Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Sinopsis: Todo comenzó cuando Elsa quiso hacer las paces con Hans, deciden probar uno de los juegos del colorado y todo termina de manera inesperada.
Día 5.
Temática: Realidad Virtual.
Rating: M
Propuesta de Wildy Storyteller.
Inesperado
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Hans apretó los dientes y azotó la puerta de su habitación. Todavía no se sentaba en la silla giratoria frente a su escritorio cuando su madre entró estrepitosamente.
―Eres un grosero.
―Buenos días, madre.
Se caló los auriculares para comenzar a jugar una partida― una clara invitación a que se fuera y lo dejara solo―, y pulsó el botón de inicio. Sorine le arrancó los audífonos bruscamente.
―¡Madre, esos son nuevos!
―¡Y yo pagué por ellos! ―Hans bufó, sin dejarse amedrentar.
Sorine aspiró, controlándose.
―Entiendes que fuiste desagradable con ella ¿Verdad?
―Tú no sabes cómo es.
―Entiendes que fuiste desagradable con ella ¿Verdad? ―repitió, retándolo a no contestar.
―Tal vez no debí poner carne en su plato ―admitió, evitando mirarla.
―Ahora mismo está vomitando en el váter. No eduqué a imbéciles que tratan mal a las chicas.
―Dije que me equivoqué ¿qué más quieres?
―¿Qué quiero? ―Sorine bufó―, quiero que vayas a su habitación y le pidas una disculpa.
―Prefiero que me cortes los testículos.
―Lo haré una vez que te disculpes.
Hans puso los ojos en blanco y asintió, su madre negó con la cabeza y comenzó a dirigirse a la salida.
―Voy a salir ―le informó―, y si para cuando haya vuelto no le has pedido perdón a Elsa, hablaré con tu padre y tú tendrás un problema.
Sorine azotó la puerta al marcharse y Hans se levantó de la silla de un salto, golpeó su saco de boxeo con fuerza. Como detestaba a esa mocosa pálida con cara de mosca muerta.
Elsa Solberg era la huésped de sus padres, recién llegada de Oslo, la zorrita había conseguido entrar al mejor programa de ballet en Moscú y su familia― que por idea de su madre entró al sistema para ofrecer su casa a estudiantes extranjeros― la acogió.
Comprendía que sus padres le tuvieran tanta consideración porque, después de cuatro hijos varones, siempre habían querido una niña.
La muchachita era dulce con los señores de la casa, pero desde el primer momento en que llegó y su hermano Lars trató de meterse con ella, la descolorida esa les dejó claro que tenía tantos testículos como ellos mismos.
Elsa Solberg era indudablemente de las muchachas más hermosas que había visto jamás, pero era fría, reservada y toda una cabronaza hija de su madre.
Observó el coche de Sorine salir de los terrenos de la casa, la motocicleta de su hermano Lars le siguió poco después y hasta entonces se permitió salir de la habitación.
Mató el tiempo asaltando el refrigerador, ordenó los tarros con sazonadores… ¡Incluso lavó los dos vasos en el fregadero! y finalmente terminó aceptando que ya no podía retrasar más lo inevitable.
Subió a la segunda planta y caminó a lo largo del pasillo con pasos pequeños hasta llegar a la habitación que se le había cedido a la blonda. Tocó a la puerta y no obtuvo respuesta, tocó una segunda vez y el resultado fue el mismo.
"Al demonio" pensó antes de girar el picaporte y empujar la puerta con fuerza, entrando a la habitación. Ahí no había nadie.
Como a esa mocosa se le hubiera ocurrido salirse de la casa, ya lo iba a conocer...
Una idea nació en su cabeza y regresó al piso de abajo; atravesó la casa dando zancadas hasta llegar al sótano que, sus hermanos y él, habían acondicionado para convertirlo en una especie de gimnasio en casa.
Encontró a Elsa estirándose en la barra que su padre instaló para que "su hija de acogida" pudiera practicar.
La blonda estiró la pierna por encima de su cabeza y lo miró a través del espejo pegado a la pared. Había tenido que compartir toda su vida con sus hermanos, y ahora llegaba ella para terminar de acaparar todo.
―¿Qué me ves, pervertido?
La voz de la blonda estaba inyectada de desdén. Hans apartó los orbes esmeraldas del cuerpo esbelto de la muchacha y le lanzó una mirada envenenada.
―¿Qué se te puede ver a ti, ridícula?
―Tú dímelo, desde aquí pude darme cuenta perfectamente de cómo me comías con los ojos.
―Eso quisieras.
La blonda de encogió de hombros y se alejó de la barra, tendió un tapete de yoga con estampado de copos de nieve e hizo un split, extendiendo las piernas en direcciones opuestas con tanta facilidad que un dolor fantasmal le recorrió la parte baja del estómago.
―¿Ya te mandó tu mamá a...?
―Eso a ti no te importa ―la interrumpió―. Acepto que estuvo mal ponerle carne a tu empanada esa kate...
―Keto ―corrigió la albina, sin mirarlo.
―Como sea, ya sabes... perdona.
La garganta le ardió de solo pronunciar esa palabra, pero era eso o lanzarle un discurso de disculpas frente a su padre.
Elsa se encogió de hombros, desinteresada.
―No hacía falta, todo lo que viene de ti es tan falso.
El colorado aspiró con fuerza, lo había dejado hablar solo para salirle con eso.
―¿Sabes qué? Esto me pasa por tratar de arreglar las cosas desinteresadamente y sales con tus estupideces.
―Sí, Hans, lo que digas.
El bermejo se contuvo para no decirle más nada y la dejó sola; subió los escalones del sótano y azotó la puerta.
Volvió a su habitación, decidido a entretenerse con un videojuego para no pensar en esa mocosa alzada. La condenada sabía que estaba buena y se aprovechaba de eso.
Aunque si se detenía a considerarlo; solo se metía con él. Al resto de sus hermanos casi no les dirigía la palabra más de lo estrictamente necesario.
Su sumió tanto en sus pensamientos y en la consola que, para cuando miró por la ventana, un manto de estrellas cubría el cielo.
Miró la pantalla de su teléfono y parpadeó, solo había estado casi tres horas jugando sin parar.
Dejó el joystick de lado después de ponerse de pie, se estiró y tomó su toalla de baño, dispuesto a tomar una ducha.
El agua fría le relajó los músculos, desperezándolo; se vestiría y después tomaría algunos de sus libros para estudiar durante un rato, y finalmente se iría a la cama...
Rompió el hilo de sus pensamientos al ver a su blonda huésped sentada en su silla giratoria, junto a ella reposaban dos tazas humeantes que reconoció como chocolate debido al agradable olor que desprendían.
―¿Que haces aquí?... no me digas, salte de una vez.
Elsa arqueó una de sus delicadas cejas.
―Me dijeron que los rusos eran buenos anfitriones, pero veo que me mintieron.
―Ay por favor, solo toma lo que hayas traído y vete ―se acercó a ella y la levantó de la silla empleando la fuerza suficiente para no lastimarla, frunció el ceño y miró las tazas―. ¿Qué es todo esto?
―Una ofrenda de paz.
¿Paz?
Esa idiota debía estar tomándole el pelo.
―Es una broma ¿cierto? ¿Dónde está la cámara? ―miró hacia los lados, buscando dicho aparato.
―¡Hablo enserio!
―Discúlpame si no te creo.
Elsa apretó sus pequeños puños y chasqueó la lengua; pero después de unos momentos logró recuperar la compostura y suspiró.
―Mira, entiendo que debe ser incomodó que una perfecta extraña llegue y se instale en tu casa ―comenzó la blonda, soltándose de su agarre―; y sé que no me eh comportado de la mejor manera, pero tú tampoco.
Hans se cruzó de brazos y la dejó continuar.
―El punto es que voy a estar aquí todo un año y no podemos seguir atacándonos. Lo de la carne fue asqueroso, pero me lo merecía. No estuvo bien que te hiciera creer que había roto tu PS5.
Los vellos de los brazos se le erizaron al recordarse llegando a casa y encontrar a Elsa en el jardín, dándole con un bate a la caja en la que había llegado su preciada consola nueva.
Estuvo a punto de llorar y de olvidarse que era una mujer cuando la rubia comenzó a reírse estrepitosamente.
―Ya van casi tres meses en los que este lugar es un campo de guerra y no puede seguir así, la satisfacción de que te metas en problemas con tu mamá no dura para siempre y... bueno, perdona por eso.
Hans siguió sin decir nada.
―No se me da bien compartir porque crecí en Berlín con la familia de mi madre, nunca supe cómo era tener un hermano.
―No vayas a salir con tus ridiculeces de que quieres que sea yo ese hermano. Lars también vive aquí.
―Tú estás más próximo a mí en edad, y tus otros hermanos no están en la casa por mucho tiempo.
El cobrizo bufó.
―Como broma ya estuvo bien.
La albina negó con la cabeza y se encogió de hombros.
―Como quieras, que sepas que traté de llevar la fiesta en paz por los dos.
Tomó una taza de chocolate y se dirigió a la puerta, dispuesta a marcharse. Hans tensó la mandíbula y se obligó a hablar.
―Elsa, espera ―la albina se detuvo a medio camino―. Tengo un juego nuevo, de realidad virtual y no eh tenido la oportunidad de jugar con nadie.
―¿Y quieres que...?
―Primero me visto y después podemos probarlo.
Mientras hablaba, los orbes cerúleos de la muchacha recorrieron su cuerpo– cubierto únicamente con una toalla alrededor de sus caderas–, relamiéndose los dientes disimuladamente.
Agarró las primeras prendas que encontró y regresó al baño para vestirse con rapidez, Elsa lo esperaba sentada en su cama y se levantó cuando regresó.
―¿Qué vamos a jugar? ―preguntó, estirándose.
Como única respuesta, el bermejo le lanzó una máscara y procedió a poner el juego. Elsa parpadeó al ver el título.
―¿Zootopia?
―Antes de que lo juzgues, la idea es que resuelvas el misterio.
―¿Y este sería...?
―Encontrar al responsable de que los animales se vuelvan salvajes.
La albina silbó.
―Estoy segura que quien no te conoce debe pensar que eres un atleta cabrón... bueno, sí lo eres, pero no se imaginan que te gustan los juegos raros.
―Estaba en el primer puesto en la tienda, por algo será.
Ninguno de los dos añadió nada más, se calaron las máscaras y comenzaron a prepararse. La consola los escaneó para crear los modelos de los avatares.
Lo primero en aparecer fue una pequeña introducción sobre cómo los animales habían evolucionado― de cierta manera― y podían vivir en armonía en una ciudad llamada Zootopia.
―Los gráficos son buenos ―comentó Elsa mientras sonaba una canción sobre no darse por vencido y continuar―. Esa es Shakira ¿cierto?
―Gazelle, no te equivoques.
La blonda le propinó un pequeño empujón y el colorado se lo devolvió.
―Elige un personaje ―instruyó el muchacho―. Quizá puedas ser la oveja; es la asistente personal del león.
―Déjame adivinar, tú serás el león ―bufó―. Vamos a ver... ya sé. Desde ahora soy la oficial Judy Hopps.
―Y yo...
―Tú podrías ser Yax, el yak hippie.
―Bromeando y todo ¿eh? Mejor ya dime qué te tomaste para que estés siendo tan considerada, shot de vodka.
―¿Shot de vodka?
―Sí, porque estás toda transparente.
Elsa ahogó una exclamación de molestia.
―Eres un hijo de...
―Ya, ya, paremos aquí o vamos a terminar peleando ―la hizo callar―. Seré Nick Wild.
―Le gusta el dinero, estafar, mentir... es el personaje perfecto para ti.
―No te estés burlando.
Elsa rio un poco y la partida comenzó.
Otra breve introducción apareció frente a sus ojos y terminó con Judy teniendo que enfrentarlo.
―¿Dónde estás? No puedo verte.
―Ya casi llego ―respondió la blonda―... ya te vi.
Hans tragó seco al toparse de frente con el personaje de Elsa; el avatar era muy parecido a su rubia acompañante.
Al igual que Elsa; tenía el cabello rubio platino con grandes orejas de conejo, el uniforme de policía se acentuaba a su figura; resaltando el pecho y el trasero redondos.
―He is a villain by the devil's law* ―canturreó Elsa cuando vio a Hans.
Se obligó a reír para que el colorado no notara las sensaciones que le causaba verlo... así.
El avatar de Hans era idéntico a él, solo que el personaje llevaba una camiseta verde limón desabotonada con una corbata púrpura a rayas violetas anudada desenfadadamente y unos pantalones caqui. Tenía el cabello pelirrojo desordenado y orejas de zorro sobresalían característicamente junto a los colmillos blancos.
Obligándose a no pensar en lo bien que se veía el otro; comenzaron la partida.
Primero visitaron el club nudista para reunir información, después de hacerse del número de matrícula del vehículo donde el señor Nutriales– a quien debían buscar– se había subido, fueron al departamento de registro vehicular para buscar la ubicación del auto.
―Admito que crear todo lo esto necesita de mucha imaginación ―comentó Elsa―. Hasta el momento no está tan mal.
―Shhh, vamos a oír que dice el perezoso.
Terminaron exasperándose por la lentitud de Flash, el encargado, y para cuando salieron de la oficina el cielo estaba oscuro.
―Maldito perezoso ―se quejó Elsa―, pero vámonos ya a Tundratown.
―Mira nada más, estabas muy renuente a este juego y ahora no cabes de la emoción.
―No es eso, imbécil, quiero saber quién está detrás de todo.
Sus avatares tomaron camino hacia la ubicación señalada en la hoja hasta encontrarla, llegaron a una limusina blanca con los asientos rasguñados, sin embargo, el personaje de Hans le indicó que se alarmara al descubrir de quién era la limusina; de inmediato y siguiendo las instrucciones, trató de convencer a Elsa de escapar pronto, pero fueron descubiertos por un par de guardias osos polares y estos los apresaron.
―Siempre me han gustado los osos polares ―comentó la blonda―. Grandes y fríos.
―Que sucia eres...
―Ay por favor, no creas que no me eh dado cuenta de cómo miras a Gazelle y cómo miras a mi personaje.
―Tampoco te hagas ilusiones, es el avatar no yo ―mintió de inmediato.
―Ya, claro. ¿Dónde nos llevan?
Todo se sentía tan real que de vez en cuando uno se sostenía del otro para no caer.
Descubrieron que estaban yendo a ver a Mr. Big, quien odiaba a Nick– Hans– por haberlo estafado la última vez, vendiéndole una alfombra muy costosa que fue hecha de pelo de un zorrillo.
Mr. Big decidió ejecutarlos directamente, lanzándolos al hielo. Sin embargo, en ese momento apareció su hija, Fru Fru, quien se casaba ese mismo día y le reclamó a su padre por romper su promesa de no arrojar a nadie al hielo el día de su boda.
En ese momento Fru Fru reconoció a Judy– Elsa– y le mencionó que ella salvó su vida de una rosquilla gigante el día anterior, por lo cual Mr. Big les perdonó la vida y le dio su eterna gratitud a la blonda por salvar a su hija.
―¿Lo ves? Ya soy íntima de Mr. Big ―alardeó la albina mientras un pedazo diminuto de pastel aparecía frente a ella.
Poco después de la ceremonia, Mr. Big le informó a la pareja que Nutreales, quien era su florista, inexplicablemente se había vuelto salvaje y atacó a su chófer Manchas, un jaguar negro, y les sugirió ir a visitarlo en su hogar en el Distrito Forestal.
Los jóvenes localizaron a Manchas en el Distrito Forestal, pero cuando iba a abrir la puerta de su casa, Manchas inexplicablemente se volvió salvaje también y persiguió a la pareja fuera de su casa. Elsa, sintiendo al jaguar encima de ella, llamó a Clawhauser– su compañero leopardo en la estación– para que pidiera refuerzos a la base.
Durante la persecución, Elsa se tropezó con algo y lanzó manotazos al aire, logró sujetarse de Hans y ambos esperaron el golpe.
En lugar de ser recibidos por el duro suelo de madera, las mantas de la cama los acunaron. La blonda se sacó los lentes al sentir una presión sobre su cuerpo y se topó con el rostro de Hans a pocos centímetros del suyo.
El colorado tragó seco.
―Creo que ya hemos jugado lo suficiente ―comentó Hans después de varios segundos de silencio.
No terminaba de decidir si hablaba de la simulación o de lo que había estado pasando entre ellos desde que ella llegó.
―Sí, yo también lo creo ―la blonda le dio la razón.
Hans asintió y trató de levantarse, pero las manos de la albina se lo impidieron, tomándolo del rostro para estampar su boca pequeña contra la suya.
La euforia bulló en su interior, le devolvió el beso a la muchacha y sus manos recorrieron su cuerpo.
Elsa se separó de él para sacarle la camiseta con ademán apresurado y después hacer lo mismo con la suya, Hans se relamió los labios al ver los senos redondos expuestos frente a él, los pezones erguidos y rosados eran una tentadora invitación a que los degustara sin miramientos.
¿Cómo no se había dado cuenta que no llevaba sostén antes?
No esperó más tiempo y se llevó uno a la boca, arrancando un gemido por parte de la albina que le erizó la piel.
―Puedo sentirte ―suspiró ante la presión que sentía por parte de la entrepierna del colorado, aferrándose de sus mechones pelirrojos―; pero quiero más.
Hans la bajó de su regazo para sacarse las prendas que le quedaban, Elsa lo imitó y pronto quedaron desnudos frente al otro.
La albina se lanzó a sus brazos, tocándolo con desesperación y gimiendo ante las caricias que le prodigaba el muchacho. Lo empujó a la cama para comenzar a repartir besos por el vientre salpicado de pecas, dirigiéndose a un lugar en específico.
―Espera... espera ―la detuvo, resollando.
Elsa lo miró, confunda.
―¿Qué pasó?
―Alguien puede llegar y nos van a escuchar...
―Tus padres no estarán aquí hasta mañana...
―Pero Lars sí volverá y a mí, personalmente, me gusta que griten.
Elsa tembló al ver los ojos verdes del muchacho oscurecerse.
―La próxima vez no vamos a desperdiciar el tiempo en estupideces.
―¿La próxima vez? ―Elsa le regaló una mirada lasciva mientras lo observaba ponerse un preservativo que sacó de su mesilla de noche.
―Créeme, vas a querer que vuelva a pasar.
Elsa rodó los ojos e hizo amago de replicar, pero el grito que dejó salir después de ser penetrada por el bermejo fue lo único que inundó la habitación.
Mientras el bermejo se movía frenéticamente en su interior y ella se aferraba a las sábanas como si la vida se le fuera en ello, Elsa tuvo que darle la razón.
Quería que pasara una y otra vez.
―REVIEWS―
Guest 1: Lamento si rompí tu corazón. No pasa nada si no quieres seguir leyendo, gracias por haber llegado hasta donde llegaste y por tus preciados comentarios. Have a nice weekend.
Guest 2: De nada lol, que bueno que todo haya quedado claro. Have a nice weekend.
Guest 3: Ok, that's your opinion and I respect it. Here is mine: Elsa finally freed herself as she needed it, not bad that she has put herself for the first time.
Anna is now the queen and is able to take over the kingdom; also, Elsa visits Arendelle and takes care of the forest and her spirits. She is very powerful. Thanks for your review, have a nice weekend.
Gracias por seguir leyendo, espero que el capítulo de hoy les guste; después de un par actualizaciones sad se necesitaba otra temática lol.
Que tengan un bonito fin de semana y nuevamente les agradezco por sus reviews tan lindos, ya saben que me gustan que me hagan saber lo que no les gusta y los que sí.
¡Nos leemos mañana!
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
