Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Sinopsis: Una relación turbulenta que jamás iría a ningún lado fue lo que terminó por separarlos, él volvió a casa cinco años después para encontrar las cosas demasiado diferentes, teniendo que contentarse con simples memorias.
Día 3.
Temática: Separación y reencuentro.
Rating: T.
Propuesta de OkaRuto19.
Danzando en recuerdos
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―Deja de moverte.
―Entonces date prisa.
Sorine, su madre, siseó por lo bajo y terminó de acomodar sus múltiples insignias relucientes en el lado izquierdo de pecho, haciéndose a un lado para que él quedara frente al espejo.
―¿Por qué el blanco? ―preguntó, observando la tela impoluta―, ¿no sería mejor el negro?
―El baile es de gala, tu uniforme es lo que debes usar ―declaró su madre, dándole una última alisada al traje―. Eres almirante ahora, tal y como tu…
Sorine se interrumpió abruptamente, esbozando una sonrisita nerviosa. Hans aspiró con fuerza y apretó los puños.
―¿Tal y como mi padre hubiera querido? ―terminó por ella―, seguramente, madre.
Lo único que lamentaba era que el muy desgraciado había tenido la osadía de morirse un par de meses antes de que le dieran ese título que, con esfuerzo y sin ayuda de nadie, había ganado.
―Bueno, ya estás listo. Hora de irnos.
―¿Quién dijiste que dará la fiesta? Odiaría faltar a la etiqueta.
Sorine arrugó su delicado entrecejo ante su tono sarcástico.
―Ella estará ahí, querido.
Sin dejar que dijera otra palabra, su madre giró sobre sus costosos zapatos de charol y se alejó de él, dejándolo solo.
Sintió la sangre pesada en las venas, se negaba a enojarse con ella, después de todo esa era la verdadera pregunta que había escondido con la otra.
El chófer los esperaba con el coche listo, ayudo a Sorine a subir y se apresuró a entrar junto a ella para no tener que rodear hacia la otra puerta, su hermano Lars le soltó improperios en voz baja y subió también.
Su madre no paró de parlotear durante el camino, en un intento para que los dos se animaran; tanto él como su hermano decidieron complacerla e intercambiaron varias palabras educadas.
Después de años de no verse, su relación estaba atrofiada.
La enorme mansión de Alistair Krei se alzaba frente a ellos, luces adornaban la fachada y agua caía de las fuentes enmarcadas con arcos llenos de flores.
―Increíble que el agua no se congele ―masculló Lars, dándole una ojeada por la ventana del coche.
Esperaron a que la fila de coches avanzara hasta que fue su turno, Hans bajó primero y ofreció galantemente el brazo a su madre para ayudarla; Lars se unió a ellos y entraron, siendo golpeados por el calor humano y la agradable música que inundó sus oídos.
Hans detuvo al hombre que se encargaba de anunciar a los recién llegados con un gesto de la mano, detestaba aquellas formalidades que solo hacían que la gente los criticara con la mirada.
No iba a permitir que exhibieran a su madre de esa manera, no cuando estaba en casa para evitarlo.
Aun así, varias personas se alborotaron como avispas al solo verlos.
―¿Es que jamás dejarán de ser tan metiches? ―masculló con hastío, tomando una copa que el mesero le ofrecía.
―Los chismorreos no pasan de moda ―aseguró Sorine, recibiendo la copa que Lars le extendió―. Será mejor que te acostumbres, querido; ahora que has vuelto habrá más de una que quiera atraparte.
El colorado más joven torció la boca.
―Ni en un millón de años, madre.
―Quiero nietos.
―Pídeselos a Lars.
Su hermano ocultó la tos repentina, causada por el atragantamiento con el alcohol, con la copa.
―A mí no me veas.
―Tienes otros dos hijos y nueve hijastros más que ya son padres, conténtate con eso.
Se arrepintió tan pronto como terminó de hablar, sus hermanos mayores― hijos de las primeras dos esposas de su padre antes de ella― no soportaban a Sorine.
Hans se excusó, alegando ir en busca de más vino y prometiendo traerles una copa, caminó entre la multitud, saludando a ciertas personalidades que no eran posible de evadir y terminó medio oculto junto a la mesa de los canapés.
Se quedó ahí hasta que consideró pertinente volver.
―No pude encontrar al hombre del… ―se calló al instante cuando notó que su familia se encontraba acompañada―… vino.
―Almirante Westergaard ―saludó Krei con pose amable―, no sabía que nos acompañaría esta noche.
Dentro de sus líquidos ojos azules, Hans pudo ver la aversión que sentía por su presencia.
―Me aseguraron que mi nombre se encontraba escrito en la invitación.
―Lo estaba, sí ―asintió Krei―; aunque no se confirmó que asistiría, yo lo hacía en el mar; usted sabe, dándole buen uso a las armas de las que suministro a nuestro gobierno.
El colorado se recordó que ese cretino era el dueño del imperio armamentista de la jodida Unión Soviética.
―Retirarme no será un problema, se lo aseguro.
―No hará falta ―al estar bajo la vigilancia de los estrictos ojos del magnate frente a él, Hans se obligó a no mostrar expresión alguna ante aquella voz―. Esta reunión es para celebrar a los que sí luchan por el país.
Porque la etiqueta lo obligaba, Hans miró a la dueña de la voz e hizo un breve saludo con una inclinación de la cabeza.
―Señora Krei.
―Almirante Westergaard.
Elsa, la Elsa que había amado desde que podía acordarse, estaba frente a él, después de cinco años por fin volvía a verla.
Y se sentía realmente miserable.
―Todo es exquisito.
El halago moderado de Sorine se encargó de llenar el silencio.
―¿Sí? debe esperar al banquete, señora Westergaard.
Lars rápidamente se unió a la conversación, Hans aprovechó para hacer lo mismo y despegar los ojos de la mujer. Aquella noche iba ataviada en un ceñido vestido de gala en color azul marino, el cabello caía en definidos bucles de plata por su espalda, el maquillaje tenue realzaba sus facciones agraciadas y el colorado no pudo evitar pensar que se veía incluso más deliciosa que en el pasado.
Pasados varios minutos― que calificó de interminables― la mujer de rasgos orientales que se encargaba de los asuntos de Krei, se acercó a ellos y después de musitar una disculpa por la interrupción, le susurró a Alistair que su presencia era requerida por varios funcionarios.
―Espero puedan disculparme, pero el deber me llama ―se excusó Krei apresuradamente―. Los dejo en las capaces manos de mi mujer.
Los huesos de su mandíbula se tensaron y tuvo que morderse la lengua para no soltarle que aquella pequeña, pero muy clara, palabra que había utilizado para dejarle saber que Elsa era su esposa, estaba de más.
Pasaba de los cuarenta y se comportaba como un mocoso.
Alistair besó a Elsa en la frente y se alejó junto a su asistente, dando grandes zancadas.
―La vida de casados suele ser difícil.
Elsa se volvió hacia su madre.
―Eso escuché, pero jamás imaginé que tanto.
―Nadie nos da un manual que explique a detalle que los hombres son complicadamente fáciles. Lo sabré yo.
Los ojos de Elsa se desviaban hacia él de cuando en cuando.
―Quizá deberíamos ser nosotras las que publiquen algo sobre eso ―sugirió, mirándolo fijamente―. Algunos hombres son difíciles de tratar.
―Le ruego, señora Krei, que no se atreva a tal osadía ―la voz de Lars sugería que bromeaba―; asustará a todas las buenas damas.
―No existen damas malas, hijo ―corrigió Sorine―. Todas las mujeres somos seres delicados, hermosos y pacientes, somos seres…
―Seres extremadamente crueles, perversos e inteligentes ―agregó el bermejo más joven, devolviéndole finalmente la mirada a la blonda, quien se crispó de inmediato―. Claro que no existen damas malas, Lars; solo damas.
―¡Hans! ―siseó su madre―, ¿Qué pensará la señora Krei?
El aludido miró a la albina, el sonrojo en sus mejillas sobrepasaba el colorete.
―¿Puedo ser sincero con usted, señora?
―Desde luego, almirante.
―En ese caso, estoy seguro que lo que piense no me quitará el sueño.
Lars hizo un esfuerzo por no soltarse a reír, se disculpó y se alejó en dirección de una de las muchachas que poblaban la fiesta.
―Me temo que tanto tiempo en el mar le ha proporcionado una personalidad de pez ―espetó Elsa con fingida preocupación.
―Se equivoca, yo siempre eh sido más bien un… tiburón.
Iniciaron un duelo de miradas que Sorine terminó por detener.
―Esta pieza es deliciosa ―comentó―. Hans, hijo mío, ¿podrías…?
―¿Sacarte a bailar? Los tiburones no bailamos; pero lo que sea por ti, madre.
Sorine ensanchó una sonrisa, aparentemente, esperaba esa respuesta.
―Iba a sugerir que acompañaras a la señora Krei, yo estoy ya muy entrada en años para estos trotes; pero los puedo observar desde aquí.
―La señora puede esperar a su esposo.
―¡Hans!
―No se mortifique ―la tranquilizó―, debe estar asustado, su hijo puede estabilizase en la cubierta resbalosa de un barco mientras se desata un diluvio sobre su cabeza, pero siempre ha tenido dos pies izquierdos.
El colorado jadeó de indignación, le pasó la copa a su madre y tomó la mano de Elsa con fuerza medida, arrastrándola a la pista de baile.
Él siempre había sido un buen bailarín y se lo demostraría.
Enredó el brazo alrededor del talle de la muchacha, pegándole a él todo lo que el decoro le permitía y, sujetando una pálida mano con la suya que le quedaba libre, comenzó a balancearlos al compás de la música.
―Eres un imbécil ―masculló la albina, siguiéndole el ritmo.
―Años de experiencia a tu lado ―respondió, haciéndola girar―. Así que Krei ¿eh?
Elsa se encogió de hombros sutilmente.
―Fue el único que estuvo a la altura después que tú…
Se mordió el carnoso labio rosado y guardó silencio. Hans aspiró con fuerza.
―¿Que yo qué?
―Fue el único que estuvo a la altura después de que te fueras.
No agregó nada porque simplemente no encontró replica a aquello, se movió grácilmente con ella pegada a su cuerpo y, en un intento de no concentrarse en el calor que sentía al tenerla tan cerca, prestó atención a la letra de la canción por primera vez.
Cuando preguntan por qué, nunca puedo explicarlo
Pero sonó una sinfonía cuando me dijiste tu nombre
Y la tomé como una señal
―Estuve tres días en el muelle, esperándote ―confesó Elsa en voz baja―, jamás volviste.
―No sabía que querías que lo hiciera.
―No necesitabas saber, de haber querido, habrías vuelto.
¿Serás mi principio, mi mitad, mi final?
¿Serás mío?
―Te ves hermosa.
La albina levantó la cabeza bruscamente para mirarlo.
―Estás hermosa ahora y lo estabas la primera vez que volví a verte cuándo regresaste de Noruega ―continuó, obligándose a no amedrentarse por la intensidad de los orbes azules de Elsa. Ya no era un mocoso―. Te veías exquisita con ese vestido de algodón blanco que llevabas puesto cuando nos retaste a mí, a Dimitri Ivanov y a Anya Romanova a entrar al lago; tu hermano estaba tan enojado.
―El agua seguía fría, aunque ya era primavera ―recordó Elsa, volvió a girar y se pegó más a él―. Fuiste el primero en ir tras de mí.
―¿Y cómo no? eras la criatura más maravillosa que había visto jamás.
A veces, es difícil ver lo que depara el futuro
Y la mayoría de las veces, se siente como una subida empinada, y está bien
Hay magia en los detalles, los pequeños y tiernos gestos del amor
Y la forma en que todos se suman
―La primera vez que me besaste yo tenía dieciséis y tu dieciocho, y fue en la oficina de mi padre ―recordó Elsa, sonriendo.
―Estaba muerto de miedo, no dejaba de pensar que él o Roland podían entrar en cualquier instante.
―Aun así, fue maravilloso.
―Desde ese momento no dejé de desear besarte todos los días.
―¿Qué… qué tal ahora? ¿Sigues deseándolo?
Cuando preguntan por qué, nunca puedo explicarlo
Pero sonó una sinfonía cuando me dijiste tu nombre
Y sonó como una señal
Hans evadió la pregunta, aquella era una herida que había trabajado años en cerrar y no estaba dispuesto a abrirla de nuevo, no la dejaría expuesta otra vez.
―Solíamos mentir todo el tiempo para escaparnos a la casa de campo de mis abuelos ―dijo en su lugar―. Aun puedo ver la cara de las sirvientas cuando nos encontraron desnudos en el estudio.
Elsa no pudo contenerse y dejó salir una carcajada musical, atrayendo miradas indeseadas en el proceso.
―Estaba sentada en la escalinata que usaban para alcanzar los libros más altos y tú te sujetabas con fuerza de los escalones mientras te movías rápido y…
―Y tuvimos que darles una generosa propina a aquellas dos chismosas para que se quedaran calladas. Los cien rublos que mejor eh invertido.
Elsa negó con la cabeza, le regaló una genuina sonrisa pequeña y dejó estar el tema.
¿Serás mi principio, mi mitad, mi final?
¿Serás mío?
―Dijiste que íbamos a casarnos, que me comprarías una casa en Moscú y otra en Stalin.
―Dijiste que me darías dos hijos, tres como mucho ―agregó el bermejo, rogando para que la canción durara más―; dijiste que serían pelirrojos, que yo los enseñaríamos a cabalgar y tú a bailar ballet.
―¿Por qué no cumplimos nuestras promesas?
―Es bastante sencillo si lo piensas bien: éramos demasiado jóvenes e ingenuos.
Cinco años después, y sigo siendo tuya
Diez años después, y sigo siendo tuya
Cincuenta años después, y sigo siendo tu principio, mitad y final
―Necesitábamos más tiempo, eso era ―declaró Elsa, con más seguridad―. Fuimos demasiado rápido, debimos haber esperado…
―No es cierto, Elsa; peleábamos con tanta frecuencia y por cada tontería que todo se opacó.
―No me soportabas al final.
―Ni tú a mí.
―¿Y por eso corriste a enlistarte en el ejército?
Cinco años después, y sigo siendo tuya
Diez años después, y sigo siendo tuya
Cincuenta años después, y sigo siendo tu principio, mitad y final
Principio y mitad y final
―No era nadie, no podía ofrecerte nada.
―Te equivocas.
―Sabes que no― replicó―. Era un pobre diablo que jamás había movido un dedo en toda su vida, era el hijo de alguien y no alguien mismo.
―Esa obsesión por superar a todos en tu familia, por demostrar tu valía, eso fue lo que desencadenó nuestro fracaso.
―Concuerdo contigo, mi resentimiento nos condenó tanto como tu deseo de complacer a tu padre y a tu hermano siendo la niña perfecta.
Elsa respingó, clavándole las uñas en el hombro y apretándole la mano.
―¿Quién fui para ti y quién soy ahora? Dímelo ya porque detesto que me mires como si no me reconocieras.
―Eras el amor de mi vida, mi mejor amiga, mi todo; y ahora eres solo una extraña con todos mis secretos.
―Hans…
―No lo entiendo, ¿Por qué estamos hablando de esto siquiera?
¿Serás mi principio, mi mitad, mi final?
―Porque no puedes detener los sentimientos que tienes por alguien, y tampoco puedes mentirte a ti mismo. Tu corazón sabe la verdad muy bien.
¿Serás mi principio, mi mitad, mi final?
El colorado guardó silencio.
―No creo que puedas imaginar cuanto quiero odiarte por todo.
―¿Por qué no lo haces?
―Porque estaba realmente enamorada de ti.
¿Estaba?
―Éramos niños, quizá no fue verdadero amor.
Se abofeteó mentalmente, sí que lo fue.
El amor más puro que alguna vez pudo sentir por alguien.
―La juventud no le quita mérito al amor, y el nuestro fue salvaje y pasional, tierno e inentendible para todos menos para nosotros.
―Nadie lo sabía… ¿Cómo estás tan segura que de verdad…?
―Sabes que de verdad amas a una persona cuando no puedes odiarla por romperte el corazón.
¿Serás mi principio, mi mitad, mi final?
La pieza estaba por terminar.
―¿Por qué viniste?
―¿Por qué me invitaste?
―Quería saber que estabas bien, imaginé que tu madre vendría y yo iba a poder preguntar por ti… jamás me detuve a pensar que estabas de vuelta.
El colorado aspiró con fuerza, las últimas notas resonaban por todo el salón.
―No debimos hablar sobre nada, mejor dime qué es lo que quieres para que puedas irte.
―No quiero olvidar nuestras memorias, lo que vivimos juntos ―declaró con la solemnidad que nunca usó en servicio―. Quiero recordarnos sin ninguna clase de dolor.
Los ojos cerúleos de Elsa brillaron, llenos de lágrimas o quizá las suyas no le permitían verla del todo.
¿Serás mío?
No, ya no.
No importaba lo mucho que siguieran amándose, Elsa jamás sería suya de nuevo y Hans tampoco de ella.
Era demasiado tarde.
―REVIEWS—
Guest: Elsa siendo una mujer empoderada siempre es grato de ver/leer. No siempre puede ser Hans el que la quiera para él. Muchas gracias por leer y dejar tu comentario, ya quiero saber qué opinas de este.
Helsa Lover: What do you want to know? I don't know if I'm going to write something else about the previous chapter, but we'll see. Thanks for reading and leaving your review, have a nice day.
My hispanic momma: F**k you! My child is completely fine!
Me: So in love w tragic endings.
Así es mi gente, los finales bajoneados son lo mío… no, no me miren así, aquí no es donde el tipo apuesta la virginidad de la tía y esta va a perdonarlo como tonta… lol, I'm kidding.
Espero que les haya gustado el capítulo de hoy, déjenme saber su opinión en la cajita de acá abajo. Un gustazo leernos.
¡Hasta mañana!
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
