Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Sinopsis: En medio de aquella noche fría, Hans solo quería un motivo para sobrevivir a la guerra.

Día 28.

Temática: Guerra y espíritus.

Rating: T.

Propuesta propia.


Donde los árboles cantan

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¿Cuánto tiempo más tendría que resistir? ¿Cuánto más hasta que la muerte decidiera que era suficiente y fuera a por él? Hans solo deseó que no lo dejara en el limbo.

Mientras el frío le calaba los huesos, el bermejo fue consciente de todos los pecados que cometió.

"Solo termina ya".

El viento silbaba fuerte y casi podía jurar por la memoria de su santa madre que los árboles— que les servían de camuflaje y los protegían de los enemigos— le susurraban secretos y convertían los últimos gemidos de vida de los que los rodeaban en tétricas canciones.

"Mantente despierto".

Los ojos le pesaban tanto, pero se negaba a dormirse. Sus compañeros le servían de ejemplo: dormir era abrirle los brazos a la muerte y no estaba dispuesto.

No hasta que recordó que en casa lo esperaba un padre alcohólico lleno de resentimiento hacia él, aun cuando no era el culpable de la muerte de sus hermanos.

Habían muerto en batalla, como posiblemente lo haría él.

"No pienses en eso".

Se sobresaltó y pegó un bote donde estaba agazapado. No reconocía aquella voz, pero sin duda era tan hermosa... tanto como lo sería la dueña.

—… ¿Verdad, Hans? ¿Hans?

El aludido se giró hacia su compañero, quien lucía tan demacrado como él mismo.

—¿Qué?

—Enviarán a alguien a rescatarnos ¿verdad? —planteó su pregunta nuevamente—. Es obvio que tienen que enviar ayuda, no pueden dejarnos aquí como si nada... ¿verdad?

Hans usó de excusa que los dientes le castañearan para ganar tiempo y buscar una respuesta.

Tampoco sabía la respuesta, pero la intuía.

"Nadie va a venir, Hans".

No sintió tanta desolación cuando la voz en su cabeza se lo confirmó, su maldita intuición jamás fallaba.

"Estarás muerto... lo estarás a menos que me sigas dentro del bosque".

Los ojos verdes de cobrizo— cuyas pestañas rojizas estaban cubiertas por una capa de escarcha— volaron hacia el bosque.

Los árboles eran más grandes e imponentes que los que los refugiaban y estaba seguro que hablaban.

Tal vez solo deliraba por la muerte inminente que se arrastraba hacia él.

"Sígueme".

—No.

"Prometo que estarás a salvo".

—Harás que nos maten.

"Jamás".

—¿Con quién... con quien hablas?

Hans miró al castaño y suspiró, nubes de vaho blanquecino escapaban de sus bocas con cada bocanada.

—Reúne a los muchachos, debemos... debemos irnos.

—¿Hacia dónde?

Hans apuntó el bosque.

—¿Te has vuelto loco? No sabemos qué puede haber ahí...

—Solo haz lo que te digo, Fitzherbert.

El castaño asintió y se arrastró por la nieve en busca de sus compañeros. Al menos los que continuaran con vida.

Contándose él mismo, solo quedaban unos veinte con vida.

"Levántate" lo instruyó la voz. "Arrástrate hasta que llegues a los árboles, no podrán verte desde ahí".

Hans siseó la orden y comenzaron a desplazarse todo lo sigiloso que podían. El bermejo podía jurar que la nieve traspasaba la capa y el uniforme, y le quemaba la piel.

Que estúpido había sido al enlistarse en una guerra que no le correspondía. Todo para enorgullecer al malagradecido de su padre.

Pero ya se las pagaría, si lograba sobrevivir a aquella noche, lo primero que haría al volver a casa sería tomar sus cosas y marcharse de ahí definitivamente.

"Concéntrate, usa esa rabia para seguir".

Mientras se arrastraban debajo de las ramas de los árboles, la sensación de sentirse observado perduró, las hojas se balanceaban con fuerza y casi pudo escuchar las maldiciones de los búlgaros en su contra.

—¡No veo a ninguno!

—¡Detrás de los árboles!

—¡No! ¡Bajando la colina!

"Continúa, no te detengas".

Continuaron sin parar, quemándose los codos y el pecho con la nieve cortante, pero el miedo siempre era el mejor de los incentivos y no se detuvieron hasta que se toparon con un pequeño lago congelado frente a ellos.

—¿Qué hago ahora?

"Camina sobre él".

—Va a romperse con el peso de todos.

"No lo hará".

Y Hans le creyó.

Se pusieron de pie, tambaleantes, y atravesaron el lago en una corrida desequilibrada. El hielo ni siquiera se estrelló.

"Continúa corriendo".

Hizo que obedecieran y volvieron a detenerse frente a una red de ramas entrelazadas entre sí.

"Arrástrate de nuevo".

Hans fue el primero en lanzarse al piso y entrar a la enredadera de ramas.

"Cuidado, son filosas".

Los gritos de algunos de sus compañeros y el olor a sangre fresca le hicieron saber que aquella advertencia llegó demasiado tarde.

—¡Son filosas, tengan cuidado!

Cuando salieron solo quedaban quince.

—¡¿Por qué no me lo dijiste antes?!

—Cállate Hans, pueden escucharnos.

"Ponte de pie".

—¿Ahora por dónde?

"Corre montaña abajo, hay un pequeño poblado".

—No van a querer ayudarnos.

"Lo harán, solo diles que el quinto espíritu te guio hacia ellos".

Definitivamente debía estar alucinando, pero si sus alucinaciones los salvarían, no se opuso y siguió.

Cuando llegaron al final de la colina, los pies le dolían tanto que terminó cayendo al suelo.

Fitzherbert lo instó a ponerse de pie.

—Vamos, ya casi llegamos.

"Levántate, Hans".

—Ya no puedo.

"Tonterías, levántate de una vez".

—¿Por qué yo? ¿Por qué me hablas a mí?

"Porque no quieres morir y yo no quiero que mueras".

Sintió que lo tomaban del cuello del uniforme y lo arrastraban el tramo que faltaba hacia el poblado.

—¿Cómo te llamas?

"Abre los ojos, llegamos".

Un par de personas se acercaron a él, presurosos.

—¿Qué pasó?

—¡Santo Dios, estás herido!

Hasta entonces Hans notó los cortes en su uniforme, las malditas ramas lo habían herido y no lo notó.

—¿Cómo llegaste hasta aquí?

—Atravesé el... el bosque.

—¿Tu solo? Nadie sale de ahí.

—Con mis compañeros... ¿Dónde están?

Miró hacia los lados en busca de Fitzherbert, pero no había rastro de él por ningún lado.

—Llegaste solo, no había nadie contigo.

¿Qué?

—¿Cómo llegaste aquí? —le repitieron la pregunta.

Hans apenas pudo contestar.

—El quinto espíritu, ella dijo que... dijo que me ayudarían.

Un par de risitas escaparon de las bocas de los desconocidos.

—Lo hizo otra vez.

—Lo tuyo eran los pelirrojos ¿cierto, Elsa?

Antes de que la inconsciencia se lo llevara, echó un vistazo al bosque y parada frente a los árboles grandes, una hermosa joven rubia lo observaba atentamente.


—REVIEW—

Rani: Cuando tienes niños no necesitas que nadie te exponga porque ellos se encargan de eso. Por eso cuando tengo que hacer de niñera evito decir nada lol o solo lo hago en español haha. Que lindas palabras, te agradezco yo a ti; nos leemos más tarde ¿va? Besos.


¡Faltan cuatro días! Esto ha sido agitador, pero satisfactorio.

Gracias a todos.

Hasta más tarde.


Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.