Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Sinopsis: Cada día perdían el tren correcto solo para verse.
Día 15.
Temática: Estación de tren y miradas robadas.
Rating: T.
Propuesta propia.
Casualidad
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Debía estar en el trabajo a las ocho de la mañana, se levantaba temprano y prácticamente corría a la estación para tomar el tren que la llevaría al teatro.
Jamás tomaba el correcto.
Podía, pero no lo hacía.
¿La razón? si alguien se lo preguntaba, Elsa solo enrojecería de vergüenza y se negaría a contestar.
No admitiría jamás que prefería llegar a dar clase faltando diez minutos antes que no verlo.
Se mudó a Corea debido a un ascenso varios meses atrás, la ciudad le parecía hermosa y bastante segura; amaba las tiendas, la comida y los paseos nocturnos.
Y amaba viajar en tren.
Amaba leer, escuchar música y pintar retratos de desconocidos en su cuaderno de dibujo antes de enseñar a niñas a pararse de puntillas sobre sus pies.
Cierto día se le hizo tarde y tuvo que verse forzada a tomar el tren siguiente, se deslizó entre las puertas y se sentó en los últimos asientos del vagón; sus orbes celestes revolotearon desde el pequeño reloj en su muñeca delgada hasta los rostros de todos los pasajeros, y se detuvo en uno en particular.
Al principio trató de convencerse que lo había quedado mirando porque sobresalía entre las personas del vagón, era bastante alto y delgado, con el cabello pelirrojo bien peinado y el traje siempre pulcro.
Trató de convencerse porque sus atractivos rasgos caucásicos sobresalían entre los delicados de los asiáticos.
Después logró convencerse de que no le caía mal despertar un poco más tarde y tomarse su tiempo para hacer más cosas, llegaba a la estación a tiempo para tomar el segundo tren y él siempre estaba ahí.
Terminó aceptando que se sentía atraída por ese hombre cuando encontró en su cuaderno de dibujo varios bocetos con los rasgos del desconocido.
Elsa no era de esas mujeres que se lanzaban tras de los tipos, así como así, por lo que siempre mantenía una expresión vacía en su rostro de muñeca y pretendía que miraba en otra dirección cuando sus ojos chocaban con las esmeraldas del bermejo.
De dónde venía decían que encontrarse una vez con la mirada de otra persona era un accidente, y se sentía estúpida por emocionarse durante todas aquellas veces en las que accidentalmente se encontraba con los ojos brillantes del cobrizo.
Ese día se sentía... distinto, las puertas se abrieron y ella entró en busca del asiento de siempre, pero tensó la mandíbula al ver a una mujer de edad avanzada sentada en él junto con otra chica que parecía de su edad, y frente a ellas, ocupaba el asiento del pelirrojo.
Sintiéndose repentinamente molesta, encontró otro asiento un poco más alejado de lo normal y se resignó a no hacer más que esperar que el tren se detuviera en su destino.
De haber sabido que no estaría ahí, se habría despertado más temprano y llegado al trabajo antes.
Sacó su libro de dibujo y el lápiz, y trató de retratar a otra persona, pero terminó frente a uno de los tantos bocetos que hizo sobre el colorado, pasó los dedos encima del dibujo y delineó la curva de la nariz fina con los dedos mientras suspiraba.
Ni siquiera prestó atención a la persona que se sentó a su lado.
—Cuanto talento —Elsa pegó un bote y miró en todas direcciones para descubrir al infame que había osado asustarla.
Cerró el libro de golpe y sus mejillas se calentaron de vergüenza al dar con el dueño de la voz, de su inspiración y su motivo principal para perder su primer tren.
—¿Podría verlos? —pidió educadamente, el acento rasposo con el que hablaba le hizo saber que al igual que ella, era extranjero—. Los únicos retratos que me han hecho son figuras deformes que recibo por parte de mis sobrinos.
Elsa tragó seco y, muerta de pena, se aferró al libro.
—Pero que grosero —le ofreció la mano—, soy Hans Westergaard.
Así que se llamaba de esa manera, después de tantos meses de dibujarlo y observarlo en silencio, por fin sabía algo tan importante como su nombre.
—Elsa Sørensen —contestó, apretándole la mano.
Fuerte y segura. Lo que podría hacer durante...
"Contrólate, por Dios".
—Entonces...
—No me gusta mostrarles mi arte a los extraños —mintió rápidamente.
No dejaría que viera que medio libro estaba dedicado a él, a sus rasgos perfectos, a la línea de su mandíbula y a la forma de sus manos de dedos largos y delgados.
El pelirrojo, Hans, torció la boca en una sonrisa.
—Ya, pero si no somos extraños —contradijo—, llevamos mirándonos durante mucho tiempo, solo que ninguno se había atrevido a hablar con el otro.
"Lo notó".
Pues claro que lo había hecho, se sentía tonta por pensar que lo pasaría por alto.
—Que la señora se sentará en mi asiento me confirmó que hoy era el día en el que debíamos hablar finalmente —continuó.
—¿Dices que fue suerte?
—Soy ruso, nosotros creemos en eso —mantuvo la sonrisa—, y de alguna manera sé tú eres noruega. Los escandinavos y los eslavos fuimos paganos con anterioridad y creíamos en todo eso.
—¿Sugieres que debo creer en eso solo por ser noruega?
Hans chasqueó los dedos.
—Veo que no me equivoqué —se enderezó en el asiento—; y no, sugiero que los asientos del tren son adecuados para conocernos.
Elsa carraspeó y se alejó un poco de él, detestaba no ser tan accesible al momento de entablar conversación.
—De pocas palabras ¿eh? —asintió, analizando la situación—, yo también lo soy así que no te preocupes, nos llevaremos muy bien.
La albina parpadeó.
—Mira, no sé a qué...
—Me gustas, creí que era obvio y que lo había notado al atraparme mirándote.
¿Qué él la estuvo mirando a ella? si no se rio en ese momento fue porque ya sentía la vergüenza suficiente.
—Te ofrezco una disculpa si estoy siendo un atrevido y si me estoy propasando.
¿Atrevido? ¿Propasado?
—Conmigo puedes atreverte y propasarte todo lo que quieras —musitó antes de poder detenerse.
Lo vio tocarse la barbilla, en un intento de ocultar la sonrisa que se ensanchaba en su cara.
La suya ardió– si era posible– con suma intensidad, más le valía cerrar la boca antes de seguir diciendo estupideces.
—¿Trabajas cerca de la estación? —le preguntó después de unos segundos de silencio—, porque tengo que tomar un taxi para poder llegar a la oficina a tiempo.
—Pensé que trabajas en los edificios cruzando la calle.
Hans negó con la cabeza.
—Trabajo diez minutos más allá.
—¿Por qué te bajas en la estación, entonces?
—Porque en esa te bajas tú —respondió como si fuera lo más natural del mundo—, tomo este tren desde que te vi por primera vez.
En esa ocasión, Elsa no pudo soportarlo y terminó soltando una carcajada que atrajo la atención de varias personas; se disculpó con una breve reverencia y se volvió hacia el bermejo, quien la miraba con confusión.
—¿Qué es tan gracioso?
—Yo me subo a este maldito tren por ti.
Los ojos esmeraldas parpadearon de sorpresa y finalmente brillaron de una emoción silenciosa.
—Lo sabía, es el día.
La blonda negó con la cabeza y charlaron durante el resto del camino, cuando el tren estaba deteniéndose, ella abrió el libro y despegó una página de él para después de garabatear algo en ella, la dobló y se la entregó.
—¿Qué es esto? —preguntó mientras le aceptaba el papel.
Como única respuesta, Elsa se despidió de él con un gesto de la mano y se alejó, perdiéndose entre el mar de personas en la estación.
Hans salió y abrió la hoja mientras esperaba el taxi, dentro encontró uno de los tantos retratos que le había hecho la muchacha rubia junto a un número de teléfono en la esquina y una nota escrita con delicada caligrafía.
Te veo mañana en la estación.
Poco le importó que algunas personas lo miraran como si estuviera loco después de que soltó una risa de triunfo.
Que lo regresaran a Rusia sin nada si ella no era suya.
—REVIEW—
Rani: Gracias por leer y por dejar tu sugerencia sobre el demonio, trataré de hacerme el espacio para tenerla lista y publicarla. El resto fue otra sugerencia ¿o parte del review sobre el día 14? Anyway, thanks for that. Hope you like the update. Have a nice night.
Hola a todos, espero que estén teniendo una noche agradable y que su día haya sido fantástico.
Ojalá que esta actualización les guste, es chiquita y rota... wait a minute, esto no es Lilo n Stitch lol, gracias por seguir leyendo y dejando sus bonitos reviews que tanto disfruto leer y responder.
Hasta mañana.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
