Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco es mía, es de AnnaDax y fue beteada por Jeffy Iha.
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Dejó que el agua lo engullera, disfrutando del calor que traía a su piel fría. Sin embargo, Sasuke deseaba que estas fueran las aguas de un río helado para poder aclarar su mente y refrescar sus sentidos.
El hombre respiró hondo al resurgir sobre el agua. Tenía el cabello pegado al rostro y tuvo que apartarlo de sus ojos para ver hacia la cama, que todavía era visible a través de las grandes ventanas. «Se está haciendo demasiado largo, tendré que cortarlo de nuevo», pensó, mirando su flequillo. De repente, su mente se desvió hacia otro largo y oscuro cabello, y sacudió la cabeza, miró con enfado a la aparentemente dormida Hyūga. ¿Qué le estaba pasando a él?
Con un suspiro, se frotó los ojos y miró el cielo nocturno. Esta habitación no tenía techo y el brillo de las estrellas se podía ver fácilmente en estas tierras montañosas. Esta tierra era interesante, extraña, pero muy parecida a su hogar. La idea de Konoha le hizo apretar la mandíbula. Miró la pila de ropa que había dejado al borde de las aguas y extendió la mano, agarrando el medallón y colocando la cadena alrededor de su cuello. Una repentina frialdad lo envolvió y apretó la piedra negra contra su palma. Se sumergió en el agua, pero no importaba cuánto tiempo pasara, la joya permanecía tan fría como el hielo.
Sacando su brazo, el Uchiha comenzó a investigar el medallón mágico. Parecía simple, como una piedra de ónix normal, pero cada vez que lo llevaba en su pecho, podía sentir el inmenso poder encerrado en su interior. Había logrado poner sus manos en esto por pura estupidez, pero resultó ser un gran descubrimiento.
«El mejor después de Hinata».
Sus ojos oscuros se posaron en la habitación y observó cuidadosamente mientras la heredera movía los hombros, respirando tranquilamente, envuelta en un sueño silencioso. Ella estaba acostada de lado, de espaldas a él. Una leve sonrisa apareció en sus labios, pero rápidamente la borro. La presencia de la muchacha volvía las cosas mucho más interesantes. Y, aun así, Sasuke no podía negarlo. La piedra había aparecido en sus manos a causa de ella. No le gustaba la manera en que ella se oponía a cada una de sus acciones, pero en realidad lo había ayudado a lograr la mayor parte de todo esto. Incluso le había dado la piedra negra de buena gana después de que le robaran sus poderes, sin siquiera pensarlo. No importaba que él hubiera jugado con ella, burlándose de tener su chakra en el bolsillo.
Esta chica era muy interesante. Al principio pensaba que era ingenua, tonta e infantil. Había creído que siendo la mimada heredera Hyūga la había imposibilitado para pensar racionalmente. Pero ella había demostrado que estaba equivocado. Sí, era tímida, inexperta y fácil de asustar, sin embargo, era inteligente en batalla, fuerte y perspicaz. El Uchiha miró las estrellas nuevamente, recordando a todas las mujeres que había conocido. Ninguna de ellas había tenido tales cualidades. Había logrado encontrar una mina de oro en ella.
«Y pensar que casi la mato...»
Negando, trató de aclarar su mente. ¿Qué le estaba pasando? De buena gana había saltado en este líquido hirviente para poder pensar en una estrategia para atacar a Konoha, y encontrar una forma de usar la Piedra del Alma. No obstante, su mente se desviaba hacia esa chica una y otra vez. Suspirando, miró la joya, luego cerró los ojos y se sentó con la espalda recta en el agua. Era mucho más alto que la Hyūga y el agua lo cubría solo de la cintura hacia abajo. Así que, aunque se sentara en el fondo, el agua solo le cubriría hasta la barbilla. Con las piernas cruzadas debajo de él, respiró hondo y exhaló, listo para meditar.
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El rubio se estrelló contra el suelo, feliz de que saliera el sol. Las frías noches de en el País de la Tierra estaban acabando con él. Sin embargo, no se detendría, no importa qué. Esto fue su culpa. Naruto intentó apartarse del polvoriento suelo, pero estaba demasiado débil y solo hundió su rostro más profundo en la tierra. Enojado, cerró los ojos.
¿Terminaste ya con la autocompasión?
—Cállate ya.
No has descansado por días. Necesitas agua.
—Necesito encontrarla.
Morir no ayudará a tu búsqueda.
Kurama vio como los ojos azules frente a él se alejaban. Por primera vez después de muchos años, de la guerra, de peleas y dolor, vio al Uzumaki como si ya no tuviera vida.
—¿Qué pasa si ella está muerta?
El gigantesco zorro parpadeó. No lo está.
—Entonces, ¿dónde está ella?
Aparentemente, en algún lugar que no hemos buscado. Ahora levántate, te daré de mi chakra. Encontrémosla ya.
Su modo Kyuubi brillaba en la oscuridad de la mañana, Uzumaki Naruto logró ponerse de pie, corriendo en la distancia. Tenían que estar en algún lugar cerca. Tenían que...
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Tomando otro aliento, el Uchiha se puso de pie, enviando agua a todas partes. Sus ojos rojos brillaron en la oscuridad mientras buscaba a su atacante. Pero nadie lo había tocado, todo había sucedido en su mente.
Una figura negra había aparecido en sus pensamientos y lo había arrastrado a un lugar profundo, del que estuvo seguro de que nunca volvería. La figura le había hablado, explicando el significado del poder, del odio, del dolor, con una voz muy extraña, pero fácilmente comprensible. Esta cosa sabía todo sobre él, incluidas sus ambiciones de destruir la Aldea de la Hoja. Y con mucho gusto le daría una mano, siempre que le diera algo a cambio.
El hombre negó con la cabeza, tratando de descubrir cuánto tiempo había estado bajo esa hipnosis. El gran sanador le había dicho que un dios había entregado su espíritu a esas piedras. Pero este no era un dios, era un demonio. Y, sin embargo, él estaba bien con eso. No le importaba con tal de alcanzar sus objetivos. Él ya se había hundido demasiado en la oscuridad de todos modos. Hace siglos.
De repente, Sasuke se sintió incómodo. El calor del agua comenzaba a picarle, como si tocara una herida abierta. Estaba mareado, pero trató de aclarar su visión antes de que terminara ahogándose por accidente. Este espíritu le había mostrado muchas cosas, le había permitido tocar los poderes reales de la piedra negra. Pero esto le había costado demasiado de su resistencia. ¿Y por qué le dolía tanto la parte inferior del abdomen?
Arrastrándose fuera del agua, dejó que la gran toalla secara la humedad de su piel. Sasuke quería salir y tomar un poco de aire fresco. Se las arregló para ponerse los pantalones y la camisa, y fue entonces cuando se dio cuenta de que, de hecho, tenía una herida abierta en el estómago. La miró con confusión, tratando de entender cómo se la había hecho. Entonces recordó.
El espíritu había tratado de llevárselo. Habían luchado, uno por el poder, el otro por su vida. Y el Uchiha había prevalecido, de alguna manera alejando al espíritu. Él era ahora su maestro. Lástima que está herida doliera tanto. Presionó la toalla contra su estómago, siseando por el dolor. De alguna manera, la batalla espiritual había afectado su cuerpo físico, pero no le importaba. Él había ganado la pelea. Y, sin embargo, al tratar de entrar al dormitorio, notó que apenas podía caminar por alguna razón. Su Sharingan todavía estaba activo cuando se estrelló contra la cama. Apenas logró volverse de espaldas, mirando al techo, tratando de detener el sangrado. De repente sintió demasiado frío, no podía moverse ni hacer nada. Cerró los ojos, tratando de evitar que su cuerpo temblara.
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Hinata estaba molesta. Ella estaba enojada. Sobre todo, consigo misma. ¿Cómo podía dejar que alguien la tocara así? ¿Cómo podía permitirse tocar a alguien así?
Las horas habían pasado desde que el hombre había entrado en las aguas termales, pero ella no había logrado descansar en absoluto. Todo lo que podía pensar era en él. Mordiéndose el labio inferior, miró fijamente la pared ante ella y suspiró, deseando poder regresar a Konoha. Extrañaba su pacífica, aburrida y horrible vida. De repente, justo antes de alejarse, escuchó que la puerta de la terraza se abría y se congelaba, tratando de comprender lo que estaba sucediendo. Podía oír a Sasuke acercarse a la cama, su respiración agitada. ¿Estaba él... bien?
Su pregunta silenciosa fue respondida cuando su cuerpo golpeó la cama. Ella se levantó de un salto, sin saber lo que le pasaba a él por su mente, pero se sorprendió al descubrir que apenas notó que estaba allí. Sus manos fuertes agarraban firmemente la toalla mojada, con manchas frescas de sangre. La heredera, no pudo evitar quedarse sin aliento al ver el corte, profundo y largo en su abdomen inferior. Y además de todo esto, parecía tener fiebre. Todo su cuerpo estaba temblando y no pudo evitar mirarlo con pánico.
Sin siquiera pensarlo, la Hyūga se levantó de un salto, apartando los temblorosos dedos del Uchiha de su estómago. Activando su Byakugan, presionó sus palmas sobre la herida, examinando qué tan profunda era. Había afectado muchos vasos sanguíneos, pero ningún órgano. ¿Por qué estaba apenas consciente y temblando? El agua caliente probablemente le hizo perder más sangre.
Alguien lo había atacado.
Saltó de la cama, aterrizando rápidamente sobre sus pies. Salió corriendo con su kekkei genkai inspeccionando cada centímetro de su entorno. Revisó el charco de agua, revisó los árboles y las rocas, miró hacia delante, pero no pudo ver nada más que a personas dormidas. Un sonido desde atrás llamó su atención y se volvió, mirando a la habitación. No pudo evitar maldecir, corriendo hacia adentro, saltando sobre la cama al lado del Uchiha. Algo había sucedido y ella no lo había notado...
Sasuke gimió de dolor, con los ojos apretados. Hinata puso sus palmas sobre su estómago, tratando de detener el sangrado, pero unos dedos temblorosos la apartaron. Lo intentó de nuevo y finalmente ganó la batalla, simplemente porque el portador del Sharingan cayó completamente inconsciente. El pánico estaba abrumándola, pero tenía que ser racional. Sus manos brillaron con chakra curativo, presionó ligeramente, viendo como su rostro reaccionaba ante el dolor. Muy pronto, el sangrado se detuvo, pero la herida permaneció completamente abierta.
«¡Esta es una herida de chakra!» Ella jadeó, pero se apresuró a encontrar las vendas que tenía en su bolso de emergencia el cual generalmente colgaba en un lado de su muslo. La heredera le levantó la camisa y limpió la sangre para poder ver mejor la herida. Los vasos sanguíneos se curaron, pero la herida podría empeorar en cualquier momento. Agarró los vendajes con fuerza, envolviéndolos a su alrededor fue más difícil de lo que ella pensó. Sin embargo, logró apretar sus manos debajo de su cintura y envolverlo lo mejor que pudo. Al terminar la tarea, se detuvo y lo miró. Él había perdido demasiada sangre, pero también había algo más.
Levantó la palma de su mano e intentó tocar su frente. Sus ojos se abrieron repentinamente, con el color carmesí del Sharingan envolviéndolos. Pero ella estaba preparada. Y él estaba demasiado débil de todos modos. El hombre intentó detener sus manos, pero el dolor era demasiado y solo gimió, cayendo sobre su espalda otra vez.
—Ita...
Sus ojos blancos se dispararon a su rostro, tratando de entender el susurro. ¿Estaba tratando de decirle que estaba sufriendo?
—I... tachi... —Apenas podía susurrar, pero claramente sabía lo que estaba pasando. Él estaba delirando. La fiebre que tenía pronto lo dañaría demasiado, tenía que hacer algo.
Hinata se puso de pie, respirando profundamente, tratando de no hiperventilar. Ella corrió al baño, poniendo el agua fría en el fregadero, dejándolo que enfriara lo más posible. Empapó una toalla de mano y corrió hacia el hombre, colocando la toalla en su frente. Una capa de sudor frío cubría su piel. La heredera tenía que enfriarlo antes de que empeorara.
Tomó otra respiración profunda y exhaló, cerrando los ojos. ¿Y si ella lo dejaba morir? Podría encontrar el camino de regreso a casa de alguna manera. Pero ella no podía. Tenía que salvarlo, sin importar qué tan incómodo la hiciera sentir. Abrió los ojos, desactivando su Byakugan. Tomando un kunai en su mano, cuidadosamente rasgó su camisa e intentó quitársela. Sasuke era pesado, y los temblores que sacudían su cuerpo no la ayudaban, pero al final se las arregló para tirar los restos de la tela hecha jirones en el suelo. Este no era el momento para sonrojarse. Con las mismas manos firmes, logró quitarle los pantalones, agradeciendo a los dioses que tenía puesta la ropa interior.
La niña suspiró y lo miró, sin saber qué hacer a continuación. Se mordió el labio inferior, enojada porque no haber tenido un mejor entrenamiento médico. Lentamente, extendió su brazo, tocando la piel de su pecho. Él estaba ardiendo. Hinata corrió al baño de nuevo, empapó otra toalla en el agua terriblemente fría con la que había llenado el fregadero y la llevó de vuelta al dormitorio, colocándola sobre su cuerpo. Lo observó por un momento, sin ver ninguna mejora. En solo minutos, la toalla con la que lo había cubierto se había calentado debido a su temperatura. Se apresuró a enfriarla en el agua otra vez y la puso en su torso una vez más.
La Hyūga lo miró, tratando de recordar si alguna vez lo había visto mostrar tantas emociones. El Uchiha era conocido por tener una expresión fría, rara vez permitía que sus perfectos rasgos se vieran perturbados por nada. No obstante, el inmenso dolor que mostraba, también la estaba lastimando a ella. Tenía que ayudarlo de alguna manera. Movió el cabello que se le estaba pegado al rostro y ahuecó su mejilla con su palma. Su temblor empeoraba y podía ver sangre en el vendaje mojado en su abdomen. ¿Qué le estaba pasando? ¿Y por qué sucedió esto?
De repente, algo llamó su atención. Debajo de la toalla, podía ver un ligero golpe, justo en el centro de su pecho. Movió la tela mojada y miró la piedra negra. Al tocarla, quedó fascinada al descubrir cuán fría era. Entonces lo entendió... él había meditado. Él había hecho algo para obtener acceso a los poderes en la piedra, y esto había causado su situación actual. Sintiendo la repentina necesidad de abofetearlo, se apresuró y tomó la cadena de su cuello. Sin embargo, al quitarle la joya helada, de repente le quemó la palma de la mano. Con un siseo, la arrojó al suelo. La sangre manchó su palma, pero ella lo ignoró, manteniendo sus ojos en Sasuke. Su temblor no era tan intenso ahora. Esa piedra había drenado su fuerza, matándolo lenta y dolorosamente.
La heredera maldijo su estupidez y tocó su rostro otra vez, sintiendo el calor. Definitivamente estaba mejorando. Continuó cambiando la toalla de su frente y la que estaba sobre su pecho. Estaba cansada, principalmente por la imprudencia que él cometió, pero logró mantener los ojos abiertos. Lo que lo había atacado, vivía en esa piedra, en silencio, esperando tomar más de su poder. Suspiró, feliz de que no llevar ya la joya roja. Aun así, tenía que asegurarse de que Sasuke no volviera a hacer nada estúpido. Fue hacia el medallón y lo tomó por la cadena, tocándolo con la punta de los dedos. No la quemaba ahora, así que se apresuró a meterlo en el bolsillo de sus pantalones. Regresó a la cama, se sentó en ella, y miró al hombre. Ya no parecía sentir dolor y parecía que solo estaba teniendo un sueño desagradable. Verlo dormir era impresionante, de repente se dio cuenta y se apresuró a mirar hacia otro lado.
Hinata miró por la ventana, las nubes que lentamente se ponían rojas. El amanecer aquí era hermoso.
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Sasuke abrió los ojos, tratando de descubrir qué estaba pasando. Ese sueño había sido muy extraño. No le gustaba ver a su hermano cuando dormía. Tardó unos minutos en darse cuenta de que estaba acostado en una cama, y que alguien lo estaba mirando. Movió su cabeza para ver a Hinata, quien lo miraba con una expresión en blanco, ligeramente cansada.
Todo su cuerpo dolía. Intentó no moverse y estaba a punto de bromear con que ella lo estaba viendo dormir nuevamente, pero descubrió que no podía hablar. Tenía la boca seca y le dolía la garganta, pero el verdadero problema era el dolor en las sienes. Cerró los ojos y respiró hondo. Mirando a su alrededor, comenzaba a recordar destellos de la noche anterior.
Era de día y la luz del sol le empeoraba el dolor de cabeza. Lentamente, comenzó a sentir su cuerpo otra vez y se sorprendió al encontrar algo en su frente. Con su dolorida mano, tomó lo que resultó ser una toalla mojada de su cabeza. Logró levantarse sobre los codos para mirar otra toalla mojada en su pecho. Lentamente, volvió sus ojos a la niña, tomándose su tiempo para hablar.
—Qué... pasó —logró susurrar. Su fría expresión lo sorprendió.
—Trataste de suicidarte.
—¿Qué?
Suspiró y miró afuera, disfrutando de la luz del sol.
—No estoy segura de lo que hiciste, pero apenas pude salvarte.
Más recuerdos inundaron su cabeza. Él había meditado. Había luchado con el espíritu en la piedra. Y había... ¿perdido? Pasándose las manos por el estómago, descubrió que estaba vendado. Sus ojos ónix se volvieron hacia la chica otra vez.
—Esta es una herida de chakra. No pude cerrarla, así que ten cuidado —continuó la Hyūga—. Tuviste fiebre, así que tuve que calmarte.
Sasuke miró su cuerpo, finalmente notó su ropa en el piso. Su camisa parecía un desastre hecho jirones.
—¿Entonces realmente me has desnudado?
Con sus mejillas rojas, le dio una mirada malvada.
—Debería haberte dejado morir.
La heredera se dio la vuelta, tratando de ponerse de pie, pero su muñeca fue atrapada. Ella lo miró con ira, solo para darse cuenta de que aparentemente estaba confundido. Él la miró, con los labios entreabiertos, se esforzó por encontrar las palabras correctas. Al final, la soltó, tratando de sentarse en la cama. Todavía estaba débil y el mareo estaba volviendo, pero antes de que pudiera perder el equilibrio, unas suaves manos se aferraron a sus hombros, ayudándolo a soportar su peso. Finalmente logró sentarse y la miró de nuevo.
—Gracias —dijo, mirando cómo se le abrían los ojos.
—No necesitas agradecerme —finalmente explicó, mirando hacia otro lado, con el rostro sonrojado. Ella se levantó y tomó sus pantalones del suelo, entregándoselos. Dolorido, logró ponérselos, observando todos sus movimientos. La chica parecía totalmente agotada. Probablemente lo había atendido toda la noche, lo había curado y lo había enfriado tanto como pudo. Probablemente ella también había estado preocupada, aunque no podía entender por qué. Él se dio cuenta de que no merecía su ayuda. Y todavía…
—Hinata —dijo, sintiendo que su voz lentamente volvía a la normalidad. Se puso de pie, mirando como ella se apresuraba a ayudarlo. La Hyūga le dio una mirada inquisitiva, obviamente intranquila de que tuviera que tocarle la espalda desnuda.
—¿Sí? —preguntó, viendo que él no continuaría.
Sasuke realmente no sabía lo que quería decirle. Lentamente se estiró, disfrutando del dolor en sus músculos. Finalmente, sus ojos negros volvieron a ella y su rostro se puso serio.
—Estás jugando con mi mente. No me gusta eso.
Confundida, ella movió su cabeza ligeramente, preguntándose si todavía no estaba pensando con claridad.
—No lo entiendo.
—Yo tampoco —explicó, con los ojos fijos en los de ella—. Eres como un parásito que se arrastra bajo mi piel sin que yo pueda hacer nada.
Hinata ensanchó aún más sus ojos y dio un paso atrás, con expresión sorprendida.
—¿Un parásito?
El Uchiha parpadeó, frotándose la parte posterior de su cuello. Miró hacia el techo y suspiró. —Lo siento, no soy bueno para expresar mis emociones.
«¿Emociones?»
La chica dio un paso hacia atrás, tratando de retroceder cuando él se le acercó. Sin embargo, se detuvo y solo la miró, sintiendo el vendaje de su estómago.
—No quiero asustarte. Anda y descansa, prometo no molestarte.
Hinata parpadeó cuando Sasuke se alejó, entrando al baño. ¿Cómo era posible que cada vez que creía haberlo entendido, demostraba que estaba equivocada?
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Fin Capitulo Veinte
Link historia original: www . fanfiction s / 8914719 / 1 / The-Madness-of-an-Enchanting-Obsession
Naoko Ichigo
