CAPÍTULO 6: AFLICCIÓN
POV. INO (1)
Observó dormir a su hijo, velando por cualquier signo que le diera a entender que su hijo podría sufrir nuevamente, la angustia, dolor y paranoia infantil que sufrió a tan temprana edad.
Desde el momento que Sai, su esposo, regresó a la casa. Notó por su semblante que algo no andaba bien, tantos años juntos la hicieron capaz de leer a través de esa mirada, el poder del amor dijo Sakura una vez.
Una vez que Inojin se fue a dormir, Sai se lo dijo. Sintió como su presión bajaba, y los recuerdos del sufrimiento que su hijo paso de pequeño la golpearon y no dudo en correr a vigilarlo, a velar sus sueños como en aquella oscura y dura época.
-Vamos a estar bien –, escuchó la voz de su esposo en un murmullo detrás suyo -. Lo solucionamos una vez, esta no será la excepción.
-Ambos sabemos que sólo combatimos… Jamás los vencimos –, dudó en seguir –, que tal si esta vez, ya no somos capaces de hacerle frente.
Sintió como Sai la rodeaba con sus brazos y ponía su cabeza en su hombro derecho, buscando reconfortarla de los sentimientos que la invadían.
-Sakura, dijo que esta vez lo encontraría –, apretó un poco su abrazo –. Ella vivió al igual que nosotros esto.
Ino movió la cabeza un poco de manera que pudiera ver a Sai. Cuando lo miró, se dio cuenta que poseía la misma mirada que hace ocho años, fruncía el ceño levemente, sus labios formaban una línea recta y su mandíbula se notaba apretada.
-Sai –, lo llamó. Levantó su mano derecha y la acercó a Sai, masajeando su mejilla. Haciéndole entender que ella lo comprendía. Él la miró y al hacerlo ella continúo hablando –, tengo miedo que esto pueda destruirla, no solo a ella. Naruto y ella estuvieron desesperados, si no fuera por Sasuke, ambos hubieran caído en la locura de todo.
-Han madurado, Ino.
-Lo sé, pero…
-Te entiendo –pausó un momento, buscando las palabras para proseguir –. Sarada y Boruto fueron los primeros, y se enfocaron en ellos. Nadie pudo prever que sería una pandemia.
-Ambos tuvieron que separarse de ellos aunque no quisieras. Nunca los había tan fuera de control, tan desesperados. Queriendo olvidar que ellos eran las personas en la que la aldea ponía su fe para resolver el problema.
-Precisamente por eso, es que esta vez Naruto y Sakura han tomado sus precauciones. Una de ellas, es llamarnos.
-Sai –lo llamó. Al ver que esperaba sus palabras, prosiguió –. Hay que cuidarlos a todos.
-Lo sé. Esta vez, no dejaremos que llegue a ese extremo.
-Mañana –mencionó mientras se escapa de los brazos de su esposo y lo empujaba para atrás –. Iré a ver a Sarada, y con Boruto… Supongo que debo andar precavida.
Sai frunció el ceño, mientras tomaba el pomo de la habitación de su hijo para cerrarla.
-No dejaré que esto avance. Sakura dijo que vigilaría a Sarada, pero Boruto también llegó a esa etapa anteriormente.
-¿Quieres decir qué Boruto podría estar sufriendo esto? –Preguntó mientras apretaba un poco el pomo de la puerta.
-Es una posibilidad –murmuró –. Si pudiera encontrar el patrón, tal vez pueda ingresar a ese lugar. Esa vez no pude, no importó cuanto lo intente.
-Entiendo –sonrió y desvió su mirada su hijo –. Aun así te cuidado, esa vez estuviste en peligro.
-Lo sé, pero esta vez no dejaremos que jueguen con la mente de ellos –expresó con firmeza mirando a su hijo dormido –. Perdí una vez, esta vez será diferente.
Sai sonrió mirando a su mujer y con su mano libre, tomo la de su contraria. Viendo como ella le dirigía la mirada dijo –. No saben, cómo hemos cambiado. Se llevarán una sorpresa.
Ino lo miró algo sorprendida, para posteriormente sonreír y acercarse a él.
-Si vamos a actuar antes. Descansemos, mañana nos espera un largo día –, mencionó mirando como su marido cerraba la puerta del dormitorio de su hijo.
-Buena idea, hay que descansar el mayor tiempo posible. Porque después, tal vez ni dormiremos –. Dijo mirando a Ino asentir y emprender el camino a su habitación a descansar, antes de que la guerra se desate.
(…)
La mañana más rápido de lo que hubiera querido, mirando el techo de su cuarto comenzó a meditar en sus siguientes pasos. ¿Qué podría hacer? ¿Cuál sería la mejor manera? ¿Cómo evitaría que se den cuenta?
Cada una de esas y más preguntas aumentaban con los segundos, cerró los ojos en un intento de calmar era ansiedad y buscar una solución, fue ahí que sintió como su esposo se movía de su lado para levantarse.
-No dijiste nada –habló en voz baja, como buscando evitar que alguien los escuchara –, ¿no dormiste, no?
-Sólo unas horas –contestó con tenue voz.
-¿Desde qué hora?
-Más o menos desde las tres.
-Esa hora, es igual que esa vez.
-Sí, Inojin para eso ya estaba llorando. Por eso aprendí a despertarme a esa hora.
-Hace tiempo que no te levantas a esa hora.
-La verdad, creí que nunca más debía levantarme a esa hora. Pero con esta noticia… Mi cuerpo sólo reaccionó como si no hubiera pasado nada de tiempo de esa vez.
-Sabes –observó cómo su marido volteaba a verla y hacía un ademán para que continuara –, me pregunto si todos estarán con los nervios de punta.
-Deberíamos mejor preguntarnos, ¿cómo Shikamaru evitó que Temari no sacara a Shikadai de la aldea a estas alturas?
Se rio ante la broma de su esposo en un vago intento de bajar la tensión que toda la situación ocasionaba.
-¿Cómo harás para vigilar a Inojin? –La voz de su esposo sonó muy seria y su sonrisa falsa se desvaneció.
-No creo poder hacerlo –respondió mirando el rostro confundido de su esposo –, Inojin es un Yamanaka, tal vez sea capaz de sentir cuando quiera entrar en su mente.
-Ya entiendo –murmuró mientras alzaba los hombros mirándola –. Eso será un problema.
-Lo es.
Se removió en la cama antes de levantarse y salir de esta. Una vez afuera se comenzó a estirar los brazos para eliminar la pereza de estos.
-¿Qué es lo que harás hoy? –Preguntó mientras volteaba a ver a su marido.
-Iré a vigilar el hospital, debo vigilar al joven que entro en contacto con Sakura.
-Oh, entiendo –. Respondió con interés –, es algo muy inesperado.
-Con todo lo que se ha pasado –, mencionó mientras comenzaba a cambiarse –. No me sorprendería que Sakura fuera el blanco.
-La atacaron una vez, no me sorprendería que volviera a pasar.
-Es por eso que hay que estar precavidos.
-Vamos a desayunar –dijo de la nada mirándolo –. Quiero cerciorarme.
Sai asintió a la petición en silencio, no podía negar que también estaba ansioso de ver a su hijo en óptimas condiciones. Por esa razón, la siguió en silencio hasta la cocina y actuaron como si nada pasara hasta que su primogénito y único hijo apareció en la entrada a la cocina, listo para desayunar como siempre lo hacía.
Disculpen la demora con la actualización, estuve muy ocupada con mis estudios. Pero este fin de semana podré actualizar uno o dos capítulos pues es fin de semana largo en mi país.
