Y otro más el mismo día jajajaja

Capítulo 14

Siglo XVI

-¿Una propina de doscientos euros por una semana?¿Estás seguro que solo cocinas?- escucho que decía su padre por la bocina del teléfono. Una campanilla sonó de fondo, seguramente el microondas.

- Lo pondré en el banco tan pronto pueda ¿Esta bien?- respondió, intentando que esas extrañas ideas desaparecieran de la cabeza de Balinor, dios sabia de donde saco esa imaginación y por qué no la usaba para algo más productivo que molestar a su hijo.

Se alegraba de escuchar al hombre más de que estaba dispuesto a admitir. Apenas regresaron al chalet, tomo el teléfono y marco a casa. Era reconfortante escuchar a su simple pero extraño progenitor.

-Sí, solido- dijo su padre, junto con el sonido de algo que golpeaba la mesa. Esperaba que no fuera la lasaña congelada que había hecho.

-¿huh?

-Digo, suena bien- la voz sonaba como cuando intentaba ocultar una mentira. El mismo solía hablar así; era muy malo mintiendo. Definitivamente tenía que ver con la lasaña congelada.- No dejes que te hagan trabajar muy duro.

Dándose por vencido, y sabiendo que su padre terminaría comiendo frijoles solo sonrió.- No lo hare. Adiós Pa.

De nuevo con tiempo libre de sobra, ya sin la presión de tener que atender a nadie, siguió con las prácticas de Snowbording; Esta vez con Gwaine como maestro de tiempo completo.

-Bien, Escocia, hagamos esto- dijo Merlin, sentado cerca de una de las pistas de obstáculos.- ¿Por dónde empezamos?

- Bueno en el estilo de pendientes te dan puntos por los trucos en los rieles, y el salto del final – explico el castaño- ¿Me puedes oler?

Al principio de la pregunta le confundió ¿Olerlo?. Era cierto que de vez en cuando el aroma a sudor salía del cuerpo del otro, pero nada desagradable. Tal vez se refería a si había entendido la explicación.

-Si te huelo. Desafortunadamente – respondió en broma. Gwaine no olía a nada.

Haciendo pucheros el castaño termino de arreglar su equipo – Piensa en el recorrido. Solo eso. Se la tabla.

El nerviosismo lo lleno. Iba a hacerlo, definitivamente.

-¡Hagamos trucos con Gwaine! – grito de pronto su acompañante poniéndose de pie.

El chico se deslizo por la pista con facilidad, llegando a una rampa de poca altura y saltándola con estilo.

Era el turno de Merlin.

-Bien, vamos, Merlin.- se dio ánimos, colocándose los lentes protectores.

Se movió en la nieve lento pero seguro, llego a la rampa y se deslizo…de espaldas.

En el segundo intento se fue de lado. Y así sucesivamente.

Quince intentos después lo logro. Nada muy elegante, pero lo logro. Con el ánimo un poco más inflado se aventuró a otras rampas.

Una más difícil que la anterior. Cada una siendo realizada mejor que la anterior.

No cabía en sí de la felicidad. Era como regresar a sus tiempos en la patineta. El suelo que pisaba se deslizaba bajo el, cual agua, y la tabla se movía como otra extremidad.

Después de tres horas, Gwain pidió un descanso. Un último salto y se encamino a la zona de preparación.

-¿Te das cuenta que usas una tabla de principiante, como del siglo dieciséis?- escucho que le decían, mientras desataba las correas de la tabla. Alzo la vista para responder apropiadamente.

La figura frente a el tenia aspecto totalmente andrógino. Cabellos rubios, casi blancos. Ojos grandes, color violeta. Nariz aristocráticamente respingada. Era difícil adivinar si se trataba de un hombre o una mujer. Ni siquiera la voz parecía distinguir su sexo.

-Pensé que el siglo dieciséis fue la era dorada de las tablas de nieve – dijo al fin con tono de burla.

La persona fantasmal, tenía aspecto etéreo, rio por el comentario.

-Ve a la tienda de alquiler y escoge una tabla avanzada. Te divertirás mucho más con esa, créeme.- sin más comenzó a alejarse.

El seguía como en shock por la intervención de aquel misterioso ser, cuando escucho de nuevo su voz.

-Pregunta por Kil. Dile que Aithusa te envió. Te dará algo bueno- dijo y siguió con su camino.

-Gracias- susurro algo cohibido el moreno.

Aithusa, ¿Qué clase de nombre era Aithusa?