Notas: VOLVI! Ya se, ya se que a pasado una eternidad desde la ultima vez que actualice, pero quería terminar Hjerte antes y eso me tomo mas tiempo de lo que creía.
Ahora con Hjerte terminado espero terminar este fanfic en las siguientes dos semanas, si todo sigue como hasta ahora. Cualquier cosa pueden dejarme un review y lo checare en cuanto pueda. Los amo!
Chalet 20
Primer día de la temporada
Seis de la mañana y Merlin no se queria levantar. Lo único que hacía era contar su dinero intentando imaginar cómo le haría para pagar la renta del equipo, ahora que sus propinas irían a las manos del príncipe presumido.
-Vamos, guapo – lo llamo Leon, entrando a la habitación con dos vasos de jugo – Primer día de la temporada.
A partir de ese momento se dedicaron afanosamente a limpiar la casa, lavar los trastes y demás quehaceres.
Terminaban de limpiar la cocina, cuando el resto de los habitantes enfilaba hacia el exterior.
-Nos vemos luego – dijo Morgana animadamente – Traten de no organizar una gran fiesta mientras estamos fuera.
-Apúrate Morgana, si los sigues distrayendo mucho menos van a terminar. No ves que su habilidad es nula- Soltó el rubio, tomando a su hermana por el brazo.
Merlin quiso aventarle el cepillo limpiador en la cabeza.
Una vez hubieron terminado, se enfundaron en sus ropas de esquí y salieron a la pista.
La fila para las góndolas era enorme y supo que tararían unos treinta min en llegar al inicio. La frustración tomo control del moreno.
-Vamos – lo llamo Leon, avanzando descaradamente hacia donde se encontraban las puertas. Saludo coquetamente a los encargados; Una chica trigueña muy linda y un noruego escultural, los cuales dejaron que pasaran sin más problemas.
-Dioses ¿Leon, has dormido con la mitad del maldito resort? – pregunto una voz familiar una vez pasaron por las puertas.
Eran, obviamente, el querido príncipe inútil (apodo que solo era usado en la cabeza de Merlin) La adorable dama del sarcasmo (Morgana) y la reina del hielo (este último era idea de Leon).
-Solo la mitad útil – respondió el rubio descaradamente
-yo puedo ser útil – indico la morena sonriendo, causando un sonrojo en los chicos del chalet por la desfachatez de la mujer. Acto seguido montaron en la góndola.
Durante el trayecto a la sima la plática fue escasa, llevada principalmente por Arthur y sus cuentos sobre "El Yeti", un hombre que era el primero en dejar la marca de sus esquíes en la nieve, o por Morgana y sus fallidos intentos de seducción hacia Leon.
-Hey chicos ¿Van a Esquiar con nosotros? Agravaine me dijo que hay una pista vacía – La emoción en la voz de Morgana era difícil de ignorar, sobre todo por la insistencia de pasar tiempo con Leon. El resto del grupo siguió preparándose para la bajada.
-Estoy segura que tiene cosas que hacer. – la corto Morgause, claramente disgustada por la idea.
-Sí, me voy a encontrar con alguien en el parque – soltó como no queriendo el moreno.
-Inventando citas – se burló Arthur, aunque su voz no parecía tan feliz -¿Te preocupa no podernos seguir el paso?
-En primera, no miento. Tengo una cita. En segunda, ya veremos que tanto miedo tengo ¿No? – sonriendo con suficiencia, el menor se deslizo rápidamente cuesta bajo.
Arthur no se quedó atrás.
El rubio tenía más experiencia, mientras que Merlin lo compensaba con habilidad.
No queriendo ser relegada del lado de su novio, Morgause se precipitó detrás de los dos chicos.
-¡Hey, aquí!- llamo Arthur encaminándose a una pequeña rampa. El salto que dio dejo impresionado al otro. – Vamos, tu turno de saltar.
Merlin cogió aire y se deslizo hacia la rampa. Un segundo antes de saltar la vista se le nublo.
En lugar de nieve había asfalto mojado y luces de autos. Escucho un claxon y sintió como su cuerpo se encaminaba hacia un puente, cayendo bruscamente por el mismo.
El mismo puente que había matado a su madre.
Regresando a la realidad, la tabla del pelinegro se detuvo, tirándolo sobre la nieve.
-¿Estas bien? - Escucho que le preguntaba el rubio. No pudo responderle, ocupado en reponerse de la visión.
Nada de esto pareció notarlo Morgause, que apenas vio su oportunidad, se lanzó a toda velocidad por la rampa.
-Morg, Morg, ¡Espera! – intento detenerla Arthur. No que sirviera de mucho – No, ¡Morgause por favor no! ¡Morgause!
Todo lo que se escucho fue un grito agudo y un golpe seco.
