CAPÍTULO 8: DATO

POV. INO (2)

Una vez internada en la mente de Sarada, lo primero a lo que se enfrenta es un lugar claro. El cual da un aire de serenidad y tranquilidad a su alrededor.

Comenzó a avanzar decidida y sin miedo, conocía esta mente y aun cuando hubiera pasado varios años desde que estuvo en esta posición. Conocía perfectamente a qué áreas ir y a la vez de evitar encontrarse con el subconsciente de la hija de su mejor amiga.

–Veamos… cuando estuve aquí la última vez –, se detuvo y puso su mano derecha bajo su mentón y la izquierda en su cadera –. Había que encontrar la puerta con la flama.

–Sarada me dijo la última vez, que sólo había que decir el nombre… muy bien "**********".

Apenas terminó de pronunciar aquella palabra, un camino de toris inmensa que la guiaba a hacia una puerta enorme que la hacía recordar a las de los templos que alguna vez visitó en su temprana vida ninja, se alzaba desde el suelo. Se veía pequeña, pero sabía mejor que nadie que al acercarse la sombra de esta la tragaría.

Bajo la mano derecha de su mentón y comenzó a dirigirse hacia la puerta, al poco tiempo los toris la rodearon completamente, al acercarse poco a poco esta se hizo más grande hasta que su sombra la cubría por completo.

La puerta color rojo sangre se presentaba imponente y hasta aterradora frente a ella. El sentimiento de inseguridad comenzaba brotar de su corazón, sabía lo que le esperaba al abrir la puerta. Estuvo tres veces en esta posición, en dos ocasiones pudo entrar y solo en una ocasión pudo tocar el altar. Pero tocarlo… casi le costó la vida.

Dio un largo suspiro y aproximo sus manos para empujar la puerta, cuando lo hizo una gran y caliente ráfaga de viento la recibió, la misma que la obligó a protegerse con sus brazos.

Cuando ese aire se detuvo, de inmediato sintió la presión que ese lugar emanaba. Recuerda su primera vez en este lugar, tan sólo dos pasos al interior la presión era tanta que le comenzaron dar arcadas ante eso, sus rodillas no soportaron su peso y cayó, sus manos tapaban su boca en un vago intento de detener esa horrible acidez que subía por su garganta con gran ímpetu. No soportó mucho más y usando toda la fuerza que tenía salió de ahí. Esa experiencia jamás la olvidará, recordarla sólo le trae un mal sabor de boca por ese gran fracaso y el escalofrío que sólo le recordaba que realmente pasó.

Pero esta vez es diferente. El sabor del fracaso la hizo crecer, y esta vez cuando su hijo está ante un peligro inminente, que como madre desea vencer y como ninja debe cumplir su deber; no perderá, no esta vez.

Dio un largo suspiro y comenzó a adentrarse a ese gran pasillo, iluminado con lámparas rojas, veía columnas de diferentes colores. Variaban entre dorado, plateado, gris y diferentes tonalidades de rojo. Al ya estar a la mitad del pasillo, las columnas comenzaron a arder ante un fuego azul y comenzó a escuchar como pedazos del techo caían detrás suyo, pero eso no la amedrantó y siguió su camino hasta el final del pasillo.

Una puerta negra la esperaba la abrió sin tapujo alguno y se internó en la habitación. Una pequeña figura fue lo primero que notó al ver el interior, está estaba en el suelo cómo si lo estuviera pintando. La luz en ese cuarto era demasiado baja para su gusto, y le costaba ver con claridad a aquella figura; de repente, esa figura levantó la vista, se paró y comenzó a correr a su dirección.

Rápidamente se puso a la defensiva, la figura se acercaba cada vez más a su posición y cuando había pensado en cómo quitársela de encima una voz infantil la desconcertó pero de inmediato reconoció de quién provenía.

– ¡Tía! –La voz infantil con clara alegría la perturbó –. Te tardaste mucho.

Ino miraba de manera incrédula, tomó todas las medidas necesarias para evitar este escenario. Pero había sucedido, la versión miniatura de Sarada estaba frente a ella, tendría la edad de cuatro años… Igual que en ese momento.

Su mirada fue tan desconcertante que el infante movió la cabeza en duda, su mirada se tornó apenada. Como si entendiera que su presencia era dañina para esta ocasión.

– ¿Esta mal? –Preguntó en murmullo con tono apenado.

Ino al ver escuchar, sacudió la cabeza. Debía quitarse todos los pensamientos innecesarios, si había fracaso al evitar que Sarada se diera cuenta de su intromisión, asumirá las consecuencias de sus actos, ahora tenía que enfrentarla. Como si entendiera la batalla mental que el adulto pasaba, habló buscando aclarar las cosas.

–Yo no soy la Sarada que conoces.

– ¿Qué quieres decir?

–Que no lo soy –repitió mientras ponía sus manos detrás de su cuerpo –. Yo he estado aquí desde siempre.

– ¿Siempre?

– ¡Sí! –respondió con alegría al ver que comprendió lo que dijo –. Yo desde siempre juego aquí con él.

– ¿Él?

– ¡Ah! –tapó su boca con sus pequeñas manos al darse cuenta que había dicho –. Hice una promesa, no te lo diré.

–Entiendo, no te obligaré –se decepcionó un poco ante esa negativa.

–Pero puedo enseñarte.

Tomó su mano apenas terminó la oración y la guio por la habitación. Pero, al contrario de lo que pensaba, ella la llevó a una de las paredes de la habitación, soltó su mano y movió lo que parecía un pequeño mueble.

-¿Esto es? –preguntó cuándo reconoció un conducto de considerable tamaño detrás del mueble que había movido Sarada momento antes.

-¡Sí! –respondió con alegría –. Es que a él no le gusta que personas desconocidas entren y deambulen por la casa como si fueran los dueños.

-¿Personas desconocidas? –la información que le había proporcionado de manera inocente, la descoloco por completo y sólo para asegurar que sus oídos no la traicionaron, preguntó una vez –. Sarada, ¿han entrado otras personas además de mí?

Sarada la miró con una genuina duda, como si entendiera que había revelado cosas que no debía. Ino sintió su duda y si sabiendo cómo era la actitud de su sobrina en estas situaciones, busco una manera de minimizar el asunto cuando era todo lo contrario.

-Sarada –la llamó con delicadeza –, yo no conozco a tu amigo.

Sarada asintió.

-Pero sabes, se supone que no deberían entrar personas desconocidas a este lugar.

-¿Entonces no deberían visitarnos?

-Exactamente, sólo yo debería ser la que viene a este lugar.

-Pero…

-Sarada, cariño sabes que puedes decirme lo que quiera, ¿no?

Sarada desvió la mirada cómo si la regañaran.

-No le diré nada a tu amigo, si me cuentas.

-¿Lo prometes? –Ino asintió ante la actitud de su sobrina – ¿Por el meñique?

Ino sonrió enternecida ante la inocente propuesta de la niña ante su mirada, se agachó para ponerse a su altura y alzó su mano derecha, siendo solo el dedo meñique el que se extendía hacia la menor.

El rostro de Sarada se iluminó al reconocer las acciones de la mayor, y con toda la inocencia y confianza que podía mostrar alzó su mano derecha imitando las acciones de la mayor. Junto su meñique con el de su tía y ambas cruzaron sus dedos, sellando la promesa sagrada del meñique.

-Muy bien, tía. Te lo contaré como parte de la promesa, pero a cambio tu silencio será parte de este trato –Intentó sonar de la manera más madura posible, causando gracia a Ino quien aguantaba las risas que le generaban esta faceta nunca antes de su sobrina o su "no sobrina".

-Lo prometo, ahora dime –separando sus meñiques, dando por concluido su ritual.

-Vienen cada cierto tiempo, pero no pueden abrir esta habitación.

-¿A qué te refieres?

-Es que, antes no podían abrir la puerta principal –esto descoloco a Ino, ella pudo desde la primera vez –. Pero con el tiempo, mientras más venían… poco a poco comenzaron a aprender a abrir la puerta, dan un poco de miedo.

-Sarada –lo que contaba estaba más allá de lo que alguna vez pudo imaginar – ¿Estas personas han llegado a esta habitación? ¿Pasas mucho tiempo aquí?

-Bueno sí, me gusta aquí porque cuando estoy en otras partes esas cosas aparecen en mi cuerpo, él me dijo que hasta que me sintiera cómoda podría estar aquí. De paso le aviso si vienen esos desconocidos.

-¿Han abierto la puerta? –refiriéndose a la puerta de la habitación en la que estaban.

-No, pero la tocaron una vez.

-¿Pasó sólo una vez?

-Sí, le conté. Se enojó mucho y puso muchas trampas después de eso, dijo que era para protegerme.

-¿Trampas?

-¡Sí! –Respondió –Pero sólo se activan si yo lo deseo, pero tú eres mi tía y te conozco. No quiero que te lastimen.

-Gracias –dijo mientras la abrazaba –Sarada, quiero ver a dónde lleva ese conducto.

-Es mi pasadizo secreto, lo hice yo misma. Genial, ¿verdad? –Presumía Sarada ante Ino.

-Sí que lo es –respondió.

-Ven –dijo mientras se adentraba al "pasadizo".

Ino la siguió, si bien la entrada era algo pequeña para ella por lo que se tuvo que agachar, una vez que entró vio que era más grande por dentro.

-Por aquí –la llamó Sarada, ya algo adelantada.

Ino la siguió y miraba atentamente, hasta que Sarada se detuvo en lo que parecía un tipo de ventana. Ella se puso a su lado y vio que la sala estaba inundada de fuego azul.

-Es bonito, ¿no? –comentó Sarada viendo las llamas –. Me gusta venir aquí cuando estoy aburrida, me entretengo mucho. Me gusta mucho este color.

-¿Por qué?

-Es que si es del color normal, se escuchan gritos y me dan miedo.

-¿Gritos?

-Sí, son feos. Me hacen doler los oídos y mis brazos comienzan a dolerme.

-¿Dolerte de qué manera?

-Cómo si estuvieran muy calientes y de ahí me pesan y comienzan a doler, es raro.

Tal vez para la pequeña Sarada era rara esa sensación, pero para Ino era más una confirmación, su hijo también describió de esa manera sus brazos innumerables veces.

-Sarada –llamó su atención – ¿vamos a otra parte?

-¡Sí! Pero será en otro momento –respondió desconcertando por completo a Ino –. Él ya debe estar por despertar y se dará cuenta que estás aquí y te puede hacer daño. No te conoce.

-Per-

No pudo terminar, pues el lugar comenzó a sacudirse de manera violenta tanto que abrazó a Sarada para evitar que se hiciera daño. Y tan pronto como comenzó se detuvo, Sarada se separó de ella y tomo su mano comenzando a correr con ella a la salida, podía notar que algo andaba mal.

-¡Sarada! ¡¿Qué pasó?! –Buscó una explicación o algo parecido.

-¡Despertó y te sintió! ¡Viene para acá! –Intentó explicar mientras salían del pasadizo.

Ambas corrieron, tomadas de las manos y se dirigieron a la puerta principal. Mientras se acercaban, Ino notó como las columnas poseían llamas negras, tan negras que podría confundirlas con el Amaterasu de Sasuke.

Cuando llegaron a la puerta, Ino siguió corriendo cuando sintió que Sarada la soltaba apenas ella salía de la casa o templo en la que estaban. Volteó a verla, y la vio sonriéndole con sus manos detrás de ella, en el filo de la entrada.

-Sarada, ¿qué haces? –Preguntó incrédula –Ven, tenemos que irnos de aquí.

La llamó buscando sacarla de ahí, no podía dejarla ahí. No con ese supuesto "él", dentro de ese lugar.

-No puedo tía, no tienes las llaves. Hasta que las encuentres no puedo salir de aquí.

-¿Llaves?

-Las llaves, tía.

-No entiendo a lo que te refieres, Sarada.

-Tienes que mirar con cuidado el pasado, sólo así las encontrarás. Tráelas y yo podré salir de este lugar.

-¿El pasado?

-Adiós, tía –se despidió con una sonrisa, dando un paso atrás.

Ino se acercó intentando alcanzarla. Pero las puertas se cerraron en su cara, de inmediato vio como una llamarada de fuego y relámpagos caía sobre la puerta creando un tornado alrededor de esta, creando una poderosa barrera de viento y calor que al cabo de unos segundos se desvaneció dejando cenizas de la puerta que momentos antes estaba ahí.

Ino estaba sentada el piso, producto de la fuerza de los eventos que presenció apenas pudo protegerse. Vio como la que podía ser su única oportunidad y la verdad de todo desaparecía ante sus ojos.

Todo se había ido.


Disculpen por no actualizar en la fecha en la que había quedado, pero tuve problemas con mi Internet y no podía actualizar hasta ahora. También quiero agradecer por darme esos comentarios, se los agradezco de verdad, espero que la historia sea de su agrado conforme avance.

Gracias por leer hasta aquí

Próxima actualización: 14-09-2020