Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Sinopsis: Tener un bebé nunca había sido una de sus prioridades en la vida hasta que consideró que era momento, pero no todo era tan sencillo como pensaba.
Día 26.
Temática: embarazo y adopción.
Rating: T.
Propuesta propia.
Hasta que sea suficiente
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Negativo. Otra vez.
Arrojó la prueba sobre el lavamanos y salió del cuarto de baño dando zancadas. Su esposo la miró, sentado en la cama con gesto impasible.
Elsa le regresó la mirada, mucho más vacía que la suya; el pelirrojo se levantó, entró al baño y regresó tan pronto como encontró lo que buscaba.
—No pasa nada, Copito —comenzó—. Personalmente no me importa seguir intentándolo...
—Debería ser sencillo —espetó—. Entras en mí, dejas tu producto y yo lo transformo. Sencillo.
—Bueno, ya vimos que no funciona así.
—Va a funcionar, puedes estar seguro que sí —le aseguró.
Hans suspiró y la atrajo en un abrazo.
—Ya lo sé.
—Me hice todos los estudios necesarios y salieron bien, no entiendo por qué no puedo quedar embarazada.
—Quizá... quizá debemos esperar un poco más.
La blonda se despegó de él al instante para mirarlo.
—Claro que no, llevas años rogando por un bebé llorón y ahora me dices que debemos esperar.
—Es lo más oportuno, puede que sigas sin sentirte lista...
—Seguramente ya no quieres que tengamos un hijo porque ya lo tienes con otra ¿verdad? —lo apuntó acusadoramente— ¡¿Verdad?!
Hans jadeó, ofendido.
—Claro que no.
—Estás mintiendo...
—Elsa, escúchame bien —la tomó de los hombros y los frotó conciliadoramente—: jamás podría querer un bebé que no fuera nuestro. Tuyo y mío.
—Pero...
—Ya esperé cinco años —siguió—, y seguiré esperando hasta que sea suficiente.
Elsa asintió y volvió a abrazarse a su esposo, obligándose a no llorar.
—Todo está en orden, doctora Solberg...
—Señora Westergaardovna —corrigió el bermejo, tomándola de la mano—, ahora mismo esto es una consulta ¿no?
—Solo continúa.
La joven interna asintió y, bajo los atentos ojos de las dos doctoras y de Hans, recitó el diagnóstico.
—El útero está en muy buen estado, y el nivel hormonal no es más que perfecto.
—Entonces explícame por qué no puedo hacer que haya un bebé ahí.
La interna miró con nerviosismo a Ella, su residente, y se aclaró la garganta antes de comenzar a hablar de nuevo.
—Tal vez deba considerar la posibilidad que es un factor psicológico lo que evita que...
—Ay por favor, no otra vez con eso —Elsa se levantó de la camilla y tomó su ropa para vestirse.
Para cuando volvió, solo Hans la esperaba.
—¿Dónde están Ella y la pequeña Houdini?
—Se fueron hace unos minutos.
—Que bien, pensé que terminarían enviándome a hablar con Belle del departamento de salud mental...
—Puede que estén en lo correcto.
La blonda miró a su esposo con indignación.
—¿Perdona?
—Ninguno de los dos tuvo una infancia sencilla, pero puedo decir que yo ya lo dejé estar y...
—Y dices que yo no.
—Bueno, yo no despotrico contra mis padres cada vez que me acuerdo de alguna gilipollez que hicieron... o dejaron de hacer.
Elsa se sentó a su lado.
—Algún día voy a perdonarlos por encerrarme en internados toda mi vida.
—Si yo perdoné a los míos por no amarme, tú puedes hacerlo.
Dejó que sus palabras se plantaran en la cabeza albina de Elsa y deslizó un folleto entre sus dedos delgados.
—Creo que no nos matará comenzar a considerar esto.
Los orbes celestes de la blonda parpadearon al leerlo.
—Dijiste que jamás podrías amar a ningún bebé que no sea nuestro.
—Ahí te equivocas —replicó—, dije que nunca podría amar a un bebé que no fuera nuestro. Y si lo decidimos, podemos hacer que sea de los dos.
Mientras saboreaba lo dicho por Hans, Elsa frotó los dedos sobre la palabra adopción.
—¿Y si hacen eso del vientre de alquiler? las Kardashian lo hacen.
—Primero que nada, no lo hacen ellas, solo Kim; y segundo: no, quiero estar embarazada y vivir esa experiencia. Sentir como me destroza por dentro y maltrata mi cuerpo por fuera.
Anastasia parpadeó y devolvió su sándwich a la lonchera.
—¿Segura que quieres tener un bebé?
Elsa puso los ojos en blanco.
—Desde luego, ahora sí.
—Hace dos años, cuando tuviste ese susto de embarazo, te pusiste a llorar cuando viste la raya en la prueba.
—Era alivio, el más puro del mundo.
Aunque se rio, Elsa deseó volver a tener un susto de aquellos.
—Sus expedientes son perfectos —halagó la trabajadora social—: doctora en cirugía cardiotorácica y almirante naval de la marina rusa. Candidatos perfectos.
Hans la tomó de la mano bajo la mesa y la apretó ligeramente, infundiéndole esperanza.
La mujer sentada frente a ellos selló los documentos y los guardó pulcramente en un folder elegante.
—Están listos para ser enviados a los centros con los que estamos conectados. Los llamaremos en cuanto haya alguna noticia.
El pelirrojo y la albina se permitieron una sonrisa tenue.
—Felicidades, están dando una nueva oportunidad a alguien que de verdad la merece.
—...todavía no sabemos... no mamá, tampoco sabemos de dónde nos lo enviarán... sí, pero aún no me quedo embarazada... ¿sabes qué? te llamo más tarde.
Colgó el teléfono y lo arrojó al sofá, se alborotó el cabello y miró a Hans, quien entraba a la habitación con varias paletas de colores.
—La diseñadora dijo que podíamos comenzar a elegir un color —le comunicó, dejando de lado la disputa que presenció.
—No sabemos si será un niño o una niña —dijo, recibiéndole la paleta.
—Podemos escoger colores como el verde o el amarillo. Eso hizo ella con sus hijos.
—Detesto esos colores —arrugó la nariz—, solo me gustan en tus ojos.
Hans torció la boca en su sonrisa característica y se acercó a ella para besarla.
Elsa enredó los brazos alrededor de su cuello y el colorado la apretó contra su cuerpo.
El teléfono de su esposo comenzó a soñar y gruñendo, Hans se separó de ella y lo levantó de la mesita para contestar.
Escuchó con atención y se irguió repentinamente.
—¿Qué pasa?
—Se lo agradezco mucho.
Colgó y se volvió hacia ella.
—Como no me digas quien llamó, prometo que reduciremos nuestros intentos para tener un bebé...
—Era la trabajadora social —le hizo saber—, dijo que llegaron nuestras asignaciones.
Elsa se cubrió la boca con una mano y se lanzó a sus brazos.
Le importaba un carajo que sus amigas tuvieran dos o tres hijos. Podrían tener mil si así lo deseaban.
Ella tenía uno y era suficiente.
—Llegó esto para nosotros.
Elsa, quien acomodaba pequeños libros de cuentos en una repisa de aquella habitación que decoraba, se volvió hacia el cobrizo.
Llevaba una caja de tamaño mediano en sus manos.
La puso sobre una silla en tanto alcanzaba unas tijeras para abrirla, dentro y envuelto en papel de burbujas para protegerlo, encontraron un móvil para cuna con diseños de copos de nieve y pequeños botes.
—Hay una tarjeta.
Elsa reconoció el papel elegante al tomarlo.
"Para el primero de nuestros nietos. Ansiamos conocerte, Misha. Con amor, los abuelos".
Elevó las cejas al ver las firmas de sus padres al final.
—Bueno, siquiera la escribieron esta vez —comentó y llevó el móvil hacia la cuna para colgarlo, evitando que Hans viera las lágrimas acumuladas en sus ojos.
Cuando se trataba de sus padres siempre lloraba de rabia, impotencia y desilusión, pero aquella ocasión era diferente.
Por fin lloraba de felicidad.
Varias parejas estaban de pie a unos cuantos metros de ellos, aguardando a que sus bebés llegaran.
—¿Por qué tardan tanto? —masculló Elsa, colgada del brazo de su esposo.
—Shhh, ya vienen.
Un grupo de mujeres entraron, en sus brazos sostenían un bebé cada una y se detuvieron junto a la trabajadora social.
La mujer anunció los apellidos de cada pareja y le entregó a su respectivo bebé, cuando fue su turno, a Elsa le temblaban las manos de la anticipación.
¿Y si se le resbalaba y caía? ¿Y si el bebé no los quería? ¿Y si...?
Hans recibió al bebé con cuidado y lo sostuvo suavemente contra su pecho.
—Hola Misha, soy papá —plantó un beso en la delicada coronilla del bebé y la miró—. Mamá tomará su turno.
Elsa parpadeó y extendió los brazos para recibirlo. Perfiló la naricita del bebé, los ojos y la forma de sus mejillas regordetas.
Los rasgos orientales desaparecieron para ella desde ese día y para siempre.
Lo sentía tan suyo que se ahogaba de miedo.
Estaba lista para ser madre.
—No dejas de postear fotos de Misha —comentó Elsa, presionando el corazón para reaccionar al post.
—Mis compañeros de trabajo hacen eso —contestó, encogiéndose de hombros—. Sus familias apestan, pero la nuestra no.
Hans levantó al niño en brazos, Misha tenía ya un año y medio, y Elsa estaba segura que desde que llegó con ellos desde Corea todo cambió para siempre.
Y para mejor.
—Misha crecerá entre quirófanos y botes —comentó Hans, ayudándolo a armar la pieza de lego que le ofrecía su hijo—. Tal vez sea cirujano en la milicia.
Elsa abrió la boca para contestar, pero un espasmo la recorrió y se llevó una mano hasta ella para contener la arcada.
Esperó a que se le pasara, pero regresó con más fuerza y corrió al cuarto de baño. Hans la siguió poco después.
—¿Estás bien? —preguntó, sosteniéndole el cabello con una mano y con la otra levantando a Misha cuidadosamente.
Elsa asintió y se levantó, bajó la tapa del váter mientras tiraba de la cadena y se sentó.
—¿Crees que...?
La albina negó con la cabeza.
—Ya aprendí que no es tan sencillo para las personas con buenos empleos como nosotros —masculló—, pero si fuéramos un par de adolescentes sin nada hasta tendríamos una guardería.
El bermejo se carcajeó y Misha se unió a él, aplaudiendo y musitando palabras que eran una mezcla de ruso y noruego.
Suspiró y se obligó a levantarse de las baldosas frías del baño, los pocos pasos hasta el lavamanos se le hicieron kilométricos y con una mano temblorosa levantó el largo palo de plástico delgado.
La puerta del baño— que no se molestó en cerrar— fue empujada, dando paso a un pequeño niño que entró tambaleándose en su dirección.
—¿Mamá?
Tiró de su camiseta y Elsa se inclinó para levantarlo en brazos, plantó un beso en la mejilla rosada del niño y soltó una risa llorosa.
—¿Mamá?
—¿Quieres guardarle un secreto a tu mami?
El pequeño asintió y le devolvió el beso, lleno de baba y chocolate.
—Vas a tener un hermanito.
—REVIEW—
Rani: Coincido contigo, yo tengo entendido que los números impares son los de la suerte; el trece y el siete en especial. Gracias por comentar, espero leerte pronto.
Espero que la actualización de hoy les haya gustado, siempre quise escribir algo sobre esto porque soy de las que piensan que es mejor darles un hogar a esos niñitos a los que se les fue arrebatado por una razón y otra. Nos leemos mañana.
Have a wonderful weekend!
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
