-Somos amigos –mencionó la pequeña sentada en el suelo de aquella habitación-. Así que no le diré a nadie de ti, ni a mi mamá.

-¿Lo prometes? –preguntó la figura sentado enfrente de ella, dándole un intento de sonrisa.

-Claro, los amigos nos cuidamos la espalda –contestó la pequeña. La inocencia de esa criatura le causaba cierta ternura, y eso que no consideraba siquiera tener sentimientos.

La pequeña alzó el meñique hacia la otra figura, esté la vio muy confuso lo que causo que la niña sonriera. La niña agarró la mano de su contraparte y con la ayuda de su otra mano le hizo cerrar el puño y sacar el meñique terminando con su objetivo. Hizo la misma acción con su mano derecha y entrelazo su meñique con el de la figura, se notaba la diferencia de tamaño su pequeño dedo desaparecía con un solo movimiento del meñique de su contraparte.

-Con esto selló mi promesa de no hablarle de nadie de ti –terminó sonriendo. La figura sólo pudo mostrar una cara llena de incredulidad ante las acciones hechas. Reuniendo toda la paciencia que le quedaba ante las cursilerías de la pequeña, suspira resignado y acepta el trato asintiéndole.

-Algún día me tendré que ir y tú me olvidarás –le contestó con una falsa burla viendo a la pequeña. La cual le dirigió una mirada triste, la figura sonrió de lado ante esa respuesta-. No te preocupes yo volveré en su momento.

-¿De verdad te olvidaré?- La figura rompió el símbolo de su promesa y dirigió su mano a la cabeza de la pequeña, resolviéndolo con cierto cariño -. Promete que me buscarás cuando regreses.

La figuro sonrió con verdadera ironía, por supuesto que la buscaría ya estaba escrito en las estrellas que vendría y la buscaría. Pero aún no es tiempo de eso, por ahora sólo tiene que dejar todo el conocimiento para aquel momento.

-Claro que lo haré. Ahora vamos para acurrucarte, antes que tu madre se dé cuenta que estás despierta –ordenó mientras se levantaba, la pequeña lo imitaba. La figura esperó a que la pequeña se echara en su cama y le mirará; esa era la señal donde debía recitar el mantra con el que los últimos meses la mandó a dormir-. Siempre valiente, jamás dejes que te consuma y sobre todo…

-No le tengas miedo –finalizó la menor a lo que la figura asintió-. Hasta mañana.

-Hasta mañana, Sarada- respondió la figura mientras se dirigía a la puerta de la habitación. Se detuvo antes de cerrarla y observó la habitación, un cuarto perfecto para el tamaño de la infante color durazno claro, con una cama blanca ubicada cerca a la puerta corrediza que daba al armario, una estantería de cuatro cajones grandes frente a la cama, y dos grandes muñecos un conejo rosado en la planta de la cama al lado derecho dándole la sensación que lo vigilaba, y un panda blanco con un verde claro que descansaba con ella en la cama. Sería la última vez que estaría ahí, la próxima vez será cuando ella despertará su sharingan. El infante lo miró y le sonrió, levantó la mano en gesto de despedida y cerró la puerta.