CAPÍTULO 11: UNA EPIFANÍA TARDÍA
POV. NARUTO (2)
Transcurrieron casi dos semanas desde que tomaron cartas sobre el asunto y si bien empezaron con pistas sólidas, a estas alturas de la investigación ya habían comenzado a perder fuerza.
Ino y Shikamaru obtuvieron nueva información de acuerdo a la última reunión que se tuvo, pero desde aquella vez no los ve y lo peor que podría pasar es que quedaran estancados, sin ninguna salida.
Por otro lado, Sakura seguía realizando sus avances con la vigilancia de Sarada. Mentiría si dijera que no le preocupa que el joven doctor sospechoso este cerca de ella, pero con Sai vigilándolo hay seguridad de que si intenta algo nada bueno podría salir de su accionar. Fuera de eso, no ha pasado mucho.
El otro tema con el que tuvo que lidiar fue con las vigilancias por parte del Anbu que mandó para Sarada, los turnos son largos y agotadores dirigidos a la recolección de datos siendo elegidos por la misma Sakura.
Se sentía chocar con una pared a estas alturas, si esto seguía de esa manera tendría que llamar a Sasuke. Pero esto podría alertar a quien sea que estuviera viendo los acontecimientos, porque sí estaba seguro que estaban entre ellos.
Los parpados comenzaron a cerrarse, costaba abrirlos y ese característico dolor en su hombro izquierdo. Un claro indicador del cansancio y ansiedad que sólo había crecido en las últimas horas. Nada estaba saliendo como en un inicio se pensó que se procedería, se les acababa el tiempo Sarada había comenzado a preguntar cuándo podría volver a su labor como ninja y Sakura no podía seguir prolongando su observación por siempre.
-Naruto –La persona que lo llamó lo tomo por sorpresa, estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se percató de la presencia de este individuo.
Levantó la mirada y ante él vio una imagen muy pocas veces vista antes, un Shikamaru con evidentes ojera, el cansancio se notaba en sus facciones y postura y en su mano derecha unos papeles fuertemente agarrados.
-¿Qué pasó, Shikamaru? –Se levantó de la silla y se aproximó a él –No te había visto en días.
Shikamaru sonrió con una combinación de burla y cansancio en su gesto.
-Tuve una epifanía tardía.
-¿Tardía?
-Sí, mira esto –Extendió los papeles hacia él –Debes verlo por ti mismo, fuimos unos ciegos de proporciones inexplicables.
-¿Qué? –Tomó los papeles, con una ceja alzada – ¿A qué te refieres?
-Míralo por ti mismo.
Comenzó a leer el contenido de las hojas con rapidez y ni siquiera había acabado de leer cuando levantó la mirada llena de confusión y una perturbación plasmada.
-¿Cuándo obtuviste estos documentos?
-Siempre los tuve.
-¿Qué?
-No escuchaste mal –lo miró seriamente –Estaban en la maldita caja.
-¡¿Si las teníamos por qué demonios no tuvimos conocimiento de esto?! –Habló mordazmente conteniendo su ira –Shikamaru, dímelo.
-Hay uno entre nosotros.
-¿Y nos quiere ayudar ahora? –La molestia era evidente – ¿Qué es lo que piensas?
-Dos opciones.
-¿Las cuales son?
-Estamos demorándonos mucho para sus planes o…
-¿O?
-Alguien nos ayuda.
-¿A estas alturas?
-Es incomprensible incluso para mí, pero Naruto –lo llamó –Tenemos una oportunidad.
-¿Oportunidad?
-Tenemos un infiltrado o un traidor.
-Nuestra ventana.
Shikamaru asintió.
-Bien, entonces dime los detalles –dijo mientras se daba la vuelta y volvía a su escritorio –Lo más relevantes.
-La epidemia salió de la aldea y nos pidieron ayuda.
-No respondimos.
-Lo hicimos.
-¿Qué? –Se detuvo antes de sentarse – ¿Cómo?
-Hubo un grupo de shinobis con doctores, durante una semana.
-¿Los nombres?
-No existe registro alguno.
-Un grupo falso.
-Infiltrados.
Esa palabra confirmo lo que más temía y sospechaba con Sakura desde hace años.
-Sakura lo dijo –Afirmó a lo que Shikamaru asintió –Debemos pedirle su lista.
Cuando Shikamaru iba a responder, alguien toco la puerta. Ambos se pusieron en alerta, listos por cualquier acción que pudiera realizar la persona al otro lado de la puerta.
-Pasé –ordenó, mientras Shikamaru agarraba y escondía los papeles a su ya acostumbrada velocidad ninja.
Se abrió lentamente la puerta, donde la figura de su amigo se presentaba y por su mirada no traía buenas noticias.
-Sai.
-Tenemos un problema y uno muy grande.
-¿Cuál?
-Sarada desapareció dentro de su propia casa.
Gracias por leer hasta aquí
