Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
.
.
.
Sinopsis: Y rogarás por tu alma, pero ten cuidado a quien rezas.
Día 24.
Temática: Brujería.
Propuesta propia.
Juicio
.
.
.
La túnica negra cubría el pequeño cuerpo de la... jovencita que arrastraban hasta llegar él, la arrojaron a sus pies y un quejido escapó de los labios de la recién llegada.
Haciendo gala de una brusquedad sobrepasada, la hermana Anita– monja al servicio de la casa del señor– la tomó de la parte trasera del cuello y le arrancó la capucha con fuerza.
Ensortijados cabellos plateados fueron liberados para enmarcar un rostro de porcelana tan hermoso como jamás vio antes, los labios rosados lucían apetecibles y los zafiros que tenía por ojos le dejaban saber el miedo que sentía.
Que buena mentirosa era.
—Yo no hice nada, por favor...
Su ruego se vio acallado por el bofetón que le propinó la monja.
—No ha confesado nada —le hizo saber—, sigue repitiendo que no es la culpable.
Él no creía eso.
—Que se levante.
Anita la asió del brazo y de un tirón hizo que se pusiera de pie.
—Hans, tienes que decirles que yo no...
Otro bofetón.
—¡Habla con respeto cuando te dirijas al sumo sacerdote, hija de Lilith!
El labio inferior de la blonda tembló mientras un delgado hilo de sangre roja brillante escurría de él.
—Quítale la túnica.
Anita tiró bruscamente de la tela hasta que esta cayó al piso, el camisón la siguió y pronto se encontró desnuda frente a sus ojos.
Por la presencia de los demás miembros del clérigo puso buen cuidado de no recorrer aquel cuerpo con ojos inundados del pecado carnal.
Cómo lo había en el pasado, siendo parte de su plan para llegar a ella.
El cuerpo frente a él no pertenecía al que alguna vez disfrutó, recordaba una piel tersa y pálida, suave, perfumada y deseable.
Lo que tenía delante era un cuerpo mal nutrido, lleno de moretones y machas salpicaban una piel que lograba conservarse hermosa y firme.
—La aguja —ordenó.
Otra monja le acercó al sacerdote una cajita de madera con bordes dorados y el colorado sacó de ella una gruesa, larga y filosa aguja.
—No, por favor...
—De espaldas.
Mientras menos tiempo mirara los senos de la prisionera, menos oportunidades tendría de retrasar más aquello.
Ahora solo necesitaba concentrarse lo suficiente para no enfocarse en el trasero redondo de la rubia.
Localizó el lunar en la parte superior del lado izquierdo de la espalda, había querido hacer esa prueba desde el momento en que lo vio por primera vez.
Lo recordaba como si hubiera sido ayer y no meses atrás.
Recordaba haber terminado fuera de ella, aferrándose a su cuerpo en busca de estabilidad y recuperación, mientras se convencía que existía una posibilidad de estar equivocado, la albina movió la cabeza y un lunar con una forma peculiar quedó libre de la protección de sus cabellos.
Extendió la aguja hacia la figurita marrón en su espalda– que se asemejaba a un copo de nieve– y la hundió con fuerza.
La blonda se quedó tiesa, a la espera, y el alma de Hans se cayó al suelo. Rencor y tristeza luchaban dentro de él.
Se suponía que tenía que dolerle, pero no lo hacía y eso era prueba suficiente.
—¡Es una bruja! —el grito de Anita no tardó en ser replicado por el resto de los que se encontraban en esa habitación.
—¡Pecadora!
—¡Hija de Lilith!
—¡Engendro del diablo!
Varios ojos se pasaron sobre su persona una vez que los abucheos se detuvieron momentáneamente, llenos de expectación ante lo que tenía que decir.
La garganta se le cerró durante un segundo debido a un nudo que se formó en ella, pero lo obligó a bajar y carraspeó para que la voz no le temblara.
—Llévenla a la hoguera.
La muchacha se retorcía mientras la ataban a un poste sucio por las llamas que antes lo inundaron. Ella no sería la primera que se enfrentaría al fuego.
Ardería hasta la muerte.
—Díselos, Hans —pidió, desesperada.
¿Decirles qué? El colorado estaba seguro que no había nada que decir a esas alturas.
—Que me amas —respondió atrevidamente.
Los vellos de sus brazos se erizaron, pero no sentía ningún miedo.
Rabia bulló en su interior.
—Elsa Solberg, la iglesia del pueblo de Denmark te acusa de los crímenes de magia negra, yacer con hombres sin estar casada y asesinato —enumeró como si recitara un salmo.
—Yo no hice nada —insistió, retorciéndose entre las cuerdas que la sostenían al poste.
—Se te encuentra culpable de todos los crímenes y se te condena a morir quemada en la hoguera.
Anita le pasó una antorcha y Hans subió los escalones de la tarima para acercarse a ella y poder incendiarla.
—Me conoces —le susurró, desesperada—, sabes que no hice nada... que nunca hice nada malo a nadie.
—Ella está muerta —masculló en respuesta, apretando los dientes—, los doctores dijeron que fue por una bruja.
Consultó a todos los curanderos del pueblo y de los circunvecinos, todos dijeron lo mismo: una hija de Lilith la había maldecido.
Vómitos con sangre, fiebres altas, moretones en los brazos y la espalda, abandonándose a la inconsciencia a ratos y volviendo solo para gritar.
Hans no podía entender como alguien podía haberle hecho algo tan malo a una mujer tan buena como ella.
—No soy una bruja...
—Ya no mientas, Elsa. Lo eh sabido siempre.
—No fui yo...
Hans la ignoró, mientras más tiempo la escuchara, más riesgos corría de caer en su embrujo.
Acercó la antorcha hacia el musgo seco para encenderlo y Elsa comenzó a gruñir y mascullar por lo bajo.
Con impotencia la vio ser engullida por las llamas, atribuyendo al dolor el par de lágrimas que corrieron de su ojo izquierdo al calor de las brasas.
Supo que Elsa se había ido cuando la capa de escarcha que nacía desde donde ella había estado parada se detuvo.
¿Estaba enamorado de ella? desde luego, pero no debió matar a su madre.
—REVIEW—
Rani: Gracias por comentar, se te extrañaba por aquí. Have a nice night. Un abrazo.
Hello everyone, hope you like the update. Have a wonderful night.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
