Chapter 38 – El amor es un campo de batalla

Edward se detuvo sobre una Bella dormida mientras se preparaba para ir a trabajar a la mañana siguiente y, sabiendo que su acción la despertaría, se inclinó y le susurró al oído.

"Adiós, cariño. Te veré más tarde esta noche, ¿de acuerdo?"

"Hmm", murmuró Bella.

Edward se quedó quieto un momento antes de besarla en la frente y luego hablar de nuevo. "Recuerda, llegaré tarde a casa".

"Mmmhmm", respondió Bella.

Esperó unos segundos más y luego vio cómo los ojos de Bella se abrían y ella se sentaba para mirarlo.

"¿Llegarás tarde a casa?"

"Eso es. Anoche te dije que iré a casa de mi madre un rato".

Bella lo miró de reojo. "¿Lo hiciste?"

"Sí... quizás estabas dormida, pero la llamé anoche y hablamos un rato. Nos reuniremos cuando salga del trabajo y ... hablaremos".

"¿Hablar hablar?"

"Si."

Edward mantuvo sus ojos en Bella, buscando una expresión de cómo se sentía con respecto a la decisión que él había tomado por su cuenta.

"Wow", dijo simplemente en voz baja.

"Sí", repitió Edward. Miró el reloj y vio que necesitaba ponerse en marcha o llegaría tarde al trabajo. Se dirigió hacia la puerta y luego se detuvo; todavía de espaldas a Bella.

"Eh... después... ¿quizás tú y yo podríamos hablar?"

"¿Hablar hablar?"

"Hablar, habla", afirmó Edward. Sabía que era lo que Bella había estado esperando, y hasta ese momento él no se sentía listo para escuchar sus propios pensamientos y sentimientos reverberar en sus oídos mientras decía la verdad. Pero después de hablar con Esme la noche anterior, se dio cuenta de que ella había hecho las paces inmensamente con el pasado y tenía más que curiosidad de saber cómo lo había conseguido. Más importante aún, estaba intrigado por saber cómo había logrado mantenerse cuerda mientras que él y su padre aún portaban las cicatrices de su dolor.

"Todavía tengo cicatrices. De verdad", dijo Esme más tarde esa noche cuando Edward le contó su analogía. "Solo uso medicamentos muy potentes". Luego, cuando vio el malentendido en la cara de Edward, rápidamente agregó: "Oh, no de esos. Me refería a la ayuda. Terapia".

Edward bajó la vista hacia la mesa entre ellos, avergonzado de que el compromiso que había hecho sobre obtener ayuda para sí mismo hubiera caído abajo en su lista de prioridades.

"¿Durante cuánto tiempo?" preguntó mientras estudiaba sus dedos.

"¿Cuánto duran mis sesiones?"

"¿Cuánto tiempo has estado yendo a terapia?" Edward aclaró.

"Oh", Esme hizo una pausa para calcular el tiempo. "Bueno, Dios. Supongo que han pasado más de diez años. Wow... no parece que haya pasado tanto tiempo".

"¿Diez años?" Edward estaba mortificado ante la idea de que Anthony continuara en terapia mucho después de su próximo cumpleaños.

Esme asintió con la cabeza. "Sé lo que estás pensando, y es diferente para mí. Sin terapia, estaría sola en mis circunstancias, sin remedio ni explicación para los problemas que enfrento. La terapia me da la fuerza para seguir adelante. Y ya ni siquiera parece terapia. Es más como tomar el té con un buen amigo".

Edward asintió en comprensión, a pesar de que sus pensamientos habían ido mas allá de las palabras de su madre y se volvieron introspectivamente hacia sus propias necesidades. Intuitivamente, como solo lo haría una madre, Esme extendió la mano sobre la mesa, tocó nerviosamente la mano de Edward y luego le contó sus pensamientos como si se hubieran originado en su propia mente.

"La terapia te resulta incómoda". Ella no necesitaba plantear su declaración como una pregunta, porque la inquietud de Edward estaba escrita claramente en toda su cara.

"No es incómoda. Es solo que..." No había forma de completar su oración sin ser ofensivo con su historia familiar.

"Nuestra situación es tan jodida que es vergonzosa, ¿verdad?"

Edward no pudo ocultar su asombro por las palabras de su madre y cuando levantó la vista para confirmar que una palabra tan grosera había salido de los labios de la puritana y equilibrada mujer ante él, no pudo contener su risa. Esme también se rió y el aire de tensión entre ellos se disipó un poco más.

"En su día estábamos tan unidos, Edward. Me contabas todos tus secretos y recuerdo que esperaba que eso nunca cambiara, aunque sabía que tenía que hacerlo si quería que te convirtieras en el hombre en el que espero te hayas convertido. Te reías de todos mis chistes e incluso cuando teníamos un desacuerdo, me besabas y abrazabas y me decías que me amabas. Aunque nunca pensé en perder eso en ese momento, estoy tan contenta de nunca haber dado por hecho esos momentos.

"En una vida llena de tantos remordimientos, mi mayor alegría es que cada minuto que pasé contigo fue el más rico de mi existencia. Pero pensé que te vería cada día... Te he echado tanto de menos". Esme susurró con seriedad. No era la primera vez que ella le contaba esto, pero era la primera vez que lo decía sin finalidad. Era una introducción, le estaba invitando a llenar los vacíos de su vida en sus recuerdos.

Y en cuestión de minutos, ambos pasaron de las risas a las lágrimas cuando Edward puso voz al año más difícil de su vida.

"Pensé que ella estaría bien. Pensé que iba a ir al hospital y que papá la curaría y luego les contaría a todos lo que realmente había sucedido ese día. Ella diría que escuchó a Jimmy quejarse de lo grande que era mi arma y cómo él había cogido la de su padre de la parte superior del armario de sus padres y cómo yo no podía usarla, así que Jimmy tuvo que..." Edward cerró los ojos cuando la visión del horror se hizo demasiado real. "Pensé que en cualquier momento vendrías a sacarme de esa celda, porque eso es lo que me dijiste qué ibas a hacer y no tenía ninguna razón para no creerte".

A Esme se le escapó un sollozo mientras veía a su hijo luchar por la forma en que ella le había decepcionado hacía tantos años.

"Pensé", ella comenzó de la misma manera que él, "que iría a buscarte. Toda mi vida me habían enseñado que mientras fuera una buena persona, dijera la verdad y viviera honestamente, la vida me trataría de la misma manera. Así que eso era lo que esperaba. Esperaba que tú contarías tu historia, yo contaría la mía, tu papá contaría la suya y luego todos iríamos a casa juntos y recogeríamos las pedazos de nuestro vida juntos.

"No esperaba que los padres de Jimmy contratarían a ese importante abogado de L.A., que le dio la vuelta a todo contra tu padre y contra mí. De repente, éramos unos criminales y estábamos enfrentándonos a un cargo de asesinato". Esme sacudió la cabeza y desechó el recuerdo. "No les culpo. Si las cosas hubieran cambiado, yo también habría hecho todo lo posible para absolver a mi hijo... a mi bebé".

La parte posterior del cuello de Edward se calentó ligeramente ante el sentimiento de su madre. Se aclaró la garganta y comenzó el curso de una conversación que había estado demasiado avergonzado de tener con otra alma viva.

Le contó sobre el traslado a Oregon. Sobre vivir con una pareja joven que había hecho un negocio de tener niños en acogida temporal y cómo había tenido que compartir una habitación con un chico de catorce años que constantemente lo pateaba en sus partes intimas cuando nadie estaba mirando y que le convenció con éxito de que sus guardianes estaban tratando de evitar que sus padres lo encontraran. Le dijo que la pareja estaba celosa porque no podían tener hijos propios. Estúpidamente, Edward había creído la mentira y siguió el consejo del joven estafador y se escapó de la casa.

Edward recordó cómo siguió creyendo esas mentiras cada vez que le colocaban en una nueva casa y, por lo tanto, siguió huyendo. Cada vez que lo trasladaban a una nueva instalación de acogida, descubría que los alojamientos eran cada vez menos como hogares y más como cárceles.

"Lamento que haya sido tan horrible para ti", dijo Esme, llorando abiertamente y sin hacer alarde de ocultarlo. "No tienes que decir nada al respecto hoy, pero un día, antes de que muera, voy a pedirte perdón y espero, para entonces, que puedas concederme eso".

No era una disculpa lo que Edward quería. Aceptar las palabras de Esme significaba que él la hacía responsable de los horrores que le habían sucedido. A pesar de que había pasado años enojado con ella por dejarlo, por culparlo de la muerte de su hermana, ahora sabía que no tenía ninguna razón racional para menospreciar a su madre. Y a pesar de que su furia y desprecio por Esme se había convertido en una fuente de seguridad para él en su temprana edad adulta, Edward se dio cuenta de que el odio que sentía por su madre se había disipado en silencio.

"Sé que no es culpa tuya", dijo Edward en voz baja.

"Aún así lo siento, Edward. Se suponía que yo era tu roca, tu protector, y te decepcioné. Y lo siento mucho".

Esme sintió que su hijo no sabía qué hacer con su disculpa, así que después de permitir que se hundiera por unos segundos, comenzó a hacerle una serie de preguntas que había estado esperando meses para hacerle.

"Dijiste que no fuiste a la universidad, pero te graduaste de la secundaria, ¿verdad?"

"Si."

"¿Practicabas algún deporte?"

"No".

"¿Fuiste a tu fiesta de graduación?"

Edward se refunfuñó ante la pregunta y luego asintió. Decidió no contarle a su madre que estaba tan borracho que los más lejos que llegó fue el aparcamiento.

"¿Tuviste muchas novias?"

Edward negó con la cabeza. "Era difícil conocer gente. Me mudé mucho. La madre de Anthony fue la relación más larga que tuve… antes de Bella".

"Me gusta Bella", Esme sonrió y Edward estaba eufórico porque no había pedido más información sobre Jessica. Ella era la última persona sobre la que quería pasar el tiempo hablando.

"Puedo ver que ella realmente te quiere".

Edward asintió de acuerdo. Podía también podía ver qué Bella le quería, aunque lo que había hecho para merecerla nunca lo sabría.

"Ella es genial."

"Bueno, eso espero, teniendo en cuenta que te vas a casar con ella", Esme le dio un manotazo juguetón en el brazo y él se dio cuenta de que estaba tratando de aligerar la mal humor que los rodeaba.

Él también quería aliviar la tensión en el aire, pero todavía había un tema que no habían tocado y Edward vaciló sobre la situación, esperando que su madre mordiera el anzuelo y respondiera a sus preguntas de una manera indirecta.

"Entonces... después de que todo sucedió... en plan, justo después... ¿recuerdas lo que te decía la gente?" Preguntó.

Esme quedó perpleja por un momento. "Bueno... nuestro abogado no dijo qué nos quedáramos callados y que no habláramos con nadie. Eso terminó siendo un buen consejo porque de repente nuestro teléfono no dejaba de sonar. Los médicos del hospital llamaban... tu escuela... tus amigos en el vecindario y sus padres. Fue una pesadilla".

Edward sacudió la cabeza como si hubiera obtenido la respuesta que estaba buscando. "Pero entonces... como…, cuando era tarde por la noche y solo estabas tú... ya sabes... sola en casa..."

"No estuve sola en casa mucho tiempo, Edward. Tu padre y yo fuimos detenidos... pero luego nuestro abogado nos sacó, y nos recogidos poco después. La línea de tiempo de todo lo que pasó todavía está un poco borrosa, pero no estuvimos sentados en casa esperando que la corte se decidiera. Nos pusieron bajo custodia bastante rápido".

"Oh", Edward se miró las manos. Con la cabeza gacha, no podía ver a su madre estudiándolo, pero cuando ella se acercó a la mesa y le tocó el brazo suavemente, él miró a los ojos que tenían un poco de comprensión.

"Hubo unos minutos, en el hospital, cuando supimos que Claire había muerto, tu padre y yo hablamos sobre tu inocencia y de cómo te exoneraríamos".

"¿Él dijo eso?" Edward preguntó rápidamente. "¿Dijo que sabía que era inocente?"

Esme siempre había sido una mentirosa terrible y Edward podía verlo en sus ojos casi de inmediato cuando ella desvió la mirada y miró por encima de su cabeza.

"B-Bueno... yo..."

"Lo sabía", escupió Edward con amargura.

"Espera", dijo Esme. "Tu padre sabía que eras inocente, igual que yo".

"Entonces, ¿por qué me preguntaste si lo había hecho? Ese día viniste a verme a ese centro de detención, me preguntaste si le había disparado a Claire. No solo me preguntaste si le había disparado, me preguntaste si le había disparado a propósito. Eso significa que pensaste que lo había hecho ". Edward levantó la voz cuando el vívido recuerdo que lo había perseguido durante años llegó a la fondo de su mente.

"Todo lo que te rodeaba: los abogados, los servicios estatales, los trabajadores sociales, todo era tan complicado porque eras menor de edad. Solo ciertas personas podían hacerte ciertas preguntas y solo cuando ciertos funcionarios estaban presentes. Estaba prolongando el proceso y solo quería llevarte a casa, Edward ". Esme apretó su mano alrededor de su muñeca. "Cada palabra que hablábamos era grabada, Edward. Nadie me lo dijo, pero lo sabía. Sabía que estaban escuchando y solo quería que te escucharan responderme, porque sabía que me dirías la verdad, y quería que te escucharan contar tu versión de la historia cuando creías que nadie estaba escuchando más que yo ".

"Pues sí que solucionó las cosas".

"Hizo mucho bien, Edward. Los registros de nuestra conversación fueron descubiertos y la fiscalía pudo hacerte preguntas puntuales. Nunca vacilaste en tu historia y el juez no solo hizo que el tribunal te considerara menor, pero también te encontraron inocente. No sé si nuestra conversación ese día fue la única razón, pero ciertamente ayudó".

El estómago de Edward gruñó durante el silencio y esperó que su madre no lo escuchara. Sin embargo, su siguiente oración indicó que sí.

"Lo siento. Ni siquiera pensé en qué venías del trabajo y que probablemente tenías hambre. Todavía no he ido de compras y yo…".

Edward levantó la vista para ver que había detenido repentinamente el discurso de su madre. Sus ojos estaban concentrados detrás de él y Edward ni siquiera necesitaba darse la vuelta para saber quién estaba detrás de él.

"Bueno, mejor me voy," Edward hizo un movimiento para irse.

"Espera, Edward", instó Esme, aunque todavía estaba mirando por encima de su hombro. "No tienes que tener miedo".

"No tengo miedo", dijo Edward indignado, a pesar de que solo saber quién estaba detrás de él hizo que se le pusieran los pelos de punta. Estaba listo para un altercado, pero no estaba preparado para que ocurriera.

"Está bien", insistió Esme mientras se levantaba. Luego se dirigió a su esposo. "¿Todavía tienes hambre? ¿Necesitabas algo más?".

La forma en que ella le preguntó, como si esperara que él le respondiera en el siguiente instante, hizo que Edward también se pusiera expectante y encontró sus ojos deslizándose hacia el hombre al que había llamado 'Papá' en sus recuerdos distantes y desvaídos.

Esme se levantó rápidamente y comenzó a hurgar en los armarios y cajones. Edward notó que sus movimientos eran entrecortados y calculados, como si estuviera escondiendo algo, y se preguntó qué podría ser hasta que ella abrió el refrigerador. Aunque solo había abierto la puerta un poco, él echó un vistazo a lo que estaba iluminando la pequeña bombilla: un recipiente de leche de medio galón casi vacío, un pequeño paquete de seis huevos y dos botellas de agua.

Al no encontrar lo que quería allí, Esme cerró rápidamente la puerta y se dirigió a un gabinete que Edward asumió que estaba igual de vacío. Vio algunas cajas coloridas antes de que ella tomara una caja de galletas saladas ya abierta y se las ofreciera a su tranquilo esposo.

Cuando dejó de haber movimiento, Edward se permitió mirar con cautela detrás de él, y justo como Edward sabía que iba a pasar, los ojos de Carlisle estaban fijos en él. Sin embargo, su mirada no era la de un hombre que mostraba un toque de reconocimiento, ni era la mirada de un hombre amenazante. En cambio, su padre lo consideraba como uno miraría un artefacto incongruente o un mueble mal colocado.

"¿Que esta haciendo?" Edward le susurró a Esme.

"Está tratando de ver si te conoce", respondió Esme.

"¿Cómo lo sabes?"

"Porque es lo que siempre hace cuando alguien además de él y yo estamos presentes. Luego, cuando se dé cuenta de que te ha visto antes, seguirá adelante".

"¿Y si él no se acuerda de mí?"

En lugar de responder la pregunta, Esme se volvió hacia su hijo como si fuera completamente normal tener un intruso mudo entre ellos.

"Entonces, Edward, nunca me dijiste como iba el trabajo. ¿Todo bien?"

Su voz había adquirido un tono más alto y Edward arqueó una ceja ante el cambio. "Todo bien", respondió sin embargo.

"¿Y cómo está Anthony, Edward?"

"Bien."

"La última vez que fui a tu casa, Bella me estaba mostrando algunas de las decoraciones que elegiste para tu boda. ¿Anthony está emocionado de que Bella y tú os vayais a casar, Edward?"

El uso excesivo de su nombre le avisó a Edward sobre lo que Esme estaba tratando de lograr, pero temía que tuviera el efecto contrario.

"Deja de hacer eso. Vas a hacer que se enoje conmigo", susurró Edward con dureza.

Esme actuó como si no dijera una palabra.

"¿Bella y tú pensáis tener más hijos, Edward?"

Su irritación fue evidente cuando lanzó una mirada helada en dirección a su madre. ¿Qué estaba tratando de hacer? Carlisle había dejado muy claro que sabía del nombre 'Edward' y, por sus acciones pasadas, generalmente no tenía una reacción positiva.

"Eh..." dudó mientras miraba a Carlisle qué lo miraba con curiosidad. "T-Tal vez... sí. Creo que sí. Sin embargo, no de inmediato", respondió.

"Bella y tu haréis unos hermosos bebés".

Edward rechazó la idea de que su madre hablara de él y de Bella "haciendo bebés". Cambió la conversación a un territorio más neutral y comenzó a hacerle algunas preguntas.

"¿Tú trabajas?" preguntó.

Esme negó con la cabeza. "Lo intenté una vez, pero es demasiado difícil compaginarlo con el cuidado de tu padre. Además, fue demasiado difícil: tener a tanta gente dependía de mí era más estrés de lo que valía la pena. Aunque, intento ser voluntaria en el programa de arte para mayores. Oye, deberías inscribir a Anthony en una clase de arte. Me dijo que le encanta dibujar".

"Tal vez", Edward se encogió de hombros.

"Pero todos estaréis ocupados con la boda y todo lo demás este verano".

"Si."

Edward maldijo en silencio lo difícil que era tener esta conversación con su madre. Sabía lo que ella quería y lo que él esperaba cuando entró por la puerta hace unas horas, pero no estaba seguro de que lo hubieran conseguido.

Mucho tiempo; tantos años había desperdiciado en estar enojado y odiando a la mujer que tenía ante él, que ahora, cuando se le presentó una historia tan diferente, no sabía qué hacer con sus emociones.

Un crujido agudo interrumpió sus pensamientos mientras Carlisle sacaba una galleta del envoltorio rígido y ceroso y sostenía la oblea entre sus labios mientras lo mordía. Hizo todo esto sin apartar los ojos de Edward y Edward, demasiado hipnotizado por los movimientos estoicos, no podían mirar hacia otro lado.

De repente, Edward fue golpeado por los recuerdos de su padre.

Un hombre joven de pelo rubio, riéndose mientras estaba de pie junto a la barbacoa en la terraza del patio trasero.

Un padre frustrado por su hijo de seis años que se había subido al trampolín pero se negaba a saltar.

Un médico sofisticado vestido con un esmoquin con su bella esposa con un vestido dorado brillante junto a él en el vestíbulo mientras recibían a sus amigos en su fiesta de Nochevieja.

Un hombre lleno de humor que le enseña a su hijo de diez años cómo atar una corbata.

Edward recordó cuán concienzudo solía ser su padre con su forma de vestir. Su corbata siempre hacía juego con su camisa y sus zapatos...

Sus ojos verdes miraron hacia abajo y se centraron en las zapatillas de tenis blanquecinas que se ajustaban firmemente a los pies de Carlisle. Los pantalones chinos holgados, arrugados por el desgaste y visualmente demasiado grandes, enguyían la forma de su padre y cuando Edward vio un pequeño agujero en la parte inferior del polo de Carlisle, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y su garganta se cerró de la emoción.

A pesar de que las consecuencias más obvias del trauma que habían sufrido Edward y sus padres lo rodeaban casi a diario, fue esta pequeña muestra con la que se dio cuenta de cuán lejos había caído la familia lo que hizo que Edward llegará al límite.

Escondió su rostro en sus manos y lloró cómo solo un hijo que era irreconocible para su padre podía.

"Cariño... cielo, está bien", dijo Esme con dulzura mientras frotaba suavemente la espalda de Edward. Sus palabras no le sirvieron de consuelo, pero podía decir que eso alimentaba en ella la necesidad de hacer lo que ellaa hubiera deseado haber hecho hace trece años.

"Me tengo que ir", Edward se levantó bruscamente.

"No. Por favor. Edward, espera", suplicó Esme.

"Tengo que irme", dijo Edward sinceramente. Luego vio la expresión de tristeza en el rostro de su madre y se dio cuenta de que ella pensaba que estaba marchándose para siempre. "Aún vendrás el sábado, ¿verdad?"

La esperanza parpadeó detrás de sus ojos. "S-Sí. Esperaba poder hacerlo".

"Está bien. Creo que Bella tenía algunas cosas de la boda con las que quería que le ayudaras. Quería que eligieras dónde querías sentarte o algo en la lista de asientos". Se lo estaba inventado por completo, pero era la única forma que se le ocurrió para ofrecer una invitación tan tardía a un evento al que debería haber estado entre las primeros en ser invitada.

"Oh, puedo sentarme donde sea", sonrió Esme. "Solo es un asiento, así que puedes meterme en cualquier lugar donde haya espacio, siempre y cuando tenga una buena vista de la novia y el novio más guapo de la historia, seré feliz".

Edward asintió y se dirigió hacia la puerta. Cuando su mano entró en contacto con el pomo de la puerta, se detuvo y miró a sus padres, primero su padre y luego su madre.

"Dos asientos", susurró mientras miraba a su padre. "Él también está invitado".

Esme no se molestó en contener su gratitud mientras corría hacia su hijo y casi le hizo caer con un abrazo.

"Te quiero", lloró en su pecho mientras lo abrazaba con fuerza. "Te quiero mucho."

En un movimiento lento y entrecortado, Edward levantó la mano y la apoyó sobre la espalda de su madre, entre los omóplatos. Quería decirle que también la quería, pero las palabras no funcionarían y lo único que sabía con certeza era que estaba enamorado del recuerdo de su perfecta madre. Aún no había determinado si podía reconciliar o no a esa persona con la que yacía llorando contra su pecho.

En cambio, se quedó allí parado torpemente, acariciando silenciosamente los pliegues de algodón de su suéter hasta que sus ojos se levantaron y se encontraron con la mirada curiosa de su padre.

"Me tengo que ir", dijo en voz baja una vez más, y esta vez, Esme estuve menos opuesta a dejar que se saliera con la suya.

El camino a casa parecía más largo de lo que realmente era, y cuando Edward entró en su entrada, se sentó en silencio por un momento mientras trataba de contener sus emociones. Una vez que se recuperó con éxito, salió de su coche y recorrió el camino hasta dentro de su casa, donde encontró a Anthony acurrucado en el regazo de Bella y los dos estaban profundamente dormidos.

Soltó un estremecedor suspiro de alivio al saber qué podría no tener que contar las últimas horas con el estómago vacío. Sin embargo, antes de lanzarse a la cocina para comer algo, cuidadosamente maniobró a su hijo fuera del abrazo de Bella antes de llevarlo dormido a la cama.

Edward logró meter a Anthony a medias en la cama antes de que el niño de cinco años abriera los ojos y mirara a su padre.

"¿Estuviste en casa de Mis-mey?" Anthony preguntó, sus palabras cubiertas con un tono somnoliento.

"Sí", respondió Edward.

"Tus ojos están rojos".

Edward se entretuvo colocando la manta sobre el torso de Anthony y alisar el cabello de su frente.

"¿Estas triste?" Anthony presionó.

"Estoy cansado", Edward evitó la verdad.

"Creo que mamá está triste", suspiró Anthony.

Edward se detuvo ante las palabras de su hijo. ¿'Mamá' se refería a Jessica o Bella?

"¿Bella está triste?" Cuando Anthony asintió, Edward tenía más preguntas. "¿Por qué crees que está triste? ¿Estaba llorando?"

"Habló con alguien por teléfono y luego se le llenaron los ojos de lágrimas, pero me dijo que estaba bien".

"Bueno, entonces estoy seguro de que lo esta", Edward tranquilizó a Anthony. "Duerme un poco. Tienes colegio mañana".

Anthony se acomodó en su almohada, más por el agotamiento que por un espíritu obediente, y le recordó a Edward que no apagara la luz. Edward obedeció, pero cerró la puerta porque, aunque le había dicho a su hijo lo contrario, sospechaba que Bella no estaba bien y que no quería que Anthony escuchara nada que angustiara su pequeño corazón.

Cuando Edward regresó a la sala de estar, encontró que la habitación estaba vacía y escuchó el sonido de alguien moviéndose por la cocina. Siguió el ruido y encontró a Bella transfiriendo un plato de comida del microondas a la mesa.

"¿Es eso para mí?" preguntó.

Ella asintió.

"¿Cómo sabías que tendría hambre?"

Bella miró la comida como si acabara de darse cuenta de que tuviera algo que ver con ella.

"No lo sé", dijo en voz baja.

Edward caminó hacia ella y, asumiendo que ella se sentía un poco molesta porque él había estado fuera de casa tanto tiempo esa noche, simplemente la rodeó la cintura con los brazos y le besó la parte superior de la cabeza.

"Te quiero", le dijo.

Inesperadamente, Bella lo rodeó con sus brazos y lo abrazó con fuerza.

Y entonces ella se echó a llorar.

"¿Qué pasa? ¿Qué pasa?" Edward preguntó alarmado.

Bella tardó unos segundos en recuperarse, pero cuando finalmente lo hizo, sus conmovedores ojos marrones miraron a Edward y dijeron las dos palabras que él no estaba preparado para escuchar:

"David ha muerto".

Ala vez que el peso de la información caía sobre él, Edward sintió que sus rodillas se doblaban ligeramente. Apenas dos semanas después de ese día, se suponía que él y Anthony tomarían un avión para pasar el cumpleaños de David con él. Y ahora...

"No le dije nada Anthony", Bella resopló. "Pensé que deberías decírselo tu".

Edward asintió obedientemente, pero estaba horrorizado ante la idea de decirle a su hijo, un niño que había perdido demasiado en su corta vida de cinco años, que otra persona que amaba mucho se había ido. Y mientras consideraba el efecto que las noticias tendrían en Anthony, Edward recordó la noche que había compartido con su madre y toda la pérdida que habían compartido como familia. De repente sintió una abrumadora sensación de desesperación ante la racha desafortunada que una vez más estaba nublando la vida de un Cullen. Cuán temprano Edward se enteró de la fragilidad de la vida y lo rápido que se podía apagar la presencia de un ser querido.

Ahora parecía que esa misma lección perpetuaba su verdad en la vida de Anthony por tercera vez.

¿Qué sería lo siguiente? En la carrera contra el reloj de la vida, ¿cuánto tiempo realmente alguien tenía para amar? ¿Para ser amado? ¿Perdonar y olvidar?

"Bella", Edward sostuvo sus manos firmemente. "No quiero perder otro minuto".

Parecía confundida mientras escuchaba lo que estaba diciendo. "¿Quieres despertar a Anthony ahora y decírselo? No creo que pueda dormir después de…"

"Bella", la interrumpió, "cásate conmigo. Ahora mismo. Mañana".

"Edward ... ¿de qué se trata esto?"

"No quiero esperar hasta junio para ser tu esposo. Todavía podemos celebrar la boda", agregó cuando vio la protesta en sus ojos, "pero hagámoslo ahora. Solo... antes de que sea demasiado tarde".

Vio el minuto exacto en que la discusión la abandonó; cuando se dio cuenta de su incapacidad para asegurarle que tenían tiempo se registró en su mente, cuando se dio cuenta de que él hablaba en serio y que necesitaba esto de ella para su paz personal.

"Está bien", asintió en voz baja mientras apoyaba su frente contra la de él. "Mañana."