Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Sinopsis: Una enfermedad contagiosa, el pánico y los saqueos se apoderan de Moscú. Con la supervivencia como objetivo, una ex pareja debe sacar a sus hijos de la ciudad, aceptando sus sentimientos en el proceso.

Día 8.

Temática: Virus.

Rating: T.

Propuesta propia.


Brizna

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Elsa miró nerviosamente la puerta de entrada a los vestuarios mientras se quitaba el maillot, las medias blancas y las zapatillas de ballet; metió todo dentro de su pequeño casillero y sacó la ropa― con la que había llegado esa mañana― para vestirse rápidamente. Debía largarse de ahí cuanto antes.

Sacó su bolso de mano, se enfundó en su abrigada chaqueta y se dirigió a la salida del edificio.

―¿Ya te vas? ―preguntó la señora Packard, la recepcionista―. Tu segunda sesión empieza en quince minutos…

―Tengo que ir por mi hijo ―masculló, mirándola por encima del hombro.

Packard bufó.

―Mi estúpida Elsuka; te dije que debías tomarte ese té…

―Y yo que dejaras de fumar, Wilhelmina. No puedes hacerlo aquí.

Como única respuesta, la mujer le dio una profunda calada al cigarrillo.

―Púdrete, Elsuka.

La blonda le dio la espalda a la puerta para mostrarle el dedo medio y, cuando se volvió, se dio de frente contra algo duro y suave a la vez.

―Vaya, vaya, copo de nieve ―Elsa tensó la mandíbula al reconocer al dueño de la voz―. No me superas ¿eh?

―¿Y cómo te va a superar? Le dabas hasta para llevar ―se metió la mujer, encendiendo otro cigarrillo―. De rodillas podría jurar que eres el papá de su mocoso transparente.

―Ya hubiera deseado yo tener tanta suerte.

―Que te den, Westergaard.

―Soy voluntaria ―Packard volvió a intervenir.

―Mejor cierra la boca, anciana loca, y llama a mi hija. Dile que estoy aquí.

Elsa vio aquella disputa como una oportunidad para marcharse definitivamente, corrió hasta su auto y ni bien abrió la puerta, una mano grande enfundada en un guante la cerró.

El colorado había ida tras de ella.

―No tengo tiempo para tus estupideces...

―Nastya preguntó por ti y por Alexei.

Elsa guardó silencio, mordiéndose la lengua para no soltarle unas cuantas cosas.

―Ella...

―Ella baila muy bien ―dijo apresuradamente―. Katrina dice es la más adelantada de su clase.

Hans negó con la cabeza, se cruzó de brazos y le bloqueó el paso a la puerta.

―Me pidió que te preguntara si podrías acercar a Alexei a casa.

―Hans, no creo que eso sea lo mejor.

―¿Qué es mejor para ti? ―espetó―. Esto no se trata de nosotros, es sobre los niños.

―Te dije que...

―Nastya extraña jugar con Alexei, como si no le bastara con verlo en la escuela.

―Es por eso que te dije que no era buena idea mezclar a los niños en... esto ―los señaló.

―Llevábamos saliendo juntos casi un año, mi hija te veía salir de casa y el tuyo a mi ―replicó―. Esto ―los señaló a ambos, imitándola― iba de maravilla, hasta que decidiste que no estabas lista para que nos casáramos y sacaste tus cosas y las de Alek de la casa.

Elsa tragó saliva, en otra ocasión habría discutido con él hasta el cansancio; pero no aquel día.

No cuando el tiempo jugaba contra ellos.

―Nastya debe estar viniendo ya...

―Vamos a hablar de una buena vez, después iremos por Alek y...

La blonda le hizo callar, cubriéndole la boca con una mano.

―Hay una enfermedad y se propaga rápido ―musitó para que la mujer que caminaba cerca de ellos no la escuchara―, sabes que una persona está enferma porque tose mucho y los ojos se me decoloran.

―¿Qué? ―murmuró contra su mano.

―Usen estos ―de su bolso sacó un par de tapa bocas desechables, casa uno dentro de su empaque―, no se los quiten hasta que consigan unos de tela o algo para cubrirse la nariz y la boca; toma a Nastya y salgan de Rusia...

―¿Por qué nos iríamos? ¿Cómo sabes todo eso?

―El papá de Alek llamó para advertirme, dice que van a cerrar las fronteras y que debemos ir a Kiev; solo te dejan pasar si estás limpio.

Hans rechinó los dientes ante la mención de ese hombre, el padre del hijo de Elsa era un idiota que jamás se había hecho cargo del niño.

Igual que la madre de su hija.

―Podemos...

―Ve a tu casa y empaca lo necesario ―lo interrumpió―. Adiós, Hans.

Se puso de puntillas y apretó un beso en la boca del colorado.

Hans se hizo a un lado y la dejó subir al coche; mientras estaba retrocediendo por el aparcamiento, la albina lo vio correr dentro del edificio.


―¿Dónde estás? ―masculló al teléfono.

―Muchos hombres llegaron a los vestuarios, rociaron a mis compañeros de equipo con una cosa que parece ceniza ―la voz de su hijo sonó tras la bocina―. Me salí por la ventana del baño.

―Bien, dime donde estás e iré por ti.

―Estaba haciendo mucho frío, así que corrí hasta la cafetería.

Elsa suspiró.

―Bien, ocúltate bien y no salgas hasta que me escuches tararear till tili bom.

El niño le aseguró que obedecería y colgó el teléfono, en ese momento agradeció haber cedido a la sugerencia del padre de su hijo y darle un teléfono para emergencias.

Si bien Alexei no tenía más que siete años, orgullosamente podía decir que había heredado su inteligencia.

Caminó a lo largo del campo de fútbol, cuidando que los oficiales que rondaban por ahí no la vieran; vislumbró la pequeña construcción que hacía de cafetería y se abalanzó hasta la puerta. La empujó con todas sus fuerzas y no se detuvo hasta que la abrió.

El interior era un poco más cálido que el exterior, Elsa paseó sus orbes azules por la estancia y caminó hasta la cocina.

Revisó nuevamente que no hubiera nadie y comenzó a tararear para atraer a su hijo:

Tili-tili-bom, Zakroy glaza skoree, Kto-to hodit za oknom, I stuchitsya v dveri.

El pequeño rubio salió de entre unas cajas repletas de barras de centeno. Se abalanzó a sus brazos y Elsa lo apretó contra su cuerpo.

―Estás helado ―frotó los bracitos pálidos del niño, fríos como paletas de hielo.

―No pude tomar mi abrigo ni mi gorro ―se lamentó―. Salí corriendo para que no me rociaran con esa cosa.

Elsa se sacó el largo abrigo y después el suéter de lana que llevaba debajo, embutió a Alexei en él y le rodeó el cuello con su bufanda, dándole varias vueltas para que no pudiera tropezar con ella. Se puso el abrigo nuevamente y lo tomó de la mano.

―¿Alguien te vio?

Alek negó con la cabeza.

―Bien, vámonos ya.

Solamente se detuvo para tomar algunas latas y meterlas en su bolso.

Corrieron hasta el coche y Elsa condujo todo lo rápido y cuidadosa que pudo; para cuando llegaron a la pequeña casa, copos de nieve comenzaron a caer del cielo.


Lo primero que hicieron al llegar fue tomar una ducha rápido, para poder desinfectarse y hacer que el niño entrara en calor.

Elsa lo embutió en varios polos de manga larga, le caló un suéter encima y una parca abrigada, lo metió en una de las mayas limpias que usaba para jugar soccer y le calzó las botas.

―Quiero que te sientes aquí y no hagas ruido ―instruyó―. Si alguien toca a la puerta me lo dices en silencio; no abras ¿entiendes? ―el rubio asintió y ella se alejó para prepararse.

Tomó la mochila que usaban cuando se iban a acampar a las montañas con Hans y Nastya― reprimiendo un sentimiento de tristeza ante los recuerdos― para meter dentro comida enlatada, botellas de agua, documentación importante embalada en bolsas y algo de ropa.

"Vas a necesitar un arma" recordó las palabras de su hermano, los había llamado a él y a su hermana para advertirles. Terminaron acordando verse en una estación de servicio a las afueras de la ciudad.

Volvió a la sala de estar― donde su hijo la esperaba― y tomó la caja larga que yacía sobre la chimenea. Dentro de esta se albergaba un hacha larga a simple vista afilada.

―¿Qué haces, mamá? ―preguntó Alek al verla empujarla trabajosamente.

―Recuerda que eres mitad noruego ―dijo y de un último empujón, la caja cayó al suelo; rompiendo el cristal y provocando un ruido estrepitoso.

Poniendo cuidado de no cortarse con los cristales regados en el suelo― y después de darle instrucciones al blondo de no acercarse―, levantó el hacha con ambas manos.

"Un peso ideal".

―Hora de irnos ―cargó a Alek hasta la puerta de salida, le caló su ushanka hasta las cejas antes de ponerse la suya, se colgó la mochila y abrió la puerta―. Aférrate a mi abrigo y no me sueltes.

―¿Donde vamos, mamá?

―A ver a la tía Anna y al tío Roy.

―¿Por qué debemos irnos así?

Elsa levantó el hacha y miró hacia ambos lados, instruyó al niño para que corriera al coche y ambos emprendieron la carrera hasta el vehículo.

―¿Por qué debemos irnos así? ―repitió.

Elsa metió la mochila dentro del coche y sacó uno de los bidones llenos de diésel que había comprado esa mañana.

―Porque es más seguro para nosotros si lo hacemos. Haz silencio y sube al coche.

―¿Puedo ir a jugar con Nastya y Hans cuando volvamos?

―Que subas al coche.

―Solo si prometes que volveremos con ellos.

―No es momento para que...

―¿Hay algún problema? ―Elsa giró hacia el lugar del que provino la voz.

Un hombre se acercó a ellos, llevaba una mochila al hombro y un cuchillo colgado del cinturón.

―Estamos bien ―respondió la albina, empujando disimuladamente al niño hacia la puerta.

Sus dedos rozaron el mango del hacha.

―¿Necesita ayuda?

―Estamos bien.

El hombre asintió y comenzó a caminar hacia ellos.

―Mira belleza, resulta que necesito un auto y tú tienes uno.

―Siga buscando.

―No hay tiempo para eso, la gente está como loca y no me voy a arriesgar.

―Busque el tiempo.

―Tú y el niño pueden venir ―negoció, esbozando una sonrisa desagradable―. Si quieres más tarde nos deshacemos de él para que podamos...

La manaza del tipo se posó atrevidamente en su cadera y subió para rozarle el pecho por encima de la parka. En un movimiento rápido atrapó el hacha y empujó a su hijo dentro del coche.

La constipada cara del tipo mutó de coqueta a colérica.

―Eres una ingrata ―escupió―, estaba siendo benevolente permitiendo que tu bastardo nos acompañara, pero ahora vas a aprender por las malas a ser más agradecida.

Se abalanzó sobre ella, usando su pesado cuerpo para empujarla lejos del vehículo y hacerla caer a la capa de nieve suave que se había instalado desde que la nevada comenzó.

El hacha se le resbaló de las manos, un par de metros más allá.

―Nos es personal, mocoso ―se incorporó trabajosamente al escucharlo aporrear la puerta del coche. Alexei se había encerrado ahí―. Tu mamá se merece una lección y tú me vas a ayudar a dársela... pero descuida, la verás en la otra vida.

En cuanto lo vio desenfundado el cuchillo antes de tratar de romper el cristal de la ventana, Elsa se arrastró hasta donde cayó el hacha, la levantó y se lanzó contra el desconocido.

El hombre rubicundo la escuchó y trató de esquivarla, pero su inmensa persona hizo el proceso más lento y ella hoja afilada logró darle por el costado.

Su cuchillo voló por los aires, cayendo a los pies de la blonda.

―Ahora yo te voy a enseñar a no meterte con mi hijo.

Elsa no se distrajo y fue tras del tipo, al verse desarmado y herido, el cobarde se lanzó a correr por la carretera; ni bien puso un pie dentro del pavimento, un jeep de gran tamaño lo embistió y su inmenso cuerpo salió volando.

Hans abrió la puerta del jeep y silbó al ver el cuerpo tirado fuera del camino.

―Sí le di ¿no?

―¡Hans! ―Alek abrió la puerta del coche y corrió en dirección del pelirrojo.

El aludido bajó del jeep de un salto y recibió al niño en brazos.

―También me alegro de verte, compañero.

Lo levantó en un brazo para llevarlo hacia el jeep; Nastya bajó la ventanilla para saludarlos con una mano y una gran sonrisa en su carita pecosa.

Abrió la puerta para que subiera, indicándoles tomar los asientos traseros antes de acercarse a ella.

Elsa dejó caer el hacha sucia al suelo, manchando la nieve impoluta con el color rojo de la sangre que embarraba la hoja; y dejó el bermejo la rodeara con los brazos.

―No quería hacerle nada ―masculló contra su pecho, mojándole la parka con unas lágrimas que no sabía que estaba derramando―, pero quería... él me tocó y dije que no... y él iba a dañar a Alek...

―Shh, está bien, copo de nieve ―le aseguró, frotándole la espalda con una mano y apretando un beso en su frente―. Hiciste lo necesario para ponerte a ti y a Alek a salvo; pero ya estoy aquí y mientras lo esté, no tendrás que hacer nada como eso de nuevo.

La blonda lo miró a los ojos, aferrándose de sus brazos para que no se fuera.

―¿Qué haces aquí? Te dije que debías sacar a Nastya de Moscú...

―Ella no iba a irse sin su madre y sin su hermano ―susurró, tomándola de la mandíbula―. Yo tampoco.

Hans le acarició lentamente los labios con un pulgar y Elsa no lo resistió más.

Ya no iba a ignorar todo aquello.

Se levantó en puntillas y atrapó la boca del colorado en un beso, la mano grande de Hans la afianzó por la nuca y movió sus labios con destreza por los suyos.

Cuanto lo había extrañado.

―¡¿Vamos a vivir juntos de nuevo?! ―gritó la pequeña colorada desde el jeep.

―¡Digan que sí!

Elsa dejó salir una carcajada llorosa y Hans negó con la cabeza, sonriendo.

―Ve con ellos, aquí está helando ―le pidió, dándole un piquete en la boca―. Ahora subo sus cosas para que podamos irnos.

―Deja que te ayude.

―Solo es la mochila y los bidones de diésel ―sus ojos esmeraldas chocaron con el hacha en el suelo, limpió la hoja con la nieve y la levantó―. Esto es tuyo, Freya. Siempre me ha gustado tu faceta de diosa nórdica caliente.

Elsa le dio un manotazo y le recibió el hacha, sonrojándose. El colorado la instó a subir al jeep y se alejó para hacerse de las cosas dentro de él.

―¿Vas a ser la novia de mi papá otra vez? ―preguntó la niña antes de que pudiera cerrar la puerta siquiera.

―Acaba de besarlo, claro que es su novia ―le aseguró Alexei.

Elsa les sonrió y plantó un beso en la frente de cada uno, les acomodó los abrigos, los guantes y los gorros y terminó por cubrirlos a ambos con las mantas que llevaba Hans en el vehículo.

El bermejo guardó todo y subió al vehículo.

―¿Hacia dónde, Copito?

―A la estación de servicio a las afueras, debemos reunirnos con algunas personas.

Hans asintió y la tomó de la mano para plantar un beso en ella.

―Te extrañé mucho ―susurró para que los pequeños no pudieran escucharlo.

―Yo te extrañé a ti.

―¿De verdad?

―De verdad.


—REVIEW—

Guest: they couldn't be rivals even if they wanted to. Thanks for leaving your comment, I also like the spies; especially if they are Russian.

I love that country! Hope you like the update, see you tomorrow.


ACLARACIONES:

La idea la saqué de la serie rusa To the Lake de Netflix, no quise ahondar más en el virus para darle más realce al Helsa. Espero que les guste. Esta vez no tiene que ver con zombies lol, pero no me tienten porque ya saben que lo sobrenatural y la ciencia ficción son lo mío.

Tili tili bom: La tía F. Nos retó en su review a escuchar esa canción y yo pues tuve que ir corriendo a YouTube a escucharla (con traducción porque mi nivel de ruso– principiante– no me permite más) y solo diré esto: ¿Cómo pueden cantar eso como una especie de lullaby? Creepy.

Freya: Dueña de una belleza enorme, es una de las diosas nórdicas más adoradas dentro de mitología vikinga. Es la diosa de la fertilidad, el amor, la belleza y por supuesto, de la lujuria. Hansy no está nada perdido.


Hello y'all, feliz martes. Quiero disculparme con las chicas a las que no les eh respondido sus reviews, no es porque no haya querido si no porque– ahora y desde el fin de semana pasado– tengo un trabajo de medio tiempo: soy, nuevamente, niñera.

Esas pequeñas bestias, junto a college y mi doble vida como HH por estos lares, me dejan agotada... y eso que solo los cuido pocas horas porque no conozco mucho la ciudad donde vivo ahora. Esto es madurar en USA :(

No contaba que mi última compra por Internet saldría un poco cara y decidí comenzar a tener un poco de dinero por mí misma. Btw, solo quería decirles que ya me pongo a lo mío.

Espero que les guste la actualización los suficiente para dejar su bello y sensual review.

¿Sabían ustedes que cada review es una plegaria más para las hadas? ¿No? Pues compruébenlo.

¡Yo sí creo en las hadas! ¡Creo, creo! #fairylover.

¡Hasta mañana!


Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.