A Rough Start
Capítulo 32 – Una y otra vez
Edward observó la forma en que Alice y Rosalie trataban de actuar como si no le miraban a él y Bella, cuando volvieron a entrar en la casa desde el garaje. Sonrió para sí mismo al darse cuenta de que estaban tratando de evaluar si Bella y él habían terminado su relación o no.
Bueno, tal vez sus palabras habían llegado a calentarse un poco, pero seguramente nadie esperaba que él pusiera fin a las cosas con Bella. Era lo mejor que le había pasado a él nunca, además de Anthony y Edward estaba bastante seguro de que él no era el único que podía verlo.
"Bella, estoy a punto de poner la comida en la mesa. ¿Quieres ayudar?" Preguntó Alice.
No era necesario que se lo deletrearán. Alice podría haberle pedido a Bella entrar en la cocina para hacerle veinte preguntas sobre lo que había ocurrido en el garaje. Era evidente que las inquisitivas mentes querían saber.
"Oh... Voy a ver a Anthony y después ir al cuarto de baño un minuto. Comprobaré si todavía necesitas ayuda cuando haya terminado, ¿de acuerdo?" Bella salió con rapidez y no esperó la respuesta de Alice.
Razón por la cual tanto Rosalie como Alice se movieron hacia Edward tan pronto como Bella salió de la habitación.
"¿Va todo bien?" Alice preguntó con los ojos muy abiertos. "¿Está ella bien?" hizo un gesto hacia la salida por la que acababa de salir Bella.
"Sí, está bien," Edward respondió vagamente mientras se dirigía fuera de la cocina a la sala de estar, donde Bella se movía sobre Anthony y otro chico mientras jugaban a las damas.
"Bueno..." dijo Bella cuando Edward se acercó a ella y puso su brazo alrededor de su cintura. "Creo que tenemos que tener una conversación," le dijo. "Una que no implique una casa llena de nuestros amigos."
"¿Quieres irte?" Edward sugirió.
Bella pensó por un minuto y luego asintió. "Si. Porque si nos quedamos aquí, lo único que vamos a conseguir es un montón de preguntas, y ni siquiera estoy segura de saber las respuestas todavía."
Edward asintió con rigidez, no muy seguro de lo que Bella quería decir con su comentario, aún a sabiendas de que pronto, iba a encontrar la respuesta cuando se quedaran solos.
"Vamos, Anthony. Ponte el abrigo. Nos vamos", le dijo Edward.
Anthony miró a Bella una explicación. "Pero no he cenado todavía," se quejó.
"Prepararemos algo para llevar a casa, ¿de acuerdo?" Ofreció Bella. Cuando Anthony pareció aceptar el plan, Bella volvió a la cocina y Edward ayudó a Anthony con su abrigo antes de seguir tras ella.
"¿Cómo que te vas?" Alice miraba a Bella con preocupación cuando Edward se acercó y se puso a su lado. Los ojos de Alice fugazmente miraron a Edward antes de centrarse en Bella, una vez más.
"Simplemente... necesitamos marcharnos," respondió Bella en voz baja e indistintamente.
"¿Por qué? ¿Qué ha pasado?" Preguntó Alice, con la cuchara quieta en el aire.
"Nada. No ha pasado nada," Bella miró a Edward. "Te llamaré mañana. Pero todo está bien."
Cuando Alice no parecía convencida, y no dejaba de mirarles, Rosalie se acercó para ver cual era la demora con la cena.
"¿Qué está pasando? ¿A dónde vais chicos?" Preguntó Rosalie. Edward pudo ver como ella trataba de hacer señales a Bella con los ojos.
"Hay algo que tenemos que hacer, eso es todo." Bella se encogió de hombros.
"Um, ¿Edward? ¿Cogiste el abrigo de Anthony?" Preguntó Alice.
Anthony se rió ante el comentario de Alice. "¡Llevo mi abrigo puesto!"
Edward sonrió ante el obvio intento de Alice para estar a solas con Bella para sacarle información.
"Oh," dijo Alice al darse cuenta. "Es verdad." Derrotada, ofreció un pequeño plato de comida cuando Edward y Bella rechazaron la porción se lo entregó a Anthony.
"Gracias. Feliz Navidad," dijo, al igual que los adultos a los que había oído antes, cuando habían entrado en la casa.
Rosalie le sonrió. "Espero que sean una muy Feliz Navidad. ¿Qué crees que te va a traer Santa?"
"Creo que un tren, porque mi papá hizo una mesa para él," dijo Anthony.
Rosalie asintió. "¿Y qué crees que le va a traer Santa a Bella?" Sus palabras eran para Anthony, pero sus ojos estaban puestos en Bella.
Edward puso los ojos en blanco por la forma aficionada en que Rosalie y Alice estaban intentando investigar. Rosalie estaba intentando claramente averiguar si Bella aún iba a estar durante las Navidades. ¿En serio no se daban cuenta de lo transparentes que estaban siendo?
"Oh, no lo sé," Bella sonrió a Edward antes de añadir con picardía, "tal vez un anillo."
De pronto, la habitación parecía colapsar con el silencio mientras Rosalie y Alice se esforzaban por comprender exactamente lo que Bella acababa de admitir.
Y luego la "Alice chillona" se escuchó por toda la habitación.
Anthony dio un salto hacia atrás asuntado y trató de escalar por Edward para huir del sonido ofensivo, y Bella hizo callar a su amiga repetidamente. Sin embargo, no fue capaz de hacerlo lo suficientemente rápido para impedir que Emmett y Jasper vinieran a ver si todo estaba bien.
"¡Se van a casar! ¡se van a casar!" Alice saltó arriba y abajo enfáticamente mientras apuntaba hacia Edward y Bella.
"¿En serio?" Emmett parecía genuinamente sorprendido, probablemente porque había sido testigo de la acalorada discusión entre Edward y Bella sólo unos minutos antes.
"Simplemente..." Bella se detuvo y miró a Edward en la confusión. Pero si ella estaba esperando que él le dijera cómo manejar las cosas, alguien tendría que decírselo a él primero.
A decir verdad, Edward había estado pensando en proponerle matrimonio, pero sólo de la forma en que la gente soñaba y fantaseaba acerca de ganar la lotería y todas las cosas que iban a comprar. Ni en un millón de años esperaba que Bella quisiera casarse con él después de los pocos meses que habían estado saliendo. Y cuando las palabras salieron de sus labios, estaba tan sorprendido de admitirlas como ella de escucharlas.
Esos últimos minutos as olas en el garaje habían pasado tan rápido...
Durante unos largos y aterradores treinta segundos, Bella había estado mirándolo fijamente, con los ojos llenos de una mezcla de confusión, ansiedad y shock.
"¿Te has...? ¿Te estás ...?" Ella había tenido problemas para conseguir completar una frase en su boca. "Edward..." finalmente respiró entrecortadamente. "¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo?"
Hubiera sido cobarde de su parte decir exactamente lo que había estado pensando, que era lo qué él diría o no dependía en gran medida de cómo se iba a responder ella. Pero antes de que tuviera la oportunidad de admitir su miedo a su respuesta, Jasper asomó la cabeza en el garaje y dijo la única cosa que podría haber movido a Edward y Bella en ese momento.
"Creo que el pequeño tiene un problema. Está preguntando por vosotros."
Inmediatamente Bella y Edward habían entrado en la casa, y después de una breve interrupción de Alice, estaban al lado de Anthony para atender a sus necesidades. Por suerte, no tenía ningún problema, sólo hambre, y estaba un poco preocupado porque no había visto a Bella ni a Edward en ningún lugar de la casa.
Después de ese torbellino de acontecimientos, Edward se encontró en camino de regreso a su casa, sin más confirmación de la respuesta de Bella de la que ella había dicho a sus amigos:
Tal vez.
El coche estaba completamente en silencio mientras conducía por la carretera y cuando se detuvo en su camino de entrada.
Bella parecía estar completamente en sintonía con lo que él estaba pensando. Ella se quedó en silencio mientras caminaban hacia la puerta principal, y una vez dentro, se mantuvo ocupada recalentando la comida de Anthony mientras Edward atendía a su hijo y lo preparaba.
No fue sino hasta después de que Anthony subiera al piso de arriba a la cama que se sentaron uno junto al otro en el sofá y realmente se enfrentaron a lo que habían comenzado en la casa de Alice y Jasper.
"Dijiste 'tal vez'," Edward soltó. Lo había estado conteniendo mucho tiempo.
"¿Dije tal vez a qué?" Preguntó Bella.
"Cuando Rosalie te preguntó que ibas a recibir por Navidad. Dijiste que tal vez un anillo," Edward aclaró.
"¿Me estás diciendo que definitivamente me vas a comprar un anillo?" Bella levantó una ceja en dirección a Edward.
Espera un momento...
"¿Así que no estabas diciendo que tal vez ibas a casarte conmigo?" Preguntó Edward.
Bella sonrió y negó con la cabeza a Edward. "Estás haciendo trampa," le dijo. "No puedes preguntarme si voy a decir que sí a una proposición. No funciona de esa forma. Primero te propones y entonces obtienes tu respuesta."
Edward sonrió. Bella estaba siendo juguetona. Eso era sin duda algo bueno.
"¿Así que quieres una propuesta?" preguntó.
"Si quieres una respuesta, yo quiero una proposición," le dijo Bella. "No creo que sea mucho pedir, Edward."
"No. No lo es," sonrió. "Está bien," se encogió de hombros. Él puso los pies sobre la mesa y cogió el mando a distancia antes de encender la televisión. Sonrió cuando miró y vio que Bella lo miraba en estado de shock. "¿Qué?"
"¿A qué te refieres con 'qué'? No hemos terminado," dijo.
"Claro que sí," dijo Edward. "Has dicho que querías una proposición, ¿no?"
"Exacto."
"Y las proposiciones son generalmente inesperadas, ¿no?"
Bella asintió, dándose cuenta de lo que él estaba diciendo. "Eso es."
"Bien, pues en un momento y lugar de mi propia elección, haré la proposición"
"Y yo responderé," afirmó ella.
"Vale," Edward asintió con la cabeza, fingiendo estar interesado en el programa de televisión. En realidad, estaba gritando en su interior, preguntándose cuándo y cómo iba a proponerse a Bella.
"¿Edward?" ella le apretó la mano suavemente para llamar su atención. "Bromas aparte, tengo un asunto delicado con el tema del tiempo entre manos."
"La casa". Edward supo de inmediato de lo que estaba hablando.
"Exacto."
"Si te gusta, Bella, sigue adelante y comprarla," dijo Edward.
"Edward, hace dos segundos, hablábamos de las propuestas de matrimonio. No puedes esperar que tome este tipo de decisión por mi cuenta, sin ti, si estamos seriamente pensando en casarnos," le dijo Bella.
Edward apagó la televisión, que sólo había encendido para provocar a Bella, y se sentó para mirar a Bella a los ojos.
"No puedo tomar esa decisión por ti, cariño. No sabría por dónde empezar," le dijo con sinceridad.
"Está bien," dijo Bella. "Bueno, empecemos por donde empecé yo, con mi apartamento. Mi contrato termina dentro de dos meses. Tengo o que renovar mi contrato de arrendamiento o encontrar otro lugar para vivir."
"Múdate aquí conmigo," sugirió Edward.
Bella asintió. "Está bien, y si me mudo aquí con contigo, los impuestos nos van a matar, o a mí, en realidad, porque tú puedes reclamar a Anthony como dependiente."
"Bueno..." Edward pensó por un momento. "Comprar una casa suena tan caro. ¿No tienes que poner un montón de dinero?"
"Más o menos, pero me da un descuento a través de la unión de los profesores que cuenta para el pago inicial, además de que soy apta para un programa federal que financia hasta el 100 por ciento del precio de compra. Todo lo que tengo que conseguir son mil dólares para sacar la casa del mercado."
"¿Y qué pasa con el pago de la hipoteca?" Preguntó Edward.
"Es un poco más," dijo con evasivas "pero el interés es deducible de impuestos..." hizo una pausa y miró a Edward. "Y no sería más si lo compartimos."
"Pero yo estoy atado con un contrato de alquiler aquí hasta junio. No puedo pagar una hipoteca y el alquiler."
"Bueno, ¿qué tal si esperamos hasta junio?"
"No creo que la casa siga estando disponible entonces, ¿no crees?"
Bella se echó a reír. "Me refería para que te mudes, tonto. Anthony se graduará de mi clase y tendrá una maestra nueva. Será menos confuso para él."
"Eso es verdad," dijo Edward.
"Y tú tienes planeado permanecer en el aserradero, ¿no? Y no pienso dejar mi trabajo a corto plazo. Y realmente me gusta la casa, Edward."
Edward miró la alfombra bajo sus pies durante mucho tiempo. "Odio tomar decisiones impulsivas como esta, Bella. ¿Puedo tener un poco más de tiempo?"
Bella asintió. "Claro. Pero no tengo mucho tiempo en realidad. El vendedor va a aceptar otras ofertas en breve."
"Dos días," regateó Edward. "Dame dos días para hacerme a la idea."
"¿Al menos vendrás a verla durante ese tiempo?" Preguntó Bella.
Edward se apresuró a decir que lo haría. No era su intención negarle a Bella algo que tan obviamente quería. Era una empresa muy aterradora porque era muy caro. Sólo había pasado un poco de tiempo desde que Edward no estaba viviendo de nómina a nómina, y no estaba ansioso por llegar a situaciones que le podían catapultar de nuevo allí.
"Ahora, ¿me harías un favor?" preguntó Edward.
"Por supuesto." La forma en que Bella ciegamente aceptó ayudarlo, sin saber lo que iba a pedir, solidificó el por qué ella iba a ser, con suerte, la última novia que iba a tener.
"Tengo que... ir a buscar ese tren... de Esme..." Edward susurró.
"Oh," dijo Bella en voz baja. "¿Querías que vaya contigo?"
"Esta vez no," Edward la miró con timidez. "No quiero hacerte pasar por eso otra vez... o a Anthony."
"Vale. Cuidaré de Anthony. ¿Cuando vas?"
"Pasado mañana."
Bella estuvo de acuerdo, sin discusiones, en cuidar de Anthony, y al día siguiente Edward sin esfuerzo cumplió su parte del trato con Bella y le acompañó a ver de nuevo la casa que estaba considerando comprar.
"Aquí huele raro," Anthony anunció al cruzar el umbral al interior.
"Se llama popurrí," dijo Rosalie rápidamente. "Huele navideño."
Edward no podía evitar estar más de acuerdo con su hijo. No olía a Navidad en absoluto, pero mantuvo sus comentarios para sí mismo y dio una vuelta y escuchó Bella resaltar las cosas que le gustaban. Ella había hecho mención de las entradas arqueadas tantas veces que Edward empezó a notarlas cada vez que pasaba por debajo de una.
Después de haber oído suficiente sobre la entrada de azulejos y los armarios nuevos de la cocina, Edward y Anthony se separaron a vagar por su cuenta. Se dirigió hacia la parte trasera de la casa a las habitaciones. Inmediatamente se dio cuenta del diseño de la habitación principal. Echó un vistazo en el interior del baño principal y se dio cuenta del tamaño de la ducha. Se dio cuenta rápidamente del lavabo doble antes de darse cuenta de que estaba solo.
"¿Anthony?" llamó mientras salía de la habitación y caminaba por el pasillo. Entró en otros dos dormitorios antes de finalmente encontrar a Anthony de pie en medio de lo que parecía ser el cuarto dormitorio en la casa.
Una sensación de déjà vu golpeó Edward tan pronto como se vio rodeado por las paredes de color azul claro con molduras de roble. Sus ojos se posaron sobre una estantería empotrada en madera de roble que se alineaban en la pared del fondo.
De repente, tenía siete años de nuevo, de pie en su habitación mirando el trofeo que había traído a casa de la fiesta de final de temporada de béisbol. Era sobre todo por haber participado, todos los chicos del equipo había recibido uno, pero Edward había deseado el trofeo muchísimo.
Y luego había libros. Títulos que no podía recordar, pero lomos coloridos adornados con los coches y aviones y diversos equipos deportivos eran vívidos en su imaginación.
Había un par de cortinas de color azul y blanco a cuadros, una cama de capitán y en la esquina, una mesa para trenes que le llegaba a la altura de la cintura que albergaba un tren miniatura y un intrincado y realista paisaje.
"¿Es nuestra nueva casa, Papá?"
La voz de Anthony sacó a Edward de su recuerdo y su dormitorio infantil desapareció ante sus ojos.
Edward miró a su hijo y vio la incertidumbre que le devolvía con la mirada. La duda ante la posibilidad de ser dejado atrás o de que su mundo se pusiera patas arriba una vez más con otro cambio de casa.
Y habría otras mudanzas. Cada vez que el propietario decidiera que quería un mayor beneficio, o se negase a hacer reparaciones necesarias o un vecino insoportable se mudara, eso sería catalizadores de una nueva dirección.
"¿Cuántas habitaciones has tenido, Anthony?" Preguntó Edward.
Anthony empezó a contar con sus pequeños dedos antes de abandonar. "Muchas," declaró.
Edward miró a su alrededor por la habitación de nuevo, pero esta vez, en lugar de paredes azules y el adornos de roble, vio raíces. Vio un dormitorio que tenía el potencial para ser recordado como un lugar seguro con un sentido de pertenencia, símbolo de una infancia feliz, en vez de una multitud de espacios obsoletos e impersonales que salpicarían la memoria de Anthony.
"Estáis aquí," Bella suspiró cuando vio a Edward y Anthony. "¿Ves algo que te gusta?"
Edward hizo un gesto hacia Anthony. "Le gusta esta habitación."
"¿Y a ti? ¿Te gusta la casa?" preguntó ella.
"La casa es bonita," dijo Edward. Nunca había sido una cuestión de estética. "Es sólo que no quiero morder más de lo que puede masticar... financieramente."
"Yo tampoco," le dijo Bella. "Pero he hecho los cálculos, Edward. Puedo permitirme esta casa sola. Así que entre los dos, estaremos bien."
"Creo que sólo necesito ver esos números," dijo.
Bella asintió. "Por supuesto."
"Pero si es realmente la opción," Edward miró a Anthony, "entonces sí. Hagámoslo."
"¿En serio?" Los ojos de Bella brillaban de emoción.
"Sí."
"¡Oh, Edward!"
Apenas la atrapó cuando ella saltó a sus brazos.
"Gracias, cariño," dijo contra el cuello de su chaqueta.
Rosalie entró en la habitación entonces y miró a Edward y Bella en silencio durante unos momentos antes de ofrecer su mano a Anthony y llevándoselo a un viaje hacia el patio trasero. Desde donde estaban, Edward y Bella oyeron la apreciación de Anthony hacia el vasto espacio mientras salía al patio trasero.
"Bueno, es barato tener una cita contigo," Edward le sonrió a Bella. "Todo lo que tengo que hacer es acceder a comprar una casa contigo y no te me quitas de encima."
"Sí, bueno, deberías verme con un anillo en el dedo," Bella le guiñó un ojo.
"¿Eso es un pista sobre su respuesta, señorita Swan?"
"Tal vez," sonrió ante él antes de darle un beso.
Y esa misma noche, después de mostrarle una impresionante hoja de cálculos para la compra de la casa, ella continuó mostrándole lo feliz que le había hecho ese día.
Sin embargo, aunque intentó disfrutar de la diversión de estar con Bella, e incluso hacerle el amor esa noche, no fue suficiente para distraerlo de lo que tenía que hacer la siguiente tarde.
"Alice llamó," Bella dijo a la mañana siguiente, cuando Edward se despertó y la encontró en la cocina, con una taza llena de café. "Me ha suplicado que fuera con ella para inscribir al bebé."
"Conociendo Alice, os llevará todo el día," dijo Edward, todavía aturdido por el sueño.
"Lo sé. Pero espero que tenga piedad por Anthony y sólo nos lleve unas horas. Quiero estar en casa cuando regreses."
Edward asintió. Sabía que Bella no se había olvidado de la visita a su madre más de lo que lo había hecho él. Y a pesar de que estaba disfrazada como una misión de recogida de regalos para Anthony, Edward sabía que Esme tenía expectativas por su visita. Y a pesar de que no sabía cuales eran esas expectativas, sabía que iba a decepcionarla.
Así que sólo se sorprendió un poco, tres horas más tarde, cuando ella lo recibió en su puerta con un toque de decepción en sus ojos.
"¿Anthony no está contigo?" preguntó ella.
"No. Está pasando la tarde con Bella," respondió Edward.
"Oh... pero pensé... no importa." Esme puso una sonrisa en su rostro y se apartó para que Edward pudiera entrar en la casa.
Él dudó un momento y Esme fingió no saber por qué.
"Siento que la casa esté tan fría," dijo con ligereza. "El aire caliente molesta a Carlisle con su sinusitis. Como no está aquí, subí la temperatura, pero me temo que tardará un poco antes de que se sientan los efectos."
"¿No está, entonces?" Edward se aseguró. La última cosa que quería era una repetición de su último encuentro.
"Sí. Tenía... una cita. No volverá por lo menos en un par de horas," explicó Esme.
Edward asintió con la noticia y después poco a poco entró en la casa. Sus ojos se movieron por el interior, en busca de pequeños detalles que podía recordar de su juventud.
Había muchos.
Una foto muy antigua de su abuela colgaba en la entrada. Una paragüero con forma de elefante que tenía una pequeña fisura desde que Edward con cuatro años, había tratado de "montar" en ella. Una vajilla de porcelana pintada en una vitrina.
Y luego estaba el olor.
Era una combinación de jabón de lavanda, canela, limpiador de limón, lluvia y sol. Si fuera posible comercializarlo como un olor, Edward estaba seguro de que la etiqueta pegada en la botella diría 'Hogar'.
"¿Puedo ofrecerte algo de beber? ¿Tienes hambre?" Esme se acercó a la pequeña mesa de la cocina y sacó una silla.
Edward se dio cuenta de que había un pequeño envase de zumo en la mesa, además de un plato de galletas.
"Lo siento," se disculpó Esme cuando vio a Edward mirando la pequeña merienda. "Creí que Anthony iba a estar contigo."
"Sí... yo... es un regalo de Navidad, así que... ya sabes... pensé que probablemente era mejor si él no lo veía antes de tiempo," balbuceó Edward.
De pronto, Esme puso su mano en el pecho y dejó escapar una risa tintineante. "¡Oh Dios mío! ¡Estoy tan fuera de práctica con las vacaciones que me olvidé de eso por completo!"
La rigidez de su postura y la expresión acentuada en su rostro se suavizó mientras seguía riendo. Todo su rostro se iluminó mientras dejaba de lado la idea de que Edward no quería que ella viera Anthony.
"¿Sabes otra cosa que hice que no fue muy inteligente?" Esme puso los ojos ante propia estupidez. "Saqué el tren, en el garaje, por si Anthony quería jugar con él. Vamos a tener que empaquetarlo."
Pero tan pronto como Edward vio la maqueta del tren tendida sobre una mesa en el centro del garaje, ya no estaba convencido de que su madre había perdido de vista el objetivo de su visita. Desmontar y guardar el tren le iba a tomar algo de tiempo, tiempo que tenía garantizado para estar en presencia de ella.
"Esto parece que va llevarme un tiempo guardarlo. Tal vez debería volver cuando tenga más tiempo," insinuó Edward. No quería estar todavía en el garaje cuando Carlisle regresara de su "cita".
"Monte esta cosa entera en menos de una hora. No llevará tanto tiempo desmontarla," dijo Esme.
"Pero hay que envolver estos vagones. Y todos estos árboles y edificios y..." detuvo sus palabras cuando se dio cuenta de que Esme señalaba una pila de cajas de cartón que estaban contra la pared del garaje.
"Todo va de allí." Ella cogió una de las cajas de cartón llenas de espuma y la llevó a la mesa. "¿Ves? Así."
Edward hizo lo mismo, y comenzó a colocar los vagones del tren en sus huecos correspondientes en la espuma.
"No puedo creer que guardaras todo esto." Edward habló en voz tan baja, como si quisiera decir las palabras, pero no que Esme las escuchara.
"Por supuesto que lo guardé, Edward. Eran tus cosas. Pensé que ibas a volver." Esme mantuvo las manos y los ojos ocupados mientras hablaba. "Cada día esperaba que te entraras por mi puerta."
Edward no sabía qué decir a eso, así que no dijo nada. El silencio en el espacio frío del garaje era casi sofocante y por un momento Edward consideró salir al aire libre en el helado frío para escapar de él.
Esme no dijo nada más, ni presionó a Edward para que respondiese. Simplemente continuó haciendo lo que estaba haciendo, llenado de los envases de cartón y apilándolos en el frente del garaje.
Para evitar mirarla, Edward miró a su alrededor por garaje a las cajas ordenadamente apiladas en los estantes. La mayoría de ellas estaban marcadas por año, unas pocas por las habitaciones a las que pertenecía el contenido.
Tres estaban marcadas con su nombre.
Apartó la vista de forma rápida y aceleró su ritmo empacando los trenes. Tenía que salir de allí, lejos de los agobiantes recuerdos de su pasado y lejos de lo que estaba en esas cajas para recordárselo.
"¿Recuerdas jugar con este tren?" Preguntó Esme. Su tono indicaba que estaba ajena al hecho de que Edward estaba a punto de tener un ataque de ansiedad.
"No," mintió Edward. Recordaba el tren. Recordaba el día que lo había consiguió, por Navidad, y cómo él y su padre habían pasado horas montando la vía y el recolocando todas los paisajes que venían con él.
"Tenías más o menos la edad de Anthony cuando te lo dimos," recordó Esme. "Y todo el tiempo que lo estuvisteis montando, preguntabas preguntaba cómo Santa consiguió bajarlo por la chimenea sin aplastarlo. Creo que nos tuviste engañados antes de pedir que te contáramos el secreto de Santa." Esme miró de reojo a Edward. "¿Aún cree Anthony en Santa Claus?"
"Sí," Edward sonrió ante el recuerdo de Anthony sentado en el regazo de Santa.
"¿Ya le has llevado a ver a Santa?" Esme preguntó expectante.
"Sí."
"¡Oh, apuesto que fue un espectáculo digno de ver! ¿Estaba nervioso? Tú solías ponerte nervioso. Bueno, excepto la primera vez, que lloraste, pero tenías sólo..."
"Para," dijo Edward con fuerza. Cuando vio que su insolencia causó una expresión de dolor en el rostro de Esme, agregó, "Por favor."
"Lo siento," Esme desvió los ojos. "No quise molestarte."
"No estoy molesto," dijo Edward rápidamente. "Sólo que no necesito fingir, eso es todo."
"¿Fingir?"
"Mira, sé que mi vida estaba hecha una mierda, ¿de acuerdo? No necesito que trates de actuar como si no lo fuera."
"Edward," Esme rodeó la mesa y dio un paso más cerca de Edward. "No sé la magnitud de las cosas por las que has pasado, y un día, cuando estés listo para contármelas, estaré lista para escuchar. Pero esos malos recuerdos no borran los buenos . Y había un montón de buenos recuerdos, Edward ".
Edward no aceptó sus palabras, y su proximidad le hacía sentirse incómodo, por lo que se acercó a la pila de cajas que albergaban el tren como si las estuviera examinando.
"Voy a abrir mi coche y empezar a cargar las cajas," anunció.
"Está bien. Abriré la puerta del garaje," Esme ofreció. Ella se quedó inmóvil hasta que él se dirigió a la salida, como si le aseguraba la mayor cantidad de distancia entre ellos.
Edward arrastró los pies hasta el escalón de cemento que le llevaría al nivel de la puerta interior del garaje, pero en vez de subirse en él, se quedó de pie allí, de espaldas a Esme, y sus ojos sobre la pared.
"¿Es cierto?" preguntó con la mandíbula apretada. "Lo qué le dijiste a Bella. ¿Era todo verdad?"
"Por supuesto," respondió Esme rápidamente.
"¿Así que fuiste a la cárcel?" Edward preguntó con escepticismo. Volvió la cabeza hacia un lado, pero él no levantó los ojos hacia los de Esme.
"Un centro de detención," informó Esme.
"¿Cuánto tiempo?"
"Casi dos años."
"Así que tenía catorce años cuando saliste."
"Sí".
"¿Y no te permitían escribir cartas en ese centro de detención?" Edward escupió la palabra. Todavía se negaba a mirar a Esme.
"Escribí," Esme aplacó rápidamente. "Todos los días, al principio. Pero no tenía a donde enviar las cartas, Edward. Tienes que entender, que pensaban que yo era una amenaza para ti. Ellos no me decían dónde estabas."
Edward se volvió hacia su madre entonces, y su expresión era desafiante.
"Me dijeron que podía cambiarme el nombre. A los dieciocho, una señora del estado dijo que podía cambiar mi nombre, pero no lo hice. Lo mantuve igual para que tú o papá me pudierais encontrar. Pensé que me estarías buscando. Pero no lo estabas ".
"Si te busqué, Edward. Te busqué online, en el directorio telefónico; pero no había nada. Y no podía buscarte antes de que cumplieras los dieciocho años. Sabía que iría a la cárcel si te encontraba, porque no hubiese habido manera de que fuera capaz de mantenerme alejada. Pero cada año, en junio, me esforcé por no comprar las anuarios de todas las escuelas secundarias de la zona para poder buscarte. Saber que te llevarían lejos de mí otra vez era la única cosa que me impidió hacerlo. No podía despedirme de ti otra vez. No podía hacerte eso."
"Nunca te despediste de mí en absoluto," insistió Edward. "Todo lo que dijiste fue que volverías, que ibas a venir a buscarme."
Edward reprochó la cruda angustia y el dolor que empezaban a asentarse sobre su pecho. La ira preventiva era su primera línea de defensa y dejó que su voz se elevara y su rostro se endureciera contra los intentos de Esme por explicarse.
Pero ella no participó de su ira. Sus duras palabras fueron tratadas con suavidad y sus muecas venenosas fueron recibidas con comprensión.
Para cualquier persona que podría haber tenido la oportunidad de presenciar el intercambio, Esme y Edward parecían ser una madre paciente tratando de razonar con su malhumorado, irritado e indignado hijo.
"Edward," Esme pronunció su nombre con dulzura mientras intentaba colocarle el pelo. Él retrocedió contra su caricia, pero no interpuso más distancia. "Quería ir a por ti. Tienes que saber que te quería conmigo."
"¿Cómo iba a saber eso?" sus palabras pedían seguridad. "¿Cómo iba a saber eso, cuando día tras día, noche tras noche, no estabas allí?"
"Tú también eres padre ahora. ¿Qué harías si alguien se llevara a Anthony lejos de ti y te dijera que él está mucho mejor sin ti? ¿Cómo responderías sabiendo que todo lo relacionado con tu nombre dijese que no eres apto a ser padre y cuidar de un niño?
"Edward, yo sabía lo brillante que eras, lo mucho que te gustaba aprender. Sabía que te gustaría practicar deportes e ir a la universidad algún día, y si iba a cogerte, a robarte en mitad de la noche, nunca ibas a llegar a hacer ninguna de esas cosas.
"¡Pero no hice ninguna de esas cosas!" Edward gritó. "¿Crees que alguien le importaba si quería jugar al béisbol o baloncesto? Y para entrar a la universidad, necesitas dinero y buenas notas, algo que yo no tenía. Pasaba las noches aprendiendo cómo pelear, para que no me dieran una paliza todos los días. Hacer los deberes no estaban demasiado arriba en mi lista de prioridades ".
Por primera vez desde que comenzó la conversación, Esme perdió el dominio del control que tenía sobre sus emociones y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Edward le dio la espalda mientras sus ojos comenzaron a hacer lo mismo.
"Edward, lo que le pasó a nuestra familia fue una tragedia, pero nunca cambió la forma en que me sentía hacia ti... lo que siento por ti." Esme se acercó y le tocó en la espalda.
"No," Edward la quitó de encima.
Pero Esme fue implacable y la mantuvo allí, frotando su espalda. "Te extrañé muchísimo, Edward."
"No puedo," Edward dijo ahogado. "No puedo hacer esto ahora." Se acercó a la puerta de acero de garaje y le indicó a Esme que la elevara para que pudiera empezar a llevar las cajas a su coche.
Con sólo pulsar un botón, lo hizo, y la gran puerta empezó a crujir y gemir mientras se subía.
Edward cogió una caja preparándose para escapar a su coche tan pronto como pudiera pasar por debajo de la puerta, pero dos pares de zapatos lo alertaron del hecho de que había un obstáculo en su camino.
"¿Está todo bien?" Un hombre en lo que parecía ropa de hospital preguntó cuando vio la expresión de angustia en el rostro de Esme. Había un gran autobús en ralentí detrás de él que decía 'Clallam County Transit' en el lateral.
"Estamos bien, Eugene. Gracias." Esme robó una mirada frenética a Edward, pero ya era demasiado tarde.
No había escapatoria.
Edward estaba ya cara-a-cara con su padre.
"Carlisle, cariño, ¿tienes hambre?" Esme preguntó, mirando su reloj. "No me di cuenta que era la hora a la que estas de vuelta."
"Son casi las dos," dijo Eugene mientras volvía a Carlisle hacia Esme. "Es la hora habitual."
"Sí, supongo que sí," Esme dijo con nerviosismo. "Carlisle, vamos a llevarte dentro."
Pero Carlisle no se movió un centímetro. Se quedó mirando a Edward, sin expresión; como si algo estuviera fuera de lugar y estaba tratando de evaluar exactamente que era.
Edward sintió que el miedo se apoderaba de su pecho mientras esperaba a que el hombre, que no era más que una sombra del padre que él recordaba, le reprendiera y menospreciara.
Pero la diatriba nunca llegó. En cambio, después de unos momentos sin pestañear, Carlisle desvió la mirada de Edward a Esme y arrastrando los pies detrás de ella.
"No te vayas todavía. Por favor, Edward," Esme suplicó por encima del hombro mientras conducía a Carlisle dentro de la casa.
El shock tardó unos momentos en desaparecer, pero tan pronto como Edward estuvo solo, empezó a gran velocidad, tirando las cajas en el maletero sin orden ni concierto, sin preocuparse de que algo podía romperse. Él sólo quería salir de allí.
"¡Edward! ¡Edward, espera!" Esme salió corriendo de la casa cuando Edward había puesto la última caja en su coche y se apresuraba hacia el lado del conductor de su coche. Pero cuando levantó la vista, a los ojos de su madre, sabía que la desesperación en su cara lo perseguiría por toda la eternidad si huía de ella ahora.
Se alejó de la puerta del coche ligeramente para indicarle que estaba esperando para oír sus palabras de despedida, pero el férreo control que mantenía sobre sus llaves comunicaba que no tenía intención de quedarse mucho tiempo.
"Lo siento. Perdí la noción del tiempo. No me di cuenta que volvería cuando aún estabas aquí. Realmente lo siento," Esme se disculpó profusamente.
"Lo sé. Está bien," dijo Edward. Él dudó nerviosamente antes de preguntar. "¿A dicho... a dicho algo acerca de que yo esté aquí?"
"Él no habla, Edward. Pensé que lo sabías."
"Habló la última vez."
"Sí, bueno... eso fue inusual. Y no ha dicho una palabra desde entonces. Ni siquiera un atisbo de una."
"Hm," Edward murmuró en respuesta. "Eso debe resultar bastante solitario para ti."
"Mucho," Esme asintió. "Es por eso que espero que esta no será la última vez que hablamos."
Edward suspiró y miró hacia abajo a sus zapatos y se apoyó en su coche. "No tengo nada contra ti," comenzó. "Es que... la forma en que esto me hace sentir... cuando te veo o hablo contigo... es como si no supiera quién soy. ¿Tiene eso sentido?"
"Por supuesto," Esme sonrió ligeramente. "Tú y yo, somos el producto del tiempo perdido."
Tiempo perdido. Esas dos palabras eran la suma perfecta de todas las relaciones importantes en la vida de Edward hasta que Anthony y Bella entraron en su vida, casi simultáneamente; las dos únicas personas que le daban ganas de vivir cada momento y no dar ni un segundo más por sentado.
"Me tengo que ir," reiteró Edward. "Pero yo... hablaremos otra vez."
"¿Después de Navidad?" Esme preguntó ansiosamente. "¿Me dejarás saber cómo Anthony disfrutó del tren?"
El corazón de Edward se hundió entonces, sabiendo que Esme pasaría la Navidad sola en un infierno silencioso. Pero prometer unas fiestas en "familia" era más de lo que podía aguantar así que sabía que era mejor no ofrecerlo. En su lugar, sacó su cartera y cogió la única foto que jamás se había alojado allí: la foto de Anthony de la guardería.
Se la entregó a Esme y ella se aferró a ella como si fuera oro puro.
"Oh, Edward," se llenaron de lágrimas otra vez. "Se parece tanto a ti."
Edward asintió. A pesar de que no era mucho, la imagen era la representación de un pequeño puente entre el presente y el pasado que les habían robado. Poco a poco, foto a foto, Esme podría ver en Anthony el niño que había perdido en Edward.
La dejó entonces, en el borde de la acera, mirando sus luces traseras mientras se alejaba. Su corazón se sentía más ligero de lo que nunca creyó posible cuando dobló la esquina y perdió de vista la esperanza que iluminó los ojos de Esme. Pero a pesar de que ya no podía verla, sabía que estaba ahí, ya que también estaba con él, impulsándolo hacia un futuro mejor, hacia su hijo y la mujer que no tardaría en llamar a su esposa.
N. del A: Gracias a Jjuliebee & thurtysomething - mis princesas pre-lectoras!
N. del T: Bueno este capítulo era algo más corto que el anterior, y como básicamente eran conversaciones entre dos personas, algo más "ligero" de traducir. Así que antes de tener listo el anterior y su revisión ya tenía bastante avanzado este. Por eso lo subo tan rápido, no penséis que el siguiente va a seguir el mismo ritmo, porque no lo tengo empezado como tenía este.
