CAPÍTULO 3: DUDA
POV. SARADA (2)
Me dieron descanso médico para mi desgracia, según tengo entendido mi madre fue lo que mando. Ha estado muy tensa desde lo que pasó en el hospital. No la culpo, ha sido un algo tan impactante que a veces pienso que lo soñé.
-Sarada, ven a que te revise –escuché desde mi cuarto.
Me levante de mi escritorio y me dirigí a la puerta de mi habitación, cada vez que salgo me da la sensación que algo está mal. Por ahora lo mantengo en secreto, no quiero que se preocupe más de lo que ya está. Salí y pase el corredor que conectaba la sala con mi cuarto y cocina.
Ahora estamos viviendo en un departamento porque mamá destruyó la casa. Es de buen tamaño, posee las habitaciones necesarias y la sala y cocina están conectadas; es temporal hasta que reconstruyan la casa o eso me dijo mamá.
-Mamá, ¿no crees que estas exagerando? –Mencioné mientras me sentaba a su lado, viendo como ya estaban ordenados todos los materiales necesarios para revisarme.
-Te reviso para evaluarte la recuperación del hombro y ver cómo está tu cuerpo con respecto al descanso –explicó mientras retiraba las vendas por completo de mi hombro derecho.
-Pero… Sabes, he dormido bien en estos días.
-Es buen signo, al final parece que sólo era estrés.
-Eso parece… Mamá… -Mi voz disminuía, no estaba segura si estaba bien preguntarle sobre el hombre.
-¿Qué pasa? –Me miro y aunque la sentía que no era correcto pregunté.
-El señor… Encontraron o lograron, bueno tú sabes… ¿Familia del señor? –Desvié la mirada. Sentí como dejaba de mover su mano y en cambio aumentaba su agarre en mi brazo derecho.
-Por desgracia no. Pero seguimos buscando.
-Oh, entiendo. Pero al final, ¿qué le pasó? Estaba muy herido –dije con genuina curiosidad, mirándola.
-No lo sabemos. Llegó a las puertas de la aldea en ese estado, pero nadie encontró signos de pelea –mencionó mientras retomaba mi revisión.
-Eso es muy raro… ¿Mamá?
-¿Sí?
-Murió por pérdida de sangre ¿verdad?
-Sí –respondió de manera cortante. Claramente no quería que supiera algo, pero ya había ahondado mucho lo mejor era retroceder por ahora.
Nos quedamos en silencio, cada uno en su mundo. Ella acabando mi tratamiento y yo observándola intentado descifrar su mirada. Cuando acabo de vendarme y ayudarme a ponerme el cabestrillo.
-Listo. Con esto debería bastar por hoy –mencionó mientras miraba mi hombro derecho con orgullo a su tratamiento.
-¿Cuánto tiempo más estaré con esto? –Pregunté mientras me levantaba y movía mis hombros levemente.
-Por lo menos unos cinco días más. Pero para asegurarme será una semana –informó con el ceño fruncido por mis anteriores acciones.
-Entiendo, ¿ya te vas al hospital? –Hablé recién, notando que estaba vestida con la ropa con la que habitualmente iba a su trabajo.
-Sí, quisiera quedarme hoy pero tengo que dar unos par de informes –me contestó con una sonrisa en disculpa por su ida.
-Está bien. No te preocupes, mamá –le dije, mientras comenzaba a ir a la puerta para despedirla.
-Bueno, dejé la comida lista para que no hagas más que calentarla. Cualquier cosa avisas –informaba mientras se ponía sus sandalias en la puerta.
-Lo entiendo. Hasta luego –la despedí con una sonrisa.
-Nos vemos –me lo dijo con una sonrisa antes de cerrar la puerta y dejarme sola.
Cuando me di cercioré que estaba lo suficientemente lejos, me volteé y fui a su habitación. Tengo la sensación de que encontraré la respuesta a la inquietud que ha rondado por mi cabeza desde que soñé con esa figura.
Llegué a la puerta de su habitación, a pesar de saber que estoy sola no puedo estar con los nervios de punta, ¿si llega antes? ¿Si se olvidó algo? ¿Cuál sería mi excusa?
Reuniendo todo el valor que tenía abrí la puerta de su habitación e ingrese. La habitación era la segunda más grande, quedándose por muy poco por la sala; no debería sorprenderme, es la habitación de mis padres, por ser uno de los cuartos más importantes de la casa.
Dando en dirección directa a la puerta se veía la cama matrimonial, que tenía un respaldar grande, donde se ve el emblema del clan Uchiha, en ambos lados de la cama se encontraban unas mesas de noches, ambas con un cajón, con unas lámparas de tamaño perfecto para las mesitas. En la mesita del lado derecho se encontraba un libro y un par de lapiceros, en la mesita del lado izquierdo no había nada, eso cambia cuando papá esta en casa a veces hay un pergamino. Un par de metros a la izquierda de este, hay un tocador con una espejo de tamaño regular y que en la parte inferior, en el centro hay un espacio para sentarse, además de tres cajones en la cada lado; se ve portarretratos de la familia y un par de cosas de mi madre. Al lado izquierdo de la entrada al cuarto, hay un ropero grande con tres secciones y en la parte de la sección del medio hay tres cajones más y dónde está mi objetivo.
Fui directo al último cajón y lo abrí, ahí se encuentran los álbumes familiares; pero yo busco una llave que sólo se encuentra al final del álbum lleno de fotos mía de bebé, mi madre no sabe que sé de su existencia desde hace años. Cuando la extraje me dirigí a la cama y me agaché. Debajo de la cama, pegado a las tablas que sostienen el colchón, hay una caja que encontré de casualidad unos días después de nuestra mudanza, fue sin intención pero me di cuenta que poseía un candado. La caja era negra con pequeños detalles floreados que parecían hojas de cerezo, era de mi madre sin duda.
Con la llave en la mano, la inserté en la entrada y escuché el sonido característico al abrirse el candado; abrí la caja y pude ver un par de hojas doblabas, una banda ninja azul, un ornamento para el cabello con arreglos florales y una carta, lo deduje por el nombre de mi madre escrito en la sobre, el que por el color del papel es muy antiguo. Lo que llamó mi atención fue que una de las hojas doblada reconocí mi letra de infante que decía "secreto". Lo desdoble y vi un dibujo extraño de mi parte, ahí se veía una yo de pequeña y a su lado se encontraba una mancha negra en forma humanoide, ambos nos dábamos la mano y en su mano izquierda había una flama.
No pude evitar de fruncir el ceño, miré de nuevo la caja buscando una conexión y agarré la otra hoja pensando que tal vez habría una conexión, pero antes si quiera de poder intentar desdoblarla sentí un movimiento en la entrada de la casa, dejé todo, saqué el kunai que tenía en el cabestrillo, active mi sharingan y fui a toda velocidad hacia la entrada.
Al llegar no noté nada, todo estaba en su lugar. Tal vez la paranoia está por los cielos por indagar en las cosas de su madre. Pero justo antes de burlarse de sí misma, por el rabillo de su ojo izquierdo notó una hoja blanca en suelo, al tocarla se dio cuenta que era una fotografía. La volteó y quedó intrigada con lo que vio. Era un foto de ella en su cuarto de pequeña, vendada de ambas manos, una gasa pegada en su mejilla izquierda y una curita sobre su nariz; tenía una expresión de felicidad mientras abrazaba a su panda.
No tiene recuerdos de haberse lastimado de esa manera y sus padres jamás lo mencionaron; ahora que lo piensa hay un periodo en concreto que no recuerda mucho. Pero siempre le echó la culpa a la amnesia de infante. ¿Acaso siempre estuvo equivocada?
-Sí le digo a mi mamá, no me dirá –murmuró para sí misma-. Pero aun así, todo es tan extraño.
Se dirigió a la habitación de sus padres para poner todo en orden, y dudo pero al final guardó la foto entre sus cosas. Para cuando pensó que todo estaba en orden, sintió como un golpe la mandaba para la pared opuesta y todo quedaba en negro.
