Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Sinopsis: Tras siglos de vagar solitariamente y después de un par de intentos fallidos por llenar el vacío que perduraba en su vida sin remedio, finalmente encontró a aquel que lograría estar a la altura de las expectativas; el único obstáculo radicaba en que el joven era humano.
Día 2.
Temática: Egoísmo e inmortalidad.
Rating: T.
Propuesta propia.
Eterna Vida a Tu Lado
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Las chaquetas gruesas que usaban las personas a su alrededor le confirmaban que aquel día helaba.
Ella misma lo sentiría de estar viva.
―Que buen día hace hoy ―suspiró Anna al llegar a su lado―, no hay sol y el aire gélido aminora el hedor humano.
―Si tienes hambre, no debiste venir ―replicó la albina, cerrando el libro que tenía en las manos.
―Me alimenté lo suficiente la última cacería, muchas gracias ―la bermeja rodó los ojos―. Simplemente el aroma de la sangre de algunos humanos en esta universidad me da repulsa.
―Ya somos dos ―admitió a su hermana, la colorada sonrió con suficiencia antes de comenzar a hablar hasta por los codos.
Una brisa de aire con cierto aroma en ella la distrajo de la perorata de Anna, sus orbes de zafiro revolotearon disimuladamente por encima de su hombro y se posaron sobre la figura de un muchacho.
El joven tenía el cabello corto tan rojo como llamas ardientes e iban a juego con un par de orbes del mismo tono de las esmeraldas, y era tan alto como un gigante; vestía con ligera ropa abrigada que mantenía oculta la piel de melocotón y calzaba pesadas botas para la nieve.
Elsa estaba totalmente segura que él era el hombre más apuesto que había visto en todo un siglo.
―… y finalmente nos largaremos de aquí, extraño las islas de Alaska porque están repletas de osos ―terminó Anna y la miró con molestia al darse cuenta que no la escuchaba―. ¿Elsa? ―la pelirroja siguió el caminó de su mirada y gruñó al toparse con su objetivo―. Ese imbécil.
―No hables así de él ―masculló la albina de inmediato
―Pero lo es.
―Ya lo sé ―asintió―, no por mucho tiempo.
Anna sopesó sus palabras y terminó irguiéndose al entenderlas.
―No te atrevas.
―Recuérdame desde cuando pido tu opinión con respecto al tema de la transformación.
―Jamás, pero sí puedo recordarte el camino de destrucción que dejas siempre cuando decides transformar a alguien ―replicó la cobriza―. No hay que hacerle esto a nadie más, por favor.
―Lo dices como si fuéramos monstruos.
―Lo hice una vez y no funcionó, tú ya lo hiciste dos veces y fue lo mismo ―Elsa arrugó su fina naricita al rememorar esos sucesos―, dime por qué no se repetiría la misma historia otra vez.
―Porque él es diferente ―declaró de manera severa―. Toma un segundo y saborea el aire― Anna rodó los ojos, pero terminó haciendo lo que le pedía―. Dime ¿Qué hueles?
Su hermana tensó la mandíbula, negándose a contestar.
―Poder, Anna ―respondió en su lugar―; él emana poder de todos sus poros y solo es un humano. Imagina lo que podrá hacer cuando sea como nosotras.
―A los demás no les gustará, ya sabes lo que piensan sobre tus… creaciones.
Elsa torció la boca. Lo que los demás pensaran le importaba muy poco.
La cobriza se mordió el labio.
―¿Y si él no quiere?
―No es como que se lo vaya a preguntar.
―Obviamente, pero piensa en esto ¿Y si él no se siente cómodo consigo mismo al levantarse? ―planteó―, ¿Y si decide que no desea ser como nosotros? ¿Podrás hacer lo mismo que Naveen le hizo a Tiana, lo que yo tuve que hacerle a…?
―Hans Westergaard no es como esa sureña aguafiestas ni mucho menos como Olaf ―replicó, sintiéndose molesta de inmediato.
De ninguna manera permitiría que su hermana comparara al pelirrojo con ese par de cobardes.
―Seguro que no ―le dio la razón―. Es obvio que Westergaard es uno de los mayores cabrones que eh conocido a lo largo de mi estancia en la tierra… y mira que ha sido larga. Aun así, piensa un momento en tus acciones.
―No hay nada que pensar, Anna; no me iré a Alaska sin él. Está decidido.
―¿Se te ha olvidado cómo nos largamos? Dime cómo es que piensas llevarte a un recién nacido* en un barco lleno de gente. Estará tan hambriento.
―Llegaremos a tiempo, y si no, Hans sabrá controlarse. Sé que puede hacerlo.
Anna negó con la cabeza.
―Conoces las reglas ―continuó, como si no la hubiera escuchado―. No podemos convertir a nadie si corremos el riesgo de ser descubiertos.
―Nadie podría relacionarlo con nosotros.
―Es un Westergaard, el más joven de los hijos del dueño de este maldito pueblo.
―No es el dueño.
―Tal vez el paso de los años no te está permitiendo entenderlo, así que lo haré más sencillo ―apartó sus orbes verdosos de ella para mirar al frente, aparentando que nada sucedía―. La compañía de ese hombre es la principal fuente de trabajo de los pobladores de este pueblo… joder, de la mitad de Dinamarca.
―Sigo sin ver el problema.
―Dime tu ¿De verdad piensas que no lo van a buscar? Esta vez no es un muchacho pueblerino que jugaba con su hermana en un río congelado hace doscientos años, ni un pobre diablo que buscaba comida en medio de una tormenta helada cien años atrás. Hablamos de desaparecer a uno de los príncipes de Ilulissat*.
―Seré cuidadosa.
―¿Sí? ¿Qué le harás? ―continuó, implacable―. ¿Vas a ahogarlo como a Frost? ¿O solo lo enterrarás bajo una montaña de nieve como a Hamada?
Elsa se tensó ante ese par de nombres.
―Te lo vuelvo a preguntar: ¿Qué vas a hacer si no resulta? ¿Serás capaz de matarlo?
―Resultará ―declaró―, te juro por la memoria de nuestros padres que resultará.
―Acepto que existen excepciones a la regla, entiendo que hay gente que no está hecha para esta vida y tenemos derecho a equivocarnos.
―¿Pero?
―Nuevamente, dos veces es demasiado.
La blonda sintió rabia en aquellas venas vacías dentro de sus pálidos brazos, se estaba cansando de las acusaciones de la colorada a su lado.
―Recuerda que fui yo quien te trajo a esta vida, hermana ―espetó, irguiéndose como una reina―. Fui yo quien convenció a Krei de convertirme en un vampiro para salvarlos a ti y a Roland de esa maldita enfermedad que se llevó a nuestros padres; fui yo quien le arrancó la cabeza y lo quemó cuando dejó de servirnos. Te recomiendo que no sigas cuestionando las creaciones que eh hecho.
Anna tensó la mandíbula, sus dientes chocando sonaron como mármol.
―Quizá… quizá un miembro más fortalezca al clan ―dijo para calmar los ánimos―; siempre puedes arrancarle la cabeza y quemarlo, o dejarlo ir como a Jack y Tadashi.
―Seremos ocho, eso es demasiado hasta para los clanes americanos; estaremos a salvo con un neófito ―agregó con emoción, Anna comenzaba a ceder.
―Cubre tus huellas, no quiero problemas― terminó diciendo.
Sin agregar nada, su hermana se levantó de la banca donde yacía sentada a su lado un segundo atrás, y se marchó con la gracia que caracterizaba a los de su especie.
La dejó sola y la albina continuó observando al bermejo con adoración.
Lo admiró unos momentos más hasta que el peso de su contemplación fue demasiado para el colorado, el muchacho le devolvió la mirada y le sonrió con suficiencia mientras entraba al edificio donde tendrían clases.
Elsa se levantó para seguirlo, sabía exactamente hacia donde se dirigía.
Mientras sus labios devoraban los del muchacho, se preguntó si serían tan suaves cuando fuera como ella.
Se preguntó si estaba dispuesta a extrañar la calidez de su cuerpo, el aroma humano que emanaba de él y la manera en la que las pecas en sus mejillas resaltaban con un sonrojo cuando se sentía avergonzado.
Aceptaba que era sumamente adorable como mortal y que estaba siendo demasiado egoísta al decidir por él sobre algo de tan gran magnitud, pero ese mismo egoísmo— que solo la dominaba cuando ansiaba realmente algo— y el infinito deseo que sentía por Hans, derribaban a la razón.
La oportunidad de tenerlo para ella por siempre y para siempre era demasiado tentadora para dejarla pasar, y si Elsa tenía la manera de aprovecharla, definitivamente la tomaría.
―¿Me amas? ―preguntó entre besos.
Hans— cuyos labios habían abandonado los suyos para vagar por su cuello— se despegó de su piel para mirarla y dejó que sus pies tocaran el suelo de los vestidores masculinos. El apetito insaciable que sentía por él creció al contemplar las mejillas arreboladas, prometiéndole la sangre más dulce que jamás imaginó probar.
En otras circunstancias se habría reído, las frutas más sabrosas siempre eran las más difíciles de conseguir.
―Más que nada ―aseguró al instante―. Nunca consideré la posibilidad de amar realmente a alguien, no hasta que te conocí ―añadió con tanta sinceridad que de poder, el corazón de la blonda habría latido de felicidad―, y ahora no puedo concebir una vida sin ti.
―¿Lo dices de verdad? ―preguntó, adoptando una expresión seria.
―Jamás eh hablado más enserio.
Elsa asintió.
―Y si existiera una… posibilidad de estar juntos para siempre ―planteó con cuidado― ¿La tomarías?
―Copito, si un charlatán viniera a mí y me dijera que tiene la inmortalidad embotellada, yo le daría todo lo que tengo a cambio de ella y la compartiría contigo.
La blonda le sonrió de manera radiante antes de ponerse de puntillas para besarlo nuevamente.
Estaba perdida, lo amaba con todo lo que ella era.
―Vamos a estar juntos, yo me voy a encargar de eso ―susurró en su oído―. Te lo prometo.
El muchacho asintió, la levantó en brazos para empotrarla en los casilleros y retomar la sesión de caricias; aunque jamás llegaban más allá de eso, Elsa lo disfrutaba más que cualquier cosa que pudo experimentar a lo largo de los siglos.
Los labios del muchacho se sentían suaves y cálidos, y mientras se concentraba para no morderlo, se preguntó si él alguna vez llegó a cuestionarse por qué tenía la piel helada cómo el hielo, dura como el granito y suave como la seda misma.
"Olvídate de eso".
Eran una pérdida de tiempo, cuando Hans fuera inmortal ya no tendría por qué contenerse; cuando fuera tan indestructible como ella podría tocarlo de la manera en la que deseó desde el primer momento, podría besarlo con todas las ganas que sentía por él y mil cosas más.
Él ya no se sonrojaría de nuevo, jamás temblaría de hambre o de frío, estaría a salvo del mayor depredador que podía existir…
Y estaría con ella eternamente.
Elsa cerró los ojos al escuchar a Naveen trepar el enorme pino hasta llegar a su lado, el moreno llevaba un delgado pantalón de pijama y el musculoso torso desnudo. Lucía fuera de lugar en contraste con el pasaje nevado.
―Si alguien te llegara a ver así…
―Pensaría que un dios negro de las nieves ha venido a bendecir esta tierra ―agregó con sorna, ambos soltaron una corta carcajada musical.
Observaron la nieve caer en silencio durante varios minutos, hasta que Naveen habló nuevamente.
―¿Estás muy segura? ―preguntó en un susurró aunque ahí, en la punta, nadie podía escucharlos.
―Más que nunca.
El moreno asintió.
―Si él no…
―Ya te dije qué voy a hacer y lo que tú tendrás que hacerme a mí ―declaró, interrumpiéndolo―. No correremos con la misma suerte que Jack y Tadashi. No podré soportarlo de nuevo, mucho menos sin él.
―No duraron con nosotros más que un siglo cada uno ―suspiró Naveen, nostálgico―. Me agradaban.
―Yo estaba enamorada de ellos.
―Pero ya no.
―Ya no ―asintió la albina.
Naveen la miró con tristeza intensa.
―Aún lamento que Tiana no quisiera esto ―dijo de pronto, sorprendiéndola; Naveen jamás había hablado sobre eso en los cien años que pasaron―. Me dolió su muerte… carajo, me dolió matarla y me sigue doliendo.
»Le agradezco a quien sea que esté allá arriba que no seamos capaces de dormir, porque estoy completamente seguro que— de poder— soñaría diariamente con los gritos que pegaba mientras el veneno hacía su trabajo, después vería la expresión de horror que inundó su cara cuando le dije lo que era apenas se levantó, el asco que sintió al saber lo que tendría que comer eternamente. Me amaba, pero no lo suficiente para estar conmigo… así.
―No pienses en eso, tienes a Lottie.
―Yo la quería a ella y Lottie quería la inmortalidad, ser joven y hermosa para siempre.
―¿Y ahora?
―Me atrevo a decir que soy feliz, solo desearía poder serlo al ciento por ciento con Charlotte.
―¿Ves a Tiana en ella o…?
―¡No, no! puedes estar segura que Lottie no me recuerda a Tiana en nada. Ambas eran y siguen siendo tan diferentes.
Elsa le sonrió.
―Puedo escucharlo, a tu chico en su camioneta ―informó, dejando implícito que no deseaba seguir hablando de las otras dos―. Se está acercando.
―Lo oigo también… aguarda un poco, te diré cuando lo hagas.
El joven de rizos castaños asintió.
La blonda se dijo que no sería tan cruel como en el pasado; no con él.
No adelgazaría el hielo para que cayera en el agua helada y así poder sacarlo hasta que estuviera hipotérmico, con la mordida como única opción para sobrevivir; tampoco usaría su don del hielo para desatar una tormenta que lo sepultara bajo la nieve y sentarse a esperar hasta que su piel se volviera azul.
No, sería diferente, rápido y sin tiempo que perder; no se molestaría en tratar de hacerlo pasar como un accidente más de lo estrictamente imaginario.
―Hazlo ya, Naveen.
El muchacho le frotó el brazo y saltó para hacer la parte que Elsa le había pedido. No se sentía capaz de hacerlo sola, estaba asustada de llegar a dañarlo como a los que le precedieron.
Apretó los ojos al escuchar el golpe del vehículo al ser volcado por la fuerza sobrenatural de Naveen, pero el bermejo no emitió más que un jadeo de sorpresa que sus sentidos desarrollados le permitieron discernir. El silencio que se cernió en ese claro le resultó asfixiante, por un segundo temió que hubiera muerto hasta que logró calmarse y escuchar el latido de su corazón.
Fuerte y sano.
"Aquí entro yo".
Saltó desde toda la altura del pino y aterrizó agraciadamente sobre la puntas de sus pies; la camioneta de su novio estaba volcada varios metros más allá, comenzó a acercarse hacia ella y se inclinó para verlo.
Hans, atado al asiento por el cinturón de seguridad, le devolvió la mirada apenas.
―¿Elsa? ―musitó roncamente―. ¿Qué p-pasó? ¿Qué h-haces?
―Lo que te prometí, encargarme de que estemos juntos.
Dentro de los tres días que duraba la transformación, Hans sería suyo para siempre.
―REVIEWS―
Guest 1: Hi! Thank you so much for your review, I hope you can comment again. Have a nice day!
Guest 2: Muchas gracias por comentar, ¡sí! volví hehehe. Espero que te haya gustado la actualización y ya espero leerte otra vez.
Helsa Lover: I will, thanks for your review! Have a nice day.
ACLARACIONES:
Recién nacido: también llamado neófito, son los vampiros que tienen como mucho un año desde que fueron transformados... ¿Qué? sí leí los libros cuando tenía quince. Don't come for me.
Ilulissat: pueblo danés.
Hola gente bonita y desequilibrada de FF que ama este ship, espero que el drabble del día de hoy haya sido de su agrado.
Como pueden ver, soy fan de los sobrenatural… y sí, tal vez el tema de los vampiros ya esté muy gastado, pero no podía pasar por esta tierra de los fics sin escribir al respecto.
Thanks y'all for the support, nos leemos mañana a la misma hora.
Les envío un beso del tamaño del mundo y un abrazo psicológico gigante.
¡Hasta pronto!
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
