Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco es mía, es de AnnaDax y fue beteada por Jeffy Iha.
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Naruto se mordió el labio. Sus dedos se clavaron en su cabello y dejó que su cabeza se inclinara, mirando directamente su escritorio.
Necesitaba algo de tiempo, ya que esto era malo, muy malo. Una de las pocas personas presentes actualmente en la oficina del Hokage se puso de pie y caminó hacia él, pero no tenía la fuerza para mirar hacia arriba.
Sakura se apoyó en el escritorio y puso su mano en su hombro. Sus ojos azules miraron lentamente a los verdes y ella sonrió. Había tanta amargura y dolor en su rostro que sintió ganas de golpearse a sí mismo.
Aun así, ella estaba allí para él. Eso lo hizo sentir mejor.
Alzando la cabeza, miró al nuevo consejo de Konoha. Kakashi estaba sentado en una silla, frotándose la pierna derecha. Podía caminar perfectamente bien ahora, pero ocasionalmente sentía un entumecimiento. Junto a él estaba Shikamaru, mirando al techo. Solo Shizune se mantenía de pie, con el cerdo de Tsunade en sus manos.
El Uzumaki suspiró.
—¿Entonces en dos días?
—Sí —respondió la mujer.
—¿Y no hay nada que podamos hacer al respecto?
—Esto es lo mejor que pudo haber pasado, Naruto —el Nara finalmente se levantó y caminó hacia la pared opuesta, apoyándose en ella, con los brazos sobre su pecho—. El Raikage, el Tsuchikage y Mifune-san votaron a favor de una sentencia de muerte.
—Además —agregó Kakashi— gracias al Kazekage y a Mei, podrá vivir unos días más.
—¿Vivir? Estar encerrado en el lugar más terrible del mundo no es una forma de vida. Estoy seguro de que, dada la elección, preferiría la muerte al aislamiento y todavía tenemos que negociar el tiempo que deberá pasar allí —Naruto se puso de pie y se puso su capa de Hokage—. Necesito pensar. Gracias a todos por su tiempo.
Antes de que alguien pudiera detenerlo, ya se había ido.
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—Hinata-sama —la anciana llamó a su puerta y la chica se apresuró a abrir. Los ancianos se ponían quisquillosos cuando se veían obligados a esperar—. El Hokage está aquí para verte —la sonrisa en su rostro era extraña.
—Lo veré en un momento.
—¿Debería dejarlo en su salón privado?
Hinata parpadeó, el salón privado era solo para personas del clan, o que estaban relacionadas con los Hyūga de alguna manera. ¿Sospechaba la anciana sobre una posible relación entre ella y Naruto?
«Dios.»
—No. Déjalo en el jardín, estaré allí pronto.
La mujer pareció algo decepcionada, pero asintió y se fue. Poniéndose su kimono oficial Hyūga, la joven suspiró. ¿Qué querría Uzumaki de ella tan tarde en la noche?
Al salir, fue difícil para ella mirar al hombre. Su cabello rubio de algún modo iluminaba la oscuridad, casi como si estuviera en su modo Kyūbi. La escuchó acercarse y se apresuró a saludarla con un abrazo.
—Encantado de verte, Hinata. ¿Cómo está tu salud?
—Han pasado casi dos semanas. He tenido tiempo para descansar.
—Bien —sintió y sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos.
—¿Todo está bien, Naruto?
El hombre la miró por un momento, luego finalmente suspiró. Miró a su alrededor.
—¿Hay algún lugar donde podamos hablar en privado?
Ella parpadeó, esto era serio.
—Sí ven.
Por mucho que odiara las miradas que los seguían, llevó a Naruto a su habitación.
Al heredar la posición de su padre, ella perdió su antigua habitación y se le dio una enorme habitación que no sabía cómo ocupar. Su cama ocupaba la mitad del espacio, pero al menos a nadie se le permitía entrar.
Tiró de una silla y se sentó, viendo a Naruto sentirse incómodo al sentarse en el borde de su cama. Se aseguró de que mantener suficiente distancia entre ellos. Por mucho que él fuese criado por Kakashi y Jiraya, dos reconocidos pervertidos, este no era el momento para bromear.
—Se trata de Sasuke.
La chica no se movió. En la oscuridad, el Uzumaki apenas podía ver su expresión, sin embargo, la sorpresa apareció en su rostro por un momento.
—Todavía está encerrado en la prisión subterránea, ¿no es así?
—No por mucho tiempo... —el Hokage se frotó las sienes—. En dos días será enviado al País del Rayo. Allí, será encadenado de nuevo y pagará por sus pecados.
—Espera, ¿lo van a encerrar en la prisión de Raishini?
—Sí.
El silencio cayó en la habitación. Ambos estaban mirando hacia otro lado.
—Eso significa que el Raikage lo estará ejecutando —el hombre finalmente continuó—. Y él personalmente prometió arreglar su sentencia de muerte. De una forma u otra, no puedo culparlo. Después de lo que Sasuke le hizo y cuánto tiempo le tomó al hombre volver a llevar una vida normal, es natural que quiera venganza.
Hinata cerró los ojos.
—¿Por qué me estás diciendo esto, Naruto?
Él clavó su mirada azul en ella.
—Decidí que, después de todo, mereces saberlo. Además... tal vez quieras despedirte...
—Ya lo hice.
—Ya veo... —el Uzumaki se puso de pie y lentamente se dirigió a la puerta. Estaba demasiado triste. Puso su mano en el pomo de la puerta, pero se detuvo—. Aun así —comenzó— haré que los guardias te dejen entrar, si decides verlo —el rubio volvió su rostro hacia ella, mirándola. Había una extraña expresión en su rostro—. Tengo la sensación de que podría haber un giro dramático de acontecimientos.
Al decir esto, se fue, dejándola reflexionar sobre sus palabras.
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—Nunca me disculpé por lo que te hice.
Kiba alzó una ceja, pero se apresuró a reír. Akamaru ladró en voz alta.
—No necesitas disculparte, Hinata. Me alegra que hayas salido viva de esto, pero por favor, la próxima vez que haya un maníaco asesino en la ciudad, permítanos a nosotros manejarlo.
Ella sonrió.
—Voy a hacerlo.
Shino estaba mirando a la chica con inquietud. Había algo diferente en ella, estaba actuando extraño, sin embargo, no podía encontrar el motivo. ¿Su tiempo con el loco Uchiha la había cambiado tanto?
—¿Cómo te está tratando tu nueva vida como líder del clan Hyūga de todos modos? —Kiba hundió su mano en el pelaje de su mascota y le frotó el vientre—. Apenas podemos verte.
—Ah, lo siento. Prometo limpiar mi agenda y…
—No te disculpes, tonta, te disculpas demasiado. Es normal que estés ocupada. Apenas escuchamos la voz de Naruto en estos días. Hey, tal vez ustedes dos deberían finalmente unirse y ser la pareja más ocupada de la historia.
Él se rió y Hinata lo imitó, pero solo por cortesía. Su mente estaba a millas de distancia. Esta conversación de repente le recordó a Sasuke. Él le dijo que ella también se disculpaba demasiado... sacudió la cabeza ligeramente, se levantó y arregló el kimono.
—Me iré ahora, tengo una reunión con los ancianos.
—Ah, cosas serias, eso es aburrido. Bueno, diviértete entonces.
—Sí —asintió, con los ojos fijos en algo a lo lejos—. Nos vemos.
Dando media vuelta, se dirigió rápidamente a la mansión Hyūga. Una lágrima cayó al suelo y quedó impregnada en la tierra de inmediato.
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Todos los ancianos estaban en la sala de reuniones, viendo a Hinata entrar. Tenía los modales perfectos y siempre llegaba a tiempo, como su padre
Hanabi Hyūga entró tras su hermana, con expresión tranquila. Se sentó a su lado y miró al suelo. La niña no solía asistir a esas reuniones y se sentía bastante incómoda.
—Gracias a todos por venir —comenzó Hinata—. Hay algunas cosas importantes que quería discutir con ustedes.
—¿Podemos aprovechar la oportunidad para asesorarte también sobre ciertos asuntos?
—Por supuesto —afirmó—. Seré breve, así que puedes hablar tu primero.
El anciano asintió y aclaró su voz.
—Hemos notado que tienes una cierta... cercanía con el Hokage, Uzumaki Naruto. Estás en la edad perfecta para una boda, Hinata-sama. Todos queremos hacerte saber que creemos que el Uzumaki será un complemento perfecto para nuestra familia y un esposo perfecto para ti.
—Es leal y trabajador —continuó una anciana—. Por favor, considera esto. Ya es hora de que traigas un heredero a nuestro clan.
Hanabi no sabía cuándo había levantado los ojos, mirando fijamente a las personas mayores sentadas frente a ella. Parpadeó con la boca abierta. Eso no solo fue grosero, sino que completamente innecesario. A la niña no le gustó el consejo, su hermana mayor tenía todo el derecho de elegir su propio camino y marido. Si ella estuviera en su lugar, les diría algunas palabras...
—Por supuesto, consideraré eso. Gracias por su preocupación.
Hinata notó la mirada de asombro que le daba su hermanita y trató de no sonreír. Hace mucho tiempo ella había aprendido a estar de acuerdo con lo que dijeran los ancianos. No es que hiciera lo que le decían, pero tratar de razonar con ellos era una pérdida de tiempo.
—Ahora —continuó— me gustaría cambiar de tema. He traído aquí a Hanabi por una razón, sé que su cumpleaños es en una semana y quería que supieran que prohíbo por completo que le pongan el sello maldito de los Hyūga.
De repente, la habitación tranquila se volvió muy ruidosa, todos los ancianos comenzaron a hablar simultáneamente. En un punto, la líder tuvo que levantar la mano para silenciarlos.
—Esto no es algo que puedas decidir por ti mismo, Hinata.
—Sin duda lo es.
—Pero…
—He estado luchando con mucha presión, teniendo que lidiar con todo lo que nos sucedió a mí y a nuestro clan. Temo que en un punto comenzaré a fallar en mis tareas como líder, por eso declaro que Hanabi sea mi ayudante personal y mi mano derecha. Hasta que tenga mi propio heredero legítimo, ella será a la que responderán si estoy demasiado preocupada o no estoy disponible.
Algunos de los ancianos estaban boquiabiertos, pero tenían poco que hacer. El líder Hyūga tenía todo el derecho a elegir su mano derecha.
—Muy bien —anunció uno de los hombres presentes.
—Eso era todo lo que quería hablar con ustedes. Si me disculpas, estaré en mi oficina, firmando el documento para que esto se haga oficial.
La líder se levantó e hizo una reverencia. Se volvió hacia la puerta y le hizo un gesto a su hermana para que la siguiera. Los dos caminaron en silencio y se miraron cuando por fin estaban solas.
—No tienes que hacer esto, Hinata-nee-sama.
—Sí. Hanabi, honestamente creo que deberías haber nacido primero que yo. Eres las más apta para ser la líder de nuestro clan.
—Pero tú…
—Apenas soy capaz de mantener mi propia cordura. Arriesgo la seguridad de los Hyūga con mis emociones y confusión.
—Eres una gran líder.
Hinata sonrió.
—Quizás, pero tengo la sensación de que, con tu ayuda, nuestro clan será mucho mejor.
La mujer más joven sonrió.
—Gracias por confiar tanto en mí, nee-sama.
La líder sonrió una vez más y tocó la mejilla de su hermana.
—Puedes irte ahora. Cuídate, Hanabi.
Ella la miró mientras salía de la oficina, devolviéndole la reverencia. Sus pasos resonaron en las grandes salas de la mansión.
«Te amo, hermanita.»
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El edificio estaba en silencio. Sentada en su cama, activó su Byakugan. Solo los guardias estaban en sus posiciones, algunos dormitando.
Hinata se puso de pie, el suelo de madera a veces era demasiado ruidoso. Se quitó el camisón y lentamente, con cuidado, se puso su ropa oficial de líder Hyūga, su kimono llegaba hasta el suelo. Suspirando, lo dobló y logró atarlo sobre sus rodillas.
Asegurándose de que la pequeña bolsa que contenía su kunai estaba cuidadosamente atada en su muslo, abrió la ventana y miró al cielo. Las estrellas lucían increíblemente hermosas.
Ella realizó una combinación rápida de sellos con las manos y utilizando un jutsu de reemplazo, dejó un clon en su cama, asegurándose de que contenía suficiente de su chakra.
Nadie podía saber que ella había salido de su habitación.
Saltando por la ventana, Hinata fue inmediatamente envuelta por la oscuridad de la noche.
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Fin Capitulo Treinta y cinco
Link historia original: www . fanfiction s / 8914719 / 1 / The-Madness-of-an-Enchanting-Obsession
Naoko Ichigo
