Disclaimer: Los personajes no son míos, pero la historia sí.

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Sinopsis: Una entrega gubernamental de suma importancia siempre era la carnada para atrapar a los criminales, en aquella ocasión no fue distinta y Elsa Sørensen– agente de élite del FBI– se vio frente a frente con el criminal más buscado de Rusia.

Día 21.

Temática: Criminales y FBI.

Rating: M.

Propuesta propia.


7

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Además del sonido del agua golpeteando contra la madera de los muelles, lo único que podía oírse eran las respiraciones agitadas junto al zumbido de las máquinas mientras grandes cajas de metal eran transportadas del barco donde llegaron hasta tierra firme.

—Están aquí —le aseguró su compañero a su lado. Elsa cuadró los hombros.

—Lo están —asintió.

El único problema radicaba en que ese grupo siempre se había caracterizado por moverse con discreción, ni siquiera sabían cómo se veía el líder.

Agentes de la KGB se movían presurosos frente a ellos, ladrando órdenes a sus radios y observando con gesto inexpresivo la carga.

—¿Cuánto es ahí?

—Millones en armamento. Lo suficiente para tentar al diablo.

No estaba segura si la razón por la que los vellos de sus brazos se erizaron bajo los abrigos era el frío inminente o por pensar en la Bratva.

La Mafia Roja volvía a su auge después de mucho tiempo, los rumores decían que el jefe era un cincuentón gordo y que se embriagaba para poder hacer tratos gigantescos.

Elsa no creía nada de eso, era estúpido pensarlo siquiera; lo único que le importaba y que le interesaba era atrapar a uno de ellos para sacarle hasta el alma.

—Iré a revisar los últimos barcos, quédate aquí y mira que estos ruskis hagan su trabajo —ordenó y el hombre a su lado resopló—. ¿Qué?

—Nada, es solo que llamas ruskis a los rusos cuando ellos y los nórdicos son muy parecidos. Jodidos reyes del hielo.

—No nos compares, Naveen.

El de cabello rizado le dio un empujón y después de hacer una seña grosera en su dirección, la blonda finalmente se fue.

Quería dejar ese lugar cuanto antes, volver al cuartel y pasar días enteros revisando cámaras de seguridad, documentos y testimonios de aquellos que habían sobrevivido a encuentros con la Bratva.

Resbaló con la madera mojada y maldijo antes de atrapar aire, ya sentía el golpe del agua helada y la lucha que tendría que efectuar para salir...

Se preparó, pero un tirón fuerte en su brazo la estabilizó en el muelle; Elsa jadeó y se abrazó a lo que fuera que la había salvado.

Se soltó lentamente y carraspeó antes de obligarse a sostenerle la mirada al desconocido, se sentía tan avergonzada por su torpeza que deseó haberse caído al agua.

En cuanto sus ojos se acostumbraron al resplandor de las farolas y lo pudo ver bien, decidió que sí, definitivamente deseaba haber caído por la borda y que el colorado frente a ella se lanzara a salvarla y la sacara cargando en aquellos brazos...

—Es demasiado tarde para tomar una ducha ¿no lo cree, agente? —torció la boca en una sonrisa y arqueó una ceja.

—Le agradezco —consiguió decir—, sería un cubo de hielo de no ser por usted.

El desconocido negó con la cabeza.

—No lo mencione, solo trato de quitarle la mala fama a mi gente.

Le dio el paso para que subiera primero al barco y la siguió de cerca, como si quisiera asegurarse que estaba a salvo.

Elsa le explicó la carga que debía ir ahí, la ubicación y firmó los formularios necesarios para pasar sin revisión a todos los muelles.

Charló con él mientras el bermejo ordenaba a su equipo que dirigiera las máquinas hacia el barco.

En más de una ocasión— cuando se encontraba coqueteando— tuvo que recordarse que estaba trabajando y alzaba la barrera contra el colorado— cuyo nombre era Boris Mikhailovich—, pero este siempre lograba derribarla una y otra vez.

Descubrió que tenían gustos parecidos en cuanto a comida internacional y cierta inclinación por las bellas artes.

—Los rusos jamás le decimos que no a un buen trago de vodka y una función decente de ballet.

Elsa sonrió y aceptó la botella que le extendió.

—Solía bailar ballet —confió y el bermejo elevó las cejas, sorprendido.

—¿En serio?

—Sí —asintió antes de beber otro trago del vodka fuerte—, aún lo hago en mi tiempo libre, pero no eh practicado mucho últimamente.

—¿Puedo preguntar por qué?

—Es la razón por la que estamos aquí.

—Yo simplemente vine a hacer mi trabajo, sin cuestionar los motivos —dijo el colorado, guiándola a la cabina del barco para arrancarlo—. Me estaba preguntando si te gustaría bajarte en el muelle donde descargarán esto.

Tal vez fueron los ojos verdes de Boris oscurecidos por el deseo, el vodka en sus venas o el cansancio lo que la hizo dejar todo bajo los ojos de Naveen y aceptar.

—Solo deja que...

Levantó su radio para decirle a su compañero que supervisaría aquella carga; pero el bermejo se lo quitó de las manos suavemente y lo dejó a un lado.

—No creo que haga falta, dijeron que alguien debería ir en este barco de todos modos y ese alguien ya está aquí ¿no?

Elsa se tensó, sus instintos le dijeron que algo no cuadraba, pero negó con la cabeza para alejar esos pensamientos paranoicos y relajó su postura.

Boris era el típico hombre ruso en apariencia, pero sin duda más interesante y no lo arruinaría por su desconfianza.

Mientras el barco avanzaba por el agua helada, uno desnudó al otro, tocándose con desesperación y besándose como si no hubiera mañana.

Aquello le resultaba demasiado excitante, como aquellos tiempos en los que se saltaba los muros de la academia para verse con desconocidos y toquetearse por varios minutos.

Solo que con Boris todo era mil veces mejor.

El colorado la subió al tablero y la embistió con fuerza, Elsa jadeó mientras se aferraba al hombro pecoso del hombre con una mano y con la otra se cernía de una palabra dura.

Poco le importó que afuera hubiera una docena de marineros que pudieran verlos, ese encuentro era de los mejores que había tenido en un buen tiempo.

Los silenciosos gemidos del cobrizo le hirvieron la sangre y explotó por primera vez, sintiéndose extasiada y agradecida por el agua ruidosa que callaba sus gritos.

Cuando terminó una segunda vez, el bermejo la alcanzó poco después.

Los fluidos calientes de ambos se mezclaron y no le importó en lo más mínimo, ya se tomaría algo más tarde.

Recogieron su ropa y se vistieron en silencio, ni siquiera podía sentirse avergonzada después de verlo sonreír tontamente cuando pensaba que no lo notaba.

Tal vez aquel era el indicado, en las horas que habían estado charlando se dio cuenta que entendía lo que significaba una vida con un trabajo exigente y gozaba de una paciencia admirable.

Le pidió su número y Elsa se encogió de hombros antes de garabatearlo en la esquina de un post-it pegado a la tabla de soporte de los documentos del viaje.

Boris depositó un beso en su frente y encontró un tema de conversación mientras la llevó a pasear por la cubierta.

—Este barco sí que es rápido —comentó la blonda.

—El número siete siempre es el de la suerte —respondió.

La voz de Naveen comenzó a escuchase en su radio y Elsa contestó antes de que Boris pudiera quitárselo de las manos una vez más.

¿Dónde estás? —preguntó, sonando molesto—, todos los barcos ya están listos.

—Lo sé, ya estoy en el que debíamos acompañar al próximo muelle.

Naveen se quedó en silencio. La blonda dejó que Boris la guiara escaleras abajo.

¿Volviste a beber? —Elsa arqueó una ceja, sentándose junto a Boris en la balsa dispuesta en la plataforma más cercana al agua.

—Claro que no... ¿Dónde vas?

Boris bajó de la balsa después de ponerle un chaleco salvavidas.

¿Alguien está contigo?

—Sí, estoy con el encargado del barco siete, Boris Mikhailovich. Estamos yendo hacia el muelle.

Elsa, no hay ningún barco siete... mierda, estábamos descargando los barcos. Los que están listos son los que llevan el señuelo.

La blonda abrió los ojos y miró a Boris, quien le sonrió desde la caja de cables y bajó la palanca de la plataforma después de decirle adiós con la mano.

—¡Voy a llamarte, copo de nieve!

Se aferró al bote y este cayó al agua en un movimiento suave.

Que estúpida había sido.

No hay ningún Boris Mikhailovich, ese nombre no existe en los registros...

—Es el jefe de la Bratva y acaba de llevarse la mitad lo que descargamos.

Arrojó el radio al agua y esta ahogó el ruido de sus gritos.

Su mente desvaneció el hecho que cayó en su propia trampa, que acababan de robarse millones en armamento en su propia cara y solo pudo pensar que le había dado su número de teléfono personal al mayor mafioso de Rusia.


ACLARACIONES:

Boris: Hans.


Have a nice night, babies!

Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.