Chalet 22

El Ángel volador

Dos días.

Tenía dos días practicando y no lograba quitarse la imagen de la cabeza.

Durante dos días había saltado con o sin tabla sobre una tabla que terminaba en un colchón inflable. Lo cual se podría llamar avance, si no fuera porque cuando no había colchón Merlin entraba en pánico y se detenía.

-Mi ángel volador – soltó Gwaine, en la tarde del tercer día, mientras descansaban un poco.

-¿Realmente lo vas a hacer? – pregunto Leon entusiasmado.

-Sí, te digo, este chico es podgi – aseguro Gwaine.

-¿Él es que…?

-Podgi. Es un verdadero Podgi.

-¡No soy un podgi! – se defendió Merlin, ignorante de lo que significaba la palabra; Gwaine tendía a cambiar las palabras.

El timbre de un celular los interrumpió.

-¡Oh, prodigio! – Soltó Leon, entendiendo por fin de que hablaba el otro, antes de contestar su móvil.

-Hey Morgana, ¡Mi chica sexy! ¿Cómo estás?

Tanto Merlin como Gwaine voltearon a verlo.

-¿Morgana? ¿Ahora es hetero? –pregunto el castaño con algo de tristeza en su voz. Merlin no supo que decir. Estúpido Leon y su materialismo.

-Bien, vamos amigo – lo animo, antes de jalarlo a la pista de nuevo.

Lentamente se colocaron en el inicio.

-Ha sido un día largo, Elfo. Tómalo con calma – lo aconsejo Gwaine.

Y empezó.

Las tres primeras pruebas corrieron como mantequilla. Envalentonado, Merlin se dirigió a la rampa; No más prácticas.

-¡Mira y aprende amigo! – el moreno no cabía en sí mismo, deslizándose con rapidez hacia su objetivo.

-Elfo ¡Espera! ¡Es muy pronto! – grito desesperado el castaño tratando de detenerlo.

La rampa. El salto. Las luces de un coche. El asfalto y el golpe. Todo en menos de cinco segundos. Después todo fue dolor.

Merlin había fallado.