« I »
¿Qué decide que algo pueda ser tuyo? El dinero, la posición. Quizá un simple juego de Póker.
– Cuatro Ases - Los gritos se escucharon alrededor junto con los resoplidos de furia de mis colegas. Sonreí entusiasmado al tomar la recompensa conmigo. Ah~ ¿Qué es mejor que ganar?
– ¡¿Cómo lo hace?! - Escuché los reclamos de mis compañeros hablando entre sí mientras se iban de la mesa. Seis rondas, tres victorias. Tres en las que finjo no saber nada, tres en las que aprovecho mis trucos hasta sacar el último centavo.
Junté todas las fichas para entregárselas a Ryusui. Creo que es suficiente por hoy, debo compadecerme un poco de los jóvenes.
Esta era mi vida, en un mundo donde los juegos y las apuestas son mi mayor centro de entretenimiento, siempre buscando conejillos con los cuales divertirme. Pero, cuando haces lo mismo una y otra vez, el tiempo convierte todo en monótono y aburrido.
Me senté frente a la barra pidiendo una sencilla Roy Rogers. Dejé que la bebida bajara tranquila por mi garganta sintiendo el alivio refrescante. Bastante deliciosa.
La música sonaba suave en el bar, había un ruido tan sutil que me sabía a un hermoso silencio. Normalmente eran los miércoles cuando el ambiente era bastante calmado en comparación. Difícilmente me preocupaba de los acosadores insistentes.
Le di otro trago a mi bebida. La burbuja solitaria desapareció en un instante cuando sentí una presencia a mi lado, lo dejé pasar seguro solo era otro fanático. La mujer de la barra preguntó por su orden y escuché al sujeto de al lado aclararse la garganta antes de pedir algo.
– Dame lo mismo que a él - Miré al sujeto quien se sentó justo al lado mío. Su extraña y bastante inusual apariencia me causó cierto interés. No siempre ves a un tipo de cabellera extravagante. ¿Qué estilo era aquel? Pff, ¿Peinado cebollín?
Analicé su rostro, nunca lo había visto antes por aquí. Debe ser extranjero quizá, tampoco es que pueda decir mucho de su vestimenta, se nota a vista que es un traje de costura económica. Su postura seria, casi distraída, como si no le importara nada.
– Kukuku, veo que capté tu atención - Hmm, así que lo notó. Su voz era suave, algo sería y poco grave, a diferencia de su apariencia que me parecía bastante llamativa.
– Nunca te había visto antes. ¿Juegas? - Pregunté dando una sonrisa amable. Él rio un poco antes de responder.
– Para nada. Pero por lo visto tú si. Quizá en algún momento me una a uno de sus grupos de Póker, suena... emocionante - Sonreí tomando un trago de mi bebida. Él hizo lo mismo y continué con la pequeña charla.
– Y, ¿Cuál es tu nombre? - Me miró divertido antes de alzar una ceja en pregunta.
– ¿Te interesa? - Que respuesta más fría.
– He, nunca está mal hacer nuevos amigos - Respondí. Me miró un rato antes de llevarse una mano a su cuello echando la cabeza en un lado. Hizo un gesto que me pareció de lo más... atractivo.
– Senku, ese es mi nombre - Senku... No suena mal.
– Ah~ Así que, Senku-chan. ¿Puedo llamarte así? - Casi podía saborear el pronunciar su nombre en mis labios.
– Sí, si, como sea - Hizo un movimiento de manos restándole importancia. Bueno, supongo que también debo presentarme.
– Yo soy -
– Asagiri Gen - ¿Eh? - Todos saben quién eres, mentalista - He~ este tipo es más interesante de lo que pensé.
– Pues no pareces muy sorprendido Senku-chan - Y eso era problemático.
– ¿Por qué debería? No me dejo impresionar por simples trucos y engaños - Vaya... Ya lo veremos.
– ¿A ti qué te interesa, Senku? - Esbozó una sonrisa entre curiosa y arrogante, me gusta.
– Bueno, ya es algo tarde. ¿Qué tal si me lo preguntas a la próxima? - Dejó el dinero sobre la barra y se fue sin decir más. Incluso cuando estiré mi brazo no supe la razón de mi repentino interés. Lo único que pensé en esos cortos segundos, es que no podía esperar a verlo de nuevo.
– ¿Lo habías visto venir antes? - Le pregunté a Francois que me miró con una ceja alzada. La mujer era bastante seria y casi nunca podías mantenerle conversación. Pero al hacer su trabajo era la mejor.
– Para nada. Pero a lo que veo parece interesarte - Sentí un pequeño revoltijo en mi estómago, apenas sutil pero que estuvo presente.
– Tal vez. Se ve que es un sujeto agradable - Sonreí con aquel rostro que casi no solía mostrar. Era evidente que cuando pensaba en algo interesante mis pequeños demonios eran más fuertes que yo.
Quiero saber más de ti, Senku-chan~
« II »
La noche del viernes fue quizá una de las más movidas. Una ocasión especial de máscaras era la excusa perfecta para coquetear y beber junto a la música que suena en la pista.
Para mí, las cosas se ponen igual de intensas en el casino. Es, más que nada, una buena excusa para apostar y llevar todo a los bolsillos.
– Ya es la cuarta ronda amigo, deberías tomarte un descanso. Vamos por unos tragos, yo invito. ¿Te parece? - Asentí.
Ryusui era la clase de amigo que luego de unas apuestas se quedaba bebiendo hasta desmayar. La pobre de Francois siempre debía lidiar con él. ¿Igual qué puedo decir del hijo del dueño de este lugar? Ambos son iguales.
Pedimos dos Margaritas mientras observábamos a las personas pasar. A veces nos gustaba juzgar los trajes, entre quién llevaba las mejores máscaras o lucía mejor.
Ryusui se consideraba abiertamente pansexual, por lo que no era de extrañar que comiera con la mirada a hombres por igual. Yo prefería guardarme mis gustos. Me daba igual el género, pero si se trataba de una persona excéntrica mi interés salía a flote.
– Oye Gen, ¿No has pensado en buscarte un ligue? No sé, a veces es aburrido ser solo yo quien cuente de mis aventuras y fracasos amorosos - Lo pensé unos segundos, el sujeto de la otra vez vino a mi mente. Quizá si debía probar un poco, no es como si fuera virgen, pero eso de mantener una relación amorosa me generaba cierto conflicto.
– De hecho, hay alguien en que tengo puesto el ojo - Él fijó su atención en mí dejándose sorprender por mis palabras. Exigió que le contara más, pero negué - No sé nada de él, apenas lo vi una vez -
– ¿Es lo que llaman "Amor a primera vista"? - Ambos reímos. Me imaginé el momento de antes como una novela cliché. Solo faltaría que él llegase por la puerta en todo su esplendor como en las películas.
¡Y oh! Por todas las cartas... Sí pasó.
Porque mi mirada observó la entrada de aquel sujeto, vistiendo un brillante traje en azul oscuro que resaltaba su imagen. Peinado diferente a aquella vez, con los cabellos recogidos hacia atrás cayendo apenas por sus hombros. Una bonita máscara a juego que combinaba con sus iris carmesíes. Casi tan irreal como en una novela.
– Es él... - Ryusui vio hacia donde la mirada de su amigo iba dirigida. Parecía un tipo de lo más ordinario, sin contar por su extraño cabello que resaltaba en blanco. A su lado había una mujer pequeña, bastante delgada y bonita.
Se le cruzó una idea. Tomó la mano de Gen que se puso más que nervioso al ver que era llevado hacia ese par. Estaban cerca de la pista de baile. ¿No estaría pensando en...?
Si, justo lo que temía. Sus miradas cruzaron al instante en que se encontraron frente a frente. Si quiera las movían del rostro del otro.
– Pero que hermosa señorita me he encontrado esta noche. ¿Me permite esta pieza? - Ryusui tomó la mano de la joven depositando un beso en ella. La joven se sonrojó volteado a ver al peliblanco que solo asintió.
Nos habíamos quedado solos, Senku y yo. No podía estar más nervioso. Lo escuché soltar un suspiro y luego sonreír.
– Parece que nos encontramos de nuevo, mentalista - Aún no me llama por mi nombre. Se siente como una gran distancia entre nosotros. ¿Debo recordar que es un desconocido?
– ¿Quién lo diría, Senku-chan? Ese estilo te sienta bien - Y no era un simple alago, realmente se veía diferente, sin quitarle ese toque único en él. Puedes fácilmente reconocerlo.
– ¿Qué hay de ti? - Sentí su mano pasarse por mi cabello, casi sentí que la respiración se me iba. - Este pequeño cambio no lo había visto, parece bastante... natural -
– E-Eh, ah, este es mi cabello natural, no me dio tiempo de teñirlo. ¿Se ve mal? - Si algo me avergonzaba era esa parte blanca que tenía mi cabello. Se ve muy raro.
– No, te sienta bien. Deberías usarlo más en tu programa - A este paso ya era mucho si no me sonrojaba, mantener este aire tranquilo era algo difícil si la persona que te gusta te da un alago.
Que te gusta... No es que Senku me guste, recién lo conozco, solo es un simple interés.
– Tal vez lo considere. ¿Pero cómo sabes que nunca lo uso? ¿Eres un fan mío acaso? - La primera vez igual lo dijo.
– Para nada, es solo que tu show de magia pasa justo antes de la hora de Doraemon. Tus libros también son algo infantiles a mi parecer - Uhh, golpe directo - Aunque, no digo que seas malo. Lo haces bien para ser un mentalista - Esa fue mi alma regresando a mi cuerpo.
– Jeje, pareces saber mucho de mí, pero yo no sé nada de ti Senku-chan. ¿No lo ves injusto? - Hizo un ademán restándole importancia.
– Tampoco es como si mi vida fuera algo interesante -
Nos sentamos en una de las zonas tranquilas del bar. Platicamos un rato mientras disfrutábamos del ambiente, era algo extraño ya que no me imaginaba pasar la noche de esta forma. Pero me estaba divirtiendo. A pesar de no parecer un sujeto gracioso me sentía atraído por las ideas extrañas que salían de su mente.
No solo era interesante, también demasiado inteligente. Hacía mi mejor esfuerzo por no perderme en la conversación, era difícil porque no entendía nada en lo absoluto sobre ciencia.
Sus ocurrencias eran algo graciosas. ¿Qué niño a los ocho intenta crear un cohete real que vaya al espacio? Otros niños pensarían en jugar con coches o rompecabezas. Bueno, tal parece que Senku-chan es alguien especial.
Empiezo a creer que ningún truco que le muestre le será interesante. O quizá...
Acerqué una mano a su rostro. Genial, capté su atención. Un movimiento hacia arriba, abajo, izquierda, y vualá. Pasé la mano tras su oreja revelando una moneda.
– ¿Hum? ¿Estás tratando de impresionarme? - Reí a lo bajo, claro, como si pudiera impresionarlo.
– Tal vez. Pero dudo que haya algo que te haga poner la atención en mí - Con cuidado ingresé la moneda de regreso a su bolsillo.
– Es verdad, pero de lo contrario no estaría hablando contigo - Como una explosión el color se llenó en mis mejillas, no podía describir si estaba rojo o no pero seguramente estaría haciendo una mueca boba.
– ¿L-Lo haces a propósito, Senku-chan? - Pregunté y me retracté cuando vi esa sonrisa divertida en su rostro.
– No... - Genial, creo que ahora estoy más nervioso que antes. Miró su reloj percatándose de la hora. - Creo que es hora de irme. Disfruta la noche -
Y como una historia de Cenicienta, el misterioso y fascinante príncipe desaparecía sin dejar rastro alguno. Aunque quizá si había algo.
Al llegar al auto, Senku metió la mano en el bolsillo del pantalón para sacar la pequeña agenda donde se encontraba su horario de la semana perfectamente organizado. Pero tan solo al sentir la pequeña imperfección en la pasta blanda, miró con curiosidad la parte interna de ella. Donde, con una letra algo deforme, estaba escrito un número de teléfono.
Ahh, al final de cuenta, sí había logrado impresionarlo, siquiera se había percatado cuándo le dio tiempo al bicolor de anotar algo en su cuadernillo.
– Haa, impresionante truco, mentalista. Obtienes 10,000 millones de puntos - Cubrió la pequeña sonrisa que pintaba sus labios esperando a que el pequeño revoloteo en su interior se calmara. Sus mejillas apenas con un muy imperceptible sonrojo. Ese joven de las cartas lo tenía más atraído de lo que pensaba.
Gen por su parte terminaba de mojar un poco su rostro con agua fría. Sus mejillas seguían algo acaloradas, quizá por la margarita que había estado bebiendo. No era muy resistente con el alcohol.
Su celular vibró en su saco y notó la notificación de su bandeja de mensajes. Desbloqueó el teléfono y el aire casi se le va de sus pulmones.
¿No te han dicho que no deberías darle tu número a desconocidos?
No creí que también fueras carterista, espero que mi billetera no esté vacía eh
Jajajaja, Senku-chan es tan divertido
Pensé que ahora podríamos hablar más seguido
Si así lo quieres, estaba a punto de pedir tu numero
Soltó un suspiro llevando el teléfono al pecho. Guardó el aparato cuando oyó a su amigo llamando desde afuera. Esperaba que ahora pudiese acercarse más al sujeto que había captado su atención.
« III »
Pueden haber días malos y días buenos. Pero a veces las sonrisas pueden salir con un simple hola.
Eso mismo le pasaba a Gen. Porque no importaba el momento o situación, con solo leer un saludo de su amigo científico se encerraba en su propia burbuja llena de flores y color.
Desde esa noche en que le dio su número, compartían mensajes cada día, la mayoría de veces se tardaban en responder, aún más cuando el de hebras blancas se distraía con algún proyecto de interés. Pero siempre encontraban un momento para conversar.
Asagiri no podía esperar a volver a encontrarse con él. Aunque varias veces había regresado al casino, el tipo no se había vuelto a aparecer.
Así es como pensó en citarlo, el único problema era; cuándo, dónde, con qué razón. Sería lógico decir que era una simple salida de amigos. Pero tampoco se conocían tanto como para considerarse como tal. El otro seguramente entendería sus intenciones y se alejaría. O solo estaba pensando demasiado.
La oportunidad se dio antes de siquiera esperarlo. Aquella tarde nevada del lunes, Gen había acordado reunirse con uno de sus viejos compañeros de grabación. Ukyo era un joven que lo había acompañado mucho tiempo cuando trabajaba como asistente de operador de audio en el set.
Conversaban de lo que habían hecho esos últimos años. Temas como la vida de ambos fuera del trabajo eran los preferidos.
Sorprendente fue cuando, entre una de sus charlas, Gen se detuvo al oír una voz familiar. Una que reconocería al instante.
Buscando con la mirada a donde venía esa voz, encontró de nuevo esa cabellera exuberante que llamaba la atención. Iba acompañado de dos personas, si no estaba equivocado se trataba de Taiju y Yuzuriha. El albino le había contado de sus mejores amigos en uno de sus tantos mensajes.
– ¿Te gusta? - Escuchó la pregunta del más bajo y recordó que había dejado sus palabras a medias. - Lo miras como si quisieras ir a hablarle justo ahora - Y estaba en lo correcto.
– No puedo evitarlo, solo de verlo siento que quisiera lanzarme a él - Suspiré como colegiala enamorada. Ya no era un puberto de secundaria, y aun así actuaba como uno.
– Entonces vamos - ¿Eh? Ukyo me tomó del brazo y me jaló hacia su dirección como si fuera un niño pequeño al que lo llevaban al dentista. Estaba nervioso, había pasado tiempo, no era lo mismo hablar en línea que en persona.
Él me notó. Vi la pequeña sorpresa en su rostro y realmente no sabía qué decir en este momento. Todo se había reducido a un pequeño silencio.
– N-No esperaba encontrarte aquí Senku-chan - Quería darle un pellizco a Ukyo en este momento. Que por cierto, me dejó solo mientras se iba a ordenar una malteada. ¿Dónde había vivido algo parecido? Ah sí, en la noche del casino.
– Lo mismo debería decir. ¿Andabas siguiéndome? - Negué. Para nada pensaba verlo hoy - Si querías que nos encontráramos solo debiste pedirlo - Como si no lo hubiera intentado.
– ¿Acaso Senku-chan quería verme? - Sonreí más relajado mientras lo codeaba un poco. Sin esperar para nada ver ese pequeño sonrojo pintarse en su rostro.
– ¿Pero qué dices? Claro que no - Se alejó apenas un poco para ocultar el evidente estado que ya había visto. Me quedé algo estupefacto. Casi con una sonrisa de victoria que intentaba ocultar.
– Oye Gen, me voy yendo - Ukyo se acercó hasta a mí y puso una mano en mi hombro - Suerte amigo - Me susurró en el oído. Pensé en reprocharle pero se había ido.
– ¡Senku! - Escuché a su amigo llamándolo. Recordé que estaba con alguien más. - ¡Perdón Senku! ¡Olvidé la billetera! Espera aquí, Yuzuriha y yo ya volvemos - Y se fueron.
Bueno, estamos solos de nuevo... ¿Debería sorprenderme?
¿No es eso lo que esperabas Gen? Volver a encontrarte con él. Vamos, di algo. No puedes dejar pasar la oportunidad.
– ¿Quieres un café? Yo invito - Le miré dando mi mejor cara. Él solo asintió con una sonrisa cálida. Le invité a mi mesa y esperamos a que las bebidas llegaran.
Conversamos un rato, había hecho falta volver a hablar con él de frente, sentir su presencia me hacía recobrar esa felicidad auténtica que pocas veces había tenido. El tiempo pasó bastante rápido. Él incluso canceló a sus amigos alegando que se quedaría conmigo, juraría que el corazón casi podía salirse de mi pecho.
Hubo un pequeño momento en que mi vista se dirigió a la ventana, siquiera había notado cuando había atardecido. Senku había ido al sanitario mientras yo esperaba observando los copos blancos caer hasta cubrir poco a poco el panorama en blanco.
Un pequeño recuerdo me llegó casi como una revelación. En ese mismo parque que mis ojos veían de frente, había una pequeña escena de años atrás. Una pequeña sonrisa surgió de mis labios, miré la barra de los pastelillos con una idea en mente.
El albino regresó a la mesa donde yo lo seguía esperando, esperé a que se sentara en la mesa al momento justo en que la mesera trajo lo que pedí.
– Es tu cumpleaños. ¿Cierto, Senku-chan? - Él me miró entre sorprendido y confundido. Solo sonrió y tomó el tenedor mirando curioso el pequeño pastelillo que tenía en frente. Fresas, su sabor preferido.
– ¿Cómo lo sabes? - Me preguntó. Estaba agradecido de haber recordado aquel momento en mi infancia, entendí ahora que esta persona era aún más especial para mí de lo que hubiera pensado. Y tal vez encontrarnos no fue solo una simple casualidad.
– Adiviné - Fue mi corta respuesta. - Vamos, sopla la vela -
Y mis sentimientos se aclararon solo al ver esa felicidad infantil en sus ojos. Sí, había algo más...
« IV »
Pequeña tarde de invierno, esperaba a mamá que había dicho que regresaría pronto. Bah, seguro solo quería coquetear con el chico lindo de la cafetería.
– Esto es muy aburrido~ - Bufé arrastrando mis pies en la nieve. Busqué algo en mi mochila con qué distraerme, pero lo único que encontré fue un mazo de cartas. Podía jugar al solitario, pero es tan aburrido.
Era en estos momentos donde desearía tener un amigo. Alguien con quién jugar, o al menos poder hablar.
Miré a un niño más pequeño sentarse al lado mío, su cabello era muy extraño, parecía que llevaba una lechuga en su cabeza. Bueno, cualquier cosa es mejor que jugar solo.
– ¡Hey! ¡Niño lechuga! ¿Quieres jugar? - Le llamé. A lo que solo me dirigió una mirada ofendida. - Tengo cartas - Le mostré. Entonces su semblante cambió a uno más curioso.
– ¿Sabes cómo se juega? - Me preguntó esta vez más interesado. Yo solo asentí sin decir mucho. - El viejo dice que estas cosas son solo para adultos, no quiere que me convierta en uno de esos apostadores molestos - Me sacó la lengua y se cruzó de brazos desviando la mirada. Qué directo.
– Puedo enseñarte. Nadie se enterará - Él me miró esta vez quitando su cara de niño serio. Sonreí con malicia. Lo que sea para quitarme el aburrimiento.
Aunque tal vez debí pensarlo mejor dos veces...
Este niño aprendía rápido, y mientras más jugadas pasaban más bueno se volvía. A pesar de ser un juego de azar sabía jugar bien las cartas. Me ganó unas dos veces y yo le gané seis.
– ¡Whoa! ¡He vuelto a ganarte! - Reí a la vez que él se miraba emocionado mostrando la fila de diamantes rojos.
– Esa fue una buena jugada - Tomé las cartas para terminar por guardarlas. Había visto a mamá despidiéndose a lo lejos del chico de la cafetería.
Creí que esto sería aburrido, pero este niño era divertido en cierto sentido. Verlo perder y hacer berrinche me gustaba, pero esa actitud de no rendirse y dar todo de sí para ganarme a la siguiente era lo que en verdad me tenía encantado.
– Apuesto a que un día serás un gran jugador, lechuguín - Pasé mis manos por su cabello, era una sensación extraña.
– Por supuesto, voy a superarte y seré 10,000 millones de veces mejor que tú - ¿Eh? ¿Acaba de retarme? - Es broma, quita esa cara -
– Es una apuesta entonces - Sonreí emocionado. Si algo me gustan son los buenos retos. - La próxima vez que juguemos intenta ganarme. Si lo haces entonces, te recompensaré - Lo pensó un momento, luego asintió y nos dimos un apretón de manos sellando el trato.
Un auto se detuvo frente a la banca en la que estábamos, de el bajó un hombre de cabello albino que parecía similar al niño. Supuse que era su padre.
Y tal como creí, si lo era. Hizo un ademán llamando al niño y él se despidió. Pero antes de irse volteó una última vez solo para darme una sonrisa, acompañada de dos palabras que me hicieron sonreír.
– ¡Nos vemos! -
Miré cómo se marchaba y oí a su papá decir que al llegar a casa le esperaba una tarta de fresas para su cumpleaños. Que dato más curioso. Vi el auto alejarse y a mi mamá regresar para irnos a casa.
Tal vez nunca vuelva a ver a ese niño. Fue lo que pensé en ese entonces. Y ahora que han pasado casi doce años, no puedo creer que haya vuelto a topármelo. Más aún, que sería mi crush actual.
Tenía once en ese entonces. Ya no recuerdo mucho de lo que fue hace doce años, pero la vida me acercó de nuevo a él, y ahora sé, que no quiero alejarlo de nuevo.
– Senku-chan, me gustas - Lo dije finalmente.
Mi corazón pedía a gritos dejarlo salir. Por lo que le cité en este mismo parque hoy, solo para poder decir esto que necesitaba liberar.
Sí... Me había confesado...
Él solo se miraba estupefacto ante la confesión, pensó un poco antes de poder decir algo. Pero incluso cuando buscaba la respuesta solo volvía al silencio. No podría superar un rechazo suyo, por lo que solo le di una sonrisa, me di la vuelta y continué mi camino.
Enamorarse de alguien no era fácil. Menos con alguien que no tienes mucho de conocer. Pero mientras los días transcurrieron, y las semanas se volvieron meses, más me enamoraba de Senku.
Hasta que me confesé, y sentí que mi corazón se quebraría por no querer escuchar su respuesta.
Por un momento creí que él sentía lo mismo. Pero siquiera me detuvo.
En este mundo donde juego las cartas a mi suerte, he perdido. Ahora puedo sentir la baraja desmoronarse lentamente.
« - »
– Te ves realmente mal - Ryusui observaba a su amigo de pelo bicolor que ahogaba sus sentimientos con una botella de tequila. - Vamos. Ese hombre no era para ti, siempre hay más peces en el agua -
– Es mi primer rechazo. Tenía que arruinar todo... - Su voz salía sin ganas, casi rota por los jadeos ahogados que intentaba no sacar.
– Vamos, ¿Qué tal si jugamos un juego de cartas? Eso siempre te anima - El pelinegro asintió. Limpió sus lágrimas y siguió a su amigo hasta el interior del casino. Las cosas siempre se pueden resolver con un simple juego. ¿Cierto...?
Por su lado, cierto albino observaba el edificio desde afuera. Tragó duro al sentir un extraño malestar en su pecho. En lugar de dar un paso delante, simplemente dio la vuelta y continuó su camino.
¡Hey! Al fin publiqué el primer capítulo. Ya puedo morir tranquila -w-
¿Qué les pareció? Estaba algo indecisa porque es mi primera vez escribiendo SenGen y aún me estoy adaptando al ship jajaja ':D
Espero subir el segundo capítulo pronto, aunque siempre tardo mucho escribiendo xd
¡Nos vemos!
By~F.F
