Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Sinopsis: Ya sabes lo que dicen, una vela para Dios y dos para el diablo.
Día 17.
Temática: Demonio.
Rating: T.
Propuesta de Rini.
Dos velas para el diablo
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Después de tantos años de sufrimiento y rechazo, el único deseo que Elsa tenía era que Anna fuera completa y absolutamente feliz.
Sin embargo, no podía lograrlo sola, se sentía tan alejada de los sentimientos ajenos– debido a sus años de encierro– e indiferente a nada que no fuera la relación entre ella y su hermana.
Pensó que los trolls ayudarían, así que esperó que no hubiera nadie despierto en el castillo y tomó su caballo, galopó hasta donde recordaba que estaban asentados, pero no obtuvo más que disculpas y miradas compasivas.
Terminó yéndose de ahí antes de que no pudiera controlar el coraje que sentía, saber que no podía hacer mucho para que ella y Anna tuvieran esa relación fraternal que se rompió desde niñas, y que la miraran como si fuera la criatura más desgraciada que pisó la faz de la tierra podía con su autocontrol.
El aire fresco la golpeaba de manera agradable mientras emprendía el camino de regreso, pero terminó frenando al corcel blanco cuando faltaba poco para llegar al pueblo de Arendelle; deseó que todo fuera diferente y que no tuviera que preocuparse por herir a nadie jamás.
La realidad era que deseaba disfrutar un poco más de aquello, y regresó cuando los rayos del sol comenzaban a tocar las puntas de las montañas.
Pasó días buscando en libros de la biblioteca de su padre, incluso forzó algunas tablas de madera del suelo en las que lo vio esconder más libros y pergaminos; manejó todos esos papeles con el cuidado que requerían y leyó todos hasta que se cansó.
Estaba por desistir de su búsqueda cuando ciertas runas se toparon con sus orbes de zafiro.
—Incienso, tiza —susurró, enumerando las cosas que leía—, agua del fiordo y… dos velas.
Las runas le hicieron saber que podría obtener un solo deseo si lograba invocar al amo del fuego, un espíritu afable que gustaba de ayudar a las almas en desgracia.
La rubia guardó la página cuidadosamente y reunió lo necesario, pidiéndole las cosas a los sirvientes de cuando en cuando para no levantar sospechas.
Aguardó a que la noche llegara y, sigilosa como una sombra, salió del castillo rumbo al centro del bosque.
Bajó rápidamente del lomo de su caballo y sacó las cosas, pero parpadeó de sorpresa al ver una especie de río que corría por ahí desde el fiordo.
Con la tiza trazó la runa Mannaz en una roca plana y larga, gastó toda hasta que fue completamente visible antes de proceder a encender las velas y el incienso, colocándolos en cada punta de la runa.
Con vergüenza se sacó el vestido, la enagua y el corsé, quedando únicamente con el camisón de seda blanco que cubría su desnudes, se soltó el apretado moño para dejar sus rubios cabellos al aire y con pasó decidido entró al río.
"Todo sea por ti, hermana".
Abrió el papel y comenzó a recitar el texto en el pergamino con la solemnidad con la que se dirigía a sus súbditos.
Se sintió estúpida cuando nada pasó, bufó llena de molestia y trató de salir del río antes de congelarlo completamente.
—Tontos religiosos —masculló, reprendiéndose por usar un conjuro cristiano antes de uno pagano—. Quizá por eso no funcionó...
Una pequeña y brillante luz roja que flotaba se posicionó frente a ella y Elsa jadeó.
Un fuego fatuo.
No se movió por varios segundos y pegó un grito cuando una especie de... voz inundó su cabeza.
—Solo tienes una oportunidad, copo de nieve.
La... voz era grave y sumamente atractiva, provocando que sus oídos se sintieran extasiados de solo oírla.
Un momento... ¿Copo de nieve?
—Quiero que mi hermana sea feliz, que lo seamos ambas sin importar si estamos juntas o separadas.
El fuego fatuo resplandeció con fuerza.
—Tu deseó será cumplido —le aseguró y a Elsa le temblaron las rodillas dentro del agua al escucharlo hablar de nuevo—, pero en dado momento deberás regresar lo que pediste.
—¿A qué te refieres con...?
—Conservarás tu deseo siempre y cuando me des lo que pido.
—¿Y eso sería...?
—Aún no es momento de saberlo.
Sin agregar más nada, el fuego fatuo se desvaneció y la dejó sola, medio desnuda dentro del lago, confundida y con un escalofrío congelándose las venas.
Coronación de la reina. Arendelle. Un año después.
Mientras se preparaba, no podía creer que hubiese pasado ya doce meses desde aquella noche, y si bien no había podido ser partícipe activa del giro de la vida de su hermana, le quedaba claro que recuperó la sonrisa después de la muerte de sus padres y en consecuencia ella misma se sentía menos miserable.
Sonrió a Anna durante la ceremonia e incluso consideró que después de esa noche todo podría ser igual que antes del accidente, cuya franja en su cabeza se lo recordaba a cada momento.
Al mirar a los invitados, la sensación cálida que sentía al ver todos los rostros sonrientes y miradas aprobatorias, se vio opacada por otra de alerta e incomodidad cuando sus orbes de zafiro se toparon de lleno con los del príncipe menor de la estirpe de las Islas del Sur.
No podía negar que era guapo, con ese cabello y patillas pelirrojos, su complexión delgada– llenando a la perfección el traje de gala– y su altura imponente le daban un aire respetable que imponía allá por donde iba.
Sin embargo, algo en él no terminaba de cuadrarle.
—Kai.
El hombre rubicundo se acercó al instante de que lo llamara.
—¿Majestad?
—¿Cómo se llama el joven pelirrojo que baila con la esposa del ministro británico?
Kai paseó la mirada disimuladamente y volvió su atención a la reina.
—Es el príncipe Hans, de las Islas del Sur.
Hans.
—Algo en él no termina de cuadrarme.
—Bueno, es sureño —trató de bromear por lo bajo—; a los norteños no nos gustan tanto los sureños.
—Es demasiado...
—¿Imponente? —sugirió— no es para menos, aquí de manera confidente le hago saber que lo llaman el trece de la fortuna porque, aparentemente, siempre ha logrado todo lo que se propone.
Aquello no le gustó tanto.
El mayordomo hizo una reverencia una y se alejó a seguir atendiendo la fiesta.
Dejó su lugar para acercarse a la mesa de dulces y picotear un poco de las golosinas antes de volver a su puesto; bajo el vestido los vellos de sus brazos se irguieron y ella esperó pacientemente a que lo que lo había alertado, llegara.
—¿Disfruta la fiesta, alteza? —susurró una voz cerca de su oído y ella pegó un bote.
El dueño de aquella voz era el colorado príncipe que intercambiaba miradas con su hermana.
Esa voz... podía acordarse de ella perfectamente.
"Solo tienes una oportunidad, copo de nieve".
—Me da gusto ver que complazca al pueblo con esta celebración, es bueno saber que paga sus deudas.
La blonda le sostuvo la mirada, podía jurar por la memoria de sus padres muertos que los orbes esmeraldas moteados de dorado del cobrizo emanaban un apetito de poder y destrucción que no fue capaz de pasar por alto.
—El momento de pagar siempre llega.
El chocolate le supo desabrido.
—¿Qué puedes decirme de los fuegos fatuos?
Kai, a quien previamente había vuelto a llamar, arqueó una ceja.
—No sé mucho, solo que guían por buen camino a aquellos que los encuentran.
—¿Y a los que los invocan?
El hombre se tensó.
—No es posible invocar a los fuegos fatuos, majestad.
Elsa cuadró los hombros.
—¿No?
—Piense en los fuegos fatuos que encuentran a las personas como si habláramos del Dios de los cristianos —le explicó—; y en el señor de las tinieblas cuando se refiera a los que se invocan.
—¿Dices que al invocarlos a quien realmente se invoca es a un demonio?
—A sí es, su serenidad —contestó—; a Dios lo encuentra porque siempre está atento a sus hijos y al diablo tiene que buscarlo porque sólo está dispuesto a tomar lo que quiere después de dar muy poco.
Elsa tragó seco al ver al pelirrojo bailar nuevamente con su hermana.
—Ya sabe lo que dicen: una vela para Dios y dos para el diablo.
La música terminó y Anna tomó al príncipe del brazo antes de comenzar a tirar de él en su dirección.
Hans era el demonio que invocó en el bosque y al que debía un favor; y ahora debía pagar.
Como se había equivocado.
Hola a todos, gracias por seguir leyendo, en especial a la tía F. por seguir comentando y apoyando este proyecto tan loco.
Feliz noche y lo que resta del día. Nos leemos más tarde.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
