Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Sinopsis: Hans se sentía atraído por su hijastra, quien lo detestaba con el alma y que lo deseaba con la misma intensidad que él a ella, un imprevisto en la nieve y una pequeña revelación eran lo único que necesitaban para que todo sucediera.

Día 13.

Temática: Padrastro e hijastra.

Rating: M.

Propuesta de A Frozen Fan.


Fruto Prohibido

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¿Tan mal se había portado en la otra vida para ser castigado así? ¿Tanto daño hizo? Porque si se trataba de eso, que el creador se lo hiciera saber y él haría hasta lo imposible para remediarlo.

Pero que lo liberara de aquel embrujo en el que se encontraba sometido desde hacía años, cuando conoció por primera vez a la que sería su hijastra.

Jamás se llevaron bien, ella le había dejado muy en claro desde el principio que siempre estaría del lado de su padre y que nunca lo reconocería como nada más que un intruso.

Hans le restó importancia, lo único que lo mantenía estable era saber que ella tendría que quedarse sí o sí viviendo con su madre ya que el ex marido de esta viajaba demasiado debido al trabajo.

Elsa pudo haber decidido irse y no volver jamás en cuanto cumplió la mayoría de edad, pero seguía yendo a la casa cada que podía.

¿La razón? Hans podía jurar ante Dios mismo que la atracción que sentía por ella era recíproca.

Aunque Elsa Solberg— fría, reservada y con un gusto por el vodka que lo enloquecía— se negara a aceptarlo.

¿Como lo sabía? Sencillo, la había atrapado mirándolo de más cuando se veía forzada a usar el mini gimnasio que poseían en la casa al mismo, Elsa solía apartar la mirada, ofuscada y sonrojada.

Se marchaba de cualquier habitación en la que se encontraran solos si Iduna llegaba y comenzaba a darle mimos. Hans correspondía porque los pequeños celos que la blonda se negaba a aceptar eran provocados por él.

También le gustaba provocarlo, dejando abierta la puerta del balcón que daba a su habitación para que pudiera verla vestirse cuando regaba el jardín.

Lo retaba al llevar muchachos a la casa cuando su madre no estaba porque sabía que no era capaz de decir nada. No quería que Iduna lo considerara un metiche y mucho menos que se entrometiera en la vida privada de su hija.

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―No eres su padre y jamás te pedí que lo fueras ―dijo la castaña, terminando de maquillarse―. Ella no escucha a nadie que no sea Agnarr.

―Ser su padre es lo último que deseo ―dijo de manera sombría―; solo quisiera que no me detestara.

―Ella no te detesta, solo no le gustan las personas nuevas. Hay que darle su espacio.

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¿Espacio? Estaba muy equivocada si pensaba que le daría espacio para ir y venir con tipos, claro que no.

Toda esa atracción lo estaba matando, sabía que no podía tenerla, sabía que era inmoral y que ella estaba prohibida para él.

Diez años lo separaban de ella, su matrimonio con la mujer que era su madre y todos sus valores éticos.

Pero ya no podía soportarlo, ya no estaba dispuesto a sentarse y observar como ella se desenvolvía por la vida, a su ritmo y con una vibra hermosa que cambiaba en cuanto lo miraba mientras él se arañaba internamente del deseo reprimido.

Sí, no le quedaba duda que lo detestaba, pero tampoco de que lo deseaba.

Ya no lo iba a permitir más.


―Esto es demasiado, que abusiva estoy siendo ―se lamentó la castaña―. No, creo que será mejor que la espere y nos vayamos juntos.

Hans resistió el impulso de zarandearla y gritarle a la cara que le estaba haciendo el más grande de los favores al irse primero.

―Lo hago con mucho gusto ―dijo calmadamente, optando por sonreír―. Además, ya sabes que tengo que esperar algunos documentos y me cae como anillo al dedo que Elsa llegue con un par de días de retraso.

―Pero...

―Pero eso es lo mejor porque así tú te tomas tu tiempo para resolver ese asunto de Bergen y yo resuelvo los míos aquí, y así pasamos los tres una navidad excelente sin interrupciones.

Iduna se lo pensó un poco y asintió; le regaló una sonrisa antes de besarlo en la mejilla.

―Siempre eres tan atento ―suspiró―. De acuerdo, pero si ella se pone de irreverente tienes que hacer algo al respecto, no puedes dejar que te hable de esa manera.

―No te preocupes por eso.

"Ya le enseñaré una buena lección".


El taxi partió en cuanto dejó a la blonda en la puerta de la entrada, Hans aguardó pacientemente a que ella misma subiera en busca de su madre y él pudiera darle las buenas nuevas.

―¿Y mamá? ―preguntó, cruzando los brazos y recargándose en el marco de la puerta.

―¿Cómo estuvo tu viaje?

―¿Mamá?

Hans le sonrió con malicia disimulada.

―Me temo que ha tenido que adelantarse a Bergen, tú y yo nos iremos mañana por la mañana y llegaremos por la noche.

Elsa parpadeó con incredulidad.

―¿Como dices?

―Tú y yo nos iremos mañana, empaca lo que te vayas a llevar para pasar las vacaciones en esa cabaña y descansa.

―No eres mi padre para darme órdenes.

―Tienes razón ―admitió, dejó su posición junto a la ventana para acercarse a ella―. No soy tu padre y jamás eh tenido la intención de serlo.

Elsa tragó seco y le propinó un pequeño empujón para que retrocediera.

―No te me acerques o se lo diré a mi madre.

La sonrisa del bermejo se ensanchó.

―Pero si no estoy haciendo nada.

La albina lo miró con odio y se marchó, girando sobre sus talones y perdiéndose entre los pasillos.


―¿Es todo lo que vas a llevar? ―le preguntó después de subir la pequeña maleta que preparó la albina.

―Sí.

La sequedad de su tono no hizo más que provocarlo, como iba a disfrutar cuando ella le rogara mientras ellos...

―¿Podemos irnos ya? No me gusta estar contigo si mamá no está cerca.

Hans bufó de burla.

―¿En serio? No peques de mentirosa porque eh visto cómo te molesta vernos juntos.

―No es molestia, yo diría que más bien siento asco.

―¿Por qué? ―preguntó, acercándose a ella para acorralarla contra la camioneta. Dentro de la cochera nadie podía verlos―, ¿quisieras estar en su lugar?

―Apuesto a que eso te gustaría, pervertido. Estás muy equivocado si crees que no estoy al tanto de tus verdaderas intenciones conmigo.

Hans arqueó una ceja roja con diversión.

―Entonces ya sabrás lo que sigue.

Elsa abrió la boca para replicar, pero Hans la cubrió con la suya, reclamando sus labios con tanta hambre que se aferró a ella, negándose a soltarla cuando la albina trató de alejarse.

La empotró contra la camioneta mientras sus manos tiraron de su cabello para tener mayor accesibilidad a su cuello, Elsa jadeó al sentir su lengua, pero terminó apartándolo de un bofetón.

Le gritó histéricamente, pero él no se amedrentó.

―Si vuelves a hacer algo como eso, se lo voy a decir a mi mamá ―amenazó.

―Hazlo ―la retó―, díselo y yo le diré que llegaste a casa muy ebria con un tipo de... no sé, pero tan joven no era.

Elsa tensó la mandíbula.

—Eso no es cierto.

―No lo es, pero ¿a quién crees que le va a creer? ¿A su esposo el intachable o a su hija alcohólica a los veinte?

La blonda apartó la mirada y se mordió los labios, nerviosa.

―Sería una pena que fueras a parar a esa clínica... espera ¿Cómo la llamó Iduna? ―el colorado chasqueó los dedos― un internado, claro. Dijo que había tenido que mentir porque le daba vergüenza que se enteraran que su hija era alcohólica a los quince años.

Como única respuesta, Elsa le dio una mirada furibunda, masculló maldiciones y entró a la camioneta para que él no pudiera hacer nada más.

Todo comenzaba, ese viaje sería el decisivo.


La nieve caía fuerte y rápida, Hans avanzaba despacio a propósito por si tenían que quedarse a mitad del camino en algún motel o algo por el estilo.

―¿Puedes darte prisa? ―apuró la muchacha, enfocándose en su celular―, entre las rápido lleguemos, mejor.

―Debo ir despacio, la nieve es peligrosa y no quiero que tengamos un accidente― replicó.

La albina rodó los ojos y no dijo más hasta que se vieron obligados a detenerse en un pequeño hostal cuando faltaban tres horas para llegar a Bergen.

―¿Qué haces? ¿Por qué te detienes? ―preguntó, quitándose los auriculares inalámbricos.

―Debo llamar a tu madre para decirle que nos vamos a quedar aquí.

Elsa se enderezó en su asiento.

―Claro que no, estamos muy cerca, podemos llegar.

―Puede que tú ya no le encuentres sentido a la vida después de que dejaste de beber; pero yo todavía tengo propósitos que cumplir y no me voy a arriesgar a morir en un accidente de auto mientras está nevando.

Sin decir más, se bajó de la camioneta y entró al hostal, todo parecía marchar bien para él porque las únicas habitaciones libres sólo poseían una cama.

Volvió junto a Elsa y ella bajó de la camioneta al verlo dirigirse al maletero.

―Entonces...

―Puedes quedarte aquí congelándote ese trasero helado o sígueme dentro.

La rubia resopló y bajó su propia maleta, siguió a Hans a la segunda planta del lugar hasta una puerta al final del pasillo.

El lugar parecía limpio y de buena categoría, pero jamás admitiría eso frente a Hans.

No se sorprendió al ver la única cama, sabía que ese tipo estaba tramando algo y no se detendría desde que la besó en la camioneta.

Si era sincera consigo misma durante un par de segundos, podría admitir que le gustó la manera dominante en la que la besó. Nadie la había besado de esa manera antes.

Se juró odiar a Hans para siempre, pero su juramento parecía imposible de cumplir con el paso de los años; aquel hombre que era su padrastro se ponía más atractivo con la edad y no podía esconderse a sí misma que sí, le gustaba y mucho.

Lástima que fuera esposo de su madre y el hombre por el que todo se fue al basurero en su familia.

No había podido hacer nada porque se encontraba en ese internado. Le dijeron que se guardara la verdad tras aquello para evitarle complicaciones a futuro, pero ahora que se enteraba que su madre se avergonzaba de ella la llenaba de una ira tan sórdida que resultaba dolorosa.

Quería hacerle el mismo daño y la única manera que tenía de hacerlo estaba al alcance de sus manos.

Por mucho que lo detestara, no estaba dispuesta a dejar pasar aquella oportunidad.

Sacó de su maleta la bata de baño y un camisón blanco que se pondría después de la ducha, no necesitó decirle nada al hombre porque este cuidaba cada uno de sus movimientos de cerca y ella aprovechó para dejar la puerta del servicio entreabierta.

Una clara invitación para unirse cuando lo deseara.

"Más pronto que tarde" pensó al desnudarse y cubrirse únicamente con el camisón, encendió la regadera y dejó que el agua la empapara. Hans entró un par de minutos después y la visión que se encontró lo idiotizó totalmente, al extremo de perder cualquier ápice que lo frenara.

Elsa estaba sentada en el pequeño muro de la ducha, el vestido blanco y mojado se volvía invisible, dejando a la vista los senos redondos y firmes, esperando a ser atendidos; una mano pálida se perdía entre las piernas de la blonda, cuya posición le daba una vista espectacular que pronto provocó que sus pantalones se le antojaran demasiado chicos e innecesarios.

Elsa gemía audiblemente ante las caricias que se prodigaba a sí misma y Hans esperó pacientemente a que terminara.

Escucharla suspirar su nombre mientras se tocaba provocó que su miembro doliera de necesidad y deseó saber si pensaba en él cuando lo había a solas o cuando estaba con alguien más.

Una vez que Elsa hubo terminado, procedió a desnudarse ante los orbes celestes de la muchacha y entró a la ducha. Su miembro quedó frente a su cara, la albina no dudó y lo atrapó rápidamente, degustándolo de una manera que él no pensó que supiera hacer.

Imaginar que había aprendido aquello con alguien más lo puso de mal humor, le sacó el miembro de la bloca e hizo que se levantara al tomarla del brazo.

―¿Qué haces...? ―Hans la atrajo hacia él para poder besarla y la alzó al tomarla del trasero.

Elsa gimió al sentir la fría porcelana del lavamanos contra su piel mojada, pero el gemido se convirtió en grito cuando el bermejo se estrelló dentro de ella.

Hans marcó un ritmo al que se adaptó demasiado rápido, como si se hubieran sincronizado antes.

Terminó entre gritos, arañándole la espalda y mordiéndole el cuello; poco le importaba que sus senos se llenaran de marcas púrpuras después debido a la intensidad con la que Hans los atendía, o que su madre pudiera darse cuenta de algo. No le importaba en lo absoluto.

Hans salió de su interior, dejándole saber que, si bien ella había logrado llegar al primer orgasmo, él todavía no.

La besó despacio e hizo que bajara del lavamanos, la instó para que se desnudara completamente y la guio de regreso a la habitación.

La empujó sin miramientos sobre la cama y le abrió las piernas para perderse entre ellas.

―Hans...

Insertó un dedo que sirviera de apoyo a su lengua y ella se aferró a las sábanas.

―No pares... eso es...

Un segundo dedo entró y la blonda gimió ruidosamente. Lo quería dentro de ella cuanto antes.

―Hans... te necesito...

El bermejo se apartó al instante y volvió a besarla, dejando que se probara en sus labios antes de penetrarla bruscamente.

Entendía que había visto su madre en él.

Y eso la molestó, se sintió enferma de celos al imaginarlo en esa situación con ella.

Elsa lo empujó para posicionarse encima y marcar el ritmo, lento y tortuoso, así como la hacía sentir.

El teléfono sonó, revelando el nombre de Iduna en la pantalla; Elsa lo levantó y contestó.

―Hola, mamá ―se mordió los labios para no suspirar y Hans le sonrió con malicia, empujando las caderas.

―Hola, cariño ¿todo bien?

―Todo perfecto.

―¿Dónde está Hans?

Elsa dejó que el aludido atrapara uno de sus senos antes de contestar.

―Debe estar en su cuarto, compró uno para él y otro para mí...

―Siempre ha sido muy bueno para todo, se considerado.

―Mucho.

―¿Te encuentras bien? Puedo escucharte un poco agitada.

―Es porque ya quiero colgar, un chico guapo que conocí en la cafetería me está esperando.

―Elsa...

―Adiós, hablamos mañana.

Apenas colgó, Hans volvió a ponerla debajo de él y la embistió con tanta fuerza que lo único que se podía escuchar en la habitación era el sonido de sus cuerpos golpeando contra el otro.

En ese momento Elsa se olvidó que lo detestaba con el alma y Hans se convenció de que esa atracción no era de todo un castigo.

Se sentía tan bien que los dos coincidieron en que los frutos prohibidos eran los más deliciosos de todos.


Holaaaa buenas noches a todos, aquí está el 2.0 de esta idea de la tía F. en esta ocasión volvieron a verle la cara a Iduna, pero pues la doña para que mete a Elsa a los centros de desintoxicación, se siente feo hahah ok no, nunca eh estado en uno.

Me disculpo por estas actualizaciones tan tardías, es que me desocupo totalmente más o menos cuando publico.

Cualquier error lo corrijo después.

Gracias por leer, hasta mañana.


Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.