Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a AnnaDax y fue beteada por Shiroi Kimiko.

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Sasuke miró los ojos blancos con interés. Estaba en lo cierto. Ellos se parecían mucho.

El Byakugan no funcionaba de la misma forma que su propio kekkei genkai, pero el mito de que el Sharingan pudo de alguna forma haber evolucionado de aquellos descoloridos ojos, podría ser verdad.

El Uchiha se apartó, un poco sorprendido por la forma en que había reaccionado ella. No parecía tenerle miedo, o al menos, no tanto. Se notaba un poco incómoda, pero al percatarse de que él sólo la examinaba con sus ojos rojos, se había relajado visiblemente. Le dio la espalda, con una sonrisa maliciosa en sus labios. Era la primera vez en su vida que se encontraba a gusto en compañía de una mujer. Sakura, Karin y las otras kunoichi que habían estado a su alrededor no podían hacer otra cosa que mirarlo con ojos soñadores, imaginando cosas ridículas en las que lo incluían.

Pero Hinata era diferente. Era tranquila, educada y hablaba poco. También era fuerte, cuando tenía su chakra. Involuntariamente llevó la mano hacia su pecho, sintiendo un liguero hormigueo donde ella lo atacó anteriormente. De algún modo esta mujer era interesante. Probablemente había tenido suerte al raptarla a ella, en vez de a otro Hyūga. Ser la heredera de su clan, tenía sus beneficios. Aquella chica había sido disciplinada para pensar más y actuar menos. Era algo bueno para su plan.

—¿Por qué estás tan interesado en mi Byakugan?

Dejó de mirar la pequeña llama de la vela y se volvió hacia ella.

—Tengo que pensar en la mejor manera en que puedo usar tu kekkei genkai para mis planes.

Ella suspiró y se frotó el rostro.

—Sasuke-san, siento tener que decirte esto tan directamente... puedes volver a Konoha voluntariamente... o puedes matarme, pero yo no tengo intención de ayudarte en esta locura.

Vio al Uchiha reír, sus hombros temblaban viciosamente.

—Es asombroso que me des esas posibilidades. De todas formas, tengo mis propios medios para persuadirte. Personalmente querrás ayudarme, tarde o temprano.

—Ya te lo dije, prefiero morir.

Él tiro de la silla a su lado y se sentó de nuevo, acomodando sus pies sobre la mesa.

—Algunas veces te das cuenta de que dices y haces cosas que en realidad no suceden, princesa.

La Hyūga parpadeó. Los ojos rojos la miraban en silencio y a una distancia corta. Seguía inclinado hacia ella, mirándola directamente a los ojos.

«Genjutsu», se percató. Y enfadada consigo misma, la chica se apartó y se levantó, esperando que al mismo tiempo volvieran las cosas a ser reales. Tenía que encontrar la manera de reconocer cuándo él usaba sus técnicas oculares, o de lo contrario estaría en serios problemas.

—No pienses que puedes decirle a mi genjutsu cuando traerte a la realidad —dijo, como si leyera su mente—. Al menos no sin tu chakra.

—¿Y cuándo piensas devolvérmelo?

Sasuke rio, asustándola.

—Te lo dije. Si te comportas, podría ser bueno y devolverte parte.

—Te curé la mano, ¿no? —Hinata sentía la ira hervir dentro de ella.

—Necesitábamos que la curaras porque fuiste tú quien lo estropeó en primer lugar. Esto no es cooperación, únicamente es una prueba de tus buenos modales. Tienes que trabajar más duro para convencerme.

—¿Qué? Podría haber dejado tu mano tal como estaba...

—Y yo podría haberte dejado con esos bárbaros para que se entretuvieran.

La chica miró a otro lado, sintiendo cómo su rostro ardía por la furia.

—¡Eres un maníaco! Quédate mi chakra, me da igual. Me voy.

Se dirigió hacia la puerta a su espalda, pero antes de que pudiera intentar abrirla, Sasuke apareció ante ella. La cogió por los hombros, empujándola y poniéndola contra la puerta, haciendo que el aire saliera de sus pulmones.

—Escúchame con atención. La única razón por la que te dejo vivir es porque me parece interesante ver hasta dónde me puedo adentrar en tu cabeza, usando mi genjutsu. Pero en el momento en que me canse de todas tus tonterías, te mataré. O simplemente te dejaré aquí.

Hinata intentó soltarse de su agarre, pero él era más fuerte. No le gustaba que la tocaran, especialmente de esta forma. Los ojos rojos la atravesaban, enviando escalofríos a su columna. La Hyūga bajó la mirada, intentando recuperar el aliento.

Sasuke se apartó de ella. Rápidamente cogió la llave de su bolsillo, atravesó la puerta y la cerró tras él.

Parpadeando, ella se quedó confundida. ¿Dónde había ido? Miró a su alrededor para ver una pila de bultos en la cama. No había cogido su capa. Con toda aquella nieve y viento fuera, se pondría enfermo. Suspiró y se sentó en la silla de nuevo. Sólo unos minutos antes, habían tenido una conversación normal. Había sido sobre un tema extremadamente doloroso y ella aún se sentía incómoda por traerle los recuerdos de su familia. Y, sin embargo, había sido la primera vez que ella sintió que Sasuke era capaz de sentir emociones humanas. Suspiró y ocultó su rostro entre sus manos. Necesitaba pensar, tenía que haber otra manera para que las cosas salieran bien.

En primer lugar, si intentaba escapar, podría ser capturada por esos hombres extranjeros y ser forzada a hacer Dios sabe qué cosas. O Sasuke podría encontrarla de nuevo. De cualquier forma, acabaría muerta.

Si encontraba una forma de atacar al Uchiha y se las arreglaba para dejarlo inconsciente, podría volver a casa con él. Pero, ¿cómo? No sabía dónde estaban, no tenía dinero, y el único animal que ella sabía invocar, era un oso. Probablemente esto los llevaría a un callejón sin salida donde el poseedor del Sharingan se despertaría y la asesinaría.

¿Y si accediera a destruir Konoha con él? Hinata meneó la cabeza, con ganas de reír. Elegiría cualquier opción anterior, antes que hacerle creer esa locura. De repente, sus ojos se abrieron con asombro. ¿Podría... podría ella engañarlo? Si se las arreglaba para entender cuándo estaba bajo un genjutsu, podría pretender estar de su lado. Luego, irían a Konoha por voluntad propia. Ella sólo ayudaría a que él fuera capturado. Sonrió, ser su prisionera no podía ser tan malo, si lograba engañarlo, claro.

La heredera miró hacia la vela, que estaba prácticamente consumida. Tenía que concentrarse e intentar recordar.

Todos los jutsus tenían un punto débil...

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¿Por qué había olvidado su capa? ¿Se estaba volviendo loco hasta el punto de no pensar nada bien?

Suspiró, viendo el halo que creaba su respiración. Sería mejor que ellos se fueran lo más pronto posible. No estaban seguros en aquellas tierras, y Sasuke estaba seguro de que el desastre que había causado con su Amaterasu pronto los llevaría a ser cazados. Mantuvo la cabeza baja, intentando no atraer demasiadas miradas. Afortunadamente visitó varias veces este lugar como para que su cabello negro no llamara tanto la atención. Pero, la forma en que miraban a Hinata lo preocupaba. Era demasiado bonita para aquellas tierras y la atención que atraía la podría poner en una mala situación de nuevo. Sería mejor no dejarla sola tanto tiempo.

El Uchiha metió las manos en sus bolsillos, sintiendo el chakra de la Hyūga a través de la piedra roja. Le gustaba esto, especialmente por el hecho de tener su poder, dejándola totalmente indefensa. Sin embargo, no tenía idea de cómo devolverle su chakra. Lo más fácil sería romper la piedra, pero corrían demasiados riesgos con ello. Si tenía algún encantamiento en particular, podría convertirla en una simple ciudadana sin ninguna fuerza especial. Él no podía correr ese riesgo, estaba demasiado cerca de lograr su meta.

Podría también solo darle el medallón, pero de esta forma ella no podría controlar sus poderes con precisión. Además, si lo perdía en medio de una batalla, todo podría salir mal. Volvió a meter las manos en los bolsillos, intentando entrar en calor de algún modo. Tenía que averiguar cómo el chakra podía volver a ella. Pero, ¿a quién preguntar?

Redujo el ritmo de su caminata, recordando lo que la chica le había explicado. El hombre rubio que la había raptado le había hecho algo en particular. Podía intentarlo.

Giró a la izquierda y entró en una pequeña tienda. Tenía que comprar comida y provisiones. Tal vez no pudieran comprar o parar en bastantes ciudades en algún tiempo. Además, las monedas de ese lugar que Sasuke tenía casi se estaban terminado. Salió de la tienda. Tendría que encontrar a alguien para robar y matar antes de poder continuar con esto. Se encaminó al muelle, sin importarle que el sol brillaba todavía. La gente desaparecía todo el tiempo. Esa era la principal razón por la que había encerrado a la heredera Hyūga, se metía en muchos problemas. Vio la taberna donde habían desayunado una hora antes y notó a la camarera rubia del otro lado de la ventana. Él siempre se divertía con las mujeres allí y nunca se había negado a una invitación. Y extrañamente pasó de largo, sintiéndose extraño, tal vez no estaba de ánimo para rodar con esa chica por una sucia bodega o por una apestosa cama. Se pasó una mano por el pecho de nuevo y sonrió. Ahora tenía mejor compañía que aquellas mujeres de ese pueblo.

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Cuando la heredera se dio cuenta de que la pequeña habitación tenía una ventana, estaba ya oscuro. Se había quedado dormida en la mesa, y ahora le dolía la espalda, el cuello y el rostro. Se frotó la mejilla y corrió la pesada cortina que cubría la extremadamente pequeña ventana. Se las arregló para abrirla, y disfrutó del aire fresco que inundaba ese pequeño y maloliente lugar. ¿Cuánto tiempo había dormido? ¿Por cuánto tiempo se había ido Sasuke? Miró la puerta y trató de abrirla, pero encontró que estaba perfectamente cerrada. Se preguntó si debía preocuparse por eso, pero recordó lo que el Uchiha era más que capaz de hacer y sólo suspiró. Él era un imprudente, estas tierras eran peligrosas. Su estómago le recordó que apenas había comido y se sintió mal por no haber acabado su sopa.

—Eres delgada, pero no podrás escapar por esa ventana.

Volvió la cabeza para mirar al hombre entrar en la habitación. Cerró la puerta con llave tras él, dejando una bolsa sobre la mesa. Hinata abrió sus ojos, dando un paso adelante.

—¿Sangre?

El Uchiha a regañadientes se limpió con una mano la mejilla y se miró los dedos.

—No es mía.

La Hyūga suspiró, aquello no era bueno.

—¿Qué pasó? ¿Te han atacado?

—No exactamente. Simplemente necesitaba coger algunas cosas.

—¿Qué cosas?

Inspeccionó su cuello, donde pudo ver más sangre. Su manga estaba un poco desgarrada.

—Bueno —continuó, quitándose la camiseta y yendo hacia el baño, donde Hinata pudo oír el correr del agua—. Primero que nada, necesitaba dinero.

Abrió los labios, mirando su espalda desnuda.

—¿Has... robado a alguien?

—Sí —explicó, volviéndose hacia ella; secándose el rostro y torso con una toalla pequeña—. También maté a algunos hombres.

El shock corrió por el rostro de la Hyūga mientras miraba cómo él se dejaba caer en la silla, con los pies encima de la mesa. Acercó la bolsa y le tiró algo. Automáticamente la joven lo cogió y lo examinó. Era una especie de producto de panadería con queso. La portadora del Byakugan caminó hacia él con calma, intentando no mirar al hombre semi-desnudo, y dejó la comida sobre la mesa.

—No comeré esto.

—¿Por qué no? No esperarás que te alimente como si estuvieras en la mansión Hyūga.

La joven lo miró enfadada, intentando centrarse sólo en los ojos.

—No, no es eso. No comeré algo que has obtenido al matar personas.

El Uchiha se mostró honestamente sorprendido. En sus veinte años de vida, nunca había encontrado a una persona tan innatamente noble. Se levantó de la silla, viendo cómo ella apartaba la mirada. ¿Tanto le disgustaba él?

—Si no te lo vas a comer, te obligaré a hacerlo.

Hinata se volvió para mirarlo. Sus mejillas estaban rojas. No era apropiado que un hombre semidesnudo estuviera así delante de una mujer. Miró el panecillo que acababa de dejar en la mesa y se dio cuenta de que hablaba absolutamente en serio cuando le decía que la obligaría a comérselo.

—Yo... prefiero morir de hambre.

Sasuke enarcó una ceja y golpeó el suelo con su pie. La chica estaba demasiado débil, y si no comía, se pondría enferma.

—Te das cuenta de que no puedo conseguir dinero de forma honesta en la situación en la que estamos, ¿verdad? —Eso era cierto, pero matar era demasiado. Vio cómo él suspiraba y agarraba la bolsa de nuevo, cogiendo el mismo panecillo y lo mordía—. Mira —continuó—, he matado por el dinero. Pero compré esto en una tienda. Ahora come, no sabe mal.

Su estómago discutía con su sentido de la justicia y acabó tomando un bocado. El panecillo no era malo y se lo comió con placer.

—Gracias.

Sasuke la miró, extrañado.

—Aquí hay más. Coge otro si tienes hambre.

Luego cogió lo que parecía ser un mapa y lo abrió sobre la mesa, con una nueva porción de pan entre sus dientes. Comieron en silencio hasta que la chica no pudo aguantar más.

—¿Puedes... puedes ponerte algo encima?

El Uchiha la miró de nuevo, masticando. Miró hacia abajo, como si se diera cuenta entonces de que había estado sin camiseta todo el tiempo.

—¿Te molesta? —Esperó una respuesta, pero sólo notó cómo sus mejillas se coloreaban. Rio, decidiendo ponerse algo encima para no causarle un ataque cardiaco.

—Gracias —murmuró cuando finalmente pudo mirarlo sin sentir que sus mejillas estallarían en llamas.

Apartó los ojos del papel y la miró fijamente.

—Deja de agradecerme. Y ve a dormir ahora mismo, mañana nos iremos a primera hora.

—¿A dónde iremos?

—A algún lugar donde pueda encontrar algunas respuestas.

La chica se levantó y se las arregló para lavarse en aquel pequeño baño. Fue hacia la cama, pero se quedó de pie, mirándola. No le costó mucho tiempo entender lo que ella estaba pensando.

—Cálmate —dijo, sin quitar la mirada con su Sharingan activado del mapa—. No voy a tocarte otra vez.

Se volvió hacia él, sintiéndose incómoda.

—Yo...

—Viejos hábitos —interrumpió—. No estoy acostumbrado a dormir con una mujer bonita sin tocarla. —Vio el shock en el rostro de la mujer, lo que le hizo reír—. ¿Qué? ¿Nunca has dormido con un hombre?

—¡¿Qué?! ¡N-no! —Dio un paso atrás y se tropezó con la silla, cayéndose al suelo. Sasuke no pudo evitar reírse de nuevo.

—Ah, me había olvidado de las circunstancias en las que creciste. Eres la heredera de tu clan, por supuesto que no vas a mancillar tu cuerpo con ningún hombre. Aun así, pensaba que Naruto y tú tenía algo.

La chica sólo pudo ocultar su rostro entre sus manos, arrastrándose a la otra parte de la habitación donde estaba la cama. Chocó con la pared, escuchando al Uchiha a su espalda reír. Le gustaba fastidiarla. La chica cogió una almohada y se cubrió la cabeza, intentando por todos los medios aislarse de aquella situación. ¡Era un imbécil! Escuchando su risa, que ahora era sólo un murmullo, la joven se durmió.

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Fin Capitulo Once

Notas: Y finalmente se terminó el hiatus de actualizaciones, ¡Yaaaaiiiii! Fueron unos meses largos, y creo que una parte de mi murió de agotamiento, pero lo logre, avance un montón todas las historias, por lo que de ahora en adelante me dedicare a terminar la investigación para mi tesis y a subir los capítulos cuando ya estén revisados y perfectos. Obviamente no voy a poder pasarme mucho por aquí, pero al menos sepan que las actualizaciones van a ir si o si todos los meses, hasta que se me termine el material, después ya van a tener que esperar hasta que tenga tiempo libre.

Espero que el tiempo de espera valiera la pena, los quiero un mucho y gracias por seguir conmigo en este loco viaje que son los fics.

XOXO

Guest guest: oww… muchas gracias y suerte para ti también.

Guest Guest: Here is the new chapter. I hope you like it.

Guest Magui hatake: Bueno como yo ignoro todo lo que paso después de la guerra, para mi Hinata si creció como persona después de finalizada la pelea, por eso ya no tartamudea a cada momento, solo cuando está nerviosa. Espero este nuevo capítulo también te gustara.

Link historia original: www . fanfiction s/ 8914719 /1/ The-Madness-of-an-Enchanting-Obsession

Naoko Ichigo mother of dogs