Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a AnnaDax y fue beteada por Jeffy Iha.

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Cuando volvió a la habitación, Sasuke ya se había quedado dormido. La gran cama estaba en medio y además una mesa de café y dos sillas decoraban el lugar. La chica miró al hombre y se dirigió al baño. Era espacioso y estaba limpio, y no pudo evitar mirarse a sí misma en el espejo. Su cabello estaba revuelto; su piel, extraordinariamente pálida; y tenía profundas ojeras. Se veía horrible. Con un suspiro, se dio prisa en vestirse y se envolvió el cabello con la toalla para secarlo. Caminó de nuevo hacia la habitación y volvió a mirar al hombre.

El último Uchiha se había tirado en la cama solo con unos pantalones y una camiseta. Su muñequera y la espada Kusanagi descansaban al lado de la cama, justo bajo él. Se había tirado de estómago, y su cabello ocultaba parcialmente su rostro. Parecía exhausto. El portador del Sharingan era un shinobi fuerte, seguramente uno de los más fuertes que había visto, pero también tenía sus límites. Era un humano después de todo, no importaba si él lo quisiera o no.

Hinata caminó hasta el otro lado de la cama y se sentó suavemente, intentando no despertarlo. Secó su cabello lo mejor que pudo y se tumbó, mirando la habitación. La lluvia afuera repiqueteaba, y eso la hacía sentir somnolienta, pero pensó que sería mejor permanecer en guardia. Sasuke merecía un descanso, y de todos modos ella no tenía sueño. Hinata disfrutaba de la leve oscuridad y escuchar todos los sonidos a su alrededor, eventualmente notó la respiración errática que provenía del otro lado de la cama. Escuchó más atenta, volviéndose finalmente para examinar al hombre de cabello oscuro.

¿Respiraba así por la posición en la que dormía o estaba herido? Curiosa, activó su Byakugan. Su chakra era fuerte, pero su flujo era inestable y particularmente lento en algunas zonas, la mayoría debajo ciertas cicatrices, obviamente por los ataques de Naruto. Habían pasado tres años y no se había curado completamente. Aquello seguramente explicaba por qué pudo inmovilizar su brazo en primer lugar. Sin embargo, con su kekkei genkai podía curarlo.

—¿Mirándome de nuevo mientras duermo?

Su voz la alertó, incluso si solo había sido un murmullo. Tragó, pero decidió intentar parecer calmada.

—Estás herido.

—No.

—Deberías dejarme curarte.

Lo vio darse la vuelta lentamente, levantarse sobre sus codos, y mirarla. Su cabello caía a ambos lados de su rostro, y los ojos rojos relucían en aquella oscuridad. La miró durante un tiempo y al final se sentó en la cama, dándole la espalda.

—Duerme. Yo haré la primera guardia.

—Sasuke.

Sorprendido, giró su rostro hacia ella y la miró por el rabillo del ojo. No podía recordar si se había dirigido a él por su nombre antes.

—Déjame sanarte.

—He vivido con estas heridas durante años. ¿Qué te hace pensar que puedes curarme, cuando ni siquiera eres un ninja médico?

—Mi chakra puede hacer mucho más que solo sanar.

Su Sharingan roto mientras la analizaba.

—¿Por qué crees que me fiaría de ti lo suficiente como para dejarte usar tus técnicas sobre mí?

—Yo no soy como tú. Cuando digo que voy a curarte, es porque voy a hacerlo.

—¿Por qué?

—Tus viejas heridas están...

—¿Por qué querrías curarme?

La joven levantó las cejas, confusa.

—Porque sé que te duele.

Se dio la vuelta para mirarla completamente, enfadado.

—No pareces entenderlo. Te he raptado. No entiendo por qué querrías hacer algo como eso por mí.

Hinata parpadeó.

—Como te he dicho, no soy como tú. Me gusta ayudar, incluso si no se lo merecen en ocasiones.

La miró un poco más, pensando. Finalmente, suspiró, dándose la vuelta de nuevo, sin mirarla.

—Empieza aquí —señaló su nuca, justo al lado del hombro. Hinata sonrió tenuemente y, con un suspiro, se levantó y caminó hasta él. Se sentó justo tras él y frotó sus palmas, preparándose. La joven ajustó el medallón en su cuello, ocultándolo bajo la camiseta. Activó su Byakugan de nuevo para tocar su espalda, cuando él siseó.

Vio a Sasuke saltar y mirarla en una postura defensiva. Su palma estaba ligeramente cubierta por chakra azul, las venas en sus ojos estaban extrañamente visibles, pero no se le veía mal. Sin embargo, aquella cicatriz en su mejilla lucía horrible.

—¿Qué te pasa? —Hinata, confusa, lo miraba hacer un chidori mientras intentaba calmarse.

—No te creo.

La heredera abrió los ojos con sorpresa, separando los labios unos milímetros.

—No voy a hacerte daño.

—No te creo —repitió.

La joven liberó el chakra de sus manos y desactivó su kekkei genkai. Miró las sábanas con una pequeña sonrisa.

—Creo que te entiendo. De todas formas, solo quería ayudarte.

La observó, sin moverse. Se sorprendió de ver aquel gesto en ella, entre resignada y triste. Respiró profundamente, sintiendo el dolor atravesar sus pulmones. Exhaló, frotándose el rostro y volviendo a mirarla.

—De acuerdo. Pero quiero saber exactamente lo que estás haciendo —dio un paso adelante y se sentó de nuevo en la cama, justo delante de ella. Con un movimiento rudo, se quitó la camisa y la tiró al suelo, donde estaba el resto de sus ropas. Notó su disconformidad con aquello, pero la vio activar su Byakugan y se acomodaba cerca suyo, sentada sobre sus rodillas.

—¿Sólo haces esto para molestarme?

—¿Hacer qué?

—Bueno —suspiró—. No era necesario que te quitaras la camiseta.

Sonrió, contento que ella no pudiera verlo.

—Realmente no —mintió—. Sólo quiero sentir cada uno de tus movimientos.

Hinata se sonrojó, y agradeció que él no pudiera verla.

—De acuerdo. ¿Te duele justo bajo esta cicatriz?

—Mm —respondió. El Uchiha puso sus codos sobre sus rodillas, bajando la cabeza hasta que su barbilla tocó su pecho.

—Tu flujo de chakra está algo interrumpido e inestable bajo la cicatriz del Rasengan. Puedo intentar volverlo a la normalidad, pero te dolerá un poco.

—¿No habías dicho que no me ibas a hacer daño?

La chica se sintió mal.

—Sí, pero...

—No me importa. Solo te estoy molestando —escuchó como ella suspiraba y no pudo evitar sonreír de nuevo.

—Empezaré ahora. Dime si quieres que me detenga.

La Hyūga juntó más chakra en su palma y lo redirigió a las puntas de sus dedos. Inhaló y exhaló, intentando recordar todo que su padre le había enseñado en mitad de la Cuarta Guerra Shinobi. La chica apretó ligeramente las yemas de sus dedos en la columna vertebral de Sasuke, justo donde acababa la nuca. Su piel estaba fría, lo que era extraño teniendo en cuenta que habían estado en el agua caliente. ¿Sería posible que fuese así por el tiempo en que había estado con Orochimaru el manipulador de serpientes? La heredera tomó otra profunda bocanada de aire e impulsó su chakra a través de sus dedos, directamente a la zona dañada. Intrigada por la reacción del hombre, miró el punto, notando que poco a poco iba circulando el chakra. Tenía que hacerlo de nuevo.

Repitió las pequeñas dosis de chakra, miró al Uchiha de cerca, intentando no infringir mucho dolor. La razón por la que esta especial técnica de sanación y restauración era apenas utilizada por los Hyūga porque era horriblemente dolorosa. Repitió el procedimiento unas cuantas veces antes de decidir que había acabado, colocando la palma sobre la piel.

Miró de nuevo la cicatriz que le había hecho Naruto en la espalda, y saltó cuando Sasuke siseó de dolor. Sin embargo, no se movió.

—¿Quieres que me detenga?

—No seas ridícula.

La Hyūga rodó los ojos e impulsó de nuevo su chakra hacia ese punto. En esta ocasión, el hombre gruñó y movió ligeramente su hombro.

—Po-podemos parar un momento —explicó, sintiendo sus mejillas arder. Había algo en su voz que la hacía sentir incómoda, pero haber escuchado su gruñido había sido... intrigante.

—¿Estás cansada?

—No.

—Entonces continúa.

Se mordió el labio inferior y miró su espalda, roja donde había recibido los golpes de chakra. Sin embargo, el movimiento de su propio flujo de chakra era increíble. No podía parar ahora. Repitió la técnica una y otra vez, hasta que no pudo ver ni un punto en su espalda que estuviera interrumpido. La chica suspiró, quitándose el sudor de la frente con el dorso de su mano. Sonrió, orgullosa de su trabajo.

Sasuke sintió que se apartaba de él y comprobó que ya había acabado. Giró la cabeza, moviendo al mismo tiempo sus hombros. No sintió dolor. Sorprendido, pasó uno de sus brazos por detrás de su cabeza, no le molestaba. No sintió dolor alguno en los puntos que lo habían molestado los últimos tres años. Arqueó su espalda un poco y respiró profundamente, encontrando que podía moverse con total libertad. Dándose la vuelta, centró sus ojos en los de color blanco, estudiándolos.

Como era de esperar, la joven apartó la vista, pero él le cogió la barbilla.

—Estoy honestamente sorprendido. No tenía ni idea que tu clan tenía este tipo de técnicas.

Mirando al suelo, la joven se puso un mechón de cabello tras la oreja.

—Mi padre me lo enseñó durante la guerra.

—Aha.

—¿Te sientes mejor? —Sus ojos pálidos volvieron a cruzarse con los negros.

—Perfectamente. Has hecho un buen trabajo —esperaba que se sonrojara o intentara soltar su agarre, pero de repente, la joven centró los ojos a la derecha, mirando en la distancia con el Byakugan activado. Siguió su mirada, activando su propio kekkei genkai. Había alguien que se dirigía hacia ellos. Antes de que él pudiera confirmarlo, la joven saltó a su lado.

—Creo que tenemos que correr.

—Sígueme —contestó, vistiéndose y ajustando la espada Kusanagi en su espalda—. Vamos.

Hinata miró la cama, triste por no haber podido descansar todo lo que necesitaba. Sin embargo, lo siguió rápidamente. Por fortuna, la lluvia había amainado. Corrieron afuera, y la joven miró hacia atrás, contando a los cinco hombres que atravesaban la puerta de la casa y le gritaban al hombre que dónde los había escondido.

—Parece que son cinco —le reportó, intentando sonar tranquila.

—Podrían ser los que me asaltaron en la ciudad o guardias. De cualquier modo, luchar contra ellos sólo nos retrasará, tenemos que perderlos de vista.

—¿Tu halcón?

—Nos han seguido a través de la lluvia y del aire. No creo que sea de gran ayuda que lo invoque ahora —Sasuke caminó por un camino estrecho del bosque, encaminándose hacia la montaña. En un punto, se detuvo y cogió el mapa de su bolsa, abriéndolo y absorbiendo la información con su Sharingan—. Por aquí, —giró a la izquierda.

La chica lo siguió de cerca, volviéndose cada cierto tiempo para mirar sobre su hombro. Los hombres los estaban siguiendo.

—Se están acercando —le dijo.

—Lo sé. Ese es el plan.

Preocupada, continuó caminando tras él, hasta que llegaron a un callejón sin salida. Miró cómo él tomaba aire profundamente, colocando el mapa en su espalda, realizó una serie de sellos con sus manos. Con un golpe, la piedra ante ellos se deshizo, revelando una pequeña grieta por la que podían pasar.

—¿Qué es esto?

—Una cueva, vamos.

—¿Cómo sabías sobre esto? ¿Y cómo has podido abrirla...?

—Eso no importa, vamos —el Uchiha la cogió de la muñeca, arrastrándola tras él.

—¿No deberíamos cerrarla?

—No —respondió cuando ellos pasaron la entrada y se encaminaban hacia la oscuridad—. Deja que nos sigan, van a perderse.

—¿Y nosotros no?

—Tengo el Sharingan. No voy perderme.

Hinata miró hacia delante con su propia habilidad ocular, pero por mucho que mirara, sólo veía rocas. En aquel punto se sintió frustrada y mareada. Sasuke la sostenía del brazo, guiándola. Sus pasos se escuchaban en la extraña cueva.

—No te molestes —habló, volviendo a girar hacia la derecha—. Tus ojos no son de ayuda aquí.

De repente, ambos se detuvieron, chocando con una zona sin salida. De todas formas, no parecía importarle a Sasuke, quien simplemente se dio la vuelta y volvió a correr. Estaba intentando confundirlos.

Hinata se tropezó y el agarre que tenía él sobre su muñeca se rompió. La joven miró a la completa oscuridad, palmeando a su alrededor, intentando encontrarlo. Por un momento, asustada, pensó que lo había perdido. Lo único que podía escuchar era cinco pares de pasos en la distancia. Saltó, al escuchar la tenue risa del Uchiha.

—Ah, eres tan bonita cuando tienes miedo.

Le cogió la mano de nuevo y le revolvió el cabello, para luego cepillarlo con sus dedos. Hinata estaba completamente roja, e intentó no tropezar de nuevo. Los pasos tras ellos se estaban haciendo más sonoros.

—Nos están ganando terreno —susurró, asustada.

—Lo sé —y de repente, Sasuke parecía totalmente calmado. Tenía un plan, así que Hinata decidió no interferir y simplemente seguirlo.

En ese momento, la agarró de la cintura y la giró a la izquierda, apretándola contra una pared de piedra. Estaban en una pequeña abertura en la cueva, entre las rocas. Antes de que ella pudiera darse cuenta de lo que pasaba, el Uchiha la apretó contra él para que no pudiera moverse. Podía sentir su respiración chocar contra su nariz.

—Sasu-

Puso dos dedos sobre sus labios, mirándola con los ojos rojos. La heredera escuchaba los pasos a la vuelta de la esquina. Contuvo la respiración, mirando cómo Sasuke lentamente volvía la cabeza hacia donde procedía el sonido.

Escuchó cómo los hombres hablaban entre ellos. Uno pasó justo al lado la grieta donde se escondían, pero pareció que no se dio cuenta de nada. Las voces continuaron, pero se distanciaban más y más. Finalmente, los ojos rojos se volvieron hacia ella, y el Uchiha quitó sus dedos de sus suaves labios. Lo miró preocupada y con dudas, pero fue interrumpida.

Con ferocidad, Uchiha Sasuke bajó y presionó sus labios contra los de ella, apoyándola contra la roca que tenía a su espalda con rudeza. Por un momento, la joven se congeló, completamente sorprendida. El hombre profundizó el beso y parecía disfrutar más cuando ella intentó apartarlo. Había apoyado su mano contra su pecho, pero la tenía bien agarrada como para que pudiera apartarlo. Tenía una de sus manos en su cintura, la otra en su nuca, y la atrajo hacia él mientras succionaba su labio inferior.

Era un bastardo. Ambos podían escuchar las voces de sus perseguidores, recorriendo la cueva. Aquello significaba que, si Hinata usaba su chakra contra él, podría llamar la atención. Si le gritaba, lo abofeteaba o hacía cualquier ruido, podría revelar su posición. Aquello no la ayudaba, mucho menos sus intentos por escapar de su agarre. El portador del Sharingan era mucho más fuerte que ella, además parecía disfrutar de ese forcejeo.

Respirando profundamente, la heredera lo intentó apartar con la otra mano, pero aquello solo le hizo sentir su fuerte pecho. Sus músculos eran... jadeo cuando le mordió ligeramente el labio inferior. Sasuke no titubeaba. Tan pronto como ella separó los labios, los lamió y profundizó el beso todavía más, acariciando su lengua. Abriendo los ojos con pánico, la joven se concentró, parecía que sus perseguidores estaban lejos. Ahora podía golpearlo de forma segura.

Sin embargo, no pudo. El Uchiha dirigió la mano de la Hyūga hasta su cintura, para volver lentamente a envolver la cintura de la joven. La atrajo de nuevo y la apretó contra él. Su mirada roja era hipnotizante, sus labios hacían que la cabeza de Hinata diera vueltas. La heredera cerró los ojos y se dejó llevar por su toque. El Uchiha rozó su rostro, acomodándose para que ella tuviera mejor acceso.

Sasuke no podía dejar de mirar su sonrojado rostro, su hipnotizante expresión. Había jugado con sus nervios, nublándola con sus besos, absorbiendo su magnífica esencia. Su cuerpo era cálido y agradable, su cintura era extremadamente estrecha. Y sus deliciosos pechos, apretados contra su pecho, hacían que perdiera la cabeza. Le tomó algo de tiempo darse cuenta de que necesitaba alejarse de ella. La joven estaba siguiendo sus movimientos, sintiendo su cuerpo. Su toque le provocaba escalofríos incluso llevando la ropa puesta. Sin embargo, parecía que su plan había funcionado, los que iban tras ellos estarían perdidos en aquel laberinto de piedra. Podían salir.

Utilizando toda la fuerza de voluntad que tenía, la apartó y la vio respirar otra vez, abrió los ojos, tenía las mejillas sonrojadas. Sus ojos parecían nebulosos, y sus labios estaban entreabiertos. El Uchiha quería sentirla de nuevo, pero tenían que irse. Miró a otro lado, intentando centrarse. Al final, la chica dio un paso atrás y lo apartó de un empujón, con sus ojos blancos totalmente abiertos, y llenos de fiereza.

—Lo sé, soy un bastardo —dijo, sonriendo—, vamos.

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Fin Capitulo Quince

Notas: ¡Hola! ¿cómo han estado? ¿alguien me extraño? Yo si los extrañe. Solo para aclarar, estuve con dificultades técnicas y por eso tarde en actualizar la historia, me quedé sin beta y tuve que buscar a alguien más.

Jeffy Iha, cariño me salvaste la vida y el fic, así que muchas gracias por ayudarme, mil besos para ti.

Ya estoy trabajando en el próximo capítulo, y tratare de tenerlo pronto.

Guest hinata uchiha: Muchas gracias por ser paciente conmigo y con mis actualizaciones esporádicas, créeme que a mí me encantaría poder actualizar con mayor frecuencia, pero el tiempo me es escaso en época universitaria, aun así, gracias por leer. Y te prometo que vas a leer el final de esta historia.

Guest Lina: Gracias, y yo espero que el capítulo te haya gustado.

Guest AlexX: ¡Oh wow! Muchas gracias, realmente tu review me hizo el día. Me alera mucho que te gustara la historia, y espero que, a pesar de mi tardanza sigas leyendo. Saludos.

Link historia original: www . fanfiction s / 8914719 / 1 / The-Madness-of-an-Enchanting-Obsession

Naoko Ichigo