Capítulo 15
Saber cómo divertirse.
Un par de días después decidió tomar el consejo de Aithusa y se encamino a la tienda de alquiler.
El lugar era precioso. Un paraíso para los deportistas de nieve.
Miro las botas, los cascos y demás aditamentos. Las tablas parecían hechas por dioses y el solo quería abrazarlas.
-¿Kann ich dir helfen?- pregunto un hombre que salió de la nada. ¿Qué tenían las personas de por ahí que parecían querer matarlo de un susto?
- Oh, solo estoy mirando, gracias – logro decir
- Se alquilan por ochenta euros a la semana, mitad de precio para los empleados – continuo el otro. Tenía cabello largo, un poco debajo de los hombros, color negro cano, todo enmarañado. Una barba ligeramente descuidada, pero que remataba a la perfección el look de roquero rustico.
-Bueno, soy empleado, y en realidad Aithusa me dijo que viniera- soltó un poco más cómodo.
-Ok, sí. Treinta euros entonces. Tabla de estilo libre, botas y casco. Pago por adelantado – al decir esto, una sonrisa gatuna se asomó en el rostro del mayor.
Sacando el dinero de las propinas, que aún no había depositado por andar entrenando, comenzó a pensar. Se suponía que las propinas ayudaran a pagar más rápido la hipoteca, pero su sueldo se iba directo a eso y a los alimentos que llevaban a su padre de Tesco. Si lo pensaba bien, un poco para el no haría daño.
-Genial. Trato hecho – dijo al fin, entregándole el dinero.
Apenas tuvo el equipo en sus manos se dispuso a usarlo.
Hora tras hora, minuto a minuto mejoraba. Podía saltar las pequeñas rampas, deslizarse suavemente por los rieles y uno que otro truco.
Así pasaba sus días en el desierto chalet. Con Leon desapareciendo apenas se ponía el sol, regresando cuando este salía de nuevo, no era raro.
Ese día, como el resto, salió a practicar con el escoses. Llevaban un buen rato cuando diviso a Leon en la pista platicando animadamente con Percival. El castaño también los noto.
-vaya pensé que no lo vería este año- susurro el castaño.
-¿eh?¿de quién hablas? – pregunto Merlin curioso
- Leon, el rubio de allá- señalo Gwaine
-¿Conoces a Leon? – dijo sorprendido el pelinegro
- Por supuesto, desde hace dos años. Sabe cómo divertirse.
Aquello no lo dudaba. Era un hecho que Leon trabajaba con el único propósito de poder divertirse todo lo que pudiera, unas cuatro noches a la semana más o menos. Si eso no era divertirse entonces no sabía que era.
Gwaine decidió ir a saludar mientras él se preparaba para otra ronda de trucos.
-¡Leon! ¡Hey Leon! – lo llamo el castaño, deslizándose hacia donde estaban los otros.
-¡Hey!- Saludo el rubio abrazando un poco efusivamente al otro. Percival carraspeo cuando el abrazo furo un poco más de lo normal.
-Mira, es tu amigo Merlin- señalo el escoces, tratando de eludir el sonrojo que se había instalado en su cara.
Las tres miradas se posaron en el pelinegro, el cual saltaba con facilidad una mesa estilo picknick, deslizándose sobre la misma cual mantequilla.
-Pensé que habías dicho que nunca había estado en las montañas – dijo incrédulo Perc
-No había estado – susurro Leon
Gwaine solo lo animaba con una sonrisa.
