Los personajes de Inuyasha pertenecen a Takahashi Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.

Este fic participa en la campaña: "Fickers unidas para llevar el canon hasta la cima", de la página "Estrellas de la Biblioteca Prohibida".


Me alegra tanto que les guste esta historia, que ya se extendió más de lo planeado, según yo, solo tendría 10 extras y ya vamos en el 12. Miles de gracias por sus mensajes.


Extra. Anécdotas.

Inuyasha y Kagome paseaban por el centro comercial luego de salir del cine. Se dirigían al estacionamiento cuando se encontraron a Rin con Ryusei y Ranko frente a "Build a Plush", en cuanto la niña los vio corrió a saludarlos.

—Hola pequeña, ¿Qué hacen?

—Esperando a mi papá para entrar y hacer mi peluche.

—¿Cuál harás?

—El Alolan Vulpix, pero ya tienen muy pocos— dijo decaída.

—Podrían entrar en lo que Sesshoumaru llega.

—Ryu se desespera, no le gusta el alboroto, ¡Ya sé!, ¿Podrían cuidarlo en lo que voy con Ranko?

—Por favor— suplicó Ranko.

—Claro.

—Gracias, ya podemos ir a hacerte ese peluche. Ryusei, te quedarás con tus tíos, te portas bien.

—Ven— Kagome le ofreció sus brazos al pequeño y luego de ver a su madre sonreír, se dejó ser cargado por alguien más.

—En su maleta tiene comida, jugo, pañales, su peluche y ropa extra— le explicó Rin a Inuyasha.

Cuidar a Ryusei no era complicado, el pequeño era muy calmado, incluso para cambiarle el pañal no daba guerra y se entretenía con mucha facilidad. Pero ese día, algo nuevo pasaba, algo de lo que Rin olvidó advertirles.

—Ryusei, no muerdas eso— Inuyasha le quitó la correa del bolso de Kagome y comenzó a llorar—. No llores, toma tu peluche— el niño tomó el peluche de conejo y comenzó a morderle la oreja, poco después lo dejó caer para comenzar a llorar de nuevo e intentar morder la correa.

—Creo le está saliendo un diente— dijo Kagome al revisarle la boca—. ¿Rin le dejó algo para morder?

—No lo sé— revisó la maleta y no veía nada que fuese para que él mordiera—. Hay pera.

—Pásamela, mi mamá le daba fruta a Souta.

Por un breve momento Inuyasha y Kagome se sintieron victorioso, hasta que Ryusei ya no quiso más fruta, volviendo a llorar.

—Hay una tienda allá, podríamos ir a comprarle algo.

—Buena idea, ya no llores, tu conejito no quiere llores— Kagome lo había logrado distraer, esperaba que fuese el tiempo suficiente.

Ya en la tienda, veían todos los tipos de mordederas que había y no sabían cuál elegir, están en forma de aros, figuras en llavero, guante, pacifier y pizza.

—¿Cuál de todas?

—¿Ranko cual usaba?— meció a Ryusei que comenzaba a llorar de nuevo.

—No lo recuerdo.

—Es tu sobrina.

—Si, pero… es de algo que no me agrada, digamos que al principio no fui un buen tío.

—No llores, ¿Te gusta esta?— le enseñó una en forma de oso y el pequeño no la quiso.

—Elige una— Ryusei había encontrado alivio en el cuello de la chamarra de ella.

—¿Su primer diente?— preguntó una mujer mayor que al ver sufrir a la pareja se acercó a auxiliarles.

—Si— contestó Kagome.

—Yo les ayudo, nunca es fácil con el primer hijo.

—¿Primer hijo?

—Se nota que son primerizos, ¿Cuántos meses tiene?

—Siete— dijo Inuyasha.

—Busquemos algo bueno para que deje de querer morder la ropa de mamá— Kagome se sonrojó, podría sacar de su error a esa amable mujer, pero era dar muchas explicaciones y si era honesta, no le disgustaba que creyesen que eran familia, además, Inuyasha tampoco había dicho nada—. Está viene en un empaque y está limpia, también pueden usar este guante y no lo perdería, pero creo que les conviene esta que tiene un cordón y viene esterilizado.

—¿Qué pasa?— preguntó Kagome cuando el pequeño se estiró queriendo tomar algo.

—Es muy práctico, la comida cae en la bolsita del babero, mi nieto tiene uno.

—¿Te gusta?— Inuyasha le acercó el babero del dinosaurio, por su sonrisa, supo que lo quería—. Vamos a pagar.

—Muchas gracias por la ayuda.

—No se preocupen, que tengan un lindo día.

Inuyasha y Kagome encontraron una banca libre y fueron a sentarse, no creían que hacer un peluche demorara tanto o tal Rin había aprovechado para hacer otras cosas, pasar tiempo madre e hija. Ryusei ya estaba tranquilo con su mordedera y eso aliviaba a la pareja.

—Así que, ¿Cuándo comenzaste a ser buen tío?

—No es que no quisiera pasar tiempo con Ranko, mi relación con Sesshoumaru era del asco, no soportábamos vernos, la veía pocas veces o cuando Rin me invitaba a su casa. Un día, si bien recuerdo, Ranko ya tenía un año, exploraba todo, Rin y ella estaban en la oficina de Sesshoumaru, esperándolo, aproveché para saludarlas y verlas, Rin acababa de despertar y buscaba a Ranko, creímos alguien se la había llevado, vimos en las cámaras y nadie había entrado ni salido.

—¡¿Dónde estaba?!

—Les habían dado mantenimiento a los ductos de ventilación y alguien no colocó la rejilla, Ranko entró allí, podíamos escuchar su juguete.

—Te lo estás inventado.

—No lo hago, seguí el ducto por fuera, mientras Rin se contactaba con Sesshoumaru.

—¿Cómo la sacaron?

—La encontré a tiempo, estaba dormida a la altura de la oficina de archivos, solo tuve que quitar la rejilla, meter mi brazo para alcanzarla, unos metros más y hubiese caído en línea recta unos 4 metros, a las cocinas.

—¿Qué pasó luego?

—Sesshoumaru me mandó a revisar todas las rejillas y remodeló su oficina y hacerla segura para Ranko.

—¿Pero eso cómo hizo que te volvieras más cercano?

—Supongo se sintió agradecido por haber salvado a su niña, aunque nunca dijo un "Gracias" el ambiente entre nosotros fue más ligero— sintió la mirada de su sobrino, parecía que también se había entretenido con la historia—. Tu no hagas esas travesuras— le tocó la nariz.

—Buenas tardes— saludó una mujer—. Les invito al área de juegos del cuarto piso— les ofreció un folleto que fue tomado por Inuyasha—. Tenemos una sección ideal para bebés como su hijo y pueden estar en todo momento con él.

—Gracias, de nuevo creen que…

—Es normal que piensen eso, comparten color de ojos. No te avergüences, con Ranko también debieron pensar era tu hija.

—Si, pero… No tantas veces y… No estabas tú— dijo sonrojado.

—¿Yo te avergüenzo?

—¡No!, no quiero sea incomodo.

—No lo es, ¿Por eso no dijiste nada en la tienda?

—No, estaba entretenido viéndote— se había quedado embobado pensando en si así se vería Kagome con un hijo de ellos—. Se te da bien cuidar niños— cambió de tema.

—A ti también, a tu manera, se divierten jugando contigo ¿Verdad Ryu?

—¿Te gusta que haga esto?— le hizo una trompetilla en la panza y su sobrino rió.

Unas jóvenes que pasaban se sentaron en la banca frente a ellos, se reían y jugaban con su cabello, incluso una se había abierto más el escote. Cuando Inuyasha se puso a jugar con Ryusei lo miraron fijamente y suspiraban. Aquello no pasó desapercibido por Kagome.

—Lo haces bien papá— le besó la mejilla, sorprendiendo a Inuyasha—. Son unas descaradas— en ese momento el chico lo entendió—. Ni porque estas con tu esposa e hijo dejan de coquetearte.

—Te amo— está por besarla, pero su celular sonó, era un mensaje—. Es Rin, dice que nos ve en "Malteadas y Crepas".

—Vamos a buscarla.

Se dirigían a las escaleras eléctricas cuando Kagome se quedó atrás, viendo a otro lado.

—Kag, es por acá.

—Creo que vi a tu hermano— estaba segura, no podía confundirlo.

—Allí viene, hola Sesshoumaru.

—¿Rin y Ranko?— estaba sorprendido, Rin no le dijo que ese par les iba a acompañar.

—Fueron a hacer un peluche, ya íbamos a verlas.

—Quiere ir contigo— dijo Kagome, Ryusei ya estaba inquieto por ir con su padre.

Sesshoumaru tomó en brazos a su hijo y le sorprendió ver una mordedera nueva colgándole de la ropa.

—Se la compramos

—¿No tenía?— era extraño, no salían sin una o dos.

—No lo encontramos y tenía mucha comezón.

—Ya que llegaste y tienes a Ryusei, será mejor irnos— dijo Inuyasha al pasarle la maleta de su sobrino.

—Iremos a comer y…

—No es necesario— le interrumpió Inuyasha.

—Estoy seguro de que Rin ya reservó para todos, al menos vayan a despedirse.

—Claro.

Kagome veía a Sesshoumaru que caminaba delante de ellos y luego a Inuyasha, era increíble que siguiesen molestos.

—Cómanos con ellos— Inuyasha negó—. ¿Por qué ninguno se puede decir lo que quiere? Él te está invitando— decía la chica en voz baja.

—No lo creo, lo dijo por mera cortesía.

—¿Hasta cuando vas a seguir indignado? Acepta por mi, si se pone muy incomodo yo invento algo para irnos— sonrió al ver a Inuyasha soltar un suspiro.

—Aceptaré su según tú, invitación.

—Sesshoumaru, si comeremos con ustedes.


Ya habían pasado dos semanas desde que Inuyasha se enteró de Kouga, dos semanas en las que ninguno volvió a tocar el tema. No era que Kagome no le quisiera contar, pero siempre que estaba por decirle, les interrumpían o sentía que la estaban pasando tan bien como para mencionar a Kouga. Inuyasha por su parte, no quería parecer muy insistente, quería darle tiempo a su novia.

Y finalmente, un viernes en que Kagome se quedaría a dormir en casa de Inuyasha. La chica se armó de valor y comenzó su historia.

—Salimos de viaje en grupo al Monte Yoshino, los organizadores nos llevaron a un lugar donde nos dieron comida y sake, nos terminamos embriagando, fue la primera y última vez que me dejaba llevar por los demás, me lo prometí— por el alcohol no recordaba mucho de aquel viaje y se arrepentía mucho—. Iban muchas parejas en el grupo y ya perdidos por el alcohol el ambiente se… calentó, recuerdo que me fui porque me sentía mareada y abrumada, Kouga me acompañó para no volver sola al hotel y de alguna manera terminamos teniendo sexo— sintió sus mejillas arder de la vergüenza, nunca creyó que le estaría contando esa historia a alguien—. No recuerdo los detalles, en verdad que aquel sake me pegó fuerte, por la mañana ambos estábamos desorientados, confundidos y con una horrible jaqueca, acordamos que lo que hicimos no nos arruinaría el viaje, al volver lo hicimos de nuevo, ya sobrios, obviamente— que Inuyasha estuviese tan silencioso la inquietaba—. No fue malo, pero acordamos que seríamos solo amigos, eso nos hacía sentir mejor y nos fue bien.

Kagome miraba fijamente a Inuyasha, seguia muy callado y aunque sus labios se habían movido para decir algo, no salió palabra alguna. Había pensado mucho en qué decirle respecto a Kouga y aunque al inicio tuvo el impulso de decirle que fueron novios por corto tiempo, decidido decirle la verdad. No entendía qué le molestaba, estaba segura de que él y Kikyou también tuvieron sexo.

—Mejor me voy, fue mala idea decirte— se levantó—. Aunque no sé porque te molestas, tú y Kikyou debieron pasarla genial aquí— de solo imaginarlo le hacía enojar.

—¿Qué?— finalmente lograba decir algo—. Espera, no es eso— la jaló y le hizo sentarse de nuevo junto a él—. Perdón, es que… Creí que habían sido más que eso, cuando Souta habló del chico lobo lo noté diferente que con tu otro amigo.

—¡Alto!, si le tiene aprecio, Kouga le ayudaba en atletismo, en segundo grado Souta participaba en atletismo y Kouga estaba en el equipo de la universidad, así que le daba consejos, pero a ti te tiene en un pedestal, créeme, papá le regaló un videojuego nuevo y lo eligió pensando en si te iba a gustar a ti. Siento que te quiere más que a mi.

—No lo creo, eres su hermana mayor, de hecho, ya tuvimos una charla.

—¿Qué charla?

—La típica donde me advierte no lastimarte y cuidarte bien, de no hacerlo él se vengaría en tu nombre.

—No es posible— jamás hubiese imaginado a su hermano menor haciendo algo así.

—No te miento, pero por otro lado, mis padres te aman.

—¿Me aman?

—Tanto que si les llamas y les dices que te hice llorar, vendrán corriendo a regañarme.

—Exageras.

—No lo hago, me han dicho que si la jodo contigo, mejor ni me les aparezca. Te lo voy a comprobar, no digas nada.

Tomó su celular y llamó a su madre, cuando creyó que no le contestaría, en la pantalla apareció Izayoi, estaba arreglando sus flores del invernadero.

—Mamá, necesito tu consejo.

—Eso si es una sorpresa.

—Olvidé que me vería con Kagome para ir a comer y ahora ella está enojada conmigo.

—Con justa razón, ¿Cómo pudiste olvidarlo?— frunció en ceño a modo de regaño.

—Solo pasó.

—Es mejor que vayas a implorar su perdón y se lo compenses con algo muy grande.

—¿Qué pasó?— preguntó Touga, llevaba una bolsa de abono.

—Tu hijo dejó plantada a Kagome.

—¿Es broma? Llámale ahora mismo y discúlpate.

—Ella no me responde— fingió frustración.

—Ve a su casa y arregla las cosas con ella— dijo con autoridad Touga.

—¿Y si no puedo? Lleva una semana sin querer verme.

—¡¿Una semana?!— Izayoi estaba sorprendida—. ¿Y apenas nos dices?

—¿Tanto así la jodiste?

—Me esperó en el restaurante, no llegué y tampoco vi sus llamadas. Está exagerando, perdí la noción del…

—Por tu bien es mejor que arregles este problema, tu habla con tu hijo— le dio el celular a su esposo, si su hijo no arreglaba su relación con Kagome, ya podría estar diciéndole adiós a sus lindos nietos.

—¡Mamá, espera!— no creyó se enojaría tanto—. Esta aquí.

Se sentó mejor y les mostró a Kagome, ella estaba sorprendida por lo que había hecho Inuyasha, no sabía cómo reaccionar.

—Explícate ahora mismo— Touga se masajeo el puente de la nariz.

—Ella no me creía que se enojarían conmigo si algo así pasaba.

—Lo siento, no creí que fuese hacer eso— estaba avergonzada, debió haber detenido a Inuyasha en algún punto.

—No te preocupes, el único responsable es ese hijo que tenemos, pero me alegra que todo esté bien entre ustedes ¿Todo bien en el trabajo?

—Si.

Platicaron un poco más, realmente fueron Izayoi y Kagome las que platicaban. Inuyasha solo escuchaba atento y Touga de vez en cuando decía algo.

—Te lo dije, te aman— dijo Inuyasha luego de colgar.

—Fuiste muy cruel con ellos, sobre todo con tu madre— se levantó por un vaso de agua.

—Ahora ya sabes lo mucho que te quieren— se acostó en el sofá—. Ya hace frío, deberías usar algo más que esas medias— la chica llevaba medias con una falda.

—Aún no hace tanto frío— fue hasta él y se sentó dejando sus piernas a cada costado de su torso.

—Aquí no hace frío, pero afuera…

—Lo bueno es que no estamos afuera— se inclinó para besarlo.

—No quiero enfermes.

—Realmente te preocupaste la última vez.

—No quiero volver a verte así tan enferma

—Y el hipotético caso de que me enojase así contigo, ¿Qué sería esa cosa tan grande con que me compensarías?

—¿No te das una idea?— la acomodó para que sintiese su ya dura erección.

—¿Qué te hace pensar que funcionaría?

—Eso— ella había intentado ahogar un suspiro sin mucho éxito cuando él ejerció más presión.

—Eso no significa nada.

—¿En verdad? En ese caso…— intentó levantarse, pero fue detenido por la chica.

—No te atrevas.

Lo admitía, él había ganado esta vez, pero si se veía desde otro punto de vista, ella también ganaba.

—Y para que lo sepas, nunca vino aquí— no era necesario decir el nombre—. Y solo contigo me la paso genial.

—¿Nunca?

—Jamás vino— sonrió cuando su novia se quitó el suéter y quedó en sostén—. Kagome, tenemos que ir al a la recamara, allá tengo los condones.

—¿Primero me dejas hacer algo?

Él asintió, le vió bajar hasta su entrepierna, abrirle el pantalón, tomarle el pene entre sus manos y llevárselo a la boca. Debió morderse los labios para no gritar, amaba tanto a esa chica.

"Hola hermosa, tanto tiempo ¿Verdad?, finalmente aparezco, estoy de regreso en Japón, literalmente acabo de llegar y ya quiero verte, dime cuándo está bien".

Y como si de una broma del destino se tratase, le había llegado ese mensaje a Kagome con una foto, de nada y nada menos que de Kouga.

—¿Qué haces?— se despertó y vio a Inuyasha viendo el celular.

—No era mi intención leerlo, creí era el mío y abrí en mensaje— era verdad, lo escuchó y por instinto estiró lo mano, lo tomó y abrió el mensaje.

—¿Qué cosa?— vió mejor el celular y se dio cuenta que era el de ella—. Está bien, te creo— le dio un beso—. ¿De quién es el mensaje?

Kouga.

—¿Qué le vas a contestar?— preguntó con cautela.

—Es mi amigo, no puedo solo decirle "no", ademas ya te dije que…

—Lo sé, solo amigos, pero ¿Y si volvió por ti?— ella se había girado para quedar acostados en cucharita.

—No lo creo.

—Dile que tienes novio y lo vas a llevar— le besó el hombro.

—No haré eso por mensaje, podría decirle que nos vemos en el acuario o en mi casa.

—¿Si le vas a decir que tienes novio?

—Cuando lo vea, basta— rió al sentir unas traviesas manos bajar a su entrepierna—. ¿No tuviste suficiente anoche?

—Nunca, no de ti.

—Inuyasha, deja que le conteste— si la seguía acariciando de esa manera no podía concentrarse.

—No te estoy agarrando las manos.

—Listo— con dificultad logró escribir algo bien—. Tenemos que desayunar.

—Luego, tenemos todo el día— introdujo dos dedos en ella y cantó victoria cuando gimió.

—No pares.

—No pensaba hacerlo— ahora Kagome le devolvía el favor también dándole placer.

—Alguien te busca— dijo apenas en un murmullo al escuchar el timbre.

—Si no hacemos ruido creerán que no estamos.

Al otro lado de la puerta Ranko ahora tocaba a la puerta pues no alcanza el timbre y su madre ya no quería seguir pulsando el botón.

—¡Tío abre!— gritó por debajo de la puerta.

—No esta.

—Pero mamá, yo no quiero ir.

—Será solo un rato.

—Llámale y pregúntale dónde está.

—Debemos irnos.

—¡No quiero ir!

—Por favor, se una buena niña— tenía que llegar a su trabajo y su hija no ayudaba, lo peor era que Ryusei también comenzaba a impacientarse.

—Llámale, no quiero ir.

—Ranko, tengo que…

—¡Hey pequeña!— la puerta se había abierto, dejando ver a Inuyasha con el pijama puesta.

—¡Tío! ¿Por qué no contestabas?

—Me levanté tarde y apenas me iba a bañar— mintió.

En verdad Inuyasha iba a ignorar a la persona que había ido a interrumpirles esa mañana a él y Kagome, pero al escuchar que Ranko estaba por hacer drama, se apresuró a llevar a Kagome al clímax, por suerte, él también llegó al suyo. Fue a lavarse un poco y se apresuró a cambiarse.

—¿Qué pasó?

—Mamá nos va a llevar a su trabajo, pero nos aburrimos mucho.

—Tengo que ir al terminar unas cosas, Sesshoumaru está en el acuario arreglando lo del reportaje y no hay con quien dejarlos. ¿Podrías cuidarlos un par de horas?— suplicó.

—¡Por favor!— puso su mejor carita de súplica.

—Es que yo…

—Podríamos llamarle a tía Kag e ir a verla.

Rin observó a Inuyasha, estaba nervioso, algo tenso y cuando Ranko mencionó a Kagome lo supo. Movió sus labios para murmurar un "¿Está aquí?" e Inuyasha asintió.

—Ranko, tu tío igual tiene cosas que hacer y…

—Huelo comida— con agilidad pasó entre la puerta y su tío—. Mamá, Kag está aquí.

—Hola, preparaba el desayuno ¿Quieren?

—Salchichas y pan francés, yo quiero.

—Perdón por interrumpir— se disculpó Rin.

—No lo hiciste.

—Mentiroso, ¿Cómo es que aún no la dejas embarazada? ¿Qué?— su cara de "¿Tu también con eso?" era divertida—. Si eres igual a Sesshoumaru no te va a costar trabajo.

—No quería tener esa idea en mi mente. Así que… te quedó mucho trabajo.

—Finalmente lo dejaré, apoyaré en el acuario, estoy dejando todo en orden.

—¿Por qué hasta ahora?— sabía que Sesshoumaru le había ofrecido esa oportunidad desde hace mucho.

—Ya es momento, igual necesito un horario más flexible, mi contrato está por terminar y ya no quiero una renovación, así puedo pasar más tiempo con Ranko y Ryusei.

—Me alegro por ti.

—Entonces, ¿Se los puedo dejar?

—Nosotros los cuidamos, ven aquí bodoque— cargó a su sobrino.

—Gracias, esta vez no olvido dejarles sus mordederas, le avisaré a Sesshoumaru, se portan bien.

—Si mamá— respondió Ranko que ya tenía media salchicha en la boca.

Rin se fue e Inuyasha se sentó con Ryusei, Kagome ya les había servido el desayuno.

—¿También quieres comer?— el pequeño se estiró para tomar una fresa que acompañaba el pan francés.

—Tío, ¿Tienes miel?

—Ya la traigo— Kagome se levantó, Inuyasha batallaba con Ryusei.

—¿Tía Kag se quedó a dormir aquí?

—¿Por qué lo preguntas?

—Tiene pijama— era obvio ¿No?

—Vimos una película anoche.

—¿Hicieron una pijamada? ¿Un día podemos hacer una?

—Claro, pero primero debes decirle a tu padre.

—¡Genial!

—¿Cuánta miel te pongo?

—¿Puedo hacerlo yo?— Kagome asintió y le dio el bote.

Hasta allí había llegado su ardiente mañana, pero ni a Inuyasha, ni a Kagome les molestaba. Adoraban a ese par de niños.


21/09/2020

Ojalá también sirviera para limpiar el alma como alguien puso.

Nos seguimos leyendo.