Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Sinopsis: La sala de los menesteres eran una habitación donde las personas sólo podían entrar cuando tenían una necesidad real. A veces estaba ahí y a veces no, pero cuando aparecía, siempre estaba preparada para las necesidades de los buscadores.

Día 25.

Temática: Magos y secretos.

Propuesta propia.


Si así lo desean

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Una oscuridad sofocante bañaba los pasillos del colegio, los retratos la observaban con la misma obviedad de siempre y el silencio que reinaba era levemente interrumpido por el delicado sonido que emitían sus pasos sobre el suelo de piedra.

La rubia miró tras su espalda, para asegurarse que nadie de su casa la seguía, y continuó con su camino.

—Aparece, aparece —masculló, deteniéndose para recomponerse de la carrera.

Un ruido sordo se escuchó, la albina levantó la cabeza y una sonrisa se formó en su rostro al ver la enorme y gruesa puerta de madera frente a ella.

Se enderezó y comenzó a arreglar su cabello rubio— que se había despeinado por la carrera—, se alisó la túnica del uniforme y empujó la puerta para poder entrar.

A diferencia de la vez pasada, en aquella ocasión había una sala de estar espaciosa y cálida, se acercó a la chimenea y miró el reloj sobre la repisa. Tenían varias horas para pasar el rato sin que nadie pudiera notarlo.

—Llegas tarde.

Elsa ocultó la sonrisita que se formó en su rostro de porcelana al girarse hacia donde provenía la voz.

—Quince minutos no es tan tarde —replicó.

—Lo es para nosotros.

—No fue culpa mía —contradijo—, los prefectos de mi casa se ponen muy pesados con el tema de estar en nuestras habitaciones.

No recibió respuesta.

—Como gustes.

Elsa irguió la cabeza e hizo además de volver por donde vino, el muchacho la tomó del brazo cuando pasó por su lado y la albina contuvo una sonrisa.

—Que sea la última vez.

—No puedo asegurarte eso —se acercó al cuerpo masculino para alzarse en puntillas y repartir pequeñas mordidas sobre su mandíbula—, pero sí otras cosas.

Un gruñido escapó de la boca del muchacho y este enredó la delicada cintura de la blonda con una mano mientras la otra se afianzaba a su nuca para atrapar su boca en un beso.

Sus lenguas se fundieron en una batalla, buscando dominar a la otra, Elsa se aferró a los brazos fuertes que sentía bajo la tela de la túnica y suspiró.

—Hans...

El aludido se separó de ella y deshizo el nudo de los cordones que sujetaban la túnica, la prenda cayó limpiamente a la alfombra y aspiró con fuerza al ver que no llevaba más nada encima.

—Te diría que ya lo eh visto todo de ti —comenzó, acariciando sus pezones lentamente—, pero siempre consigues sorprenderme, Copito.

Elsa se mordió los labios y el pulgar del bermejo voló hasta ellos para separarlos.

—Aquí nadie va a escucharte además de mi —susurró en su oído—, y sabes los mucho que me gusta que grites.

La albina dejó salir un gemido audible y se restregó contra él mientras buscaba sus labios.

Hans llevó ambas manos hacia los delicados glúteos redondos de la rubia— para tener diecisiete años la muy desgraciada tenía un cuerpo de infarto que solía cubrir con el uniforme escolar y el del equipo de quidditch, y mejor para él porque así no tenía que descubrirse a sí mismo al romperle la boca a los imbéciles que la miraran inapropiadamente—, les propinó una suave palmada y la levantó en brazos.

Elsa enredó las piernas largas alrededor de su cintura y enterró la nariz en su cuello para besar, chupar y morder.

—Hoy te sientes valiente ¿no, reina del hielo?

La sentó en el sofá y se alejó de ella para comenzar a denudarse.

Él era grande y fuerte, en sus ojos había un resplandor brillante… —canturreó cuando el colorado se hubo quitado la camiseta y el jersey, revelando un abdomen trabajado.

Elsa se incorporó para desabotonarle el pantalón y sacar el miembro del bermejo, mojó sus labios con la lengua antes de pasarla por toda su longitud.

Plantó varios besos y finalmente lo engulló, disfrutando de los gemidos que escapaban de la boca de su amante.

Ante todo el colegio debían seguir aparentado que eran rivales, que sentían afecto por las parejas que tenían y que no se soportaban ni en pintura.

¿Cuándo cayeron enamorados? A ninguno de los dos les quedaba claro, lo único que entendían era que no podían estar sin él otro.

Habían necesitado del hidromiel que compraron en la parte trasera de la taberna en Hogsmeade para sincerarse con el otro, buscando retarse como siempre.

Aquella sala, la de Menesteres, se encargó de refugiarlos de los ojos indeseados desde el inicio. Se veían ahí para hablar, hacer los deberes juntos, besarse y dormir juntos por ratos, o simplemente para descubrirse en el cuerpo del otro.

Había sido imposible no enamorarse, sin importar nada más que ellos mismos.

Hans la alejó de él y se bajó completamente el pantalón y los calzoncillos, la empujó para que se recostara sobre el reposabrazos y le abrió las piernas.

Elsa aferró sus cabellos rojizos al momento en que sintió su lengua caliente pasearse por su centro, recorriéndola y penetrándola con ayuda de sus dedos largos.

Carajo, como amaba esos dedos.

Sus entrañas se contrajeron ante los espasmos del primer clímax y Elsa gimoteó, presionando la cara del muchacho contra ella con las piernas.

—Más...

—Haz los honores.

La blonda alcanzó su varita con dedos temblorosos y masculló un conjuro antes de darle un toque con al miembro erecto del colorado, la devolvió descuidadamente hacia donde estaba y se incorporó.

Había leído sobre protección, pero no le agradaba la idea de una capa de látex alrededor del falo de Hans cuando podía aprender cómo conjurar y sentirlo en todas partes.

—Ven aquí, esta vez vas arriba.

—No digas más, trece de la buena suerte.

Hans gruñó ante el sobrenombre, pero su molestia desapareció cuando la blonda se posicionó sobre él y dirigió el miembro hacia su entrada.

Las manos del colorado acariciaron su cintura y rodearon sus senos, masajeándolos y pellizcándolos mientras la blonda dejaba caer la cabeza sobre su hombro y giraba la cara para atrapar su boca.

La manera en la que movía sus caderas lo enloquecía, no pudo preguntarse dónde había aprendido eso porque la albina aumentó la velocidad y tuvo que concentrarse para no terminar antes.

Soltó un seno y su mano vagó hasta el centro de la rubia, masajeó el clítoris y Elsa abandonó sus labios para soltar todos los gemidos que ahogaba con la boca masculina.

—¿Qué es lo que quieres?

—A ti.

Aumentó la presión y las paredes de Elsa se cerraron alrededor de él, la esencia de la rubia mojó sus dedos y su miembro, provocando que Hans estallara también.

Depositó un pequeño beso en el hombro pecoso de Elsa, se bajó de su regazo y lo rodeó con un brazo, se recostó en su pecho después de besarlo nuevamente.

—¿Hansy?

—Dime.

—La siguiente vez quiero que me azotes.

El bermejo soltó una carcajada y enterró la cara entre los cabellos sudados de la muchacha.

Esperarían un rato para recomponerse y después seguirían hasta que el tiempo se les agotara.

—Podríamos hacerlo en una bañera grande —propuso.

—¿De dónde vamos a sacar una bañera? No me digas que con magia porque no sé si sea...

—Copito, estamos en la maldita sala de los menesteres. Aquí hay lo que queramos si lo deseamos con fuerza.

Elsa se incorporó para mirarlo.

—¿Cuánto deseas esa bañera?

—Lo suficiente para pensar en la manera de ponerte branquias.

Elsa se carcajeó y, al verla reír con fuerza, el corazón del colorado latió de una felicidad que solo sentía desde que estaba con ella.


No puedo creer que falten 6 días para que esto termine. Gracias por leer.

Have a nice night, guys.


Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.