Bella se aseguró de que su madre y Anthony estaban en el interior de la cabina de su camioneta. "¿Eres de la calaña más baja, ¿lo sabías? Una madre que abandona a su propio hijo cuando más la necesita." Bella se dio cuenta de que Esme estaba consiguiendo alguna sensación de placer enfermizo por sus duras palabras, por lo que ella dejó de hablar y se volvió para irse.
"No voy a tratar de cambiar tu opinión sobre mí, ¿sabes?" dijo Esme siguiéndola.
Bella se rió débilmente volviéndose para hacer frente a Esme una vez más. "Como si pudieras." Hubo un breve silencio entre ambas mientras una pareja caminó entre ellas mientras iban hacia la tienda. "No hay una palabra que puedas decir que fuera a cambiar mi forma de ver a una madre que no conoce su papel; que no entiende que una madre se supone que siempre debe creer, confiar, consolar y amar..."
"Ahora espera un minuto," el aumento de la ira de Esme era evidente."No te atrevas a decirme lo que siento por mi hijo."
"¿Tu hijo?" Bella se resistió. "¿Así que de hecho admites que tienes uno? Porque, por lo general, cuando alguien termina los derechos parentales, tiende a entender que ya no tienen derecho a referirse a un niño como propio."
Esme frunció el ceño y se recolocó la bolsa que llevaba en la mano. "¿Cuántos hijos tienes, Bella?"
"No tengo que tener hijos para..."
"Exactamente," Esme le cortó. "Lo que tienes es una versión de película de sobremesa de lo que es el amor incondicional." El viento que se levantó dejó caer pequeñas gotas de lluvia, anunciando una tormenta inminente. "El amor, protección, confianza, creencia... a veces son mutuamente exclusivos."
"Creo que fue bastante claro que no actuaste en el mejor interés de Edward," dijo Bella, independientemente de lo que Esme estaba tratando decir.
"¿Y cómo lo sabes?" la voz de Esme subió de volumen. "¿Cómo sabes quién vas a ser y cómo vas a actuar después de enterrar a un bebé? ¿Cómo sabes que no vas a tamizar a través de las pruebas con el estado de ánimo correcto para perdonar a tu hijo? ¿Y cómo sabes que no vas a hacer algo cada día que le va hacer sentirse culpable...?"
"Pero eso es exactamente lo que hiciste. Al abandonarle, al no decirle que le creías y que confiabas en él, le condenaste. ¿Qué clase de madre hace eso?" Bella le puso en duda.
"¿Crees que fue mi decisión? ¿Crees que quería perder otro hijo?" las lágrimas corrían ahora su curso de los ojos de Esme hacia su barbilla.
"Pero ¿qué hiciste para detenerlo?" Bella no se inmutó por la muestra de emoción. "En lugar de estar con Edward durante su juicio, tomaste el camino fácil y..."
"¿Su juicio?" Esme frunció el ceño. "Bella, Edward nunca fue a juicio. Su padre y yo lo hicimos."
La admisión de Esme desinfló el vigor de la argumentación de Bella, y se quedó mirando a la madre de Edward, con la boca abierta. Finalmente, una sola palabra se le escapó en un susurro. "¿Qué?"
"Hubo una audiencia, que es lo probablemente Edward recuerda," dijo Esme, "pero nunca hubo ninguna prueba concluyente para el Estado para presentar cargos contra él. Sin embargo, hubo acusaciones de negligencia y descuido contra Carlisle y contra mi."
Esme fue interrumpida cuando Renee llamó a Bella desde el otro lado del aparcamiento."¿Todo bien?"
"Sí, ¡Ya voy!" Bella respondió y levantó un dedo a su madre. Luego se volvió de nuevo a Esme. "Continúa."
"Cuando estas bajo los cargos de asesinato en tercer grado, tiendes a hacer lo que la gente quete defiende te dice. Como mi marido ni yo teníamos más familiares, Edward fue puesto bajo custodia de los Servicios de Protección mientras esperábamos el juicio. Se suponía que debía entrar en el sistema de emergencia de acogida, pero debido a su edad, era más como centro de detención juvenil. Pensó que estaba en la cárcel. Yo le decía que no era así y que iba a ir a por él," Esme se detuvo para limpiarse la nariz, "y pensé que lo haría. Pensé que en unos pocos días, quedaría claro que se trataba de un accidente y que podría llevarme a Edward a casa. Pues bien... en realidad se tardó dieciocho meses en llevar a cabo nuestro juicio. Y aquel año, existía una ley federal, la ley de Adopción y Familias Seguras... ja," se rió Esme indignada. "Esa ley fue promulgada para emancipar automáticamente a los niños de sus padres cuando habían estado en el sistema de acogida por más de quince meses. Cuando Edward tenía trece años y medio, fue emancipado y a nosotros se nos sellaron sus datos."
"Espera un momento... ¿estás diciendo que te quitaron a Edward?"
Esme asintió con la cabeza.
"Pero ¿por qué no luchaste por él? Y aún después de dieciocho meses, podrías haber seguido tratando de conseguirlo," dijo Bella, aunque su tono se había suavizado poco. Sus palabras eran más curiosas que acusatorias.
"No había nada que pudiera hacer por mucho tiempo. A pesar de que los cargos de tercer grado se desestimaron, los cargos por negligencia y descuido se mantuvieron. Tuvimos períodos de prueba que nos limitaron la salida del estado, y en aquel momento, Edward había sido trasladado fuera de Washington. No me daban ninguna información sobre él a causa de la terminación de mis derechos parentales... y... estaba el problema de su padre...," insinuó Esme.
"Su padre pensó que él era culpable, ¿no?" Bella le preguntó. "Porque llamar a tu hijo asesino después de casi 13 años no suena como un padre que piensa que su hijo es inocente."
Las lágrimas de Esme momentáneamente aumentaron mientras Bella se daba cuenta de la lluvia. Estaba a punto de dar por terminada la conversación cuando Esme tocó ligeramente el brazo de Bella.
"Mi marido era un hombre muy fuerte, Bella. Era inteligente y estaba lleno de vida. Era un médico muy respetado en esta ciudad, y después, cuando todo pasó... literalmente vi a mi marido romperse ante mis propios ojos. Un moemnto él estaba tratando de calmarme, me decía que todo iba a salir bien, y luego al siguiente minuto... nada. Ni una palabra.
"Me gustaría decirte que Carlisle no quería decir lo que le dijo a Edward el sábado, pero en realidad, no tengo ni idea. Hace doce años a Carlisle se le diagnosticó un caso extremo de lalofobia. Básicamente, simplemente no habla. Y ninguna cantidad de terapia, medicamentos o mis ruegos han hecho ninguna diferencia.
"De todos formas, se suponía que él debía hacerse una prueba del sueño ese día, pero el examen fue cancelado, lo que significaba que iba a estar en casa cuando vinierais. Entonces, tuve miedo de que Edward viera a Carlisle o que Carlisle viera a Edward, por lo que simplemente le di a Carlisle su medicación un poco más tarde, pensando que dormiría durante toda la visita." Esme retorcía las manos nerviosamente frente a ella.
"Yo no quería cancelarlo, Bella, seguro que puedes entender eso. Había estado esperando poder pasar una tarde con Edward desde hacía años y tenía tanto miedo de que si yo la suspendía, nunca tendría otra oportunidad, así que tomé la oportunidad. Tomé la oportunidad y fracasó. Pero tienes que saber que yo ni siquiera sabía que Carlisle se sentía de esa manera." Esme mantuvo la mirada a Bella. "No había oído la voz de mi marido en doce años... y no la he vuelto a escuchar desde que os fuisteis corriendo el sábado."
Las dos mujeres se quedaron mirándose la una a la otra, sabiendo que el tiempo y la temperatura estaban llamando a poner fin a su discusión. Bella resistió la tentación de hacer más preguntas y descubrir más respuestas. La liberación que sentía tras conocer más de la historia la cargó de sentimientos de traición e injusticia. Esto era algo que Edward debía haber escuchado mucho antes que ella.
"¿Por qué no sabe Edward esto?"
"Edward estaba muy enfadado la primera vez que hablamos, como sabía que estaría. Opté por únicamente responder a sus preguntas y no ofrecer ninguna explicación porque estaba segura de que él pensaría que sólo estaba tratando de poner excusas." La lluvia había empapado completamente Esme y se apretó más la chaqueta para mantener el calor y que no se escapase. "Mi intención era decirle todo a su propio ritmo. Según fuera preguntando, pensaba responderle... pero estaba impaciente. Es difícil esperar, Bella, sabiendo que tengo un nieto ahí fuera."
Bella asintió y se estremeció un poco bajo la lluvia. Oyó su camioneta en marcha mientras Renee conducía hasta donde Bella y Esme estaban de pie.
"Me tengo que ir," dijo Bella. Sabía que tendría un resfriado horrible si seguía de pie bajo la lluvia durante más tiempo.
"Sí," asintió Esme rápidamente. "Sólo, Bella... sé que no estoy realmente en posición de pedirte ningún favor, pero... si pudieras decirle a Edward que me llame..."
"Esme, no puedo... no puedo meterme de esa manera... no es mi lugar," Bella sacudió la cabeza.
"Bella, por favor" suplicó Esme, "Tu misma has dicho que necesita escuchar esto, y necesita escucharlo de mí. "
"Lo sé, pero lo siento," dijo Bella con firmeza. "No puedo ir ahí con él. Ahora no."
"Entonces no digas que no," Esme se apresuró. "Simplemente di "no ahora". Por favor. Déjame tener alguna esperanza de que podré arreglar las cosas con mi hijo."
Esme la miraba con los ojos derrotados hasta que Bella asintió ligeramente dando su consentimiento.
"¡Oh, Bella! Gracias," Esme se adelantó para abrazar a Bella y Bella dio un paso automáticamente hacia atrás. "Lo siento..."
"No, yo... es que..." el momento estaba lleno de incomodidad irrecuperable. "Me tengo que ir."
Bella corrió hacia el lado del pasajero de su camioneta antes de que Esme pudiese pedirle nada más. Tal estaban las cosas, estaba segura de que Edward no estaría contento con la proximidad a la que había tenido a Anthony de Esme, incluso aunque se había quedado en la camioneta.
"¿Sabes cuánto tiempo hemos estado aquí?" Renee le preguntó con indignación cuando Bella se metió en su camioneta y puso la calefacción a toda potencia. "Gracias a Dios, Anthony tenía sus dulces o habría comenzado a roer los tiradores de las puertas."
Bella puso los ojos en blanco por la exageración de su madre. "Será mejor que nos pongamos en marcha. Papá va a preguntarse por qué estamos tardando tanto tiempo".
Aún en el asiento del conductor, Renee maniobró la camioneta y la sacó del aparcamiento y condujo hacia el apartamento de Bella. "Bueno... ¿quién era esa mujer?"
"Sólo una conocida," dijo Bella mientras miraba por encima del hombro y vio Esme abrir la puerta de su Lincoln blanco que aún tenía las marcas de cuando se estrelló contra la camioneta de Bella.
Estaba claro por el tono de Bella que no ofrecería más información sobre el tema y Renee no preguntó.
Si Charlie se había dado cuenta de cuánto tiempo se habían ido Bella y su madre, no dijo nada al respecto. Se sentó frente al televisor, viendo su programa educativo sobre pesca. Bella no entendía por qué pretendía no saber tanto, si no más, que los instructores de esos programas. A Charlie le encantaba la pesca.
Y al parecer no era el único.
"Yo sé qué clase de pez es ese," Anthony anunció escalando por el sofá sentándose junto a Charlie. "Es un pez gato."
"En realidad es una trucha, pero fue un buen intento," dijo Charlie sonriéndole a Anthony, divertido por su atrevimiento.
"Mi abuelo dijo que el pez gato tiene bigotes como los gatos," se rió Anthony.
"Claro que los tienen. Tu abuelo es un hombre inteligente." Charlie miró a Bella, comprobando si había dicho algo inapropiado, y Bella le indicó con la cabeza que no lo había hecho.
"Mamá, papá, ¿creéis que podríais echarle un ojo a Anthony un rato. Tengo un par de cosas que hacer, y luego, si pudiera echarme una siesta de veinte minutos o así..." preguntó Bella.
"Por supuesto, por supuesto," Renee le indicó con la mano. "Pareces cansada. Y no te preocupes por la cena de mañana. Yo empezaré con ella."
Bella asintió en agradecimiento antes de desaparecer en el dormitorio de invitados. El primer asunto que tenía que resolver era llamar a Rosalie e invitarla por Acción de Gracias. Medio esperaba que Rosalie le echará en cara que le ofreciera una invitación de último minuto, pero Rosalie parecía tan aliviada de tener un lugar donde ir, que aceptó rápidamente.
A continuación, Bella entró en su cuenta de correo electrónico del colegio y activó su mensaje de respuesta de vacaciones, ya que no iba a volver a la escuela hasta la semana siguiente. En realidad no era una tarea necesaria, pero Bella haría cualquier cosa para dejar de pensar en lo que había ocurrido esa tarde, sobre lo que ella sabía sobre la situación de Edward que él no sabía. Y quién era ella para ocultárselo.
La parte de ella que sentía que estaría liberando a Edward de una sentencia de doce años de autodesprecio si le contaba lo que Esme le había dicho peleaba con la parte que fue testigo del Edward que acababa de entrar en contacto con su padre después de una ausencia de doce años. No era agradable, y Bella no quería formar parte de nada que causara la repetición de esa situación.
Bella justificó el uso de un medicamento para el resfriado, inductor del sueño, diciéndose que estaba simplemente tratando de obtener sacar ventaja a los síntomas causados por el tiempo que había pasado de pie bajo la lluvia esa la tarde. Pero en realidad, Bella sólo quería ser insensible a los numerosos pensamientos y recuerdos que daban vueltas en su cabeza. Afortunadamente, la medicina trabajó como prometía, y la siesta de veinte minutos de Bella se convirtió en una de dos horas y media.
Volvió desgarrada a la sala de estar, atormentada por el sentimiento de culpa por eludir su responsabilidad de cuidar de Anthony. Pero sus temores se disiparon rápidamente cuando entró en la sala de estar y lo encontró justo donde lo había dejado: acurrucado al lado de Charlie, participando activamente de un programa de pesca en la televisión.
Bella siguió a su madre a la cocina y se dejó caer en una silla. "Lo siento, me quedé dormida."
"No te preocupes. Si necesitas descansar, hazlo," dijo Renee. "De todos modos, creo que tu padre disfrutó mucho del tiempo con Anthony. Se esta encariñado con él."
"Bueno Anthony parece bastante agusto con él, también," dijo Bella mientras bostezaba.
"Es un chico dulce. Edward parece haber hecho un buen trabajo con él," dijo Renee mientras levantaba la tapa de una olla grande y la agitaba. "Es agradable ver a un niño que cree que su padre es un héroe. Cada palabra que sale de la boca de Anthony es 'mi papá esto y mi papá lo otro'. Es lindo."
"Aw... a Edward le encantaría escuchar eso," dijo Bella, pero su tono y la expresión de su cara no coincidían con sus palabras.
Renee miró por encima para inspeccionar a Bella en ese momento. "¿Todo bien, Bella? Las cosas entre Edward... y tu... no trató de cotillear..."
"No, sí, todo está bien," dijo Bella. Y en su mayor parte, su declaración era verdad. Todo estaba bien... salvo que le estaba ocultando un secreto enorme y monumental a su novio, solo eso. Sí, eso era todo.
Cuando Edward llegó a recoger a Anthony, en lugar de celebrar el hecho de que ambos tenían ahora tiempo sin trabajo que pasar juntos, Bella se obsesionó con la información no divulgada entre ellos. Cuando Edward la llevó aparte y le pidió que pasara tiempo con él esa noche, Bella casi no podía mirarle a los ojos. Pero al reconocer la expresión de su cara como una de rechazo y duda, ella dejó de rechazar su petición y accedió a reunirse con él esa misma noche.
Sin embargo, el destino tomó la iniciativa para disolver esos planes cuando Renee recordó el Pan del Rey Hawaiano que ella tenía que tener, requiriendo otro viaje al supermercado. Y puesto que Renee de repente padecía de un caso de "ceguera nocturna", Bella tenía que ir con ella, al parecer el chofer Charlie no era una opción, ni su tiempo ejerciendo de surfista en el sofá.
A la vuelta de la tienda, Renee le confió a Bella que en casa en Arizona no había estado durmiendo bien y que tal vez Charlie tenía razón cuando decía que Forks era relajante porque desde que había llegado, estaba durmiendo mejor y mejor.
"Es realmente agradable ir a la cama porque estoy cansada, y no porque está oscuro fuera y por lo tanto es lo que hay que hacer," dijo Renee.
"¿Estas cansada, mamá?" Bella le preguntó. No le hubiese pedido que vigilara a Anthony durante unas horas, si en ese momento, no hubiese estado segura de que no habría sido un problema.
"Estoy agotada," destacó Renee.
Bueno... demasiado exagerado por tener cuidar del niño.
"Lo siento, Edward," Bella se disculpó cuando llamó a Edward más tarde para decirle el cambio en sus planes.
"Si estás cansada, estás cansada," Edward hizo la excusa por ella. "Es comprensible".
Tal vez Edward había estado tomando clases de Renee en secreto porque sin tan siquiera intentarlo, él era bueno cargando la culpa. Edward, que había trabajado treinta y seis horas en los últimos tres días, mientras que ella había trabajado sólo dieciséis. Edward, que no pudo darse el lujo de echarse una siesta en mitad de la tarde mientras sus padres vigilaban a Anthony. Edward, que en ese momento, probablemente pensaba que su novia se estaba alejando de él por las razones equivocadas.
"Estoy cansada, pero quiero verte. Te extraño mucho," dijo Bella. "A pesar de que he hablado contigo y te he visto todos los días, me siento como si no lo hubiera hecho." Sus palabras parecían ser exactamente lo que Edward necesitaba escuchar, porque paso a hablarle acerca de la noche del viernes y los planes que había hecho con Alice y Jasper, planes que incluían una niñera toda la noche para Anthony.
Edward pasivamente le estaba diciendo que era el momento de pasar su relación al siguiente nivel. Era el momento de entrar en una relación que requería más confianza, más dedicación y más honestidad.
Las trabas de la duda cayeron entonces, y Bella al instante se sintió más ligera en la determinación de decirle a Edward lo que había sucedido con su madre. No sabía cómo, y ni cuándo, pero sabía que lo haría. Y el hecho de saber eso hizo mucho más fácil interactuar con él el resto de su conversación telefónica, y al día siguiente en la cena de Acción de Gracias.
"Dime que no es necesario que trinche esa cosa," Edward le susurró al oído a Bella mientras miraban el enorme pájaro dorado al horno.
"Mi madre hará que mi padre lo haga," Bella le susurró. Apoyó la cabeza en su hombro y miró por la habitación a Rosalie, a quien Anthony enseñaba cómo jugar a las damas entusiasmadísimo.
"¿Acabas de hacer trampa?" Rosalie le preguntó con indignación. Pero Anthony no reconoció el tono, y se derrumbó histérico, pensando que estaba bromeando.
"¡No!" exclamó a través de un ataque de risa. Y luego, cuando vio la audiencia de Bella y Edward, la llamó: "Mira, Bella! estoy ganando."
"Acabamos de empezar. Es muy pronto en el juego para proclamarse ganador," Rosalie protestó, pero luego levantó la mirada y le guiñó un ojo a Bella, confirmando que sería un resultado victorioso para Anthony.
Bella podía decir que Edward estaba un poco incómodo por la presencia de Rosalie, pero no dijo nada acerca de ella o los planes que él y Bella tenían que incluían pasar tiempo con Emmett el viernes por la noche.
También podía decir que estaba inquieto por estar cerca de Charlie, y cada vez que Bella dejaba una habitación donde estaba su padre, Edward se levantaba y la seguía justo después. Como resultado, pasó la mayor parte del tiempo en la cocina, en vez de delante de la televisión.
"¿No quieres ver el partido?" Renee preguntó al esquivarle en la pequeña cocina.
"El baloncesto no es lo mío," respondió Edward en voz baja.
"Bueno, si te quedas aquí, te voy a poner a trabajar," advirtió.
"Está bien," admitió Edward.
Apenas cinco minutos más tarde, Edward estaba armado con un pequeño rallador y una pila de zanahorias. Y sólo porque Renee es Renee, le ató un pequeño delantal a la cintura. Bella se echó a reír al verle, antes de tomar una foto.
"Oh, asegúrate de que haces una foto de Anthony con Papá Charlie," instruyó Renee.
"¿Papá Charlie?" Bella le preguntó a su madre.
"¿Qué?" Renee se encogió de hombros. "Si Anthony puede llamarte mamá, le puede llamar a papá Papá Charlie," razonó Renee.
Bella le disparó a su madre una mirada mortal antes de girarse a ver la mirada interrogante de Edward.
"Fue un desliz. Todos mis alumnos lo hacen en algún momento u otro," Bella le quitó importancia. "Le dije que podía llamarme Bella cuando no estábamos en el colegio. Siento no habértelo consultado primero."
"No es problema," se encogió Edward. Pero tras el leve movimiento de su frente, Bella no estaba segura de que lo dijese en serio.
La comida de Acción de Gracias transcurrió sin problemas. Renee y Charlie se turnaban ayudando a Anthony, cortando su carne, untando mantequilla en pan y rellenándole la taza de zumo para propia sorpresa.
Rosalie habló de una nueva agencia inmobiliaria en Seattle que le había pedido que presentara un currículum.
"Suena prometedor," dijo Bella.
"Eso es. No es exactamente lo que yo tenía en mente, pero al menos voy a estar ganando dinero, y sé que puedo hacerlo," dijo Rosalie.
"¿Así que te mudas a Seattle?" Edward preguntó.
Rosalie se colocó nerviosamente el pelo y respondió en voz baja. "No lo sé. Hay un montón de cosas a considerar antes de dar ese paso."
Bella podía decir que Rosalie esperaba que Edward transmitiera esa información a Emmett.
Lamentablemente, Bella sabía que la probabilidad de que ocurriera era mínima. A diferencia de sus amigos, Edward rara vez repetía algo que había oído, probablemente porque valoraba mucho su privacidad.
Rosalie fue la primera en marcharse después de servirse el postre. Dijo que necesitaba una larga siesta para prepararse para conducir hasta Port Angeles para las rebajas del Viernes Negro. Bella consideró pedirle que se llevara a Renee para no tener que levantarse temprano y conducir alrededor de Forks en busca de alguna chorrada etiquetada por un dólar o dos. Pero la tradición era la tradición, y Bella siempre acompañaba a Renee en las rebajas de después de Acción de Gracias. Sin embargo, mientras que accedía a ir, Bella se aseguró de que su madre supiese que estarían en casa pronto.
Tenía una cita.
A pesar de que Edward y Bella no estaban solos mientras cenaban con Emmett, Alice, Jasper y Anthony, se sentaron a la mesa en su pequeño mundo particular.
Y así fue, hasta que Alice comenzó a interrogar a Bella con preguntas absurdas acerca de ciclos mensuales y antojos alimenticios.
"Alice, ¿en serio?" advirtió Bella cuando sintió que su amiga había sobrepasado la línea en relación a la conversación de cosas de chicas en presencia de hombres.
"¿Qué?" Alice se encogió de hombros. "Vivo y paso todo el tiempo con tíos. ¿Qué esperabas?"
"Esto no," dijo Bella hacia la pregunta de si sufría o no de fuertes calambres menstruales. Ya había sido suficientemente incómodo haber anunciado que estaba tomando la píldora a toda la mesa, ya no necesitaban ningún detalle más.
Mientras Jasper entretenía a Anthony buscando imágenes en la parte posterior del menú infantil, Alice se inclinó y le dijo Emmett exactamente lo que pensaba de su "amiga". Bella se aseguró de mantenerse al margen de esa conversación, y en su lugar se centró en el hombre a su lado, que con cariño le sostenía la mano debajo de la mesa.
Sólo hizo falta un momento para que el inocente enlazamiento de los dedos desembocara en movimientos lánguidos y apretones persistentes. Cuando salieron del restaurante, Bella estaba segura de que tendría moratones en el interior de los muslos de apretarlos con tanta fuerza para controlar su deseo.
Después de un viaje a la juguetería destinado a distraer a Anthony del hecho de que iba a pasar la noche fuera de casa, Bella y Edward podían apenas contener su deseo del uno por el otro, y para cuando llegaron a la habitación de Edward, no había ninguna duda de lo que iban a hacer.
Acostarse con Edward dejó a Bella sintiéndose saciada y agotada. Después de recuperarse del mejor orgasmo que había tenido nunca, Bella se giró en la cama de Edward y se acurrucó profundamente en las sábanas de algodón. Lo último que recordaba al quedarse dormida era el calor de la piel de él mientras su cuerpo desnudo se apoyaba contra el de ella.
El tiempo parecía avanzar rápidamente sin ella, y de repente sintió unas manos impacientes agarrándola y unos labios llenos de pasión.
"Cuando," dijo Edward mientras besaba su cuello. "Cuando," dijo mientras se arrastraba a través de su cuerpo y lamió el valle entre sus pechos. "Cuando," dijo mientras se colocaba entre sus piernas y se apretaba contra ella.
"¿Cuando qué?" preguntó Bella rápidamente olvidando que acaba de estar dormida.
"Dijiste que cuando estuviese listo para otra ronda, todo lo que tenía que hacer era decirte cuando. Así, que te lo estoy diciendo. Cuando." Y con una sola embestida, estaba dentro de ella.
Esta vez, Bella se recreó en el sentimiento de Edward en control, tomando las riendas mientras le hacía el amor, poniendo las manos de Bella sobre su cabeza con una mano y tirando de su muslo hacia arriba sobre su cadera con la otra.
"Oh Dios, Edward," Bella gimió sin aliento cuando Edward giró sus caderas y profundizó la penetración. Ella comenzó involuntariamente a alzar las caderas de la cama, coincidiendo con su ritmo. "¡Oh - oh - oh - oh..." cada vez exclamaba más fuerte a medida que se acercaba a su clímax. "Oh, Dios... Edward... me encanta... oh Dios..."
Edward murmuró en respuesta al acercarse a su propio clímax. Un gemido profundo y gutural se le escapó y se desplomó sobre Bella antes de rodar sobre su espalda a su lado.
Bella permaneció tumbada en silencio escuchando a Edward mientras jadeaba junto a ella. Mantuvo los ojos cerrados, preguntándose si podía prolongar la euforia del momento, simplemente deseando que permaneciese.
Poco a poco, abrió un ojo y miró a Edward de reojo.
Él le estaba mirando. Era una mirada profunda, atenta; como si supiese que había algo sin decir entre ellos.
Apartó la mirada rápidamente.
"Hola," dijo él en voz baja, tocándole el brazo con la punta del dedo.
"Hola," respondió ella sin mirarle.
Con cautela, él se acercó y puso su mano en su cadera y la atrajo hacia él, hasta que ella quedó sobre su costado frente a él.
Ella le miró entonces, y por un momento le observó mientras él la observaba. El peso de su conciencia era agobiante bajo su mirada, pero cuando se volvió a mirar hacia otro lado, oyó su suave voz.
"Me lo puedes decir, ¿sabes?" dijo. "Sea lo que sea. Me puedes decir lo que te está molestando."
Bella sacudió la cabeza. "No es nada. Estoy bien," insistió.
"Es por lo de Anthony llamándote "mamá", ¿no?" Edward continuó. "Estoy seguro de que es sólo porque pasamos todos mucho tiempo juntos, no le dije que..."
"Edward, no seas ridículo," se sentó Bella rápidamente. "No estoy molesta porque Anthony me llamó mamá."
"Te pusiste un poco rara después de que tu madre lo mencionase. Pensé que tal vez..."
"Eso es porque tú te pusiste raro. Pensé que a lo mejor tenías un problema con eso."
"No tengo ningún problema con eso," Edward estuvo inmóvil por un momento. "Sólo pensé que era una especie de... no sé... quiero decir, ¿recuerdas cuando me dijiste que tenía que decirle que me podía llamar papá o que si no nunca lo haría? Sin embargo, ahí está, llamándote mamá y ni siquiera tuviste que pedírselo. No quiero que suene como que estoy celoso ni nada, porque no lo estoy. Simplemente es extraña la forma en que su relación contigo es mucho más fácil que su relación conmigo."
"Sí, pero eso no tiene nada que ver contigo o conmigo. Anthony ha tenido una madre antes. Sabe lo que se siente." Le dijo Bella. "Y para ser justos, le llevé al supermercado con mi madre y estoy segura de que le recordó a las salidas que tuvo con su madre y su abuela."
"Pero no tuvo una figura paterna antes, Edward. Está aprendiendo las señales contigo. Si no le dices que está bien hacer algo, no lo va a hacer. Es difícil tomar la iniciativa con cosas que nunca has experimentado."
"Y que lo digas," murmuró Edward. "Sabe tantas cosas por si mismo que se me olvida que todavía hay muchas cosas sobre mí que no sabe. Por ejemplo el otro día pasamos por delante del colegio al que fui en primaria y se lo dije, y me di cuenta de que el concepto de mí viviendo en esta ciudad cuando tenía su edad era nuevo para él. No se me había ni ocurrido decirle nada al respecto."
Bella le iba a decir a Edward que era completamente normal olvidar detalles como ese cuando la vida día a día era tan absorbente, pero una mirada a la cara de Edward y supo que él tenía algo más que decir.
"También me di cuenta de que... nunca... le he dicho a Anthony que le quiero," Edward susurró, como si sus palabras no fueran destinadas nada más que a sus propios oídos.
"¿Por qué no?" Bella se entristeció por esta confesión. Anthony necesitaba escuchar que su papá le quería.
Edward se encogió de hombros. "Supongo que es lo que has dicho. Es difícil hacer cosas que nunca has experimentado."
Te quiero. Quería decir Bella. Ella quería ser quien dijese esas palabras que él no recordaba haber escuchado.
"Pero él lo sabe, ¿no?" Edward preguntó. La expresión de su rostro le rogaba a Bella que confirmara su preocupación.
"Podría tener cierta idea," Bella le aplacó, "pero ¿te lo ha dicho él?"
"No," Edward dijo en voz baja.
"Estoy segura de que le encantaría que se lo dijeses. A la gente le encanta oírlo."
Edward bajó la cabeza y besó la línea de la mandíbula de Bella. "Como en realidad nunca se lo dije a nadie... puede que necesite un poco de práctica." Sus palabras fluían ligeramente sobre los labios de ella y aterrizó como un aleteo sobre su corazón. "Te... quiero... ¿así?" susurró.
Bella cerró los ojos y asintió, fingiendo que el sentimiento iba dirigió a ella.
Edward besó la piel aterciopelada de sus párpados. "Te... quiero."
Ella abrió los ojos para encontrarlo sobre ella, hipnotizándola con las profundidades de color jade de su alma.
Hubo un momento de vacilación, cuando él miró hacia abajo y luego de vuelta a su cara, como memorizando todos los aspectos del momento.
"Te quiero," suplicó.
Y no había duda alguna de a quien iban dirigidas esas palabras.
Bella abrió la boca para contestar, para decirle la frase que casi había dicho la noche anterior, pero un sollozo sustituyó las palabras que tenía para él. Mientras Bella se acurrucaba debajo del peso del favor inmerecido de Edward y el secreto que le ocultaba, envolvió sus brazos con fuerza alrededor de su cintura y lloró en su hombro.
Edward la rodeó con sus brazos y la abrazó mientras ella derramó su emoción y su culpa. Y en algún momento entre sus lágrimas, sollozos y respiraciones, ella le dijo que le quería.
Pero probablemente él nunca lo escuchó.
