Capítulo 36 – Nuestra Casa

Anthony estaba sentado a la mesa con Gus 1 y Gus 2 a cada lado de su tazón de cereales. Sus ojos bailaron entre Bella y Edward mientras discutían su horario para la próxima semana.

"Recogeré todo lo que pueda esta semana y luego podremos comenzar a mudarnos el jueves. Conseguiré un sustituto para el viernes", explicó Bella. Edward asintió pero solo la escuchaba parcialmente. Sabía que Bella estaba hablando más para su propio beneficio que el de él. Ya habían repasado su plan dos veces.

"¿Un sustituto?" Anthony frunció el ceño. "¿No vas a ser mi maestra?"

Bella miró a Edward y él supo exactamente lo que estaba pensando sin escuchar las palabras. La noche anterior, habían tenido una discusión sobre trasladar a Anthony a una clase diferente, solo para evitar que cualquier cosa fuera extraña, ya que ahora todos vivirían juntos. Edward lo había mencionado simplemente para ver si Bella lo había estado considerando y si había pensado que era lo mejor. A ninguno de ellos le gustaba demasiado la idea, y ciertamente sabían que a Anthony no le gustaría.

"No quiero que piense que le estamos castigando porque nos mudamos juntos y nos vamos a casar", había dicho Bella.

"Bueno, ¿va en contra de algún tipo de política? Acabamos de comprar una casa. No quiero que te den una puñalada por la espalda y pierdas tu trabajo o algo", dijo Edward.

"No es así. No estoy haciendo nada ilegal. Y es educación pública, no estamos compitiendo exactamente por una posición de superioridad".

Edward miró a Bella con fingida ofensa. "¿Estás echando mierda a la educación de mi hijo?"

"No", resopló Bella. "Quiero decir que…"

Edward la besó para que dejara de hablar. "Solo estaba jugando contigo", sonrió. Pero luego la besó de nuevo y ese fue el final de cualquier conversación por el momento.

Aún así, llegaron a la conclusión de a que Anthony no le agradaría, Bella puntualizó que podría sufrir ansiedad por separación innecesaria, lo que ahora confirmaba con el comentario que hizo sobre un maestro sustituto.

Y así, la semana transcurrió según lo planeado, sin cambios en la rutina de Anthony. Pasaron toda la tarde del jueves empaquetando cajas y moviendo muebles. El viernes por la mañana, Edward dejó a Anthony en la escuela y Bella fue a la casa de Edward para empacar las cajas restantes.

"Por lo general odio mudarme", dijo Edward después de regresar media hora después. "Pero esta vez no es tan malo".

"Podría tener algo que ver con el hecho de que comenzaste a guardar cosas hace una semana en lugar de esperar hasta el último minuto", le sonrió Bella.

"Tal vez", Edward sonrió de vuelta.

Estaban en el garaje moviendo las cajas colocándolas en el suelo para luego moverlas al maletero de la camioneta de Bella. Había gran cantidad de cajas marcadas con el nombre de Anthony con las que Edward estaba en proceso de pasar a cajas más pequeñas si era posible. Hizo una pausa cuando abrió una caja y se encontró frente a la cara feliz y sonriente de Anthony cuando era un bebé.

Cómo estuvo callado e inmóvil un buen rato, Bella se acercó para mirar por encima de su hombro.

"Aww", canturreó mientras tomaba una foto grande de Anthony, cuando tenía alrededor del un año. "Edward, se parece mucho a ti".

Edward tuvo que admitir que, por mucho que la gente le dijera eso, a menudo no veía el parecido. Pero en particular, en la foto que Bella ahora sostenía, no había duda de ello; él también lo veía.

Además de las fotos de Anthony, también había algunas de Jessica. Edward notó como Bella lo miraba mientras sus ojos recorrían las imágenes.

"Es muy guapa", dijo Bella, como si le diera permiso para pensar eso también.

"Mmm", gruñó Edward. Realmente no quería hablar de Jessica. No se habían llevado bien en absoluto y él no había pensado en ella en años antes de que Anthony entrara en su vida. Aún así, no parecía correcto faltarle el respeto por dos razones: era la madre de Anthony y había fallecido.

"Su pelo es lindo. Con mi pelo nunca podría llevar una permanente", continuó Bella.

"No era una permanente". No es que Edward supiera tanto sobre el pelo de las mujeres, es que Jessica se había quejado constantemente de su rizos y sobre cómo no entendía que alguien pagara por el enredo que ell tenía en la cabeza. Recordaba cuántos cumplidos solía recibir ella por su cabello y Edward se había preguntado en secreto si sus quejas eran solo intentos sutiles de provocar halagos.

"Oh." Bella dejó la imagen y pasó a la siguiente caja como si esta la estuviera llamando por su nombre.

Edward la miraba con relajado aire de diversión. Se sentía insegura con su historia con otra mujer. Al principio pensó que estaba siendo tonta. Después de todo, nunca le pidió a Jessica que se casara con él. Pero luego, cuando consideró cómo se sentiría él si estuvieran revisando cajas que contenían fotos de uno de sus ex novios, con quien mantuviera una conexión permanente en forma de un hijo, admitió que podría estar un poco incómodo también.

Mientras Bella estaba de pie con dándole espalda, Edward caminó hacia ella y la rodeó la cintura con los brazos y descansó sus labios suavemente contra la piel de su cuello.

"Cuando los hombres cierran los ojos y piensan en lo que quieren hacer con una mujer", Edward se detuvo para dar un suave mordisco a su piel, "generalmente ven su propia versión de la perfección. ¿Quieres saber cómo es mi mujer perfecta?".

"¿Qué?" Bella preguntó en voz baja, volviendo la cabeza ligeramente hacia un lado solo para evitar que Edward dejara de hacer estaba haciendo.

"Ella tiene la piel más bella, cremosa y suave..." Abrió los labios contra la pequeña hendidura detrás de su oreja, su lengua tocando la zona rápidamente, para acariciarla allí.

"Sus ojos..." Edward trazó sus párpados cerrados con la punta de los dedos. Amaba los ojos de Bella, su pequeña nariz y sus labios carnosos, pero no era un poeta y las palabras que tenía para describirlos no les harían justicia.

"Ella huele muy bien", susurró él mientras pasaba la punta de su nariz sobre la curvatura de su cuello.

"Su hermoso cabello oscuro es sedoso y brillante y se desliza perfectamente a través de mis dedos". Edward demostró el acto.

"Su trasero es tan firme y suave", Edward se agachó y apretó una de los cachetes de Bella antes de deslizar sus manos por su torso y debajo de su camisa. "Y sus tetas, perfectas dentro de mi mano".

El cierre frontal del sujetador de Bella cedió fácilmente a los dedos ansiosos de Edward cuando levantó la mano y rodó ligeramente sus pezones entre el pulgar y el índice.

"Edward", Bella gimió suavemente. "Alguien nos va a ver ..." Después de todo, la puerta del garaje estaba abierta de par en par.

"Déjalos mirar", dijo Edward, a pesar de que echó un vistazo detrás de él y vio que la costa estaba despejada.

Cuando Bella no dio más argumentos, la mano de Edward se movió hacia abajo a través de su vientre y se acercó al cierre de sus vaqueros, donde no perdió tiempo en abrirlos lo suficiente como para deslizar su mano dentro de su ropa interior.

"Y su coño..." Él y Bella sisearon al unísono cuando deslizó dos dedos dentro de su calor. "Tan húmedo... y caliente... y mío..."

Edward dejó de hablar y llenó la boca de Bella con besos profundos y con la boca abierta. Los gemidos y murmullos de Bella, además del hecho de que alguien podía pasar en cualquier momento y pillarlos, encendieron el deseo de Edward y presionó su dureza contra su trasero con firmeza e insistencia.

"En mi opinión, cuando es completamente mi elección y nadie más lo sabrá nunca", Edward tiró ligeramente del lóbulo de su oreja con los dientes, "eres únicamente tú a quien veo. Siempre serás solo tú".

Bella apoyó la cabeza hacia atrás sobre el hombro de Edward, le pasó la mano por el pelo y capturó su boca con la suya. Estaba tan conmovida por sus palabras que Edward estaba seguro de que llevaría muy poca insistencia lograr que le dejara tomarla allí mismo en el garaje abierto a media mañana.

Pero su ininterrumpida escapada no duró mucho. Justo cuando Edward estaba a punto de sugerir que trasladaran las cosas a la encimera de la cocina, al sofá de la sala de estar, a la ducha, o a cualquier lugar mientras pudiera hundirse dentro de Bella, escucharon el sonido del coche de Emmett al detenerse.

"¡Joder!" Edward se quejó cuando Bella se apresuró a abotonar sus vaqueros y reajustar su sostén debajo de las capas de su camisa.

"Hola, felices propietarios", cantó Rosalie mientras caminaba detrás de Emmett.

Emmett se había ofrecido para ayudar a Edward a mover los muebles más grandes, pero como Emmett tenía que tomarse el día libre para hacerlo, Edward sabía que estaba más motivado por el hecho de que él y Rosalie se mudarían en su antigua casa mientras Edward se mudaba a la nueva.

"Hey", Edward interceptó el camino de Rosalie para darle a Bella unos segundos más para ubicarse. "¿No se supone que nos tienes que comprar un buzón nuevo o algo así? ¿No es eso lo que hacen los agentes inmobiliarios cuando cierran un depósito en garantía?"

Rosalie pareció preocupada por un momento. Sus ojos se dirigieron hacia Bella y luego de regreso a Edward. "Bueno... supongo que podría. Lo… lo siento. No pensé que…"

"Solo me estoy metiendo contigo", dijo Edward.

"Ha estado haciendo eso mucho hoy", dijo Bella mientras se acercaba y se paraba a su lado. "Simplemente significa que está contento o algo así".

Edward pensó que estaba haciendo un poco de tiempo, pero Bella le echó esa mirada de "Te lo contaré más tarde" antes de arrastrar a Rosalie con una conversación y irse con ella al otro lado del garaje.

"Mujeres", murmuró Edward para sí mismo mientras tomaba una caja y la movía a la pila que necesitaba cargar en la camioneta de Bella.

"Parece que habéis avanzaron mucho", dijo Emmett mientras caminaba hacia Edward. Estaba mirando por el garaje todo el progreso que habían hecho.

"Hemos estado trabajando en ello toda la semana", dijo Edward. "Probablemente deberíamos haber terminado".

"Bueno... es fácil distraerse".

Edward miró a Emmett después de ese vago comentario y encontró a su amigo sonriéndole.

"Tío, tú…"

"No te preocupes. No vimos nada. Pero era obvio que vosotros dos no estabais discutiendo quién iba a levantar las cajas más pesadas cuando llegamos".

Edward miró a Bella para asegurarse de que ella no se había dado cuenta de la revelación de Emmett. Sabía que estaría horrorizada si supiera que Emmett sabía de sus travesuras previas a la visita, y no quería que nada estropeara su estado de ánimo, porque tan pronto como le fuera posible despachar a Emmett y Rosalie, Edward tenía toda la intención de volver a su actividad anterior.

Sin embargo, al asegurarse de que Bella no supiera lo que Emmett había dicho, él sintonizó la conversación que ella y Rosalie estaban teniendo e inmediatamente deseó no haber escuchado.

"¿Una cuna?"

"Era de Anthony".

Edward observó cómo los ojos de Rosalie se deslizaban hacia la parte media de Bella y le leía los labios. "Oh, Dios mío, ¿estás embarazada?"

Bella sacudió la cabeza. "No."

"Entonces ... ¿por qué tienes esto?"

"Edward trajo todas las cosas de Anthony de Oregón. No se deshizo de nada".

"Alice podría querer usar esto. ¿Le has preguntado?"

Bella arrugó la cara. "Pues… ya sabes... esa decisión es realmente de Edward. No sé cómo se sentiría al respecto".

"¿Por qué crees que le importaría? ¿Estáis pensando en tener hijos pronto?"

Edward no había podido mirar hacia otro lado antes de que Bella lo sorprendiera mirando, y cuando sus ojos se conectaron, supo que ese era probablemente otro tema del que hablarían más temprano que tarde.

Bella, con tacto, se libró de responder la pregunta, y los cuatro se enfrascaron e hicieron tanto que cuando Edward fue a buscar a Anthony al colegio, todo estaba fuera de la casa y Bella estaba ya sola, desempacando y clasificando, en su nueva casa.

En realidad, Bella había trabajado mucho en la casa durante semanas mientras Edward había estado trabajando. Le dijo que había contratado un servicio para que fueran a limpiar la casa, pero Edward sospechaba que ella había hecho gran parte de la limpieza. Ya olía como su apartamento después de uno de sus zafarranchos de limpieza.

Además de limpiar, Bella había trabajado horas en la habitación de Anthony durante las tardes, cuando no había pasado la noche en casa de Edward. No le había pedido ayuda y luego, con pesar, había admitido que había pintado el cuarto de Anthony de azul medianoche para complementar el tema espacial que él les había pedido. Le preocupaba que Edward se sintiera molesto, que le hubiera quitado la oportunidad de hacer algo especial para Anthony.

Pero en secreto, Edward había estado trabajando en algo especial también.

Cuando Anthony contó su deseo de tener una "habitación de astronautas", Edward pensó en la cama con forma de coche que le había costado tanto esfuerzo conseguir y cómo ya no iba a encajar en la nueva habitación de Anthony. Su primera inclinación había sido recordarle a Anthony cuánto había deseado la cama en primer lugar, darle una pequeña lección sobre cómo el dinero no crecía en los árboles y decirle que podría tener una habitación de astronautas cuando fuera mayor.

Pero entonces Edward le echó otro vistazo a la cama que había venido desde Salem; una cama mucho más bonita que albergaba una cómoda debajo y proporcionaba mucho mas espacio en la habitación de un niño.

Entonces, Edward se rindió y no dijo nada más sobre la cama-coche. Luego, después de planificarlo un poco, se le ocurrió una manera de hacer que la cama fuera útil y evitar abarrotar el garaje al mismo tiempo. Con ayuda de los anuncios clasificados locales, Edward encontró un columpio de segunda mano para Anthony, que estaba en muy buenas condiciones. Después de revisarlo, lo arregló todo para recogerlo el siguiente fin de semana. Tenía toda la intención de sorprender a Anthony con su propio patio de recreo, completándolo con la cama-coche convertida en arenero.

Ahora todo lo que tenía que descubrir era cómo mantener a Anthony ocupado el tiempo suficiente para arreglarlo.

"Probablemente disfrutará ayudándote con eso", dijo Bella cuando Edward finalmente le confesó su secreto esa noche después de la cena. Después de todo, necesitaba su camioneta para recoger el columpio.

Edward se encogió de hombros, reflexionando sobre la idea. "Tal vez. Le gusta jugar con cosas".

"¿Y a qué niño no le gusta?", Bella suspiró mientras se desplomaba sobre el colchón exhausta. Había sido un largo día.

Edward se unió rápidamente a ella. Nunca había sido capaz de olvidar por completo lo íntimos que habían estado antes, y no le llevó nada de tiempo a su cuerpo volver a ese estado. Pero Bella tenía otros planes.

"¿No estás cansado?" ella le preguntó cuándo él comenzó a frotar contra su cuerpo sugestivamente.

"Sí, pero también estoy muy cachondo", gimió sin cesar. "Esa puta fantasía me excitó muchísimo esta tarde".

"Estoy tan dolorida, Edward", se quejó de una manera que él sabía que en realidad no le estaba intentando disuadir.

En cambio, Edward se sentó y comenzó a acariciar a Bella con sus manos sobre los brazos y hombros, presionando sus puntos de presión y músculos doloridos.

"Eres el mejor", gimió ella apreciativamente.

"Nah. Nada mas que un pequeño intercambio", sonrió Edward.

Él le dio todo lo que tenía mientras sus dedos se movían sobre la piel de Bella para aliviar su tensión. Y momentos después, cuando se posicionó entre el valle de sus piernas, le dio la energía que aún le quedaba y tomó todo lo que ella le ofrecía con su dispuesto cuerpo.

Igualmente agotado, Edward pensó que ambos se quedarían dormidos de inmediato, pero Bella comenzó a hablar sobre a la conversación que ella y Rosalie habían estado teniendo en el garaje.

"No le pinches a con lo de la comisión, Edward. Ella no ganó tanto y no tiene mucho trabajo en espera. Necesita cada centavo para ayudar a Emmett. Quiere asegurarse de que no sienta que se está aprovechando de él ".

"Y mejor que no lo haga", resopló Edward. Sentía que Rosalie era más que afortunada de que Emmett estuviera tan atontado con ella y que no la tratara ni la mitad de mal que ella le había tratado a él.

"Sabes, Rosalie me hizo darme cuenta de que no hemos tenido una discusión muy importante", dijo Bella mientras se acurrucaba debajo de las mantas a su lado.

Por su puesto. Hijos.

Edward sabía que no sería una conversación corta, ni debería serlo, pero no tenía la resistencia para soportarlo en ese momento.

"¿Mañana?" Edward insinuó.

Bella dudó por un momento, luego se quedo en el estado casi catatónico en el que estaba Edward y lo dejó estar.

"Mañana", dijo estando de acuerdo.

Sin embargo, ni ella ni Edward tenían idea de que no sería ninguno de ellos los que instigarían la conversación al día siguiente.

"¿Os casasteis ayer?"

Edward escuchó la pregunta mientras caminaba hacia la cocina a la mañana siguiente. Anthony y Bella se habían levantado antes que él y ya estaban desayunando lo que olía a huevos y bacon.

"Por supuesto que no", dijo Bella. "Nunca haríamos eso sin qué estés presente".

"¿Pero por qué hemos comprado una casa nueva todos juntos?" Anthony quería saber.

"Porque necesitábamos una casa en la que entremos todos cómodamente. Nos hubiéramos mudado después de la boda, pero cómo la casa estaba lista ahora, nos mudamos antes", ofreció Bella fácilmente.

"Taylor dijo que no estabas en la escuela ayer porque te casaste", dijo Anthony nuevamente.

"Bueno, Taylor, como siempre, estaba equivocado", Edward retomó la conversación mientras caminaba hacia la cocina y se sirvió un trozo de bacon.

"Dijo que eres la esposa de mi papá", Anthony le habló a Bella como si Edward no lo hubiera interrumpido.

"Lo seré, después de que nos casemos", dijo Bella. "Pero eso ya lo sabías, Anthony".

"Taylor dijo que las esposas son mamás".

Oh. De eso se trataba todo esto.

Edward miró por encima del hombro y vio que la mandíbula de Bella dejaba de moverse a medio masticar. Sus ojos estaban centrados en la mesa y podía decir que ella estaba tratando de pensar en algo perfecto y apropiado para su edad; entonces ella miró a Edward buscando apoyo.

Pero dado que Edward no había aceptado la invitación de Bella para hablar sobre eso anoche, no tenía idea de cuál era su postura sobre el tema.

"Eh... bueno, ¿quién lo iba a decir? Taylor realmente tenía "razón en algo". Intentó usar humor para desviar la conversación.

"Algunas esposas son mamás", Bella asintió lentamente, manteniendo sus ojos en Edward.

"¿Vas a ser del tipo que es mamá?" Anthony presionó.

Bella esperó la cantidad de tiempo adecuada para que Edward interviniera, y cuando no lo hizo, le sonrió a Anthony y le dio unas palmaditas en la mano.

"Me encantaría ser del tipo mamá, pero eso depende de ti, cariño".

"¿De mi?"

Bella levantó las cejas hacia Edward, invitándolo a interrumpir en cualquier momento, pero en su opinión, estaba bien sin él. Además, no tenía idea de qué decir de todos modos.

"Anthony, tengo un proyecto y quiero que me ayudes". No era la interrupción que Bella probablemente había estado esperando, pero era una interrupción, y había logrado quitar el interés de Anthony del tema en cuestión.

"¿Qué tipo de proyecto?" Anthony preguntó, interesado independientemente de la respuesta de Edward.

"Ya verás", le guiñó un ojo. "Ve a ponerte unos pantalones largos y zapatillas de deporte".

Anthony se escabulló de la silla de la cocina y corrió hacia su habitación apenas desempaquetada. Edward se sintió un poco orgulloso de sí mismo por poder salvar a Bella de todas las preguntas... hasta que levantó la vista y vio su rostro.

"¿Qué?" Preguntó inocentemente.

"¿Por qué has hecho eso?" ella preguntó.

"¿Hacer qué?"

"Cambiar de tema así. Necesita una respuesta. Va a pensar que lo estoy rechazando".

"Va, ya ni siquiera esta pensando en ello".

"Bueno, pues yo sí estoy pensando en ello. Y apuesto hasta mi último dólar a que volverá a ello de nuevo antes de que termine el día".

Edward sacudió la cabeza. "No sabía lo que querías que dijera. No ha surgido".

"Traté de hablar contigo sobre eso anoche, pero dijiste que estabas demasiado cansado". Edward asintió.

"Lo estaba."

"Necesito saber qué quieres que haga", le dijo Bella.

"¿Acerca de?"

"Sobre lo de se madrastra".

"¿Qué quieres decir con 'lo que quiero que hagas'? Eso depende de ti". Edward ocultó su rostro detrás del vaso de zumo de naranja que estaba bebiendo y miró despreocupadamente hacia el patio trasero: era su manera silenciosa de decirle a Bella que se relajara y dejara de reaccionar exageradamente.

"No, depende de ti y de Anthony. ¿Qué pasa si él no quiere llamarme 'mamá'?" Ella luchó por su atención.

"Ya te llama mamá todo el tiempo".

"Por accidente."

Edward se encogió de hombros. "Si está bien contigo, estará bien con él".

"¿Puedes hablar con él sobre eso, Edward? Tal vez necesite saber dónde te encuentras tú posicionado sobre el tema. Nunca hablas de tu madre…"

"Vaya, me pregunto por qué.", dijo Edward sarcásticamente.

"Tal vez si le hablaras de tu madre, se sentiría cómodo hablando de la suya... y de cómo se siente acerca de mí en ese papel".

"Estás pensando demasiado en esto. No le des tanta importancia".

"Pero es algo importante". Bella se miró los dedos y Edward pudo darse cuenta de que había herido sus sentimientos. "¿Quieres tener hijos, Edward? ¿Conmigo? No hemos hablado de eso".

"Lo sé", dijo Edward suavemente.

No había ningún tipo de relación en los recuerdos de Edward que hubiera terminado después de que él confesara que nunca tuvo la intención de engendrar hijos. Antes de Anthony, Edward habría dicho que los niños eran unos "aguafiestas", que siempre goteaban de un orificio u otro, y que eran demasiado necesitados.

Pero en el tiempo desde que su hijo había entrado en su vida, Edward sabía que los niños se aferraban a tú corazón sin piedad, sin soltarlo hasta que la ansiedad lo adormeciera. Eran una fuente inagotable de necesidad, tanto emocional como física, y daban una nueva definición a la palabra agotamiento. Exigían un grado inhumano de desinterés, tiempo y recursos, y sin una voluntad de hierro y motivación, tu propia identidad se evaporaba con ellos.

Y sin embargo, eran suministro ilimitado de amor que abarca todo eso y lo hacía simplemente soportable. Lo hacía deseable.

"¿Es eso un no?" Bella, no al tanto de sus pensamientos, confundió el silencio de Edward con una respuesta negativa.

"¿Tú quieres tener hijos?" preguntó en su lugar.

Ahora era el turno de Bella de encogerse de hombros. "No había decidido ni una cosa ni la otra. Quiero decir... eventualmente siempre pensé que tendría uno o dos. No era algo una posibilidad que había desechado".

"¿Incluyendo a Anthony o además de?" Edward calculó.

"Uno o dos mas... incluido Anthony".

"¿Tres niños?"

"Está bien, uno más entonces", Bella se comprometió.

"Parece que ya lo has decidido. Quieres hijos, o un niño, al menos".

"Lo haces sonar como algo malo".

Edward miró el mostrador frente a él como si esperara que le diera la respuesta que buscaba. "No es que no quiera tener un hijo contigo", comenzó incómodo. "Pero... ahora no, supongo. Todavía no estoy listo".

"Bueno, yo tampoco", dijo Bella, de hecho. "Pero en unos años… tal vez".

"Si." Pero en unos años no hizo desaparecer la ansiedad en el pecho de Edward. Edward sentía como si su vida estuviera encaminada por primera vez en una eternidad, y no estaba ansioso por alterar el equilibrio justo cuando estaba ganando terreno.

Por otro lado, admitía que si Bella le decía que no podía seguir con él si no quería tener hijos, entonces ciertamente cedería; tener un bebé con Bella no era un factor decisivo para él.

"Y si tenemos un hijo que me llama 'mamá', no quiero que Anthony se sienta rechazado porque él no. Quiero…"

"¡Estoy listo!" Anthony interrumpió a Bella mientras se apresuraba a la cocina usando un par de pantalones deportivos y sus zapatillas sin calcetines.

Edward lo miró de arriba abajo, aceptó el atuendo y se dirigió hacia el armario del pasillo para agarrar su abrigo.

Sin embargo, el teléfono comenzó a sonar antes de que Edward pudiera salir de la cocina. Echó un vistazo a la pantalla y se sorprendió al ver el nombre de la persona que había estado haciendo todo lo posible por no hablar sobre ella. Inmediatamente su instinto entró en acción, animándolo a no responder. El teléfono sonó tres veces más antes de que pudiera sacarse de la cabeza la reacción negativa y contestar justo antes de que se enviara al buzón de voz.

"¿Edward?"

No sabía por qué ella siempre hacía eso. ¿No reconocía aún su voz?

"Si."

"Oh. Hola. Espero que no sea demasiado temprano para llamar..."

"No, esta bien."

"Oh, bien. Bueno... quería agradecerte nuevamente por ese video. Los terapeutas de tu padre están muy contentos con el progreso que ha hecho esta semana".

"Eso está bien", dijo Edward rotundamente, no muy seguro de qué decir.

"Sí... mmm… pero... ya sabes, estaban pensando que tal vez era hora de... pasar a otro... mm... video ".

Edward suspiro. Odiaba sentir que ella estaba incomodidad. Se sentía incómoda pidiéndole ayuda, y lo que era peor, él todavía se sentía incómodo cuando ella se lo pedía.

"Sé que probablemente estás ocupado", se apresuró a llenar el silencio. "Por eso quería avisarte para que tengas tiempo..."

"Sí. Nos hemos mudado, así que las cosas están un poco revueltas en este momento".

Era la forma más sencilla de saber cómo ofrecerle esa noticia. ¿Habían llegado al punto en que era importante para ella saber tales cosas?

"¿Te has mudado? ¿L...lejos?" Esme preguntó nerviosamente.

"No. Solo a una casa nueva. Compramos una casa". El pecho de Edward se hinchó de orgullo al poder contarle a su madre su logro, incluso aunque no hubiera podido hacerlo sin Bella.

"¡Oh, Edward! ¡Eso es maravilloso! Comprar una casa, casarse, ¡es genial! Estoy tan orgullosa de ti", dijo Esme.

"Gracias", dijo tímidamente.

"Bueno, no te entretengo más. Sé la locura que puede ser mudarse. Pero, para cuando tengas un rato libre, los sábados por la tarde y un par de horas los miércoles, los tengo disponibles. Incluso si crees que a Anthony no le apetece hacer un video, aún estoy disponible esos días... si alguna vez quieres... hablar, o lo que sea ".

"Sí. Vale", afirmó Edward en voz baja.

En ese momento, no tenía idea de qué, exactamente, estaba aceptando. Simplemente quería colgar el teléfono, cruzar la ciudad y recoger el columpio de Anthony. Pero un aguacero torrencial relegó esa tarea al siguiente fin de semana.

Y dos fines de semana después de eso, Edward cedió a la atracción gravitacional hacia su madre y la invitó a acompañarlos a él y a Bella mientras llevaban a Anthony a un centro de juegos cubierto que acababan de abrir en Main Street.

Esme se sentó en silencio junto a Bella mientras grababa en video a Anthony mientras él pululaba de actividad en actividad, riéndose todo el tiempo.

"Realmente no interactúa mucho con los otros niños", se quejó Edward en voz alta.

"Tú eras así", respondió Esme sin apartar los ojos de Anthony.

"Ya." Edward recordó.

"Creo que era porque eras muy inteligente. Los otros niños te aburrían inmensamente. Te llevabas bien con niños mayores".

Por supuesto que ella diría algo así. Era su madre.

Edward todavía permitía que las palabras resonaran en él cuando Anthony, sudoroso y sin aliento por saltar, corrió hacia su padre y le suplicó que le acompañara al baño.

"Ponte los zapatos", dijo Bella mientras se acercaba. Parecía preocupada pensando en Anthony yendo a un baño público con los pies descalzos.

Mientras Anthony luchaba con sus zapatos, Esme metió la mano en su bolso y sacó un caramelo, que rápidamente le ofreció a Anthony. Miró a Edward pidiendo permiso antes de aceptarlo.

"¿Qué se dice?" Edward pidió mostrar sus modales a su hijo.

"Gracias", recitó Anthony.

Esme extendió la mano y revolvió el cabello de Anthony mientras Edward lo llevó hacia los baños. El ruido de la zona de juegos comenzó a silenciarse cuando Edward y Anthony pusieron distancia entre ellos y los otros niños.

"Tu amiga es simpática", dijo Anthony mientras desenvolvía el caramelo de su envoltorio y se lo metió en la boca.

"Sí", estuvo de acuerdo Edward. Hasta ahora no había visto nada que lo contradijera. "¿Cómo se llama? Nunca me lo dijo".

"Eh ... Esme".

"¿Esme?"

Edward miró a los ojos especulativos de Anthony y se vio reflejado en la inocente curiosidad. Y de repente, a Edward no le quedó claro por qué estaba ocultándole ciertas cosas a su hijo, su aliado automático.

"Ahora la llamo Esme, pero solía llamarla mamá", probó Edward. Y luego, como Anthony tenía solo cinco años, aclaró: "Es mi madre".

"¿Por qué no llamas mamá?" Anthony preguntó. "¿No es tu madre de nacimiento?"

"¿Mi qué?" Edward casi se rió por el extraño sonido de la frase que Anthony usó.

"¿Qué es una madre de nacimiento?"

"La madre que tuviste cuando naciste", explicó Anthony. "Jimmy, de mi clase, tiene una madre de nacimiento y una madre casada. Vive con su madre de nacimiento y su madre casada vino al huerto de calabazas con nosotros". Anthony concluyó su conversación justo cuando llegó al orinal del tamaño infantil en el baño de hombres.

Edward reflexionó sobre las palabras de su hijo y se dio cuenta de lo simple que Anthony veía todo, y si simplemente lo escuchara con más frecuencia, lo simple que sería dejar de complicar y analizar en exceso las cosas.

"Entonces, ¿Bella sería tu madre casada después de la boda?" Edward retomó la conversación donde la dejó cuando Anthony se acercó al lavabo para lavarse las manos.

Anthony se encogió de hombros. "No lo sé. Creo que solo puedes tener una madre casada si tienes una madre de nacimiento. Y yo ya no tengo una madre de nacimiento".

"Anthony, tu... tu madre de nacimiento siempre será tu madre. Incluso si está en el cielo, siempre tendrás una parte de ella contigo. Eso no desaparece", le aseguró Edward.

"Oh." Tan sencillo.

E incluso más sencillo aún, tan pronto como estuvieron de vuelta en el banco donde Bella y Esme estaban sentadas conversando activamente, Anthony se acercó a Bella, se quitó los zapatos, se los entregó y le preguntó:

"¿Quieres ser mi madre casada?"

Aparentemente el término no le era desconocido a Bella, como lo había sido para Edward, porque las lágrimas inmediatamente brotaron de sus ojos y la sonrisa que iluminó su rostro revelaron que sabía exactamente lo que Anthony le estaba preguntando.

"Nada me haría más feliz que ser tu madre casada, Anthony", dijo mientras lo abrazaba con fuerza.

Anthony se rió y se apartó de ella. La casa de saltos y el parque de bolas lo llamaban y no podía esperar para volver a jugar. Pero mientras corría, se giró sobre su hombro, "Pero te llamaré sólo mamá".

Edward miró a Bella y le guiñó un ojo, y luego sus ojos viajaron a Esme, que estaba mirando a Anthony con una sonrisa reverente en su rostro. Metió las manos en los bolsillos y miró hacia otro lado, preguntándose si las cosas entre ellos serían tan simples.