Los personajes de Inuyasha pertenecen a Takahashi Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.

Este fic participa en la campaña: "Fickers unidas para llevar el canon hasta la cima", de la página "Estrellas de la Biblioteca Prohibida".


Mi Sirena Favorita

Fase dos: Hacer que se conozcan.

Ranko había buscado en internet el lugar de dónde era Kagome, lo que encontró fue que, Kashiwajima, era una isla, se podía practicar buceo, ver corales y por las fotos, pudo ver que era un lugar hermoso, el lugar ideal para una sirena.

Ya ahora, estaba bajo la cama pensando la manera en que su tío y Kagome se conocieran, cuando su padre entró a la habitación.

—Ranko— le llamó y su hija se asomó debajo de la cama.

—Aquí estoy

—Tu mamá debe ir al médico, yo la voy a llevar, Kaede irá al supermercado vas ir con ella, te portas bien.

—¿Y por qué no me cuida mi tío?— si pasaba tiempo con él, podría idear un plan.

—Tiene trabajo.

—No quiero ir con Kaede, me aburro.

—No te vas a quedar sola.

—Dile a mi tío— salió debajo de la cama y se paró frente a su padre.

—Inuyasha no puede.

—Si puede, por favor— se sujetó de una pierna de él y puso sus mejores ojos de súplica.

—Sessh, ¿Nos vamos? ¿Qué pasa?— Rin vio a su hija y luego a su esposo, seguramente Ranko le había pedido algo a su padre y él no quería acceder, pero cuando la pequeña soltó la pierna de manera resignada, supo que Sesshoumaru estaba perdido.

—Trae tu mochila— terminó accediendo.

—¡Gracias!— saltó para abrazarlo por la cintura y luego salió a la sala a buscar su mochila.

—¿La vamos a llevar?

—No, se quedará con Inuyasha— informó al sacar su celular y llamar a su medio hermano.


Desde que le dejaron a Inuyasha a Ranko ese día más temprano, su sobrina no paraba de hacerle preguntas a su tío y hacer dibujos en su libreta. Inuyasha le sugirió ir a la piscina de pelotas pero ella no quiso, le iba a llevar al restaurante para comer algo y ella dijo que traía comía. Aquello le parecía muy extraño al chico, comúnmente, la pequeña quería ir al restaurante ya fuese por alitas o una malteada, Pero a la hora de la comida, Ranko le pidió ir a ver a Kagome, la sirena; según su sobrina, le iba a dar un obsequio y no le quedó más remedio que llevarla.

Al ir a la parte trasera del estanque, Kagome estaba sentada en el borde, Ranko corrió, subió las seis escaleras y se hincó junto a ella.

—Hola, hace días no te veía.

—Mi mamá no me ha podido traer.

—¿Cómo has estado?

—Bien, te traje esto— sacó una caja de almuerzo—. Son oniguiris de atún, no sé si lo comas, no sé qué comen las sirenas.

—Si me gusta.

—Él es mi tío— miró a donde estaba el chico—. Se llama Inuyasha, también trabaja aquí.

—Hola— le saludó y él devolvió el saludo con un gesto con la cabeza.

—Si se descompone algo, él lo arregla, una vez lo vi reparar el lavaplatos de mi casa.

Por su overol azul, Kagome supuso que él trabajaba en mantenimiento y no pudo evitar preguntarse ¿Por qué si era hermano de Sesshoumaru, no trabajaba en una oficina?

—Inuyasha, que bueno estás aquí— dijo Kagura, una mujer entrada en los cuarenta y que era la encargada del show de sirenas—. Uno de los ductos de filtrado hace un ruido raro, tus compañeros no han podido arreglarlo.

—¿Cuál es?

—Ese de allá— señaló el que estaba entre el área de Kagome y Yuka.

—Ya lo revisó— de que servía que hubiese más personal de mantenimiento si él era el único que trabajaba.

—Gracias, salgo a comer.

—Ranko, no te muevas de aquí.

—No lo haré— prometió —. Es muy bueno, seguro que lo compone, ¿Tú cantas?

—No.

—¿Por qué no? Las sirenas tienen bonita voz.

—No soy buena haciéndolo, yo hago cosas cómo estás— señaló los boches en su cabello.

—Una sirena artesana.

Kagome veía a Inuyasha poner una escalera y subir para abrir el filtro, ¿Por qué nunca le había visto?

—¿Ya tienes un prometido o novio?

—¿Por qué preguntas eso?— volteó a ver a la pequeña con extrañeza.

—Eres bonita.

—Por ahora no tengo nada de eso.

—¿Sabes cocinar comida humana?

—No creo que sea tan difícil— a decir verdad, no era mala cocinera, pero su comida tenía buen sabor pero el aspecto, deba mucho que desear.

—¡Maldición!— exclamó Inuyasha.

—¿Qué pasó?— preguntó Kagome.

—Se me cayó una llave— dijo al bajar de la escalera.

—Ya te la paso— de inmediato se zambulló en el agua y buscó la herramienta.

—Tío, ¿Estás bien?

—Si, no te preocupes.

—Aquí tienes— Kagome le entregó la llave y pudo ver que él tenía una cortada en la palma de su mano—. Estas sangrando.

—Es leve— envolvió su mano con un pañuelo—. Había un tenedor atorado— le mostró el cubierto que ahora estaba doblado y le miró con sospecha.

—Yo no fui, conozco las reglas.

—No importa, ya funciona.

—¿Seguro que no quieres ir a la enfermería? Puedo cuidar a Ranko en lo que vas.

—Estoy bien, solo fue un rasguño, me he lastimado peor.

—¿Podemos comer juntos?— pidió Ranko, le emocionaba ver que ellos dos ya estaban hablando.

—Solo no tiren nada al tanque— pidió Inuyasha.

Los tres se sentaron en el borde del estanque y mientras comían, Ranko le mostraba a Kagome los dibujos de sirenas que había hecho, Inuyasha solo las escuchaba y le parecía extraño que esa mujer le siguiese el juego de la sirena a Ranko.

—Es tu papá— dijo Inuyasha al ver el mensaje que le había llegado—. Nos ve afuera.

—Nos vemos Kagome.

—Sí, gracias por la comida.

Kagome se quedó un rato más sentada, ya debía quitarse la aleta y alistarse para irse, pero no quería arriesgarse a que Ranko volviese y la descubriera, por ello decidió esperar unos minutos más, mientras tanto, decidió quitarse los broches de su cabello y desatar su coleta. Se escuchó que abrieron la puerta y volteó, era Inuyasha.

—Volviste.

—Olvidé la llave— Kagome se fijó a su alrededor y la vio cerca de ella.

—Toma.

—¿Por qué no le dices que es un disfraz?

—No quiero romperle el corazón, ¿Has visto su carita?

—Ya te conquisto— esa niña era demasiado irresistible, ni siquiera Sesshoumaru podía con ella.

—Es adorable.

—Eso debe ser gracias a su madre— dudaba que algo de la dulzura de Ranko fuese gracias a Sesshoumaru—. ¿Tienes idea de lo complicado que será ocultarle la verdad?— un día, Ranko se terminaría enterando.

—Si, pero mientras no me vea ponerme la aleta o quitármela, todo estará bien.

—Te avisaré cuando venga de visita.

—Gracias.

—Como sea, hasta luego.


Kagome abrió su armario del acuario y no vio su aleta, miró alrededor y nada.

—Yuka, ¿Has visto mi aleta?— preguntó a una chica de cabello corto.

—No, Ayumi ¿Has visto la aleta de Kagome?

—No, ¿Segura que no está?— la chica de cabello rizado fue a echar un vistazo al armario de Kagome—. Tal vez la olvidaste en el estanque cuando te la quitaste.

—Nada de eso, la traje aquí.

—Pregúntale a Kagura, seguro que ella sabe algo— sugirió Ayumi.

Las chicas se fueron a alistarse, Kagome fue a la oficina de Kagura y no estaba, se sentó en una banca de los vestidores y estuvo pensando en dónde podría estar, esperaba que no fuese una mala señal de que la iban a despedir. Al escuchar pasos entrar a los vestidores, se levantó, era Kagura y llevaba una bolsa grande.

—Kagome, lamentó la demora, toma— le entregó la bolsa.

—Está no es la mía— dijo al abrir la bolsa y ver una aleta de diferente color.

—Ahora será esta

—¿Por qué?

—Se han hecho ajustes, por la nueva iluminación y usarás esta desde ahora, cámbiate.

A Kagome antes no le hubiese importado el cambio, pero ahora tenía un gran dilema, ¿Cómo le iba a explicar a Ranko el cambio de color? No tenía mucho tiempo para pensar, cuando llegó, Inuyasha le dijo que Ranko iría de visita.

Si era sincera, Kagome debía admitir que esa aleta era más cómoda y podía nadar mejor. Salió a la superficie y se encontró con Ranko, ella ya la esperaba y estaba con Inuyasha.

—Quería ver el show pero llegamos tarde, entonces mi tío me trajo.

—Últimamente él te cuida mucho.

—Si, mi mamá se cansa mucho y mi papá tiene mucho trabajo— dijo con algo de decepción.

—Seguro Sesshoumaru te recompensa después— intentó anímale Inuyasha.

—Dijo que más tarde me llevaría por un helado.

Kagome quería decir algo para animarla, pero no sabía qué cosa, no los conocía mucho, aun así, intuía que algo no iba bien.

—¿Por qué ahora es verde y rojo?— preguntó de pronto Ranko, por estar distraída apenas se percató que la aleta de Kagome ahora era verde con rojo.

—Porque… Es que…— la había tomado con la guardia baja ¿Qué le decía?

—Y se ve diferente, como más suave y brillante.

—Es algo muy curioso, es porque…

—No sabía que las sirenas también mudaban escamas— dijo Inuyasha con un poco de burla.

—¡Así que es eso!

Ranko aceptó que eso tenía sentido, y si lo pensaba bien, el verde le iba y el rojo le recordaba a su tío, el solía usar ropa roja, eso quería decir que cuando una sirena se enamoraba o encontraba a su pareja, adquiría el color de su verdadero amor.

¡Todo iba por buen camino!


03/02/2019

Muchas gracias por sus mensajes, sé que les he confundido un poco con el color de la aleta de Kagome y por el peinado, pero esos cambios tienen una razón de ser, como se pudo leer en este capítulo con el color de la aleta.

Trabajo en mis otras historias, pero al ser más complejas, debo ser muy cuidadosa, me ha pasado que llegó a revolver cosas.

Y si, planeo que sea una historia tranquila, con humor e ilusión por parte de Ranko.

Creo que por ahora es todo, nos seguimos leyendo.