Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

.

.

.

Sinopsis: Definitivamente, aquella era la mejor manera de probar el alcohol por primera vez.

Día 30.

Temática: Primeras veces.

Rating: T.

Propuesta propia.


Cosas nuevas

.

.

.


Elsa soltó una carcajada, Hans rodó los ojos y la albina se detuvo en el instante en que el muchacho se puso de pie para alejarse de ella.

—Espera, Hans —se levantó—; no es para tanto.

—Sí lo es —espetó—. Sabes que me molesta que se rían de mí y sigues haciéndolo.

—Pensé que bromeabas, eso es todo.

—¿Tan difícil es creer que nunca eh bebido en mi vida? ¿Que nunca eh estado con nadie de esa manera?

—Es difícil creer que eres virgen cuando tienes dieciocho años y estás así de bueno —replicó—. No puedes culparme por no creer que bebes cuando eres ruso y beben cerveza desde que son niños.

—Pues en mi familia no.

Se mordió la lengua para no soltarle que no era culpa suya que ella— a la misma edad que él— ya hubiera repasado a un montón de chicos y salió un par de veces de rehabilitación.

No se veía capaz de hacerla sentir mal con eso, pero sí que estaba molesto.

—A ver, vamos a calmarnos —lo tomó de los hombros y suspiró—. Si tú quieres, yo puedo encargarme de tu primer trago.

—Elsa...

—Juro que será memorable... solo... —se mojó los labios con la lengua—... solo debes conseguirme un poco de licor.

El bermejo rodó los ojos.

—Ya salió el peine, sabía que la reina del hielo nunca es tan benevolente.

Elsa apretó los dientes y se alejó de él.

—Como gustes.

Caminó en dirección de una de las cabañas donde se quedaban con sus familias y lo dejó solo.

Tan pronto como la vio azotar la puerta de la cabaña donde dormía con su hermana y sus primas, su cabeza se llenó de las mil y una posibilidades en las que podría conseguir alcohol en medio de la nada.


Se escabulló en su cabaña y rebuscó entre sus cosas, las de su primo y las de sus dos hermanos. Encontró algunos condones, pero ni una sola gota de alcohol.

Se guardó un par en el bolsillo del pantalón antes de dejar todo como lo encontró, salió de la cabaña para seguir buscando y se detuvo al encontrar a Eugene sentado en los escalones de entrada con una expresión de desilusión pintada en la cara.

En otra ocasión lo habría dejado ahí, pero la reluciente botella de vodka en sus manos lo obligó a quedarse.

—¿Pasa algo?

El castaño lo miró, sorprendido.

—Hans Westergaard preocupando por algo más que su frío trasero ruso, ya lo eh visto todo.

—Nadie dijo que me preocupo, pero no voy dejar que mis padres paguen un cargo extra porque te suicides aquí.

Eugene negó con la cabeza, suspiró y volvió a mirar hacia el suelo.

—Traje está botella para poder... tú sabes... jugar con Punzie.

—Y la ridícula zarrapastrosa de Rapunzel te mandó al carajo ¿cierto? pero claro que lo hizo.

—Dijo que seguía enojada conmigo porque no la acompañé a esa exposición llena de mujeres desnudas... ella dice que es arte y si admiro ese arte, se molesta conmigo. A veces no sé qué hacer.

Destapó la botella y le pegó un trago, Hans aguardó pacientemente a que terminara para pedírsela, pero el muy imbécil comenzó a derramarla sobre la impoluta nieve amontonada a un lado de los escalones.

Tuvo que sostenerse de los escalones para no soltarle encima. Eugene le palmeó el hombro mientras le agradecía por escucharlo y se adentró en la cabaña.

Una idea nació dentro de su cabeza pelirroja.


Tocó la puerta de la cabaña de Elsa.

—Elzuka, soy yo, Vanya.

—Ya lo sé —respondió después de unos segundos.

—¿Puedo pasar?

—No sin alcohol.

Hans empujó la puerta y entró, una taza de porcelana con una cuchara incrustada en ella reposaba entre sus manos.

La albina se incorporó de la cama donde yacía recostada.

—¿Y eso? —preguntó, señalando la raza.

—Es un helado de alcohol, en verdad es hielo con algo de alcohol —respondió como un chef que explica su platillo—. Tomé un poco de nieve después que el imbécil de Eugene lo derramara y agregué azúcar.

Elsa asintió, tomó la taza y se hizo de un poco del helado improvisado con la cuchara, se lo llevó a los labios y un sonido de satisfacción escapó de ellos cuando entró a su boca.

Hacía tanto que no probaba una gota de licor.

—¿Y bien?

—Está muy bueno, en realidad —admitió, tomando otra cucharada—. Que listo.

El bermejo asintió y aguardó pacientemente, Elsa sonrió al notarlo.

—Calma, no se me olvida —palmeó el lugar junto a ella y Hans se acercó de inmediato—. Sujétalo un poco.

Le pasó la taza y se recostó, recargando la cabeza contra la cabecera de roble de la cama, se levantó la camiseta de algodón que llevaba encima hasta que solo cubrieron sus pezones.

—Pásame la taza.

Hans parpadeó y le regresó la taza, sin apartar los ojos de los senos redondos y pálidos de la albina.

Elsa tomó un poco del hielo y lo colocó entre sus senos.

—Vamos, pruébalo.

Hans tragó seco mientras se subía a horcajadas encima de ella, sostuvo su peso con sus antebrazos y agachó la cabeza, atrapando la bolita de hielo con la boca.

No estaba seguro, pero el hielo debía reposar el licor y hacerlo más pasable.

Tal vez era el hecho de que estaba entre los senos de la blonda, pero definitivamente le sabía muy bueno.

Elsa trazó un caminito de bolas de hielo por todo su estómago plano, Hans vio más de cerca el piercing en su ombligo y se abstuvo de sonreír al ver el pequeño copo de nieve de oro coronándolo con gracia.

—Deshazlo.

La miró en cuanto escuchó lo que le ordenaba, odió que sus dedos temblaran cuando se dirigieron a los listones del short de algodón y tiró de ellos, desatándolos.

—Bájalo.

Hans tomó el short de ambos lados y lo bajó un poco hasta que las bragas de encaje negro asomaron.

Depositó otro poco justo encima de donde comenzaban las bragas y Hans lo comió con avidez.

—¿Te gusta?

El colorado asintió.

—Sabe bien —respondió, respirando contra su estómago.

Una sensación de vértigo se apoderó de él al ver la delicada piel de la albina tensarse.

Elsa dejó la taza de lado y lo tomó de las solapas del suéter, hizo que se incorporara y lo besó.

—Ya no eres virgen del alcohol —suspiró entre besos.

—Dijiste que te harías cargo —respondió, mordiéndole los labios.

Elsa soltó una pequeña risa.

—Vamos, cierra la puerta.


—REVIEW—

Rani: Gracias por comentar, nos leemos más tarde. Besos.


Hoy ya no me quedé dormida, así que aquí se los dejo. Nuevamente les ofrezco una disculpa por lo de ayer... que básicamente ya era hoy en mi horario... btw.

¡Hoy es el día treinta! Can't believe it! Nos vemos en el bonus.


Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.