Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a AnnaDax y fue beteada por QueenSugar.

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Hinata abrió los ojos sintiendo el hormigueo de su chakra volver a ella. Activó su Byakugan tan pronto como pudo, y observó a su alrededor conteniendo la respiración. Estaba durmiendo en su lado de la cama, de cara a Sasuke. El hombre parecía profundamente dormido, y a juzgar por el flujo de su chakra, estaba soñando en ese preciso momento.

Se hallaban cara a cara, sin embargo, la distancia entre ellos era lo suficientemente grande para que ella pudiese sentirse cómoda en este tipo de situación. Suspiró, contenta y aliviada de no sentir ciertas partes de su cuerpo esta mañana. Tranquilidad que fue acompañado claramente por un sonrojo.

«¿Cuándo llegue a la cama?» intentó hacer memoria, pero no pudo.

Recordaba haberse alejado del muchacho tanto como le fue posible y caer al suelo, por lo que supuso que Sasuke debió recogerla después. Probablemente ya contaba con la seguridad de conocer todo el mapa de la región.

El desconcierto fue que este hizo lo que le había prometido. No la estaba tocando y le estaba dando su espacio. Sasuke se mostraba como un imbécil, pero la sangre y la nobleza Uchiha corrían fuertemente por sus venas. Podía ser agradable, en ocasiones. Pero únicamente cuando él quería.

La Hyūga suspiró. Vio como sol estaba saliendo y desactivó su Byakugan.

«La vida es difícil sin chakra...» reflexionó. Sin embargo, prefería estar así a que el otro grupo de hombres tuviera su poder.

Sus mejillas ardieron. Cerró los ojos, dejando que su Kekkei Genkai se fuera completamente. ¿Por qué tenía ese tipo de pensamientos? Abrió sus ojos de nuevo y posó su mirada en el hombre a su lado. Este la miraba de vuelta con el Sharingan activado.

—Ver así a alguien dormir podría considerarse como acoso. O de depravados.

Ella se alejó, cayendo al suelo. Se quedó sin aire en los pulmones durante un instante, mirando a la oscuridad. La mirada de Sasuke volvió a ella, mas únicamente sus ojos blancos eran visibles desde la cama.

—En serio. —Continuó, con voz baja, casi como un susurro—. ¿Qué estabas haciendo?

—Yo... yo... yo, sólo me desperté...

—¿Siempre activas tu Byakugan para espiar a la gente apenas despiertas? —ella no contestó, pero se levantó aprisa y caminó tan lejos de la cama como le fue posible. Finalmente llegó a la mesa y se sentó en una silla, dándole la espalda al Uchiha.

—¿Tenemos que irnos pronto?

—Tenemos. —El hombre se levantó e hizo crujir los huesos de su espalda. Se dirigió al baño, o lo que sea que fuera ese lugar.

La joven fijó la vista en sus pies. Honestamente, no quería ver el cuerpo de Sasuke esa mañana.

Apareció de nuevo tras unos minutos y se sentó en la silla que estaba al otro lado de la mesa. Cogió la bolsa, y agarró otro panecillo, mordiéndolo, y tirándole a ella otro. No estaba tan suave y era más difícil de masticar, pero de igual manera seguía siendo sabroso.

Se miraron el uno al otro antes de que ella volviera la vista. Sasuke rió. Su comportamiento arrogante de patán consiguió enfadar a la chica.

—¿Qué?

Sorprendiéndola, Sasuke dejó su desayuno en la mesa y se inclinó para verla mejor.

—Estoy realmente atónito con la facilidad con la que tu rostro se torna rojo. Pensaba que sólo Naruto podía causar eso.

La chica parpadeó, pero decidió dejarlo pasar. Ella también podía jugar a esa clase de juegos.

—No creía que te hubieras dado cuenta de mi existencia cuando íbamos en la academia.

El Uchiha enarcó una ceja.

—A esta altura deberías saber que tengo la cualidad de ser observador.

—Estoy al tanto de ello. Al igual de que te faltan uno o dos tornillos.

No estaba segura de por qué, pero cuanto más hablaban, más seguridad sentía al discutir con él o más le satisfacía provocarlo. Vio cómo él movía la cabeza hacia un lado y la inspeccionaba.

—Cierto, ya has podido presenciar la locura en mí. —Curvó sus labios en una sonrisa dudosa y encantadora, y vio cómo ella miraba al suelo de nuevo, incómoda. Volvió a reír—. Pero no eres lo que estás intentando aparentar. No lo fuerces, no va contigo.

—¿Qué puedes saber tú de lo que va o no conmigo? Nada sabes de mí. Incluso si me secuestraste, no intentas conocerme. Lo único que haces es amenazarme.

—Solo en ocasiones. Y no parece desagradarte tanto. —Vio cómo el calor golpeaba el rostro de la joven, mientras intentaba ocultar sus ojos con su negro flequillo.

Sasuke rió como un maníaco y se levantó.

—Eres una chica muy fácil de fastidiar. Levántate, nos vamos de aquí.

Hinata se levantó aun evitando mirarlo. Quería golpearlo, pero sabía que nada bueno vendría de intentarlo. Prefirió no entrar en aquel juego.

Esperó a que abriera la puerta y lo siguió rápidamente. Probablemente nunca olvidaría esa habitación.

Sasuke le devolvió la llave al mesero y a la brevedad, ambos salieron a la calle. La heredera se sorprendió de lo llenas que estaban las calles pese a ser las cinco de la mañana.

—¿Vamos a volar de nuevo? —preguntó.

—No —susurró el Uchiha—. Sería demasiado peligroso. Estos hombres tienden a posar sus ojos en el cielo. Viajaremos en barco.

—¿No sería eso igual de peligroso?

—No si mantienes la cabeza gacha.

La chica no estaba segura de qué significaba eso, sin embargo, lo siguió de cerca y pronto estuvieron en el muelle. Allí, el aire era frío y olía a pescado. En ese sito abordaron un largo barco de madera con grandes velas blancas.

El portador del Sharingan se dio prisa en pagarle al hombre, y luego se encaminó al otro lado de la proa. La Hyūga mantuvo la cabeza gacha, pero no perdió vista de cómo Sasuke estaba actuando: caminaba ligeramente delante de ella, pero su hombro rozaba el suyo constantemente. Parecía intentar dirigirla a algún lado, y por primera vez, no le importó.

Mientras andaban intentaba esconderse lo mejor posible tras su figura, pues estaba un poco asustada de las miradas que le dirigían. Notó como todos los hombres de aquel barco eran marineros. Cuando levanto la cabeza, el Uchiha le cogió la mano.

—No. Atraes mucho la atención en este momento.

Parpadeó, confusa.

—No he hecho nada.

—Eres una mujer. Es suficiente para estos marineros.

Sasuke miró cómo ella suspiraba y dirigía su mirar hacia la costa que parecía incluso más pequeña en aquel barco.

Pensó que si hubiera viajado con Sakura o Karin las cosas hubieran sido mucho más sencillas. Ambas podrían esconder su apariencia de mujer sin problema; no eran tan bonitas. Hinata era diferente. Su cabello era demasiado largo, y la forma en que el sol le acariciaba la piel, era casi antinatural para aquellos marineros. Sus pies eran pequeños, su cintura demasiado estrecha, y sus pechos... Toda su apariencia la distinguía. Además, sus labios llenos y sus ojos grandes, hacían imposible el eludir la mirada de la gente.

En resumen, Hinata era bonita. Y el Uchiha se había dado cuenta con rapidez los problemas que esto le ocasionaría. Si bien el capitán les había permitido viajar como pasajeros en el barco por una cantidad muy pequeña de dinero esto no garantizaba su seguridad. La gente allí viajaba por cuenta propia, y asumiendo todo riesgo. Al menos la joven era lo suficientemente lista como para saber que no debía cometer el mismo error. Escapar de su lado sólo haría las cosas peor para ella. Por ello, se encontraba cerca de él, lo que le facilitaba todo.

—Ahora tú eres el que me está mirando —soltó la chica.

—¿Tienes hambre?

—No.

—¿No quieres nada? Voy a ir a echar un vistazo alrededor. Espera aquí y no te muevas.

—De acuerdo.

Miró a la chica, intentando descifrar su comportamiento. ¿Estaría esperando algo? De todas formas, necesitaba mirar si podía conseguir una habitación para ellos y pasar la noche.

Viajar en barco era más lento, por lo que les llevaría día y medio llegar a la ciudad destinada. Sasuke se dio la vuelta y empezó a caminar sintiéndose incómodo. No le gustaba dejarla sola. Sabía la facilidad con la que ella se metía en problemas.

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Había conseguido un pequeño compartimiento empleado para almacenar las cosas, pero que estaba lo suficientemente vacío en ese momento. El suelo estaba sucio, pero era lo único con lo que contaban.

Se dio prisa en regresar. Había tardado unos treinta minutos intentando encontrar a alguien que entendiera su requerimiento. En su búsqueda, se había topado con un hombre que podía hablar un poco de su lengua, pero no quiso ayudarlo.

De regreso a la proa, miró a su alrededor para encontrarse con todo extrañamente vacío. No obstante, pudo escuchar claramente las rudas voces de los marineros.

«Hinata.» pensó.

El Uchiha empezó a caminar deprisa, haciendo un esfuerzo por no activar su Kekkei Genkai. «¿Qué habría hecho esta vez?» se cuestionó. Entretanto se dirigía a su destino, vio cómo un enorme grupo de hombres rodeaba a la heredera Hyūga. Estos gritaban y reían, pero ninguno parecía querer acercársele y tocarla. Ella, por su parte, tenía sus manos sobre el borde del barco y miraba el agua, ignorándolos por completo.

El portador del Sharingan se congeló, inseguro de cómo proceder. Se había quedado totalmente sorprendido al ver que ella parecía calmada, pero lo entendió enseguida. Ella era la heredera de su clan y lo más probable es que desde siempre atrajese mucho la atención. Con certeza la habrían entrenado para que ignorara a las multitudes desde una temprana edad. Además, seguramente no le era extraño que la gente la mirara. Tenían razones para hacerlo.

De todas formas, tenía que detener esto. Si alguno de ellos intentara tocarla, seguramente ella reaccionaría violentamente. Era un alivio que no tuviera chakra. Si perdía los estribos y comenzaba a atacarlos en cubierta, estarían en aprietos.

Sasuke suspiró. Si él luchaba con ellos, el resultado sería el mismo. Tampoco podía discutir con ellos desconociendo su idioma. Y en el hipotético caso de que pudiese, seguramente no lo escucharían.

De repente, vio cómo uno daba un paso al frente, cogiendo a la chica por el hombro y dándole la vuelta para poder ver su rostro. Todos los hombres empezaron a aullar y a reírse, emocionados, cuando le levantó la cabeza y su rostro se volvió visible bajo la luz del sol. Sasuke se congeló. Sus ojos negros permanecieron mirando los blancos de ella. Hinata le sostuvo la mirada durante un momento, con expresión calmada.

El mismo marinero pasó la mano sobre su cabello. Ella tembló, parecía disgustada, pero él la agarró y la puso delante de los otros, para que pudieran verla mejor. Rieron e inspeccionaron el rostro femenino, con sus diminutos y lujuriosos ojos.

El Uchiha dio un paso al frente también, viendo cómo el mismo hombre decidía tener algo de diversión. Dijo algo a sus espectadores para seguidamente deslizar su mano y tocar un pecho de la Hyūga.

Aquello fue demasiado.

Escuchando un golpe, el hombre de cabello negro se quedó quieto sobre sus pies, viendo cómo el brazo del marinero quedaba en el aire en un ángulo extraño. Aquel sonido fue seguido rápidamente por un chillido de dolor. El bastardo cayó sobre sus rodillas y agarró como pudo su brazo roto.

Hinata se dio la vuelta y pacíficamente se apoyó sobre la barandilla del barco de nuevo, ignorándolos una vez más. Sin embargo, aquello no traería nada bueno. Otro hombre la agarró por el hombro y le dio la vuelta toscamente. Su pequeña figura cayó hacia los brazos de otro marinero, que la acercó peligrosamente a él mientras reía.

Aquello era extremado e inesperadamente divertido. El Uchiha fue hasta uno de los postes de madera y se cruzó de brazos. Vio cómo el hombre que tenía abrazada a la heredera chillaba de dolor y caía al suelo, arrastrándose fuera del área sobre sus manos y pies.

Ella se agachó cuando alguien intentó golpearla en el rostro, y le pegó dio un puñetazo en su abdomen. Unos pocos intentaron atacarla, y el mismo sonido sordo de cuerpos cayendo al suelo de madera se oyó. El resto comenzó a apartarse lentamente, retornando a sus deberes. El hombre con la mano rota cargó a su hombro al marinero que había golpeado en el estómago. Estaba claro que las cosas no habían ido como esperaban.

—¿Te has divertido?

Hinata miró al portador del Sharingan tan pronto se aproximó a ella.

—Sí. —Contestó.

—Bien.

Se acarició los brazos, sus nudillos parecían magullados. Parecía que se había roto la muñeca anteriormente. Ella sabía de técnicas de curación, y ese hueso parecía no haber sanado apropiadamente. Acarició su mano herida con suavidad. Todavía con su vista fija en el agua, su expresión era fría. Era una luchadora fantástica, pero sin chakra las cosas eran más difíciles.

De todas formas, Sasuke no había esperado que ella pudiera manejar aquella situación con tanta facilidad. La había subestimado.

Mirándola por el rabillo del ojo, notó la profunda cicatriz que tenía en su mejilla izquierda, la misma que había hecho él con su espada Kusanagi. La habían curado bien, pero se notaba debajo de la luz del sol. Se maldijo mentalmente. No tenía por qué haber arruinado aquellos rasgos perfectos.

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Pasaron la noche en aquella horrible y pequeña cabina. La Hyūga se negó totalmente a echarse en aquel suelo lleno de suciedad, donde se había sentado Sasuke espalda contra la pared. Aquel lugar era tan pequeño que no podía estirar las piernas, pues chocaban contra la otra pared.

No hablaron de lo que había pasado arriba. Aquel barco no iba bien con sus nervios. El constante movimiento hacía que Sasuke se sintiera enfermo. Jugaba demasiado con su cabeza y le provocaba nauseas. Tomó una nota mental de no volver a viajar en ese medio de transporte e intentó dormir.

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El Uchiha se despertó repentinamente en tanto el barco se detuvo. El ancla había caído, habían llegado a su destino. Se volvió en su sitio sólo para comprobar cómo la chica seguía dormida. La mayor parte de su cabello le cubría el rostro, y su cabeza descansaba sobre su hombro. La miró con interés, envuelto por su presencia. Olía a lilas. ¿Cómo era posible no haberlo notado antes?

Alguien llamó a la puerta y gritó algo. Seguramente era el anuncio de que tenían que abandonar el barco. Ahora alerta, Hinata saltó, dándose cuenta de dónde su cabeza había estado segundos antes. Se volvió para mirar a Sasuke. Sus labios estaban abiertos, y su rostro sonrojado.

—L-lo siento.

—¿No te he dicho que dejes de disculparte? Ahora levántate, hemos llegado.

Ambos se levantaron y estiraron las extremidades anteriormente entumecidas. Dejaron la habitación y se encaminaron al pueblo, que estaba solo unas pocas calles del muelle.

Todavía estaba oscuro. Dejaron el barco y de repente fueron detenidos por un grupo de hombres con extraños uniformes. «Los guardias de la cuidad». Sasuke bajó la cabeza. ¿Ya estaban buscándolos? ¿O sólo querían ver sus documentos? De cualquier modo, estaban en problemas. La Hyūga pareció comprender lo que estaba sucediendo. Se volvió hacia el Uchiha.

—Corre. Los distraeré con un genjutsu. —Susurró. Al ver que ella no se movía, él insistió—. ¡Vete! Sólo quédate cerca, te encontraré.

Un hombre alto y robusto con un extraño sombrero se puso ante ellos, bloqueando su camino. Hinata seguía congelada, viendo cómo los ojos negros se tornaban rojos. Sasuke no parpadeaba mirando directamente a los guardias de ojos marrones. Puso su mano sobre su hombro, empujándola ligeramente.

La chica cogió aire profundamente y se adentró entre la multitud. Caminaba rápido sin correr para evitar llamar la atención.

En aquel punto se dio cuenta de que la ciudad estaba abarrotada de gente. Habían demasiadas personas a su alrededor. Tantas, que no podía ver hacia dónde estaba yendo. Además, el ir con la cabeza gacha no estaba ayudándola.

Cuando la heredera pudo finalmente apartarse de la multitud, se encontró a sí misma en una pequeña calle rodeada de altos edificios. ¿Dónde estaba? Ya no podía sentir el olor del mar. Cerró sus ojos, sin chakra no tenía oportunidad de encontrar al Uchiha.

No debería haberlo abandonado. ¿Qué pasaría si fueran inmunes a su genjutsu? ¿Y si estaba en peligro? Tenía que encontrarlo. Dándose la vuelta, volvió a adentrarse entre la multitud.

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Sasuke miró hacia el cielo quitándose la sangre de sus ojos. La técnica ocular había surtido efecto. Se las había arreglado para persuadir a los guardias de que era un ciudadano y que todos sus documentos falsos estaban en regla.

Pero la había perdido. Sin su chakra, Hyūga Hinata era imposible de ser rastreada. Volvió a mirar al cielo, estaba amaneciendo y las estrellas desaparecían del cielo nocturno poco a poco. Aquello era malo. Muy malo.

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Fin Capitulo Doce

Notas: Actualización correspondiente al mes de mayo.

Link historia original: www . fanfiction s / 8914719 / 1 / The-Madness-of-an-Enchanting-Obsession

Naoko Ichigo