Los personajes de Inuyasha pertenecen a Takahashi Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
Este fic participa en la campaña: "Fickers unidas para llevar el canon hasta la cima", de la página "Estrellas de la Biblioteca Prohibida".
Mi Sirena Favorita
Miko
Inuyasha están en la banca de aquel parque, vio la hora, había llegado medía hora temprano, era mejor así, se recargó en el respaldo de la banca y fue que vio a Miroku caminar hasta él. Estaba alzando la mano para saludarlo, cuando sintió un golpe en la cabeza, Miroku le pegó con un paraguas.
—¿Eso por qué fue?— se sobó el golpe.
—Fuimos a consulta de las niñas y te vimos, ¿En verdad vas a volver con ella?
—Si me dolió— se vio la mano, no tenía sangre.
—¿Por qué todos vimos que se fue por alguien más y tú no?
—Hablando de eso, ¿Cómo es que lo saben?
—No interrumpas— advirtió al sentarse a su lado—. Fuimos al centro comercial, entramos a comer a ese restaurante Árabe que le gusta a Sango y vimos a Kikyou sola, creímos te estaba esperando, pero luego llegó el director del hospital el señor Kagewaki Onigumo acompañado de su hijo, ¿Cómo es que se llama?
—Hitomi.
—Exacto, creímos que era una comida para Kikyou en agradecimiento por cuidar a Hitomi cuando estuvo internado, pero luego, Kikyou y Hitomi se tomaron de las manos, eso no fue normal.
—¿Sesshoumaru cómo lo sabe?
—Según Rin, fue cuando esperaban los resultados para saber si estaba embarazada de nuevo, Sesshoumaru fue al baño y pasó afuera de un consultorio, la puerta estaba abierta y vio a Kikyou besando a Hitomi.
Ahora si que se sentía como idiota, recordaba que Kikyou comenzó a tratar a Hitomi por una extraña enfermedad que lo solía tener en cama. En varias ocasiones Kikyou le había cancelado por ver a su paciente, jamás imaginó que se hubiese enamorado de Hitomi.
—Hasta tus padres se enteraron, ¿Nunca te lo dijeron?— por la cara de sorpresa de Inuyasha, supo que no—. Felicitaron a tu padre por tu próxima boda, él nos llamó y preguntó acerca de eso, le dijimos que no sabíamos nada, creímos que no nos invitarías y antes de poder preguntarte, dijiste que se habían dado un tiempo, Kikyou se fue porque planeaba casarse con Hitomi, imagino que eso ya no se dio y volvió a buscarte.
—Dijo que regresó porque se sentía sola y me extrañaba.
Cuando se separaron, Kikyou le dijo que necesitaba tiempo para ella y su carrera, no quería quedarse estancada, él dijo que se iría con ella pero no le dejó, insistió en que debían tomarse un tiempo. ¿Por qué simplemente no le dijo que se había enamorado de alguien más?
—¿Qué fue lo que te hizo? ¿Te daría alguna cosa rara? Tal vez mi abuelo tenga algún remedio, ¿Te lo estas tomando muy bien?— era extraño que luciera tan calmado.
—¿Qué puedo decir?— vio la hora, debía deshacerse de Miroku—. Debes tener cosas que hacer ¿No?
—En realidad no, y a todo esto, ¿Qué haces aquí?— lo miró con sospecha—. Estás usando ropa nueva y te peinaste… No me digas que…
—Inuyasha.
Los dos hombres voltearon a ver a la mujer que había llegado.
Rin suspiró al ver a Ranko sentada en la alfombra junto al moisés donde Ryusei dormía, aunque su hija miraba una caricatura en la televisión no dejaba de cuidar a su hermanito. Hace un mes que Sesshoumaru e Inuyasha se habían peleado, cuando su esposo le contó la razón, también se enfadó y lo comprendió, no aprobaba lo que Inuyasha hizo, pero se sentía culpable, ella alentó la imaginación de su hija, en su defensa, no imaginó que la ex de Inuyasha volviese para mover viejos sentimientos. Esperaba que todo se solucionara, porque solo estaban logrando herir más a Ranko que aunque no lo dijese, extrañaba a su tío.
—Ranko, tu tío llamó, preguntó si quieres ir al cine.
—¿Nosotros solos?
—No me dijo.
—Entonces no quiero ir— volvió a ver el programa.
—No te enojes con él, te quiere mucho y nada malo le pasó a Kagome— ya le habían dicho que Kagome volvió al show.
—Gracias a mi papá.
—¿Por qué no te agrada Kikyou?— se sentó en el suelo junto a su hija.
—Siempre le está diciendo qué hacer, una vez que fuimos al cine le decía "No comas eso", "No te sientes así", "Cuida tu lenguaje". Con Kagome no lo fue, ella se sorprendía de todo lo que comía.
—¿Nunca lo regañó?
—Sí, pero es diferente, es divertido.
—Cuéntame— se hincó frente a ella.
—Le decía "Inuyasha, no le enseñes malas palabras a Ranko", mi tío decía algo gracioso y se reían, con Kikyou se queda callado, eso no me gusta— arrugó su nariz en señal de enfado—. Y una vez mi tío iba a comer alitas con los dedos y le hizo usar cubiertos ¡Mamá! Eso se come con los dedos— dijo con total indignación—. ¡Oh! Y una vez, le llevó a comprarse ropa y un traje, me aburrí tanto.
—¿Eso hizo? ¿Tu tío tiene un traje?
—¡Sí!, dijo que el novio de una doctora no podía lucir como vándalo, ¿Qué es vándalo?
—Chicos malos.
—Pero él no es malo.
—No, no lo es, volviendo al traje ¿Cómo era?— le parecía tan extraño imaginarse a su cuñado con traje, ni siquiera en la boda de ella y Sesshoumaru usó uno.
—Negro, aburrido— no sabía que más decir—. Yo quería que fuese como los de mi papá o el abuelo Touga, pero ella no lo dejó.
Rin lo pensó un momento, debía ser de los trajes sencillos, porque su esposo usaba los de tres piezas, seguro Inuyasha en cualquiera de los estilos se vería bien.
—Por eso no me agrada.
—Ahora entiendo, no te gusta que lo intente "domesticar".
—¿Qué es eso?
—No te gusta que lo intenten cambiar.
—Mi tío es genial tal como es, aunque un poco bobo.
—Deberías mandarle un mensaje para que sepa que lo sigues queriendo, una foto con tu hermanito— otra cosa que lamentaba era que Inuyasha apenas si vio una vez a su nuevo sobrino.
—Lo pensaré.
Rin no entendía por qué su hija era tan orgullosa. Ella no era así, esa parte debía venir de Sesshoumaru, debía ser algo de los Taisho. Vio a Ryusei que dormía, ojalá él no fuera así.
—Ranko, hora de dormir— dijo Sesshoumaru al entrar a la sala.
—Papá, ¿Puedes leerme un cuento?
—Sí.
—¿Ya me cambiaste?— preguntó Rin, hace tiempo su hija no se lo pedía.
—No, pero me gusta la voz de papá— contestó con una sonrisa.
—Te entiendo a la perfección, me quedaré a escuchar el cuento.
—Trae a Ryusei, le va a gustar.
Rin asintió, se levantó y sacó a su bebé del moisés, luego siguió a su esposo e hija a la recámara.
Kagome estaba sentada en la orilla de su estanque, aquel ensayo la había agotado y dejado con hambre, se estiró antes de quitarse la aleta, ya debía ir a cambiarse y prepararse para volver a casa, el problema era que quería seguir gozando un poco más del agua, se dejó deslizar por la roca y sumergió la mitad de su cuerpo, movió sus piernas y la aleta salpicó un poco.
—Cuidado con eso.
—¡Inuyasha!— el chico estaba en la orilla observándola.
—¿No deberías estar cambiándote?
—Quería relajarme un poco— de un impulso se sentó en la orilla.
—De nuevo es la roja.
—Kagura me la dio hoy, me gusta más que la azul.
—Lo mismo digo, tengo las entradas— se acuclilló para quedar a la altura de ella.
—¿Cómo las conseguiste?— se suponía que estaban agotadas.
—Sango conoce a alguien que trabaja en el lugar.
—Ranko se pondrá muy contenta.
—Te ayudo a salir— pasó un brazo bajo la aleta, con el otro rodeó el torso de Kagome y la levantó.
—¡Cuidado!— se sujetó con fuerza al cuello del chico al sentir que podía resbalarse.
—Te tengo, no te iba a tirar.
—Tonto, pude haberme deshecho de la aleta adentro.
—¿Te molesta que te cargue?— preguntó con una sonrisa de lado, ayudarla a salir así del agua se había vuelto casi una costumbre, claro, siempre y cuando nadie los viera, por el momento pactaron en mantener su relación en secreto.
—No, sabes que me gusta, pero ya te mojaste.
—No es la primera vez que pasa.
—Otras veces vistes el uniforme— pero ya vestía con jeans rasgados, playera blanca, chamarra de cuero y el toque que le encantó más, fue la camisa roja de leñador atada a su cintura.
—No es para tanto— le sonrió y luego de un corto beso, la llevó hasta los vestidores, tenían suerte que ya no hubiese nadie.
…
Sesshoumaru había llevado a su familia a ver el nuevo túnel que se construyó, conducía a un pequeño teatro donde proyectarían videos para cuidar el medio ambiente y también podrán ver el show de las sirenas. Ranko estaba fascinada, iba de un lado para otro y Sesshoumaru supo que si a su hija le había gustado, el lugar iba a ser un éxito.
Antes de irse a casa, Rin pasó a uno de los baños, Ryusei estaba inquieto y debía asegurarse que estaba seco, además iba a aprovechar en llevar también a Ranko, no quería que a mitad de camino dijera que quería ir al baño. Lo que jamás imaginó Rin fue que al darse la vuelta para cambiar a Ryusei, su hija dejaría el baño, en un principio no se preocupó, supuso que debía estar con Sesshoumaru, pero al salir vio a su esposo solo.
—¿Cómo que no la viste?
—Rin, ¿Segura no sigue adentro?— solo entró al otro baño a lavarse las manos, menos de 30 segundos.
—Te digo que no está.
—Tranquila, no debe estar lejos.
Sesshoumaru intentaba mantenerse tranquilo, cuando encontrase a Ranko la iba a regañar y castigaría, no importaba la cara que pusiera, su hija sabía que no debía separase de ellos. La pregunta era ¿Dónde pudo ir? Tal vez lo mejor era dar aviso a la seguridad y la buscasen con las cámaras de vigilancia.
Rin y Sesshoumaru decidían por dónde comenzar a buscarla cuando escucharon pequeños pasos ir a ellos, Ranko corría hasta ellos con una enorme sonrisa.
—Sabes que no debes separarte— le reprendió Sesshoumaru.
—Lo sé, pero vi a mi tío…
—No importa a quién vieses, nunca debes separarte de nosotros.
—Si pero…
—Hora de irnos— le tomó de la mano con firmeza.
—¡Escúchame! Él lo hizo, él lo hizo— estaba eufórica.
—¿Qué hizo?
—Lo seguí para saludarlo, lo perdí de vista un momento, pero luego lo encontré y cuando lo hice, besaba a Kagome.
—¿De qué hablas?
—Yo lo vi, la cargó y la besó, no se quedó con Kikyou, papá, tenías razón.
—¿Inuyasha sale con Kagome?— preguntó una curiosa Rin.
—¿Cómo voy a saberlo?
—Eres su jefe— algún rumor debió llegarle.
—No su niñera.
—Vengan, se los voy a mostrar— llevó a sus padres al área de las sirenas, pero no había nadie y todo estaba muy silencioso.
—No hay nadie— dijo Rin.
—Yo los vi, fueron allá— señaló los vestidores.
Rin volteó a ver a Sesshoumaru, él negó, a esa hora ya nadie debía estar allí. Pero si el idiota de su hermano o alguien más comenzaba a hacer cosas inapropiadas en el trabajo los iba a echar de inmediato.
—Ranko, vámonos— Sesshoumaru cargó a su hija, así ella no correría.
—Pero…
—Segura que no lo quieres secar más, lo sigo viendo mojado.
Rin y Sesshoumaru voltearon al escuchar la voz de Inuyasha, y luego vieron a Ranko que los veía con cara de "Se los dije".
—Si lo seco por completo va a tomarme más tiempo— habló Kagome.
—No quiero que vuelvas a enfermar, ponte esto— le colocó su chamarra mientras caminaban a la salida.
—¡Lo sabía!— gritó Ranko con felicidad.
Inuyasha y Kagome se sorprendieron, en la puerta estaban Sesshoumaru cargando a Ranko y Rin con el bebé en brazos.
…
"Lo siento, ya tengo planes con alguien". Salió corriendo para alcanzar a la chica, no podía perderla por idiota, Kagome se había vuelto más importante en su vida de lo que alguna vez fue Kikyou, esos días sin verla o hablarle lo tenían de mal humor, humor que se fue al verla en los casilleros.
—Kagome— la chica volteó—. ¿Te gustaría ir a comer una pizza? O lo que tú quieras, no es necesario que sea una pizza— se autoregañó, aquello último sonó como la canción que solía cantar Ranko, de aquella película de la chica mágica de nieve.
—¿Por qué tan de pronto? ¿Quieres hablar sobre lo de Ranko?
—¿Quieres ir a comer conmigo?— acortó la distancia entre ellos, la tomó de la mano y vio directo a los ojos.
Kagome no estaba segura si estaba entendiendo bien, pero cuando hizo contacto con los ojos del chico, lo entendió, la invitaba a salir.
—Si quiero ir a comer una pizza contigo.
—Perfecto— el celular de Inuyasha sonó de nuevo, miró la pantalla, solo alcanzó a leer una parte "Es urgente, te necesito…"—. Nada que no pueda esperar— le dijo a Kagome, la tomó con más firmeza de la mano y fueron juntos al estacionamiento.
Ya había pasado más de año desde que Ranko conoció a Kagome, y ahora la pequeña estaba en sus primeras vacaciones de verano en la escuela primaria, por eso, su papá le dio un memorama para que se fuese aprendiendo los kanji. Y en ese momento era lo que jugaba mientras estaba con su papá en el estudio.
—Sin hacer trampa— Ranko suspiró al ser descubierta.
—La tía Kag no es una sirena de verdad ¿Cierto?— preguntó al pararse al lado de su papá.
—¿Por qué lo piensas?— dejó el trabajo que hacía en la computadora.
—Porque… No lo sé… Solo lo sé— se encogió de hombros.
—Ven aquí— la subió al escritorio y esperó que su hija le dijera sus razones.
—Porque su familia vive en un templo, y no en el mar, aunque pudiese ser que una bruja mala le lanzó una maldición que la volvió sirena y llegó contigo.
—Entonces ¿Ya no soy el culpable?
—No estoy segura, pero sé que no eres malo, creo que ayudaste al bobo de mi tío. ¿Las sirenas existen?
—Solo si tú crees en ello— no pudo decirle la verdad.
—¡Yo sí creo!— debían estar en algún lugar, ocultándose de pescadores.
—Tengo algo para ti— abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó un libro—. Son leyendas de aquí.
—¡Genial! ¿Me lees una?— se bajó de la mesa y se sentó sobre las piernas de su papá.
Media hora después, Ranko dormía en el regazo de Sesshoumaru, se había quedado dormida con la leyenda del árbol sagrado.
—Una escena de lo más adorable— dijo Kimi, al entrar y ver a su hijo cerrar el libro de cuentos.
—¿Qué hace aquí madre?
—Creí que a Ranko le gustaría leer "Las mil y una noches"— le mostró el libro—. Pero vaya sorpresa me di, jamás creí ver a mi hijo alimentando la imaginación de mi nieta, ¿Por qué cambiaste de opinión?
—Sigo pensando que es mejor la verdad.
—Pero…
Sesshoumaru miró a Ranko, la imaginación de su hija era especial, tanto como ella y él no sería quien la destrozaría. No soportaría ver la desilusión en sus ojitos. Y le gustaba ver sus ojos llenos de emoción e ilusión cuando le leía.
Noviembre, en el templo Higurashi celebrarían el Tsukimi, se reunirían familia y amigos, incluso a la familia Kenkon por petición de Ranko. Ya tenían hecha la ofrenda para los Dioses y para los invitados tenían ramen, dango, mochi en forma de conejos, sake y té.
—¡Llegaron!— Ranko corrió a ver a Shippou—. Ven, te voy a presentar a Komori, Kyoko y Kagami, y a mostrar dulces en forma de conejo.
—Buenas noches, gracias por invitarnos— habló el padre de Shippou—. Somos Kenkon Hoshiyomi y Tsukiyomi.
—Mucho gusto, soy Higurashi Sabato, mi esposa Nodoka, el chico por allá es mi hijo menor Souta, quien duerme en la mecedora el mi padre, creo que ya conocen a los demás.
—Trajimos este sake— Hoshiyomi le mostró la botella.
—Muchas gracias, en la mesa por allá hay comida, sírvanse lo que gusten.
…
Kagome que había ayudado a su abuelo con las ceremonias del templo esa tarde, seguía con su traje de sacerdotisa, no se había ido a cambiar porque vigilaba que un novio no se comiera todos los mochis y el ramen, porque hasta ahora llevaba tres tazones de fideos.
—¡Inuyasha déjale algo a los demás!— le regañó cuando le vio comerse el último mochi relleno de fresa.
—Hay más adentro.
—Pero ya no de fresa.
—Así que es eso, tu sabor favorito— su novia le vio con enfado—. Dame un beso y te lo doy— le mostró la bolita blanca.
—Olvídalo, no lo vale tanto.
—Eso dices porque hay gente viendo— cuando vio a la chica inflar sus mejillas, supo que había hablado de más.
…
Sesshoumaru se había sentado en una de las blancas del templo, para vigilar a su hija que jugaba con los niños y Ryusei que estaba en su carriola; Sabato llevó a Hoshiyomi a ver el templo cuando supo que era historiador; Rin, Tsukiyomi y Nodoka platicaban amenamente, mientras bebían una taza de té. El clima de ese día aunque frío, era agradable.
—Me alegra tanto que Shippou y Ranko pudiesen ir a la misma escuela, a mi hijo le cuesta hacer amigos.
—Se han vuelto inseparables.
—Tenía razón, el día que los conocí supe que eran pareja— dijo Tsukiyomi al ver a Inuyasha y Kagome.
—En ese entonces no lo eran— informó Rin.
—Pero se comportaban como una, vaya, estaban destinados.
—Eso mismo pensé cuando vino a ver a mi hija por su enfermedad y los días siguientes que volvió.
—¿Inuyasha venía?— Rin estaba sorprendida, ella si llegó a imaginar que mantenía contacto con ella por medio de mensajes de texto y a la distancia.
—Casi todos los días de su incapacidad.
—¡Gran pillo! Hizo sufrir a Ranko por nada, voy a…
¡Tonto!, todos los invitados que estaban en el patio voltearon al escuchar el gritó de Kagome, hasta el abuelo se había despertado.
—¿A dónde vas?— preguntó Inuyasha con miedo.
—A cambiarme de ropa y estar lejos así mi voz no te molestará— ese idiota se había atrevido a decir que tenía una voz chillona y le lastimaba los odios.
—¡Kagome! No quise decir eso— él lo dijo de broma, en juego para molestarla un poco.
—Eres insoportable, voy a cambiarme.
—Quédate así, te ves bien— la siguió en dirección a la casa.
Estaban a mitad de patio cuando Inuyasha vio que desde adentro de la casa, Miroku le hacía señales, Kagome no podía entrar aún a la casa, debía pensar rápido.
—¿Por qué siempre todo se complica contigo?— murmuró.
—¿Ahora qué hice?— la chica se volteó enojada.
—Solo quédate aquí otro rato.
—Voy a cambiarme.
—¡Kagome! Hay otro mochi.
—Comételo.
—¡Espera!— le tomó de la mano y la detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta de la cocina, vio ahora a Sango que le indicaba que no podían entrar.
—¿Qué?— lo vio fijamente, pero no obtuvo respuesta—. Voy a cambiarme y luego hablamos.
—Cásate conmigo— soltó.
—¿Es broma?— vaya manera de detenerla y para colmo, todos los estaban viendo, se giró y caminó a su casa.
—¡¿Cómo voy a estar bromeando?!— estaba desesperado, lo había arruinado todo, pero entró en pánico y esas palabras solo salieron de su boca, la siguió para aclarar todo.
Kagome se quedó pasmada al ver lo que había en la sala, en la pequeña mesa estaba una pila de mochis de fresa, el peluche de un tiburón ballena que tenía en una aleta un juego de llaves, un anillo dentro de una cocha de mar y un Wataboshi con un letrero "¿Quieres usarlo para mí?". Comenzó a llorar, Inuyasha no le había mentido.
—No te quedes callada, di al… ¿Por qué lloras?— lo sabía ¡Había jodido todo!
—¡Si quiero!— lo abrazó con fuerza.
Inuyasha suspiró aliviado y luego correspondió el abrazo, estaba más que feliz, Kagome había aceptado ser su esposa, ¡Kagome se iba a casar con él!
—Hijo esto es tan hermoso— dijo Izayoi, ella y Toga, llegaron cuando su hijo gritó "¡¿Cómo voy a estar bromeando?!" y cuando ya no escucharon más discusiones, entraron a la casa acompañados de los padres de Kagome—. Esta parte detallista la sacaste de mí, porque tu padre no lo es.
—Inuyasha solo te pido que no te tardes con los nietos, no me hago joven.
—Yo lo apoyó señor, quiero alguien a quien malcriar— dijo Sabato.
Kagome e Inuyasha se sonrojaron, sus padres no podían ser más inoportunos.
…
Los niños veían con curiosidad la escena, cuando el alboroto paró, siguieron jugando con la pelota, pero cuando Inuyasha y Kagome volvieron al patio, Rin, Sango y Miroku los felicitaron, entonces escucharon que se iban a casar.
—Ranko, seguro que pronto tienes un primo, ¿No estás feliz?— su amiga no había corrido para abrazarlos.
—No me dijo que se lo iba a pedir.
—Ranko— Inuyasha y Kagome habían ido a ver a la pequeña, ojalá no estuviera celosa—. Te tengo una buena noticia, me voy a casar con Kagome.
—No me dijiste que se lo ibas a pedir, yo quería ver.
—Lo siento.
—Quiero ser la primera en saber cuándo vaya a tener un primito.
Kagome rio al ver la cara de su ahora prometido, de haber estado comiendo algo se hubiese atragantado.
—Te lo prometo— no entendía por qué todos ya le pedían un hijo, claro que quería tener un bebé con Kagome, pero a su tiempo.
…
Luego de la cena, el abuelo de Kagome contaba historias del templo y mostró un haori rojo, decía que era un símbolo de protección que había pasado en su familia por generaciones, luego el padre de Shippou comenzó a contar datos curiosos sobre esos artículos y fue donde Ranko perdió el interés, para distraerse y ayudar a su mamá, pidió poder darle su papilla a su hermanito, le gustaba verlo comer.
—Shippou, ¿recuerdas que te dije en la escuela que te mostraría algo?— el niño asintió—. Ya te había dicho que creo que Kagome es una humana que alguien convirtió en sirena ¿Verdad?
—Sí, pero ¿Por qué?
—Encontré esto— sacó debajo de la carriola de su hermanito el libro de leyendas y lo abrió en una historia en especial.
—"Leyenda del árbol sagrado"— leyó Shippou.
—Es como ese árbol— Ranko señaló el gran árbol tras ellos.
—Se parecen mucho.
—Ko, ¡Ko!— Ryusei jaló la coleta de su hermana, quien volteo y le dio otra cucharadita de comida, pero él no la quiso.
—¿Ya no quieres comer?
—Ko, Inu— intentó quitarle el libro.
—Ryusei, ¡¿También piensas lo mismo?!
—¿De qué hablan?
—Mira la imagen y a mi tío.
Shippou vio la imagen del medio demonio que vestía unas ropas rojas extrañas y luego a Inuyasha, el abuelo de Kagome le había puesto el haori rojo sobre los hombros al chico y así lucía como el dibujo en el libro.
—Son el mismo— Shippou no podía creerlo.
Ranko sonrió, su tío debía ser ese medio demonio y Kagome la chica que debía encontrar en el futuro, por lo tanto no era una sirena, ella era una poderosa Miko, justo como en la leyenda del árbol sagrado. Y alguien la maldijo como sirena para que no conociera a su amor de verdad, pero al final si se conocieron.
¿Su abuelo, tío y padre serían demonios disfrazados? Eso tendría que averiguarlo.
Actualización, Fase 6: Beso (Misión Cumplida)
27/04/2019
Esto viene siendo el fin, así es, lo es. Sé que hay muchas cosas que aún no se explican, por ello he creado pequeños extras que iré agregando. Sabrán más de Kikyou y lo qué pasó luego de que Inuyasha se la encontrara, no olvidé la bici de Kagome, también sabrán la canción que Inuyasha escuchó, aquello que a Sesshoumaru le hace recordar a Rin y lo que se me ocurra en el proceso.
Muchas gracias por sus mensajes.
Les timé un poco, pero todo fue bien.
Debí buscar quien es "Dua Lipa", porque no lo sabía.
Creo recordar que si puse algo así de leves celos de Sessh con su hija, pero situación diferente.
Tsukimi, observación de la luna, con la luna llena que ocurre en el noveno mes.
Wataboshi, gorro blanco que es parte del kimono tradicional en una boda.
