A Rough Start

Capítulo 30 – Caravana de Amor

Edward escuchaba en silencio el zumbido de los neumáticos sobre la carretera contemplando no sólo el largo viaje que tenía por delante, sino también el próximo viaje a Oregón.

"No hacía falta que vinieras, ¿sabes?" dijo Emmett, interrumpiendo los pensamientos de Edward.

"Pensé que querías que viniera," Edward miró hacia él.

"Quería usar tu coche. No dije que hiciera falta que vinieras en él."

Edward se encogió de hombros. "No es problema".

"Parecía que Bella quería que te quedaras con ella," dijo Emmett como observación.

"Bella esta de acuerdo," suspiró Edward. "Con casi todo."

Emmett miró a Edward con una ceja levantada. "Pero eso es bueno, ¿verdad?" preguntó con confusión.

Edward miró sobre su hombro y vio que Anthony estaba sentado tranquilamente en la parte de atrás, con los ojos y oídos fijos en su padre. Y Edward sabía que como se había echado una siesta en casa de Bella, era muy poco probable que Anthony se fuera a dormir pronto.

Por lo tanto, "Sí," fue todo lo que ofreció Edward.

Pronto una señal mostrando unos arcos dorados apareció a la vista y aunque no podía verle, Edward escuchó a Anthony incorporarse en el asiento trasero.

"¡Tengo hambre!" exclamó. "¡Quiero un Happy Meal!"

Emmett miró a Edward. "¿Quieres parar?"

"No tiene hambre," dijo Edward sin entusiasmo. "Sólo quiere el juguete".

"Tengo hambre," discutió Anthony.

"Bella ya te dio de cenar. Lo vi: palitos de pescado y patatas fritas."

"Si, pero mi barriga aun tiene hambre."

Edward suspiró mientras Emmett se encogió de hombros. "No es como si la comida fuera a hacerle daño. Quiero decir... bueno, puede soportar algunas calorías extra."

La mano de Edward deslizó hacia abajo desde donde la tenía apoyaba en la mejilla mientras se inclinaba contra el frío cristal de la ventanilla.

"¿Qué se supone que significa eso?" le preguntó a la defensiva.

"Nada malo," Emmett se defendió. "Es sólo que he vi al hijo de Craig en la feria de la salud justo la semana pasada," dijo de su mutuo compañero de trabajo," y ese niño tiene sólo tres años, pero es alto, como Craig... y tu mides como metro ochenta."

"¿Y?" Edward preguntó con indignación. Y luego, antes de que pudiera pensar en lo que estaba diciendo, añadió: "Mi hermana era así de pequeña."

Unos pocos segundos pasaron y Emmett alcanzó los controles del estéreo y jugueteó con ellos. Por un momento, Edward pensó que su desliz no había sido detectado.

Pero entonces Emmett le miró.

"Te conozco, desde hace cuento... ¿seis o siete años? Y ni una vez has mencionado el hecho de que tienes una hermana." Y luego, por supuesto, porque Emmett es Emmett, "¿Está buena?"

Edward ignoró la pregunta, y Emmett confundió la falta de reconocimiento con ira.

"Sólo estoy bromeando," dijo riendo. "Ya sabes que ni siquiera estoy buscando."

"Eso es lo que quieres que le diga a Rosalie cuando pregunte," dijo Edward, cobrando vida de nuevo.

Emmett frunció el ceño entonces, y su comportamiento jovial y juguetón desapareció. "Crees que soy un blandengue por ir a sacarla de la cárcel, ¿no?"

"Yo no dije eso," dijo Edward. Y no lo creía... bueno, ya no. Al principio, cuando Emmett mencionó que Rosalie le había llamado y que él la iba a ayudar, Edward se había desalentado por el recuerdo de cómo Rosalie había terminado la relación por otra persona, y cuando las cosas se pusieron difíciles, recurrió a toda prisa a Emmett.

Entonces Edward consideró cómo se sentía acerca de Bella, y cómo se sentiría si ella decidiese dejarle por alguien que no cargase con todo lo que él acarreaba; alguien que pudiera darle más de lo que podía. Por supuesto, al igual que Emmett había tenido que dejar ir a Rosalie, Edward tendría que dejar ir a Bella, pero eso no significaba que todos los días que estuvieran separados él dejaría de tener la esperanza y rezaría por que ella volvería a él. Por supuesto, pondría buena cara, diciendo que era ella la que salía perdiendo y que no le importaba, al igual que hizo Emmett. Pero en su interior Edward sabía que sería medio hombre y que él la dejaría volver de nuevo en mismo segundo que tuviera la oportunidad.

Como Emmett.

"No, no lo creo," dijo Edward. "Lo entiendo."

"Mm," gruñó Emmett. No entró en detalles, porque sabía que no era necesario.

Se las arreglaron para pasar el primer establecimiento de comida rápida sin detenerse, pero cuando se acercaban al siguiente, veinte kilómetros más adelante en la carretera, tanto de Emmett como Anthony estaban lloriqueando por algo de sustento. Edward estaba listo para comer también, así pasaron a través de la ventanilla para coches antes de continuar su viaje.

"Estoy pensando en pedirle a Bella que venga a vivir conmigo," Edward dijo rápidamente, a pocas millas de Port Ángeles.

"Whoa." Emmett alargó la el brazo y apagó la calefacción.

"Si," dijo Edward, sintiendo lo enorme que era su revelación ahora que lo había dicho en voz alta. "Lo sé."

"Sabía que las cosas iban bien, pero no sabía que iban tan bien," dijo Emmett.

"No es demasiado pronto, ¿verdad?" Edward dijo, confesando su preocupación más importante.

Emmett se encogió de hombros. "Soy la última persona de quién deberías recibir consejo sobre relaciones." Se detuvo un momento y luego continuó. "Pero, si sientes que es lo correcto, entonces... no sé... ¿Has sopesado los pros y los contras y todo eso?" Emmett miró tímidamente de nuevo a Anthony a través del espejo retrovisor, antes de esperar respuesta de Edward.

Edward torturó su pelo por un momento tirando de él. "Ese es el problema," dijo. "Si pienso en los pros y contras desde el punto de vista de Bella, hay un montón de contras. Pero si lo pienso desde mi perspectiva, hay un montón de pros y solo una cosa en contra."

"¿Cual es?" preguntó Emmett, masticando si segunda cheese burger.

"Si le pido que se mude en este momento, podría potencialmente estropear todo lo que tenemos entre nosotros y destruir esta relación por completo," contestó Edward.

"Pues espera," Emmett se encogió de hombros.

La carcajada que soltó Edward después era sin humor. "¡Por supuesto! ¿Por qué no pensé en eso?" puso los ojos en blanco con sarcasmo. "¿Sabes cuantas veces en esta pasada semana he estado a punto de flaquear y pedírselo? Es como si la pregunta tuviera voluntad propia y se estuviera muriendo por salir."

Emmett volvió a encoger los hombros. "Entonces pídeselo."

Si Edward hubiera tenido la certeza de tener toda la atención de Emmett cuando Emmett hizo esa declaración, probablemente le habría preguntado a su amigo si había oído una palabra de las que había estado diciendo en los últimos quince minutos.

Pero Edward estaba seguro que no tenía toda la atención de Emmett, ya que se acababan de meter en un aparcamiento en frente de la estación de policía de Port Ángeles.

Emmett apagó el coche y se sentó en silencio, mirando fijamente a las puertas de cristal delante de él. Durante todo el tiempo que habían estado juntos en el coche, Edward se dio cuenta de que la mayor parte de la conversación se había centrado en él, y su relación con Bella. Emmett probablemente tenía algo que decir acerca de Rosalie, pero no había tenido oportunidad.

"¿Es esto incómodo?," Preguntó Edward mientras señalaba hacia la oficina del condado ante ellos.

La pregunta sorprendió Emmett, como si hubiera olvidado que Edward estaba sentado a su lado.

"Ella dijo que quería más," dijo Emmett en voz baja. Miró más allá de Edward por la ventana del lado del copiloto, luchando por confesar su humillación sobre cómo Rosalie lo había descartado.

Edward se mantuvo en silencio. No parecía como si Emmett realmente quisiera su opinión.

"Estaba tan cabreado," Emmett hervía. "Rompí dos de mis tazas para cerveza favoritas porque simplemente tenía que romper algo, ¿sabes?"

Edward asintió.

"No debería estar aquí," anunció, golpeando su puño contra el reposabrazos de la puerta. "¿Quién demonios se cree que es? ¿Piensa que me puede tirar como basura pasada y luego llamarme cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Dónde están todos esos guaperas ricos, eh? ¿Por qué no llama a uno de ellos? "

Edward, pesado por el cansancio, apoyó la cabeza en el reposacabezas. "Rosalie era sólo una chica de pueblo en busca de una experiencia de la gran ciudad. Probablemente pensó que la seguirías."

"No me pidió que la siguiera," dijo Emmett con todo de burla. Solo dijo que ella tenía que ir."

"Y se fue," señaló Edward. "Y volvió de nuevo."

"Pero no lo hizo, de todas formas." Emmett miró a Edward. "Ya sabes que se está mudando."

"Pero no se ha ido todavía."

"¡Eso es porque está en la cárcel!" resonó la voz de Emmett.

"¿Vas a sentarse ahí y pretender que ella no podía haber llamado a Bella para que viniese a pagar la fianza? Te llamó por alguna razón, Em."

"Porque sabe que soy un tonto y que vendría aquí con la polla entre las piernas como un pu..." Emmett censuró su lenguaje por el bien de Anthony.

"Ella llamó porque todo lo que esta locura de viaje retorcido hizo fue hacerse darse cuenta de una cosa."

Emmett puso los ojos en blanco a Edward como una pausa dramática. "¿Y de qué?"

"Que no puedes encontrar lo que no has perdido."

Era algo que su madre le había dicho una vez cuando tenía siete años y se había separado de ella en unos grandes almacenes en Seattle. La había buscado frenéticamente durante lo que parecieron horas antes de que, finalmente, tuvo el buen sentido de decirle a un vendedor que no podía encontrar a su madre. Después de un avisó se enviara, Esme, hinchada con el embarazo, caminó cojeando hasta Edward y le abrazó con sus brazos con fuerza. El miedo, la soledad y la frustración de la situación se estrellaron contra Edward tan pronto como olió el olor familiar de su madre y él comenzó a sollozar sin descanso. Hizo un esfuerzo por decirle a su madre, una y otra, que no podía encontrarla.

"No se puede encontrar lo que no has perdido, cariño," le había susurrado en voz baja mientras lo mecía para calmarlo.

Las palabras eran raras y Edward estaba seguro de que no había comprendido plenamente su significado, pero aún así, le dieron una extraña sensación de confort.

Y mientras Edward miraba a Emmett arrastrarse penosamente hacia la entrada de la estación de policía, esperó que las palabras también le dieran paz a su amigo.

"¿Papá?" Anthony había estado extrañamente callado hasta ese momento.

"¿Sí, colega?" Edward se giró para poder mirar a su hijo.

"¿Por que tuvimos que volver aquí?," preguntó.

Edward vio que Anthony estaba claramente asustado, no se había dado cuenta hasta entonces que Anthony reconocería el entorno de Port Ángeles. Se había dado cuenta que estaba de vuelta en la misma ciudad donde había visto a Vicki por última vez.

"Rosalie necesita que la lleven a casa," Edward se limitó a decir.

"¿Rosalie está aquí?" Anthony arrugó la nariz confuso.

"Sí. Volvió a decirle a la policía que Vicki es una persona mala," dijo Edward, estirando la verdad sólo un poco.

"¿Hizo eso?" Anthony se sentó con la espalda recta, con una mirada de asombrado en su rostro. "¿Así que la policía llevará a Vicki a la cárcel?"

"Ojala," murmuró Edward en voz baja.

Y treinta y cinco minutos más tarde, cuando Rosalie y Emmett volvieron al coche, Edward se enteró de que había conseguido su deseo.

"Tuvo una orden de arresto por incumplimiento de comparecencia. La oficina del Fiscal del Distrito no nos dijo para qué, pero no presentó cargos contra Rose," dijo Emmett, como si su equipo acabara de anotar el gol del triunfo.

Rosalie estuvo en silencio, la mayor parte del tiempo. Sus ojos estaban hinchados y levemente teñidos de rojo porque había estado llorando antes. Edward notó que parecía agotada también. Él asintió con la cabeza y le sonrió y luego renunció a su asiento en la parte delantera y se deslizó a la parte posterior junto a Anthony para el viaje a casa.

Mientras viajaban de regreso a Forks, de vez en cuando Emmett y Rosalie intercambiar palabras en voz baja, baja. Sabiendo que ellos no querían una audiencia durante cualquier posible reconciliación, Edward encontró un pedazo de papel y un bolígrafo y jugó a las tres en raya con Anthony, que parecía tener una afinidad voraz por el juego.

En poco tiempo, Emmett estaba dejando a Rosalie en su coche antes de dirigirse a casa de Bella para recoger el modo de transporte de Emmett, al que normalmente se hace referencia como un coche.

"Gracias por dejarme conducir tu coche y todo eso," dijo Emmett mientras le entregaba las llaves de Edward y los dos hombres intercambiaron asientos.

"No hay problema," dijo Edward. Se asomó por la ventanilla del copiloto y vio que Anthony había quedado dormido por fin.

"¿Te está esperando en tu casa?" Preguntó Emmett, asintiendo con la cabeza hacia el apartamento de Bella que estaba a oscuras.

"Sí." Edward trató de ocultar la sonrisa que amenazaba con estallar en su rostro ante la idea de ir a su casa con Bella.

Emmett lo notó. "Ella es la definitiva, ¿no?"

Edward pensó por un momento, a pesar de que no lo necesitaba. "Sí. Creo que lo es."

"Bueno, espero que todavía te sientas de esa manera después de pasar cada minuto del día juntos durante una semana," dijo Emmett, a sus palabras le siguió una risa macabra. "Pásalo bien, tío," dijo por encima del hombro.

El escudo de buen humor de Edward causó que la advertencia de Emmett escurriera sobre él como una mancha de aceite por encima del agua mientras se subía al coche y se dirigió hacia su casa.

La luz del porche estaba encendida cuando llegó allí, ya pesar de que la camioneta de Bella se encontraba estacionada en la acera, Edward sabía que ella había dejado la luz como una señal de su presencia.

Él sonrió ante el gesto mientras sacaba el cuerpo de Anthony, relajado por el sueño, del coche. Tan silenciosamente como fue posible lo llevó por las escaleras y lo metió en la cama antes de encontrar a Bella dormida en medio de su cama.

Edward se quedó en la puerta y la observó un momento, gustándole el aspecto que tenía ella sobre sus sábanas. Ella había encendido la radio de la mesilla de noche, probablemente por el ruido de las interferencias que zumbaba suavemente de fondo.

Rápidamente, Edward se duchó antes de meterse en su lado de la cama. Con cuidado, envolvió su brazo alrededor de la cintura de ella y llevó su cuerpo contra el suyo. Tocó suavemente con los labios su cuello antes de apoyar la cabeza en la almohada y los últimos acordes de Hotel California de los Eagles le ayudaron a dormir.

'*'

Edward estaba más descansado de lo que se había sentido en meses cuando se despertó a la mañana siguiente. Alargó el brazo buscando el calor del cuerpo de Bella, pero su mano se encontró con una superficie de sábanas frías en su lugar. Frotándose la cara, Edward se incorporó y echó un vistazo al reloj de su alarma.

9:16 am

"¡Mierda!" exclamó mientras apartó las mantas. Con cuidado, colocó su erección matutina y se puso los pantalones del pijama antes de bajar por las escaleras, donde encontró a Bella y Anthony en la cocina.

"¡He hecho galletas!" Anthony dijo tan pronto como vio a su padre.

Edward pasó la mano por el pelo de Anthony en respuesta antes de dirigirse a Bella. "Me quedé dormido. Debíamos estar ya de camino."

Bella sacudió la cabeza. "Dijiste que saldríamos más tarde, así que pensé que eso significaba que querías salir después del tráfico de la mañana. Si nos vamos en los próximos cuarenta y cinco minutos más o menos, estaremos bien."

La adrenalina desapareció y Edward se relajó contra la encimera. Miró por encima de la abundante comida delante de él y frunció el ceño. "¿De dónde ha salido todo esto?"

"Anthony no se queda dormido," dijo Bella divertida. "Así que, estábamos en la tienda a las siete de esta mañana porque no había nada comestible en la casa."

"Oh. Claro. Lo siento," se disculpó Edward.

"No, tiene sentido. No estarás durante una semana. No quieres que la comida se quede aquí pudriéndose. Sólo compré un par de cosas para el desayuno y para el camino. De esta forma cuando estemos listos para salir, no tenemos que preocuparnos de las paradas de última hora. ¿Está todo listo? "

Edward sonrió porque sabía que Bella esperaba que el no lo estuviese, pero lo estaba. "Sí". Luego le dio un beso rápido en la frente y se dirigió hacia las escaleras para darse una ducha. "¡Guardarme una de esas galletas, Anthony!" dijo por encima del hombro.

"¡Lo haré!" Anthony respondió.

Cuando Edward salió de la ducha, emergió del baño para encontrarse a Bella de pie frente a su cama mirando en la bolsa de lona que tenía previsto llevar con él.

"Si querías echarle un buen vistazo a mi ropa interior, solo tenías que pedirlo," dijo Edward justo antes de besarla con propiedad, había tenido la oportunidad de lavarse los dientes.

Bella le devolvió el beso antes de apartarse. "No me tientes."

"¿Quién está tentando?" Edward dejó caer mientras presionaba su erección contra el muslo de ella.

"Edward, Anthony se encuentra al otro lado del distribuidor cogiendo algunos juguetes para el camino. Sólo le llevará unos pocos minutos."

"Sólo me llevará unos minutos," Edward movió las cejas sugestivamente.

"Sí, bueno, a ti quizás te llevé solo unos minutos, pero yo me quedaré sintiéndome excitada y molesta durante las cinco horas y media que se tarda en llegar a donde vamos," Bella hizo un mohín.

"Te sientas delante junto a mí. Ponte falda y haré que valga la pena", Edward susurró seductoramente en su oído.

"¡Oh, tú!" ella le dio un manotazo jugando y salió de la habitación.

Pero cuarenta y cinco minutos más tarde, cuando estaban todos de pie en la entrada cargando el coche, Edward se dio cuenta de que ella había cambiado y puesto una falda. Él la miró y le guiñó un ojo y ella se ruborizó.

'*'

La primera hora del viaje se pasó escuchando a Anthony probando su suerte a la hora de contar chistes, llamando con antelación a los hoteles ya que tanto Edward como Bella habían hecho reservas para diferentes lugares, clasificación un itinerario y haciendo una lista de compras Navideñas. En realidad, esta último sólo se refería a Bella. Este sería el primer año que Edward tenía que hacer compras por Navidad y no necesitaba una lista para comprar algo a Anthony y Bella.

Anthony había dejado perfectamente claro que juguetes tenía la esperanza de abrir en la mañana de Navidad, y Bella... bueno... si hicieran llaves para las casas decoradas con diamantes…

"¿Por qué sonríes tanto por ahí?" Preguntó Bella mientras suavemente le tocó el brazo.

Edward no se había dado cuenta de que estaba sonriendo. "Sólo pensaba las cosas que tengo que conseguir," respondió enigmáticamente. Bella no le presionó, y Edward estaba seguro de que ella pensaba que él estaba hablando acerca de regalos.

Después de una hora, Bella se agachó y sacó un viejo Etch-A-Sketch de juguete y se lo dio a Anthony.

"Era mío cuando yo era pequeña," le dijo. "¿Crees que te gustará jugar con él?"

"¿Cómo funciona?" preguntó Anthony, mientras movía frenéticamente los botones.

"Giras ese botón de ahí," Bella señaló, "para pintar un dibujo, y giras ese otro de allí para borrar."

Anthony lo probó, y antes de que Edward y Bella se dieran cuenta, había pasado otra hora.

"¿Qué más tienes en esa bolsa de trucos tuya?" Edward asintió con la cabeza hacia el suelo.

"¿Te gustaría saberlo?" respondió Bella coquetamente mientras movía dos dedos como si caminaran, subiendo por el muslo de Edward.

"Shh... me estás matando, mujer," Edward le dijo.

"Sí, bueno, ¿qué crees que me haces tú a mí?" Bella replicó. "Frotándote contra mía de esa manera y después - nada."

Edward sonrió mientras miraba hacia el asiento trasero a través del espejo retrovisor. "Pronto, cariño. Pronto."

Pronto significaba tan pronto como Anthony lograra conciliar el sueño, y como estaba descansado después de una noche completa de sueño reparador, no fue hasta después del almuerzo y dos paradas para ir al baño que los párpados de Anthony finalmente comenzaron a decaer.

"Me alegro de que finalmente decidiéramos no conducir tu camioneta," dijo Edward en voz baja.

Bella lo miró confusa. "¿Por qué?"

"Los asientos están mucho más separados," Edward sonrió justo antes de descansar la palma de la mano en la parte superior del muslo de Bella.

La forma en que miró hacia atrás al asiento trasero hacia Anthony era un toque a Edward de que ella sabía exactamente lo que buscaba.

Y las rodillas ligeramente entreabiertas y la ausencia de ropa interior que descubrió cuando su mano rozó por debajo de la falda confirmaron, sin lugar a dudas, que ella sabía lo que estaba buscando.

Fue el espectáculo que más podía ponerle la polla dura: Bella, sonrojada por el esfuerzo de tratar de permanecer en silencio, retorciéndose y gimiendo bajo la ayuda de su mano. Sus piernas flexionadas colocándose a si misma para concederle el máximo acceso. Sus nudillos estaban blancos por el esfuerzo de aferrarse al asiento debajo de ella. Le bailaban los ojos abriéndolos y cerrándolos mientras cedía bajo las sensaciones abrumadoras que le estaban siendo otorgadas. Mientras los dedos de Edward se clavaban, expandían y se deslizaban sobre el sexo de Bella, su propia erección crecía dolorosamente mientras veía y escuchaba a Bella acercándose a su clímax.

Justo cuando Edward sintió la sensación abrumadora de que se iba a correr en los pantalones, Bella acercó la mano y le bajó la cremallera. Incluso su ropa interior no le pudo contener cuando le liberó de los confines de su prisión de tela vaquera.

Bella no perdió el tiempo y se inclinó hacia él para probarle en reciprocidad por la felicidad que a la que él le había llevado. Edward movió rápidamente su mano derecha a la parte posterior de su cabeza, en silencio guiándola, mientras sus ojos miraban la carretera que tenía ante él.

"¡Aaah!" Edward gritó mientras se desvió de forma inesperada. "¡No muerdas!"

Antes de que Bella pudiera ofrecer una explicación, la iluminación de luces rojas y azules se apoderó del interior del coche. Y entonces un auge de voz vino por un altavoz.

"¡Deténgase!"

"¡Mierda!" Edward escupió mientras trataba de maniobrar el coche al arcén de la carretera al mismo tiempo tratando de metérsela de nuevo en los pantalones.

"Simplemente bájate la camisa," Bella gesticulaba frenéticamente. "¿Crees que nos vio? ¿Crees que sabe lo que estábamos haciendo?"

Edward no respondió. Después de subir la cremallera de sus pantalones vaqueros, buscó en la guantera la tarjeta de su seguro, y luego sacó su licencia de conducir antes de bajar la ventanilla.

"Buenos días", saludó el oficial de policía mientras tomaba un vistazo en el interior del coche. "¿Algún problemilla para mantenerse en la carretera hoy?"

"No, señor," respondió Edward con prontitud. La experiencia le había enseñado a responder con rapidez, con respeto y con tan poco contacto visual posible.

"¿Ha estado bebiendo?" preguntó el oficial, yendo rápidamente al grano.

"No, en absoluto," prometió Edward, girándose para que el representante de la ley pudiera ver la sinceridad en su rostro.

Anthony, que se había despertado por la repentina sacudida del coche estaba mirando a la policía con miedo y asombro.

"¿Qué pasó?" preguntó.

"Nada. todo está bien," dijo a Bella para calmarlo.

El oficial de policía no se inmutó por la preocupación de Anthony y se comenzó a preguntar a Edward acerca de dónde venía y hacia dónde se dirigía.

"Usted iba a cinco millas* por hora por debajo del límite de velocidad durante unas dos millas* antes de dar un volantazo," dijo mientras miraba a través del vehículo a Bella.

"Uh, sí. Lo siento. Me pareció que el coche estaba haciendo un zumbido extraño. Creo que me preocupé un poco por escucharlo," mintió Edward perfectamente. "Di el volantazo cuando ella accidentalmente golpeó su refresco en mi lado del coche." Edward cogió la taza con tapa que estaba apoyada entre él y Bella en la consola central y lo sacudió de manera convincente. "No me di cuenta que estaba vacío."

"Mmhm," El oficial de policía no parecía convencido, pero lo más probable es que la llamada para comprobar la matrícula de Edward no diera ningún resultado, porque le entregó su licencia y seguro a Edward y le advirtió a Edward que prestara más atención y que asegúrese de conducir a los límites de velocidad.

"¿Qué demonios, Bella?" Edward preguntó, una vez estuvieron de nuevo a salvo en la carretera. "Mamadas 101* - ¡No se muerde!"

"Bueno, pero he leído un artículo en una revista que decía que morder haría que te corrieras más rápido," hizo hincapié en el hecho de susurrar para que a Anthony no le fuese fácil descifrar lo que decían.

"¿Qué clase de artículo de la revista retorcido era?" Edward preguntó con su voz normal antes de mirar hacia Bella. "Nunca muerdas. No me importa lo que leas o escuches. Nunca me muerdas".

"No fue tan fuerte," Bella puso los ojos en blanco. "Ni siquiera lo puedes considerar un mordisco. Era más bien un mordisquito."

"Sé lo que sentía, y no fue ningún mordisquito. Me mordiste," Edward se enfurruñó en su asiento.

"Lo siento," Bella le dijo con sinceridad.

"Estás oficialmente castigada hasta nuevo aviso," Edward hizo un mohín, implacable.

Por supuesto, Edward solo hablaba medio en serio. Estaba irritado por el incidente con la policía, y nervioso por la falta de eyaculación, pero no estaba realmente interesado en negarle nada a Bella. De todos modos, su comentario fue contraproducente y Bella, que se había saciado con su orgasmo, hizo mucho porque él se lamentara.

Sus piernas largas y delgadas necesitaron un masaje profundo y sensual con crema. Sus labios gruesos y sensuales, aspiraron y tiraron de la pajita mientras bebía agua, y para protegerlos de la humedad, se aseguró de cubrirlos con abundante brillo de labios. Su sujetador de seda negra azabache debió retorcerse y amontonarse debajo de sus pechos, porque, tan pronto cuando no hubo otros coches en la distancia, frente a ellos o a los lados, Bella se levantó la camisa para ajustarlo.

"Oops," dijo cuando tiró demasiado firmemente y su tenso pezón rosado tenso se asomó por la parte de arriba.

Cuando por fin llegaron a su destino, la señal que les daba la bienvenida a Salem, Oregón, no era el uno palo erecto en las inmediaciones.

"Según el mapa, el hotel está a sólo unos cuantos kilómetros más adelante," dijo Bella, manteniendo su farsa de docilidad.

Edward gruñó en respuesta moviéndose en su asiento para aliviar su malestar.

"Tengo que hacer pis," anunció Anthony, ansioso y deseoso de ser liberado del coche.

"Ya casi hemos llegado, cariño. ¿Puedes aguantar un poco más?" Bella le preguntó.

"Sólo un poco," enfatizó.

El hotel llego a la vista después de eso y Edward entró en el aparcamiento y comenzó a luchar con el equipaje, mientras que Bella llevaba a Anthony al interior antes de pasar por el proceso de ingreso.

Su habitación estaba en el quinto piso y tenía una vista de los arbolados límites de la propiedad.

"Esto es precioso," dijo Bella mientras miraba por la ventana.

Edward estaba demasiado ocupado mirándola mientras ella sacaba su maleta a la pequeña habitación que albergaba una cama pequeña, dejando la cama de matrimonio libre para... ¿Anthony?

"¿Qué estás haciendo?" preguntó Edward. Se dio cuenta de Bella trataba de ocultar una sonrisa al contestar.

"Seguramente no esperarás que Anthony vaya a dormir solo en un lugar extraño. Por otra parte, la tentación sería demasiado para mí, al estar castigada y todo eso," explicó.

"Bella," Edward abrió la boca para quejarse.

"No quiero dormir solo," se apresuró a confirmar Anthony, en caso de que Edward fuese a desestimar la declaración de Bella.

Edward frunció el ceño hacia Bella. ¿Por qué se tiene que poner ese pensamiento en la cabeza de Anthony? ¿Y qué le parecía tan gracioso?

Para cuando terminaron de desempacar sus cosas, Anthony estaba listo para cenar, e incluso Edward tenía que admitir que estaba famélico. No queriendo pasar mucho más tiempo en el coche, Edward encontró una pizzería cerca y ordenó algo para llevar.

"Así que, ¿cuál es tu plan para mañana?" Preguntó Bella a Edward durante la cena. No había ningún indicio de jugueteos en su voz.

"Voy a ver a Santa," respondió Anthony.

Bella miró a Edward y se encogió de hombros. "Bueno lo mejor es quitárselo del camino."

"Hay que ir temprano entonces, antes de que se llene con demasiada gente. Porque si quieres ir a la Seguridad Social, vas a necesitar un montón de tiempo. Probablemente te harán dar mil vueltas," dijo Bella.

Edward también esperaba esto. De hecho, su plan inicial era llevar a Anthony a ver a Santa en el fin de semana, para asé él poder utilizar los días laborables para encargarse de todos los asuntos oficiales que tenía que hacer. Pero rápidamente se hizo evidente que Anthony iba a ser incorregible hasta que él pudiera ver a Santa, y después de haber viajado desde tan lejos, Edward no tenía el corazón para hacer a Anthony esperar.

También estaba la cuestión de visitar abuelo Antonio y Edward tenía que lidiar con eso también. Hay varios factores que ondeaban como banderas rojas y por esa razón, Edward se había evitado informar a Antonio de su plan de visita. Edward no había podido obtener ninguna información del abuelo de Anthony más allá del centro de atención donde residía. No tenía idea de si el hombre estaba mentalmente en posición como para interactuar con Anthony o si iba a ser beligerante hacia Edward. Cuando expresó su preocupación a Bella, decidieron que Bella llevaría a Anthony a comprar zapatos nuevos, mientras Edward se reunía con el padre de Jessica y determinara si sería seguro para Anthony visitarlo.

La tarde pasó rápidamente hacia la noche y mucho antes de que el sol desapareciera detrás de los árboles, Anthony estaba en caza de su cepillo de dientes y el pijama y mendigando por comenzar su ritual de antes de acostarse.

"¿Me puedo bañar?" pidió Anthony.

Edward levantó una ceja hacia su hijo antes de alcanzar y hacerle cosquillas Anthony. "¿Quién eres tú y qué has hecho con mi hijo?"

Anthony soltó una risita.

"¿Podría esto tener algo que ver con que cierta persona va a ver a Santa Claus mañana?" supuso Bella.

"Cuando soy bueno, Santa siempre me trae muchos regalos", declaró Anthony dándolo por hecho.

"Sabes que eso es durante todo el año, ¿no? No sólo antes de Navidad," reprochó Edward.

"Pero, pero ..." balbuceó Anthony.

"Bueno, se de muy buena fuente que has sido muy bueno durante todo el año. Tu maestra me lo dijo," Bella le guiñó un ojo.

Anthony encontró sus palabras para morirse de la risa. "¡Tú eres mi maestra!"

El cielo teñido de azul se volvió negro y Edward concedió el deseo de su hijo de un baño lleno de espuma. Mientras preparaba el agua, podía oír a Bella moverse en la habitación contigua, colgando ropa en el armario, sacando artículos de aseo y explorando su entorno. Cuando Edward salió del baño con Anthony envuelto en una toalla, vio que se había tomado la molestia de colocar el pijama de Anthony y abrir su lado de la cama. Por supuesto, más allá del gesto considerado, Edward vio que ella estaba reiterando que no iba a dormir con él. Lanzó una mirada con el ceño fruncido en su dirección y ella le devolvió una sonrisa inocente.

"¿Quieres ducharte primero?" preguntó ella con dulzura.

"Es toda tuya," respondió Edward rotundamente.

Bella usó las instalaciones con rapidez, y cuando salió, su pelo ondulado estaba oscurecido por la humedad y la camiseta sin mangas y pantalones de yoga ocultaban su cuerpo lo justo para el dar con el punto de excitación óptima de Edward. Él murmuró obscenidades en voz baja por el dolor de la hinchazón entre las piernas.

"Me estoy muriendo aquí," susurró.

Si ella le escuchó, no hizo el menor indicio de haberlo hecho. En su lugar, puso a Anthony una película en el canal de Disney antes de dirigirse hacia la cama.

"Estoy agotada. Este viaje realmente me consumió," dijo.

La mandíbula de Edward casi tocó el suelo. "¿Te vas a la cama? Pero son sólo..." hizo una pausa para consultar su reloj, "¡Ni siquiera es nueve!"

Bella ahogó un bostezo. "Lo sé, pero estoy muy cansada. Y rígido." Luego procedió a separar sus tobillos y doblar la cintura, mirando a Edward entre sus piernas.

Edward no pudo evitar sonreír mientras negaba con la cabeza hacia ella. "Oh, traviesa..." Ella sabía exactamente lo que estaba haciendo.

"Buenas noches," dijo mientras le lanzaba una mirada por encima del hombro antes de desaparecer en su habitación y cerrar la puerta.

Por primera vez en la vida de Edward, una ducha fría no funcionaba.

Después de meterse en la cama una media hora más tarde, Edward empezó a pensar que Bella le había estado diciendo la verdad, que estaba francamente cansada, porque no había escuchado ni pío de su habitación e incluso Anthony estaba profundamente dormido, a pesar de la siesta que se había echado en el camino.

Sin embargo, las hormonas que rabian en Edward se negaban a concederle el descanso. Trató de pensar en las cosas que esperaba ser capaz de averiguar acerca de Anthony visitando a su abuelo, trató de pensar en la unidad de almacenamiento que en algún lugar de la ciudad albergaba muchas de las pertenencias de Anthony. Trató de pensar en si tendría o no que alquilar un remolque para llevar las cosas a casa. Trató de pensar en el niño que suavemente roncaba a su lado y cual sería su reacción al de ver algo familiar después de tener su vida trastocada durante tanto tiempo.

Pero ninguna de esas cosas podía ocupar la mente de Edward lo suficiente para hacerle olvidar el caliente, palpitante e hinchado miembro que no le dejaba un minuto de paz.

Finalmente, cuando no podía aguantar más, Edward apartó las mantas y caminó firmemente por la habitación y abrió la puerta de la habitación de Bella. Se sorprendió al ver que la luz que Anthony había insistido en mantener encendida ocultó el hecho de que la habitación de Bella estaba iluminada también.

Ella estaba sentada en el medio de la cama mirando a la puerta como si hubiera esperado a Edward caminar a través de él en cualquier momento.

"Me estás matando," le dijo.

"¿Yo?" Bella preguntó inocentemente. "Yo no soy la que dejó a nadie a medias."

"Y yo no soy el que mordió a alguien donde nadie debe ser mordido."

"No te hice daño. Ni siquiera dejé marca."

"Si lo hiciste."

"Déjame ver".

Edward estaba demasiado dispuesto a conceder tener su polla en manos de Bella. Rápidamente cerró la puerta antes de, casi corriendo, arrastrarse sobre la cama. Bella no perdió tiempo en comenzar su simulada inspección.

"¿Dónde está la marca?" preguntó ella, con el rostro a escasos centímetros de su erección.

"Ahí mismo," señaló Edward a nada en particular, no podía concentrarse al estar tan cerca de ser puesto fuera de su miseria.

"¿Dónde? ¿aquí?" Preguntó Bella mientras frotaba su pulgar suavemente por la punta en la parte inferior de su polla.

"Mmm," murmuró Edward.

"¿O aquí?" sus labios besaron suavemente la base de la punta.

"Sí, ahí mismo." Pero las palabras de Edward tenía menos que ver con la evidencia de una lesión y más que ver con la esperanza de que ella 'la besara para hacerle sentir mejor."

Y así lo hizo.

Cuando Bella deslizó su lengua a lo largo de su longitud, y la cabeza rozó la parte posterior de su garganta, él estaba seguro de que vio las estrellas.

Y aunque Edward no tenía ninguna duda acerca de los fuertes sentimientos que él y Bella compartían hacia el otro, no había ninguna pretensión de hacer el amor cuando finalmente cedieron a las horas de deseo. Agarrándose uno al otro salvajemente, se cayeron de la cama al suelo, antes de terminar contra la pared donde follaron como fieras salvajes.

"Eso," dijo Edward momentos después mientras luchaba por recuperar el aliento "es lo que quiero para Navidad."

Bella se rió y se volvió hacia su lado, en busca, ahora, de suavidad y cariño. "Lo escribiré en mi lista."

Mientras yacían juntos escuchando los ruidos apagados de la noche, los pensamientos de Edward sobre las cosas que esperaba lograr se volvieron miedos.

"Este viaje podría ser regresivo para Anthony," dijo de pronto. "Ya sabes, con su terapia y todo."

"También podría hacer maravillas para él," dijo Bella con optimismo. "Él es muy fuerte."

Edward sabía que ella tenía razón, pero siempre había sido su lema tener esperanza en lo mejor, pero esperar lo peor, y ese era exactamente el mantra que había adoptado para el viaje a Oregón.

Se vio gratamente sorprendido cuando todo salió sin contratiempos.

Todo comenzó temprano a la mañana siguiente, cuando Edward se despertó y arrastró de vuelta a la habitación principal y se metió en la cama con Anthony. Después de una hora, que pareció apenas cinco minutos, Anthony despertó y saltó sobre Edward.

"¡Date prisa! ¡Tenemos que levantarnos para no perdernos a Santa!" instó.

"No nos vamos a perder Santa," dijo Edward aturdido mientras ponía a Anthony de nuevo a la cama.

"Sí agh," insistió Anthony. "Nos lo perderemos."

Bella se despertó poco después y entretuvo a Anthony preparándole y perfeccionando su lista de Navidad, lo que permitió a Edward el tiempo que necesitaba para despertarse de verdad. Después de completar su rutina matutina, Edward se acercó a Bella y le dio un beso en la cabeza.

"¿En serio has levantado la tapa del inodoro?" preguntó con sorpresa.

Bella se encogió de hombros. "Tu la bajas para mí, yo la levantó para ti."

Edward se apoyó en la mesa y miró a Bella con admiración mientras esta interactuaba con Anthony. Ella levantó la vista y le sorprendió mirando. Ella miró hacia abajo a la ropa que había elegido para ponerse ese día como si le estuviera ofendido a él.

"¿Qué?" le preguntó ella.

"Múdat..."* Edward se calló rápidamente. No podía creer lo que casi se le escapa. ¡Casi le había pedido que se fuera a vivir con él!

Y ahora ella le miraba como si fuera la persona más borde del planeta, como si él le hubiese dicho que se quitara de en medio.

"Películas. ¿Le llevamos a ver una?" Edward señaló a Anthony, en un intento de arreglarlo.

"¿Crees que tendremos tiempo?" Bella preguntó, sin darse cuenta del desliz de Edward.

"Probablemente no," dijo Edward. "Olvídalo."

Parecía demasiado pronto para a salir del hotel, pero para cuando Edward echó gasolina y visitaron una restaurante de gofres que Anthony había pedido llamándolo por su nombre, el centro comercial llevaba abierto más de una hora.

Cuando llegaron, Edward se sorprendió al descubrir que Anthony no tenía ningún interés en enorme espacio imitando el taller de Santa en el medio del centro comercial. En cambio, insistió en que Santa estaba en el segundo piso del centro comercial. Para apaciguarlo, Bella y Edward le permitieron guiar el camino.

"Oh Dios mío," exclamó Bella cuando Anthony les hizo entrar en un estudio de fotografía. Allí, sentado en un sillón en una de los espacios fotográficos estaba un hombre que se parecía a Santa, incluso si no llevara el traje rojo grande. "Es igualito a Santa," le susurró a Edward.

Una vendedora de la que Edward no se había percatado escuchó a Bella.

"Ese es Santa Carl," susurró para que Anthony no la escuchara. "Todos los niños piensan que él es el verdadero por su barba. Es de verdad."

Edward asintió con la cabeza mientras trataba de mantener sujeto a Anthony, que se esforzaba por acercarse al icono de las fiestas.

"Así que, supongo que necesitamos una cita o algo así, ¿verdad?" Bella preguntó.

"Por lo general si, pero teníamos una sesión programada con gemelos que se acaba de cancelar. Si quieren pasar ahora, puede sacarse su foto con Santa," señaló a Anthony.

Anthony no necesitaba oír más. Corrió hacia el hombre alegre y esperó hasta que "Santa" se agachó y puso a Anthony en su regazo.

"Bueno, bueno, bueno. ¿A quién tenemos aquí?" preguntó Santa.

"¡Soy yo, Anthony! ¿Te acuerdas?" Anthony preguntó.

"¡Oh, Anthony! ¿Cómo podría olvidarlo?" preguntó Santa. Edward puso los ojos en blanco, pero rápidamente fue humillado por la siguiente pregunta de Santa. "¿Tejiste esas cintas a través de las ruedas de tu abuelo, la Navidad pasada?"

"Lo intenté, pero era demasiado difícil," respondió Anthony. "La abuela los atados en los mangos de todas formas."

"Bueno, este año eres más mayor. Tal vez serás capaz de hacerlo esta Navidad."

Edward no se dio de que Bella le había cogido de la mano hasta que ella la apretó.

"Bueno, no sé dónde está mi abuelo," Anthony le dijo a Santa como si estuviera esperando que el hombre de la barba se lo dijera.

"¿Oh? ¿Te mudaste?" Santa le preguntó.

Anthony asintió. "Vivo en la casa de mi padre ahora." Anthony señaló a Edward.

Edward sonrió ligeramente, deseando al mismo tiempo poder comunicarse silenciosamente con este Santa y advertirle de no preguntar nada más acerca de los abuelos de Anthony.

Santa miró a Edward de arriba abajo. "Bueno, tu padre se ve muy contento contigo, ¿y sabes por qué?" esperó mientras Anthony negó con la cabeza. "Porque has sido un chico muy bueno este año. ¿Y sabes lo que ganan los chicos buenos en Navidad?"

"¡Deseos Navideños!" Anthony gritó.

Santa pareció desconcertado por un momento. "Bueno, yo iba a decir regalos," se rió entre dientes, "pero creo que a veces los regalos se desean, ¿no es así?"

Anthony asintió.

"¿Así que, qué estás deseando este año, Anthony?"

"Um... una motocicleta y un tren y una pelota de béisbol y poner cintas en la silla de ruedas de mi abuelo."

Santa soltó una carcajada. "Apuesto a que eso le gustaría, Anthony."

"¿Me puedes decir dónde está? ¿Está en el cielo como la abuela?"

"Oh..." Santa miró a Edward con los ojos muy abiertos y Edward movió lentamente la cabeza de un lado a otro. "Oh, no. No, no creo que el abuelo esté en el cielo. Él vive... vive... en algún lugar nuevo. Voy a tener que volver al Polo Norte y consultar a los elfos para estar seguro, pero sé que está no en el cielo. "

Esta respuesta dejo a Anthony satisfecho lo suficiente para elegir un bastón de caramelo de la bolsa de regalos y hacerse su foto en el regazo de Santa Claus. Pero tan pronto como se fueron (Bella prometió volver al día siguiente para ver las fotos ya que Edward no quería esperar alrededor de una hora para verlas) Anthony comenzó a acribillar a su padre con preguntas acerca de si Santa sería capaz o no de encontrar a su abuelo antes de Navidad y si era posible que el abuelo no recibiría regalos.

Edward suspiró antes de informar a Bella de que no era necesario llevar a Anthony a comprar zapatos.

Y así es como terminaron todos en la Comunidad de Retiro Orchard Heights.

Bella se quedó atrás con Anthony, mientras Edward se acercó a la recepción. La última cosa que quería Edward era alentar las esperanzas de su hijo para ver a su abuelo y luego no ser capaz de seguir adelante.

"David Stanley," preguntó Edward cuando le preguntaron a quién le gustaría visitar.

La enfermera detrás del mostrador miró a Edward con curiosidad. "David no tiene ningún familiar," le dijo.

"Tiene un nieto," respondió Edward.

Oyéndole desde lejos, una enfermera más joven se acercó con una sonrisa enorme en la cara. "¿Anthony? ¿Usted es el Anthony sobre el que David ha estado hablando todos estos meses?"

"No. Anthony es mi hijo. Él sólo tiene cinco años."

"¿Está Anthony aquí?"

Edward miró por encima del hombro y la enfermera siguió su mirada hasta donde Anthony estaba junto a Bella.

"¡Oh, esto es maravilloso!" exclamó la joven enfermera. "¡Espera a que David se entere de esto! Seguro que le saca de ese enfado que tiene."

"En realidad," Edward levantó la mano para detenerla, "me preguntaba si podría con David primero, antes de que vea a Anthony."

"Oh... um... claro. Deme un minuto. Déjeme me hablarlo con él. Está en su clase de cerámica en este momento, pero estoy segura de que no tendrá problema por terminar un poco más temprano hoy."

Edward esperó mientras ella desapareció por un pasillo. Sus ojos se encontraron con los de Bella y ella levantó sus pulgares hacia arriba y le ofreció una sonrisa alentadora. Una esquina de su boca se curvó en una sonrisa mientras sus dedos se aferraban a la parte interior de los bolsillos.

La enfermera, que rápidamente se presentó como Beverly, llamó la atención de Edward y luego le hizo señas para que la siguiera. Una vez que ellos estaban caminando lado a lado, ella le miró con cautela.

"Supongo que usted y David no está en los mejores términos," dijo.

"Así que así de contento está de verme, ¿eh?" Edward preguntó.

"Bueno... estaba algo menos que entusiasmado, pero él no se negó, así que es una buena cosa."

"No se negó porque quiere ver a Anthony," dijo Edward.

"Aceptamos lo que podemos conseguir," Beverly le guiñó un ojo. "Es aquí."

Se detuvo fuera de lo que parecía la entrada de una habitación de hotel. Llamó una vez antes de entreabrir un poco la puerta para que Edward pudiera entrar.

"David, su invitado está aquí," dijo antes de apartarse del camino.

Edward había visto a David Stanley sólo un par de veces y ninguno de esos encuentros había sido bueno. Por alguna razón desconocida, David había despreciado a Edward en su juventud, y a juzgar por la expresión actual del rostro de David, no ha cambiado mucho.

El hombre estaba sentado junto a la ventana en su silla de ruedas con una mesa de viaje sobre su regazo donde jugaba al solitario. Parecía mucho más viejo de lo que Edward recordaba, y mucho más pequeño.

Edward se quedó de pie junto a la puerta preguntándose si debía abordar al hombre formalmente o por su nombre de pila como la enfermera Beverly había hecho. No eran amigos, pero eran de la familia, así que Edward decidió lo segundo.

"¿David?" abordó.

"¿Dónde está Anthony?" David contestó con una voz ronca.

"Está en el vestíbulo," respondió Edward. "Esperaba que pudiéramos hablar antes de traerle aquí."

"¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Qué le has hecho?"

"¿Qué he hecho?" Edward sintió como su temperamento se intensificaba con la acusación y luchó contra ella. "He estado cuidando de él, eso es lo que he hecho."

David encontró eso gracioso. "No podrías ni cuidar de un alcohólico en una tienda de licores."

Edward frunció el ceño. ¿De dónde salía todo esto?

"Señor, con todo mi respeto, ni siquiera me conoce," dijo Edward.

"¿Ahora me quieres ofrecer respeto?" David espetó. "¿Dónde estaba ese sentido del respeto cuando salías a escondidas con mi hija a altas horas de la noche? ¿Dónde estaba ese respeto cuando le dabas las droga que provocaban que perdiera un empleo tras otro? ¿Dónde estaba ese respeto cuando le diste la espalda a una mujer embarazada en su hora de más necesidad? "

Edward palideció frente al sentido distorsionado que David tenía de los hechos. ¿Acaso no se daba cuenta de que Jessica era legalmente una adulta durante la mayor parte del tiempo que ellos salieron juntos? ¿Y las drogas? Si se refería a la marihuana, Edward no había introducido a Jessica en eso. Ella tenia su propio proveedor hasta que decidió abandonarlo por una razón u otra. Y el embarazo...

"Ni siquiera sabía que Jessica estaba embarazada cuando rompimos," dijo Edward. Jessica ya no estaba y no servía de nada difamar la memoria de la hija de este hombre, era todo lo él que tenía.

Pero absolutamente de ninguna manera Edward iba a permitir que David envenenara la mente de Anthony haciéndole pensar que su padre no lo quería.

"¿Estas llamando a mi hija mentirosa?" David preguntó.

Sin ser invitado, Edward se sentó en una silla vacía. "David, después del accidente, una trabajadora social vino a mi trabajo y me dijo que tenía un hijo de cinco años. Era la primera vez que había oído hablar de él, y si deseas comprobar mi reacción, puedes llamar a una tal Señora Daily en el Departamento de Servicios Sociales del Estado de Washington."

David dejó pasar las palabras de Edward como algo sin importancia, pero no ofreció una refutación.

"Anthony se está adaptando bien a estar conmigo," añadió Edward, dándose cuenta de que no iba a hacer de David su aliado, por lo iba a darle al hombre la información que sabía que quería. "Al principio tuvo problemas con terrores nocturnos, y por supuesto, echaba de menos a su madre."

"¿Ha preguntado por mí?" David preguntó.

Edward sonrió. "Le acabo de llevar a ver a Santa Claus y le dijo que quería verte. Quiere poner cintas en tu silla de ruedas."

Los ojos de David se empañaron entonces. "La Navidad siempre fue una gran celebración en nuestra casa. Su abuela la celebraba desde el día después de Acción de Gracias hasta el día después de Año Nuevo. Le pasó el gusanillo a Anthony. Le encanta la Navidad, y no sólo por los regalos," David miró a Edward, "aunque estoy seguro de que no tenía ninguna queja. La Abuela y yo no solíamos escatimar, al menos antes."

Hubo un instante de silencio y Edward dejó que sus ojos verdes se encontraran con la mirada azul de David.

"¿Cómo está en realidad?" David preguntó.

"Mejor," confesó Edward. "He empezado a llevarle a terapia, y que parece estar ayudando, en su mayor parte. Pasó por una mala racha en la que no podía recordar lo que había pasado y seguía preguntando por su mamá y su abuela... y Gus".

Los ojos de David se iluminaron ante la mención de la marioneta. "Todavía tiene Gus, ¿no?"

"Bueno... hubo un pequeño accidente con la secadora, pero la madre de mi novia le hizo uno nuevo. Aunque no nos hemos deshecho del original. Le hizo un lugar de descanso, una caja, que mantiene en su estantería."

"Así que, ¿entonces no estás casado? ¿No tienes más hijos?" David preguntó.

"No. Sólo Anthony."

"Bien. Me preocupaba que fuera a parar a una situación en la que él fuese el niño nuevo las 24 horas del día. Él era el centro de nuestro universo, aquel universo."

"Sí, se ha convertido rápidamente en el centro del mío también."

David parecía contento de escuchar eso. "Tengo que verle. Por favor, Edward."

"Si. Por supuesto," dijo Edward, confiando ahora en que el hombre no arrojaría confusión sobre Anthony por menospreciar a su padre.

Edward volvió al vestíbulo y les hizo señas a Bella y Anthony. Malentendiéndole, Bella dirigió a Anthony hacia su padre, pero se mantuvo en su lugar al lado de las ventanas.

"Tú también," le dijo Edward. Bella le miró sorprendida, pero no se demoro.

"¿Dónde estamos?" Anthony preguntó. "¿Quién es toda esta gente?"

"No sé quienes son la mayoría de estas personas, sólo conozco a una," dijo Edward mientras acercaba a Anthony a la puerta de su abuelo.

David se había colocado justo en frente de la puerta, así que cuando Edward la abrió, él fue lo primero que se veía.

"¡Abuelo!" Anthony corrió hacia el hombre y se lanzó sobre las piernas paralizadas del hombre. "¡Papá! ¡Es mi abuelo!"

David se emocionó inmediatamente y Edward vio como Bella se giraba, con sus ojos brillando también. La gente del recibidor estaba intrigada y algunos de ellos se detuvieron en el pasillo para tener una mejor visión de lo que ocurría. Edward recordaba a David como un hombre orgulloso, así que después de un gesto cortés, movió a Bella hasta el interior para poder cerrar la puerta y conceder al reencuentro de la privacidad que merecía.

Eso fue hasta que David decidió que quería exhibir a su nieto públicamente una media hora más tarde.

"Este es mi Anthony," le dijo a quien quisiera escucharlo. Anthony estaba sentado en el regazo de su abuelo y Edward caminó detrás de ellos, empujándoles por los pasillos del edificio. "¡Este es mi nieto!"

Edward podía diferenciar entre la gente que no conocía a David en absoluto y la gente que lo hacía. Los que tenían confianza estaban casi tan emocionados como David, y todos ellos conocían una pequeña historia o anécdota sobre Anthony que su abuelo había compartido con ellos. Los que no conocían la historia de David, simplemente expresaban su agradecimiento por el hecho de que su familia había venido a visitarle. La soledad y la nostalgia estaban escritas en sus rostros.

Finalmente, encontraron un hueco tranquilo donde Anthony tenía la atención completa de su abuelo. Le habló de su clase, su amigo Taylor, que siempre regalaba sus galletas de avena porque no les gustaban, la cama coche de carreras en su habitación, la habitación azul de Bella con la caja de música que contaba historias, hacer la cena con Bella, jugar al fútbol con su padre, ganar a Edward en las damas, pescar con Papa Charlie, el juego de Batalla Naval que le regaló Emmett, montar en gran camión de Bella, empezar el saludo a la bandera cuando era el Ciudadano del Día en la clase de la señorita Swan, y, por último, sobre como a veces conseguía dormir en la cama grande de su padre.

"Pero no cuando Miss Swan se queda por la noche," agregó Anthony.

A Edward le hizo gracia al ver la expresión mortificada en el rostro de Bella, y la mirada confusa en la cara de David.

"También soy su profesora," ofreció Bella. Ella no había podido dar más detalles en las introducciones iniciales porque David estaba muy ocupado con ver a Anthony de nuevo.

"¿Escuela pública o privada?" David preguntó.

"Pública," respondió Bella.

David parecía decepcionado. "Había planeado llevarle a una escuela privada. Íbamos a llevarle a Willamette Valley."

"Mr. Stanley, La Escuela Elemental de Forks es una gran escuela. El estado le ha concedido la cinta azul este mismo año, lo que significa que ha sido reconocido por el logro de un nivel superior en los estándares de educación. El distrito cuenta con un excelente fondo de subvenciones, y hemos conseguido subvenciones para música, lenguas extranjeras y programas deportivos-"

"¿Y qué hay de ti?" David la interrumpió. "¿Cuál es tu formación académica?"

"Hey, Bella es una gran maestra," habló Edward.

"No, Bo pasa nada," Bella tocó la mano de Edward en voz baja. "Él sólo mira por el mejor interés de Anthony." Ella volvió su atención de nuevo hacia David. "Me gradué magna cum laude en la Universidad de Arizona e hice mi práctica docente en una escuela especializada en Phoenix que se centraba en los estudiantes talentosos matemáticas y ciencias. He aplicado mucho de lo que aprendí allí en mis clases."

David no parecía ni la mitad de impresionado que Edward. Nunca habían hablado mucho sobre la experiencia universitaria de Bella. Él sabía que era inteligente, pero cada día aprendía un poco más acerca de lo inteligente que era en realidad.

Sin preocuparse por continuar la conversación, David cambió su enfoque a Anthony y Bella y Edward se quedaron atrás para no estorbar. De hecho, Edward puso todos sus otros planes para el día a la espera para dar a Anthony y David todo el tiempo que necesitaran.

"No sé lo que va a hacer cuando le diga que es hora de irse," susurró Edward a Bella sobre Anthony.

"No creo que Anthony sea de quien te tengas que preocupar," dijo Bella mientras miraba a David. "Se le ve tan feliz."

Edward tenía que reconocer que David parecía mucho más tranquilo de lo que estaba cuando Edward le saludó inicialmente, pero por fin llegó el momento de partir. David se aferró a Anthony hasta los últimos minutos y aún así tuvo que asegurarse de que Edward no dejara la ciudad antes de traer a Anthony de nuevo.

"¿Le importaría que Edward nos deje pasar tiempo con usted mientras él ata algunos cabos sueltos mañana?" Bella preguntó de repente.

"En absoluto," respondió David rápidamente, Bella miró a Edward para pedir su consentimiento.

"Me parece bien," coincidió Edward.

Así que al día siguiente, Bella y Anthony visitaron a David durante toda la mañana y tarde, mientras Edward fue a la Administración de la Seguridad Social para cambiar oficialmente el apellido de Anthony de Stanley a Cullen. Ese proceso no le tomó tanto tiempo como Edward había anticipado, sin embargo el tiempo que se ahorró allí fue desperdiciado en el Departamento de Servicios Sociales donde Edward trató de entender los trámites que había que seguir con respecto a las posesiones de Anthony. Después de tres personas confirmaron que no era responsabilidad del Estado entregar los bienes dejados a Anthony, un humilde empleado fue capaz de descubrir el nombre de la compañía de seguros nombrada en el testamento. Sin embargo, para el momento en que Edward obtuvo la información, la oficina había cerrado, con lo que Edward tendría que volver a ella al día siguiente en vez de llevar a Anthony a hacer algo divertido.

"El abuelo ha estado mirando estas cuatro paredes todo el día," dijo Bella cuando Edward regresó a la residencia para recoger a Anthony y Bella. "Creo que deberíamos llevarlo a cenar con nosotros."

"¡Sí!" Anthony vitoreó de acuerdo.

"Claro," Edward encogió los hombros. "¿Dónde te gustaría ir, David?"

David quería pasta, y mucha, así que se fueron al Old Spaghetti Warehouse, y mientras Edward estaba tratando de maniobrar la silla de ruedas de David hacia la mesa, Bella llevó a Anthony a lavarse las manos.

"¿Un día productivo?" David preguntó.

"Más o menos," suspiró Edward. "Estoy teniendo dificultades para localizar las cosas de Anthony. La señora de la casa de acogida me dijo que estaba en un almacén, pero cuando llamé, habían ido a la quiebra y la gente de los Servicios Sociales me están mareando de un lado a otro..." Edward dejo de hablar, demasiado agotado para continuar.

"Es en el U-Haul de Silverton," dijo David sin esfuerzo. "Compraron los otros contratos y se trasladó todo el material allí hace un par de meses. Tengo la llave."

"¿Tiene la llave?" Edward estaba confundido. "Pero pensé que tuvo que renunciar a todos sus bienes para vivir en el... donde usted vive."

"Todos mis bienes," dijo David. "No los de Anthony. Siempre y cuando no estén a mi nombre, y no lo están, estoy bien. Mi esposa arregló todas esas cosas cuando estaba viva. Ella preparó todo para asegurarse de que se encargaran de Anthony si pasaba algo. Cuando me apareció la diabetes y mi presión sanguínea se volvió loca, llamó a todos estos abogados y caza-ataúdes y lo puso todo en orden. Supongo que fue algo bueno... teniendo en cuenta lo que pasó."

Edward entonces cayó en la cuenta de que habían pasado dos días y aún no le había ofrecido a David el sentimiento más básico.

"Lo siento," dijo en voz baja, "por su pérdida. Debe ser muy duro para usted."

"mi vida se puso del revés en un instante," contestó David drásticamente. "Y todos los días me esfuerzo en estar loco como el diablo porque sucedió."

Edward no tenía mucho que añadir a eso, y cuando Bella y Anthony volvieron a la mesa, ellos se encargaron de retomar y mantener la conversación.

Con la ayuda de David, al día siguiente tuvo una agenda mucho mejor. Bella realmente quería hacer algunas compras y Edward realmente no quería ir de compras, así que ella le dejó en la instalación de almacenamiento y ella, Anthony y David regresaron al Centro Comercial de Salem.

"Llámame cuando estés listo para que venga a buscarte," dijo Bella mientras ella y Edward besaron al despedirse.

Anthony quería un abrazo y un beso de su padre, lo que no era un hecho habitual. Por lo tanto, Edward se apresuró a concedérselos.

"Divertíos," dijo Edward a su hijo mientras revisaba el cinturón de seguridad antes de dejarles marcharse. Luego entró con la llave y la documentación necesaria para mirar la unidad que contenía las pertenencias de Anthony.

Y Anthony tenía un montón de pertenencias.

Edward se quedó con la boca abierta, en la entrada de una unidad lo suficientemente grande como para almacenar el contenido de dos dormitorios. Estaba llena de muebles y cajas y cada caja de Edward abrió parecía estar lleno de contenido de alta calidad.

Una cosa era definitivamente cierta: Anthony estaba viviendo pobremente en Forks con su padre.

"Creo que los muebles de este dormitorio cuestan más que todo lo que tengo," murmuró Edward para sí mismo.

"Eso no es importante para él," Bella le aseguró más tarde esa noche, cuando hizo un segundo comentario sobre la vida a la que Antonio estaba acostumbrado antes de Edward. "¿Ha preguntado alguna vez por alguna de esas cosas desde que se mudó contigo?"

"Algunos de los juguetes," admitió Edward.

"Claro, porque es un niño y los niños les encantan los juguetes, pero no le importa el armario o el cofre de cedro o la mesita de noche... aunque esa lámpara-avión es realmente genial."

Edward sonrió y envolvió su brazo alrededor de Bella mientras observaban a Anthony moverse aleatoria por el medio de la pista de hielo de patinaje para niños a la que le habían llevado.

"¿Lo estas pasando bien?" le preguntó.

"Me lo estoy pasando muy bien," dijo Bella. "Anthony es realmente feliz. Nunca he oído reír tanto."

"Sí," Edward miró a su hijo. "Sólo espero que no le destroce cuando volvamos a casa."

"Sigo tratando de reiterar que sólo estamos de vacaciones y que vamos a volver a casa. Como hoy en el centro comercial, le dije que podía escoger algo para llevar a casa y mostrar a todos sus amigos de la escuela como es Oregón. Entonces David le dijo a Anthony que le escribiera cartas cuando regrese a casa. Con suerte le ayudará a darse cuenta de que no nos vamos a quedar."

Edward asintió. "¿Te importaría... quedarte sola un rato mañana?"

"No. ¿Por qué?"

"Estaba pensando en llevar a Anthony por ahí, sólo los dos. Quiero ver si habla conmigo acerca de cómo se siente estando aquí. Y quiero pasar tiempo a solas con él. Siento como si no lo hubiera hecho."

"Creo que es una gran idea," Bella sonrió hacia él.

Y a la mañana siguiente, cuando Edward tuvo a Anthony listo para irse, Bella no tenía ninguna queja acerca de ser dejada atrás, ni tampoco se quejó del hecho de que él la dejaba sin coche. En cambio, ella le habló de la increíble sopa que había oído hablar en el restaurante del hotel y cómo había pensado en tomarla para almorzar antes de acomodarse con un libro que se estaba muriendo por leer. Edward podía leer fácilmente entre líneas. Era la manera que tenía Bella de hacerle saber que ella le apoyaba incondicionalmente.

"Te quiero," dijo Edward mientras besó a Bella en la puerta.

"Te quiero," se hizo eco Anthony mientras abría los brazos hacia Bella para darle un abrazo.

Bella lo cogió en brazos y lo estrechó con fuerza, mirando a Edward por encima de la cabeza de Anthony mientras lo hacía. Algo sobre el viaje estaba despertando la necesidad de expresar afecto de Anthony y era una experiencia bienvenida.

'*'

Mientras conducían por la ciudad, Edward rápidamente se dio cuenta de que Anthony no estaba realmente familiarizado con ninguno de los monumentos de la ciudad o ninguna lugar predominante en su memoria. Nombraba genéricamente parques, heladerías y tiendas de juguetes, pero ninguno por su nombre.

"¿Qué tal el parque? Me puedes ensañar lo alto que te columpias," sugirió Edward.

"¡Vale!" Anthony exclamó con entusiasmo.

Edward paró en el primer parque que encontró que parecía seguro y tenía columpios. No llovía, pero hacía bastante frío fuera, así que Edward sabía que iba a ser una visita corta.

A su lado, Anthony sacó un par de guantes de lana de su bolsillo y se los puso antes de asir las cadenas de metal frío del columpio.

"Puedo ir realmente rápido y realmente alto," advirtió Anthony para que su padre se separara unos pasos. Declinó el empujón inicial que Edward le ofreció y movió sus piernas hasta que consiguió un buen ritmo por sí mismo.

"Me encantaba columpiarme cuando tenía tu edad," dijo Edward después de unos momentos de silencio, mirando a Anthony elevarse.

"¿Podías ir muy alto?"

"Bueno, no tan alto como tú, pero bastante alto".

"¿Fue porque tus piernas son cortas?"

"¿Qué?" Edward miró las piernas. No eran cortas en absoluto.

"Taylor dijo que mis piernas son cortas y por eso no puedo ir tan alto como él. ¿Tu también tenías las piernas cortas?"

"Oh... no. Pero no hay nada malo con ser bajito, Anthony. Y, además, aún no has dado tu estirón."

"¿Así que a lo mejor podré ser tan grande como tú?"

"Tal vez. Incluso podrías ser más alto que yo. ¿Quién sabe?," Edward se encogió de hombros para mostrar la poca importancia del tema. "Pero yo pensaré que eres genial, incluso si no eres alto. Ese tipo de cosas realmente no importan, Anthony."

Anthony dejó de balancearse un rato después y bajó del columpio. Edward pensó que iría hacia las barras o la pared de escalada, pero en cambio, Anthony se acercó a Edward y escaló a al regazo de Edward. Al ver las intenciones de su hijo, Edward ayudó a Anthony el resto del espacio y le colocó de forma que Anthony se apoyó contra el pecho de Edward.

Poco a poco empezaron a balancearse.

"Mi hermana solía ser bajita," dijo Edward de repente. "A ella le encantaba porque mi padre siempre le daba paseos sobre los hombros para que pudiera ver por encima de la multitud. Y tenía la altura perfecta para esconderse debajo de los mostradores de la tienda de dulces. Cada vez que nuestra madre nos llevaba allí, los cajeros no sabía que ella estaba allí, así que nunca la pillaron comiendo caramelos de los frascos abiertos." Edward se echó a reír al recordarlo.

"¿Y ella se hizo más grande?" Anthony miró a Edward.

"Lo hubiera hecho... pero murió antes de tener la oportunidad."

"¿Se murió?"

"Sí," a Edward se le hizo un nudo en la garganta por la palabra.

"¿Como mamá y la abuela?"

"Mmhmm."

Anthony miró hacia adelante cuando hizo la siguiente pregunta.

"¿Tuviste que ir a vivir con otra persona cuando ella murió?"

"Sí, pequeño. Te lo aseguro, lo hice"

Edward apretó su agarre sobre Anthony mientras estaban sentados aún en el columpio.

"Odio cuando la gente muere," dijo Anthony.

"Yo también. Es triste".

"No quiero morir," dijo Anthony.

"No. No, no morirás. No te dejaré," Edward hizo el momento un poco humorístico haciéndole cosquillas a Anthony en el costado. Extrañamente, Anthony no se rió.

"Tampoco quiero que mueras tú," dijo.

"No voy a morir".

No era lo correcto que decir, Edward lo sabía. Él sabía que cada libro de texto y terapeuta diría que no asegurarás a tu hijo de algo sobre lo que no tienes control, pero en ese momento, cuando Edward pudo oír el miedo y la desesperación en la voz de su hijo, de ninguna manera le iba a dejar lidiar con la idea de perder otra persona en su vida.

"Te lo dije, siempre estaré aquí para ti".

Anthony se estremeció un poco mientras asentía a las palabras de Edward. Era evidente que había soportado el frío mucho más tiempo de lo debido, así que fueron de vuelta al coche, con Anthony disfrutando de un paseo en los hombros de Edward.

"¿Hay algo más que te gustaría hacer o ver?" Edward preguntó. "Tal vez ir a ver a tu abuelo por última vez antes de que nos tengamos que ir? Volvemos a casa mañana, ¿recuerdas?"

Anthony asintió con la cabeza. "Pero sólo por un rato. El Abuelo se cansa".

"Entendido."

Pero el abuelo no parecía tan cansado cuando Edward y Anthony llegaron para su última visita. Estaba animado y hablador y Edward pudo ver que estaba tratando de sacar el máximo provecho de sus últimos momentos con su nieto.

Le dio a Anthony su regalo de Navidad temprano, diciendo que Santa le dio un permiso especial porque sabía que Anthony estaría en una ciudad diferente en Navidad.

La mención de Santa le dio a Edward una idea, y mientras Anthony rasgaba frenéticamente el papel de envolver de su regalo, Edward se escabulló a la recepción en busca de un poco de cinta. Le enviaron a una pequeña tienda de regalos en el vestíbulo principal que sacrificó unas cintas de color verde, rojo y blanco para decorar.

"Anthony tiene algo para ti, también," dijo Edward mientras re-entraba en la habitación y mostró las cintas. "Anthony, ¿no querías hacer algo a las ruedas de tu abuelo?"

"¡Oh, sí!" Anthony saltó y aceptó las cintas de Edward. También aceptó un poco de ayuda para empezar a tejer las cintas por los radios, pero una vez que supo hacerlo, quería hacerlo todo por su cuenta.

Edward estaba tan concentrado observando a Anthony que estuvo a punto de perderse la intensa manera con la que David lo estaba mirando, pero Edward desvió la mirada y vio a David mirando.

"Eres bueno con él," comentó David bruscamente.

"Gracias," respondió Edward tímidamente. "Es un gran chico".

"Ella siempre dijo que hubieras sido un buen padre, sabes."

Edward no necesitaba aclaración para saber sobre quién estaba hablando David.

"Estoy contento de ver que él es tan importante para ti," continuó David. "Pasaba mucho tiempo con su abuela y conmigo, pero cuando su madre estaba cerca, él era el centro de su universo."

Edward asintió. Una de las cosas que Edward recordaba vívidamente sobre Jessica era que ella era la persona más ensimismada que nunca había conocido y el hecho de que Anthony había cambiado su afinidad fue sin duda un tributo a la calidad de su carácter.

Edward también escuchó lo que David le estaba diciendo acerca de la clase de madre Jessica había sido: cuando estaba, ella era genial, pero había veces que ella no estaba cerca. De un modo retorcido, Edward se sintió aliviado al pensar que mudarse a Forks no había sido del todo un cambio a peor para Anthony.

"Te voy a extrañar mucho," murmuró David mientras inspeccionaba el trabajo de Anthony.

"¿Cuándo es tu cumpleaños?" Edward preguntó.

"Febrero".

"Entonces le traeré de vuelta en febrero".

David asintió y se volteó, pero Edward todavía podía ver la esperanza y la alegría desbordante de sus ojos.

Anthony terminó con las ruedas y regresó al regalo que había recibido de David: un pedazo de espuma recortada y pintada para parecer un lagarto, con un cable conectado a fin de que Anthony podía hacer como si estuviera caminando.

Apenas pasaron doce segundos antes de que Anthony se enamorara de él. Edward tardó casi el mismo tiempo en recordar la gran cantidad de cajas de juguetes cargados en el remolque que había alquilado desde el centro de almacenamiento que estaban a la espera de que él los recogiera.

"¿A qué hora vais a salir mañana?" David preguntó.

"La local de U-Haul* abre a las siete, así que es cuando tengo pensado aparecer. No sé cuánto tiempo me tomará conseguir enganchar el remolque a mi coche," dijo Edward.

"Ah, te ayudaran," dijo David como si no fuera la gran cosa.

"Tal vez. Ellos me dejaron cargarlo y mantenerlo en una de sus unidades de garaje, así que por lo menos me ahorré el tiempo de tener que cargarlo mañana. Tiene un montón de cosas," Edward señaló a Anthony.

"Si. ¿Tienes espacio para todo?"

"Apenas," Edward negó. "Pensé que volveremos a revisarlo juntos y nos quedaremos con las cosas con que sea realmente inflexible y del resto nos vamos a deshacer."

David asintió al oír las palabras de Edward, pero estaba claro que no estaba prestando atención. De repente miró Edward directamente a los ojos y dijo con aire de autoridad: "Supongo que necesitas llevarme al banco ahora. No hay otro momento."

"¿Qué?" Edward preguntó.

"Al banco. Tengo unos papeles que necesito darte," dijo David, mientras se acercaba a la cómoda y empezó a quitar una llave que estaba pegada en la parte posterior de uno de los cajones. "Vamos. Sólo tenemos un par de horas antes de que cierren".

Edward dejó de recoger el papel de regalo que Anthony había dejado sobre toda la cama y siguió a David hasta la puerta.

David se detuvo y lo miró bruscamente. "Ni una palabra a las enfermeras en la recepción. Sólo vamos a dar una vuelta. ¿Entendido?"

"Claro," Edward, se encogió los hombros.

Después de que David estuviera seguramente colocado en el asiento delantero, y su silla de ruedas plegada en el maletero, Edward se aseguró de que Anthony tuviera el cinturón de seguridad puesto antes de salir para la misión secreta de David.

"Tengo que darte algunos papeles del seguro de mi caja de seguridad," dijo David cuando había dirigido a Edward a una pequeña cooperativa de crédito a pocos kilómetros de la comunidad de vida asistida. "¿Tienes un sobre o algo aquí?"

Edward alcanzó al asiento de atrás, donde todos los documentos con los que había estado trabajando estaban colocados y vació un sobre de papel manila antes de entregárselo a David.

"Sí, esto servirá perfectamente," dijo David crípticamente.

Una vez que todos estaban recluidos en la cámara de visionados con la caja fuerte de David frente a ellos, A Edward se le hizo evidente por qué David estaba actuando de manera tan extraña.

Había varios documentos con aspecto oficial allí, pólizas de seguro nombrando a Anthony como beneficiario, bonos de ahorro, fotos y una copia de un testamento. Y también había dinero en efectivo. Montones y montones de dinero en efectivo. Efectivo que se suponía que David no debía tener en su posesión.

"Toma, saca esto de aquí. Rápido, ordenó David mientras metía todo en el sobre y lo empujaba hacia Edward.

"David, no puedo aceptar..."

"Es suyo," señaló David a Anthony. "Es todo lo que pude liquidar antes de que Orchard Heights empezara a hurgar en mis cosas. A excepción de los bonos. Tendrá que guardarlos. No vale mucho en estos momentos."

Edward se sintió como si estuviera haciendo algo ilegal y no se pudo relajar hasta que David cerró la caja fuerte y se sentaron de nuevo en el coche de Edward. Rápidamente marcó el número de teléfono móvil de Bella para hacerle saber que estaban de camino de regreso hacia a ella y para ver si necesitaba que le llevara algo.

"Cuarenta y dos años de matrimonio, y yo nunca hice esa parte del todo bien," bromeó David. "Mi esposa siempre se quejaba de que nunca la llamaba para comprobar las cosas con ella antes de llegar a casa."

Edward sonrió para sus adentros. Pensó en lo que David había dicho, y también las palabras de despedida de Emmett antes de marcharse aquella noche:

"... espero que todavía te sientas de esa manera después de pasar cada minuto del día juntos durante una semana..."

Edward seguía sintiéndose así. De hecho, estar separado de ella durante sólo unas horas le había hecho desear su voz, su olor, su tacto. Estaba incluso más seguro que antes sobre querer definitivamente preguntarle a Bella que fuera a vivir con él. El viaje había logrado dinamizar su confianza sobre lo que Bella sentía por él y era capaz de poner menos énfasis en la cronología de su relación y más énfasis en lo que él sentía firmemente en su corazón.

Sin embargo, esos fuertes sentimientos no fueron suficientes para evitar la inesperada noticia que recibió la mañana siguiente, cuando Anthony hizo una sugerencia casual.

Dio la casualidad de que Edward había pasado por alto una caja cuando había cargado el remolque, pero no había espacio en absoluto para añadir cualquier otra cosa en él, así que Edward metió la gran caja en el asiento trasero de su coche con Anthony.

"No sé dónde voy a poner todas estas cosas hasta que pueda revisarlas," le dijo Edward a Bella, mientras salían a la carretera.

"¿Tienes algo de espacio en tu garaje, ¿no?" preguntó Bella.

"Un poco. Tal vez puedo pedirles a Alice y Jasper si puedo guardar alguna cosa en su cas."

Anthony se inclinó hacia adelante entre los asientos. "Puedes poner unas pocas en la nueva casa de Bella."

Edward miró a Bella. "¿Qué casa nueva?"

Bella se encogió de hombros y se dirigió a Anthony. "¿Qué casa nueva es esa, Anthony?"

"La que Rosalie dijo que podías comprar. Y tu dijiste que tal vez lo harías."

"Wow," se rió Bella. "Lo oye todo," dijo señalando a Anthony.

"¿Vas a comprar una casa?" Edward preguntó seriamente.

"Bueno... no. Quiero decir... bueno, sólo lo estoy considerando. Verás, le dije a Rosalie que si alguna vez una casa salía a la venta en el vecindario de Alice que yo consideraría comprar. Y una lo hizo así que Rosalie me dijo que debía aprovechar los incentivos de primer comprador. Y como también tengo una oportunidad por ser maestra..." divagó Bella. "Pero no hay nada oficial por el momento. Todavía estoy pensando en ello."

Pensando en ello.

Es lo que Edward había estado haciendo desde hacía algún tiempo: pensar en dar un paso gigante hacia adelante en su relación con Bella. Qué irónico que, mientras que los pensamientos de ella también estaban relacionados con la situación de su vivienda, eran incompatibles masivamente con los suyos.

Llevó apenas unos segundos para que la confianza y la certeza que Edward había sentido momentos antes se vinieran abajo, por debajo de su duda y la decepción.


*5 millas/h - 8 Km/h | 2 millas - unos 3 Km

*El número 101 es el teléfono de la Policía para no emergencias, o emergencias "leves" en Reino Unido. Según que países se usa como número de policía/emergencias de algún tipo. En USA este numero es el 911. El de información es 411, aunque esta muy extendido en los paises anglosajones el uso del 101 al hablar para expresar la idea de "información". Espero que quede claro el significado de la idea de la expresión.

*"Múdat…" - Edward esta a punto de decir "Múdate conmigo"

En inglés es "Move in with me" y "Move" a secas es "muévete/apártate"

La autora hace un juego de palabras con "Move" y "Movies" ya que la pronunciación de la primera parte de ambas es similar, no encontré forma de hacer un juego de palabras similar en español.

*U-Haul - Es una de las empresas de mudanzas más conocidas en EEUU.


Otra nota más, ya sabéis que esta historia va junto a unos Outtakes y que decidí subirlos en el mismo orden que lo hizo Megan, así que bueno ella subió el último Outtake, el 5, entre el capítulo 30 y el 31, así que lo siguiente que subiré de este fic será el Outtake.


Y por favor leed lo que escribí en mi perfil... que tenga las cosas paradas no quiere decir que no vaya a terminar, pero ahora no puedo usar tanto tiempo para escribir y traducir como me gustaría. Lo siento.